China se refuerza en África

Como informa Miguel González, experto de El País en Diplomacia y Defensa, “Entre China y la Unión Europea, los países del Magreb prefieren a la primera. Así se deduce de su ausencia del VIº Foro Regional de la Unión por el Mediterráneo (UPM), celebrado este lunes en Barcelona. Aunque la cita ha registrado un récord de participantes, con 20 ministros de Asuntos Exteriores de los 42 países que forman parte de la organización, solo uno de ellos ha sido africano, el jefe de la diplomacia egipcia Sameh Shoukry, cuyo compatriota Nasser Kamel es el secretario general de la UPM. Marruecos solo ha enviado a un director general, Argelia y Túnez a su respectivo embajador en España y Mauritania y Libia a nadie”. La Unión por el Mediterráneo es una organización intergubernamental formada por un total de 42 estados miembros de Europa y de la cuenca mediterránea. Forman parte de esta organización los 27 estados miembros de la Unión Europea, y los 15 países socios mediterráneos del norte de ÁfricaOriente Medio, y sudeste de Europa. Tiene su sede Len BarcelonaEspaña en el Palacio Real de Pedralbes.

La competencia por los recursos y las economías africanas no es nueva y en ella están implicados todos los países con recursos para ello, pero se ha intensificado, aunque con sordina, en los últimos años. Y en ese escenario, dominado desde las independencias africanas de los años 50 y 60 por EEU. Gran Bretaña y Francia, han irrumpido con fuerza Rusia y, sobre todo, China, sin olvidar a Qatar, Arabia Saudí, EAU y Turquía, a caballo del crecimiento del islamismo y trasladando al continente sus respectivas rivalidades nacionales.

En cuanto a China, su penetración es fundamentalmente económica, discreta y planificada y, con ella llega la influencia política y estratégica, con la venta de sistemas militares sofisticados y el mensaje de que el desarrollo económico y de bienestar no tiene por qué venir acompañado de libertades  y justicia independiente como demuestra la propia China, mensaje no desdeñado por el caudillismo africano con decorado democrático. Las inversiones chinas están creciendo espectacularmente en el norte de Africa, aunque también en Angola, Nigeria y varios países al otro lado, en Africa Oriental donde, en Djibutí, China ha establecido una base militar.

Esta presencia china está alterando los equilibrios geoestratégico regionales y alertando sobre las posibles consecuencias de esos cambios a la Unión Europea que ya asiste a un silenciado pero no exento de dureza choque entre los intereses de Francia y Estados Unidos países que quieren, mantener y reforzar el primero y expandir el segundo, sus intereses comerciales y políticos para mejor acceder a materiales estratégicos como el coltán, el uranio y los recursos energéticos africanos. Un acercamiento entre países europeos para tratar de encontrar, tarea muy complicada, cierta coordinación (con Francia a la cabeza) que era el objetivo buscado por la Cumbre de Barcelona, ha quedado aguado por las interferencias de la presencia de China en Africa, país al que miran países africanos que miraban más hacia Europa hasta ahora.

 

Pakistán: atentados contra intereses chinos

Dos atentados contra intereses chinos se han producido en territorio pakistaní en las últimas semanas. El más grave, el ataque suicida contra una caravana de vehículos que transportaba a trabajadores chinos en el proyecto de construcción de una autopista en el puerto paquistaní de Gwadar. Un ciudadano chino resultó herido, dos niños paquistaníes murieron y varios resultaron heridos. Las instalaciones chinas en el puerto de Gwadar son un elemento estratégico clave, militar y comercial, para el proyecto de Ruta de la Seda marítima que China está desarrollando en una red de alianzas desde el Índico al Atlántico. Según los expertos, estas acciones terroristas estarían ligadas a extremistas islámicos procedentes de Pashtunistán y Beluchistán (áreas tribales pakistaníes) pueden poner en peligro el proyecto estrella de la iniciativa china de un corredor económico China-Pakistán.

Que Pakistán es un hervidero de tensiones (una mezcla de separatismos, extremismos islámicos e intereses tribales y étnicos) es un hecho en un escenario en el que el gobierno, apoyado en el poderoso, sofisticado y turbio ISI, el servicio secreto pakistaní, reina con crueldad y bastante hipocresía.

 

Pero la lección para China no está únicamente en Pakistán sino que se extiendo a Afganistán donde China aspira a conseguir una zona lo suficientemente segura donde realizar negocios sin exponerse mucho a los riesgos. Pero mientras los grandes negocios y objetivos estratégicos chinos se centran en Pakistán, Pekín quiere conseguir que toda la región, que estrategas norteamericanos denominan Afak, no suponga una contaminación extremista para los musulmanes uigures de la región china de Xinjiang.

El Gobierno de Xi Jinping teme que un Afganistán regido por los talibanes pueda convertirse en un refugio para extremistas de la etnia uigur, la minoría musulmana originaria de Xinjiang y que ello pueda, a su vez, desestabilizar esa región en el oeste de China, donde Pekín ha internado a centenares de miles de personas en campos de reeducación en una campaña que las autoridades chinas sostienen que es necesaria para “la lucha contra el terrorismo en la zona”. Este es, de momento, el gran objetivo chino y el punto permanente en las relaciones entre Pakín y Kabul, porque, aunque el nuevo gobierno talibán da garantías a China, esta no se fia de las numerosas facciones que integran el magma islamista y las porosas relaciones entre el islamismo afgano y los grupos pakistaníes.

Además, está el creciente factor del Daesh en Afganistán, el otro terrorismo islámico que disputa a los talibán el liderazgo del proyecto de “derrotar a Occidente y los infieles” y que suscita una preocupación que une sobre el papel a EEUU, Rusia, las repúblicas centroasiáticas, Kabul y… China. No está claro que los talibán tengan capacidad y margen para derrotarlos completamente y eso supone otro factor de contaminación extremista a no perder de vista.

Xi y Biden se miden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, está decidido a mantener posturas duras contra China a la vez que quiere dar la sensación de que, a diferencia de Donald Trump, tiene abierta la vía del diálogo para intentar llegar a acuerdos que desactiven el riesgo de un conflicto mayor y de incalculables consecuencias.

De ahí, el reciente encuentro virtual con el presidente Xi en el que ambos han presentado su propio memorial de agravios sin que, por el momento, se vislumbre acuerdo alguno más allá de las palabras que hablan de la voluntad de evitar el temido gran enfrentamiento. Desde la Casa Blanca se ha sostenido que “sabemos que, como líder global responsable, es importante para Estados Unidos mantener abiertos los canales de comunicación”, y añadieron que “el presidente también dejará claro que queremos construir salvaguardas comunes para evitar errores de cálculo o malentendidos”, agregando que no se esperan grandes resultados de la cumbre.

Por parte estadounidense, la agenda contiene, como condiciones para seguir con el diálogo, la defensa de Taiwán y la voluntad de mantener abierto el estrecho que separa a la isla de la China continental, la exigencias de que China respete la leyes de la libertad de comercio y que cesen las violaciones de derechos humanos en China, específicamente las que afectan a los musulmanes uigures y a los tibetanos. Por parte China, ya antes de la reunión señalaron que conseguirían la integración de Taiwán. “en la patria china, cueste lo que  cueste”. Y respecto a las otras cuestiones, Pekín sitúa en Estados Unidos las prácticas ilícitas contra la economía china y acusa a Occidente de mentir sobre la violación de derechos humanos.

Pekín afirma que “China y Estados Unidos deben respetarse mutuamente, coexistir en paz, cooperar, gestionar de manera apropiada los asuntos internos y asumir sus responsabilidades internacionales” .

Así están las cosas mientras China aumenta la presión militar sobre Taiwán sobrevolando una y otra vez su espacio aéreo y haciendo visible a sus fuerzas navales en las cercanías y Estados Unidos refuerza sus propias fuerzas navales en la región en coordinación con Australia y Reino Unido.

Según informa el corresponsal del diario ABC en China, Pablo Díez, “a pesar de sus numerosas diferencias, Xi Jinping ha recordado que las dos economías más importantes el mundo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China y EE.UU., necesitan fortalecer la comunicación y la cooperación, abordar bien sus respectivos asuntos domésticos y asumir sus responsabilidades internacionales, trabajando juntos para promover la noble causa de la paz y el desarrollo de la humanidad». A tenor de una transcripción de sus declaraciones iniciales difundida por el Ministerio de Exteriores de China, se ha mostrado preparado para trabajar con Biden «con el fin de construir el consenso y dar pasos decididos para que las relaciones bilaterales avancen en una dirección positiva”.

 

 

Rusia-China, aliados que se vigilan

La necesidad de un frente contra Estados Unidos se ha convertido en virtud y ha hecho que Moscú y Pekín haya estrechado lazos en los últimos años presentando una cara propagandística de alianza sin fisuras. Rusia ofrece a China recursos energéticos en forma de gas natural, además de material militar y sistemas de tecnología de guerra avanzada, y China para generosa y puntualmente, además de invertir en proyectos rusos en los que son necesarios recursos financieros exteriores.

Pero la realidad ofrece una cara diferente en la que se advierten grietas en función de los intereses nacionales de cada uno de estos países, como, por otra parte, ocurre con el resto de naciones incluso entre las más estrechamente aliadas.

Sin embargo, el caso ruso chino es un poco especial. Moscú vigila atentamente el plan de inversiones, para modernización y refuerzo de las fuerzas navales chinas, a la vez que desarrollan maniobras  conjuntas tratando de mostrar músculo frente al AUKUS, la alianza entre Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia. Una parte de la modernización de la flota de guerra china consiste en reforzar sus unidades navales capaces de navegar y combatir en zonas polares y árticas, pensando no sólo en Alaska sino en la parte rusa del Estrecho de Bering. En esa zona y en el norte de Rusia, está apareciendo, con el deshielo, la posibilidad de explotar enormes y nuevos recursos minerales y energéticos.

Y no es sólo eso. China necesita reforzar su presencia y su influencia en las repúblicas centroasiáticas que formaron parte de la URSS porque por allí pasa la estrategia china de nueva Ruta de la Seda en su versión terrestre y Rusia acepta pero contiene el esfuerzo chino en una región en la que Moscú ejerce de gran padrino y donde tiene importante presencia militar para reforzar sus intereses estratégicos en las fronteras con Irán, Afganistán y en la cercanía del Indostán.

Así, a la vez que Moscú y Pekín, con la Organización de Cooperación de Shangai, de la que forman parte, además de Rusia y China, las repúblicas centro asiáticas (y ahora Irán) tratan de liderar la estabilidad de la región y especialmente Afganistán, se vigilan para acotar las esferas de influencia de uno y otro. China dispone de inversiones para fortalecer la economía afgana y obtener una ración grande de sus recursos naturales y Rusia tiene los recursos militares y políticos para que esas inversiones chinas (y rusas en menor medida) se muevan en un marco de estabilidad. Así quieren rellenar el vacío dejado por la precipitada retirada de Estados Unidos pero manteniendo los ojos cada uno en el otro.

Un informe de la FAES  (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales que preside el expresidente Aznar, subraya que “Rusia ha puesto en marcha su maquinaria oficialista de desinformación y propaganda: la principal lección que los afganos deben sacar de la retirada estadounidense es que los americanos siempre hacen lo mismo, usar a la gente para que trabaje para ellos y les ayuden, pero luego los abandona y los entrega al enemigo. Esos mensajes están más dirigidos a la población vecina de Ucrania y a los propios rusos prooccidentales que a los afganos. A pesar de la propaganda, el Kremlin no confía en que Washington abandone a todos sus aliados y deje de apoyar a las fuerzas prodemocráticas en los países del espacio postsoviético donde Rusia aspira a ejercer su influencia. A los ciudadanos rusos, la retirada estadounidense les recuerda el fracaso de la Unión Soviética en la guerra de Afganistán (1979-1989), que fue una de las principales causas del colapso del sistema comunista. Sin embargo, su retirada, en comparación con la de los EE.UU., fue mucho más ordenada”.

 

 

 

 

 

 

China-India, vuelve a subir la tensión

En las últimas semanas, India está reforzando sus posiciones militares en la frontera con China, desplegando más unidades y exhibiendo armas de fabricación estadounidense en medio del parón en las negociaciones entre ambos países sobre la crisis fronteriza en el Himalaya.

Varios factores llevan a esta confrontación, pero la raíz es la rivalidad entre ambos por sus objetivos estratégicos. India y China comparten una frontera de más de 3.440 kilómetros y tienen reclamaciones territoriales superpuestas. Desde los años 50, China se ha negado a reconocer las fronteras diseñadas durante la era colonial británica.

En 1962, eso llevó a una breve pero brutal guerra entre ambos países, que acabó con la humillante derrota militar de India.

Desde el conflicto bélico, las dos naciones asiáticas se han acusado mutuamente de ocupar su territorio. India asegura que China está ocupando 38.000 kilómetros cuadrados de su territorio, que tiene que ver con el área donde ocurrió la actual confrontación. China, por su parte, reclama la soberanía de todo el estado indio de Arunachal Pradesh, al que llama Tíbet del sur. También hay otros sectores donde ambos países tienen diferentes visiones sobre dónde se sitúa la frontera, como por ejemplo en la inflamable frontera de Cachemira donde confluyen límites de China, India y Pakistán, en la que estos dos países, dotados de armas nucleares, están en guerra, de baja o de gran intensidad según los tiempos, por el control de la región.

Tras  los sucesos de junio de 2020, en los que murieron 21 soldados indios sin que China haya dado datos de bajas propias, se constituyó un comité chino-indio de distensión para poner orden en las disputas fronterizas que no ha avanzado nada en sus propósitos. Entretanto India ha seguido profundizando su acercamiento a Estados Unidos y Europa enfriando un tanto sus tradicionales lazos con Rusia.

Según fuentes rusas, el suministro de helicópteros estadounidenses Chinook, obuses ultraligeros y fusiles, así como misiles de crucero y sistemas de vigilancia de fabricación nacional, se centra en la meseta de Tawang, en el noreste de la India, una zona reclamada por China y controlada por la India que es colindante con Bután y el Tíbet.

Las armas de producción estadounidense fueron adquiridas en los últimos años en el marco de una cooperación militar entre EE.UU. y la India que se ha profundizado ante el aumento de presencia militar de China en la región asiática.

La semana pasada, los militares indios mostraron su capacidad ofensiva a un grupo de periodistas en esa zona, ubicada en el estado de Arunachal Pradesh. “El Cuerpo de Ataque Alpino se encuentra completamente operativo. Todas las unidades, incluidas las de combate y de apoyo, están completamente preparadas y equipadas”, dijo el teniente general Manoj Pande, comandante del Ejército Oriental de India, a la agencia Bloomberg.

Decididamente, avanza la recomposición estratégica en la gran región Asia Pacífico, con repercusiones planetarias, a la que Estados Unidos va a dedicar esfuerzos prioritarios en la próxima década y en la que Europa, una vez más, va a ser en todo caso un actor secundario.

Alerta en Tayikistán

Tayikistán es una república centro asiática fronteriza con Afganistán al sur, Uzbekistán al oeste, Kirguistán al norte, y la República Popular China al este, con la región china en la que se asientan los uigures, musulmanes que compartes lazos culturales y religiosos los tayikos. Esto hace del país, en estos momentos, una posición estratégica  esencial en la región.

Por eso debe subrayarse la importancia de las maniobras militaresFraternidad de Combate 2021 organizadas por la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), a 20 kilómetros de la frontera con Afganistán.

En el ejercicio participaron cuatro mil efectivos y más de 500 equipos militares de los contingentes de Rusia, Tayikistán, Kazajstán, Bielorrusia y Kirguistán, así como un grupo de operaciones de Armenia, todos miembros de la organización fundada en 2002. Como parte del entrenamiento en el polígono Harb-Maidon, las tropas de los países ex soviéticos practicaron el combate contra grupos terroristas “para garantizar la seguridad y estabilidad en la región de Asia Central”, según el Distrito Militar Central ruso. El simulacro comenzó el 18 de octubre después de que la OTSC informara sobre la necesidad de su realización ante el peligro de que el conflicto afgano desborde las fronteras del país y por la presencia de movimientos terroristas en su territorio. Hay que añadir que Rusia, en las semanas previas, incorporó a su base militar en Tayikistán 30 carros de combate Т-72B3M, más modernos que los estacionados allí, y un importante stock de misiles anti carro Kornet.

Estos movimientos se dan en el contexto de la inestabilidad interna en Afganistán, donde el Daesh ha desencadenado una ofensiva terrorista contra el gobierno talibán que, como reacción, está empujando a grupos que serían la base del Daesh hacia el norte, en dirección a la frontera tayika. Este es uno de los principales riesgos que se temían desde la retirada de EEUU y la vuelta los talibán a Kabul y Rusia está jugando sus bazas para tratar de llenar el vacío dejado por EEUU y sus aliados y aparecer con el gendarme del orden internacional en la región.

Pero, a la vez, el propio gobierno talibán de Kabul está consiguiendo cierto apoyo internacional en el temor al mayor peligro que representaría el Daesh para toda la región y en eso, incluso Irán está apoyando a Kabul y estrechando lazos, no sin dificultades, con las repúblicas centro asiáticas, siempre recelosas de las ambiciones de Teherán.

Ante ese escenario China asiente con prudencia pues probablemente prefiere que sean otros los que impogan cierta estabilidad convencida de que, en el fondo, no van a ser competencia de sus empresas en la reconstrucción de Afganistán y las necesidades de inversiones en un país que está conociendo los primeros descontentos por la desastrosa gestión económica que los talibán parece no saber enfrentar ni siquiera con los asesores cataríes y de otros países que han llegado.

 

 

China, de puerto en puerto

En las series de TV que ahora que están tan de moda se puede constatar el sostenido empeño de los guionistas en ligar las tramas a la actualidad más inmediata. Así, en The Good Fight puede seguirse en ficción las ultimas semanas de Trump en la Casa Blanca y las primeras, y grandes, tribulaciones de Biden, o el problema de los anti vacunas en varias otras. Y hay una teleserie, Stella Blomkvist, que se atreve con la estrategia china de expandir negocios e influencia poniendo dinero sobre la mesa, blanco o negro, y logrando posiciones estratégicas adelantadas en infraestructuras y negocios en países europeos. Esta, que es una constatación y una preocupación, se plantea en la serie con una crudeza que no se exhibe en Bruselas donde hay voces influyentes que defienden que China es, de momento, más una oportunidad de mercado que una amenaza.

 

Adelantemos que la serie no es buena pero parte de un supuesto que se repite en varios países: una empresa china, con paraguas estatal por supuesto, compra una isla en Islandia y quiere hacerse con la gestión de varios puertos. En el comité islandés de negociación el interés de Islandia aparece en todo caso como efecto secundario porque la clave es la pugna entre los negociadores por ver quien recibe más incentivos monetarios de China. En todo caso este no es el eje de la trama (si fuera así tal vez ganaría interés). La clave argumental es la investigación de una serie de crímenes que revela la relación de los negociadores con China con los bajos fondos islandeses relacionados con tráfico de jóvenes eslavas, drogas y actividades relacionas con esto.

 

El puerto griego del Pireo, considerado la gran puerta de entrada de los productos asiáticos a Europa, es uno de los ejemplos de la expansión de las empresas chinas en la red global de puertos.

Después de la Gran Crisis de 2008-2009, Grecia tuvo que llevar a cabo reformas y privatizaciones para pagar sus deudas tras el rescate financiero internacional.

El gigante estatal chino, Cosco, vio una oportunidad para entrar en la industria portuaria de un país en crisis. Fue así como adquirió el 51% del Pireo, bajo un acuerdo que le permitiría hacerse con el 67% cinco años después.

 

La misma compañía está en conversaciones para adquirir una participación en el puerto de Hamburgo, Alemania. Si llegara a concretarse, sería la octava mega inversión portuaria de Cosco en Europa.

Y otro de los gigantes chinos, Shanghai International Port Group, se ha hecho con el control del puerto israelí de Haifa.

Esos son algunos de los capítulos más recientes de una larga historia de expansión portuaria, que en los últimos años se ha dado en el contexto de la llamada Ruta Marítima de la Seda, iniciativa que forma parte de un plan más amplio de inversión de los capitales chinos en obras de infraestructura alrededor del mundo. Para conseguir ese objetivo, tener el control de las concesiones portuarias en puntos geoestratégicos es fundamental, señala un informe elaborado por la BBC que sostiene que distintas estimaciones apuntan a que empresas del gigante asiático controlan actualmente cerca de 100 puertos en más de 60 países.

 

Sin embargo, esta no es una historia de éxito completo. Un análisis del China Power Project, perteneciente al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington D.C., titulado “¿Cómo influye China en la conectividad marítima global?” pone de relieve las dificultades. Así está el caso del puerto de Gwadar, un componente clave del Corredor Económico China-Pakistán, que pese a los anuncios, ha terminado estando “infrautilizado”.

“El gobierno paquistaní tuvo que tomar medidas desesperadas a principios de 2021 para reactivar el puerto”, señala el análisis del CSIS. También agrega que algunos proyectos importantes aún no se han materializado por completo, como el puerto de Bagamoyo en Tanzania.

Otro aspecto de las operaciones chinas en la industria portuaria, agrega el documento, tiene relación con los términos de las negociaciones que se llevan a cabo con países endeudados con Pekín.

 

Son algunos ejemplos de la puesta en marcha de una estrategia basada en la ausencia de límites y reglas a la hora de negociar por parte de un Estado totalitario, de las presiones sobre Estados vulnerables para conseguir ventajas y en la falta de garantías de cumplimiento y calidad en la ejecución de los acuerdos. No es eficiencia todo lo que reluce en la propaganda china.

Asia Central: crece el protagonismo de Irán

El viernes 17 de septiembre, en una reunión en Dusambé, Tayikistán, los países miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái votaron aceptar el ingreso de Irán en la organización.

La OCS, establecida por China y Rusia en 2001, es una alianza económica, política y de seguridad. Actualmente incluye ocho estados: China, Rusia, Pakistán, India, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. Juntos, estos estados representan el 20% del PIB mundial e incluyen al 40% de la población mundial.

Hasta ahora, Irán sólo contaba con el apoyo de Rusia, empeñada en asociar a la teocracia de Teherán a la estrategia de Moscú de amplar su influencia en la región, aliándose y, a la vez, neutralizando en lo que pueda la influencia china.

Este logro de la diplomacia iraní, apadrinada por Rusia, tiene especial importancia en estos momentos en que parece que EEUU se repliegue hacia el Indo Pacífico donde estarían sus prioridades frente a loe retos chinos. La OCS tiene pues la oportunidad de convertirse en un organismo clave en la región, llenar en vacío dejado por EEUU y sevir de decorado a una rordenación de poderes en la región pactada entre rusos y chinos.

“El equilibrio internacional a partir de ahora se inclina hacia el multilateralismo y la redistribución de poderes hacia los países independientes. Las sanciones unilaterales no se dirigen únicamente a un país. Se ha hecho evidente que, en los últimos años, afectan más a los países independientes, especialmente a los miembros de la OCS”, afirmó tras confirmarse la incorporación de Irán al organismo el presidente Ebrahim Raisi que está al frente del gobierno más duro desde hace décadas en Teherán.

Expertos occidentales consideran que, no obstante, La OCS aún no se parece en nada a una alianza estratégica liderada por China contra Occidente. Entre sus miembros se encuentra India, rival de China y aliado occidental. La OCS tampoco está alineada con Irán en su desafío al sistema internacional con respecto a su programa nuclear. Más bien, las sanciones fueron la preocupación principal que impidió que Teherán se adhiriera antes al grupo hasta ahora.

Incluso ahora, añaden, aún no se ha anunciado un cronograma para que Teherán se una a la organización. Sin duda, las grandes inversiones de Rusia, China e India en Irán se han visto disuadidas por la amenaza de sanciones estadounidenses.

También debe tenerse en cuenta que el patrón de inversión china en el Medio Oriente no se ajusta a una lealtad estricta con ningún bloque regional. Beijing es un importante comprador de petróleo saudí y mantiene amplios lazos comerciales tanto con Israel como con los Emiratos Árabes Unidos.

China, en plena escalada militar

Que el AUKUS era una necesidad estratégica plantea pocas dudas si se asume que China es una amenaza en la medida en que se trata de un Estado totalitario con ambición expansiva que potencia y controla su crecimiento económico y su desarrollo militar en la búsqueda de objetivos hegemónicos. Otra cosa es que se considere que China  (como sostienen algunos países y expertos europeos) es, en todo caso, una amenaza regional y que sólo representa un reto comercial por sus prácticas ventajistas derivadas de su sistema intervencionista y carente de garantías jurídicas. En este caso cabría defender respuestas suaves y gestión más relajada del conflicto.

El debate es oportuno y necesario. Pero urgente. Si la percepción de que la amenaza no es alta o ni siquiera es amenaza, habrá menos tensión. Pero esto tiene antecedentes históricos en Europa que hiela la sangre. Esa fue la perspectiva (ejemplo que ya es un tópico) que el primer ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, tenía de la exigencia de Hitler de ocupar los Sudetes en Checoslovaquia. Chamberlaín convenció al jefe del gobierno francés, Edouard Daladier, de que cediendo a la exigencia nazi se evitaba la guerra en Europa. No hace falta recordar cuál fue el resultado.

Para EEUU, Gran Bretaña y Australia creen es el momento de frenar a China y neutralizar sus inversiones en fuerza aeronaval para controlar las rutas comerciales de la región y los territorios en disputa con Japón, Filipinas y Vietnam entre otros. Y eso implica traducir su alianza en acuerdos militares que refuercen la vigilancia y las posibilidades de una respuesta efectiva si fuera necesaria. Y en eso están.

China, durante la celebración de su Día Nacional hace una semana protagonizó la mayor provocación militar sobre Taiwán de las últimas décadas, con una violación masiva del espacio aéreo taiwanés en dos operaciones sucesivas. Dichas incursiones sucedieron en dos oleadas: la primera, con 13 aviones de combate, sucedió de día y la segunda, con 25, tras la caída del sol.La fuerza aérea de la isla respondió con el envío de una patrulla para realizar un seguimiento de los aviones y ahuyentarlos, y puso en alerta a su sistema de misiles antiaéreos. Según el Ministerio de Defensa de Taiwan, ambas oleadas de aviones procedente del continente incluían aviones H-6, que son capaces de transportar bombas nucleares.

Hay que recordar que Taiwán como sujeto político nace de haberse refugiado en la isla en 1949 el gobierno chino derrotado por los comunistas y ambos reclaman su legitimidad y su aspiración a una unidad nacional, o democrática o comunista, aunque en la isla crece la opinión de debería constituirse como país oficialmente independiente y olvidarse de sus ambiciones continentales. La operación sobre Taiwán es no solo una intimidación a la isla sino una advertencia a todos los vecinos.

China está lejos de Europa y una posible guerra sería en el Pacífico desde el punto de vista geográfico, pero el tsunami sería planetario. Disimular los riesgos no ayuda a evitarlos y Europa ha caído muchas veces en esa ensoñación. Tal vez ha llegado el momento de despejar incógnitas.

 

Alemania y las relaciones de la UE con China     

Las relaciones entre la UE y China en los próximos años van a estar marcadas por el gobierno alemán que se constituya tras las elecciones recién celebradas, que previsiblemente tardará meses en negociarse y cuyo liderazgo final no está claro.

Alemania, como líder económico de la UE y, por lo tanto, el país con mayor influencia política en la Unión, ha mantenido posiciones ambiguas con respecto a China en las que, en todo caso, no se ha querido nunca molestar a Pekín lo suficiente como para perturbar los negocios de los empresarios alemanes. Pero los elementos del escenario han cambiado. Como era previsible, China, pacientemente ha pasado de atractivo socio comercial a inquietante competidor en todos los mercados, lo cual sería para aplaudir a su gobierno si no fuera porque juega desde un Estado autoritario que no respeta todas las leyes internacionales de comercio, ni la libertad de mercado en su territorio, ni los derechos humanos en general, ni los laborales en particular. Sin olvidar que en el país no existe un poder judicial independiente al que reclamar la necesaria seguridad jurídica.

Merkel timoneó esa situación con habilidad pero se resistió a considerar a China como una amenaza global y no sólo comercial y mantener junto a Estados Unidos una política de exigencia democrática y de mayor contención a sus amenazas territoriales en el Indo Pacífico.

Como señalan varios expertos, en los últimos años la relación entre Alemania y China ha sido cada vez más tensa. China es más agresiva en sus relaciones con Hong Kong y Xinjiang, y ha aumentado su presión económica y de amenazas territoriales en la región más allá de sus propias fronteras. Para ello, utiliza nuevas formas de coerción económica para perseguir sus intereses políticos.

El nuevo gobierno alemán, y la UE, tendrán que precisar sus relaciones con China más allá de la seducción de las inversiones chinas y previsiones a medio y largo plazo. El cortoplacismo amparado en los beneficios anuales y los votos de cada legislatura no sólo son un error sino que siembra las condiciones para la catástrofe frente a países para quienes el tiempo importa poco porque no se les exige cuentas, no celebran elecciones y estás instalados en una milenaria cultura de la paciencia.