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INTERREGNUM: La bipolaridad que llega. Fernando Delage

La reunión del G20 en Japón ha servido para confirmar cómo la rivalidad entre Estados Unidos y China está creando un nuevo orden bipolar, a cuyas tensiones nadie puede escapar. Muchos de los países miembros del G20 comparten los temores de la administración norteamericana con respecto a las intenciones de la República Popular, pero les preocupa que la guerra comercial entre ambos pueda destruir el sistema económico global.

China no puede compararse a ningún rival anterior: si Estados Unidos y la Unión Soviética llegaron a tener unos intercambios comerciales de 2.000 millones de dólares al año, esa es la cifra del comercio diario entre Washington y Pekín. La administración Trump cree que la mejor manera de evitar que China acabe con su estatus de primacía pasa por romper la interdependencia ente las dos economías, pero la República Popular se encuentra en el centro de las cadenas globales de producción y distribución, de las que el mundo entero depende para su propia prosperidad.

Con todo, la competencia comercial y tecnológica es expresión en último término de un reajuste de los equilibrios geopolíticos. De ahí que cuando se señala que, al contrario que en el caso del conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la rivalidad con China es de naturaleza económica, se pierden de vista otras variables estratégicas también en juego, como la búsqueda por Pekín de socios que puedan formar parte de su mitad del tablero. Uno de especial relevancia entre ellos, teniendo ya China a Rusia a bordo, es India. Como se indicó en esta columna hace un par de semanas, el encuentro de Xi Jinping y Narendra Modi con ocasión de la reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai puso de relieve los esfuerzos chinos por romper las suspicacias de Delhi acerca de la iniciativa de la Ruta de la Seda. Ambos líderes celebrarán una reunión informal en India en octubre, para volver a encontrarse en la cumbre de los BRICS en Brasil en noviembre.

Los movimientos de Pekín no pueden por lo demás interpretarse sin tener también en cuenta los de Moscú. Rusia, en efecto, también quiere asegurarse la activa participación de India en el proceso de integración euroasiático que impulsa junto a China, y aprovechar la oportunidad que representan los desplantes de Trump a Delhi. Pese a la visita a India la semana pasada del secretario de Estado, Mike Pompeo, y de la retórica sobre la asociación estratégica entre las dos mayores democracias del mundo, las sanciones comerciales que le ha impuesto la Casa Blanca—por la compra de armamento a Rusia, y de petróleo a Irán—no despejarán las dudas indias sobre la consistencia norteamericana. La asistencia de Modi como invitado de honor al foro económico de Vladivostok a principios de septiembre, ilustra asimismo el interés de Vladimir Putin por revitalizar el triángulo Pekín-Delhi-Moscú, una iniciativa diseñada hace veinte años por ese gran estratega que fue el exministro de Asuntos Exteriores y exprimer ministro ruso Yevgheni Primakov, con el fin de minimizar la influencia internacional de Estados Unidos.

En este juego de tronos euroasiático, resulta inevitable concluir con una pregunta recurrente: ¿Y Europa? (Foto: Marek Choloniewsky)

China, fines y medios. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El avance de China en las últimas décadas ha sido extraordinario. Su economía brotó de una incipiente semilla para convertirse en la segunda más importante del mundo. A pesar del desarrollo ya obtenido, Xi Jinping sigue apostando por continuar por el camino del desarrollo, tal y como indica su plan quinquenal XIII -2016-2020- en el que se contempla mejorar internet y las telecomunicaciones con el resto de los países a través de cables terrestres y submarinos, que se han denominado Ruta de la Seda digital, según Águeda Parra.

Así mismo hemos visto como están en activa búsqueda de protagonismo en las organizaciones internacionales. El gran momento de Xi Jinping fue en Davos, cuando hizo un discurso magistral en el 2017 remarcando la importancia de la globalización. Después vino la intervención que hizo sobre el cambio climático en el 2018 en la cumbre del G20, en la que señaló que es un importante desafío que concierne al futuro y el destino de la humanidad, y la necesidad de que los países se adhieran a esta causa, después de que Trump rompiera con el acuerdo de París.

Estos son sólo algunos de los ejemplos que dejan claro cómo China ha ido haciéndose con espacios que han sido abandonados por Washington, y a los que Beijing ha estado atento y ha podido ocupar sin mayor dificultad.

A finales de la semana pasada en Osaka en la cumbre del G20, Xi aprovechó el micrófono una vez más para enviar un mensaje a Europa y a Japón:  “China está lista para acelerar las negociaciones con la UE y el libre comercio con Tokio y Seúl”. Mientras que afirmaba que una nueva ley sobre el respeto a la propiedad intelectual entrará en vigor a principios del año que viene, intentando endulzar los oídos de Trump antes de sentarse con él, diciéndole a Washington que ha oído sus quejas y desacuerdo con el robo de propiedad intelectual que ha tenido lugar en China.

Hace tan sólo una semana Beijing se hacía con la posición más alta de la FAO (Organización para Agricultura y Alimentación de Naciones Unidas). Con nada más y nada menos que 108 votos a favor de un total de 190, y en la primera vuelta, ambas cosas atípicas, pues el número es remarcablemente elevado, así como el hecho de que se eligiera al director en una primera votación.

El llamativo número de votos es producto de la presión de Beijing hacia los países que les apoyaron. A través de una fuente que pidió no ser identificada, 4Asia pudo saber que China negoció sus apoyos a cambio de recompensar a quienes le votaron y para canjear el premio habían pedido fotos de la papeleta antes de que las mismas fueran depositadas.

Por lo que 4Asia pudo conocer, Beijing presionó a un numeroso grupo de países amenazándolos con restringir acceso a su mercado. A otros, africanos, los compró pagando billetes a Roma en clase preferente a familiares de los representantes ante la FAO. Así como otros apoyos habían sido previamente negociados como fue el caso de Brasil, que desde la anterior elección en la que China apoyó a Brasilia, se había acordado su apoyo para esta elección.

Al parecer las ofertas de premios de China fueran tantas que acabó filtrándose algo, por lo que la FAO pidió a los representantes de cada país dejar fuera del recinto sus teléfonos para el momento de la votación, pero como suele suceder, a los embajadores ante Naciones Unidas no se les hace un cacheo físico antes de entrar a la sala, sólo se les informa.

Los métodos usados en esta elección son una prueba de la manera de proceder de China para conseguir sus objetivos. Desde que Naciones Unidas fue creada las negociaciones y las vías diplomáticas han sido la vía de negociación. El tener reuniones con otras naciones y pedir sus apoyos es parte natural de este proceso. Pero lo que no es admisible es que los valores que proclama la Carta de Naciones de libertad sean cambiados por la coacción y la manipulación para conseguir el liderazgo en una de las Organizaciones mundiales más importantes, cuyo presupuesto para este año es de 2,6 mil millones de dólares.

El problema con estas prácticas es que se generalicen y se normalicen. Pues el grave riesgo que se corre es que ocurra como repetidamente ha sucedido en países que caen en manos de dictadores, donde unos grupos permanecen en silencio mientras atacan a otros porque no los están molestando a ellos. Pero en autoritarismo todos acabaran siendo víctimas, antes o después, de quienes despóticamente tienen el poder. Y finalmente los derechos y libertades mueren para la gran mayoría mientras la minoría que se convierte en una elite abusa impúdicamente de ellos.

INTERREGNUM: Xi en Pyongyang. Fernando Delage

La reunión del G20 el próximo fin de semana en Okinawa ofrecerá la primera oportunidad en meses para un encuentro personal entre los presidentes de Estados Unidos y de China. Los dos líderes, por no hablar de la economía mundial en su conjunto, necesitan un pacto que, aun de manera temporal, detenga la escalada en la guerra comercial. Un acuerdo no pondrá fin a la rivalidad estructural entre ambas naciones, pero facilitará a Trump el camino a su reelección, y a Xi un escenario de estabilidad frente a las numerosas incertidumbres internas y globales que afronta.

Cada uno de ellos cuenta con distintos instrumentos para convencer al otro, y no todos son de naturaleza económica. Es desde tal perspectiva como cabe interpretar el viaje de 24 horas realizado por Xi Jinping a Pyongyang a finales de la pasada semana. No sólo es la primera visita oficial de Xi como presidente a Corea del Norte (aunque como vicepresidente estuvo en 2008), sino la primera de un jefe de Estado chino en 14 años. Sin embargo, ni se ha querido que hubiera medios cubriendo el viaje, ni tampoco ha trascendido lo tratado entre Xi y Kim Jong-un.

El Rodong Shinmun, principal diario norcoreano, publicó la víspera de la llegada de Xi, un artículo de este último en el que hizo hincapié en su intención de involucrarse en mayor medida en el proceso de desnuclearización de la península. Altos funcionarios chinos han insistido, por otra parte, en la dimensión económica del viaje: Pekín tiene como prioridad la estabilidad intercoreana, lo que se verá facilitado si Pyongyang decide seguir la experiencia de las reformas de la República Popular.

China también necesita a Corea del Norte como instrumento de negociación con respecto a Estados Unidos. Ello explicaría la superación del enfriamiento en las relaciones bilaterales que causó la ejecución de Jang Song Taek, tío de Kim y principal interlocutor de Pekín, en 2013. Tras evitar durante los últimos años referirse a Pyongyang como aliado, los gestos de acercamiento por parte de las autoridades chinas se han multiplicado en los últimos meses. Es cierto que, según los términos del tratado de ayuda mutua y cooperación de 1961—que hacen de Corea del Norte el único aliado formal con que cuenta la República Popular—, en 2021 habrá de renovarse el documento. Pero la aparente improvisación de su visita se debe a la urgencia para Xi de ofrecer un señuelo a Trump. Aunque se trate tan sólo de la reanudación de las conversaciones de desnuclearización—sin que pueda descartarse tampoco alguna solución imaginativa por parte de Pekín—, es la mejor manera de que Trump supere la frustración de la fallida cumbre de Hanoi en febrero, y cambie de actitud en el terreno comercial. Apenas dos días después de la visita de Xi, Kim recibió de hecho una carta “excelente” del presidente norteamericano.

Pyongyang sigue jugando con habilidad entre los dos gigantes, pero es China quien vuelve a confirmar su margen de maniobra en relación con los asuntos de la península. Algo que complica no sólo los cálculos de Estados Unidos y de Japón, sino de modo más directo los de Corea del Sur, cuyo presidente, Moon Jae-in, recibirá a Trump en Seúl tras la reunión del G20.

Xi visita Corea del Norte. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- A finales de la semana Xi Jinping visitó Corea del Norte, en medio de una de las peores crisis que atraviesa China en los años recientes. Con varios frentes abiertos, uno con Washington y una guerra comercial, que, a pesar de haber intentado manejarla con discreción está teniendo efectos negativos en su economía, con previsiones aún más perjudiciales; y el otro en Hong Kong, que se les ha complicado más de lo que previeron. Mientras los manifestantes siguen ocupando las calles, la suspensión de la ley de extradición prueba que, al menos de momento, la sociedad civil está ganándole el pulso a Beijing.

Hacía más de 14 años que un presidente chino no pisaba suelo norcoreano. Aunque entre las dos naciones hay lazos e intereses comunes, la persistencia de Pyongyang por desarrollar su carrera nuclear y las frecuentes pruebas tensaron la alianza y la cercanía comenzó a enfriarse. Hasta el punto de que China apoyó las sanciones a Corea del Norte en Naciones Unidas durante el momento en que Kim Jong-un insistía en mantenerse herméticamente aislado.

Pero la situación ha dado un vuelco. Desde que Trump ocupa la Casa Blanca el juego de poder es otro y las reglas han cambiado. Trump ha intentado lo que ningún otro líder estadounidense se hubiera atrevido tan siquiera pensar, y eso ha desequilibrado los centros de poder.

China, por su parte, ha sido acorralada en el plano económico, por sus prácticas irregulares y está padeciendo los efectos, por lo que se ha visto presionada a usar aliados históricos como Pyongyang para desviar la atención del mundo con su visita, que aprovecha en vender como parte de un proceso de negociación nuclear.

En tal sentido, la agencia china de noticias Xinhua publicaba el día de llegada de Xi a Pyongyang que “la esperanza sigue viva para resolver el estancamiento nuclear”. Queriendo poner en primer plano las discusiones del desarrollo nuclear norcoreano y darles protagonismo a estas conversaciones, intentando cambiar con esos nuevos titulares los que han ocupado las primeras páginas de los diarios en las últimas semanas.

No es nuevo que Beijing intente sacar partido a una situación de crisis. Por su parte, Corea del Norte está pasando una de las sequías más duras de su historia, de acuerdo con los medios oficiales, lo que agrava aún más la situación alimenticia en el país. Los norcoreanos saben lo que es pasar hambre, excepto Kim Jong-un que claramente está sobrealimentado. Ya en los años noventa miles de personas murieron en una terrible hambruna. Y actualmente Naciones Unidas está contemplando que un 40% de la población se enfrenta a una grave escasez de alimentos.

Para Kim Jong-un la visita de Xi Jinping es una buena noticia, pues revive su imagen de líder internacional, mientras que da esperanza a su gente de que están trabajando para mejorar la situación doméstica.

China sigue siendo el país que más asiste a Corea del Norte con todo tipo de ayuda. Los envíos de alimentos desde China superan considerablemente los envíos recibidos por ONGs. Rusia también es un donante importante para Beijing, la semana pasada anunciaba que estaba enviando cuatro mil toneladas de trigo y 4 millones de dólares, según la BBC. Seúl ha estado también enviando dinero y alimentos para tratar de contrarrestar los efectos de la crisis.

Mientras que Kim Jong-un ha hecho cuatro visitas oficiales a Beijing, Xi Jinping es la primera vez que recíprocamente le corresponde. Y lo hace en un momento en que tiene muchos líos en casa y le convenía salir y aparecer en Pyongyang en medio de la cobertura mediática casi exclusiva de los medios oficiales de ambos países, y en medio de un despliegue de caravanas, protocolos pomposos y honores a su persona que desvía la conversación hacia otro lugar.

Mientras todo ese derroche ocurre, la mitad del pueblo norcoreano es obligado a pasar hambre por los caprichos de su líder de mantenerse aislado y sancionado por no estar dispuesto a parar su carrera nuclear. Mientras, los hongkoneses mantienen su lucha al pie del cañón, dando un ejemplo al mundo de cómo se defiende un sistema democrático. (Foto: Gabriel Britto)

INTERREGNUM: Cumbres paralelas. Fernando Delage

Mientras Estados Unidos se enfrenta simultáneamente a China, México e Irán, el mundo emergente euroasiático vive un periodo de notable actividad diplomática, tanto en el frente bilateral como en el multilateral. En el centro de esos movimientos, como cabía esperar, se encuentra una China proactiva, resuelta a no quedarse de brazos cruzados frente a las presiones de Washington.

La semana pasada se celebró la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) en Bishkek (Kirguistán), y la cuatrianual de la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Construcción de Confianza (CICA) en Dushanbe (Tajikistán). Ambos foros ilustran la gradual institucionalización de Eurasia como espacio geopolítico, un objetivo perseguido en particular por los dos principales miembros de ambos procesos multilaterales: China y Rusia.

No casualmente, sus líderes mantuvieron una reunión días antes de la doble cumbre, en la que adoptaron dos documentos reveladores de hasta qué punto la política de Trump está reforzando el acercamiento de Pekín y Moscú. Vladimir Putin y Xi Jinping firmaron un comunicado conjunto con el título “Reforzar la estabilidad estratégica global en la era contemporánea”, y otro enfocado al desarrollo de su asociación estratégica bilateral, por los que se comprometen a sumar a otros países en su esfuerzo dirigido a “proteger el orden mundial y el sistema internacional sobre la base de los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas”.

En Bishkek, Xi celebró un encuentro paralelo con el primer ministro indio, el primero entre ambos desde la reelección de Narendra Modi. Si sus fronteras septentrionales las tiene Pekín protegidas mediante su entente con Moscú, su proyección hacia Asia meridional ha sido objeto de una sutil corrección en las últimas semanas. Empeñada en evitar la hostilidad de India hacia la iniciativa de la Ruta de la Seda (BRI) y hacia su cuasialianza con Pakistán, desde abril China está lanzando nuevos mensajes a Delhi. Si la República Popular ofrece la transparencia financiera en sus proyectos que reclama India, así como su la neutralidad con respecto a los problemas territoriales indios-paquistaníes, se eliminarían buena parte de las suspicacias indias, facilitando la consolidación de la asociación bilateral que Xi y Modi declararon querer impulsar tras la cumbre que mantuvieron en Wuhan en abril del pasado año. Círculos diplomáticos hablan incluso de la posibilidad de estructurar un diálogo 2+2—es decir, con la participación de los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa—, lo que supondría un innegable salto cualitativo en su relación.

El viaje del primer ministro japonés, Shinzo Abe, a Irán—tercer grande continental euroasiático, y próximo a incorporarse como miembro de pleno derecho de la OCS—tampoco fue ajeno a esta semana de iniciativas diplomáticas, todas ellas indicadoras del mundo post-occidental en formación. (Foto: Judit Ruiz)

Tiempo de juego y resultado. Miguel Ors Villarejo

¿Quién está ganando la guerra comercial? Oigo la pregunta a menudo, y me temo que la respuesta ilumina más las preferencias de los opinantes que la situación real. ¿Hay algún modo objetivo de abordarla? Más o menos.

Lo primero que hay que decir es que las guerras comerciales no las gana nadie. Todos perdemos cuando se imponen aranceles. Donald Trump argumenta que los van a pagar los fabricantes chinos y es verdad que estos podrían decir: vale, pues gano menos dinero. Pero casi el 40% de los bienes penalizados son de consumo y ahí la competencia es intensa y los márgenes, por tanto, delgados como una hoja de afeitar. La única opción que les queda a los exportadores si no quieren arruinarse es trasladar al ciudadano el alza y eso es lo que está pasando. Tras la aplicación de las nuevas tarifas, los artículos afectados se han encarecido en promedio el 1,6%.

Pero aunque las guerras comerciales no las gana nadie, sí puede determinarse quién pierde más y, para ello, en Bloomberg han desarrollado unos marcadores con los que nos podemos hacer una idea aproximada.

 

Primer marcador: ¿qué está pasando con el déficit comercial?

Este ha sido el desencadenante de las hostilidades, un desencadenante absurdo, porque el déficit comercial no es un indicador de bienestar. De hecho, Estados Unidos se ha pasado más de la mitad de su historia en déficit, y no podemos decir que le haya ido mal. Al contrario. Y si el superávit fuera un signo de salud económica, sus mejores momentos habrían sido las dos guerras mundiales y la Gran Depresión. Un disparate.

Sea como fuere, ¿qué ocurre con la balanza bilateral entre Estados Unidos y China? Pues que se ha estrechado efectivamente, lo cual tiene toda la lógica, porque si subes los precios de los productos chinos, su demanda caerá.

Así que en este marcador, Trump 1, China 0.

 

Segundo marcador: los precios. ¿Suben o bajan?

Ya hemos visto que suben. O sea, Trump 0, China 1.

 

Tercer marcador: confianza del consumidor.

Los ánimos se mantienen por ahora altos en ambas retaguardias.

Reparto de tantos, dice Bloomberg: Trump 1, China 1.

 

Cuarto marcador: el mercado de divisas.

Habrán oído que una de las manipulaciones más escandalosas de los chinos tiene que ver con la cotización de su moneda, que mantienen artificialmente baja para facilitar la salida de sus productos. ¿Y qué ha pasado con el yuan? Pues que se ha debilitado en torno al 7% durante el último año. Pero, claro, un yuan tan débil también supone un problema para China, porque importa inflación y tarde o temprano obliga a subir los tipos de interés, lo que ralentiza la economía.

Empate, concluye Bloomberg: Trump 1, China 1.

 

Quinto marcador: crecimiento.

¿Qué están haciendo las economías respectivas? Si tenemos en cuenta que el peso de las exportaciones en el PIB es muy superior en el caso de China (19,6% frente a 11,9%), lo lógico es que sea ella la que acuse el golpe mayor, y eso es lo que refleja la contabilidad nacional: mientras su PIB se desacelera, el de Estados Unidos se acelera.

Trump 1, China 0.

 

Sexto marcador: las bolsas.

Aquí nuevamente se lleva la mano Trump. Tanto el Dow como el Shanghai Composite registran pérdidas desde enero de 2018, pero las del segundo son superiores.

Trump 1, China 0.

 

Séptimo marcador: inversión directa.

El año pasado, la inversión estadounidense en China mantuvo su tono, o sea, que el Imperio del Medio conserva su atractivo para los capitales americanos. La inversión china en Estados Unidos, por el contrario, se ha desplomado. Mano para China.

Trump 0, China 1.

Si han llevado la cuenta, el resultado global de la eliminatoria arroja un apretado 5 a 4. Es posible que haya que recurrir a la prórroga y los penaltis. (Foto: Nicolas Stafford)

Entrevista a Martin Lee: “Hong Kong, una democracia en peligro”. Nieves C. Pérez Rodríguez

Trump ha sido directo en su lucha por neutralizar las prácticas chinas que están al margen de la ley o que intentan sacar beneficios ilegales de las circunstancias. Pero, ciertamente, esa preocupación transciende la Casa Blanca. Las agencias de inteligencia, el Senado y la misma Cámara de Representantes llevan años indagando para determinar el alcance de estas irregularidades.

En el Reporte Anual de la Comisión ejecutiva del Congreso acerca de China, publicado a principios de este año, dedica un capítulo a Hong Kong, en el que se determina la continua erosión de la autonomía de esta región que, por cierto, está garantizada en su “ley básica” de 1984 de Un país, dos sistemas. El informe afirma que se ha podido observar como el espacio democrático de acción política de partidos, grupos e individuos ha disminuido junto con los derechos humanos. El documento incluye citas como la de Xi Jinping en el XIX congreso del Partido Comunista en octubre del 2017, momento en el que afirmó que el gobierno central debe mantener la competencia global de su jurisdicción. Seguido por múltiples declaraciones de oficiales chinos en las aseveran que el gobierno central tiene una postura o “línea de tolerancia cero” a que se le llame independiente a Hong Kong.

4Asia entrevistó a Martin Lee Chu-ming, reconocido como el padre de la democracia de Hong Kong, y uno de los defensores más prominentes de los derechos humanos y las libertades. Además de ser el fundador del Partido Democrático de Hong Kong, y actualmente su presidente, que valga acotar, es el partido político más grande y popular. Participó en las negociaciones de traspaso del Reino Unido a China y en la redacción de la “Ley Básica” que es una especie de constitución hongkonesa. También fue durante más de 30 años miembro del Consejo Legislativo en diferentes periodos. Sin duda un personaje relevante en la historia democrática de Hong Kong y su conversión en una potencia económica y tecnológica.

Le pedimos un análisis sobre cómo ve los derechos Humanos en Hong Kong en comparación con las libertades y derechos que tenían hace unos 20 años.

“Cualquiera de nuestras libertades están sujeta a Beijing. Y ellos pueden interpretar lo que está contemplado en nuestra Ley Básica a su conveniencia. Nuestra Corte protege nuestras libertades, pero Beijing cada día tiene más control sobre Hong Kong.  En efecto, en el Libro Blanco de 2014 lo dijeron abiertamente y en siete idiomas: Beijing tienen jurisdicción completa sobre el territorio hongkonés y es la fuente de su autonomía. Aclarando que tienen control sobre Hong Kong, lo que contradice la Ley Básica, en la que se nos cedió un alto grado de autonomía, aparte de la defensa y relaciones internacionales”.

“La Ley Básica contempla que nosotros seríamos nuestros propios maestros y hacedores. Ahora bien, cuando Beijing declara que ellos son los que tienen control sobre nosotros, asumen entonces que ellos son los maestros. Esto lo prueba el comentario de Xi en una visita a Hong Kong años atrás, cuando era vicepresidente, en el que afirmó que los jueces hongkoneses tienen que colaborar con su gobierno”.

Pero, acota contundentemente Lee, “los jueces no trabajan para el gobierno, que es la visión del Partido Comunista Chino. Los jueces deben responden a la ley no a los intereses de ningún gobierno”.

¿Considera usted que la democracia en Hong Kong se encuentra en peligro?

“Lo cierto es que no veo democracia. De acuerdo a la Ley Básica, pasado diez años de entrar en vigor, debimos haber tenido elecciones democráticas para elegir nuestro poder ejecutivo y elecciones para elegir parlamentarios. Eso no ha ocurrido. Carrie Lam, quien es la cabeza ejecutiva del gobierno hongkonés, posición designada por el gobierno chino central, dice que ella no va hacer nada por la democracia”.

“En este momento -añade- nos encontramos muy preocupados por la ley de extradición, que podría ser aprobada en julio con el apoyo de Carrie Lam, y que vendrá a legalizar secuestros y amenazas que destruirán la libertad de la que goza la sociedad hongkonesa, presentes en el artículo 4 de la Ley Básica. Al ser aprobada, Lam podría enviar a Beijing a cualquier individuo (hongkonés, chino, europeo, estadounidense, australiano, o cualquier otra nacionalidad) que sea acusado de algún tipo de crimen y su extradición haya sido solicitada por China continental”.

Lee explica que hasta ahora no habido ninguna ley de cooperación o acuerdos entre Beijing y otros países como Gran Bretaña, Canadá o Estados Unidos. Y ello se debe a los estándares legales, y el sistema jurídico chino no es compatible con los de estas naciones. Para Beijing las extradiciones son una herramienta política mientras que para el resto de los países democráticos son un asunto legal.

“Para nosotros los hongkoneses es clave blindar nuestro sistema legal como una barrera de protección a las obstrucciones políticas de Beijing. Pero no lo podemos hacer sin en el apoyo de nuestros aliados y la comunidad internacional. Este es el momento en el que Occidente debe proteger el sistema de libertades y legal en Hong Kong, antes de que nuestra gente u otros que se encuentran en nuestro territorio sean llevados a las cárceles chinas”. Foto: AsiaNews

EEUU, en varios frentes

La Administración Trump parece haber acelerado, en parte como un paso en su estrategia para renovar mandato y, por otro lado, porque cree haber visto una ocasión propicia para mejorar posiciones.

Pero la realidad es que EEUU ha incrementado la presión sobre Irán en demanda de renegociar el tratado de desarme nuclear de Teherán, fortaleciendo las sanciones y moviendo parte de su flota a las costas iraníes. Por cierto, la fragata española que acompañaba, con otros buques de guerra europeos como escolta a los norteamericanos, ha sido retirada tras haber asumido su compromiso hace varias semanas y conociendo en qué consistía la misión.

Al mismo tiempo, tras haber comenzado a aplicar duras tarifas arancelarias a productos chinos para entrar en el mercado estadounidense, ha acogido la respuesta china de aplicar sus propios impuestos a productos de EEUU con suficiencia diciendo que EEUU gana ese pulso y anunciando un próximo encuentro entre los primeros mandatarios de ambos países para intentar un pacto. Y, como guinda a esa ofensiva, Pompeo y Putin se reunirán en Rusia para analizar todos los frentes, incluida Venezuela, y tratar de llegar a un acuerdo de mínimos por el que Rusia no impediría los pasos de Trump. Un plan ambicioso, pero ahí está.

Todo esto ha puesto muy nerviosos a los líderes europeos, a los que el secretario de Estado Pompeo ha informado en Bruselas, que, como siempre, piden con más énfasis prudencia a EEUU que freno a un Irán que amenaza con reanudar el rearme nuclear.

La inestable situación puede descontrolarse con cualquier incidente no previsto, pero una vez más, Europa no ofrece alternativas de liderazgo, sino que insiste en el apaciguamiento permanente de cualquier situación como fórmula retórica. Estamos en la misma situación de siempre pero cada vez con más riesgos.

INTERREGNUM: “Cuatro de mayo”. Fernando Delage

Es éste un año cargado de conmemoraciones en China. Aunque en pocas naciones circula tanta Historia por sus venas, su sistema político tiende a reinterpretar ciertos hechos, a amplificar otros, y a ignorar unos terceros. Esto último es lo que ocurre con los sucesos de Tiananmen, de los que se cumplirán 30 años en junio, y que resultan desconocidos para los jóvenes chinos pues no aparecen en los manuales de Historia. En octubre se celebrará, por el contrario, el 70 aniversario de la fundación de la República Popular tras la victoria por los comunistas de la guerra civil. Siete décadas después, una de las características del liderazgo de Xi Jinping es su hincapié en describir las bases ideológicas del régimen en el contexto de la continuidad de la cultura china. De ahí la relevancia de una tercera efemérides: el centenario, esta misma semana, del Movimiento del 4 de mayo.

El 4 de mayo de 1919, estudiantes universitarios se manifestaron en Pekín como reacción a la humillación infligida a China por el tratado de Versalles, que dio las colonias alemanas en su territorio a Japón. Las protestas se consideran por ello como punto de partida del nacionalismo chino contemporáneo. Pero las quejas de entonces, como el extraordinario movimiento intelectual que propiciaron, conducían a preguntas de mayor calado: ¿qué significa ser chino? ¿hacia dónde se dirige China? Su monarquía milenaria había caído sólo unos años antes, en 1911, mientras que la derrota ante Japón—en 1895—, ya había agravado el dilema existencial de una nación que, pese a considerarse a sí misma como centro del mundo, no podía competir con las potencias occidentales que aparecieron en su periferia desde mediados del siglo XIX.

A los reformistas de 1919 les movía una misma ambición patriótica: construir una China unificada y moderna que pudiera hacer frente a la inestabilidad política, superar el feudalismo de su sociedad, y contrarrestar las fuerzas imperialistas del exterior. El lema “Doctor Ciencia y Sra. Democracia” resumía el mensaje de los estudiantes. El rejuvenecimiento de la nación es parte fundamental, cien años después, del “Sueño Chino” del presidente Xi, cuando el objetivo tradicional de adquirir “riqueza y poder” se ha conseguido en buena medida: China va camino de convertirse en la mayor economía del mundo y—según esperan sus líderes—en la mayor potencia militar hacia 2049 también, coincidiendo con el centenario del establecimiento de la República Popular. Pero ¿y la modernización política?

Mientras China ocupa una posición central en la economía global, el régimen refuerza su autoritarismo, como indican las instrucciones sobre el respeto a la ortodoxia ideológica, el sistema de crédito social o la reeducación de más de un millón de uigures en Xinjiang. La contradicción no puede ser mayor entre el mundo abierto que los dirigentes chinos dicen defender y lo que practican en casa.

La semana pasada, ante 40 líderes extranjeros en Pekín, Xi intentó ganarse su confianza con respecto a la iniciativa de la Ruta de la Seda, uno de los proyectos más ambiciosos de la Historia y principal instrumento para reorientar el orden internacional a favor de China. Los cien años del 4 de mayo días después sirven de recordatorio de que la modernización china es aún una tarea incompleta. Pero como ilustraron los estudiantes de la universidad de Pekín, en 1919 y de nuevo en 1989, existe una profunda corriente humanista y patriota en la civilización china, que ningún fenómeno de involución política podrá derrotar de manera definitiva.

EVENTO: La potencia económica de China en la geopolítica actual. Carla Flores

Cuando hablamos de geopolítica, pocas cosas pueden atraer más la atención que el retorno de China a la primera línea mundial. La potencia asiática vuelve a ocupar un asiento que, si bien dejó vacante en el siglo XIX, tras el avance de las potencias occidentales debido a la revolución industrial, ha considerado como propio a lo largo de su dilatada historia.

El Foro de Economía Progresista y Cátedra China organizaron el pasado 2 de abril, en el Espacio Ecooo de Madrid, un evento para analizar las causas que han vuelto a hacer de China un actor de máxima relevancia. José Sanroma moderó un debate que contó con la presencia de Gloria Claudio, Marcelo Muñoz y Águeda Parra, y que se centró principalmente en la economía, la política y la iniciativa “La Franja y La Ruta”.

Desde el punto de vista económico, Gloria Claudio, Doctora en Economía y profesora titular de la Universidad Francisco de Vitoria, resaltó la importancia de la instauración llevada a cabo por Deng Xiaoping de una economía de mercado y de la apertura al comercio exterior. En 1820, China representaba el 33% del PIB mundial, pasando a sólo el 5% en 1978, año en el que Deng Xiaoping llegaba a la presidencia. Las reformas fueron graduales, siendo el sistema bancario y el comercio exterior ejemplos de los sectores más intervenidos. En 2001, China ingresa en la OMC y, en 2009, se convierte en el máximo exportador del mundo.

Marcelo Muñoz, presidente de Cátedra China, considera que tres son las claves políticas para entender el enorme salto que ha experimentado China en los últimos 40 años, pese a la lucha interna entre la facción reformista y contrarreformista. En primer lugar, la construcción de un socialismo con características chinas; un estado de bienestar que prima la educación de los jóvenes y la investigación. En segundo lugar, la planificación y la mentalidad largoplacista. En tercer lugar, los centros de formación y los think tanks, siendo el del Partido Comunista de China el de mayor relevancia de estos últimos.

Por último, Águeda Parra, ingeniera de telecomunicaciones y sinóloga, habló sobre la iniciativa “La Franja y La Ruta”, que pretende conectar Oriente y Occidente, englobando el 35% del comercio mundial, el 55% del PIB mundial y en torno al 70% de la población del globo. Para ello, China ha creado el Fondo de la Ruta de la Seda, el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, instituciones que buscan otorgar mejores líneas crediticias frente a los tradicionales organismos internacionales.