China en el laberinto de Oriente Medio

Es conocido que el valor prioritario en los principios que determinan la política de China se le otorga al pragmatismo. La concepción autoritaria, sectaria, de desprecio a las libertades y los derechos, tan propia del comunismo se ejerce con mano de hierro en el interior se combina con una red de aliados e intereses en el exterior también ausente de principios y de decencia. Lo que importan son los objetivos y estos son obtener negocios para empresas chinas tuteladas por el Gobierno y con ellas ganar un milímetro más en la influencia mundial del régimen.

Así, en el complicado escenario de Oriente Próximo con tantos elementos contradictorios, China se encuentra en un reto para una política que trata de ganar espacio y dinero sin molestar a nadie.

China no puede estar ausente de la región. Necesita petróleo, estirar su influencia y sus fuerzas navales por esa ruta de acceso a Occidente y conseguir negocios. Así, importa petróleo de Irán, tiene acuerdos comerciales con Qatar e Israel, con presencia de gestión en sus puertos, y, formalmente, envía guiños de complicidad a los palestinos. Eso explica que la brutal política china contra los musulmanes del este de su territorio, especialmente los uigures, no haya suscitado apenas críticas de los países árabes tan sensibles a cualquier medida occidental y especialmente israelí en contra de la “resistencia” palestina. Valga decir que en ningún país árabe tienen sus ciudadanos tantos derechos y garantías judiciales como los ciudadanos árabe-israelíes.

China trata de mantenerse de perfil pero el reconocimiento diplomático entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos ha cambiado profundamente los equilibrios profesionales. Los EAU, una potencia económica en la zona, junto a la potencia científica y militar de Israel, dibujan una alianza  contra Irán, abre la puerta a una alianza a la que podrían sumarse los saudíes, Oman y Bahrein y dejan a los palestinos en un limbo en el que pierden apoyos.

En este campo se mueve China, de la que los palestinos quieren apoyo económico, y tal como va la división de la región en bloques más radicalizados Pekín va a encontrarse con dificultades en época de crisis pandémica.

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