THE ASIAN DOOR: ¿Quién va ganando la batalla de los semiconductores? Águeda Parra

La campaña iniciada por los órganos reguladores chinos no parece ser la única prueba de fuego que vayan a tener que enfrentar los titanes tecnológicos en los próximos años. Después de un año de continua adaptación a las nuevas políticas regulatorias, y de afrontar el pago de cuantiosas multas, las empresas de Internet están enfrentando un nuevo reto inesperado: la competencia con la industria de los semiconductores en la captación de financiación.

Conseguir la autosuficiencia tecnológica que persigue China tiene como punto inicial adquirir capacidades avanzadas que permitan el diseño y fabricación de los chips que se utilizan en entornos de alta componente tecnológica. Los semiconductores, junto con la robótica y la biotecnología, se han convertido en la máxima prioridad del gigante asiático en su carrera tecnológica con Estados Unidos y, por tanto, despertando interés entre los inversores internacionales. Resultado de este este nuevo enfoque es la cifra récord de 131.000 millones de dólares en fondos de riesgos que consiguieron recaudar las startups tecnológicas chinas, menos de la mitad de los 296.6000 millones de dólares que consiguió atraer el principal polo tecnológico, Silicon Valley, pero que refuerzan la pujanza que están adquiriendo estos sectores entre los inversores extranjeros.

En el caso concreto de los semiconductores, los objetivos de autosuficiencia tecnológica fijados en el plan Made in China 2025 están asociados a un progresivo incremento de la inversión en el desarrollo de capacidades tecnológicas que permitan al gigante asiático producir chips avanzados. Resultado de esta hoja de ruta es que China lleva superando a Estados Unidos en inversión en semiconductores desde 2018, creciendo significativamente hasta alcanzar los 8.800 millones de dólares, ocho veces más que los 1.300 millones de dólares que invirtió Estados Unidos en 2021, según datos de Preqin.

Otro de los ámbitos donde China está avanzando de forma significativa es en las ventas de chips. En un mercado dominado por Estados Unidos, el gigante asiático ha incrementado paulatinamente su participación hasta alcanzar una cuota de mercado que supone el 11% de las ventas globales, según datos de la Asociación de Industria de Semiconductores (SIA, por sus siglas en inglés). A pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos, y que las empresas chinas todavía siguen siendo pequeños actores en el escenario global, la estrategia de desarrollar la industria nacional de semiconductores comienza a dar sus frutos. Resultado de ello sería que China podría elevar sus ventas hasta el 17,4% en 2024, según estimaciones de SIA, situando al gigante asiático como tercer proveedor mundial, solamente por detrás de Estados Unidos y Corea del Sur.

En cuestión de producción, el apoyo estatal y la creciente demanda local han impulsado la fabricación nacional de chips, tanto de empresas locales como extranjeras, alcanzando 369.000 millones de unidades en 2021, un aumento interanual del 33,5%, según datos de la Oficina Nacional de Estadística de China. Unas cifras que muestran el creciente protagonismo del gigante asiático entre los principales productores mundiales hasta alcanzar una cuota del 15%, desde el 1% que representaba en 1990, adelantando a Estados Unidos que cae hasta el 12%, desde el dominio del 37% que ostentaba en 1990. Una tendencia que muestra cómo China podría convertirse en el mayor productor de semiconductores acaparando el 24% de la producción mundial en 2030, según estimaciones de la propia SIA.

La innovación en el diseño de chips es, por tanto, el último eslabón que le queda a China para convertirse en una gran potencia en el ámbito de los semiconductores. Sin disponer todavía de las capacidades necesarias para generar chips de última generación, China podría estar entre uno y dos años por detrás de Estados Unidos y Taiwán en diseño de chips avanzados, y alrededor de 5 años por detrás de la taiwanesa TSCM en fabricación, según los expertos de la industria.

En definitiva, una década para que China se convierta en el mayor productor mundial de chips, y alrededor de 15 años para alcanzar la autosuficiencia tecnológica en producción y diseño de chips avanzados. Un tiempo en el que la diplomacia global de chips deberá asegurar la cadena de suministro de semiconductores mientras Estados Unidos y Europa reconsideran su participación en la cadena de valor de los chips antes de que se produzca el desacople tecnológico de China.

 

 

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