China y la mediación en Ucrania

China observa el conflicto en Europa central como un depredador mira a su presa. Espera y juega calculando la evolución de la agresión rusa a Ucrania a sabiendas de que sea cual sea el desenlace, Pekín está en situación de obtener ventajas, tanto económicas como geopolíticas.

En estos momentos China está intentando una mediación, entre el deseo europeo y la ansiedad de EEUU, tras afirmar Pekín, sin condenar la criminal invasión rusa directamente, que China está comprometida con la soberanía y la integridad territorial de las naciones y añadido que ha hecho una petición a Vladimir Putin de proceder a un alto el fuego que permita una negociación que permita callar las armas.

Entre todos los aspirantes a mediar para un acuerdo de fin de la guerra (India, Turquía, Israel y la propia China) es China la que tiene mayores capacidad de mediación, valga decir presión, sobre una Rusia, en medio de las sanciones occidentales, tiene en el régimen chino un canal financiero, una vía de alivio y un cierto, aunque limitado, apoyo logístico. China puede presionar a ambas partes porque, bajo la premisa de que hay algo que darle a Putin para incentivar un alto el fuego, va a plantear, precisamente, el programa “mínimo” de Putin, es decir, la renuncia ucraniana a la soberanía de Crimea y las regiones separatistas que lindan con Rusia y la aceptación de un estatus de neutralidad y desarme.

En cualquier caso, China saldría de un proceso así como una potencia influyente, con protagonismo internacional y estrategia propia, reforzaría sus apoyos y reforzaría sus negocios. Chinas no parece buscar un cambio revolucionario de los equilibrios mundiales sino convertirse en líder y árbitro planetario, y la criminal intrusión rusa en Ucrania ha precipitado una tormenta que afecta a los planes chinos de extender, lenta y metódicamente, influencias y negocios.

Habrá que estar atento a los próximos pasos y ver si crecen los movimientos que, con la coartada de que armar a Ucrania es echar gasolina al fuego, son el brazo pacifista pro Putin, y con la otra coartada de que dar prioridad a la diplomacia frente a los “partidos de la guerra” es la solución, están dando argumentos a la mediación china para que Putin gane. Tal vez el hecho de que uno de los líderes de ese planteamiento, el ex presidente español Rodríguez  Zapatero, haga lobby para la empresa china Huawei sea solo una casualidad en medio de este escenario.

Paisaje ucraniano con China al fondo

China observa el conflicto en Centroeuropa con incertidumbre y  paciencia. Incertidumbre, pues ha sido sorprendida por la agresión rusa y ésta ha desencadenado una inestabilidad que no le conviene ni a sus negocios ni a sus planes, además de poner un punto de duda sobre sus negocios en Europa. Y, a la vez, se está instalando en su paciencia tradicional comprendiendo que cualquier salida del conflicto le va a ofrecer al régimen de Pekín oportunidades de obtener ventaja. Si Putin acaba imponiendo sus condiciones, además de robustecer los planes chinos sobre Taiwán, China aprovechará el fiasco occidental para mejorar sus posiciones. Si, por el contrario, Putin fracasa o se queda a medias, China encontrará oportunidades de aumentar su influencia en Asia Central y puede convertir a Rusia en un vasallo económico. Da la sensación, a estas horas de la película, de que China está en una posición de ganar en cualquier caso.

Pero no debe olvidarse que China tiene graves problemas estructurales, demográficos con el galopante envejecimiento de su población, de fracturas sociales entre la costa superpoblada y el interior aún muy pobre, un sistema financiero menor robusto de lo que se piensa y un retraso, todavía, en desarrollo tecnológico respecto a EEUU. A lo que hay que sumar, al menos hasta ahora, su inferioridad militar en los terrenos navales y aéreos, respecto a EEUU y aiados en el Pacífico. Todo eso constituye palor en la rueda china que podría aspirar a aprovechar la crisis ruso-ucraniana para fortalecer su poder. No va a ser tan fácil aunque esté en su agenda.

Europa, en busca de un camino a China

Mientras Europa permanece alerta ante las noticias de la frontera ruso-ucraniana, la Unión Europea y la OTAN han venido manteniendo conversaciones con China para lograr un acuerdo estratégico que fije unas relaciones claras y en las que, pretende Bruselas, China actúe de acuerdo con las normas internacionales y con respeto a la libertad e comercio y la libre competencia. De momento, Europa sigue el camino dibujado por Ángela Merkel  basado en el diagnóstico de que China es un reto lleno de riesgos, incluso en el campo de la seguridad, pero no una amenaza como sí lo es Rusia. Para ello un grupo de políticos, diplomáticos, militares y expertos tanto de la OTAN como de China han venido encontrándose  para buscar un nuevo marco de relaciones.

Según la experta Stefanie Babst, “a lo largo de 15 meses, el grupo discutió una amplia gama de cuestiones de seguridad internacional, desde la evolución de la región de Asia-Pacífico hasta los posibles escenarios de las futuras relaciones entre Estados Unidos y China. Sin embargo, las conversaciones confidenciales se centraron en gran medida en la futura relación de la OTAN con China. ¿Cómo ven y analizan ambas partes las tendencias globales y regionales más importantes y los retos de seguridad? ¿Dónde hay diferencias fundamentales de intereses y en qué áreas existen posibles puntos de partida para el diálogo y la cooperación?  ¿Qué lecciones pueden extraer la OTAN y China de sus anteriores encuentros y formas iniciales de cooperación práctica?”. Porque las conversaciones han ido tomando un carácter más de encuentros OTAN-China que Unión Europea China.

En las conversaciones se ha tratado prácticamente toda la agenda internacional: cuestiones económicas, cambio climático, cooperación en la lucha contraterrorista, orden geoestratégico y normas posibles de cooperación para evitar riesgos de desestabilización general.

Europa llega tarde y lenta pero la realidad le ha impuesto una agenda inevitable y llena de incertidumbre porque no parece haber una idea clara de qué amenaza es la de China y qué medidas tomar que, además, se analizan en medio de la convulsión ucraniana en la que Putin mueve piezas sin complejo y parece ir ganando la partida e imponiendo sus intereses y su concepción sobre cuál debe ser el espacio estratégico europeo y quienes sus protagonistas imprescindibles.

China e Indochina: Pekín mueve peones

La inauguración, hace unos días, de la línea ferroviaria de alta velocidad China-Laos abre la primera etapa del gran plan estratégico chino de crear un corredor terrestre, atravesando la península de Indochina en su siguiente etapa, hasta Singapur, reforzando la influencia económica y política de Pekín (que incluye mayores posibilidades de despliegue en una eventual intervención militar en la región si China lo considerase acorde con sus intereses).

Se trata de un primer paso hacia la conocida como Red Ferroviaria Panasiática, con la que China busca establecer varias rutas por tren que la conecten con Singapur pasando por varios países del Sudeste Asiático.

Según la prensa oficial china, el proyecto logrará que Laos pase de ser “un país sin litoral” a un centro “conectado” por tierra.

El proyecto -que reducirá el tiempo de viaje entre las dos ciudades a menos de un día- forma parte del ambicioso proyecto comercial de la “Nueva Ruta de la Seda”, que Pekín apoya con el impulso de infraestructuras claves como aeropuertos, carreteras y puertos; aunque algunas voces critican que esos préstamos son inviables, una trampa para que caigan endeudados.

Además, China echa un pulso  a la influencia de EEUU en la región que lleva décadas de desarrollo basada, curiosamente, en Vietnam, además de en Thailandia. Según expertos del Departamento de Estado de EEUU, conectar por tren con el Sureste Asiático supone para China tener acceso prioritario a la Ruta de la Seda Marítima a través de los enclaves que conforman el denominado collar de perlas y que constituyen los puertos identificados en la estrategia de China para desplegar influencia en la región. Esta relevancia geopolítica sitúa a esta área como parte esencial de la estrategia de política de expansión de la influencia china.

Poco a poco es escenario del Indo-Pacífico se va dibujando de acuerdo con los intereses chinos y frente a eso se ha levantado con prisas el acuerdo AUKUS entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos y se exploran acuerdos Estados Unidos-India a la vez que se refuerzan los lazos con los aliados tradicionales de Occidente Japón y Corea del Sur, sin olvidar el más complejo caso de Filipinas.

Las jugadas de ajedrez estratégico están planteando ya un futuro tenso, incierto y lleno de riesgos para el futuro a no tan largo plazo y el tablero implica limites casi planetarios e incorpora muchos elementos en los frentes más diversos, lo que hace el desenlace más incierto.

Ucrania: Putin amenaza, China observa y la UE sugiere concesiones

La crisis de Ucrania está sirviendo a China de laboratorio para medir la reacción occidental ante retos serios y su capacidad para gestionar amenazas complejas. China necesita ajustar sus previsiones para avanzar en sus intentos de extender la soberanía de Pekín a Taiwán y, eventualmente, realizar operaciones militares y de presión en áreas de interés estratégico situadas fuera de su territorio nacional. Ya en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno que están en marcha en China fue protagonista especial, junto a los jerarcas del régimen chino, Vladimir Putin, junto al cual el gobierno chino calificó de agresiva a la OTAN y justificó las amenazas chinas sobre Europa oriental, lo cual no quiere decir necesariamente que China apoyaría militarmente las apetencias rusas si no obtiene con ello ventajas claras en inmediatas.

Pero Rusia no es China. Rusia es una amenaza militar presente situada a la espalda (o al frente según se mire) de Europa y sus movimientos remueven la memoria histórica, especialmente la de Europa central, escenario principal de las dos últimas guerras mundiales, en las que Rusia ha sido agredido y agresor y que, en la II, no tuvo la menor duda en aliarse con Hitler para repartirse Polonia antes de intentar despedazarse mutuamente y, tras la derrota alemana extender la dictadura de Moscú a media Europa. Pero, junto a esa capacidad militar, Rusia tiene un PIB apenas superior al de España, tiene una economía en dificultades y hoy, para su pesar, existe la OTAN, que a pesar de sus dificultades está en situación de frenar a Moscú.

China aún no es una amenaza militar a la altura de Rusia pero su situación económica es inmensamente mejor. Además, en su teórico teatro de operaciones posibles, la oposición de otros países es inferior a la de la OTAN, aunque los aliados están intentando mejorar eso con rapidez.

Pero políticamente Putin está ganando espacio ya con la amenaza: Ucrania hace tiempo que ha renunciado a forzar los intentos de recuperar los territorios perdidos en los últimos años por la intervención directa o indirecta de Rusia, y la Unión Europea y Estados Unidos, al margen de sus rotundas negativas, están admitiendo la posibilidad de pactar un reparto de esferas de influencia que sea asumible por Rusia. Esto es lo que está planteando Macron a Moscú y Putin pone cara de distanciamiento para ver hasta dónde puede arrancar concesiones antes de retirar algunas tropas.

Esa es una lección que China está estudiando aplicadamente mientras aumenta día a día la presión sobre Taiwán y va observando la evolución de la crisis en la frontera ucraniana.

 

Rusia-China: de la nostalgia de la URSS al reto de ser segunda potencia

El pulso actual entre Rusia y las potencias occidentales aliadas por el control estratégico de Ucrania, al margen de los lazos históricos, religiosos políticos y emocionales que unen a rusos y ucranianos y que no deben ser menospreciados, refleja la nostalgia de los dirigentes rusos, con Putin como guía espiritual, como espacio de dominio estratégico de Moscú y de ejercicio de Rusia como segunda potencia mundial en pulso constante con EEUU y la forma de vida occidental.

Pero, mientras este pulso ucraniano late en todo el mundo y atemoriza a Europa, Rusia participa en unas importantes maniobras militares en el Índico junto a unidades de las flotas de China e Irán. Moscú saca músculo militar en Europa oriental y, a la vez, ejerce de gran padrino en el Índico, avalando a Irán como aliado y recordando a China que mientras son aliados contra Occidente, Pekín aún necesita el poderío militar ruso y su influencia política para sus negocios de la Ruta de la Seda. Rusia trata de subrayar que, pese a sus problemas económicos que les hace estar muy lejos de China y EEUU en este terreno, sigue siendo, al menos de momento, la única potencia capaz de liderar una alternativa a Estados Unidos.

La incorporación de un Irán radicalizado, acosado y con graves problemas económicos plantea un problema añadido. De la mano de Moscú. Teherán va ganando espacio político hacia el este, donde el Islam es de mayoría sunní y receloso del chiismo iraní, y así se refuerza frente a las sanciones occidentales por su programa nuclear.

Por todo esto es tan importante la evolución del conflicto ucraniano. Si Putin consigue imponer sus condiciones y modificar de hecho las fronteras a su antojo, habrá ganado prestigio e influencia (además de sembrar incertidumbre en las repúblicas  bálticas) y China habrá entendido que Taiwán no es un objetivo imposible por la vía rusa. Y eso es lo que está midiendo la OTAN: hasta dónde puede llevar su presión y hasta done puede ceder para evitar una guerra de resultados desastrosos e impredecibles. China, mientras tanto, espera en silencio un desenlace en que puede salir ganando con escaso coste. Como afirmaba un experto hace unos días, el caso es que mientras EEUU y aliados juegan al ajedrez, rusos y chinos juegan al póker.

Kazajistán: golpe, contragolpe y gana Moscú

Kazajistán ha vivido durante unas semanas un grave conflicto social y político, en lo que parece haber sido un intento de golpe de estado aprovechado con un contragolpe que ha reforzado al presidente Tokayev y la influencia rusa en el país y que ha acabado con violentos enfrentamientos entre la población y las fuerzas de seguridad. Más de 3.000 personas han sido detenidas y ha habido más de un centenar de muertos.

La crisis empezó a principios de enero, cuando el gobierno anunció un aumento del precio del gas licuado, un combustible muy utilizado para los vehículos. Esta decisión fue muy impopular porque perjudicaba sobre todo a la clase media, cuya economía ya ha quedado muy afectada por la pandemia.

Como consecuencia, se organizaron manifestaciones de protesta en varias ciudades hasta llegar a Almaty, la ciudad más grande del país y capital económica de Kazajistán. El gobierno, liderado por el presidente Kasim Jomart Tokayev, intentó rebajar la tensión volviendo a bajar los precios, pero ahora las protestas iban más allá de la cuestión económica.

Con una superficie algo más que cinco veces la de España, Kazajistán comparte una frontera de 7.598 kilómetros con Rusia, pero también cuenta con una frontera de 1.782 kilómetros con China (1.215 kilómetros de frontera terrestre y 566 de acuática). Ambas fronteras dan una idea de la importancia de las relaciones comerciales entre los tres países, aunque la relevancia mundial de Kazajistán va más allá de esas cifras económicas, incluso de sus muy importantes yacimientos de recursos energéticos. Su importancia es estructuralmente geográfica en mitad de la nueva ruta de la seda y coyunturalmente si Rusia llega a plantear un conflicto abierto con Ucrania.

Según datos del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Kazajistán exportó en 2020 70 millones de toneladas de petróleo crudo (el 3,4 % de las exportaciones mundiales) y 100 millones de toneladas de carbón (el 1,3 % del total mundial). Solo la actividad en torno al petróleo supuso el 21 % de su PIB. La Unión Europea importa el 40 % del gas natural, el 30 % del petróleo y el 25 % del carbón de Rusia. El gas natural fluye a través de tres vías; el gasoducto que atraviesa Bielorrusia y Polonia (Yamal-Europe), la conflictiva ruta a través de Ucrania y el gasoducto Nord Stream 1. A este se va a añadir el ya construido Nord Stream 2 con salida en la ciudad rusa de Vybrog y entrada en Alemania por Grefswald.

Desde su separación de la Unión Soviética en 1991, Kazajistán ha seguido manteniendo buenas relaciones con Moscú que se ha asegurado en la figura de Nursultan Nazarbayev, antiguo burócrata comunista el control de la transición a un sistema autoritario en una democracia restringida. Sin embargo, eso no ha impedido, sobre todo en los tiempos recientes, un leve acercamiento a Occidente y una apertura a la economía de mercado que ha alertado a Moscú, que ha recordado indirectamente que existe una franja territorial al norte del país, habitada por rusos, que en el pasado ha reclamado su integración en Rusia.

En ese contexto, sorprende que, desde los primeros incidentes, el gobierno kazajo, a la le vez que pedía el apoyo de Rusia y el envío de tropas para aplastar la revuelta, cesara a los responsables de los servicios de inteligencia, antiguos funcionarios del KGB y apoyados por Moscú en su nombramiento y a los que ha acusado de organizar la rebelión “con el apoyo de potencias extranjeras”. Entre estos responsables purgados destaca el nombre de Karim Masimov, el miembro de mayor confianza de su equipo –antes había dirigido el gobierno y la administración presidencial– como jefe del Comité de Seguridad Nacional (KNB), el servicio de seguridad más poderoso del país.

A pesar de la confianza depositada en él en su día, Masimov no podía aspirar a suceder a  Nazarbáyev debido a los prejuicios que existen contra él en Kazajistán, donde la opinión pública considera que Masimov es uigur y no de etnia kazaja. No obstante, fue seleccionado como el candidato ideal para supervisar la transición de poder desde su atalaya en el KNB.

En todo caso, tras el fin de la crisis, Rusia ha fortalecido su influencia, ha sacado músculo militar y enviado a China el mensaje de que la Ruta de la Seda por vía terrestre  o se hace con Rusia o no se hace y se ha comenzado a frenar la tendencia a relacionarse más con Occidente.

 

Un año nuevo y la vieja incógnita de Biden

Un comienzo de año es siempre una ocasión para hacer balance del pasado y previsiones de futuro y en estos análisis, para 2022, se mantiene sobre todo la incógnita Biden, que permanece y se esfuerza por encontrar un sitio entre la incertidumbre de los suyos, las expectativas de sus contrarios y los retos de un dinámico escenario internacional donde las iniciativas de Rusia y China, por separado unas veces y conjuntamente otras, van planteando a Estados Unidos.

La incógnita Biden es múltiple. Por un lado está la incógnita biológica, marcada por la avanzada edad del mandatario sobre cuya salud real se conoce poco, combinada con la carencia de alternativas de liderazgo potente en el Partido Demócrata; por otro lado está la incógnita de las decisiones presidenciales, que  no se distancian mucho del abandonismo o la displicencia de Trump respecto a algunos escenarios, y la persistencia de elementos proteccionistas y de repliegue; y, al mismo tiempo, como hemos comentado, se visualiza una aparente falta de liderazgo frente a los retos rusos en Europa y a la defensiva sobre las iniciativas chinas a escala global.

En ese panorama crecen las dudas de los aliados y la audacia de personajes como Putin que está consiguiendo, a base de bravuconería y de presión en lo que lo militar forma parte esencial, convertir sus debilidades en instrumentos de ventaja.

EEUU sigue aparentando pérdida de liderazgo y dudas estratégicas y eso no es bueno para nadie. Ese vacío está siendo llenado por candidatos con modelos que cuestionan las democracias occidentales y líderes que, sin cuestionarla, tienen una agenda propia que no puede aspirar a ser referencia mundial y en la que hacen gala de criticar precisamente a Estados Unidos. La debilidad europea, en este contexto, está haciendo potenciar políticas exteriores nacionales, como en los casos claros de Reino Unido y Francia, pero crecientes en todos los socios de la Unión Europea, aunque las presenten con la etiqueta del multilateralismo.

Este panorama parece que va a marcar 2022 y en él, el factor Biden, sus dudas y las iniciativas o la ausencia de ellas de un país que ha sido clave para el  mundo occidental en los últimos cien años, es dramáticamente clave.

China: la propaganda y el éxito

A finales de 2021 se puede afirmar que China, al margen de sus desajustes económicos y problemas estructurales que disimulan, se ha mostrado durante estos doce meses cada vez menos discreta en su expansionismo comercial, político e ideológico. Así, con un dominio absoluto del partido único, el PC chino, un presidente vitalicio, una ausencia total de independencia judicial y un desprecio por las libertades individuales, las iniciativas y las propiedades privadas, las terminales oficiales, mediáticas y los compañeros de viaje habituales se han embarcado en una campaña de de defensa del “modelo chino” como superior a las democracias occidentales de las que exageran, manipulan o se inventan defectos (que los hay).

El gran argumento es la eficiencia, la mejora del bienestar de los ciudadanos chinos y el avance macroeconómico del país hasta situarse como candidato a principal potencia planetaria. Al margen de qué se considera bienestar, es verdad que China, desde la revolución, y con instrumentos de brutalidad difícilmente superables que han dejado miles de asesinatos, ha logrado superar el atraso histórico de China logrando un crecimiento y un desarrollo tecnológico estimable. Y también es verdad que esto se ha conseguido con un dirigismo económico que ha eliminado primero y obstaculizado después el crecimiento de un empresariado chino independiente del Estado, con iniciativa y encuadrado en el libre comercio y el respeto a las leyes.

Este es un principio básico del comunismo para quien las libertades no son esenciales sino subordinadas al Partido. Recordemos la conocida entrevista entre el socialista español Fernando de los Ríos al Moscú revolucionario (para estudiar la adscripción del PSOE a la Internacional Comunista) y en la que expresó a Lenin su preocupación por el excesivo control y con una práctica ausencia de libertades y Lenin le respondió que las libertades no era una cuestión prioritaria en aquel contexto revolucionario. A renglón seguido le espetó: ¿Libertad para qué?

Pero la propaganda no cesa. Cuando se critica la brutalidad contra las minorías religiosas en China (musulmanes y budistas tibetanos especialmente) replican que hay grupos uigures musulmanes en las listas internacionales de terroristas o que en otros países hay mas represión religiosa. Como siempre, utilizan el detalle para desmentir el escenario general. Igual pasa con los teóricamente neutrales analistas que explican los avances tecnológicos chinos sin contextualizarlos ni tener en cuenta el ventajismo chino, las trampas a la competitividad y el desprecio a normas que sí respetan los países más desarrollados con los que China compite.ç

Ese es el gran peligro del ascenso chino. Están en juego intereses económicos poderosos sobre los que se asientan el bienestar de los pueblos. Y tras los éxitos económicos hay sistemas concretos, una determinada manera de tomar decisiones, un control de las administraciones, unas garantías jurídicas contra los abusos y para que se respetan los contratos. Aunque a veces no se explicite, detrás de la competencia comercial hay siempre una competencia de modelos. Y hace falta mucha miseria moral, además de una ignorancia astronómica o un cinismo galopante, para negar que el bienestar proporcionado por los sistemas democráticos liberales sobre los sistemas intervenidos ha sido, y es, a pesar de sus desequilibrios, inmensamente superior.

El reto chino en el Golfo de Guinea

La intensificación de las relaciones de  China con la ex colonia española de Guinea Ecuatorial en la que hasta ahora han ejercido influencia Marruecos, Francia y Estados Unidos ha encendido una luz de alarma ante la posibilidad de que el gobierno de Teodoro Obiang ceda a la potencia asiática el puerto de Bata en el que China instalaría una base logística, con una zona para sus fuerzas navales, con la que potenciar y asistir a sus transportes comerciales marítimos. Tras su base en Somalia y la que negocia con Tanzania, en el Indico, un despliegue militar naval chino en el Atlántico, hasta ahora bajo control occidental, obligaría a EEUU y a la Unión Europea a replantarse sus estrategias defensivas, ya abiertas una reordenación ante las presiones rusas en el Báltico y en Ucrania.

Pero un establecimiento militar en Bata indicaría la debilidad europea (la influencia de España en el único país africano donde el idioma español es oficial es insignificante, la de Francia no parece suficiente y la de Marruecos es, de momento, un instrumento de París) y la lenta reacción de Estados Unidos ante la creciente influencia islamista y a la vez de China en África Occidental. Estados Unidos necesita reforzar sus defensas adelantadas en la ribera oriental del Atlántico y Europa, además de esto, debe insistir en el freno a la inmigración ilegal desde Africa, en la prevención del islamismo y el combate contra el terrorismo yihadista y en el freno a la piratería en aguas de África Occidental . A estos restos sólo le faltaba un despliegue chino en el terreno comercias y militar para hacer aún más complicado el confuso laberinto africano.

En el caso concreto de Guinea Ecuatorial y de toda la región del Golfo de Guinea, los recursos energéticos, madereros y agrícolas guineanos son una fruta apetitosa para todos pero el dictador Obiang ni siquiera ha sido capaz de negociar bien esos recursos, lastrado por la corrupción, la ineficiencia y el control estatal de recursos y mercado.