THE ASIAN DOOR: El billón de razones que rediseñan la estrategia de China en Afganistán. Águeda Parra.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán ha motivado que los países vecinos de la región den un paso al frente ante un evidente cambio en el terreno de juego de la geopolítica en Asia Central donde los cambios se irán haciendo efectivos en los próximos años a medida que se estabilice la situación en el país. Según el proverbio chino que dice que “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado mundo”, conocido como efecto mariposa y que sirve para explicar la teoría del caos, el cambio en el escenario de juego por el que Estados Unidos se retira de Afganistán para orientar su estrategia de política exterior en el Indo-Pacífico, y en menor medida en Asia Central, podría conllevar que se acelerase la pugna por el liderazgo económico, tecnológico y geopolítico entre Estados Unidos y China.

La frontera de apenas 90 kilómetros entre Afganistán y China a través del denominado corredor del Wakhan es la menos extensa de todos los países limítrofes con el país asiático, pero, sin embargo, marca la máxima prioridad para Pekín que busca mantener la integridad territorial y evitar que, en este momento de transición en Afganistán, se produzcan incursiones del extremismo yihadista en China a través de Xinjiang. Con la embajada abierta en Kabul, China busca dar continuidad a la reunión mantenida con la delegación de los talibanes afganos en Tianjin el pasado mes de julio en la que China solicitaba a los nuevos dirigentes del país que cortaran las relaciones con los separatistas Uighures del Turkestán Oriental que podría suponer una entrada en Xinjiang. A cambio, los talibanes estarían buscando que China utilizara su influencia en el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, liderado por el gigante asiático, para obtener concesiones de préstamos ante el actual escenario de aislamiento internacional.

La situación estratégica de Afganistán en el centro de Asia le confiere al país una posición de privilegio para convertirse en el futuro hub comercial de la región en el marco de la iniciativa de la Ruta de la Seda, donde se podría plantear una extensión del Corredor Económico China- Pakistán en el que el gigante asiático ha invertido más de 62.000 millones de dólares. Una vez estabilizado el país, y con Afganistán formando parte de la iniciativa desde 2016, China podría avanzar en otra de sus principales prioridades en la región que es la seguridad de sus inversiones en el marco de la Ruta de la Suda en la región. Se trataría de avanzar en la explotación de concesiones previas, como la mina de cobre de Aynak (el segundo yacimiento más importante del mundo) que obtuvo por 3.000 millones de dólares en 2007 y que mantiene bloqueadas las conversaciones por diferentes motivos desde 2015. Otros proyectos, sin embargo, si han comenzado su construcción, como la carretera que une Kabul con China a través del corredor de Wakhan y que supone una inversión de 5 millones de dólares.

Una mirada a la vecina Pakistán puede dar a los talibanes afganos una imagen de cómo podría transformarse el país en la próxima década. El puerto de Gwadar en Pakistán, considerado el buque insignia de la iniciativa de la Ruta de la Seda, es un ejemplo de la metamorfosis que puede llegar a alcanzar la región. Con la estabilización de la situación en Afganistán, China se beneficiaría de la posición estratégica del país hacia las fuentes de petróleo y gas en Oriente Medio y le permitiría conectar con otros mercados donde llevar los productos chinos y su capacidad industrial, además de avanzar en otra de las grandes prioridades que ha identificado China en el país: el acceso a las reservas de minerales y tierras raras que tiene Afganistán y que están valoradas en más de 1 billón de dólares.

Afganistán está considerado por el Departamento de Defensa de la ONU como el “Arabia Saudí del litio”, aunque carece de la infraestructura necesaria para explotar las reservas a gran escala. China aportaría esa capacidad extractiva ante la perspectiva de acceder a un metal cuya demanda se estima que se multiplicará por cuarenta de aquí a 2040, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Aunque China ya produce el 40% del cobre mundial, el 60% del litio y dispone del 80% de las tierras raras, Afganistán se extiende sobre una extensa base de superabundancia de estos elementos que son básicos para la fabricación de semiconductores, dispositivos de alta tecnología como los smartphones, y para la producción de baterías para los coches eléctricos, además de resultar esencial en la industria armamentística.

Como mayor mercado mundial de coches eléctricos, China espera que las ventas de estos vehículos supongan el 20% de las ventas totales en 2025, desde el 5% actual, alcanzando el 50% en 2035, según ha anunciado recientemente la Sociedad China de Ingenieros Automotrices. La base de superabundancia en depósitos minerales sobre la que se extiende Afganistán puede convertir al país en un importante actor clave en el campo de juego geopolítico de la transición energética y de la geopolítica de la tecnología, contando con China como vecino mientras Estados Unidos se retira a miles de kilómetros.

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