RESEÑA: Made in China 2025. Cuando el futuro de China puede ser nuestro futuro. Carla Flores

El pasado lunes 10 de junio, la Asociación de la Prensa de Madrid acogió el acto Made in China 2025. Cuando el futuro de China puede ser nuestro futuro, organizado por la publicación especializada 4Asia.

Durante la celebración del mismo, tuvo lugar la presentación del libro de Águeda Parra, China, Las rutas de poder, que aborda, desde una perspectiva tecnológica y social, la evolución de China y su posición en la geopolítica mundial actual. Durante un coloquio con Georgina Higueras, la autora hizo especial hincapié en la importancia que va a tener el desarrollo tecnológico para el futuro de los países en el plano internacional, donde Estados Unidos y China pugnan por el liderato y Europa corre el peligro de quedarse rezagada.

La autora consideró que es importante comprender, en este sentido, la rápida adopción tecnológica que ha experimentado China, donde las familias han pasado de no tener teléfono fijo a tener un smartphone. Esta asimilación acelerada ha hecho que, por ejemplo, los pagos con el móvil sean ya algo natural y cotidiano. China ha pasado de ser el “país de las copias” a desarrollar más de 1.500 patentes relacionadas con el desarrollo del 5G (EEUU ha desarrollado unas 700).

Asimismo, identificó la financiación y el apoyo al talento y a la innovación como puntos fundamentales de la estrategia del gigante asiático, que fomenta los estudios internacionales de sus estudiantes, crea un nuevo Sillicon Valley en Shenzhen y atrae de vuelta a los sea turtles (término metafórico que hace referencia a los chinos que han vuelto a China después de estudiar y trabajar en el extranjero). Además, La Franja y La Ruta, como la gran iniciativa del gobierno chino para la conectividad global, no faltó en la intervención de la autora.

Águeda Parra definió la demografía como el talón de Aquiles chino. Por ejemplo, se prevé que, en el año 2020, haya más chinos mayores de 65 años que menores de 14. Todo un reto al que tendrá que enfrentarse el país en un futuro ciertamente próximo.

Seguidamente, dio comienzo una mesa redonda, con los expertos Miguel Ors, Águeda Parra, José Pardo Santayana y Miguel Solana, que versó sobre el horizonte económico, militar, político y tecnológico de China.

Miguel Ors reflexionó sobre cómo el comercio internacional constituye un modelo que genera perdedores, y, por tanto, detractores, y sobre cómo las guerras comerciales no se ganan ni se pierden; sólo desembocan en un encarecimiento de los productos. Águeda Parra puntualizó sobre cómo China busca ser independiente de la tecnología americana, debido principalmente a la guerra comercial, que está empezando afectar a las cadenas de valor. José Pardo Santayana incidió en la relevancia que ha cobrado el aspecto militar en China desde la llegada de Xi Jinping. Por último, Miguel Solana expresó que, en su opinión, los acuerdos unilaterales no sirven y que, en su lugar, se debería abogar por acuerdos ratificados en bloque por el conjunto de la Unión Europea.

La clausura del acto corrió a cargo de Julio Trujillo, director de 4Asia.

El desafío de Hong Kong. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La masiva protesta que tuvo lugar en Hong Kong el pasado domingo es la mejor demostración de civismo y deseo del pueblo hongkonés de mantener sus instituciones y libertades democráticas. Fue un grito de rechazo claro a la Ley de Extradición que Beijing quiere imponer para así poder tener más control de las personas que circulan, viven o tan siquiera pasan esporádicamente por ese territorio pseudoautónomo.

En esta misma columna se ha alertado del peligro de que esta ley sea aprobada y el peligro que supone como golpe a la autonomía del territorio en el modelo de “un país, dos sistemas”. La preocupación ha tenido eco hasta en Washington, donde testificaron un grupo de expertos hongkoneses ante el Congreso para aclarar las preguntas de los legisladores.

Además, el 23 de mayo la Comisión ejecutiva para China del Congreso de los Estados Unidos, que valga decir es bipartidista y cuenta con representantes de ambas cámaras, envió una misiva a Carrie Lam, la cabeza ejecutiva de Hong Kong, en el que expresaba su preocupación con las implicaciones y alcances de la propuesta de la ley de extradición, y en la que se le exhortaba a mantener la reputación de Hong Kong como un centro de comercio regido por el estado de derecho, por lo que solicitaban se considerara retirar el proyecto de ley de extradición. La carta fue explícita en lo importante que es para los Estados Unidos su relación con Hong Kong y cómo esta relación se ha hecho más estrecha y cercana en los últimos veinte años.

Mak Yin Ting, veterana periodista hongkonesa, con una trayectoria que supera las tres décadas, que además fue presidente de la Asociación de periodistas de Hong Kong durante 9 años y una luchadora de la libertad de prensa, dijo a 4Asia que, a pesar de la gran participación de la marcha del 9 de junio, el Gobierno se niega a hacer cambiar significativos y de hecho insiste en presentar el proyecto de ley el 12 de junio. Todo en pro de acabar con la creciente oposición, lo que significa que se votará la ley el día 20 de junio.

“La protesta del pasado 12 de junio es la mayor protesta desde la entrega de Hong Kong, por lo que fue realmente impresionante”, afirma Mak. Superó en número a la concentración del 2003, cuando más de medio millón de personas fueron a las calles para oponerse a la promulgación del proyecto de ley de Seguridad Nacional, que se consideró una violación de diferentes Derechos Humanos. En este caso es aún más significativo, pues se ha conseguido reunir todas esas personas por una única causa: la eliminación de una única ley, la Ley de Extradición.

“Lamentablemente, el Gobierno hongkonés desaprueba los gritos de un millón de ciudadanos e insiste en presentar el proyecto de ley a tiempo, es decir, el 12 de junio, con una enmienda previa prometida”, asevera Mak. Eso se traduce en aumentar la extradición de un año de prisión a siete años. El proyecto de ley permite que personas en Hong Kong sean enviadas a China continental donde no se garantiza un juicio justo. Mak afirma que “la ignorancia de la exigencia de la gente de retirar el proyecto de ley pondrá a Hong Kong en desasosiego y el desprestigio del Gobierno hará que la sociedad sea ingobernable”. Explicó a 4Asia que el estatus de Hong Kong, de centro de información y centro financiero internacional, se verá afectado negativamente si se aprueba este proyecto de ley. Sin embargo, está claro que China sacrificará a Hong Kong para mantener el control que desea.

Concluye que la batalla no ha terminado, la gente de Hong Kong está organizando más protestas, incluida la campaña “Sin trabajo, sin clases”, que insta a los empleados a no ir a trabajar mientras los estudiantes no van a los colegios.

“A lo largo de mi trayectoria como periodista, agrega Mak, he podido ver como la libertad de expresión ha ido mermando en Hong Kong. Particularmente desde que Xi Jinping tomó el poder”. (Foto: Siham Benali)

Un debate oportuno

4Asia organizó esta semana un nuevo encuentro de debate sobre un asunto de actualidad que, en este caso, no podía ser otro que  el clima de guerra comercial entre Estados Unidos y China y la incertidumbre que esto crea en la economía mundial; la importancia de los avances tecnológicos de China como trasfondo de esta crisis y cuánto tiene de amenaza para el concepto occidental de libertad individual (que los ciudadanos chinos no disfrutan); las ventajas competitivas que supone para China poder acumular capital sin controles parlamentarios, sin seguridad jurídica y sin  sometimiento del Gobierno a mecanismos democráticos, y la importancia del reforzamiento militar chino al calor de esos avances tecnológicos.

Al margen de los argumentos de los ponentes, que publicamos, dos cuestiones esenciales recorrieron la jornada, tanto desde la mesa como desde las preguntas de los asistentes. La primera de ellas es hasta dónde debe llevar el compromiso desde las sociedades occidentales con las libertades en sus negociaciones con países autoritarios que, a la vez, pueden inyectar negocios y capitales en esas sociedades para mantener estándares de bienestar. La segunda es qué valor tienen en realidad los valores democráticos cuando una sociedad dictatorial consigue avances sociales a costa de la restricción de estos derechos.

Sorprende, respecto a esta última cuestión, cómo el viejo marxismo, que justificaba sus crímenes con la supuesta justicia social (libertad, ¿para qué?, se preguntaba Lenin) sigue seduciendo a personas formadas que precisamente desde la comodidad de las libertades occidentales, relativizan el sistema y justifican dictaduras llegando a compararlas con Estados Unidos, esta vez con la excusa del atrabiliario Donald Trump.

Y, en relación con la primera cuestión, el papel de la Unión Europea. La UE aparece como espectador privilegiado, pero a distancia, en este conflicto y no parece tener una estrategia ni política, ni económica ni tecnológica en la crisis, Es más, aparece dividida sobre qué opción prefiere, con qué aliados y hasta qué punto implicarse. La gravedad de esta duda no debe pasar desapercibida porque, además de negocios, nuestras sociedades se juegan un estilo de vida, un concepto de libertad y unos estándares de bienestar que están en revisión. Que no es poco.

THE ASIAN DOOR: Reinventando el sector salud con Ping An y Tencent. Águeda Parra

El envejecimiento de la población de China ha pasado de ser una preocupación para el gobierno chino a convertirse en una cuestión de máxima prioridad. El sueño del presidente Xi Jinping de alcanzar el “rejuvenecimiento de la nación china” tiene como objetivo un incremento demográfico que evite el colapso del desarrollo económico del país. Pero entre los grandes desafíos que plantea el envejecimiento de la población también figura la presión que ejerce para la sanidad un número creciente de personas mayores.

Entre las principales economías mundiales, el sector de la salud de China es el que más rápido crece, pasando de representar un 4% del PIB en 2007 al 6% en 2018, aunque todavía se sitúa por detrás de otras grandes potencias como Estados Unidos, que dedica un 17%, y el 9% del Reino Unido. Pero las previsiones indican que crecerá un 12% anual hasta alcanzar el billón de dólares en 2020, pudiendo alcanzar los 2,3 billones de dólares en 2030, según un informe de McKinsey & Company.

Protagonistas de primer nivel de la revolución tecnológica que vive China, las startups chinas están surgiendo como los mejores aliados del gobierno para impulsar el sector de la salud del país. Los avances en inteligencia artificial, big data y cloud computing que están aportando los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) forman parte de la capacidad de innovación tecnológica que está alcanzando el gigante asiático con el impulso del Made in China 2025. Gracias a la incorporación de los grandes titanes tecnológicos se estima que el mercado de salud online de China alcance los 2.610 millones de dólares en 2019, lo que representa un crecimiento interanual del 17,2% respecto al año anterior, según datos de iResearch. De esta forma, China podría mejorar los servicios de salud del país incorporando las nuevas tecnologías aunque todavía sufra de una importante escasez de médicos en comparación con los países desarrollados. En el caso de las economías de la OCDE, la asistencia sanitaria contempla 3,19 médicos por cada 1.000 personas, mientras que en China la proporción desciende hasta los 2,22 médicos por cada 1.000.

Una de las grandes apuestas es Tencent Trusted Doctor, que después de conseguir 250 millones de dólares en una ronda de financiación, ha situado el valor de la compañía en más de 1.000 millones de dólares. Actualmente cuenta con 440.000 médicos que atienden a más de 10 millones de pacientes online a los que ofrecen el servicio de reconocimiento médico en línea, la posibilidad de realizar envíos de medicamentos gracias a las compras online que permite la aplicación e incluso la opción de solicitar consultas médicas en hospitales físicos. Estos servicios se encuentran disponible a través Tencent Health, una aplicación accesible desde WeChat, el emblema de Tencent en el complejo ecosistema tecnológico de China.

La apuesta de Ping An, empresa de seguros del grupo Alibaba, compite en el sector de la salud en China con Good Doctor, una iniciativa que conjuga perfectamente la estrategia omnicanal que tan buenos resultados está aportando al titán tecnológico. En esta apuesta por la diferenciación, las más de 1.000 cabinas de 3 metros cuadrados conocidas como “clínicas de un minuto” realizan un diagnóstico a los más de 228 millones de usuarios registrados, equivalente a toda la población de Canadá, Estados Unidos y México. En el millar de unidades disponibles en 8 provincias, los médicos virtuales ofrecen el diagnóstico sobre 2.000 enfermedades comunes en base a los beneficios que aporta la inteligencia artificial y los datos de más de 300 millones de consultas previas, al que después le sigue la interacción con un médico real por videoconferencia. La facilidad de conseguir el medicamento offline desde la propia cabina completa el servicio que ya proporcionaba Ping An de realizar las compras de medicamentos online en farmacias.

Los avances en los servicios de salud en China también abarcan al dinámico mercado del equipamiento médico, el segundo más grande del mundo que alcanzó un valor de 75.900 millones de dólares en 2017, lo que representa el 18,8% del total mundial, según los últimos datos oficiales. En este ámbito también destacan los grandes titanes tecnológicos como Baidu, Tencent y Huawei, especialmente por los acuerdos suscritos con otras empresas internacionales especializadas en este mercado. En el caso de Tencent, destaca la colaboración estratégica suscrita con Philips para cooperar en la investigación y desarrollo de dispositivos médicos inteligentes. Un acuerdo al que hay que sumar el alcanzado con la multinacional farmacéutica Novartis con el que se pretende crear una plataforma de redes sociales donde reunir a personas con enfermedades crónicas. En el caso de Huawei, destaca la intención de la compañía china de añadir los dispositivos médicos a sus áreas de negocio, mientras que el último movimiento de Baidu en este sector ha sido la inversión en la empresa Neusoft, un fabricante de equipamiento médico de alta calidad.

Existen ciertos factores que están animando las inversiones en el sector de la salud en China. De una parte, el gobierno debe afrontar un envejecimiento de la población que va a requerir más medios y servicios por parte del sector público. Sin embargo, la inversión privada está saliendo al rescate de una mayor presión sobre el presupuesto gubernamental. Una creciente clase media china con mayor disposición de ingresos, que cada vez tiene una mayor consciencia sobre la importancia de la salud y la calidad de vida, resulta ser el elemento dinamizador más determinante de una nueva era en la sanidad china. Una oportunidad que las empresas extranjeras deberían aprovechar ante las buenas previsiones de crecimiento que plantea el sector en los próximos años y ante los retos tan desafiantes que plantea el sector de la salud en China. (Foto: Davide Simonelli)

INTERREGNUM: ¡Cuidado, Europa! Fernando Delage

En su discurso de hace una semana en el Diálogo de Shangri-La, en Singapur, el secretario de Defensa en funciones de Estados Unidos, Patrick Shanahan, describió el mantenimiento de la estabilidad en el Indo-Pacífico como un desafío que Washington no puede afrontar por sí solo. Insistió por ello—en términos no muy distintos de los empleados en su día por la administración Obama—, en el papel central de socios y aliados en la estrategia norteamericana hacia la región. Las limitaciones presupuestarias y la atención que también debe prestar a Oriente Próximo y a Rusia, obligan a Estados Unidos a demandar un mayor activismo de los países amigos en la zona. El problema es que esos socios y aliados no quieren verse atrapados en las tensiones entre Washington y Pekín, ni forzados a elegir entre uno u otro. Especialmente cuando, aun compartiendo la preocupación por el desafío chino, mantienen profundas reservas sobre las intenciones y sobre la manera de actuar de la Casa Blanca.

Al inaugurar la reunión de Shangri-La, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, puso de relieve la inquietud de las naciones de la región frente a la dinámica de confrontación de los dos gigantes. Los europeos, aunque no sean actores estratégicos en Asia, tampoco escapan a este dilema. A lo largo del último año, la Unión Europea ha reforzado los mecanismos de vigilancia de las inversiones chinas, ha exigido una mayor reciprocidad en el acceso al mercado de la República Popular, y ha llegado incluso a calificar a China como un “rival sistémico”. No obstante, ni va a incrementar como Washington los aranceles a las importaciones chinas—la UE es el mayor socio comercial de Pekín—ni va a dar la batalla contra Huawei en los mismos términos.

La administración Trump se encuentra así frustrada. Pese a la declarada hostilidad del presidente contra Bruselas, Washington se ha esforzado por sumar a los europeos en su campaña contra China. En abril, en vísperas de la cumbre sobre la Ruta de la Seda en Pekín, el Departamento de Estado propuso la firma de un comunicado conjunto contra la iniciativa que reveló las diferencias de fondo. Al rechazar la idea, los europeos dejaron claro que no iban a seguir el dictado de la Casa Blanca, cuya beligerancia hacia la República Popular no pueden compartir. Estados Unidos, que percibe a China como una amenaza cuasi-existencial—en ello coinciden demócratas y republicanos, empresarios y militares, periodistas y expertos académicos—, ha concluido por su parte que los europeos “son de otro planeta”.

En un contexto de incertidumbre generalizada sobre el futuro de la relación transatlántica, China puede contribuir a agravar de manera significativa las diferencias entre Europa y Estados Unidos. Occidente quedaría así dividido ante el mayor desafío geopolítico del siglo XXI. Lo que es más grave, puede que los países europeos tengan que prepararse para un mundo en el que serán vistos por Washington a través de un prisma chino, de modo similar a como la Unión Soviética determinó la política norteamericana hacia el Viejo Continente durante la Guerra Fría.

Otro éxito de la ingeniería social. Miguel Ors Villarejo

La población china alcanzará en 2029 los 1.440 millones, para entrar a partir de entonces en un declive “imparable”, según la Academia de Ciencias Sociales. Hacia 2065, esta era de contracción habrá devuelto el censo a los niveles de los 90.

No se trata de un fenómeno aislado. Dentro de 20 años, apenas África registrará aumentos demográficos. De España a Noruega, de Chile a Canadá, de Australia a Japón las mujeres dan cada vez menos a luz. Son los gajes del progreso. En las economías primitivas, donde hay que acometer infinidad de pequeñas tareas, los hijos son bienvenidos porque aportan manos con que ejecutarlas. Además, las malas condiciones sanitarias ocasionan una elevada mortalidad infantil y hacen falta muchos partos para sacar adelante un adulto. Disponer de una larga prole tiene mucho sentido.

Este sistema de incentivos se invierte en las sociedades modernas. Por un lado, los adelantos médicos permiten que sobreviva la mayoría de los nacidos. Por otro, el trabajo se sofistica y requiere una formación previa: si en una granja del XVIII estabas listo para ordeñar vacas y echar grano a las gallinas prácticamente desde el momento en que podías andar, ahora no puedes incorporarte al mercado laboral sin pasar antes por el colegio, el instituto y la universidad. Este proceso es lento y costoso, y por eso las parejas optan por un número corto de hijos (tan corto a menudo como uno).

La transición demográfica, que es como se conoce en sociología este fenómeno, es generalmente consecuencia del progreso material, pero en China ha sido fruto de una decisión deliberada: la política del hijo único impulsada en 1980, cuando la progresía mundial concluyó que el modo más rápido de mejorar la renta per cápita no era aumentar la renta, sino reducir la cápita. El resultado es que “el país se hará viejo antes de volverse rico”, escriben Charlie Campbell y Hainan Island en Time.

Esto es un problema. Los mayores ganan poco y, por tanto, consumen menos, lo que ralentiza el crecimiento. Pero, además, esos ingresos no los generan ellos, sino que son transferencias que perciben del resto de la sociedad. Occidente ha desarrollado un gigantesco sistema de previsión, lleno de goteras, es verdad, pero más o menos funcional. En China no han tenido tiempo. Apenas hay pensiones públicas, de modo que la presión recae sobre la descendencia. Cada ciudadano activo debe echarse sobre los hombros a dos padres y cuatro abuelos. Mantener en equilibrio esta pirámide invertida exige mucha productividad y, aunque el Gobierno ha lanzado una campaña para “tener hijos para el país”, las familias están haciendo todo lo contrario: concentrar los recursos en uno solo, con la esperanza de que se convierta en su Seguridad Social particular. Time cuenta la historia de San Tianyi, una niña de tres años que va a clase de ocho a cinco entre semana y los sábados y domingos es sometida a “una vertiginosa dieta de actividades extraescolares: natación, pintura, música, inglés”. Sus padres, un cocinero y una camarera que viven en un piso de dos dormitorios, calculan que llevan gastados 22.000 dólares en la criatura (¡y tiene tres años!). “Confío en que nos cuide cuando envejezcamos”, dice la madre.

El perfil de mujer que empieza a emerger de esta estresante coyuntura no es halagüeño. Una profesora de medicina cuenta que sus colegas y alumnas chinas le dicen a menudo refiriéndose a sus pretendientes masculinos: “Me encanta, pero es demasiado pobre y no creo que pueda casarme con él”.

Es lo que les faltaba a los solteros locales. La combinación de la política del hijo único y una preferencia cultural por el varón hizo que durante décadas se practicara el aborto selectivo y ahora hay un déficit de mujeres que se estima en unos 24 millones. “Imagine”, dice Time, “que toda la población masculina de Nueva York y Texas viviera sola, deprimida y sexualmente insatisfecha”.

Una China angustiada por la vejez, con la infancia consumida en una frenética competencia, cada vez más clasista y con millones de mozos suspirando. El panorama tiene poco que ver con la Arcadia comunista que los ingenieros sociales imaginaron en 1980. (Foto: Matthias Buehler)

El imperio chino contraataca. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

Los últimos acontecimientos acaecidos han puesto de manifiesto, aún más, las tensas relaciones entre China y Estados Unidos.

El 15 de mayo la compañía Huawei, y su filial Honor, fue vetada por el gobierno de Trump, no pudiendo vender sus productos en el país ni compañías como Google trabajar con empresas chinas. Estados Unidos acusó a la marca china de robar información y secretos comerciales entre los años 2012 y 2014.

Huawei es un gigante chino con más de 180.000 empleados y con un beneficio neto de 7.200 millones de dólares y es la segunda marca, por volumen de ventas, en China convirtiéndose así en un gigante de la telefonía móvil a nivel mundial:

Fuente: https://es.statista.com/grafico/16384/cuota-de-mercado-mundial-de-fabricantes-de-smartphones/

Este veto podría afectar muy negativamente a la marca China ya que no podría vender sus productos en un mercado de unos 300 millones de personas, como es EEUU, pero, ¿Qué puede hacer China?, ¿Qué opciones tiene?

En primer lugar las tierras raras. Las tierras raras son un grupo de 17 minerales muy utilizados para la fabricación de tecnología o productos tecnológicos, el 80% de la producción mundial está en China y, ante este veto del gobierno de Trump, China podría restringir o vetar la exportación  de  estos productos tan preciados a Estados Unidos.

Porcentaje sobre la producción total de tierras raras (2018)

Fuente: https://es.statista.com/estadisticas/600572/porcentaje-de-tierras-raras-producidas-por-paises/

En un mundo digital y tecnológico estos productos son imprescindibles en el desarrollo o en la economía de un país y más si es un país tan tecnológico como Estados Unidos donde las Startups, o empresas con base tecnológica, como Uber, Airbnb, Pinterest o Dropbox, son punteras a nivel mundial.

El “Escandio” se usa para la fabricación de aviones, el “Itrio” para la fabricación de láseres, “Lantano” para la fabricación de telescopios, el “Tulio”, uno de los más escasos, para dispositivos portátiles de rayos X, “Erbio” para la fibra óptica etc…

En segundo lugar, China tiene la mayor reserva de divisas del mundo y posee casi una quinta parte de la deuda de Estados Unidos, 1,13 billones de dólares en bonos del tesoro:

Fuente: https://www.lavanguardia.com/economia/20190526/462469973977/china-estados-unidos-guerra-comercial-deuda.html

Si el gobierno de Xi Jinping decidiera vender masivamente estos bonos, el valor de su divisa caería vertiginosamente afectando negativamente a la economía de EEUU y  haría caer el propio valor de éstos bonos restantes en manos de China y, además, generar inestabilidad en los mercados internacionales.

Por último, China también podría establecer aranceles a las empresas americanas establecidas en el país. Si esto se produjera, las empresas americanas podrían perder un importante mercado y perder valor en sus acciones. Un ejemplo es Microsoft, que tiene su principal filial en China y el gobierno ya ha decidido bloquear su buscador “Bing” en el país.

Estas podrían ser las armas más importantes para evitar las sanciones de Trump. Quizás estas sanciones o amenazas no lleguen a nada y simplemente sea una demostración de poder de las dos principales potencias del mundo para lograr la hegemonía mundial. Foto: Flickr, JD Hancock

Entrevista a Martin Lee: “Hong Kong, una democracia en peligro”. Nieves C. Pérez Rodríguez

Trump ha sido directo en su lucha por neutralizar las prácticas chinas que están al margen de la ley o que intentan sacar beneficios ilegales de las circunstancias. Pero, ciertamente, esa preocupación transciende la Casa Blanca. Las agencias de inteligencia, el Senado y la misma Cámara de Representantes llevan años indagando para determinar el alcance de estas irregularidades.

En el Reporte Anual de la Comisión ejecutiva del Congreso acerca de China, publicado a principios de este año, dedica un capítulo a Hong Kong, en el que se determina la continua erosión de la autonomía de esta región que, por cierto, está garantizada en su “ley básica” de 1984 de Un país, dos sistemas. El informe afirma que se ha podido observar como el espacio democrático de acción política de partidos, grupos e individuos ha disminuido junto con los derechos humanos. El documento incluye citas como la de Xi Jinping en el XIX congreso del Partido Comunista en octubre del 2017, momento en el que afirmó que el gobierno central debe mantener la competencia global de su jurisdicción. Seguido por múltiples declaraciones de oficiales chinos en las aseveran que el gobierno central tiene una postura o “línea de tolerancia cero” a que se le llame independiente a Hong Kong.

4Asia entrevistó a Martin Lee Chu-ming, reconocido como el padre de la democracia de Hong Kong, y uno de los defensores más prominentes de los derechos humanos y las libertades. Además de ser el fundador del Partido Democrático de Hong Kong, y actualmente su presidente, que valga acotar, es el partido político más grande y popular. Participó en las negociaciones de traspaso del Reino Unido a China y en la redacción de la “Ley Básica” que es una especie de constitución hongkonesa. También fue durante más de 30 años miembro del Consejo Legislativo en diferentes periodos. Sin duda un personaje relevante en la historia democrática de Hong Kong y su conversión en una potencia económica y tecnológica.

Le pedimos un análisis sobre cómo ve los derechos Humanos en Hong Kong en comparación con las libertades y derechos que tenían hace unos 20 años.

“Cualquiera de nuestras libertades están sujeta a Beijing. Y ellos pueden interpretar lo que está contemplado en nuestra Ley Básica a su conveniencia. Nuestra Corte protege nuestras libertades, pero Beijing cada día tiene más control sobre Hong Kong.  En efecto, en el Libro Blanco de 2014 lo dijeron abiertamente y en siete idiomas: Beijing tienen jurisdicción completa sobre el territorio hongkonés y es la fuente de su autonomía. Aclarando que tienen control sobre Hong Kong, lo que contradice la Ley Básica, en la que se nos cedió un alto grado de autonomía, aparte de la defensa y relaciones internacionales”.

“La Ley Básica contempla que nosotros seríamos nuestros propios maestros y hacedores. Ahora bien, cuando Beijing declara que ellos son los que tienen control sobre nosotros, asumen entonces que ellos son los maestros. Esto lo prueba el comentario de Xi en una visita a Hong Kong años atrás, cuando era vicepresidente, en el que afirmó que los jueces hongkoneses tienen que colaborar con su gobierno”.

Pero, acota contundentemente Lee, “los jueces no trabajan para el gobierno, que es la visión del Partido Comunista Chino. Los jueces deben responden a la ley no a los intereses de ningún gobierno”.

¿Considera usted que la democracia en Hong Kong se encuentra en peligro?

“Lo cierto es que no veo democracia. De acuerdo a la Ley Básica, pasado diez años de entrar en vigor, debimos haber tenido elecciones democráticas para elegir nuestro poder ejecutivo y elecciones para elegir parlamentarios. Eso no ha ocurrido. Carrie Lam, quien es la cabeza ejecutiva del gobierno hongkonés, posición designada por el gobierno chino central, dice que ella no va hacer nada por la democracia”.

“En este momento -añade- nos encontramos muy preocupados por la ley de extradición, que podría ser aprobada en julio con el apoyo de Carrie Lam, y que vendrá a legalizar secuestros y amenazas que destruirán la libertad de la que goza la sociedad hongkonesa, presentes en el artículo 4 de la Ley Básica. Al ser aprobada, Lam podría enviar a Beijing a cualquier individuo (hongkonés, chino, europeo, estadounidense, australiano, o cualquier otra nacionalidad) que sea acusado de algún tipo de crimen y su extradición haya sido solicitada por China continental”.

Lee explica que hasta ahora no habido ninguna ley de cooperación o acuerdos entre Beijing y otros países como Gran Bretaña, Canadá o Estados Unidos. Y ello se debe a los estándares legales, y el sistema jurídico chino no es compatible con los de estas naciones. Para Beijing las extradiciones son una herramienta política mientras que para el resto de los países democráticos son un asunto legal.

“Para nosotros los hongkoneses es clave blindar nuestro sistema legal como una barrera de protección a las obstrucciones políticas de Beijing. Pero no lo podemos hacer sin en el apoyo de nuestros aliados y la comunidad internacional. Este es el momento en el que Occidente debe proteger el sistema de libertades y legal en Hong Kong, antes de que nuestra gente u otros que se encuentran en nuestro territorio sean llevados a las cárceles chinas”. Foto: AsiaNews

Por qué Israel innova y España no (y 4). El mito del miedo al fracaso. Miguel Ors Villarejo

Además de los aspectos más técnicos que vimos en las tres entradas anteriores, en su libro Startup Nation, Dan Singer y Saul Senor atribuyen la transformación israelí a varios rasgos que formarían parte de lo que llamamos el macizo de la raza y que quizás otros pueblos, como el español, no somos capaces de emular.

Voy a referirme a dos.

El primero es la falta de reverencia. Los israelíes pasan bastante del conducto reglamentario. La responsable de un fondo de inversión de Jerusalén me decía que los directivos estadounidenses están habituados a que sus instrucciones se cumplan sin rechistar, pero en Israel se encontraban con que les respondían: “Muy bien, pero creo que no es el mejor modo de hacerlo”.

Esta actitud complica la gestión de equipos, porque ralentiza las reuniones. Hay que discutirlo y justificarlo todo. Pero también multiplica la creatividad, porque la empresa ya no depende de la genialidad del jefe. Intel desarrolló el microprocesador Centrino muy a su pesar, solo porque en la delegación de Israel se pusieron francamente pesados. Y el tiempo les dio la razón.

En materia de irreverencia no me da la impresión, de todos modos, de que los israelíes aventajen a los españoles. El respeto a la autoridad no ha sido nunca uno de nuestros fuertes. Creo que era Salvador de Madariaga el que decía que un país con tantas vírgenes solo podía ser un país de anarquistas.

El segundo rasgo al que voy a referirme es la aversión al riesgo. En Israel no importa que fracases, casi se fomenta. Se considera que alguien que sigue intentándolo, a pesar de haber sufrido un revés, tiene carácter y perseverancia.

Un buen ejemplo de ello es Itzik Goldwaser. Este hombre es el vicepresidente de Yissum, la segunda oficina de transferencia tecnológica de Israel. Lo entrevisté hace un tiempo en Madrid para Actualidad Económica. Yissum comercializa las innovaciones que genera la Universidad Hebrea de Jerusalén. De ella han salido medicamentos contra el cáncer y el alzhéimer, sistemas de visión para coches autónomos o los tomates cherry: todas las semillas que se plantan en el mundo hay que comprárselas a ellos. Yissum tiene una cartera de 9.300 patentes, que facturan más de 2.000 millones de dólares al año.

Lo sorprendente de Goldwaser es su ejecutoria. Desde que se licenció en 1994 hasta que lo fichó Yissum, montó varias biotech, pero ni una salió adelante. Ni una. Por una u otra razón (el 11S, un paciente muerto en la fase de ensayo), siempre se había visto obligado a tirar la toalla, y no tenía el menor rubor en reconocerlo.

La pertinacia en el fracaso parecería a primera vista clara limitación, pero si uno se para a pensarlo, tiene sus aspectos positivos. “Estar equivocado”, escribe la periodista Kathryn Shulz, “no es un signo de inferioridad intelectual, sino una fase esencial del aprendizaje”. Hay un famoso experimento que ilustra esta idea. Un profesor de cerámica  dividió a sus alumnos en dos equipos e informó a los miembros del primero que los evaluaría en función de la cantidad. Debían traerle tantas piezas como pudieran. Al final del curso él las pesaría y a quienes superasen los 20 kilos les pondría sobresaliente, a quienes se quedaran entre 18 y 20 kilos notable, y así sucesivamente. A los del segundo equipo les pidió que le presentaran un único trabajo, el más perfecto que hubieran cocido.

El resultado fue revelador: las obras más hermosas salieron del primer grupo. Mientras sus integrantes se afanaban en sacar un montón de trabajo (y aprendían de sus errores), los del segundo se habían sentado a elucubrar sobre la excelencia y lo único que tenían que ofrecer eran teorías grandiosas y una pila de arcilla inerte.

Como dijo Thomas Watson, el segundo presidente de IBM, “si quieres aumentar la tasa de aciertos, tienes que equivocarte el doble de deprisa”.

Tampoco se trata de fracasar por fracasar, entiéndanme bien. Se trata sobre todo de perderle el respeto para explorar nuevos horizontes. En Celebrating Failure, el publicista Ralph Heath escribe que “uno de los secretos del éxito radica en moverte fuera de tu zona de confort, pero sin salirte de tu zona de fortaleza”. Se trata de asumir riesgos controlados: hacer algo que nadie había intentado (la bombilla, el aspirador ciclónico, una vacuna), pero sin lanzarse al vacío.

¿Por qué no somos los españoles capaces de encontrar ese punto de equilibrio?

El problema no es la cultura. El problema es que en España la zona de confort de que habla Heath no termina en una agradable pendiente, sino en un barranco. Y cruzarlo da vértigo porque no hay un enjambre de business angels aleteando para recogerte si pierdes el pie. Los negocios se costean con préstamos garantizados y, cuando se hunden, te arrastran con todo el equipo.

En Israel disponen de otras opciones. “Lo primero que haces”, me contaba Goldwaser, “es dirigirte a una oficina como Yissum, elegir una patente y firmar un contrato que te concede su explotación durante 12 ó 18 meses. Una vez que tienes la tecnología, debes recaudar el dinero. Yo no tenía ni un centavo, pero existen fondos de capital riesgo y programas públicos que sufragan proyectos en fase temprana. También puedes recurrir a incubadoras. La mayoría son privadas. Les expones tu idea y, si les convences, van al científico jefe del Ministerio de Economía, que aporta el 85% de los recursos iniciales. No pierdes nada por emprender”.

Esta arquitectura financiera asigna el riesgo a los actores que están en mejor disposición para soportarlo: especuladores y multinacionales que se pueden permitir el lujo de fallar nueve jugadas seguidas, porque saben que a la décima se repondrán con creces.

Granjearse su confianza no es sencillo, pero un argumento persuasivo son unas aparatosas heridas de combate. Para estos inversores un historial de fracasos no es un estigma. Al contrario. Son cicatrices, méritos contraídos en acto de servicio, la prueba de que has estado sometido a fuego real. Eres como esos sargentos veteranos que todos los capitanes quieren tener en su compañía, porque han aprendido de sus errores y no van a repetirlos.

Ese ecosistema es el que ha hecho de Tel Aviv uno de los centros más dinámicos del planeta. En España, por el contrario, no damos facilidades para fracasar. Un empresario catalán afincado en California explicaba en La Vanguardia que “a veces tienes que pegártela para […] hacerlo mejor”, y es verdad, pero también hay que considerar la intensidad de la galleta. Si te quitan la casa y el coche y tienes que cambiar a los niños de colegio, es complicado que repitas, por enriquecedora que la experiencia haya sido.

Ese es, por desgracia, un destino habitual del emprendedor español. El entorno financiero impide los experimentos. Hay que manejarse con avales bancarios y acertar a la primera. De lo contrario, nadie te ofrecerá una segunda oportunidad. Al revés. Igual te inhabilitan como administrador y te incluyen en una lista de morosos.

Fracasar así no es divertido ni razonable. No es cuestión de carácter. No hay tanta diferencia entre un español y un israelí. Estoy seguro de que si trasladaran a muchos de nuestros científicos a Tel Aviv generarían tanta riqueza como los soviéticos. Tengo un amigo que incluso me dice que si en Tel Aviv te limitas a mirar sin escuchar, tienes la sensación de estar en Valencia. Es todo muy mediterráneo: mucha vida al aire libre, terrazas llenas de gente, ciclistas por las aceras…

Nos falta realizar esa apuesta por la libertad económica que Israel realizó a principios de este siglo y que lo convirtió en un prodigio de pragmatismo. Los españoles somos un pueblo de principios en todos los sentidos de la palabra: tenemos convicciones firmes y no acabamos nada de lo que empezamos. Nos vendría bien traicionar esos grandes ideales y la lógica intachable de Unamuno…

Pero, bueno, aquí estoy otra vez como la madre de Woody Allen y Pedro Laín Entralgo y creo que es mejor que lo deje. Imagen: Flickr, Raphael Pérez

Comercio, seguridad y 5G sobre la mesa

4Asia reúne el 10 de junio a colaboradores y expertos en un nuevo encuentro de debate, esta vez para analizar e intentar dar respuesta a dudas e incertidumbres ante la política proteccionista de Estados Unidos, la disputa comercial y tecnológica con China y los riesgos para la estabilidad internacional.

 Además, trataremos de poner luz en el nivel de amenaza que puede suponer el hecho de que uno de los factores de la ecuación internacional, China, sea un Estado con un importante y creciente desarrollo tecnológico, un sistema autoritario que no responde a otro control que al del propio sistema y a su partido único, el Partico Comunista, y un respeto arbitrario y según su concepto de sus intereses nacionales de las normas de derecho internacional.

Esta serie de hechos son los argumentos que exhibe un Trump atolondrado que a veces parece, él mismo ha llegado a decirlo, que añora reinar para siempre con un sistema como el chino. Esta política, incluso con alguna razón, es no sólo errónea sino peligrosa y sitúa a una Europa en crisis de identidad y desorienta ante un reto que no parece fácil de afrontar.

Así, repasaremos el desarrollo y la evolución tecnológica de la sociedad china; las previsibles consecuencias, buscadas o no, de la guerra comercial; los peligros para la seguridad cibernética y el orden y la libre competencia en los mercados, y también algo tan esencial y a veces tan poco valorado como los peligros tecnológicos para la seguridad nacional, la defensa de los intereses nacionales y estratégicos de España y la necesidad de proteger las instituciones y la estabilidad democrática. Esperamos debatir todos estos asuntos con quienes quieran asistir.