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THE ASIAN DOOR: El pivot to China de Oriente Medio. Águeda Parra

Los escenarios sobre los que ha venido actuando la rivalidad entre Estados Unidos y China en el tablero geopolítico global se han ido moviendo en los últimos meses, cambiando de geografía y de temática, a la vez que han ido aflorando las distintas sensibilidades de los países en su relación con las estrategias de política exterior de Washington y Pekín. Acaba el año, y la visita de Xi Jinping a Arabia Saudita marca la diferencia entre la espléndida bienvenida ofrecida al presidente chino y la menos cálida recepción a Joe Biden. El petróleo es la principal base de sus relaciones, pero las bazas geopolíticas de Washington y Pekín parecen inclinarse a favor del gigante asiático.

Tras una tensión mantenida durante meses en las aguas del Mar del Sur de China en cuanto a la cuestión de Taiwán, el vórtice geopolítico pasaba después al Pacífico donde, tras el acuerdo de seguridad firmado entre China y las islas Salomón, Washington ponía de nuevo el foco en la región tras tres décadas de ausencia estadounidense, firmando un acuerdo de carácter económico con las islas del Pacífico que le permitía a Washington fortalecer su posicionamiento en la región. Tras Taiwán y el Pacífico, Oriente Medio está haciendo aflorar un nuevo entorno de rivalidad geopolítica entre Washington y Pekín que irá tomando un protagonismo aún mayor en los próximos años.

Tras conseguir Pekín mantener el equilibrio geopolítico entre países que son rivales en la región sin posicionarse sobre cuestiones que podrían hacer aflorar susceptibilidades varias, la visita de Xi Jinping a Oriente Medio ha mostrado un espacio de diálogo con China mucho más abierto y de cooperación que el que mantienen con Washington. De hecho, ninguno de los países de la región quiere ser parte de un juego de suma cero que les obligue a posicionarse entre las grandes potencias, pero los acuerdos de cooperación cerrados entre China y Arabia Saudita, la buena sintonía mantenida en la Cumbre China-Estados Árabes y en la conferencia con el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCG) acerca más el mundo árabe hacia Oriente que hacia Occidente.

Considerado por Xi Jinping como ”viaje pionero” para “abrir una nueva era en las relaciones de China con el mundo árabe, los países árabes del Golfo y Arabia Saudita”, la visita ha permitido a Pekín cerrar hasta 34 acuerdos de inversión. Aunque el petróleo es la base más importante de sus relaciones, Arabia Saudita es el principal proveedor de petróleo de China, la diversificación económica ha marcado el tono de la visita, ampliando la colaboración a un marco más variado de sectores que incluyen proyectos en energía verde, tecnología de la información, servicios de cloud, transporte y construcción, por un valor que asciende a unos 30.000 millones de dólares.

En el despliegue de la nueva Ruta de la Seda, Arabia Saudita ha sido la gran protagonista de las inversiones chinas durante el primer semestre del 2022, principalmente en proyectos de renovables. Una cooperación que ahora también se extenderá al entorno digital con el acuerdo firmado con Huawei para desarrollar la red 5G, los servicios cloud y la construcción de complejos de alta tecnología en las ciudades del país, expandiendo así la nueva Ruta de la Seda en su dimensión digital, incluyendo el impulso del yuan en las transacciones comerciales.

El fortalecimiento de las relaciones entre Pekín y Riad se produce ante una importante dinámica de cambio geopolítica, con los mercados energéticos bajo una continua incertidumbre ante el tope a la venta de petróleo ruso impuesto por la Unión Europea y un debilitamiento del posicionamiento de Washington en la región que deja espacio para una mayor expansión de influencia diplomática por parte de Pekín. Sin embargo, el espacio cedido por Washington como garante de seguridad en la región no parece figurar entre las prioridades de política exterior de China.

En definitiva, la preocupación de Washington por el pivot hacia China de los países árabes hace que parte del foco de interés del tablero geopolítico regrese de nuevo a Oriente Medio, distrayendo a Estados Unidos del Pacífico, su verdadero objetivo estratégico de la década. No obstante, el fortalecimiento de las relaciones entre China y los países árabes podría atravesar su punto de inflexión si las rivalidades regionales y el desarrollo del programa nuclear de Irán conllevara que Pekín tuviera que posicionarse como mediador en la región.

 

THE ASIAN DOOR: Islas Salomón, el vórtice para China en el Pacífico. Águeda Parra

Desde que las islas Salomón cambiaran su alianza diplomática de Taiwán por China por una amplia mayoría en una votación del Parlamento del país insular en 2019, el acercamiento a Pekín ha ido creciendo, no solamente en el número de acuerdos alcanzados, sino en la trascendencia geopolítica que supone una mayor vinculación con China. Su posición en el Pacífico, y la cercanía a otros enclaves de soberanía estadounidense, comienza a generar una inestabilidad en el equilibrio de poder de la región, sobre todo si otros países del entorno siguieran los pasos de las islas Salomón de un mayor acercamiento a Pekín.

En el cambio de reconocimiento diplomático, las islas Salomón consideraron que la política y la economía de Taiwán eran “totalmente inútiles” para los objetivos de desarrollo del país, mientras el giro hacia China estuvo considerado como de un “beneficio” mayor. Además de los objetivos de desarrollo económico, la celebración de los Juegos del Pacífico, que se celebrarán entre noviembre y diciembre de 2023 y que reunirán a los países y territorios de Oceanía, además de Australia y Nueva Zelanda, figuraba en el horizonte de los desafíos que debe acometer el país en cuestión de infraestructuras físicas y digitales para abordar una celebración de ese calibre.

Aparte de las donaciones recibidas por algunos de los países asistentes al evento, como la realizada por Australia, el grueso de la construcción de las infraestructuras deportivas será financiado y construido gracias al acuerdo de 100 millones de dólares suscrito con China con el que se cubrirá hasta el 80% de las instalaciones necesarias para acoger los Juegos del Pacífico de 2023. Un acuerdo alcanzado en 2020 que ya en su momento comenzaba a marcar el curso de un mayor acercamiento entre Honiara y Pekín en los años posteriores.

Tras el fortalecimiento de las relaciones económicas, la geopolítica ha entrado en juego, marcando el actual ritmo de las relaciones bilaterales. El acuerdo de seguridad firmado a principios de año entre las islas Salomón y China situaba al país insular como nuevo eje de la geopolítica en el Pacífico, a la vez que servía de reflejo de la paulatina pérdida de influencia de Estados Unidos en la zona durante la última década. En este juego de equilibrios geoestratégico, China conseguía sumar un aliado en el Pacífico después de anunciarse la alianza trilateral AUKUS entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia unos meses antes. Y, aunque todavía no se conoce el detalle del acuerdo de seguridad firmado por las islas Salomón, todo apunta a que los efectos sobre el orden geoestratégico reinante en el Pacífico comienzan a tomar forma.

La decisión de las islas Salomón de prohibir temporalmente el acceso de cualquier barco militar a sus puertos hasta que se establezca un nuevo procedimiento podría ser otro paso más en el cambio de escenario geopolítico en la región. En las últimas semanas, las autoridades de la isla insular prohibían el acceso a dos barcos estadounidenses que forman parte de la campaña lanzada por Washington el pasado mes de julio para luchar contra la pesca ilegal en el Pacífico. De esta forma, Estados Unidos busca reiterar su compromiso con la región como parte de la redefinición de su estrategia Pivot to Asia mientras persigue contrarrestar la influencia de China.

Pero no solamente se han producido avances en lo económico y en lo relativo a cuestiones de seguridad. Después de la exclusión de Huawei para la construcción de la nueva red 5G en muchos países, el acuerdo firmado entre las islas Salomón con la empresa china para acometer el despliegue de la infraestructura de la red de nueva generación vuelve a poner la tecnología en el debate geopolítico. Las 161 torres móviles que construirá y desplegará Huawei cuentan con la financiación de un crédito de 66 millones de dólares ofrecido por Exim Bank a bajo interés. Huawei consigue así incorporarse finalmente como proveedor de telecomunicaciones en la isla después de que el gobierno australiano consiguiera que la isla reemplazara el contrato otorgado a la empresa china a cambio de una financiación conjunta para la construcción de una red de cable submarino en 2018, cuando todavía no se había realizado el cambio de reconocimiento diplomático.

La cercanía de las islas Salomón con las islas Marianas y Guam, que constituyen la considerada como segunda cadena de islas que condicionan la salida de China al Pacífico, preocupa a Washington por el valor estratégico de los avances geopolíticos que está consiguiendo el gigante asiático en la región. De la decisión que tome Honiara tras la moratoria de atraque en sus puertos dependerá el papel que jueguen las islas Salomón en el eje del Pacífico y cómo se reconfigure la balanza geoestratégica en la región.

THE ASIAN DOOR: Capital riesgo y manufactura avanzada, la apuesta de China para seguir creciendo. Águeda Parra

Bajo una coyuntura volátil, difícil e incierta, según ha declarado el primer ministro chino, Li Keqiang, China ha presentado una previsión de crecimiento económico del 5,5% para 2022 durante la celebración de la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular. Bastante más bajo que el crecimiento del 8,1% registrado en 2021, se trata de la estimación más baja en tres décadas, aunque más optimista que la realizada por otros organismos internacionales que pronostican un escenario más pesimista, desde el 4,8% estimado por el Fondo Monetario Internacional hasta el 5,1% de la OCDE o el 5,3% del Banco Asiático de Desarrollo.

El calendario obliga y, a pesar de la coyuntura internacional desfavorable, con una previsión de disrupción prolongada del comercio y la inversión, la celebración del 20º Congreso del Partido en otoño se presenta como el evento donde mostrar los avances alcanzados por el gigante asiático en un momento que podría suponer el nombramiento de Xi Jinping para un tercer mandato. Los objetivos definidos en el 14º Plan Quinquenal (2021-2025) también obligan, ya que este año sería el segundo de un plan que tiene como objetivo convertir a China en una nación de ingresos altos para 2025 y avanzar hacia una sociedad moderadamente desarrollada para 2035, lo que supone duplicar la renta per cápita actual hasta los 20.000 dólares.

En un escenario geopolítico tan complejo como el actual, conseguir estos objetivos está estrechamente ligado a que China mantenga un crecimiento medio anual del PIB de al menos el 5% entre 2021 y 2025 si quiere alcanzar la categoría de economía de ingresos altos. A pesar de las incertidumbres que presenta la actual situación internacional, las ambiciones tecnológicas de China marcan las grandes líneas de actuación para un año en el que el gigante asiático seguirá apostando por expandir las infraestructuras 5G, establecer un sistema nacional de centros de datos, mantener una regulación estricta sobre los grandes titanes tecnológicos y fomentar el e-commerce rural. El plan también contempla aumentar la producción de energía renovable, impulsar el sector de los coches eléctricos, además seguir apostando por la autosuficiencia en semiconductores considerado como pilar estratégico en el desarrollo económico.

Para alcanzar estos objetivos, China ha incorporado varias novedades a su plan de crecimiento que busca, por una parte, conseguir los objetivos de desarrollo económico marcados para este año, además de hacer crecer una economía digital que ya se sitúa en el 39% del PIB en 2020, respecto del 27% que representaba en 2015.

Entre las novedades presentadas durante la celebración del evento político conocido como las Dos Sesiones figura la apuesta por fomentar el desarrollo de startups dedicadas a la manufactura avanzada que incorporen procesos innovadores, pasando a denominarse como “pequeños titanes” para diferenciarse de los grandes titanes tecnológicos. La manufactura es uno de los sectores clave de China, representando el 27,4% del PIB en 2021, de ahí que la incorporación del 5G a los procesos industriales y el fomento del uso de la inteligencia artificial resulte crucial para reforzar la autosuficiencia de las cadenas de suministro de manufactura.

El plan de incubación de “pequeños titanes” de manufactura especializados en robótica, automatización, software industrial y herramientas avanzadas de manufactura contará además con una financiación de 1.580 millones de dólares durante 2022. El objetivo es seguir fomentando la innovación en los sectores clave identificados en el plan Made in China 2025, con especial interés en áreas como equipamiento aeroespacial, nuevos materiales, biomedicina, equipamiento médico avanzado y equipamiento ferroviario y marítimo avanzado.

Entre las novedades también figura la apuesta de China por fomentar el desarrollo del capital riesgo como forma de impulsar la financiación de los pequeños titanes. A pesar de la prolongada presión regulatoria del gobierno sobre las tecnológicas durante todo el año 2021, la inversión en capital riesgo creció casi un 50% hasta alcanzar un nuevo récord de 130.600 millones de dólares en 2021, según Preqin.

En definitiva, apuestas que persiguen poner un mayor énfasis en la digitalización de la industria manufacturera y el fomento del desarrollo de startups nacionales especializadas en alta tecnología que aseguren los objetivos identificados por China para 2025 y que garanticen la visión planificada por China para 2035.

 

Dudas españolas sobre China, dudas aliadas sobre España

El posicionamiento de España sobre la llegada y desarrollo de tecnología e inversiones chinas es notoriamente ambiguo. Frente a las drásticas decisiones de Gran Bretaña, Alemania y Francia de frenar y poner bajo vigilancia la tecnología china y alertar sobre la influencia que se genera, en los niveles políticos y económicos, en torno a las inversiones chinas, España se ha puesto de perfil.

Nada permite suponer que esta indecisión está relacionada con la existencia en Bruselas de una oficina de defensa de intereses chinos y más concretamente de Huawei, dirigida por quien fue ministro de Fomento con el presidente Rodríguez Zapatero, José Blanco.

La compañía de telecomunicaciones china, que cuenta en España con uno de los mercados del mundo en el que mejor acogida recibe, sufre desde hace años una fuerte presión de la administración estadounidense y también de otras potencias occidentales, acusada de espionaje y prácticas anticompetitivas. La consultora de José Blanco, creada en 2019, viene trabajando para el gigante chino en España desde prácticamente su fundación, pero la colaboración se ha ido ampliado hasta el punto de requerir presencia física en la capital europea.

Esta indefinición española, por otra parte, alejada del recibimiento de brazos abiertos que reciben los fondos y la tecnología china en la Europa ex comunista y especialmente en Hungría, está provocando algunos roces y aumentando los recelos de la Administración de Estados Unidos con el gobierno de Pedro Sánchez, lo que explica algunos desencuentros recientes. Aunque hay que señalar que en los asuntos estratégicos la relación sigue siendo sólida.

La gran baza china, a pesar de sus debilidades internas sigue siendo la vulnerabilidad económica e institucional por la que pasan países europeos. La llegada de capital chino resuelve la crisis de inversiones procedentes de otras latitudes preocupadas por la incertidumbre y la inestabilidad normativa. Y esta baza es un arma en manos de Pekín convertida en elemento de presión si se llegan a grandes enfrentamientos en cualquier parte del mundo. (Foto: Flickr, Kârlis Dâmbrans)

THE ASIAN DOOR: Asia se reivindica como polo estratégico. Águeda Parra


Unos años antes de que se acabara la última década comenzó a extenderse una nueva narrativa sobre Asia. La fortaleza de sus economías hacía vislumbrar un movimiento por el que se trasladaría cada vez con mayor inercia el epicentro del desarrollo económico de Occidente a Oriente, modelando el futuro de Asia como el impulsor del desarrollo global y haciendo del siglo XXI el siglo de Asia. Apenas acaba de empezar la nueva década y el escenario que se plantea deja todas las opciones abiertas.

La consolidación de las economías asiáticas como actores relevantes en las cadenas de valor globales y en los flujos de innovación ha generado un crecimiento de la región que excede su propio entorno hasta convertirlo en un polo estratégico en el desarrollo económico mundial. Los retos del futuro de Asia están estrechamente ligados con el hecho de convertirse en elementos dinamizadores del crecimiento mundial, con amplio protagonismo en la generación de equilibrios geopolíticos donde la geopolítica de la tecnología tendrá un valor diferencial.

Asia como polo estratégico supondría una vuelta a los orígenes, ya que no sería la primera vez que la región lleva las riendas de la economía mundial. El historiador Angus Maddison, especialista en historia macroeconómica cuantitativa, llegó a estimar que Asia representó durante 18 de los últimos 20 siglos más de la mitad de la producción económica mundial. Concentrando más del 60% de la población mundial, que ha generado rápidos ritmos de urbanización, la región ha consolidado una creciente clase media cualificada que demanda un entorno tecnológicamente avanzado. El resultado de este crecimiento ha generado que la región haya protagonizado el paso del estatus de ingresos bajos a medios en una misma generación, y más de 3.000 millones de personas en Asia podrían disfrutar de estándares de vida similares a los de Europa en 2050, según el Banco Asiático de Desarrollo. Aviso a navegantes.

Las diferentes particularidades de las economías asiáticas generan perspectivas de crecimiento desiguales, que se verán acrecentadas con la evolución de la crisis sanitaria. China, como motor de crecimiento económico y de desarrollo tecnológico de la región, lidera los crecimientos previstos para el presente año, al que se suman otras economías como Corea del Sur, Japón, Taiwán y Vietnam cuyas positivas estimaciones de crecimiento hacen pronosticar a los expertos el buen rendimiento de la región.

La reciente firma de la Asociación Económica Integral Regional (conocida en inglés como RCEP, Regional Comprehensive Economic Partnership) ha otorgado a la región la categoría de bloque comercial cohesionado en magnitud simular a los flujos que se generan en Europa y Norteamérica. Un escenario que resulta atractivo para atraer un volumen de inversión mayor que en otras regiones y que favorece las previsiones que ya existían antes de la aparición de la pandemia de que Asia generará más del 50% del PIB mundial y cerca del 40% del consumo global en 2040, según McKinsey.

La revolución tecnológica corre a favor de la región. Japón fue el primero en posicionarse como potencia industrial, a la que siguieron los cuatro dragones asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur), protagonistas del crecimiento económico y la industrialización de la región a principios de siglo, sumándose China como máximo exponente del creciente protagonismo de la región en materia comercial y económica, pero también geopolítica y tecnológica.

La red 5G es ubicua en Corea del Sur desde hace más de un año y se acelera su despliegue en China, que lidera la revolución tecnológica con la apuesta de entornos blockchain aplicados a las FinTech, el livestreaming como dinamizador del e-commerce, la inteligencia artificial y el machine learning aplicado a la robótica, y la apuesta por la revolución verde en la creación de una nueva generación de coches eléctricos que pretenden situar al gigante asiático como hub de la producción y la distribución en Asia como uno de sus mercados preferentes. Transcurrida ya una quinta parte del siglo, el dinamismo de Asia marcará su propio futuro.

THE ASIAN DOOR: La pirámide (invertida) de la digitalización financiera. Águeda Parra.

Apenas dos décadas separan el nacimiento de Internet del mundo digital en el que nos movemos actualmente. En este tiempo, el despliegue de las tecnologías ha ido definiendo la evolución de los servicios disponibles. Sin embargo, una pandemia y nuevas necesidades tecnológicas están imprimiendo un ritmo de digitalización más dinámico, imponiendo una aceleración en la transición hacia el siguiente nivel tecnológico, a diferencia de cómo había sido hasta el momento.

Algunos estudios muestran que han bastado dos meses de pandemia para acelerar la digitalización mundial cinco años, un efecto al que el sector financiero no ha sido ajeno. La situación de crisis sanitaria ha impulsado de forma significativa las previsiones de crecimiento del mercado e-commerce a nivel global, a la vez que se ha acelerado la transición entre los pagos físicos a los móviles. De hecho, el efecto del COVID-19 ha generado un incremento en los niveles de transacciones de pagos digitales similar al que estaba previsto alcanzar en un intervalo de dos a cinco años vista. Y es precisamente esta aceleración de las tendencias digitales en el entorno FinTech lo que va a provocar la disrupción en el sector. Aquellos que sepan adaptarse a las nuevas necesidades digitales verán impulsada su actividad, mientras que la selección natural darwiniana dejará atrás a los que se vean superados por los ritmos de digitalización que ha impuesto la pandemia.

Una nueva era. Así es como ya ven los mercados de capitales la rápida irrupción de las empresas FinTech en el mercado financiero. Si los avances tecnológicos han promovido el despliegue de nuevas generaciones de telefonía móvil, los servicios implementados han ido evolucionando igualmente al ritmo (o incluso a mayor velocidad) al que lo ha hecho la tecnología. El valor de los bancos convencionales parece estar en caída libre. Si en una década han pasado de representar el 95% al 81% del valor del mercado total de la industria bancaria y de pagos, solamente en el último año han caído al 72%. Espacio que han ido ocupando las empresas FinTech que ya representan un 11%. Entre ellas destacan la china Ant Group y la estadounidense PayPal, cuyo valor de mercado se ha duplicado este año hasta los 900.000 millones de dólares. El mercado lo completan las empresas convencionales de pagos no bancarios como Visa, que también ha experimentado un importante crecimiento, representando el 17% del mercado restante, según The Economist.

La rápida proliferación de iniciativas en distintos sectores que compiten por convertirse en la plataforma que aglutine los servicios de pagos, los seguros y las actividades de inversión financiera muestran la dinámica del mercado en la que players ajenos a la industria pasan a suponer una parte importante del mercado bancario y de pagos que cubre todas las necesidades financieras de los usuarios digitales. Una tendencia que ya comienza a estar ampliamente desarrollada en China donde Alibaba y Tencent, los grandes titanes tecnológicos, llevan años avanzando en este tipo de integración, beneficiándose de la incorporación de las capacidades de la IA, el cloud computing y el big data para conocer al instante el perfil crediticio de los consumidores y poder así adaptar la prestación de estos servicios a la demanda.

Si la pandemia ha sido disruptiva en la adopción de hábitos digitales, mayor será el impacto que genere el despliegue de la quinta generación de telefonía móvil. Promotor de grandes avances en la digitalización de varias industrias, es muy posible que se invierta la pirámide financiera por efecto del 5G. Las FinTech están destinadas a adquirir un mayor protagonismo entre los consumidores ávidos por incorporar las nuevas tecnologías a este ámbito, aunque los bancos tradicionales seguirán siendo necesarios para mantener el funcionamiento de la industria financiera.

“El 5G es una baza poder apagar sectores enteros de la economía de un país” Isabel Gacho Carmona

En las relaciones entre EEUU, China y la UE “la cuestión central es el poder”, comenzaba diciendo Fidel Sendagorta en un coloquio organizado por el Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (Incipe), en el que analizó la situación. “Primero, porque estamos de nuevo en una era dominada por la política de poder, que se caracteriza por ser más desinhibido en todas sus formas, incluida la coacción económica o híbrida”. Un contexto en el que el nacionalismo es cada vez más exacerbado, donde la tensión es cada vez más difícil de manejar.

Y es en este contexto aparece el poder chino. Y esta vez -a diferencia de hace 200 años cuando siendo primera potencia económica solo estaba interesada en su vecindario inmediato- necesita al resto del mundo. Y según se expande en términos económicos y comerciales, también lo hace militarmente. “Hoy solo tienen una base en Yibuti, pero habrá más”, apuntaba el director general de Política Exterior y Seguridad. De momento ya tiene una flota con capacidad de proyección en los océanos y capacidad de influencia política en regiones en las que antes estaba poco representada.

Para  lograr su ambición de liderazgo, que pasa, por cierto, por “desoccidentalizar el orden internacional”, Pekín tendría una “estrategia conocida y otra oculta”. Por un lado, estarían las famosas iniciativas Made in China 2025 o La Franja y la Ruta, donde las estrategias quedan más o menos claras. Sin embargo, el puzle queda incompleto y, mientras Thomas Wright argumenta directamente que la estrategia china es “un misterio”, otros entienden que se puede inferir de muchas maneras. Es el caso de Michael Pillsbury, que habla de la “maratón de los 100 años” refiriéndose al objetivo de conseguir un puesto de liderazgo en el sistema mundial en 2049.

En cualquier caso, se entiende que la estrategia siempre había estado influida por ideas tradicionales basadas en la máxima de ganar las guerras sin necesidad de hacerlas. Sin embargo, ahora China habría abandonado la “prudente actitud” y se ha lanzado a una exhibición de su poder, pero ¿por qué? Sendagorta argumenta que se debería básicamente a tres razones. En primer lugar, estaría aprovechando el hueco dejado por el repliegue estadounidense, en segundo lugar, Pekín es cada vez menos dependiente económicamente del resto al haber desarrollado su consumo interno, y, por último por el auge del nacionalismo.

Tanto Washington como Bruselas tardaron en reaccionar. En un primer momento Trump enfocaba la política hacia China de una manera exclusivamente comercial, en términos de deslocalización y “pérdidas de puestos de trabajo”. En Europa han hecho falta llamadas de atención -como cuando Alemania trató de evitar a compradores chinos para la empresa puntera de robótica Kuka y descubrió que no había ningún mecanismo que lo impidiera- para priorizar en la agenda el pulso para la protección de las industrias estratégicas y para darnos cuenta de que ya no basta con pensar solo en términos económicos.

Y, es que es en la tecnología donde “se juega la base del poder de cualquier país en el futuro”. En el caso de las redes 5G, por ejemplo, además del componente económico tienen uno de defensa. Pero este componente “no solo se trata de espionaje o robo de datos, se trata de algo más”. Hay países, como Japón o Australia, que no quieren implantar las redes chinas en previsión a un posible conflicto: “controlar las redes 5G es una baza para poder apagar sectores enteros de la economía de un país”.

THE ASIAN DOOR: En telefonía móvil, el mercado español se anticipa a la tendencia mundial. Águeda Parra

Entre los usuarios de telefonía móvil, los consumidores chinos están considerados como early-adopters de la tecnología 5G. A nivel mundial, son los más predispuestos a pasar rápidamente a la siguiente generación de telefonía demandando tanto a proveedores como a fabricantes que aceleren los desarrollos de la nueva red y que tengan disponibilidad de un amplio portfolio de dispositivos que incluya ya la nueva tecnología.

La apuesta de China por continuar con su revolución tecnológica no ha cesado ni en tiempos de pandemia. El mismo día que el país declaraba el fin de la cuarentena, el gigante asiático reanudaba los planes de despliegue de la red 5G que el COVID-19 había dejado aparcados. No sucede lo mismo en el resto del mundo. Con la excepción de Corea del Sur, que dispone de cobertura completa en todo el país, las necesidades económicas que están surgiendo con motivo de la crisis sanitaria han motivado que el resto de países hayan paralizado sus planes de despliegue. España entre ellos.

A pesar de que China ha visto reducido su crecimiento económico en los últimos meses, la previsión de inversión de las grandes operadoras chinas no parece que se haya visto afectada. De esta manera, se pone de manifiesto que para el mercado chino la tecnología 4G no es suficiente y el modelo de ecosistema digital que persigue solamente se podrá consolidar con un despliegue de cobertura 5G masivo en todo el país.

Las cifras de inversión en las redes de telecomunicación de la próxima generación varían en función de la operadora. China Unicom planea incrementar en dos veces y media el gasto en despliegue de red 5G este año respecto a la inversión realizada en 2019. En el caso de China Telecom, el gasto en infraestructuras de quinta generación asciende hasta los 6.380 millones de dólares, mientras que China Mobile, la operadora más grande del país, maneja una previsión de inversión para el 5G de algo más de 14.000 millones de dólares durante 2020.

Este entorno digital trasciende al mercado de los smartphone, y los avances que se implementan en él para satisfacer a los exigentes consumidores chinos, favorece que otros mercados internacionales se beneficien de la creciente participación de los fabricantes de origen chino. Un elemento a tener en cuenta en un mercado ya de por sí altamente competitivo, donde comienza a ser visible la silenciosa transición que se está produciendo de un consumo preferente hasta el momento de dispositivos con software norteamericano y surcoreano, a la incorporación de marcas chinas asociadas a un Designed in China con alto valor añadido.

Mientras que a nivel internacional, y también europeo, las cuotas de mercado de ventas de smartphone se mantienen más o menos estables, destacando el significativo crecimiento de Apple en los últimos meses, si ponemos la lupa a nivel del mercado español, la tendencia es bien distinta. En este caso, junto con el crecimiento que está experimentando Apple a nivel mundial, también se aprecia un incremento de la cuota de mercado de Xiaomi de 8 puntos porcentuales en el último año. Si entonces el fabricante chino estaba posicionado en la cuarta posición en el mercado español, alejado de los fabricantes que más ventas generan, doce meses después el panorama ha cambiado considerablemente. Ahora, en tiempo de pandemia, Xiaomi rivaliza con Apple por ocupar la segunda posición del mercado de teléfonos móviles en España y, de mantenerse la tendencia registrada hasta el momento, en los próximos meses se convertirá en la segunda marca más importante. Aspirar a alcanzar el liderazgo del mercado español puede estar a su alcance.

Todo ello como resultado de cómo la tecnología china traspasa fronteras para implantarse en otros mercados rápidamente, trasladando el ecosistema digital que los nativos digitales chinos están implementando en el país. Por ello, y de igual forma que sucede con la rivalidad tecnológica que enfrenta a Estados Unidos y China por la hegemonía tecnológica mundial, la cuestión ahora mismo no es tanto cuándo pueda producirse esa alternancia entre los fabricantes surcoreanos y norteamericanos por los de origen chino en el mercado de telefonía móvil, sino la velocidad a la que éstos han sido capaces de convertirse en rival tecnológico de ambos dos, demostrando una importante ambición por superarlos en un período de tiempo no muy lejano.

THE ASIAN DOOR: 5G post-pandemia para China, Corea del Sur y Europa, Águeda Parra

A diferencia de Corea del Sur, con una red comercial 5G operativa desde hace un año, China tiene todavía despliegues pendientes hasta cubrir las necesidades de cobertura de todo el país. En la implementación de las redes de quinta generación, el gigante asiático confiará en tecnología que incluya estándares chinos, principalmente. La tecnología de Huawei es la mejor posicionada en el mercado, y así lo ha valorado China Mobile, la mayor operadora de telecomunicaciones del mundo, al asignar su contrato de despliegue 5G en un 86% a los proveedores chinos Huawei y ZTE. Europa solamente estará representada con una mínima participación a cargo de Ericsson, que se encargará de un 11% de la red, quedando Nokia excluida del proyecto a pesar de haber formado parte del proceso de licitación.

Las nuevas redes 5G van a propiciar el desarrollo de nuevos modelos de ciudades inteligentes, las conocidas como smart cities, donde las innovaciones incorporadas van a generar cambios en el ámbito empresarial, pero también en el gubernamental. En la misma línea, el ámbito industrial se transformará hacia fábricas inteligentes (smart factories), que contarán con un uso intensivo de la robótica y la IA en los procesos productivos. En paralelo, las sociedades evolucionarán hacia smart societies, un modelo donde las nuevas tecnologías van a estar muy presentes en los usos y costumbres de los ciudadanos.

La construcción de este nuevo entorno de innovación ha sido posible gracias a las capacidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Entre ellas la IA, el cloud computing, el big data y la robótica forman parte del ecosistema que va a transformar los modelos económicos mundiales en las próximas décadas, siendo imprescindibles en la construcción de las nuevas cadenas de valor globales. Aunque se trata de tecnologías ya existentes, la capacidad de generar nuevos modelos de negocio surge gracias a la potencialidad que ofrecerán las futuras redes móviles 5G. En el caso de China, el despliegue de estas redes ha permitido tener en marcha hasta 500 ciudades inteligentes en 2019, con el objetivo puesto en seguir desplegando este modelo de ciudad a medida que se extiende la red de quinta generación por todo el país.

En el caso de Corea del Sur, la llegada de la pandemia del COVID-19 se produce cuando el país cumple justo un año desde el lanzamiento del servicio comercial de las redes 5G, alcanzando 5 millones de subscriptores, un 7% de los usuarios de smartphone del país, según datos del Ministerio de Ciencia e ICT. Con proyectos empresariales ya iniciados desde mediados de 2019, y con la previsión de pasar a entornos completamente 5G SA (Standalone) durante la primera mitad de 2020, Corea del Sur ya innova en modernizar puertos, “smart ports”, servicios médicos, “smart hospitals”, industria pesada “smart factories”, infraestructuras de transporte, “smart cities”, y plantas hidráulicas y nucleares, “smart power plants”.

La cara de la moneda es Europa, donde los efectos de la pandemia afectarán al desarrollo de su futuro entorno digital comunitario. En lo que se refiere al despliegue 5G, se han producido retrasos en cadena de los planes de expansión de la red de nueva generación que afectan a España, pero también a otros países de la Unión Europea donde todavía no se había realizado la licitación de frecuencias antes de la llegada del COVID-19 como Francia, Austria y Portugal. Este retraso aleja aún más a Europa de la carrera por el liderazgo tecnológico digital, una vez las redes 5G son un salto cualitativo y cuantitativo en la generación de una mayor y más potente economía digital. Pero la influencia del COVID-19 no solamente será tecnológica, sino también geopolítica. La brecha digital que ha puesto de manifiesto la crisis sanitaria entre los países asiáticos y las economías occidentales ahondará la rivalidad tecnológica entre China y Estados Unidos, mientras la mayoría de los países europeos tiene todavía pendiente decidir qué proveedor utilizarán para sus despliegues de red 5G.

INTERREGNUM: Ante la revolución digital. Fernando Delage

La redistribución de poder económico y político es la principal causa de la dinámica de rivalidad en curso entre las grandes potencias. Estas intentan defender sus intereses y maximizar su influencia mediante el desarrollo de sus capacidades defensivas y la construcción de alianzas estratégicas en el terreno militar, y mediante acuerdos de libre comercio o la imposición de sanciones en la esfera económica. Estos instrumentos tradicionales del poder estatal se están viendo desplazados, sin embargo, en el nuevo tablero de juego global. En el siglo XXI, el espacio más disputado será el ámbito digital y de la información, en el que Estados Unidos y China ya libran una intensa competición.

La cuestión de qué país dominará la tecnología 5G es probable que sea solo la primera batalla en una guerra tecnológica de mucho mayor alcance, con implicaciones para la economía y la gobernanza global, el acceso a la información e, incluso, el conflicto militar. Hasta la fecha, Estados Unidos ha optado por actuar unilateralmente, presionando a sus socios y amigos para que asuman sin más su posición y sus estándares tecnológicos. Para sus más cercanos aliados, Europa y Japón, lo que está en juego, no obstante, es el futuro de su soberanía económica e industrial.

El temor a convertirse en una “colonia digital” es tan real que la nueva Comisión Europea apenas ha tardado dos meses en dar forma a un Libro Blanco sobre inteligencia artificial y la economía de datos, hecho público el pasado 19 de febrero. Estados Unidos y China suman entre los dos la práctica totalidad de las inversiones mundiales—y el 85 por cien de las patentes—en inteligencia artificial, sólo seguidos por Reino Unido—ya fuera de la UE—e Israel. Bruselas, que prefirió durante estos años dar prioridad a la protección de datos personales, se ha visto superada por estos dos gigantes, cuyas empresas custodian más del 90 por cien de los datos europeos.

Situarse en primera línea de la próxima revolución no será fácil: ni por recursos ni por aproximación. Antes que desarrollar una tecnología propia, la tentación europea es convertirse ante todo en regulador, pero las reglas se han visto superadas por los algoritmos. Y crear una nube europea tampoco servirá para competir en todos los ámbitos. El Libro Blanco, por ejemplo, no hace referencia alguna a la aplicación de la inteligencia artificial al mundo militar, asunto sobre el que China y Estados Unidos—también Rusia—ya cuentan con sus respectivas estrategias.

La UE ha comenzado en cualquier caso a comprender las profundas implicaciones de la era digital; en particular el peso de los datos en la actividad económica del futuro. La rivalidad entre Estados Unidos y China al respecto no hace sino extender el desafío, ante el riesgo de un proceso de desglobalización que conduzca a dos ecosistemas tecnológicos separados—como lo estarían también en cuanto a sus infraestructuras y comercio—liderados, respectivamente, por Washington y Pekín. Evitar ese resultado debe ser un objetivo estratégico prioritario del Viejo Continente, como también de Japón. Ambos extremos de Eurasia cuentan así con un motivo más para acelerar su colaboración en el marco de la asociación de conectividad que acordaron el pasado otoño.