Tensiones chino filipinas

En medio de la renegociación de los acuerdos de defensa ente Filipinas y Estados Unidos, ha aumentado la tensión militar entre Pekín y Manila cuando unos doscientos pesqueros chinos se han acercado a unos islotes de soberanía filipina a faenar, en unas aguas para las que China reclama autoridad exclusiva.

La Marina de Filipinas anunció el pasado el pasado 7 de marzo que había imágenes, publicadas más tarde, en las que se ven unas 220 embarcaciones chinas, que se sospecha que están tripuladas por las milicias marítimas chinas, ancladas en el Whitsum Reef, que se encuentra en la zona económica exclusiva de Filipinas.

El mar de la China Meridional  es desde hace décadas el escenario de un conflicto con la reivindicación de islotes y archipiélagos por parte de la República Popular de China (o China continental), la República de China (o  Taiwán), Vietnam, las FilipinasMalasia y Brunéi, de la zona.

Estos islotes y archipiélagos no están habitados, a pesar de la presencia de bases militares que, por otro lado, junto con el comercio, son el eje central del conflicto en cuestión.

Filipinas, Vietnam, Malasia, Taiwan y Brunéi reclaman partes de este estratégico mar -por el que circula el 30 % del comercio global y que alberga el 12 % de los caladeros mundiales, además de yacimientos de petróleo y gas- aunque China se atribuye la soberanía de esas aguas casi en su totalidad.

De momento, Filipinas es el único país que cuenta con una sentencia que avala sus reclamaciones, ya que la Corte Permanente de Arbitraje (CAP) de La Haya le atribuyó la titularidad de varios territorios del mar de China Meridional, el atolón Scarborough y parte del archipiélago Spratly, donde China ha construido bases militares en islas artificiales sobre atolones y arrecifes para apropiárselas de facto.

China, que apela a derechos históricos sobre la zona, nunca reconoció el fallo y continúa con sus actividades militares y pesqueras dentro de la zona exclusiva económica de Filipinas.

El conflicto marítimo con China es un asunto muy delicado en Filipinas, donde la mayoría de la población no ve con buenos ojos la postura pasiva de Duterte, quien ha reorientado su política exterior hacia China y Rusia.

Alaska: una cumbre para marcar el terreno de enfrentamiento entre EEUU y China

La reunión de alto nivel, la primera entre Estados Unidos y China en la etapa Biden, ha sido básicamente una puesta sobre la mesa de los problemas, los reproches y las exigencias de cada parte y la oficialización de que sigue el enfrentamiento sin que haya disminuido La tensión, al menos de momento.

Las delegaciones de cada país, en las que han tenido especial protagonismo los organismos de seguridad, no dejaron nada fuera de agenda. EEUU reprochó a China el no cumplimiento de normas de libertad de comercio, el intervencionismo estatal, la violación de los derechos humanos en general y respecto a uigures y tibetanos en concreto, sus amenazas a la situación en Hong Kong y Taiwán y la creciente amenaza militar en su zona marítima de influencia, además los peligros que  occidente ve para su seguridad en algunos desarrollos tecnológicos chinos. China, por su parte, reprochó a Estados Unidos sus problemas raciales tras negar las acusaciones estadounidenses. Pekín, que también tiene importantes problemas raciales, solo que menos publicitados en los medios de comunicación, se salta la realidad de que, mientras en Estados Unidos hay un sistema que permite debatir y encontrar soluciones a sus problemas internos, en China eso está fuera de toda posibilidad.

Así las cosas, las divergencias van a seguir en todo lo alto con el añadido de que Estados Unidos ha subido también el tono contra Rusia a la espera de que la Unión Europea presente una cara más decida frente a las ambiciones de Moscú de no perder pié en el escenario internacional mientras consolida un sistema cada vez más autoritario.

Y ahí, en definir su papel en los próximos años frente al nuevo escenario internacional marcado por la emergencia china y las ambiciones rusas, está el desafío de la una UE con problemas de vertebración interna y con dudas sobre cuál debe ser su política exterior.

China sigue consolidando posiciones en Oriente Próximo

En su larga, y minuciosa, marcha para hacer realidad la nueva Ruta de la Seda hasta las puertas de Europa y fortalecer los intereses y los nuevos espacios de influencia, China no deja ningún resquicio en el que pueda tener presencia. Y uno de estos espacios es Turquía, en el extremo occidental de la ruta, en una posición estratégica activa en los conflictos regionales y que, además, acoge a miles de exiliados uigures, la minoría islámica de China, perseguida y humillada, como hemos denunciado desde este espacio. Los uigures, cuya lengua, etnia, cultura y religión tiene estrecho lazos con Turquía los pueblos de Asia Central, han visto a Turquía como referente en la última década.

Pero ahí están los intereses chinos y los turcos. Un tratado de extradición entre China y Turquía, firmado años atrás, fue ratificado en diciembre pasado por Pekín, lo que preocupa ahora a los uigures en Estambul. China viene insistiendo ante las autoridades de Ankara en que sus medidas  internas son contra el terrorismo islamista y reclama la entrega de líderes de la posición uigur exiliados en Turquía. Si el Parlamento turco también lo rubrica, Ankara podría extraditar o repatriar a activistas uigures reclamados por China.

 Hasta ahora, el discurso oficial del gobierno islamista turco que preside Recep Tayyip Erdogan ha sido de “solidaridad con los hermanos uigures”, pero el tono ha cambiado. Turquía, distanciada de Estados Unidos y la Unión Europea, con una relación complicada con Rusia con la que discrepa respecto a Siria y Libia (en ambos países hay tropas turcas), enredada en la crisis de Yemen donde quiere apadrinar una solución aliada con los suníes más ligados a Qatar que a Arabia Saudí y con problemas económicos, ve con alivio la posibilidad de inversiones chinas y apoyo de esta potencia. Esa es la rendija por la que China está filtrando influencia en una estrategia de largo alcance e infinita paciencia.

Pekín no descuida nada. Mantiene relaciones con Irán, país del que necesita petróleo, quiere gestionar puertos en Israel, en el que quiere hacer importantes inversiones, tiene ya una base en Somalia y riega de dinero la zona sin descuidar Arabia Saudí, que no pasa su mejor momento en sus relaciones en Estados Unidos. En este mapa complicado, endemoniado y explosivo, el pragmatismo chino para inmune a todo lo que no sean resultados favorables a los intereses chinos a medio y largo plazo al margen de quienes gobiernen y con qué instrumentos o instituciones.

Francia toma la iniciativa europea frente a China

Francia se ha atrevido a poner sobre la mesa un debate, seguido de varias iniciativas, del que muchos eran conscientes pero nadie se atrevía a abordar: el modelo de asistencia a los países menos desarrollados, el papel de las ONG, en las que existe fascinación por los modelos estatales y con ella la influencia de China como antes de Rusia, y los mensajes de propaganda y gestos de China. Y no es anecdótico que lo plantee Francia, país reino de las ONG defensoras del modelo asistencialista más cercano al populismo de izquierdas.

Como ya habíamos comentado desde aquí, Francia quiere ganar peso en la escena internacional, Está jugando  un creciente protagonismo en la tensa zona del mediterráneo oriental y en la crisis entre Grecia y Turquía y entre este último país y Egipto, Israel y Rusia con la crisis libia al fondo. A la vez, Francia ha enviado un grupo de combate naval al Pacífico que China quiere hacer exclusivo.

El ministro de Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, ha afirmado que Francia ha “vuelto al juego” y ha iniciado una “guerra de modelos de ayuda al desarrollo” e influencia con China para defender su modelo y valores. Francia planea aumentar su asistencia directa a los países africanos y planea comenzar a enviar vacunas COVID-19 a los países en desarrollo a través de la OMS a fin de mes para contrarrestar la injerencia internacional de Pekín. Al mismo tiempo, el presidente Emmanuel Macron pidió a Xi Jinping que equilibre la relación económica entre el gigante asiático y la Unión Europea, cuya balanza comercial es muy favorable a China.

Paralelamente a esto, los servicios de inteligencia de Alemania y Holanda vienen insistiendo desde hace meses de la creciente presencia china en todos los ámbitos de influencia posible y en sus intentos de condicionar la toma de decisiones en materia política, económica y hasta de defensa, sin olvidar su labor, afirman, en el terreno cibernético y sus posibilidades de obtener información clasificada.

Con la ausencia británica del escenario político de la UE y las limitaciones de Alemania en materia de  defensa, París está ocupando un espacio que lleva décadas en la ambigüedad. Que la UE siga este camino como institución es ahora mismo una incógnita pero el debate está ahí y sobre esta base puede plantearse un reforzamiento de los lazos con Estados Unidos que no debe olvidar, además, el papel creciente de Rusia.

Filipinas pone precio a su alianza con EEUU

Filipinas ha decidido mover ficha y, ante las promesas de Biden de retomar y reforzar los lazos con los aliados tradicionales en el Pacífico, el presidente Duterte ha exigido a Washington más ayudas militares y compensaciones económicas para renovar el acuerdo bilateral de seguridad con Estados Unidos, tras unos años de acercamiento a China en medio de una política interna marcada por medidas de lucha contra la delincuencia poco respetuosas con las más elementales normas de derechos humanos.

Filipinas ha sido un aliado tradicional de Estados Unidos desde la independencia de España del país asiático y Washington ha marcado con pocos escrúpulos la política de este país hasta el final de la II Guerra Mundial. Esta alianza se vio notablemente reforzada por la liberación de las islas por soldados estadounidenses tras la ocupación japonesa.

Pero esta alianza  se ha visto deteriorada por la gestión del presidente Duterte, sus malos gestos hacia Estados Unidos y sus guiños a China en medio de la crisis con Corea del Norte y por la expansión marítima de Pekín (que amenaza la soberanía filipina) que han sido vistos como deslealtad en EEUU. Y, por el papel estratégico de Filipinas, la necesidad de reconstruir un cinturón de seguridad con Japón, Corea del Sur, Taiwán e Indonesia fundamentalmente, Estados Unidos no puede permitirse un enfriamiento con Manila. Otro test para Biden cuyo equipo quiere buscar soluciones globales para la zona. Probablemente, la Administración norteamericana cederá a muchas de las exigencias filipinas presionando a la vez para un cambio de gestión y tratará de impulsar mejores relaciones del gobierno de Duterte con sus vecinos, aunque no con China, con algunos de los cuales (y también con China) tiene disputas territoriales sobre mares e islas cercanas.

Alianza trasatlántica sí, pero…

La conferencia anual sobre política de seguridad internacional de Munich, este año con protagonismo del nuevo presidente de EEUU, Joseph Biden, ha sentado las bases del reforzamiento de los lazos trasatlánticos tras los roces entre Donald Trump y la UE. A la cabeza del discurso de reforzamiento de estos lazos, desde el lado europeo, han estado Francia y Alemania, la principal potencia militar y la principal potencia económica de la Unión tras la salida de Gran Bretaña.

Sin embargo, debajo de los discursos formales han una realidad que a veces queda oscurecida. Biden ha planteado las tres principales exigencias de EEUU: forjar una alianza contra el desafío de China, ser más exigente frente al creciente autoritarismo de Rusia y sus desafíos estratégicos en Europa y aumentar el gasto militar y de defensa europeo, hasta ahora apoyado en el presupuesto de los Estados Unidos; y estas tres exigencias son las mismas que planteaba Trump, aunque éste con malos modos y con menos énfasis en el factor ruso. Tanto Francia como Alemania han aceptado este marco y el aumento de gasto, pero este es un compromiso ya expresado en el pasado sin que se haya hecho realidad y esto crea cierta desconfianza en Estados Unidos. Hay que resaltar que coincidiendo con esta cita, buques de la Armada Francesa han hecho presencia en zonas marítimas del Pacífico en las que China exige exclusividad desafiando los tratados internacionales y la libre circulación.

Parece evidente que la nueva Administración estadounidense, por cultura, por tradición y por evidentes razones históricas y de interés común quiere alejar cualquier duda sobre los lazos estratégicos con la Europa democrática pero este concepto no es compartido homogéneamente por los socios europeos entre los que algunos preferirían ser una tercera vía entre EEUU y China o Rusia.

Y no hay que perder de vista las advertencias de Biden sobre el riesgo de deterioro de las instituciones democráticas que suponen los movimientos populistas a uno y a otro lado del Atlántico y detrás de algunos de los cuáles parece estar Moscú.

Además, EEUU quiere reforzar alianzas con sus aliados tradicionales en Asia, en lo que va a ganar protagonismo India, como analiza nuestro colaborador Fernando Delage, y Europa está ausente de aquella zona a pesar de la reciente exhibición de pabellón por parte de París que, por otra parte, está desarrollado una activa política diplomática y militar en otra zona tensa como es el mediterráneo oriental. A Europa se le acaba la coartada Trump y asumir sus compromisos.

El test de Vietnam

Vietnam, el Partido Comunista gobernante en Hanoi, acaba de aprobar un nuevo Plan Quinquenal, la hoja de ruta de desarrollo económico para los próximos cinco años. A pesar del intervencionismo inherente al concepto de economía dirida y planificada, Vietnam sigue impulsando medidas de apertura de mercado y de garantías en un plan de lucha contra la corrupción. El país sigue en una estrategia de delicado equilibrio entre China y Estados Unidos, tratando de atraer inversiones de todas partes y de aprovechar el mercado internacional.

En este contexto, el golpe militar de Birmania avanza una desestabilización regional con protagonismo chino que puede alterar el crecimiento y los planes económicos además de poner más dificultades en las relaciones entre Washington y Pekín. Hanoi no mantiene buenas relaciones con China, por razones históricas y estratégicas. No debemos olvidar que tras la guerra de Vietnam contra Estados Unidos, el régimen vietnamita sostuvo enfrentamientos armados con Camboya y China, a pesar del comunismo compartido.

El padrinazgo chino no es bien tolerado en los países del sureste asiático, a pesar de la existencia de importantes colonias chinas en sus territorios y de las inversiones procedentes del gigante continental. Además, China y Vietnam mantiene una disputa sobre la soberanía de territorios insulares del Mar de la China. En una reciente gira política del ministro chino de Exteriores, Vietnam fue el único país de la región no visitado.

Así, Vietnam, con un nivel de crecimiento apreciable y no muy afectado por la pandemia, está ante una coyuntura tensa: atenuar la corrupción, abrirse más al libre mercado y mantener su etiqueta oficial de comunismo, reforzar sus sorprendentes buenas relaciones con Estados Unidos y no enojar demasiado a Pekín. Un test para Hanoi y para toda la región.

Fortaleciendo alianzas

En su primera conversación, telefónica, tras su proclamación como nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden prometió al primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, que defenderá la soberanía nipona sobre las islas Senkaku, administradas por Tokio pero reclamadas desde hace medio siglo por China y Taiwán, y en cuya cercanía suelen patrullar unidades de la marina china de guerra.

Biden y Suga coincidieron en la necesidad de una “desnuclearización completa” de la península coreana y en la necesidad de avanzar en el asunto de los secuestros de japoneses hace décadas por parte de Corea del Norte, que constituye una de las prioridades para Tokio. Tanto Japón como Corea del Sur jugaron un papel central en las conversaciones con Corea del Norte que inició en 2018 el ya expresidente Donald Trump y que desembocó en dos cumbres con el líder norcoreano Kim Jong-un, que no dieron frutos en el tema de la desnuclearización.

 La elección de Biden, bien recibida en Japón, Taiwan y Corea del Sur, no ha podido ocultar la incertidumbre de estos tres países sobre cuál va a ser la política en hechos sobre el terreno de la Administración Biden. Trump, duro con Corea de Norte y China desplegando fuerzas en la zona en los momentos más calientes, abandonó el acuerdo sobre el libre comercio en el Pacífico, emitió señales de cierto distanciamiento con sus aliados más tradicionales y sembró dudas sobre la seguridad regional y la manera de fortalecerla y únicamente con Taiwán se estrecharon unos lazos ya fuertes.

Biden parece haber decidido otra estrategia. Sin abandonar el tono duro con China y Corea del Norte, quiere fortalecer la seguridad robusteciendo las alianzas en la región, defiendo más decididamente los intereses de sus aliados (cuidando no abrir brechas, ya que algunos de estos intereses enfrentan a algunos aliados entre sí). En ese juego de fuerzas van a ganar protagonismo regional Corea del Sur, Japón, Taiwan, Australia e India, sin olvidar a países como Thailandia y Vietnam, cercanos a Estados Unidos, y la incógnita de Filipinas que ha venido acercándose a Pekín los últimos años.  

Sin embargo, Biden, que fue vicepresidente con Obama, avaló entones una política de gestos suaves con China con el mismo discurso de alianzas y aquello fortaleció la expansión de la política de Pekín. De hecho, dirigentes chinos vaticinan que la nueva administración estadounidense  no pueden contener ya la expansión china y que deben sentarse a negociar una nueva relación sobre la base del reconocimiento de China como superpotencia y su derecho a intervenir de igual a igual en la escena internacional política y económica.

Birmania a escena con China al fondo

El golpe militar del fin de semana en Birmania interrumpe el breve y débil proceso de institucionalización y de democratización que el país venía viviendo tras interminables años de poder militar, prácticamente desde su independencia.

Birmania (ahora denominado Myanmar) tiene la ventaja de importantes recursos y la inquietante combinación de una situación estratégica clave en medio de potencias poderosas, ambiciosas y sujetas a tensiones internas. La cronología bélica de la zona, las divisiones étnicas y las amenazas totalitarias exteriores han sido la coartada de una dilatada presencia de los militares en el poder y una ausencia de garantías políticas.

Según datos de los organismos internacionales, el país es rico en jadegemaspetróleogas natural y otros recursos minerales. En 2013, su PIB (nominal) se situó en 56 700 millones de dólares estadounidenses y su PIB (PPA) en 221 500 millones. La brecha de ingresos en Birmania se encuentra entre las más amplias del mundo. A partir de 2016, Birmania ocupa el puesto 145 de 188 países en desarrollo humano, según el Índice de Desarrollo Humano.

Birmania es clave para los intentos chinos de establecer, fortalecer y expandir su red de despliegue naval bajo la atenta mirada de India, ora potencia naval en la zona y creciente socio occidental en la tarea de contener y vigilar la estrategia expansiva china. En este contexto el desarrollo democrático y la inestabilidad creciente entre minorías aumenta la preocupación de Pekín, de acuerdo con su propia concepción política parece menos incómoda con un gobierno duro.

Actualmente, China es, sin duda, su más cercano aliado. Después de retirar el apoyo al Partido Comunista de Birmania, hoy se consolida como el primer socio comercial y en materia de cooperación militar, incluyendo una base militar china en las islas Coco para monitorear la actividad naval india. ​

Habrá que estar atento a los próximos acontecimientos, más allá de las condenas occidentales, pues en la región se mueven poderosos acontecimientos que han quedado reflejados en la cercana Sri Lanka en una pugna abierta entre las influencias de India y  China. Y, desde EEUU, el presidente Biden se estrena con un nuevo frente, no totalmente imprevisto, pero que acelera una agenda en la zona Indo-Pacífico que está en periodo de actualización.

China evalúa a la nueva Administración Biden

A pesar del bajo nivel de comentarios oficiales de Pekín sobre el nuevo presidente de Estados Unidos, China está testando la capacidad de respuesta y la reacción política de Estados Unidos en el terreno militar en varios frentes, pero siempre frente a aliados de Occidente.

A la provocación de hace unos días con la entrada de una docena de aviones de combate en el espacio aéreo de Taiwán se ha seguido la repetición de incidentes en la frontera chino-india en la que existe una disputa de límites territoriales.

El pasado mes de junio ya se produjo un violento choque en el valle de Galwan, en el Himalaya occidental, en el que murieron al menos 20 soldados indios y 76 resultaron heridos.  Estas tensiones impulsaron en octubre pasado la firma de un acuerdo de intercambio de datos por satélite entre Estados Unidos y la India, que permitirá a Nueva Delhi obtener una mayor precisión para el manejo de sus misiles o drones. Este acuerdo profundiza el estrechamiento de lazos entre EEUU e Indía, país que en el pasado fue un sólido aliado de Rusia en la región y con lz que mantiene buenas relaciones. Pero el impulso de la alianza militar entre Estados Unidos y la India frente a China no se limita a las fronteras terrestres, sino que ambos países tratan de contrarrestar también la influencia de Pekín en el Índico, en naciones como Sri Lanka o Maldivas.

Todo esto está conformando un nuevo mapa estratégico y de relaciones de poder en la región en la que China lleva desarrollado desde hace décadas un despliegue de influencia política, fuerzas militares y lazos económicos de este a oeste. Y en ese nuevo panorama, en el que está ausente la Unión Europea como actor importante, Estados Unidos parece dispuesto a mantener una posición de fuerza, contando más con los aliados regionales que durante el mandato de Donald Trump, y otorgando más protagonismo a dos potencias regionales que se revelan como claves: India y Australia. Y eso a Pekín le causa nerviosismo.