Entradas

A la espera de la hoja de ruta europea en materia de ciberseguridad. Isabel Gacho Carmona

En octubre de 2019 los Estados miembros de la UE presentaron un informe sobre la evaluación coordinada de riesgos acerca de la ciberseguridad de las redes de quinta generación (5G). Se realizó en un contexto de debate -alentado por EEUU- en torno a los posibles riesgos a la seguridad que las empresas chinas (es decir, Huawei) presentan como proveedores de la infraestructura necesaria para el desarrollo de estas redes. La Comisión había pedido a los Estados miembro tratar de arrojar luz sobre la materia para ser capaces de tomar decisiones con la mayor objetividad posible.

Y, es que, las redes 5G de origen chino no son el gas ruso, del que, aunque sea en teoría, podemos tener claros los riesgos a la seguridad que pueden derivar de su dependencia. La infraestructura que ofrece Huawei no se puede despegar de un debate fanganoso que aúna mucha economía y más seguridad, pero, sobre todo geopolítica.

Y es que si bien la porosidad de los debates económicos, de seguridad y geopolíticos ha existido siempre, con el ascenso de China y la nueva realidad de competición de potencias se ha acentuado exponencialmente. Si a esta ecuación le añadimos el hecho de que hablamos de tecnología –asset estratégico de primer orden- nos queda un entramado precioso. Se acabó el “fin de la historia” y el “imperio liberal” donde el win-win explicaba prácticamente todas las decisiones de carácter económico. Ahora las decisiones económicas van a tener cada vez menos que ver con la eficiencia y más con el poder.

Es en este contexto en el que la UE quiso dar un paso al frente y poder tener su propia voz en el debate en torno a la seguridad -la geopolítica la comentamos otro día-. Y lo hizo. Sin mencionar a Huawei, concluyó que, en el contexto de aumento de la exposición a los ataques facilitados por los proveedores, el perfil de riesgo de cada proveedor será especialmente importante. Que una gran dependencia respecto a un único proveedor aumenta la exposición a una posible interrupción del suministro. Y que las amenazas a la disponibilidad e integridad de las redes se convertirán en graves preocupaciones en materia de seguridad.

Lo que también concluyeron en octubre fue crear una hoja de ruta con medidas concretas para mitigar riesgos. 2020 es el año del inicio del despliegue de estas redes y ya está aquí. Mientras decidimos si somos pelota o jugador en el nuevo ¿G2?, no está mal por lo menos tener claras nuestras propias medidas en materia de ciberseguridad.

THE ASIAN DOOR: 2020, fin de un lustro. Águeda Parra

Para China, 2020 no significa tanto comenzar un nuevo año como terminar un lustro. El XIII Plan Quinquenal (2016-2020) toca a su fin y ahora se trata de revisar el cumplimiento de los objetivos fijados. Todo apunta a que uno de los grandes logros será confirmar que se ha logrado duplicar el PIB y el PIB per cápita respecto al valor de hace diez años. Una muestra de la fortaleza económica de China pero que, sin embargo, plantea el reto de seguir manteniendo un crecimiento sostenido en el próximo lustro en una situación de inestabilidad internacional dominada por la guerra comercial con Estados Unidos.

Después de un lustro, 2020 también significa un punto de control para una de las grandes iniciativas en la era Xi Jinping, el proyecto Made in China 2025, foco de tensión con Washington y detonante de la guerra comercial. Después de cinco años de una iniciativa que plantea la modernización de la industria china bajo el impulso de la innovación y la aplicación de las nuevas tecnologías, 2020 supone la revisión de la primera fase de los objetivos. Se trata de alcanzar una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% y la construcción de 15 centros de innovación. En la carrera del gigante asiático por establecer la nueva marca del Designed in China, la apuesta por liderar los avances en inteligencia artificial, Internet de las Cosas (IoT), y la potencialidad del cloud computing están resultando determinantes para conseguir los objetivos finales en 2025.

Con 2020 también se inicia una nueva era digital. El despliegue de la red móvil 5G va a generar cambios socioeconómicos a mayor ritmo que anteriores generaciones, de ahí que liderar la carrera por el 5G supone abanderar los futuros modelos de negocio y cómo la tecnología va a modelar nuestro ecosistema, tanto en el ámbito de las Smart Cities como de las Smart Factories. El despliegue de la nueva generación de redes móviles es una carrera entre los cuatro fabricantes mundiales mejor posicionados, entre Oriente y Occidente. Las compañías chinas Huawei y ZTE, la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia son, según los expertos, las que lideran el mercado de componentes de telecomunicación 5G, aunque la que ofrece mejor oferta de calidad y precio es Huawei. El lobby norteamericano ejercido entre los aliados occidentales para vetar la tecnología del fabricante chino está centrando la pugna por la hegemonía tecnológica entre Washington y Pekín. De ahí que, a pesar de que Huawei goza de una amplia penetración en la gran mayoría de las operadoras y administraciones europeas, con 2020 se inicia un período de entre tres y cinco años de despliegue donde la geopolítica de la tecnología va a marcar las decisiones de gobiernos y operadoras.

Con 2020 se consolida la mayor revolución tecnológica que ha vivido China. El crecimiento interanual del consumo del 6% en 2018, superado por el 8% registrado en los diez primeros meses de 2019, plantea un escenario de cierta confianza donde la nueva economía digital está siendo una de las principales palancas de crecimiento. Un mercado maduro de e-commerce, una creciente industria FinTech y una extensión de los hábitos digitales gracias al despliegue de la Ruta de la Seda Digital han sido las principales tendencias para un lustro que termina, siendo el merado de los coches eléctricos el que va a caracterizar las innovaciones tecnológicas más destacadas de los próximos cinco años.

En 2020 se inicia una nueva etapa para la fábrica 100% propiedad de Tesla en Shanghai. La línea de producción ya ha dado salida a los primeros vehículos, un importante estímulo para un mercado que acumula una caída de las ventas del 8% en 2018 y del 3% hasta octubre de 2019. El fin de este lustro muestra una tendencia al alza en vehículos eléctricos, pasando la flota de autobúses que recorren China del 25% en 2019 a alcanzar el 35% en 2020, un camino que también están recorriendo los taxis. La penetración de los vehículos eléctricos supuso 5% de las ventas totales de autómoviles en 2019, aunque en las grandes ciudades alcanzó el 20%, con la estimación de que los estímulos fiscales del gobierno impulsen esta cifra hasta representar el 7% en 2020, según McKinsey.

La consolidación de proyectos como el Greater Bay Area favorecerán el impulso de la creación de un ecosistema tecnológico aún más potente a partir de 2020. La región cubre una zona que representa el 15% del PIB de China y que va a simbolizar el próximo lustro de innovación de China. Se genenarán ciudades capaces de atraer talento con capacidad de rivalizar con Silicon Valley y Wall Street, haciendo que este nuevo hub de innovación se consolide como una de las principales palancas de crecimiento económico del país. Un lustro en el que, en definitiva, la producción tecnológica de China va a seguir modulando el nuevo paradigma de la geopolítica mundial.

“Estamos entendiendo la tecnología como una religión” Entrevista a Qing Wei

Isabel Gacho.- “El concepto de 5G es engañoso ¿Cuál es la diferencia entre 4G y 5G? La lógica dice que como 5 es mayor que 4 tiene que ser mejor. Y por eso están trabajando en el 6G. No me extrañaría nada que dentro de poco se dijeran que están trabajando en el 7G. Eso es una locura. Sin ni siquiera saber lo que es el 5G, sin ni siquiera haber pasado el teorema de Shannon–Hartley. No hay ninguna magia en el 5G”.

Quién habla es Qing Wei, un experto en transformación digital afincado en Pekín con más de 25 años de experiencia en el campo de la computación y las telecomunicaciones para empresas líderes del sector. Ha vivido en primera persona la revolución tecnológica China, y trabajó codo con codo con Jack Ma y Pony Ma en sus inicios. “Básicamente soy un tecnology guy trabajando en el campo de la tecnología, en telecomunicaciones”, resume con humildad. Desde 4Asia nos reunimos con él y nos ofreció un discurso que nos obliga a enfrentar el debate sobre los retos que pone en la mesa la tecnología desde arriba, para evitar el ruido. Un discurso que cuestiona nuestro propio conocimiento para analizar el mundo en el que vivimos.

“He empezado a pensar que los problemas actuales en materia de seguridad hay que analizarlos partiendo de la pregunta ¿Nuestra sociedad es la misma que antes o ha cambiado completamente?” comienza. “En ciencias de la computación siempre decimos: enmarca el contexto primero. Ningún argumento es un argumento a no ser que establezcas primero unos límites que lo definan. Es dentro de unos límites donde se puede llegar a conclusiones”. Partiendo de la premisa, continúa. “Y ahora el contexto ha cambiado. Debatimos sobre privacidad de datos, RGPD… pero yo lo enfrento desde otro punto de vista. Proteger la privacidad es una estrategia defensiva, pero si miramos a la sociedad que viene, una de un nivel superior de sofisticación, dependeremos de los datos y debemos hacer buen uso de ellos y entenderlos como bien común. El problema que subyace es el buen uso. ¿En manos de quién se encuentran las cantidades enormes de datos? De las grandes corporaciones. En el caso de China de los BAT, que ni siquiera los comparten con el gobierno. En nuestras sociedades tendemos a pensar que el gobierno lo sabe todo. Que tiene la respuesta para el futuro. Pero yo lo pongo en duda. Sobre todo, a la luz de la velocidad a la que se desarrolla la tecnología”.

“Efectivamente a los políticos les falta el punto de vista tecnológico. Y viceversa. De tal forma que los políticos o filósofos ven que algo va mal, pero no son capaces de presionar el botón adecuado. Por otro lado, desde el mundo de la tecnología se entiende que los políticos y los medios solo son capaces de ver síntomas (brecha digital, privacidad de datos…) pero no la causa. Yo creo que la causa es un cambio sustancial. Todo el contexto ha cambiado. Seguimos entendiendo el mundo a través del pensamiento ilustrado, y eso fue hace ya más de 2 siglos. La filosofía debe cambiar una vez que hayamos entendido mejor el mundo”.

Este desconocimiento, argumenta Qing Wei, es muy peligroso. “Cuando estudias de verdad la tecnología, ves que la estamos entendiendo como una religión. ¿De verdad sabemos qué está pasando? Creo que muchas veces obtenemos conceptos relativos a la tecnología a través de los medios de comunicación sin preguntarnos ‘¿Quién ha escrito esto?’. Normalmente no son científicos. De hecho, la mayoría de los medios ofrecen el miedo, pero no la solución. Y el miedo es algo muy poderoso. El mensaje que nos llega es ´vosotros sois los perdedores porque no sabéis qué está pasando, pero os digo que hay peligro ahí fuera´. En lugar de empoderar a la gente para que pueda manejar su miedo, la idea es ´sígueme, iremos al futuro´. Y creo que ese es el problema fundamental que tenemos ahora mismo”.

“En China, por ejemplo, la solución que ofrecen es ´escucha a Jack Ma´ o a cualquier otro ídolo. Para ilustrar como hemos llegado a este punto yo uso una metáfora: Hay un foso con un cocodrilo y la gente asume que solo hay una manera de escapar, nadar a través del foso para llegar al otro lado. Pero nadie sabe cómo hacerlo. Entonces, de repente, alguien salta y consigue cruzar. Mira atrás, saluda, y todo el mundo piensa ´ese es nuestro dios´. No tenía pensado ser un líder, no sabe cómo lo ha hecho, pero ahí está. Eso es lo que ha pasado con los líderes tecnológicos. Es verdad que tienen visión, pero no son visionarios, solo presionaron el botón adecuado sin saber que lo era. Entonces, ¿Cómo podemos, como sociedad, confiar en ellos cuando ni ellos mismos saben con exactitud qué botón pulsaron hace diez, cinco años?”.

¿Ha alguna solución? “Lo que necesitamos son líderes honestos que digan ´yo tampoco lo sé´. Pero ahora mismo nos encontramos en una situación como la de la fábula de los ciegos y el elefante. ¿Y qué podemos hacer? Aprender de la experiencia. En la industria tecnológica hay un dicho de Linus Tordvals muy famoso: “hablar es barato, enséñame el código”. Es cierto que la mayoría de la gente no puede leer código, y a lo mejor puede parecer exagerado, pero en esta época, en esta era, todos tenemos que entender cómo funcionan los ordenadores. Si no, siempre vamos a ser engañados”.

THE ASIAN DOOR: Asia en el centro de la geotecnología. Águeda Parra

Los inicios de esta década comenzaron con la predicción de que el centro de poder se trasladaría hacia el este. El movimiento del epicentro económico desde occidente hacia oriente estaba fundamentado principalmente en la hipótesis del ascenso de China como una gran potencia. Una década después la transición todavía no se ha completado, pero todos los expertos coinciden en afirmar que el siglo XXI será el de Asia, donde el impulso del gigante asiático está siendo decisivo para que las previsiones del gran ascenso de China se materialicen en las próximas décadas.

Entender que Asia se está posicionando como el próximo centro económico pasa por cambiar la visión tradicional de observar el mapamundi con Europa en el centro, quedando la región de América a la izquierda y Asia Pacífico a la derecha, por una aproximación algo más asiática, al estilo de cómo concibe el mundo China. Los mapas chinos sitúan al gigante asiático en el centro (de ahí su nombre 中国, que literalmente significa país del centro), desplazando el dominio occidental hacia ambos laterales, Europa a la izquierda y la región de América a la derecha. Esta aproximación china del mapamundi otorga mayor relevancia a la zona de Asia-Pacífico, situando el eje geoeconómico y geopolítico mundial en torno a los países asiáticos y a la influencia de Estados Unidos en una región donde el poder de la tecnología se está convirtiendo en una de las palancas que mayor influencia va a tener en la geoestrategia mundial en las próximas décadas.

Asia sitúa en el Top 10 de grandes economías mundiales a tres países, representando un tercio del poder mundial. China en la segunda posición, Japón en la tercera, e India en el puesto sexto son los referentes asiáticos a nivel económico, pero también los principales impulsores del desarrollo de las nuevas tecnologías a nivel mundial. Japón hizo de la tecnología su principal herramienta para transformar su economía, y China está apostando por la modernización e innovación como su palanca de cambio que consolidará la transición del gigante asiático en una economía avanzada. La inversión en I+D se convierte así en el principal mecanismo de transformación, y China, como segunda mayor potencia, junto con Estados Unidos, son el origen del 20% y el 26% de toda la I+D mundial, medido en paridad de poder adquisitivo. Es decir, casi la mitad de todo el gasto que se dedica a innovación se concentra en dos grandes polos mundiales que está propiciando que la tecnología se convierta en una nueva ruta de poder en la geoestrategia mundial. En esta clasificación, en los diez primeros puestos encontramos 4 economías asiáticas, Japón en tercer lugar, Corea del Sur en quinta posición e India que ocupa el puesto 7, son las grandes apuestas de Asia para posicionarse en el epicentro de la generación de nuevos desarrollos tecnológicos.

En Asia se dan cita además grandes potencias del mundo de Internet, aportando la región hasta 5 economías en el Top 10 de grandes potencias de usuarios de Internet. China e India, en el primer y segundo puesto, concentran el 19% y el 13%, respectivamente, de los usuarios de Internet del mundo, un tercio de las personas que se conectan al mundo online. En esta clasificación, Indonesia, Japón y Bangladesh, en los puestos quinto, sexto y noveno, respectivamente, completan la aportación de Asia al cada vez más creciente ecosistema digital que está posicionando a la región como el destino más atractivo para impulsar los nuevos negocios que florecerán al abrigo de tecnologías como la Internet de las Cosas (IoT), el 5G y la Inteligencia Artificial.

En el competitivo mundo de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, 65 son de origen norteamericano, una cantidad similar al bloque de las empresas asiáticas que conjuntamente agrupan a 62 de las más importantes, mostrando la aportación que la región realiza al impulso del desarrollo tecnológico mundial. China lidera el grupo de las empresas asiáticas, aportando 20 empresas, una cantidad que será susceptible de ir creciendo a medida que el gigante asiático avance en el despliegue de su gran proyecto tecnológico, Made in China 2025.

En cuestión de generación de unicornios, la inversión en startups ha experimentado un giro significativo desde el centro hegemónico que durante décadas ha representado Silicon Valley para pasar a ocupar otros puntos preferentes en el mundo. El destino es Asia, y en los últimos cinco años, China acumula una inversión en startups de 106.000 millones de dólares, frente a los 110.800 millones de dólares que acumula Estados Unidos, según datos de Preqin. Sin embargo, la zona asiática cuenta con otros polos de inversión en startups que realizan una aportación muy significativa, como India, que aporta unos 10.000 millones de dólares, Malasia que acumula 5.100 millones de dólares y Corea del Sur y Japón que han invertido 3.500 millones de dólares y 2.500 millones de dólares, respectivamente, en la nueva generación de startups en el último lustro.

Durante el primer semestre de 2019, y por primera vez en la historia, China atesora un número mayor de unicornios que Estados Unidos, 206 frente a 203, según datos del Instituto de investigación Hurun. Un hito histórico que ha sido posible como resultado del proceso de innovación y de modernización que está transformando el modelo económico de China. Entre los países asiáticos, la aportación de China con 46 unicornios sobresale respecto a la presencia de este tipo de empresas en otros polos de innovación entre 2012 y 2017, según datos de CB Insights. En el caso de India, Nueva Delhi y Bangalore han conseguido atraer conjuntamente la inversión de 8 unicornios, mientras en este mismo período, Seúl ha aportado 2 unicornios, los mismos que Tokio. En esta categoría, las ciudades chinas de Beijing y Shanghai se configuran como los grandes polos de atracción de unicornios dentro de Asia, reuniendo 29 y 17 startups, respectivamente, poniendo de manifiesto el atractivo que tiene la capital china para atraer talento tecnológico. Con todo ello, en la próxima década comenzará a materializarse el movimiento económico y tecnológico que hace tiempo se estimaba que se trasladaría hacia el este, configurándose la aportación de China en el desarrollo de nuevas tecnologías como un nuevo polo de la geoestrategia mundial.

“La única forma que tiene Europa de competir con China en materia de IA es ser muy buenos en cosas muy concretas”. Entrevista con hAItta.

Isabel Gacho.- El desarrollo de inteligencia artificial (IA) está jugando un papel clave en la contienda por la supremacía tecnológica entre EEUU y China. Pero desde Europa también surgen empresas e innovación. Hablamos con hAItta, una empresa del sector establecida en Suiza y con nombre japonés, pero de fundadores español y argentino y alcance global. Charlamos con Domingo Senise, co-fundador de la firma, y con Hugo Mérida, socio y miembro de la junta ejecutiva, sobre el mismo concepto de IA, sus aplicaciones, los dilemas que presenta y el papel de China en el sector, en una conversación Madrid-Frankfurt-Ginebra que ilustra el carácter internacional de la empresa.

¿Cómo definís vosotros la inteligencia artificial?

Domingo Senise: es una buena pregunta. No soy gallego, soy del sur de España, pero te devuelvo otra pregunta ¿tú crees que de verdad existe inteligencia artificial?

Primero te doy la definición y luego paso a apostillar la pregunta que te he hecho. La IA, a día de hoy, se definiría como la capacidad que tienen las máquinas para realizar ciertas tareas a través de codificación, métodos matemáticos o estadísticos parecidas a las que pueda hacer un humano. ¿Se podría llamar a eso inteligencia? Yo creo que algunas veces usamos muy gratuitamente el término inteligencia. Todavía a día de hoy, la inteligencia es una capacidad humana muy relacionada con la sabiduría -que sería el último estadio, el procesamiento de la propia inteligencia- y que tiene que ver con componentes genéticos, culturales… que hemos ido heredando a lo largo de miles de años de evolución. Aunque esto no quita que lo que estamos haciendo a día de hoy con los modelos de IA son cosas espectaculares, muchas veces por encima del rendimiento humano. Por ejemplo, hemos hecho proyectos de detección de fraude financiero y lo que no eran capaces de hacer 50 analistas de riesgo lo han hecho nuestros modelos, costando menos y de manera más precisa y más rápida. En entornos acotados, perfectamente definidos, sí, la máquina es superior al ser humano. ¿Es la máquina más inteligente que el ser humano en temas de lenguaje? A día de hoy, no. Uno de nuestros campos de trabajo es el procesamiento del lenguaje natural y te das cuenta de que la escurridiza ambigüedad del lenguaje hace que no sea fácil para la máquina procesarlo, pero se están dando pasos. Desde luego es un periodo tremendamente interesante y se están haciendo cosas que seguramente en los años 50, cuando surgió la IA –llamada en aquel momento inteligencia mecánica-, eran impensables.

Hugo Mérida: lo que subyace debajo de la IA no es inteligencia de por sí, sino capacidad de procesar información de manera tremendamente rápida y de aprender patrones de forma autónoma. Pero no es inteligencia. Si has entrenado a una máquina para hacer una cosa y la sacas de ese entorno, no va a funcionar. Se está trabajando en la capacidad de adaptarse a nuevos escenarios, pero todavía no es una realidad.

¿Qué me podéis contar sobre cómo funcionan las aplicaciones que le dais a la IA?

HM: Por ejemplo, como acaba de comentar Domingo, hemos hecho proyectos para empresas en materia de fraude. Las empresas tienen la sensación de que les están cometiendo fraude y ellos no consiguen detectar donde está el problema. Lo que hemos hecho es crear modelos de IA basados en aprendizaje automático por el cual la máquina es capaz de detectar patrones de comportamiento para predecir un comportamiento que empiece a ser similar a un patrón que ha habido en el pasado. Al dar la alerta, la empresa analiza con más detalle esas operaciones.

Primero se detectan los grupos de agentes con comportamiento sospechoso. Por otro lado, se detectan grupos de agentes que efectivamente estaban cometiendo fraude y por otro lado un tercer grupo de agentes que, aunque parecían sospechosos no estaban cometiendo fraude. La capacidad que tiene los modelos de IA es profundizar más en el detalle y usar patrones de comportamiento junto con el análisis de la información actual: actividad en redes sociales, tarjetas de crédito o dadas de alta de páginas webs. Esto al final te da un perfil muy perfecto de lo que hace la persona. Eso sí, uno de los temas con lo que tenemos que tener mucho cuidado es con la privacidad de los datos. Y ahora todavía más con la nueva regulación europea, en primer lugar, solo podemos trabajar con datos anónimos y segundo, hay que tener muchísimo cuidado con el consentimiento.

Ahora que sacas el tema de la privacidad, me gustaría oír vuestra vuestra opinión sobre el papel de las empresas chinas en el sector, teniendo en cuenta, además del tema de la privacidad, la gran inversión pública y privada que reciben las empresas, la importancia estratégica que se le ha dado desde el gobierno, la hiperdigitalización de la sociedad y el gran banco de datos que tiene. ¿Cómo se puede competir a nivel global contra empresas chinas? ¿Se puede?

DS: Ellos se fijan objetivos a largo plazo. El objetivo de China es muy claro, quiere ser la nueva potencia mundial a través de la tecnología. Hablaba el otro día con amigos de la Organización Mundial de la Propiedad intelectual (WIPO, por sus siglas en inglés) y decían que el volumen de patentes presentadas por China era mayor que la suma de EEUU y RU. China está apostando mucho para atraer talento, para experimentar cosas nuevas… Europa no se está enterando de la película y China lo está haciendo muy bien.

HM: China está mucho más avanzado que el resto. Llevan tiempo invirtiendo cantidades ingentes de dinero y talento. Durante los últimos 20 años han mandado a los cerebros más brillantes a formarse en EEUU y ahora los están recuperando. En el tema de la IA están muy avanzados. Decías “¿Podemos competir?”. Históricamente, con el empuje industrial chino de principios de siglo, la estrategia de occidente fue priorizar calidad a cantidad. En el caso de la IA, la única posibilidad que tiene Europa de competir con China es a través de nichos: ser muy buenos en algo muy específico, porque a nivel general China ya está más avanzada que el resto. Un ejemplo clarísimo es la aparte de retailers o el uso de la IA para el tema de e-shopping, la compra a través del móvil. La única forma que tenemos de competir es ser muy buenos en cosas muy concretas.

¿Existe actualmente algún nicho en este sentido en Europa?

HM: A nivel general, Europa y EEUU estamos más avanzados en temas de seguridad e inteligencia, por ejemplo. Históricamente se ha dedicado mucho dinero, precisamente por la amenaza china o rusa. También en otros sectores como la medicina. China sobre todo a destinado mucha inversión al tema de consumo. En este sentido están con creces mucho más avanzados que nosotros.

Dado que la inteligencia artificial se alimenta de datos ¿En qué se va a traducir la instalación de la infraestructura para el 5G? ¿Está justificado el miedo a las empresas chinas?

HM: Antes de nada, señalar que el 5G en Europa todavía no está instalado y que en China ya han comenzado el desarrollo del 6G.

DS: Aquí en Suiza está poniendo todo el mundo el grito en el cielo “todos nuestros datos van a pasar por servidores chinos…”. Pero esto es el libre comercio. En lugar de llorar ahora tanto ¿Por qué no lo has hecho tú?

HM: Respecto al tema del veto de Trump a Huawei, EEUU lleva tiempo empujando las alternativas europeas y americanas: Ericsson, Nokia y Qualcomm. Pero se han dado que cuenta que ni bombeando dinero han sido capaces de competir con Huawei.

Respecto a los datos, es verdad que siempre está la duda o el riesgo de que, si la infraestructura física está en manos de China, puede desviarlos o utilizarlos -lo mismo que hace Facebook o Google-. Ese riesgo siempre existe. Lo que está claro es que nosotros estamos evolucionando a un mundo de datos. Los datos, como dijo el COO de Equinor, va a ser el activo más valioso, muy por encima del petróleo. Nos movemos a un mundo de datos, y al final no te queda más remedio.

En cualquier caso, el movernos hacia una sociedad de datos significa que la IA se convierte en una herramienta fundamental, critica. A nivel de capacidad humana o de computación normal, no se pueden gestionar todos los datos. La única manera que tenemos para utilizarlos es a través de la IA.

Entre vuestros pilares se encuentran el aprendizaje automático y el procesamiento del lenguaje natural. ¿Qué me podéis contar al respecto?

DS: Para el desarrollo del aprendizaje automático “solo” hace falta programación y matemática y estadística, pero este no es el caso del procesamiento del lenguaje natural. Hasta ahora se ha hecho (el procesamiento de lenguaje natural) con un enfoque matemático-estadístico. Se intentaba enseñar a la máquina como hablamos usando matemática y estadística. Pero el ser humano no funciona así. Por ejemplo, el traductor de Google no es un traductor, es un transpositor de palabras. El valor añadido que da hAItta en materia de procesamiento del lenguaje natural es que tenemos gente de formación lingüista. La combinación de los enfoques matemático-estadístico y simbólico es lo que te permite alcanzar cuotas de precisión más altas en este sentido.

Por último, ¿qué opináis de los retos que presenta la IA en materia de calidad democrática o de empleo, por ejemplo?

DS: Mira, te podemos responder con el propio nombre y logo de hAItta. hAItta es el pasado del verbo japonés hairu (入る), que significa entrar. Al fundar la empresa lo que queríamos transmitir es que la IA ya ha entrado en nuestras vidas y nada iba a volver a ser lo mismo.

El logo de la empresa es el kanji japonés de hito (人), persona, al que le añadimos un trazo central y otro superior que forman una A y una I. La idea es transmitir que del ser humano surge la IA porque es un producto nuestro. La IA, como dice nuestra misión, está al servicio de la sabiduría humana, no viene a sustituirla. No viene a sustituir al trader o al analista, viene a servir de ayuda. La combinación de la inteligencia artificial y la inteligencia humana es lo que genera, como lo llamamos nosotros, centauros. Ambos juntos somos imbatibles.

HM: A mí me gusta mucho una frase de Domingo que decía “Esa idea de que las máquinas un día se revelarán contra los seres humanos tiene muy poco de ciencia y mucho de ficción”.

En todo avance de la historia vienen los miedos. En 1900 con la aparición del coche se decía “el cuerpo humano no puede ir a 100 km/h porque se desintegra”, bueno, se ha visto que no pasa eso. Pensar que las máquinas nos van a superar es, desde nuestro punto de vista, una falacia. Pensar que se pueden desarrollar máquinas que puedan superar al cerebro humano cuando todavía solo comprendemos un 10-15% de este es un poco, yo diría, que irónico. Y en materia de empleo, con la IA, como con todos los avances tecnológicos, desaparecen unos empleos, pero se crean otros.

Respecto a la influencia en la democracia, está claro que, por un lado, las grandes tecnológicas cada vez tienen más poder, y por otro la tecnología cada vez tiene más presencia y los datos son cada vez son más importantes, se ha visto con el tema del Brexit o de Trump. Eso es una realidad, y el hecho de que haya mal uso o aprovechamiento de la información y la tecnología está ahí y seguro que va a existir. Pero lo que estamos viendo es un cambio de estructura social, política y económica que no lo provoca la IA, sino que esta es solo una herramienta.

THE ASIAN DOOR: La revolución tecnológica, la IA y China: Trío de ases. Águeda Parra

Entre los países que más están apostando por impulsar el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) destaca la ambición mostrada por China, con el objetivo de convertirse en líder mundial en 2030. Aunque el liderazgo tecnológico, en general, y la IA, en particular, siguen siendo parte del dominio que Estados Unidos ha mostrado en las últimas décadas, el nivel de compromiso del gobierno chino por alcanzar este objetivo supera con creces al de otras grandes potencias. Asimismo, el ritmo con el que China está reduciendo su distancia en IA respecto a Estados Unidos está resultando determinante para comprobar la determinación del gigante asiático por convertirse en referente mundial en 2030.

La famosa frase del presidente ruso, Vladimir Putin, que pronostica que aquel país que se convierta en líder en IA será el que domine el mundo, demuestra lo determinante que van a ser los futuros desarrollos. Partiendo de ese valor diferencial con el que se espera que la IA cambie la economía y la sociedad del futuro, China ha diseñado una estrategia de aplicación en tres grandes pilares, a diferencia de otros países que solamente han definido una única directiva. En primer lugar, China ha diseñado el Plan de Desarrollo de Inteligencia Artificial de Nueva Generación que, a su vez, forma parte de una política de más amplio alcance como es la iniciativa Made in China 2025 (MIC2025), además de incorporar la inversión en IA como parte de los objetivos identificados en el 13 Plan Quinquenal. Asimismo, China ha estructurado el horizonte de 2030 en tres fases para conseguir convertirse en líder mundial en IA. El primer hito se cumplirá en 2020, cuando el gigante asiático alcance el mismo nivel tecnológico y de aplicación de la IA que el resto del mundo. El objetivo para 2025 es no sólo competir, sino liderar la industria global de IA gracias a producir investigación puntera que le permita convertirse en 2030 en líder mundial.

Para alcanzar estos objetivos, China necesita primero desarrollar una fuerza laboral de talento en IA. La base de más de 18.000 especialistas en 2017 le permite al gigante asiático posicionarse como segundo del mundo en generador de talento en IA, solamente por detrás de Estados Unidos que cuenta con más de 28.000 especialistas. En esta clasificación, España ocupa un noveno lugar, por detrás de India, Alemania, Reino Unido, Francia, Irán y Brasil, completando el Top10 Italia. Entre los objetivos, también figura acelerar las capacidades de generar investigación en IA, no solamente en cantidad, sino también de calidad.

La principal ventaja competitiva de China respecto al resto de rivales en IA es su ecosistema digital. La revolución tecnológica le favorece, al desarrollarse a mayor velocidad que en otros países, principalmente por el impulso del gobierno chino para que así sea. La denominada como cuarta revolución tecnológica es un compendio de varias tendencias que incluye el despliegue de las redes de nueva generación 5G, el cloud computing, el creciente impacto de la Internet de las Cosas y el ascenso de la robótica en los procesos productivos, además de la IA como una tendencia que se beneficia del desarrollo de todas las anteriores para ampliar su potencialidad.

Se considera como IA todas aquellas actividades que antes solamente eran posibles gracias a la intervención humana y que ahora la tecnología permite con capacidad de respuesta casi inmediata después de analizar información del entorno e incorporar determinadas reglas. Entre los usos más comunes de aplicación de la IA figuran los sistemas de machine learning, que, con las nuevas capacidades disponibles, aumenta el potencial para resolver cuestiones más complejas. Otra aplicación está en el deep learning que, considerada una forma de machine learning, permitirá avances en el sector de los coches autónomos, además de mejorar la optimización de las redes logísticas y los procesos de mantenimiento. En el ámbito de la visión artificial o por ordenador, los avances permitirán aumentar la capacidad de detectar tumores en escáneres médicos. Por su parte, en el reconocimiento de voz y en el procesamiento del lenguaje natural (PLN) las mejoras vendrán de crear nuevos sistemas capaces de entender el lenguaje hablado y escrito. Por último, entre las grandes aplicaciones de la IA figura también la robótica, abarcando desde la utilización de drones a brazos robóticos en las fábricas que actuarán sin control humano gracias a las nuevas tecnologías.

Contar con un ecosistema digital no es la única ventaja competitiva que tiene China. A diferencia de otras grandes economías, en el gigante asiático es la inversión privada procedente de los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) la que está impulsando la carrera por el liderazgo en IA, más allá de la apuesta del gobierno chino.

THE ASIAN DOOR: España, Europa, China y el 5G. Águeda Parra

Si la Revolución Industrial fue el fenómeno que produjo un rápido cambio de las estructuras económicas de los países europeos aumentando su capacidad productiva, la Revolución Tecnológica propiciará un salto cuantitativo y cualitativo similar tres siglos después. La transformación en este caso procederá de que las variables económicas que generen crecimiento económico serán producto del desarrollo de las nuevas tecnologías en los procesos productivos, gracias a la capacidad del 5G de transferir grandes volúmenes de datos.

Pasaremos a una segunda globalización, muy distinta de la primera que protagonizó la Ruta de la Seda, donde China volverá a tener un papel clave gracias a la determinación del gigante asiático por generar nuevos ecosistemas que propicien la siguiente revolución, en este caso tecnológica. Todo ello gracias a que China ha protagonizado un “Gran Salto Adelante” en I+D en las últimas dos décadas, superando el gasto de la Unión Europea en 2013, y alcanzando un 2,18% del PIB en 2018, hasta los 291.580 millones de dólares, y con previsión de terminar 2019 con un gasto del 2,5%, según fuentes oficiales. Con esta determinación por la innovación, China reduce distancias con el 2,78% del PIB que dedica a I+D Estados Unidos, aunque todavía lejos del 4,5% del PIB que destinan países como Israel y Corea del Sur.

Los avances en las nuevas tecnologías y la adopción que hagan de ellos las sociedades del futuro serán el principal motor que impulse el desarrollo económico mundial. Abanderando este proceso de transformación está la tecnología 5G, motor de los cambios económicos y sociales que se van a producir en las próximas décadas cuando cada sector comience a desarrollar aplicaciones propias en un nuevo modelo productivo que hoy todavía es difícil de imaginar. Si la irrupción del smartphone tuvo el efecto de impulsar nuevos modelos de negocios aprovechando las prestaciones del 4G, la disrupción tecnológica que generará el 5G provocará una transformación socioeconómica mayor en los modos y usos de utilizar la tecnología. Todo ello gracias a disponer de una red que debe cumplir unos altos niveles de estabilidad y ser capaz de mantener el rendimiento que requiere una industria 4.0 basada en robots.

Las redes 4G comenzaron a estar disponibles en 2013 y casi una década después se dará paso al despliegue comercial del 5G de forma masiva. En la nueva generación tecnológica, la participación de China en cuestión de estándares se ampliará considerablemente respecto a anteriores generaciones, principalmente gracias a Huawei, que ampliará su liderazgo tecnológico respecto a sus competidores europeos y norteamericanos, con sustanciales aportaciones en el campo de la IoT. El paso de una red operada por componentes hardware a una gestionada por software facilitará la creación de un nuevo escenario donde consiga despegar toda la potencialidad de la IoT. Habrá un mayor número de dispositivos conectados a la red, llegándose a alcanzar el millón de dispositivos conectados en un kilómetro cuadrado, cien veces más de la capacidad que proporciona el 4G.

En nuestro ámbito, será la Comisión Europea la que establezca un marco común para todos los países miembros en cuestión de ciberseguridad. Para ello, ha contado con la aportación y análisis de los diferentes gobiernos, que han aglutinado también la posición de las operadoras. Por parte del Gobierno español, la recomendación está en línea con apostar por la “diversificación de suministradores” y abogar por la “redundancia de equipos críticos”, según el estudio en el que han participado las operadoras, coordinadas por la Dirección General de Telecomunicaciones y Tecnología de la Información, y en el que la visión gubernamental la ha aportado la Dirección General de Seguridad Nacional.

Mientras tanto, Europa prosigue lentamente con el despliegue de red 5G. Italia y Reino Unido son los otros dos mercados con despliegues en Europa con red Vodafone, a los que hay que sumar los despliegues comerciales de las operadoras EE (Everything Everywhere), también en Reino Unido, Swiscom y Sunrise en Suiza, Elisa en Finlandia, y Monaco Telecom en Mónaco, todos ellos utilizando servicios 5G bajo la modalidad NSA, la única disponible en todo el mundo por el momento. En otras partes de Europa, el despliegue 5G no está tan avanzado, ya que en Alemania acaban de terminar la subasta de frecuencias, por un valor de licitación de 6.550 millones de euros, mientras en Francia no lo harán hasta finales de año. Un retraso que no beneficia al conjunto de la Unión Europea si el propósito es liderar las nuevas capacidades que proporciona el 5G.

THE ASIAN DOOR: La carrera por el liderazgo de Huawei por el 5G. Águeda Parra

Si con el 4G se ha experimentado la aparición de nuevos modelos de negocio disruptivos como la economía colaborativa y las compras online, la nueva generación 5G tiene la ventaja de partir de un entorno de mercado más dinámico que va a favorecer que despeguen otro tipo de industrias hasta el momento no contempladas por falta de capacidades técnicas que lo soportaran. Por eso China está impulsando que sus principales operadoras (China Mobile, China Unicom y China Telecom) se centren principalmente en desplegar una red completamente 5G (Stand Alone), para comenzar a beneficiarse cuanto antes de las ventajas que aportan una mayor velocidad y un menor tiempo de latencia en la implementación de nuevas aplicaciones y servicios.

Las acusaciones vertidas por Estados Unidos sobre vulnerabilidades en el equipamiento de Huawei, que podría conectar con puertas trasera que dieran acceso al espionaje por parte del gobierno chino, han dado lugar a diferentes actuaciones. No todos los países aliados de Estados Unidos comparten el veto a Huawei ante el riesgo de quedarse relegados a la hora de incorporar las capacidades tecnológicas del 5G que harán a los países más competitivos. Una situación que ha provocado que la administración Trump endurezca aún más el veto contra Huawei a través de la firma de la National Defense Authorization Act de 2019 en una lista negra (Entity List) que supone que las empresas norteamericanas tienen prohibido vender componentes al fabricante chino.

El impacto del bloqueo estadounidense estaría afectando de forma importante al negocio de venta de terminales móviles de Huawei, registrándose en junio una pérdida en Europa de hasta un 40%, en beneficio de sus competidores Apple, Samsung y Xiaomi. Una situación que contrasta con la buena progresión que había llevado a situar a Huawei en segunda posición mundial como fabricante de móviles, superando a Apple y quedándose a poca distancia de alcanzar a Samsung como líder mundial. Hasta entonces, Huawei vendía en Europa uno de cada cinco móviles, según el informe Chinese Global Brand Builders 2019.

Huawei comenzó su expansión internacional impulsada por la estrategia Go Global iniciada por el gobierno chino en 1999 con el que se buscaba crear “Campeonas globales” entre las empresas domésticas mejor preparadas. Hoy Huawei es el fabricante de servicios de telecomunicaciones que ostenta el liderazgo en tecnología 5G, y no disponer del sistema operativo Android que proporciona Google por estar incluido entre los componentes de la Entity List no iba a hacer a Huawei retirarse de la carrera. Solamente tres meses después de que la administración Trump iniciara el veto a Huawei, el fabricante chino ha lanzado al mercado su nuevo sistema operativo, denominado HarmonyOS, disponible en un tiempo mucho menor a las indicaciones del sector que apuntaban a finales de año. Es probable que las cuotas de mercado del 98% que posee Google como líder con su sistema operativo Android, y del 75% que ostenta Apple con iOS, vayan acomodando la entrada de este nuevo jugador en el mercado. Teniendo en cuenta que Huawei antes del veto de Estados Unidos era el segundo fabricante de terminales móviles del mundo con un sistema operativo ajeno, disponiendo de uno propio y con el primer terminal 5G ya disponible en el mercado, todo apunta a que la carrera por el 5G va a ser más intensa de ahora en adelante.

En esta lucha por el poder tecnológico global, el nuevo sistema operativo se va a convertir en una pieza adicional en la carrera por los estándares, donde una mejor posición en el mercado reporta un mayor volumen de ingresos en concepto de royalties. En esta primera fase de desarrollo de patentes 5G comienzan a ser cuantiosos los ingresos por este concepto, ascendiendo a 1.000 millones de dólares la solicitud de Huawei a Verizon en concepto del uso de 230 patentes fabricadas por el gigante de las telecomunicaciones chino. Una reclamación que bien podría extenderse a otros operadores norteamericanos por el uso que otros proveedores suyos hagan del equipamiento patentado por Huawei.

La rapidez de respuesta ante la situación de crisis internacional que ha provocado el conflicto entre Estados Unidos y China ha sido posible gracias al nutrido capital técnico con el que cuenta Huawei, nativos digitales que ya trabajan y conviven en un ecosistema tecnológico propicio para crear un nuevo sistema operativo propio. La ilusión por mantener al fabricante chino como líder de la nueva revolución tecnológica ha llevado a que gran parte de los futuros ingenieros prefieran desarrollar su carrera profesional en Huawei, antes de elegir otras empresas punteras como Alibaba, según una reciente encuesta. Un capital humano que está haciendo posible que China se convierta en las próximas décadas en potencia tecnológica global.

RESEÑA: Made in China 2025. Cuando el futuro de China puede ser nuestro futuro. Carla Flores

El pasado lunes 10 de junio, la Asociación de la Prensa de Madrid acogió el acto Made in China 2025. Cuando el futuro de China puede ser nuestro futuro, organizado por la publicación especializada 4Asia.

Durante la celebración del mismo, tuvo lugar la presentación del libro de Águeda Parra, China, Las rutas de poder, que aborda, desde una perspectiva tecnológica y social, la evolución de China y su posición en la geopolítica mundial actual. Durante un coloquio con Georgina Higueras, la autora hizo especial hincapié en la importancia que va a tener el desarrollo tecnológico para el futuro de los países en el plano internacional, donde Estados Unidos y China pugnan por el liderato y Europa corre el peligro de quedarse rezagada.

La autora consideró que es importante comprender, en este sentido, la rápida adopción tecnológica que ha experimentado China, donde las familias han pasado de no tener teléfono fijo a tener un smartphone. Esta asimilación acelerada ha hecho que, por ejemplo, los pagos con el móvil sean ya algo natural y cotidiano. China ha pasado de ser el “país de las copias” a desarrollar más de 1.500 patentes relacionadas con el desarrollo del 5G (EEUU ha desarrollado unas 700).

Asimismo, identificó la financiación y el apoyo al talento y a la innovación como puntos fundamentales de la estrategia del gigante asiático, que fomenta los estudios internacionales de sus estudiantes, crea un nuevo Sillicon Valley en Shenzhen y atrae de vuelta a los sea turtles (término metafórico que hace referencia a los chinos que han vuelto a China después de estudiar y trabajar en el extranjero). Además, La Franja y La Ruta, como la gran iniciativa del gobierno chino para la conectividad global, no faltó en la intervención de la autora.

Águeda Parra definió la demografía como el talón de Aquiles chino. Por ejemplo, se prevé que, en el año 2020, haya más chinos mayores de 65 años que menores de 14. Todo un reto al que tendrá que enfrentarse el país en un futuro ciertamente próximo.

Seguidamente, dio comienzo una mesa redonda, con los expertos Miguel Ors, Águeda Parra, José Pardo Santayana y Miguel Solana, que versó sobre el horizonte económico, militar, político y tecnológico de China.

Miguel Ors reflexionó sobre cómo el comercio internacional constituye un modelo que genera perdedores, y, por tanto, detractores, y sobre cómo las guerras comerciales no se ganan ni se pierden; sólo desembocan en un encarecimiento de los productos. Águeda Parra puntualizó sobre cómo China busca ser independiente de la tecnología americana, debido principalmente a la guerra comercial, que está empezando afectar a las cadenas de valor. José Pardo Santayana incidió en la relevancia que ha cobrado el aspecto militar en China desde la llegada de Xi Jinping. Por último, Miguel Solana expresó que, en su opinión, los acuerdos unilaterales no sirven y que, en su lugar, se debería abogar por acuerdos ratificados en bloque por el conjunto de la Unión Europea.

La clausura del acto corrió a cargo de Julio Trujillo, director de 4Asia.

Un debate oportuno

4Asia organizó esta semana un nuevo encuentro de debate sobre un asunto de actualidad que, en este caso, no podía ser otro que  el clima de guerra comercial entre Estados Unidos y China y la incertidumbre que esto crea en la economía mundial; la importancia de los avances tecnológicos de China como trasfondo de esta crisis y cuánto tiene de amenaza para el concepto occidental de libertad individual (que los ciudadanos chinos no disfrutan); las ventajas competitivas que supone para China poder acumular capital sin controles parlamentarios, sin seguridad jurídica y sin  sometimiento del Gobierno a mecanismos democráticos, y la importancia del reforzamiento militar chino al calor de esos avances tecnológicos.

Al margen de los argumentos de los ponentes, que publicamos, dos cuestiones esenciales recorrieron la jornada, tanto desde la mesa como desde las preguntas de los asistentes. La primera de ellas es hasta dónde debe llevar el compromiso desde las sociedades occidentales con las libertades en sus negociaciones con países autoritarios que, a la vez, pueden inyectar negocios y capitales en esas sociedades para mantener estándares de bienestar. La segunda es qué valor tienen en realidad los valores democráticos cuando una sociedad dictatorial consigue avances sociales a costa de la restricción de estos derechos.

Sorprende, respecto a esta última cuestión, cómo el viejo marxismo, que justificaba sus crímenes con la supuesta justicia social (libertad, ¿para qué?, se preguntaba Lenin) sigue seduciendo a personas formadas que precisamente desde la comodidad de las libertades occidentales, relativizan el sistema y justifican dictaduras llegando a compararlas con Estados Unidos, esta vez con la excusa del atrabiliario Donald Trump.

Y, en relación con la primera cuestión, el papel de la Unión Europea. La UE aparece como espectador privilegiado, pero a distancia, en este conflicto y no parece tener una estrategia ni política, ni económica ni tecnológica en la crisis, Es más, aparece dividida sobre qué opción prefiere, con qué aliados y hasta qué punto implicarse. La gravedad de esta duda no debe pasar desapercibida porque, además de negocios, nuestras sociedades se juegan un estilo de vida, un concepto de libertad y unos estándares de bienestar que están en revisión. Que no es poco.