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China y Rusia en el escenario latinoamericano. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- América Latina es una región que, por sus enormes riquezas naturales, ubicación y cercanía con los Estados Unidos, representa especial interés para China y Rusia. A pesar de una compleja realidad de democracias débiles, narcotráfico, corrupción, guerrilla y tráfico humano, entre otros, que han facilitado la penetración de los intereses de Moscú y Beijing. ¿Pero hasta dónde llega la interferencia de estos gobiernos extranjeros y cuáles son las implicaciones?

4Asia asistió a un foro organizado por la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad de John Hopkins en colaboración con el Centro de Estudios de la Defensa Willian J. Perry sobre los retos de seguridad en América Latina, en el que se discutió en profundidad por parte de expertos en la región la situación actual. Un punto coincidente entre todos fue que el mayor y más complejo problema que enfrenta la región es Venezuela, que, debido a la magnitud del conflicto, se ha convertido en un problema que trasciende las fronteras y afecta a la región entera.

Moises Naím definió a Venezuela como un Estado fallido, criminal, ocupado por Cuba -que define como una invasión del siglo XXI- además de ser narco-Estado. Mientras que el embajador estadounidense William Brownfield,  con una larga experiencia en narcóticos y en la región, remarcó la idea que Venezuela es un “Estado Mafia”, connotación aún más grave que la de narco-estado, según él, debido a que el gobierno venezolano y sus instituciones está involucradas con todo tipo de crímenes internacionales.

David Smolansky, miembro del grupo de trabajo de la inmigración venezolana de la OEA, explicó la gravedad de la situación de los inmigrantes con números: 208 venezolanos salen del país cada hora, 5 mil todos los días y más de 30 mil se movilizan en las fronteras para adquirir alimentos y medicinas. Y el embajador Juan Carlos Pinzón (exministro de la defensa de Colombia y ex-embajador de Colombia en Washington) explicó que Colombia está atendiendo a los inmigrantes de la mejor manera que puede porque los consideran hermanos. Sin embargo, apuntó que cada individuo que sale de Venezuela favorece al régimen de Maduro, pues es un opositor menos en su territorio.

En cuanto a la influencia de Rusia en Latinoamérica, Julie Gurganus -miembro del Consejo de Inteligencia de los Estados Unidos- precisó los tres objetivos que persigue Rusia en el mundo: 1. Ser percibidos como un gigante y/o poderoso, 2. mantener la bipolaridad mundial y 3. disputarle la influencia a Washington. La Rusia de Putin ha jugado astutamente con esta influencia en la región latinoamericana. Suelen hacer visitas de Estado justo antes de que necesiten apoyo internacional. Un ejemplo, agrega, fueron las visitas de altos funcionarios rusos a países de esta región antes de la invasión de Crimea, que acabó con la resolución de la Asamblea General de la ONU condenando a Rusia con los votos en contra de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela (entre otros) y con la abstención de Brasil y el Salvador (entre otros).

Así mismo, sostiene que Moscú utiliza la venta de armas para asegurarse de que sus clientes se conviertan en aliados en la zona, y conseguir influencia y dependencia de quien las compre.

En cuanto a China, Margaret Myers -directora del programa de Asia y América Latina en el Inter-American Dialogue- sostiene que la influencia de China en la región es indudable y cada día hay más programas de intercambios, que han aumentado considerablemente en los últimos 5 años. Sin embargo, insiste en que sólo la mitad de los proyectos que Beijing ha anunciado han sido ejecutados.

La motivación que mueve a China, dice, es promover oportunidades para sus empresas. Mientras que Stephen Kaplan -profesor de la Universidad George Washington-, precisa que China es el quinto país en dar créditos en el planeta, aunque lleve poco tiempo en el mundo crediticio. Intentan además diferenciarse de las instituciones tradicionales de crédito. En vez de exigir pagos en dinero, se asegura que el país acreedor comprará materia prima china y usará proveedores chinos y maquinaria china. Con lo que se aseguran parte del retorno. Puso el ejemplo de Venezuela, a quien los chinos han dado muchos créditos y como parte del pago le exigen pagar con petróleo.

Mientras que por un lado gestionan bien una dependencia de sus clientes, por otro no impone condiciones o normas de cómo usar el dinero: sólo le preocupa su retorno, no el uso que dan al dinero.

Siendo Venezuela el mayor reto que enfrenta la región, es un problema que le salpica, y muy de cerca, a Washington. A pesar de que la Administración Trump reconoce el régimen de Maduro como ilegítimo, y se ha observado un incremento de sanciones y presión, parece no ser suficiente.

China tiene una presencia muy activa en este país, así como lo tiene Rusia, que ha otorgado muchos créditos a Maduro, mientras simultáneamente han fortalecido sus relaciones con La Habana, lo que no es de sorprender pues los cubanos tienen fuerte presencia en Venezuela, sobre todo a través de los servicios de inteligencia, que, según expertos, ha sido la razón de la supervivencia del régimen a pesar del profundo descontento social.

La Administración Trump conoce la situación. Sin embargo, parece no entender la dimensión de las consecuencias más allá de la región latinoamericana. A mayor número de inmigrantes saliendo de las fronteras venezolanas mayor el riesgo que esos inmigrantes busquen como destino el norte del continente. Y ya Trump lo tiene complicado con los miles de personas que llegan de Centroamérica.

Tanto Xi jinping como Vladimir Putin saben que controlar Latinoamericana hace vulnerable a Estados Unidos mientras que ambos se hacen con los recursos naturales, con los compromisos de los gobiernos y compran apoyos estratégicos.

Derechos humanos

Cinco consecuencias de la salida de EEUU del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana pasada transcurrió en los Estados Unidos con el foco puesto en los derechos humanos. Por un lado, los extensos informes hechos por los medios de comunicación sobre las innecesarias separaciones de niños de sus padres en las fronteras, producto de una “política de máxima presión” impuesta por la Administración Trump, que busca controlar y contener las enormes oleadas de inmigrantes centroamericanos que están llegando cada día a territorio estadounidense. Y, por otro lado, la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con una extensa y sensata explicación hecha por la embajadora estadounidense ante Naciones Unidas -Nikki Haley- con el espaldarazo del Secretario de Estado -Mike Pompeo- (quien estuvo a su lado), para que no quedará ninguna duda de que es una política de la Administración, en la que están totalmente coordinados.

La Comisión de Derechos Humanos hasta 2006, fue renombrada como Consejo de Derechos Humanos, en una búsqueda desesperada de cambiar la imagen y las críticas a sus miembros, quienes, en su mayoría no podían garantizar estos derechos en sus propios países de origen. A la vez, la misma ONU ha sido criticada por su disfuncionalidad y espléndidos presupuestos que se evaporan en una gran cantidad de gastos administrativos, que no dejan de ser vitales para su funcionamiento. Como buena organización supraestatal, la gestión es compleja y la burocracia probablemente su mayor debilidad. Son muchos los que cuestionan el mero hecho de su existencia, pues Naciones Unidas fue creada después de la II Guerra Mundial con un imperante deseo de paz y estabilidad mundial, que respondió a ese momento histórico, pero que en un escenario totalmente diferente a día de no tiene razón de existir. Sin embargo, no hay que olvidar que ha sido el foro donde se han podido sentar todas las líneas políticas e ideológicas, aliadas o enemigas, y ha sido un verdadero freno de conflictos que en mayor o menor medida impone respeto ante tiranos opresores.

En la página oficial del Departamento de Estado están definidos los derechos humanos como parte fundamental de la concepción del Estado estadounidense, desde el momento de su creación hace más de 200 años, así como también precisa que son el centro de la política exterior de este país, tal y como figuran en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, suscrita por Washington. Ahora bien, ¿cuáles son las consecuencias de que el país más poderoso del planeta se retire de la Comisión de Derechos Humanos?:

  1. The Guardian afirmaba que la salida de Estados Unidos de la Comisión de Derechos Humanos es un gran regalo para Xi Jinping pues China está encantada de llenar el vacío dejado por Washington y convertirse en el líder de dicha comisión. Y, desde dentro, emprender un proceso de redefinición de los derechos humanos a lo chino.

  1. Después de la Cumbre de Singapur, si realmente se comienza un proceso de negociación, los derechos humanos constituyen un punto que irá paralelo a la desnuclearización. ¿Como podrá Estados Unidos presionar a Pyongyang si no tiene la estructura de apoyo, como el Consejo de Derechos Humanos, y las organizaciones encargadas de evaluar el estado de los derechos humanos en Corea del Norte?

  1. Rusia ahora está aspirando a entrar a formar parte del Consejo. A finales de la semana pasada, el Moscow Times publicaba un artículo que explícitamente expresaba que Moscú aspira a llenar la silla dejada por Washington. Con la presencia de Rusia y China, la lectura de los derechos humanos podría cambiar completamente de tono. Además de que los grandes explotadores de estos derechos no serían ni tan siquiera cuestionados.

  1. Filipinas y su presidente -Rodrigo Dutarte-, cuya campaña más emblemática contra las drogas a elevado a miles el número de homicidio de parte de policías y otros grupos políticos que violan los derechos humanos de sus ciudadanos. Dutarte ha expresado en varias ocasiones que buscará un acercamiento con China, a la que Estados Unidos debería replicar haciendo uso de las estrechas relaciones entre ambas naciones durante décadas. Si Manila se acerca a Beijing, Washington perdería influencia regional pero también control sobre la lucha contra “Abu Sayyaf”, un grupo islámico separatista asentado en el sur, que se creó con dinero proveniente de Osama Bin Laden.

  1. La soledad de los aliados. Con el aislacionismo de Washington, los aliados entran en una situación vulnerable al estar rodeados de peligros de los que solos tal vez no son capaces de afrontar. Podrían verse presionados a rendirse a los deseos de los más fuertes. Por ejemplo, Japón, cada día se encuentra más aislado en Asia con un Beijing más fuerte y un Moscú con mucho afán de protagonismo a pocos kilómetros de sus fronteras

Trump ha redefinido claramente la agenda y la política exterior. Primero fue la salida del Acuerdo de París, al que Xi Jinping no perdió ocasión de demostrar que él estaba encantado en liderar y con ello llenar más espacio internacional. El acuerdo de Siria es otro ejemplo de ausentarse de un foro por no considerarlo la salida correcta, en vez de presionar desde dentro hacia un acuerdo más deseado. Y ahora la salida del Consejo de Derechos Humanos, que marca un momento en la historia, pues es el primer país en hacerlo.

El problema de no estar presente es que no se puede usar la diplomacia como un mecanismo disuasorio. El no participar puede, no sólo aislar a Washington, sino hacerle perder influencia internacional o regional. El estar ausente deja un vacío de liderazgo, que hasta hace poco asumía Estados Unidos, en manos de Rusia y/o China, quienes tienen un gran deseo de ostentarlo e influir libremente en la comunidad internacional sin tantos cuestionamientos, que les frenan a sus ambiciones económicas y de poder. (Foto: Dave McFarlane, Flickr)

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Impotencia y propaganda

Una vez más y por debajo del ruido mediático, China conserva la calma, mueve sus peones y avanza posiciones en la defensa de sus intereses nacionales con su conocido discurso sobre el libre comercio desde su plataforma autoritaria mientras exhibe músculo militar, como describe en este espacio Fernando Delage. En esta lección china de pragmatismo, propaganda y control hay una lección sobre la impotencia y la ausencia real de planes estratégicos del occidente democrático, lo que equivale a decir EEUU y la Unión Europea.

Otra demostración palmaria de esta ausencia estratégica ha sido el ataque de EEUU, Francia y Gran Bretaña contra objetivos sirios. Cuando el absentismo y la actitud errática de Estados Unidos ha dejado el espacio estratégico en manos de Rusia para mayor gloria de Al Assad, que ha consolidado su poder, un ataque de represalia sin voluntad de recuperar la iniciativa y sin desplegar un plan propio frente a Putin es un grave error. La fuerza, o es un instrumento al servicio de un objetivo claro y posible o es una confesión de parálisis.

Occidente no tiene aliados fiables sobre el terreno; los kurdos (aquellos que pueden ser fiables) han empujado a los turcos a acercarse a Rusia, aunque no quieren al gobierno sirio y aliados regionales como Arabia Saudí y Jordania se ven cada vez más obligados a desarrollar iniciativas propias para no perder pie en el aumento de la esfera de influencia de Irán, la mano que mueve la cuna. Y, sobre el lomo de la ballena, Israel en alerta.

Y así, unas sociedades cada vez más temerosas y confundidas asisten a la calculada exposición de hechos y análisis alimentados, sobre una prejuicios ideológicos que Occidente no combate eficazmente, desde las engrasadas maquinarias rusas. (Foto: Keegan McGuire, Flickr)

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Rusia: victoria de Putin y nueva etapa asiática

La aplastante, pero no sorprendente, victoria electoral de Vladimir Putin en las elecciones presidenciales rusas abre paso no sólo a una consolidación del liderazgo en Moscú sino al intento del liderazgo de Moscú en varios conflictos y zonas del planeta. Putin ha visto refrendada su apuesta por devolver a Rusia a primer plano de la escena internacional, ha mantenido el perfil de “desafío amistoso” a Estados Unidos y, según algunos expertos en  Asia-Pacífico y la propia diplomacia china va a intentar aumentar su influencia sobre aquella región en la que está parte de su territorio (tiene frontera con Corea del Norte) y no pocos intereses.

Sin embargo, en un escenario en que las demostraciones de fuerza parecen estar marcando los acontecimientos y haberse convertido en un peligroso instrumento de presión, Rusia no está en estos momentos en situación de influir mucho. La Flota rusa del Pacífico, basada en Vladivostok, está en un bajo nivel de mantenimiento, necesita modernización y apenas mantiene una presencia simbólica en unas aguas en las que China ha acelerado su presencia y EEUU sigue enseñando los dientes.

Pero Putin es un dirigente hábil y probablemente va a maniobrar de la mano de China en algunos asuntos y con sus capacidades de exportación de energía va a intentar fortalecer su presencia en la que Estados Unidos parece limitarse al conflicto coreano sin atender a una estrategia regional amplia. Y no hay que olvidar que Rusia tiene una presencia política cultural, económica e histórica en las repúblicas centro asiáticas, por donde discurre la actual estrategia china de recuperar la vieja Ruta de la Seda como vía de aumentar la influencia de Pekín.

En este tablero de tantas piezas debe moverse Putin. Y va a tener que maniobrar hábilmente sin suscitar demasiados roces ni recelos con China ni Estados Unidos. Pero Moscú necesita una nueva política asiática y esa va a ser la siguiente fase de la política exterior de Rusia. (Foto: Filiplex, Flickr.com)

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América, Trump, Rusia y China

La Administración Trump, o al menos una parte de ella, parece haber vuelto la vista, quizá solo de reojo, hacia México y la América del sur, la que habla español y portugués. La gira de Rex Tillerson, que lleva meses con un pie fuera del Gobierno pero no acaba de irse, ha intentado recomponer lazos, calibrar apoyos para alguna salida en Venezuela y alertar sobre cómo la creciente influencia y penetración económica de Rusia y China pueden alterar la relación con Estados Unidos y la cultura de la gestión de los negocios.

La estrategia rusa, con menos capacidad económica, está orientada a encontrar nuevos espacios de influencia y nuevas alianzas en la estrategia de Putin de ser reconocido como la tercera, tras EEUU y China, y, si pudiera, la segunda, potencia mundial y gran socio para la gobernación mundial. En realidad, al menos de momento, Rusia trata de tener cabezas de playa lejos para reforzar los grandes retos cercanos como son Ucrania, el viejo espacio de influencia soviético y Oriente Medio.

El caso de China es diferente. Aspira a lo mismo, pero de otra manera. A China le mueve el negocio y tiene liquidez, y a través de éste ya llegará la influencia. Pero Rusia y China no son precisamente campeones de la libertad de mercado ni la transparencia. Y tampoco de la excelencia en construcciones y tecnología. Y América Latina tiene urgencias en institucionalización, tejido competitivo, seguridad y orden jurídico.

Pero Estados Unidos no es inocente. Lleva décadas de inacción en lo que despreciativamente han denominado su patio trasero. Además de buscar lazos comerciales, su política exterior ha sido errática. Superados los regímenes autoritarios de los años setenta y ochenta, EEUU apenas ha tomado iniciativas políticas salvo para, con Obama, negociar con Cuba un tratado que dejaba margen a seguir con la dictadura.  Y ni hablar de Venezuela donde, salvo grandes palabras, han dado espacio al chavismo durante años.

Ahora, EEUU parece querer reaccionar ante las estrategias de Rusia y de China. Pero tendrá que ir más allá de las visitas y reducir el proteccionismo levantando las antiguas banderas de las libertades, tanto políticas como de mercado. (Foto: Buddhima W. Wickramasingue, Flickr)

paradoja irani

La paradoja iraní

La crisis en Irán, en la que las manifestaciones populares contra el régimen teocrático convergen contra el presidente Rohani con el sector más duro del régimen que acusa al Gobierno de blando y conciliador, está creando una curiosa paradoja. Mientras se deterioran las relaciones del régimen con amplias capas de la sociedad se fortalece la relación exterior del Gobierno con Europa, Rusia y otros países ante la presión de Donald Trump para modificar el tratado nuclear con Teherán y el temor a que una desestabilización aumente la inestabilidad regional. Y todo eso se desarrolla cuando la pugna entre Teherán y Ryad, paladines respectivamente de chiitas y sunnies, está atravesando el mundo árabe y marcando la política exterior y los intereses nacionales de cada país.

Una vez más, EE.UU. y la Unión Europea, en este caso con Francia a la cabeza, aparecen con posiciones divergentes frente al inestable espacio geoestratégico de Oriente Medio. Emmanuel Macron está aprovechando la ventana de oportunidad que la errática política de EEUU abre e, indirectamente, coincide (como en otros tiempos) con la estrategia rusa de fortalecer sus lazos y su presencia en la zona, cosa que Putín parece estar consiguiendo.

Sin embargo, el pragmatismo basado en el mal menor tampoco lleva directamente al éxito. Irán tiene una estrategia a largo plazo de constituirse en potencia nuclear con dos objetivos en el punto de mira: Arabia Saudí y sus aliados sunníes, e Israel, país al que constantemente amenaza con destruir en sus discursos oficiales. El actual convenio con Irán no frena esta estrategia, sólo la aplaza, y no da ninguna garantía a la única democracia existente en la zona: Israel. Así, Arabia saudí está desarrollando sus propios planes de dotarse de armamento nuclear con apoyo técnico de Pakistán y fortaleciendo sus alianzas contra Teherán. E Irán, por su parte, trata de convertir la previsible victoria total de Bashar al-Ássad en Siria en el establecimiento de una potente cabeza de puente directamente frente a Israel. Y Macron debería meditar sobre el conjunto y no exclusivamente en el interés nacional de Francia, que no es necesariamente en de todos los países europeos.

Kalashnikov

Putin saca el pabellón

Rusia ha anunciado oficialmente, hace unos días, el despliegue de su más moderno sistema antimisiles y de intercepción de aviones y drones, el S-400, en Vladivostok, en el extremo oriental del país y a sólo 130 kilómetros de la frontera con Corea del Norte. El regimiento de defensa aérea 1533, que opera en la ciudad sobre la costa del Mar del Japón, estaba previamente armado con los S-300, pero este año su equipo fue actualizado.

El paso dado por Moscú no es casual ni inocente. Rusia está actuando en muchos frentes a la vez en su estrategia de posicionarse otra vez como segunda potencia mundial y tiene en Oriente Próximo y Europa sus principales escenarios estratégicos. En el primer caso, Putin está triunfando consolidando a sus aliados, aumentado su presencia política y militar y apareciendo como “pacificador” de referencia, sobre todo ante la cadena de errores y ausencias de Estados Unidos.

El segundo escenario es más complicado para Moscú. A pesar de su victoria en Crimea y su permanencia militar en el este de Ucrania, no ha alcanzado sus objetivos de conseguir que la OTAN de pasos atrás en sus propósitos de integrar a ex aliados de la Unión Soviética. Y la presión rusa, de momento indirecta, sobre las repúblicas bálticas ha sido respondida con un despliegue militar disuasorio de los aliados occidentales.

¿Y en el Pacífico? El gran protagonista del escenario es China, que lleva años desarrollando una estrategia de reforzar su presencia en todos los terrenos. No es una presencia eludible ni desplazable y Estados Unidos parece haber renunciado a intentarlo. Rusia, de perfil, ha venido reforzando sus lazos con China, pero no puede quedar definitivamente fuera de juego en la zona. Eso explica el doble juego de Putin de proponer conversaciones y desplegar un sistema antimisiles mientras critica las provocaciones de Trump por hacer exactamente lo mismo.

Minitrump

El asombroso líder menguante. Miguel Ors.

(Foto: Woodrow Village, Flickr) Los republicanos están encantados con Donald Trump. Hace un año, cuando la era de Barack Obama tocaba a su fin, el 70% creía que el mundo respetaba cada vez menos a Estados Unidos. El último sondeo de Pew Research revela que esa proporción se ha reducido al 42%. Los demócratas discrepan: los que piensan que el mundo respeta menos a Estados Unidos han pasado en el último año del 58% al 87%.

¿Y qué opina el mundo? Discrepa, como los demócratas. En Occidente, los niveles de aceptación de Trump son peores que los de George W. Bush cuando invadió Irak. Solo hay dos países cuya población se fía más de él que de Obama: Israel y Rusia.

“Es posible que los republicanos estén simplemente desconectados de la realidad”, reflexiona The Economist. “Otra opción, sin embargo, es que prefieran ser temidos que amados”. Se trata de una conocida recomendación de Maquiavelo. “Es más seguro”, argumentaba el pensador florentino, porque el miedo es una emoción que el príncipe puede inspirar a voluntad y de forma casi ilimitada, mientras que el afecto es un vínculo que no depende enteramente de él y que “los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que les conviene”.

Esta lógica funciona muy bien en determinados ámbitos. Por ejemplo, si eres la primera economía del planeta y debes cerrar un acuerdo agrícola con Ecuador, es más fácil salirte con la tuya negociando mano a mano que en el seno de la Organización Mundial del Comercio. Por eso Trump reniega de los tratados multilaterales, cuyas reglas constriñen absurdamente sus movimientos como los liliputienses a Gulliver.

Siendo esto tan obvio, ¿cómo es que Washington ha liderado la creación de un entramado institucional que somete las disputas a la fuerza de la razón (que no siempre tiene) y no a la razón de la fuerza (que le favorece claramente)? Porque la intimidación tiene un recorrido limitado. Lo estamos viendo en Oriente Próximo y en Asia. No es que el Pentágono no pueda torcerle el brazo a Irán o Corea del Norte; es que es incapaz de ganarles una guerra a los zarrapastrosos de los talibanes.

Mantener la estabilidad que ha permitido al planeta alcanzar niveles de bienestar desconocidos en la historia de la humanidad requiere la cooperación del resto de la comunidad de naciones, y ¿quién va a sumarse al proyecto de un déspota que antepone sus intereses a cualquier otra consideración? La inmensa mayoría de los Gobiernos se alinean hoy con la Casa Blanca porque desconfían de Putin o de Xi Jinping. Pero si al final no va a haber diferencia entre la una y los otros, Trump se va a encontrar bastante aislado.

Muchos republicanos disfrutan cuando su presidente aparta de un manotazo al primer ministro de Montenegro para quedar en el centro de la fotografía. Creen que así recuperan el lugar que les corresponde en el concierto internacional, pero solo socavan un poco más un poder blando que echarán de menos en el futuro. “Esta es la paradoja de Trump”, escribe Richard Wolffe en The Guardian: “cuanto más intenta afianzar el liderazgo de Estados Unidos, menos liderazgo ejerce”.

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Rusia sigue fortaleciéndose en Asia

Las importantes maniobras militares entre Rusia y China revelan como Moscú está en un lenta y decidida estrategia de fortalecer o avanzar en sus posiciones en Asia. Mientras mejora sus posiciones con China, con acuerdos comerciales y energéticos y con una posición cercana respecto a la crisis con Corea del Norte, Putin fortalece los lazos con India, que se encuentra con un crecimiento de la tensión de este país con China en su frontera común en Cachemira.

Putin sigue avanzando en su candidatura a ser la segunda superpotencia mundial y ganar voz, como en los tiempos de la URSS, en todos los asuntos importantes de la agenda internacional en un contexto en el que EEUU vacila y China avanza en el tablero.

India es un aliado importante. No sólo por la importancia de su mercado, su crecimiento económico y su desarrollo tecnológico sino también por su posición geopolítica. Con una China presente en su frontera norte que, además, mantiene lazos con Pakistán, el gran enemigo de India por sus disputas territoriales entre otras cosas, y con una posición avanzada frente a la ruta del petróleo del Golfo a la vez que sobre el Índico, es un protagonista necesario. Además, el pragmatismo de India ha hecho que manteniendo sus lazos con Moscú, mejore sus relaciones con Estados Unidos y Europa y, lo que no es nada sorprendente por razones obvias, con Israel.

India puede ser un contrapeso importante en los conflictos regionales y en los mundiales y Rusia no quiere dejar de tener sitio en su mesa. La situación en el sureste asiático no es completamente estable y crecen los problemas étnicos y hacia el oeste de India, el escenario afgano-pakistaní sigue enredado y aparecen contradicciones en la política estadounidense y el éxito ruso-iraní en Siria, al menos de momento, hace subir la cotización de Putin. Más piezas sobre el tablero.

Grito

La escalada verbal

Cada semana, la escalada verbal entre Corea del Norte y Occidente, léase Estados Unidos, sube unos grados más. En realidad es difícil que la tensión suba un escalón más en el terreno de las palabras. ¿Se pasará al terreno militar y al enfrentamiento directo? Según los expertos es difícil, pero cada vez menos descartable, entre otras cosas porque puede ocurrir que los provocadores acaben presos de sus provocaciones y tengan necesidad de demostrar que van en serio.

En realidad, a pesar de las buenas voluntades, se van rompiendo los puentes y las vías de intermediación, y China, país especialmente situado en condición de ejercer sus buenos oficios, no quiere acabar dando a Estados Unidos una solución que refuerce su presencia en la zona. Esta es una de las claves. Otra es la dificultad de acabar con los lazos comerciales existente entre China y Corea del Norte.

Y luego está el factor ruso. Rusia también mantiene relaciones comerciales con Corea del Norte y quiere recuperar protagonismo asiático, aliándose con China si no hay más remedio. Putin tiene una política de Estado para cada problema en el planeta y quiere ejercer como la gran potencia que fue y quiere volver a ser. Estos son los elementos de una situación de gran dinamismo que la Unión Europea y Estados Unidos deberían afrontar. Preferiblemente juntos.