Entradas

INTERREGNUM: El QUAD se consolida. Fernando Delage

El pasado 6 de octubre los ministros de Asuntos Exteriores de Estados Unidos, Japón, India y Australia se reunieron en Tokio en el segundo encuentro ministerial del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD). No faltaron asuntos en la agenda: de las cadenas regionales de valor a las inversiones en infraestructuras, pasando por el desafío de la desinformación en sus respectivos sistemas político. Pero, naturalmente, la reunión se produjo en un contexto marcado por los movimientos de China y el endurecimiento de las actitudes externas con respecto a Pekín.

En Estados Unidos, además de la guerra comercial y las acusaciones sobre el origen de la pandemia, el secretario de Estado, Mike Pompeo, dio por acabada en julio la política de entendimiento (“engagement”) con la República Popular, como bien reiteró en Tokio. En septiembre, el congresista Tom Tiffany presentó incluso una propuesta de ley para que Washington ponga fin a la doctrina de “una sola China” y restablezca relaciones diplomáticas con Taiwán. Las relaciones India-China se encuentran por su parte en el peor momento en años tras el choque militar producido en el valle de Galwan en junio, en el que murieron 20 soldados indios. En Japón, tras la renuncia de Shinzo Abe como primer ministro, el nuevo gobierno ha adoptado una posición más firme sobre China. También en Australia han aumentado las voces críticas con Pekín, tanto en el mundo político, como en el empresarial y en los medios de comunicación.

No es algo privativo de estas naciones. También la semana pasada se dio a conocer un sondeo realizado en verano por el Pew Research Center sobre la opinión de 14 países de Europa, América del Norte y Asia sobre la República Popular. Más del 70 por cien de la población de dichos países—salvo dos—mantienen una percepción negativa de China, con un porcentaje que es aún mayor entre los jóvenes.  Es un resultado muy diferente del de hace una década, y es un giro que se ha producido en su mayor parte en este mismo año.

El QUAD nació de manera informal en 2007 pero perdió impulso un año más tarde por las diferencias entre sus miembros—las cuatro mayores democracias del Indo-Pacífico—sobre los objetivos del grupo (Australia e India querían evitar la reacción negativa de Pekín). Los movimientos de China desde entonces motivaron un cambio de percepción sobre las implicaciones de su ascenso que condujo, a partir de 2017, a su revitalización. El encuentro de la semana pasada vino a confirmar la permanencia de este instrumento a través del cual los cuatro integrantes buscan equilibrar al gigante chino, si bien permanecen las dudas sobre su mayor institucionalización. Estados Unidos aspira a que el QUAD se convierta en una “OTAN del Indo-Pacífico” y se extienda a otros participantes; una opción que entraría en conflicto con otras instituciones ya existentes, y que requeriría de los miembros la adopción de una política formal de contención de China que no desean. Los socios de Washington defienden la presencia de Estados Unidos en Asia para disuadir y equilibrar a China, no para dominar la región ni para provocar a Pekín. 

Con independencia de su evolución durante los próximos años, el QUAD es en cualquier caso una ilustración de los cambios en la arquitectura de seguridad regional, en la que se registra un aumento del número de acuerdos “minilaterales” (entre dos, tres o cuatro miembros), unos formales, otros informales, en respuesta a un fluido e incierto escenario geopolítico. Mientras la China de Xi Jinping mantenga su asertividad en el exterior y su autoritarismo en el interior, la cooperación en el seno del QUAD se fortalecerá, con el apoyo de la opinión pública de los Estados integrantes.

China necesita a Xinjiang sumisa

La política china de imponer un modelo cultural homogéneo en todo su territorio y de reducir a la menor expresión posible la identidad de sus minorías étnicas no está determinada solamente por un sentido de superioridad de los han que se siente como la expresión genuina de la esencia nacional china. Los han constituyen el 92% de la República Popular China, el 98% en Taiwán y el  75% en . Los han se dividen en diferentes subgrupos con sus características propias. Aunque siempre han sido mayoría, a lo largo de la historia de china los han han estado sometidos en algunos períodos a otras minorías dominantes, como por ejemplo durante la dinastía Qing (1644-1912), dominada por la etnia manchú, que vetaba los puestos de administración a los han, y durante la dinastía Yuan, cuando fueron sometidos a la supremacía de los mongoles. De ahí nace un supuesto derecho a la hegemonía en todo el territorio. La existencia en Xinjiang, también conicida como el Turkestán oriental, de una población diversa, de religión musulmana y en la que los uigures son mayoritarios, no es cómoda para el modelo nacional comunista de Pekín.

La cercanía de la región a países que comparten cultura y religión islámica con presencia de corrientes radicales constituye, a la vez, un riesgo y una coartada para la cada vez más dura represión china.

Pero, además, la región ha adquirido importancia estratégica para la expansión china hacia Occidente y el establecimiento de bases militares y comerciales en el Índico en su asociación con Pakistán. En ese plan es fundamental la utilización, en un territorio pacificado y controlado, de la carretera entre Kasgar (Xinjiang) y Gwadar, en la costa pakistaní cercana a la frontera con Irán.

Y el control de la ruta en la parte de soberanía china es más importante porque, en la parte pakistaní, la ruta transcurre por la Cachemira adjudicada Pakistán y por la extensa región de Baluchistán, fronteriza con Afganistán e Irán y donde hay una creciente movilización separatista y actividad de grupos yihadistas.

Baluchistán se asienta sobre enormes reservas de oro, cobre y gas, de las más importantes de Asia, y se ha vuelto la clave de uno de los megaproyectos de China, aunque se trata de la provincia más pobre y menos desarrollada de Pakistán. Fue allí donde hace más de dos décadas Pakistán llevó a cabo sus ensayos de armas nucleares.

Esto obliga a China a mantener el orden que exige a Pakistán para poner en marcha sus proyectos y a asegurar una retaguardia segura si se cmplican las cosas en Pakistán, en Cachemira o en la tensa frontera chino-india.

El nuevo rumbo de la diplomacia. Nieves C. Pérez Rodríguez

El mundo hoy es muy diferente al que conocíamos en 2019. La pandemia ha dejado expuestas las vulnerabilidades de las sociedades, incluso de las más avanzadas. Las economías más desarrolladas y con sistemas sanitarios más modernos -en su mayoría- fracasaron en el control de infecciones y con ello un cambio total y radical de vida se ha instaurado.

Los Estados se han visto forzado en replantearse sus relaciones con otras naciones, y China se ha convertido en el blanco de muchas denuncias. Países como Australia o Nueva Zelanda han tomado firmes posiciones de denuncias contra Beijing, y Estados Unidos, por su parte, parece estar orientando sus esfuerzos diplomáticos en cerrar un frente con sus aliados para sobrellevar la crisis mientras desarrolla una estrategia que ayude a blindar a Taiwán de las amenazas del PC chino. Para ello le provee de una plataforma en la que gane mayor protagonismo internacional.

El pasado 10 de abril, El Instituto americano en Taiwán (American Institute in Taiwan), la sede pseudo diplomática de Washington en Taipéi, prometía más cooperación con la isla por los años venideros. Basado en el “Acta de las relaciones con Taiwán de 1979” se ha permitido intercambios sobre todo de tipo económico entre ambos. Esta ley fue creada al momento en que Washington reconocía diplomáticamente a Beijing. Pero durante la Administración Trump ha sido un recurso para potenciar más intercambios y generar más acercamientos con Taiwán. Muy a pesar de las protestas de China, todo indica que la estrategia de la Administración es continuar apoyando a Taiwán, más allá de la venta de armas o el “Acta de viajes a Taiwán” que consiste en permitir viajes entre oficiales de ambos gobiernos. Es evidente que Washington está tratando de proteger este enclave democrático que se encuentra a tan sólo 150 kilómetros de territorio chino y que su estratégica posición le asegura cierto control del Pacífico. O quizá más bien ayuda a equilibrar la influencia china en la región.

El instituto americano en Taiwán está presidido por un diplomático de carrera, Brent Christensen, pero bajo la figura de director, en vez del título de embajador. Un foro debatió el pasado viernes sobre “La reestructuración de la cadena de suministros y mejora de la resiliencia entre socios afines”, y cuyo propósito fue discutir herramientas políticas que permiten la reestructuración de las cadenas de suministro al tiempo que se asegura que las empresas y las economías puedan prosperar.

Christensen decía “La pandemia de Covid-19 ha expuestos los riesgos de depender demasiado de un solo país o un proveedor de materiales críticos como suministros médicos y productos farmacéuticos y de insumos para industrias estratégicamente importantes. Mientras planificamos un mundo postpandémico y evaluamos que cambios son necesarios, una cosa es cierta: Taiwán ha demostrado una y otra vez que es un socio confiable y un actor fundamental para avanzar hacia una economía global más sostenible”.

El Departamento de Estado también está dándole más exposición al “grupo de trabajo de cooperación y entrenamiento global” (por sus siglas en inglés GCTF), que en sus comienzos se estableció para proveer una plataforma en la cual Taiwán podría contribuir a la resolución de problemas globales y compartir su experiencia con socios en toda la región. Para indagar más en el propósito y entender las razones por las que este grupo está tomando mayor importancia, 4Asia consultó al portavoz de la Oficina de asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, quien nos dijo: “A medida que los países hacemos la transición entre la recuperación de la pandemia a la revitalización de nuestras economías, aliados como Taiwán y Japón son socios fundamentales”.

“Estados Unidos continuará apoyando a Taiwán mientras busca expandir sus ya importantes contribuciones para abordar los desafíos globales”.

“Taiwán es un conocido líder mundial en su respuesta transparente y compasiva a la pandemia. Queremos compartir este liderazgo democrático y experiencia con nuestros socios de América Latina y el Caribe. A través del grupo de trabajo de cooperación y entrenamiento global, Estados Unidos, Taiwán y la Asociación de Intercambio Japón-Taiwán se centrarán en áreas claves como la salud pública el empoderamiento de las mujeres y la economía digital para intercambiar las mejores prácticas y promover la transparencia en la recuperación económica”.

El GCTF fue creado en el 2015 con el propósito de ayudar a la inclusión de Taiwán en las organizaciones y foros internacionales. Pero en el marco del quinto aniversario, Estados Unidos expresa que está expandiendo el radio de acción de dicha plataforma. Así lo dijo Christensen en la conferencia de prensa de celebración del aniversario, “Taiwán ha manejado la crisis del Covid-19 mejor que ningún país del mundo, mientras otros países intentan comprender mejor el modelo de Taiwán, China siguió presionando para dejar excluido a Taiwán de la OMS. Nosotros reconocemos ampliamente a Taiwán como un socio confiable, un modelo democrático y una fuerza para el bien del mundo”.

Definitivamente la pandemia ha sido una especie de despertar para el mundo democrático sobre los grandes riesgos de tener las cadenas de producción en manos de su principal rival ideológico y económico. Así como de la necesidad de agrupar esfuerzos en apoyar pequeños aliados en Asia que permiten mantener cierto equilibrio en el Pacífico, porque de lo contrario Beijing se hará con el control total más allá del económico.