INTERREGNUM: El sureste asiático en el centro. Fernando Delage

La reciente celebración de las cumbres anuales en torno a la ASEAN ha puesto de relieve la consolidación del sureste asiático como uno de los principales espacios de competición entre Estados Unidos y China. La consecuencia es que los dos gigantes sitúan a los países de la subregión ante un complejo dilema: cómo aprovechar las oportunidades económicas que representa la República Popular y, a un mismo tiempo, reforzar la presencia de Washington como contrapeso de Pekín. El agravamiento de la rivalidad entre ambas potencias obliga a los Estados miembros a tomar partido por uno u otro, en un contexto en el que el aumento de la influencia china, y sus ambiciones cada vez más explícitas, han transformado el entorno de estabilidad del que tanto se beneficiaron durante varias décadas.

De la relevancia de la cuestión da idea la simultánea publicación de varios libros sobre esta parte del continente, tradicionalmente subordinada—en el terreno geopolítico—a los problemas del noreste asiático. Dos de los periodistas que mejor conocen la zona, Sebastian Strangio y Murray Hiebert—este último analista en la actualidad en el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington (CSIS)—ofrecen en sus trabajos, por cierto con títulos coincidentes (In the Dragon’s Shadow: Southeast Asia in the Chinese Century, Yale University Press, 2020; Under Beijing’s Shadow: Southeast Asia’s China Challenge, Rowman & Littlefield, 2020, respectivamente), un recorrido país por país con el fin de observar sobre el terreno la realidad del nuevo poder chino. Combinando esa mirada directa con un examen de los antecedentes históricos de la relación bilateral de cada uno de los Estados miembros de la ASEAN con China, y un detallado análisis de las implicaciones económicas y estratégicas de los movimientos chinos, el resultado es—en ambos casos—una extraordinaria aproximación a un grupo de naciones que, como bloque, constituyen la quinta economía del planeta y se encuentran justamente en la intersección de ese espacio que llamamos Indo-Pacífico.

Las aportaciones de Strangio y Hiebert, aunque dirigidas a un público general, en nada desmerecen—por la profundidad de sus análisis y la calidad de su escritura—de los libros de dos eminentes expertos, Donald Emmerson y David Shambaugh, que, sin perder de vista la perspectiva de cada país sobre su interacción con Pekín, parten de un enfoque más transversal en coherencia con su perspectiva académica. The Deer and the Dragon: Southeast Asia and China in the 21st Century (Stanford University Press, 2020) es un trabajo colectivo en el que, como editor, Emmerson, profesor en Stanford y uno de los mayores especialistas en el sureste asiático, ha reunido a una docena de sus colegas para ofrecer un estudio de primer nivel. Shambaugh, profesor en la universidad George Washington y uno de los grandes expertos americanos en China, realizó por su parte una reciente estancia de investigación en la región que le permitió examinar de primera mano la situación y contrastar lo que las élites políticas e intelectuales del sureste asiático piensan de la rivalidad entre los dos grandes. El resultado es un libro (Where Great Powers Meet: America and China in Southeast Asia, Oxford University Press, 2020) en el que, de manera más sistemática que los anteriores, examina el cambio en el equilibrio de poder entre Washington y Pekín.

Pese a las diferencias de enfoque y perspectiva, son numerosos los puntos de coincidencia de estos cuatro excelentes trabajos. Ninguno niega el peso abrumador de China ni la percepción de aparente inevitabilidad de su primacía. Todos reconocen la decepción local con unos Estados Unidos cuya influencia y credibilidad se han visto dañadas en los últimos años. Coinciden igualmente en lo erróneo de la creencia de que Pekín cuenta con un plan perfectamente diseñado para la región: los actores chinos son diversos, no siempre coordinados, ni sus intereses compartidos. En último término, el poder chino podrá debilitar a la ASEAN como grupo, pero estos autores concluyen que los miembros de la organización no han abandonado su objetivo de independencia y autonomía, que persiguen bien buscando nuevos socios—como Japón o India—, bien recurriendo a propuestas diplomáticas que revelan su margen de maniobra pese a sus menores capacidades y, sobre todo, su firme determinación de impedir que el futuro del sureste asiático dependa tan sólo de Washington y Pekín.

THE ASIAN DOOR: RCEP, nuevo miembro de la Ruta de la Seda. Águeda Parra

La integración comercial en la zona del Asia-Pacífico siempre ha supuesto un fuerte impulso para el crecimiento económico de la región. El creciente protagonismo de China en las cadenas de suministro globales ha tenido como resultado que el gigante asiático se haya posicionado como epicentro de la aportación de valor en la zona de Asia-Pacífico. Una influencia que se prevé creciente con la firma de uno de los acuerdos regionales de libre comercio más grandes del mundo, la Asociación Económica Integral Regional, conocido en inglés como RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership).

En los ocho años que ha tardado en formalizarse el pacto entre China y otros 14 países de la región, que incorpora a los 10 países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) junto a Corea del Sur, Japón, Australia y Nueva Zelanda, el gigante asiático ha puesto en marcha uno de los proyectos de geopolítica más importantes de las últimas décadas, la nueva Ruta de la Seda. La ambición de la iniciativa de mejorar las conexiones a través de promover el mayor desarrollo de infraestructuras de la región en mucho tiempo persigue, asimismo, otros objetivos. Entre ellos, encontrar nuevos mercados para los productos chinos a través de fomentar una mayor integración comercial en la región.

Con la incorporación de China en el RCEP, no sólo el gigante asiático no se desacopla del mundo, sino que supone su consolidación como potencia económica dominante en la región. Poniendo la magnitud del pacto en perspectiva, la RCEP da cabida a más de 2.200 millones de personas, un tercio de la población mundial, casi el 28% del comercio mundial e incluye el 30% del PIB mundial, lo que supone consolidarse como el mayor acuerdo de libre comercio regional firmado hasta el momento.

Dos grandes ausencias marcan el inicio de una nueva etapa comercial en Asia-Pacífico. Por una parte, la de Estados Unidos, cuya retirada del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (en inglés TTP, Trans-Pacific Partnership) marcaba una nueva dinámica en las relaciones de cooperación comercial con la región. Con este nuevo posicionamiento, la región avanza sin esperar a que Estados Unidos termine de resolver su transición presidencial, que podría llevar implícito un giro de 180º en ciertas decisiones de política exterior. China, como principal impulsor del acuerdo, maximiza su influencia en una región que avanza hacia el fortalecimiento de su integración económica y comercial, mientras las exportaciones estadounidenses pierden presencia en una de las regiones más dinámicas del mundo. Por otra parte, no menos importante es la ausencia de India en el acuerdo, cuya retirada en julio se propició al considerar que su adhesión podría conducir a un aluvión de importaciones de productos chinos, aunque la puerta queda abierta para que solicite su incorporación en cualquier momento.

Lo novedoso de este acuerdo es que el pacto avanza en la línea de relación comercial ya establecida entre los 10 países miembros de la ASEAN, tomando en cuenta la mayoría de los acuerdos vigentes para aunarlos en un único documento que se ha hecho extensivo de forma multilateral al resto de miembros. Alineando los acuerdos vigentes en un único pacto, Asia-Pacífico sigue la línea de integración de otras áreas comerciales unificadas, como la existente en la Unión Europea o entre Estados Unidos, Canadá y México a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Un acuerdo del que no sólo se beneficiará China, sino también el resto de países, al aumentar la capacidad productiva, especialmente la de los países ASEAN, además de que conjuntamente todos los miembros impulsen la consolidación de la cadena de valor con producción e inversiones que se originan y proceden de la región.

Con la previsión de que en el medio-largo plazo se vayan reduciendo, o incluso eliminando, hasta el 90% de los aranceles de los productos en el seno de la asociación económica, los objetivos de Pekín pasan por el fomento de elementos importantes de su cadena industrial. En el radar estaría la estrategia de impulsar la tecnología de los coches eléctricos de fabricación china, que le permita al gigante asiático avanzar en el objetivo de convertirse en hub de la industria automovilística, al menos para la región de Asia Pacífico.

Diplomacia o guerra de vacunas. Nieves C. Pérez Rodriguez

Actualmente hay una docena de vacunas de covid-19 en prueba experimental en el mundo. Y mientras se sigue avanzando en los pasos de prueba en voluntarios, las industrias farmacéuticas siguen su proceso de aprobación y los gobiernos comienzan a definir cómo serán administradas, estableciendo prioridades para aquellos que deben recibirlas primero.

Mientras tanto, Xi Jinping apareció el sábado pasado en la Cumbre del G20 en Riad a través de videoconferencia diciendo que “China está dispuesta a fortalecer la cooperación con otros países en la investigación y desarrollo, producción y distribución de vacunas”.  Una vez más, Xi aprovecha la palestra de un evento internacional para liderar la emergencia más grave de las últimas décadas.

Mientras China propone una estrategia internacional conjunta, aprovecha y se presenta a sí misma como el país que se preocupa por liderarla, pero también para gestionar esa coordinación con otras naciones.

Las grandes farmacéuticas han apostado por el desarrollo de estas vacunas, entre ellas Pfizer en colaboración con la alemana BioNTech SE, que hasta el momento parece la más efectiva con un 95% aunque requiere de temperaturas extremadamente bajas para su conservación y transporte. Moderna (estadounidense) le sigue con una eficacia del 94,5% y ambas solicitaban el pasado viernes a la agencia estadounidense de medicamentos (o FDA por sus siglas en inglés) la aprobación por vía rápida debido a la emergencia.

China por su parte ha desarrollado varias vacunas de las que poco información técnica ha sido compartida. Una de ellas es Coronavac desarrollada entre Sinovac Biotech Ltd (china) y el prestigioso instituto Butantan de Sao Pablo, bajo el auspicio del gobernador del Estado de Sao Pablo Joao Doria, férreo enemigo de Bolsonaro, y quien cuenta con la facultad de establecer acuerdos internacionales. El pasado 18 de noviembre recibía 120.000 dosis y está previsto que para enero recibirán 46 millones de dosis más.

Como todo en esta pandemia, en Brasil se ha politizado el Covid-19 y las vacunas.  Bolsonaro quién antes de convertirse en presidente atacó fuertemente a China, en la misma tónica de Trump, se ha visto obligado a bajar el tono debido a que China es su mayor socio comercial. Sin embargo, ha twitteado sobre su negativa a aceptar el uso de una vacuna china.  El ministro de salud de Turquía decía el jueves pasado que está planificando comprar entre 10 a 20 millones de las vacunas de la empresa Sinovac Biotech Ltd. Sinopharm (otra farmacéutica china) afirma tener dos vacunas distintas, una de ellas en fase tres de desarrollo, que ha sido administrada a 60.000 personas en 10 países: Emiratos Árabes, Bahréin, Jordania, Perú y Argentina. Mientras tanto, las autoridades de Indonesia están considerando aprobar la vacuna de Sinopharm junto con otras vacunas chinas ante la premura que impone la situación sanitaria.

Por su parte, CanSino Biologics (también china) ha desarrollado otra vacuna en colaboración con el ejército chino que ya ha sido suministrada a 40.000 voluntarios en Pakistán, Rusia y México y requiere permanecer en una temperatura de entre 2 a 8 grados centígrados y su vida útil es de 24 meses. México ya ha dicho que comprarán 35 millones de dosis de esa vacuna para distribuir entre sus ciudadanos.

Mientras, Anhui Zhifei Longcom Biopharmaceutical, otra farmacéutica china de capital privado, está planificando probar su vacuna en Uzbekistán, de acuerdo con información publicada en los medios estatales chinos.

Los medios chinos afirman que desde julio han estado vacunando a personas cuyos trabajos son de alto riesgo, y aseguran que las vacunas administradas son efectivas. Sin embargo, no se han publicado mucho más datos y la comunidad científica internacional pone en duda la veracidad de la efectividad. Aparentemente, en China las autoridades locales tienen autonomía para vacunar a sus residentes. Así lo relataba un miembro sanitario de la provincia de Zhejiang al Wall Street Journal: “en los últimos meses alrededor de 100 personas diariamente han acudido a recibir la vacuna de Sinovac pagando unos 30 dólares por las dos dosis”.

De acuerdo a Zhu Tao director científico de CanSino Biologics “no es difícil para las empresas chinas desarrollar una eficacia del 70 al 80 por cierto” así como “no es necesario que cada vacuna llegue a la eficacia del 90 por ciento para que sean exitosas”.  Mientras que el Centro de evaluación de Medicamentos chinos afirma que los medicamentos deben tener al menos el 50 por cierto de eficiencia e idealmente superar el 70 por ciento para ser aprobados. Una vez más queda claro la diferencia de los estándares chinos a los occidentales. 

“Cumpliremos nuestros compromisos, ofreceremos ayuda y apoyo a otros países en desarrollo y trabajaremos arduamente para hacer de las vacunas un bien público que los ciudadanos de todos los países puedan usar y pagar”, decía Xi en la Cumbre del G20, quien ante la ausencia de un fuerte liderazgo estadounidense asume él el rol de salvador del mundo mientras en Washington Trump sigue negando que ha perdido la contienda electoral y por lo tanto no se está compartiendo información estratégica con el equipo del presidente electo Biden.

La nueva Administración demócrata tiene una oportunidad de oro para reposicionar el lugar de Estados Unidos en el mundo y retomar el liderazgo que ha ido abandonando y que oportunamente China ha ido asumiendo. La desesperación por salir de esta pandemia está siendo aprovechada por China para llenar los vacíos y desarrollar su ruta sanitaria de la Seda a nivel global. Sin embargo, aún se está a tiempo de un cambio de rumbo, de haber dos opciones sobre la mesa, las vacunas de Oriente o las vacunas de Occidente. Muchas naciones se decantarían por las de Occidente por su rigor científico. Salvar a una nación en medio de un colapso sanitario y económico puede traducirse en reconquistar espacios perdidos para Washington y, por tanto, restituir valores democráticos en el mundo.

EEUU, China y las caricaturas

Mientras en Estados Unidos comienza una etapa política nueva que debe afrontar y resolver el deterioro institucional sin dañar las iniciativas internacionales y nacionales que han sido positivas, China sigue a lo suyo, fortaleciendo sus avances, reaccionando con soberbia y propaganda a las críticas y avanzando posiciones. Este parece ser parte del escenario inmediato al que debe enfrentarse la Administración Biden a partir de enero y, con ella, las sociedades occidentales democráticas.

En EEUU, la victoria demócrata, pírrica pero victoria, ha desconcertado el egocentrismo de Trump que en su reacción ha contribuido no poco a la crispación y al deterioro institucional y de la confianza hacia el sistema de aquel país. Y en la escena internacional se ha celebrado la victoria de Joe Biden como si fuera propia, por unos y por otros, incluso por aquellos que en pocos meses estarán otra vez en el discurso anti EEUU y anti occidental ante la frustración sobre las expectativas alimentadas irracionalmente por la propaganda y las caricaturas.

Donald Trump ha sido, para casi todo el mundo, una caricatura dibujada en los ambientes “progres” y alimentada de prejuicios, falsedades y medias verdades, sin dejar de añadir que el pintoresco político ha aportado lo suyo con su falta de tacto, de educación, de contención, de conocimiento de tantas cosas y de chulería. Pero si apartamos la hojarasca, encontramos una Administración que por primera vez en décadas no ha iniciado ni agravado ningún conflicto en el exterior, contra las profecías de la izquierda y su empeño por afirmar lo contrario (antes al contrario, ha logrado avances espectaculares y sin precedentes en Oriente Próximo y los Balcanes) ; ha mejorado la economía interna aunque con medidas proteccionistas nocivas a medio plazo (medidas que la izquierda ha venido defendiendo para sus países) y ha planteado una decidida contención de la expansión china que Biden no va a cambiar profundamente. Pero a Trump lo ha acabado devorando su propio personaje dificultando hacer un balance riguroso de su gestión.

Media Europa está celebrando la victoria de Biden. La otra parte, la que estuvo bajo influencia de Rusia durante cuatro décadas, mira con incertidumbre los nuevos tiempos ya que había encontrado en Trump un presidente comprensivo para sus políticas de cerrazón y desconfianza frente a Bruselas. Pero Biden no va a contentar a los primeros tanto como sueñan ni va a marginar a los segundos tanto como temen. Los intereses nacionales de EEUU, como los de cualquier país, tienen unos parámetros permanentes que Biden no va a cambiar. Se mantendrán barreras proteccionistas (como las tiene la UE), se tratará de frenar las intimidaciones rusas, se mejorará la relación trasatlántica pero se seguirá exigiendo a Europa más inversión propia en Defensa y acuerdos para abrir más los mercados y se seguirá chocando, tal vez con mejores formas, por la vía de concesiones que Bruselas viene defendiendo respecto a Cuba y Venezuela.

INTERREGNUM: Asia marca el ritmo. Fernando Delage

Después de ocho años de negociaciones, y coincidiendo con la celebración de la cumbre de la ASEAN en Hanoi, los ministros de Comercio de 15 países firmaron el domingo 15 de noviembre la Asociación Económica Regional Integral (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP). Aun sin la participación de India—que abandonó su participación el pasado año por temor al impacto del acuerdo sobre su industria y agricultura—, el nuevo bloque constituye la mayor área de libre comercio del mundo, al representar el 30 por cien de la población (2.200 millones) y del PIB (26.200 billones de dólares) global. En una era de polarización política y de desconfianza en la globalización y el multilateralismo en Occidente, las naciones asiáticas han optado por el camino opuesto y confirmado su voluntad de compartir unas mismas reglas económicas.

El pacto entre los diez Estados del sureste asiático y los socios con los que ya mantenía acuerdos bilaterales de libre comercio (China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda), representa por sí mismo un logro histórico. Desde el lanzamiento de la iniciativa en 2011 no han faltado los obstáculos: del auge de las fuerzas proteccionistas al deterioro de la relación de Pekín con sus Estados vecinos; de la retirada de un gigante como India a la pandemia del COVID-19. Que, frente a unas circunstancias tan adversas, países con sistemas políticos diversos y diferentes niveles de desarrollo hayan culminado la negociación, es prueba de su interés común por un proceso de integración regional que no sólo reconfigurará el mapa económico y estratégico del Indo-Pacífico, sino también la interacción del continente con Estados Unidos y con la Unión Europea.

La reducción de las barreras al comercio y a la inversión intrarregionales conducirá a una mayor interdependencia entre los miembros, para quienes las relaciones económicas con países terceros ya no serán tan determinantes. En un contexto de rivalidad entre Estados Unidos y China, la RCEP ofrece nuevos instrumentos a sus gobiernos para buscar soluciones panasiáticas a los desafíos del crecimiento. La ASEAN ve satisfechos sus objetivos de permanecer en el centro de la arquitectura regional, y la República Popular queda vinculada a una estructura multilateral que condicionará su tradicional inclinación por las fórmulas bilaterales, pero multiplicará su influencia económica (es decir, el resultado que quiso evitar Obama con el TPP). Pese a ser la mayor economía del grupo, la preocupación por un posible dominio chino queda asimismo equilibrado por la combinación de países avanzados (como Japón, Corea del Sur y Australia), con otros en desarrollo (como Indonesia o Vietnam). India ha preferido descolgarse del grupo, lo que frenará su ascenso pero no el de la región—que preferirá invertir en la ASEAN—, aunque se le ha dejado la puerta abierta para incorporarse en el futuro.

Con todo, más que el impacto directo del desarme arancelario—que requerirá aún unos años conforme al calendario establecido—, importa destacar las consecuencias económicas más inmediatas, así como el mensaje político de la operación. Con respecto a lo primero, el acuerdo facilitará en gran medida la restauración de las cadenas de valor interrumpidas por la pandemia, haciendo de Asia el motor de la recuperación global, por delante de otros continentes. En el terreno político hay que añadir el hecho de que la RCEP representa la primera área de libre comercio entre las tres grandes economías del noreste asiático—China, Japón, y Corea del Sur—que negociaban desde 2012 su propio acuerdo trilateral. Pero, sobre todo, la ausencia de Estados Unidos—tanto del RCEP, como del CPTPP (es decir, el antiguo TPP tras la retirada de Trump)—implica que ni Washington, ni Bruselas, tendrán una voz cuando Asia decida sus reglas económicas.

THE ASIAN DOOR: Y Alibaba dijo, ¡qué empiece la diversión! Águeda Parra.

¡Qué empiece la diversión! ¡Bienvenido al shoppertainment! Ésa parece ser la nueva consigna que plantea Alibaba para futuras ediciones del evento mundial de las compras cada once de noviembre. El futuro tecnológico de China pasa, cada vez más, por incorporar innovación continua a la floreciente economía digital y, en el caso del maduro mercado del e-commerce en China, los descuentos han dejado de ser la parte más esencial de la experiencia para ser el entretenimiento el que marque el modelo de desarrollo de las compras online.

Como cada año, el espectáculo que acompaña la celebración del Día del Soltero ha marcado una jornada frenética que ha vuelto a superar las cifras récord conseguidas en ediciones anteriores. La dimensión y el presupuesto empleado reflejan cómo ha evolucionado el festival mundial de las compras, que ha pasado de ser una jornada de ofertas que reunió a 27 comerciantes en 2009, a convertirse en el mayor espectáculo de entretenimiento del que participan más de 250.000 marcas, de las cuales 31.000 son marcas extranjeras y 2.600 participan por primera vez en este evento. No se trata únicamente de conseguir los mejores descuentos, sino de ser, por ejemplo, el agraciado de los más de 10 millones de “hongbao”, los famosos sobres rojos de dinero con los que en China se obsequia a los familiares durante las fiestas o en ocasiones especiales.

Después de un año marcado por la pandemia del COVID-19, el mercado de consumo de China ha pasado con nota la gran prueba del Día del Soltero, cuya celebración en esta ocasión se ha extendido durante más días y ha incorporado más de 2 millones de nuevos productos, más del doble que el año anterior. El entretenimiento televisivo se ha conjugado con la estrategia de fomentar promociones online y offline en todas las plataformas que forman parte del universo Alibaba. Las cifras de vértigo vuelven a ser las grandes protagonistas de este gran festival de las compras. Más de 74.000 millones de dólares de facturación, casi el doble que en 2019, y más de 342 marcas que han superado la barrera de ventas de 15 millones de dólares, 13 de ellas sobrepasaron los 150 millones de dólares. Unas ventas que en cierta medida responden a la imposibilidad de viajar al extranjero este año, convirtiéndose así en el mayor objeto de deseo de las adquisiciones online de productos internacionales.

Las nuevas tecnologías, alma máter del desarrollo de los ecosistemas digitales en China, marcan la tendencia de cómo evolucionará el mercado de compras online más grande del mundo, siendo referente para que otros países incorporen estas mismas estrategias de venta a sus marketplaces. La tecnología de visualización 3D ha permitido la incorporación al festival de ventas en sectores que tradicionalmente no forman parte del universo e-commerce, como el inmobiliario y el diseño del hogar. De hecho, es la fusión de tecnologías lo que marca la diferencia para garantizar el éxito del evento. La capacidad cloud de Alibaba ha permitido gestionar en el punto máximo de peticiones hasta 583.000 pedidos por segundo, mientras que la inteligencia artificial (IA) aplicada a la atención al cliente ha gestionado más de 2.100 millones de consultas durante los once días del festival. Y, por supuesto, mucho livestreaming para generar más diversión, siendo responsable de hasta el 60% de la facturación.

En un entorno globalizado, la recuperación del mercado de consumo en China ha supuesto un importante impulso de ventas para las marcas extranjeras que siguen sufriendo el impacto de una crisis sanitaria. Aún con una guerra comercial de por medio, Estados Unidos ha sido el gran beneficiado, siendo el país que ha reportado un volumen mayor de ventas durante el Día del Soltero. Alemania, Australia, Canadá, Corea del Sur, Francia, Italia, Japón, Nueva Zelanda y el Reino Unido completan, en orden alfabético, el Top 10 de países más favorecidos, un impulso muy importante para recuperar unas ventas muy mermadas este año por la pandemia.

Respecto al mercado español, las novedades también son muy relevantes. AliExpress ha incrementado en más de un 130% el número de PYMES que han participado del evento, siendo la Comunidad de Madrid la que mayor número ha incorporado. Para dar viabilidad al crecimiento de AliExpress, la empresa china ha ampliado su capacidad logística con tres nuevos almacenes en los alrededores de Madrid, lo que permitirá reducir los tiempos de espera en un 30%. Una demostración de la apuesta del Marketplace de Alibaba por situar a España entre los países referentes de la nueva generación del e-commerce.

Entre Ereván y Bakú: Stepanakert. Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz

El Cáucaso es la región situada entre Europa del Este y Asia Occidental. En esta región se encuentran Armenia, Azerbaiyán y Georgia. Tras el acuerdo de Belavezha en diciembre de 1991, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) llegó a su fin. La catástrofe nuclear de Chernóbil, la perdida de hegemonía durante la Guerra Fría y el colapso económico provocado por la Perestroika, aceleraron el derrumbe de la URSS. Tras la disolución, las antiguas repúblicas se dividieron formando nuevos Estados independientes, tales como Rusia, los países Bálticos, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán, Bielorrusia, Ucrania, Armenia o Georgia entre otros. Además, a día de hoy existen seis Estados autodeclarados que no han sido reconocidos por ningún miembro de las Naciones Unidas, tales como Abjasia, Osetia del Sur, Chechenia, Crimea y Nagorno Karabaj.

Armenia es un país mayoritariamente cristiano y fue el primer país de la historia en adoptar, oficinalmente, el cristianismo. De sus más de 3 millones de habitantes, más del 90% se declara cristiano. Azerbaiyán, que cuenta con 10 millones de habitantes, por el contrario es laico pero la mayoría de sus  población practica el islam chií.

El origen del conflicto no es religioso, sino que se remonta más de un siglo atrás. El Imperio Otomano llegó a dominar esta región, provocando tensiones entre turcos y armenios. Durante la primera guerra mundial (1914 – 1918) el Imperio Otomano y el Imperio Ruso se disputaban la región del Cáucaso. Tras la derrota de del Imperio Otomano, estos acusaron a los armenios de apoyar a los rusos, lo que provocó el enfado turco que les llevó a gestar uno de los mayores genocidios de la historia, donde más de 2.000.000 armenios fueron asesinados a manos los turcos. El no reconocimiento del genocidio por parte de Ankara es la cuestión principal que corta las relaciones entre ambos países en la actualidad.

Tras la disolución del Imperio Ruso las repúblicas del Cáucaso se separaron y formaron su propio Estado, pero poco después la URSS anexionó la región y formo la República Democrática Federal Transcaucásica formada por Armenia, Georgia y Azerbaiyán, pero esta unión duró poco debido a las tensiones étnicas, por lo que en 1936 se disolvió la federación del Transcáucaso y las repúblicas se integraron por separado en la URSS. La región de Alto Karabaj formada casi en su totalidad por armenios, fue cedida a Azerbaiyán.

Durante la existencia de la URSS, Armenia solicitó unificar esta región a su territorio, lo que provocó un enfrentamiento entre armenios y azeríes en Stepanakert,  actual capital de Nagorno-Karabaj. Los choques violentos entre ambas regiones por dominar el territorio terminó con la guerra del Alto Karabaj que comenzó en 1988 y se prolongó hasta 1994, desde entonces la región del Nagorno Karabaj está dominada por armenios aunque oficialmente pertenece a Azerbaiyán. Ambos países se disputan la región desde hace más de 30 años y han llegado a tener conflictos ocasionalmente, como el ocurrido en abril del 2016, una guerra de solo 4 días que acabo con más de 300.000 muertos. En septiembre de 2020 también hubo enfrentamientos por esta región y, aunque no es oficial, según fuentes armenias se han perdido más de 6.600 vidas:

[Fuente: https://armenpress.am/eng/news/1032650.html]

Azerbaiyán cuenta con una gran industria de petróleo y gas y es clave para el suministro europeo desde el Mar Caspio gracias a los proyectos BTC (oleoductos desde Bakú hasta el Mediterráneo en Turquía) y TAP y TANAP (Oleoducto hasta Europa en Italia). El mar Caspio cuenta con unas reservas estimadas de 50.000 millones de barriles y 8,4 billones de metros cúbicos de gas natural.

Las relaciones en el Cáucaso han evolucionado hasta formar 2 bloques: uno formado por Turquía, Azerbaiyán, Georgia e Israel; y otro compuesto por Rusia, Irán y Armenia. La Unión Europea es más próxima a Azerbaiyán, ya que, como hemos visto, es un territorio clave para el trasporte de Gas Natural desde el mar Caspio a Europa. Además, el proyecto TRACECA busca reducir costes en el comercio terrestre entre Asia y Europa, por lo que sería vital la no enemistad de los países en esta región y la cooperación intra-regional para la fluidez del comercio internacional.

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, exigió un calendario para la retirada de las tropas armenias después del ataque en Septiembre, un calendario que el presidente exigió fuera aprobado por el Grupo de Minsk, grupo de países que buscan medios para resolver el conflicto del Nagorno Karabaj, países miembros como Rusia, EEUU, Alemania, entre otros.          

Turquía ha ejercido una influencia bastante intensa en favor de los azeríes, como el suministro armamentístico, una ayuda que agrava el conflicto en la zona, aun así el presidente azerí llegó a confirmar que estaba dispuesto al diálogo para solucionar el conflicto, un dialogo que lleva abierto desde 1992.

El primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, busca la independencia de la región a pesar de que la lengua o la divisa son de armenia, de facto pertenece a este país y está controlado por él. Con esto Pashinyan afirma que hay grupos terroristas azeríes interesados en el conflicto y reclutados por Turquía y que, Azerbaiyán, solo busca la limpieza étnica en la región, una limpieza étnica, afirma el presidente, que daría el control absoluto azerí en el Alto Karabaj.

Otro actor es China, que también tiene intereses en la región, ya que la petrolera China National Petroleum Coorporation (CNPC) tiene el oleoducto desde la costa de Kazajistán, en el mar Caspio, hasta la República Popular.

Asia Occidental sigue siendo el escenario principal para la hegemonía entre las grandes potencias mundiales: Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China. Dos alternativas muy bien definidas: por un lado EEUU y la UE, y en el otro lado China y Rusia, ¿Qué camino tomarán los países de la región del Cáucaso? Parte de los intereses geoestratégicos de Europa, Asia central y China se juegan en este escenario.

[Fuente: Ecured.com]

La comunidad internacional ha solicitado en repetidas ocasiones la paz en esta zona y, tras los avances de las tropas azaréis sobre asentamientos en el Nagorno-Karabaj, y tras tomar la segunda ciudad más importante, Shusha, el presidente armenio ha firmado un acuerdo de paz con Bakú y Moscú sobre este territorio. Una paz controlada por Rusia y Turquía, un acuerdo que no deja satisfecha a la población armenia, que sigue considerando ese territorio como propio y exigen la dimisión del presidente Pashinyan por reconocer y ceder   los últimos avances azeríes. Aun así, una paz que da estabilidad y seguridad a los ciudadanos de las tres regiones: Armenia, Azerbaiyán y Nagorno-Karabaj.

Nagorno-Karabaj y su capital Stepanakert, se ha convertido en un territorio en guerra entre armenios y azeríes desde hace casi un siglo por la asignación, con base política, en tiempos de Joseph Stalin al ver los conflictos entre los pueblos de Armenia, Turquía  y Azerbaiyán. Ahora y a pesar de las manifestaciones en Ereván, armenios y azeríes están en paz, pero ¿Hasta cuándo durará la paz?

Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

www.linkedin.com/in/angelenriquezdesalamancaortiz

@angelenriquezs

La RCEP consolida el liderazgo chino. Nieves C. Pérez Rodríguez

El TPP (el tratado de cooperación económica traspacífico) quedaba en el naufragio total este domingo, momento en el que 15 economías asiáticas firmaban la RCEP (La Asociación Económica Integral Regional, por sus siglas en inglés). Con Beijing a la cabeza y en medio de la pandemia del Covid-19, cada ministro de comercio de los respectivos países firmaba bajo la mirada digital de las otras naciones. Un evento peculiar por las circunstancias, pero cuyo ceremonial característico no se vio entorpecido por la distancia física o la conversación a través de videoconferencia.

Trump se había retirado del TPP en enero del 2017, una de las primeras órdenes ejecutivas que firmó al principio de su legislatura, pero no fue hasta el final de la misma, en que Beijing consiguió ganar posición entre los aliados comerciales de Washington para concretar la firma del RCEP, que ha venido impulsando China para equilibrar la ausencia y la necesidad dejada por el TPP. 

El TPP fue promovido por Obama como el ambicioso acuerdo comercial de ambos lados del Pacífico en el que Washington, además de hacerse con el liderazgo indiscutible en la región, dejaba fuera a China y promovía una alternativa justa de intercambios. Por lo tanto, Beijing fomentaba el interés en la RCEP como una opción menos compleja de acuerdo económico. Pues el TPP tenía como objetivo bajar tarifas, proteger el medio ambiente, facilitar y estimular el crecimiento de los miembros y el respeto de los derechos laborales de los ciudadanos de los países parte del acuerdo.

Ahora bien, el acuerdo de la RCEP fue suscrito por los 10 países que conforman la ASEAN (Indonesia, Thailandia Singapur, Malasia, Filipinas, Myanmar, Camboya, Laos, Brunéi y Vietnam en cuyas manos resta la presidencia actualmente, y quién fomentó internamente el interés en la RCEP), y Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelandia y China quien ha sido el promotor de la necesidad de activar esta asociación durante años, pero que en plena pandemia ha aprovechado el escenario de la crisis económica para avivar el sentido de la misma en la región.

La India ha decidido quedarse fuera. Aparentemente Modi -el primer ministro indio- está jugando estratégicamente a dejar la ventana abierta para negociar con la nueva Administración Biden, con la que parece que está apostando por establecer cercanas y eficientes relaciones económicas. En el nuevo escenario, en el que el liderazgo económico en el Pacifico está en China, Delhi está centrado en convertirse en una fuente más grande de exportaciones minoristas para los Estados Unidos. Y de conseguirlo la jugada podría traducirse en un gran impulso económico para la India, así como su crecimiento e importancia internacional podrían rediseñarse.

Para China, haber conseguido este acuerdo es un gran triunfo. Partiendo del hecho objetivo que cuenta con un mercado interno de 1300 millones de consumidores, es de los que más tiene que ganar, podrá poner sus productos con menos o ninguna restricción en cualquiera de sus socios, así como importar bajo los mismos parámetros.  También reafirma su liderazgo regional, como la primera economía en el Pacifico, e incluso fuera de la región se posiciona como el líder global capaz de unificar 14 países cuyas economías e intereses son diversas y capaz de liderar el mayor acuerdo económico del mundo.

La RCEP tiene bajo su paraguas 2.100 millones de consumidores. Representa el 30% del PIB mundial y un cuarto de las exportaciones del mundo, lo que supone la asociación comercial más grande del planeta. Por lo tanto, en este acuerdo Beijing le ganaba una partida a Washington como pionero en la globalización y la cooperación internacional. Por lo que la presión sobre la nueva Administración Biden se acrecienta. El presidente electo ha hablado de su intención de restablecer el TPP, los demócratas tienen una oportunidad ahora de volver a establecer alianzas y puentes en la región, y en un único escenario en el que Beijing está al mando podría darse una gran oportunidad para que tanto republicanos como demócratas se unan en priorizar retomar protagonismo en el Pacífico.

Rusia refuerza su influencia en las puertas de Asia

El acuerdo impulsado por Rusia para acabar con las hostilidades en Nagorno Karabaj entre Azerbaijan y Armenia es, por incomparecencia occidental, una jugada maestra de Putin que refuerza su poder, desplaza la influencia de la UE en la zona, consagra a Rusia como gran padrino y permite vaticinar algunos de los próximos pasos de Moscú.

Sobre el terreno, Rusia ejerce como gran aliado de Armenia (tiene una importante base militar en el territorio) y ha mantenido a la vez buenas relaciones con Azerbaijan a quien ha dotado, junto a Bielorrusia y sobre todo Turquía, de importante material militar para reorganizar sus fuerzas armadas. Pero en el choque militar reciente, Rusia ha expresado comprensión con Armenia aunque no ha movido un soldado y los gobiernos azerí y ruso han mantenido contactos estrechos para lograr un alto el fuego, fundamentalmente porque Armenia comenzó a perder la guerra desde el primer momento, y Rusia no quiere a su aliado completamente derrotado. Pero Moscú sí que necesita un gobierno armenio más prorruso ya que el primer ministro, Nikol Pashinyan,  ha estado en un proceso de acercamiento a Occidente en medio de una gran crisis económca; y con la imposición de un acuerdo que reconoce la victoria azerí, además del establecimiento sobre el terreno disputado de una fuerza rusa de interposición, deja un gran descontento en Armenia y abre una puerta al fin de su gobierno.

A la vez, Rusia ha atraído el apoyo turco al acuerdo de paz pero ha eludido la participación sobre el terreno de fuerzas turcas. Turquía es el gran aliado de Azerbaijan, con quien comparte lengua y cultura, y aspira a ser referente en la región pero ha quedado en segundo plano.

Un tercer aspecto es la marginación de los aliados occidentales. Tras la guerra de 1991 en el mismo territorio, ganada por Armenia, se constituyó el Grupo de Minsk para impulsar un acuerdo definitivo. Está constituido por AlemaniaItaliaSueciaFinlandia, Rusia, Francia, Estados Unidos  y Turquía, además de Azerbaijan y Armenia. Desde entonces no ha avanzado apenas y en este enfrentamiento de ahora Rusia ha actuado sin contar mucho con el resto y con éxito.

  Nikol Pashinyan,  ha estado en un proceso de acercamiento a Occidente en medio de una gran crisis económica; y con la imposición de un acuerdo que reconoce la victoria azerí, además del establecimiento sobre el terreno disputado de una fuerza rusa de interposición, deja un gran descontento en Armenia y abre una puerta al fin de su gobierno. El protagonismo ruso es un mensaje para las tentaciones pro UE de Moldavia, Georgia y otras regiones del Cáucaso de influencia rusa.

A la vez, Rusia ha atraído el apoyo turco al acuerdo de paz pero ha eludido la participación sobre el terreno de fuerzas turcas. Turquía es el gran aliado de Azerbaijan, con quien comparte lengua y cultura y aspira a ser referente en la región y ha quedado en segundo plano.

Y el espectador discreto, China, que como hemos venido diciendo necesita estable y próspera toda la Ruta de la Seda, también ha recibido un mensaje: todos los acuerdos regionales, pragmáticos, hábiles, a veces contradictorios y de difícil equilibrio firmados por Pekín son importantes, pero al final o son aceptables para Moscú o tendrán problemas.

India y la nueva Administración Biden / Harris. Nieves C. Pérez Rodríguez

Los resultados de las elecciones estadounidenses se hicieron esperar, pero no por ello el entusiasmo por conocer al ganador disminuyó. Finalmente, el sábado pasado, los principales medios reconocían que el nuevo presidente electo de Estados Unidos es Joe Biden y con ello una avalancha de felicitaciones de jefes de Estado llegaban al nuevo equipo, que ocupará la Casa Blanca los próximos cuatro años.

Narendra Modi —el Primer ministro indio— felicitó a Biden en un tweet en el que, además, reconocía su trabajo previo en fortalecer las relaciones indo-pacíficas como vicepresidente en la era Obama y esperaba trabajar juntos, una vez más, para llevar dichas relaciones a un nivel aún más elevado. Pero, como era de esperar, también aprovechó para felicitar a la vicepresidenta electa usando un tono más cercano y cómplice:

“Su éxito es pionero y motivo de inmenso orgullo no solo para sus Chittis, sino también para todos los indoamericanos. Estoy seguro de que los activos lazos entre la India y los Estados Unidos se fortalecerán aún más con su apoyo y liderazgo.”

El término Chittis, que significa tía en tamil, ha sido uno de los que más emoción ha causado entre la comunidad india en los Estados Unidos y también en el exterior. Kamala ya usó ese término en el discurso que dio durante la convención nacional demócrata, en el que aceptó la nominación en la candidatura electoral como vicepresidenta. Y ahora Modi, correspondiendo el guiño, lo usa para aseverar que la alegría de su éxito no sólo la siente su familia materna y el gran número de tías que tiene en el sur de la India, en la región de origen, el estado de Tamil Nadu. 

La prensa y los medios en India reconocieron la victoria demócrata desde el comienzo y la mayoría en India ha celebrado el éxito de Biden y Harris, sazonado por la emoción natural que suscitan las raíces indias de la vicepresidenta electa. Para muchos nativos de Thulasendrapuram —el pueblo de la madre— viven con orgullo como una hija de inmigrante consigue llegar a la más alta esfera política del país más poderoso del mundo. Mientras se esperaban impacientemente los resultados de las elecciones, en este pequeño pueblo se organizaron visitas a templos hinduistas, rezos y ofrendas, con la fe puesta en que estos favorecerían los resultados hacia los demócratas.

Ahora las expectativas son de una diplomacia bilateral tradicional y por lo tanto predecible y estable. En cuanto a los intercambios comerciales entre Estados Unidos e India también se predice más tranquilidad en las relaciones, pues Biden, que es de la escuela política tradicional, no estará anunciando aranceles o cambios de política por Twitter. Y, tal y como nos decía un experto en intercambios que ha vivido estas últimas dos semanas en Delhi, lo que más importa y preocupa en India es convertirse en una fuente más grande de exportaciones minoristas para los Estados Unidos.

En cuanto al plano internacional, en junio de este año, India fue elegido miembro no permanente del consejo de seguridad de Naciones Unidas y lo será hasta el 2022. Pero ahora necesitará el apoyo de la Administración Biden para impulsar su imagen como potencia que merece ostentar la posición de miembro permanente del consejo de seguridad.  Posición por la que han venido haciendo lobby pero que, para conseguirla, deben impulsar también reformas estructurales en la ONU, que tan sólo para poder plantear necesitaría ir de la mano de Washington.

A pesar de lo bien recibidos que han sido los resultados de las elecciones estadounidenses en la India en general, los medios de comunicación están obsesionados con el hecho de que Estados Unidos venda armas y aviones de combate a Pakistán. Lo que no es nuevo, pues las relaciones de interés entre Washington e Islamabad no son recientes, y la venta de armamento se considera estratégica desde el Pentágono para neutralizar el terrorismo regional.

Así mismo, Pakistán, a principios de este año, calificó de inquietante la venta de Estados Unidos a India del sistema integrado de arma de defensa área asegurando que desestabilizaría más la ya de por sí volátil región.  Transacción que supone unos 2 mil millones de dólares.

Y, finalmente en el mundo post pandemia, la India junto con los Estados Unidos, podrían hacer un bloque contra las aspiraciones y abusos chinos en Asia. Beijing ha perdido credibilidad internacional y es un momento clave para desarrollar alianzas en pro del respeto y la convivencia. Además, sería muy oportuno para la India en este momento en que el conflicto en la zona fronteriza con China se ha avivado y que, después del último incidente en el que perecieron 20 soldados indios, contara con el respaldo incondicional de los estadounidenses.  Foto: Flickr, Janie Marie Foote.