Submarino

INTERREGNUM: Mercados y submarinos chinos. Fernando Delage

No hay mejor reflejo del poder chino que el hecho de que no haya una semana en la que su presidente no ocupe la primera página de los grandes medios internacionales. Y, en coherencia con las ambiciones de Pekín, las noticias no son sólo de cuestiones empresariales. Es ya imposible hablar del futuro de la economía global, pero también del equilibrio militar de poder, sin tener en cuenta a la República Popular.

El martes 10 de abril, en una intervención ante el Boao Forum—reunión que se celebra anualmente en la isla de Hainan, y es conocida como el “Davos asiático”—Xi Jinping asumió una vez más su ya conocido papel de principal defensor del libre comercio y la globalización. Xi recurrió a los mismos mensajes en los que ha hecho hincapié en el Foro Económico Mundial en enero de 2017, o en distintas ocasiones multilaterales, como las cumbres de APEC (la última de ellas en Vietnam el pasado noviembre). Pekín ha sabido ocupar el vacío creado por el nacionalismo económico de Trump, con una retórica que calma a los mercados internacionales sin abandonar al mismo tiempo la defensa de sus intereses nacionales.

Ambos objetivos coinciden en el anuncio realizado por Xi en el mismo discurso: prometió reducir las barreras a la inversión extranjera en la industria del automóvil y el sector financiero, disminuir los aranceles a las importaciones de vehículos de motor, y mejorar la protección de los derechos de propiedad intelectual. Su compromiso sobre estos asuntos centrales en las actuales disputas comerciales con Washington, y el tono conciliador empleado por Xi, han mitigado la preocupación por una inminente guerra comercial. La administración Trump se ha atribuido con celeridad la victoria, al interpretar la declaración del presidente chino como una concesión a sus presiones. Pero China aún tendrá que concretar su retórica en hechos. De momento, se ha garantizado la estabilidad que necesita su crecimiento—objetivo interno prioritario—, mientras—de cara al exterior—es la República Popular quien refuerza su imagen como país respetuoso de las normas multilaterales.

China, por resumir, ha vuelto a dar otro ejemplo de habilidad en su diplomacia económica. A lo que hay que sumar la demostración militar realizada sólo dos días más tarde. El despliegue de más de 10.000 soldados, 48 buques y submarinos de la armada y 76 cazas de la fuerza aérea carece de precedente. A bordo del destructor Changsha, el presidente chino pasó revista a siete grupos de batalla, y por primera vez hicieron aparición pública los submarinos nucleares 094A, dotados cada uno de ellos con 12 misiles intercontinentales (de un alcance estimado de 7.400 kilómetros). Las comparaciones históricas, siempre presentes en el imaginario nacional, llevó a algunos medios a describir la ocasión como la mayor concentración de buques chinos en 600 años, es decir, desde las famosas expediciones del almirante Zheng He. Como mínimo, sí revela la extraordinaria y acelerada modernización de las capacidades navales chinas desde la llegada de Xi Jinping al poder a finales de 2012; un poderío que puede poner fin—así lo reconoce el propio Pentágono—a la supremacía de Estados Unidos en las aguas del Pacífico occidental.

Como no habrá escapado a la atención de los observadores, los ejercicios también se han desarrollado en la isla de Hainan, plataforma central de proyección en el mar de China Meridional—la totalidad de cuyas islas Pekín reclama—, y punto de partida de la Ruta de la Seda Marítima. El mismo día que Xi se dirigió a sus tropas, también se anunció la realización de maniobras navales en el estrecho de Taiwán el 18 de abril. (Foto: Gerry Pink, Flickr)

Measured

Los efectos de sus medidas que Trump ignora. Nieves C. Pérez Rodríguez

La vida cotidiana de los ciudadanos transcurre bastante parecida en casi cualquier país del mundo. Salvo diferencias culturales y determinadas prácticas, las preocupaciones que ocupan los pensamientos son parecidas: trabajo, dinero, familia, vivienda, educación, etc. La calidad de vida de los ciudadanos está determinada por factores más complejos, como el nivel de desarrollo del país, el acceso a tecnología punta, un sistema sanitario que funcione, y la libertad es sin duda un factor que ocupa un lugar importante. La globalización ha sido el elemento acelerador del deseo de desarrollo, mientras que ha permitido que se agilicen las transacciones de intercambios y el acceso a productos de casi cualquier punto, por distante que sea del planeta.

Esto es lo que ha ocurrido entre China y Estados Unidos, a pesar de ser países con sistemas económicos y políticos opuestos. El deseo de acceder a un mayor mercado, o producir a menor costo o a mayor escala ha unido a ambas economías, las ha hecho crecer e incluso las está llevando ahora a un enfrentamiento por mantener el liderazgo. Pero ¿es posible que la guerra comercial de la que tanto se está hablando quede ajena al ciudadano de a pie?

Conversamos con Eric Johnson, periodista especializado en intercambios comerciales, tecnologías y logística, que acumula una gran experiencia práctica en intercambios comerciales, y sostiene que Trump tiene razones reales en culpar a China de no estar jugando de manera justa, pues subsidian industrias a través de entidades estatales e inundan mercados con exceso de capacidad de productos para reducir los precios mundiales.  Y, apunta, la discusión debería estar centrada en cómo la entrada en vigor de estas tarifas impactará las economías en dos aspectos, para los consumidores y para el empleo.

Lo más importante, apunta Johnson, son los impactos de la gestión de la cadena de suministro. Un fabricante estadounidense que importa del extranjero partes o componentes para poder producir una maquinaria, por ejemplo, al encontrarse que estos aranceles aumentan el precio de esa parte, acabará aumentando considerablemente su producto final. Puede hacer tres cosas: una, ir a un país diferente donde las tarifas no se aplican, dos, ir a un proveedor nacional (si lo hubiera), o tres, dejar de producir esa maquinaria por completo. Ninguna de estas opciones es ideal, especialmente porque la mayoría de las empresas se encuentran en mercados globales altamente competitivos. Las compras en el exterior les dan a los fabricantes estadounidenses una ventaja competitiva y libertad de buscar sus suministros donde le sean económicamente más atractivos, lo que se traduce en un producto terminado a un mejor precio.

Para los exportadores de EE. UU., Los impactos podrían ser más directos: aranceles en bienes completamente ajenos a los sectores a los que se dirige la Administración Trump. En otras palabras, los productores de soja de Iowa y los productores de vino de California (dos sectores extraordinariamente fuertes en la exportación estadounidense a China) podrían ser penalizados porque la industria del acero ha ejercido presión sobre la Administración Trump, sostiene Johnson. Los sectores económicos por diferentes que sean forman parte de una gran rueda que mueve el sistema en su totalidad, y si una parte de ese sistema es alterado -favorable o perjudicialmente-, habrá un efecto dominó sobre la cadena, bien sea de elaboración, distribución, almacenaje y/o en el consumidor final, que pagará más por el mismo producto.

Una vez que entren en vigor las tarifas, los mercados de productos básicos de exportación se descontrolarán, el costo de algunos bienes de consumo de importación se verá afectado y la gente comenzará a perder empleos en industrias que dependen de la importación y la exportación. Johnson enfatiza que a él le preocupa especialmente los trabajadores menos cualificados (los obreros de almacenes de distribución, embalaje o los mismos conductores de camiones) puesto que no reciben tanta atención, por parte de la Administración Trump, como los que trabajan en las minas de carbón o las siderúrgicas. Pero ambos son trabajos manuales o del mismo nivel. Luego están todos los empleos asociados con el comercio, como los directores de logística, gerentes de cadena de suministro, responsables de venta a minorista y construcción que dependen de las importaciones. Todos ellos se verían afectados de imponer dichas tarifas, y esto pasaría tanto en Estados Unidos como en China.  Tal y como hemos afirmado repetidamente en esta columna, las formas de Trump son muchas veces el mayor problema. Johnson asevera que avergonzar a China en la arena pública solo obligará a Beijing a tomar represalias, lo que ya han anunciado (con las contramedidas).

Pudiendo negociar ferozmente, pero a puertas cerradas, con China y ser cordiales en público, con una mayor dosis de diplomacia y menos confrontación, Washington podría seguir luchando por mantener sus intereses económicos e incluso penalizar a China, neutralizando sus maniobras oportunistas, más que haciendo un show mediático que al final no beneficia a ninguna de las partes.

Alimento

THE ASIAN DOOR: Alibaba y Tencent se disputan la distribución de alimentos en China. Águeda Parra.

La creación de nuevas alianzas en el transporte y en la distribución de alimentación parece ser el escenario elegido por los gigantes tecnológicos de Internet en China para desarrollar la siguiente guerra territorial en la industria. Conocido es el interés de la mayor empresa de e-commerce del mundo, Alibaba, y la mayor red social mundial, Tencent, propietaria de WeChat, por ampliar sus líneas de negocio tradicionales hacia otros sectores donde todavía existen grandes perspectivas de desarrollo. En el radar, la distribución de alimentos y la economía compartida, para lo cual están realizando importantes inversiones y adquisiciones entre las empresas más conocidas y mejor posicionadas en estos sectores.

Durante estos últimos años, la capacidad innovadora de Alibaba se ha orientado a hacer un uso extensivo del Big Data, que utiliza como herramienta para analizar las preferencias de sus clientes y mejorar las interfaces de usuario ajustándose a los gustos del comprador. Pero los avances en inteligencia artificial también permiten mejorar la cadena de suministro y las rutas de entrega. Trasladado este punto a su estrategia omnicanal, conocida como Hema Supermarket, la innovación tecnológica supone conseguir unos tiempos de distribución del pedido en un plazo de 30 minutos.

La apuesta de Alibaba por la omnicanalidad está resultando exitosa, de ahí que de los 13 Hema Supermarket que disponía el gigante del e-commerce en 2015 se haya pasado a 25 tiendas a finales de 2017. Las grandes urbes como Shanghai, con 14 centros, y Beijing, con cinco, cuentan con el mayor despliegue de tiendas, y la estrategia para 2018 es ampliar la red de la capital china con hasta 30 nuevos centros físicos. Estrategia que se complementa con Autonavi, proveedor de servicios de mapas, y la plataforma de bicicletas compartidas, Ofo, para realizar la distribución, empresa que cuenta con el respaldo financiero de Didi Chuxing, el sistema de transporte compartido que compró las operaciones en China de Uber en 2016.

Con los últimos movimientos en inversiones y adquisiciones, Alibaba conseguía situar su valoración de mercado en 500.800 millones de dólares a mediados de enero, según datos de CNBC. Entre las más recientes, la noticia de la adquisición de la startup de alimentación Ele.me, que significa “¿con hambre todavía?”, empresa participada actualmente en un 23% por Alibaba y con una participación minoritaria por parte de Tencent, que ya posee su propio servicio de distribución denominado Meituan-Dianping.

Según la información publicada por Bloomberg, con la adquisición de Ele.me, valorada entre 5.500 y 6.000 millones de dólares, Alibaba se haría también con la división de distribución de Baidu, comprada por la startup en agosto de 2017 por 500 millones de dólares. Con Alibaba adquiriendo Ele.me, que posee una cuota de mercado del 49,8%, frente al 43,5% de Meituan, propiedad de Tencent, el gigante del e-commerce estaría tomando posiciones para liderar el mercado de la distribución de comida que, según la empresa Analysys, se estima supuso unos 10.700 millones de dólares durante el último trimestre de 2017.

A esta estrategia, se suma también la alianza establecida en noviembre de 2017 entre Alibaba y Sun Art Group Limited, propietario de 446 tiendas que operan las cadenas de supermercados Auchan y RT-Mart a nivel nacional, con una participación en el 36% del capital por 2.900 millones de dólares. Este movimiento de Alibaba, que cuenta con 488 millones de consumidores activos, podría llevar a Tencent, con 1.000 millones de usuarios activos, a invertir en Carrefour con el propósito de desafiar la estrategia omnicanal de Alibaba, según anunciaba Bloomberg a principios de año. Todo ello, como respuesta a las demandas generadas por los nativos digitales, usuarios que están modelando la adaptación del mundo offline a la versión online según sus hábitos y comportamientos, con una componente de eficiencia tecnológica elevada.

Con la puesta en marcha del servicio de distribución de comida de Didi Chuxing desde marzo de 2018, y el anuncio el pasado 4 de abril de Meituan, participada de Tencent, de la adquisición de la mayor compañía de bicicletas compartidas Mobike, competidora de Ofo, los dos grandes gigantes tecnológicos, Alibaba y Tencent, entran en máxima rivalidad por el competitivo mercado de la distribución de alimentos, que ha visto en la incorporación de la economía compartida a su mayor aliado en China. (Foto: Barracuda Photo, Flickr)

tambores

INTERREGNUM: Tambores de guerra (comercial). Fernando Delage

El pasado 3 de abril, Washington anunció la imposición de tarifas a las importaciones de distintos productos chinos por un total de 50.000 millones de dólares. Un día más tarde, China desveló su propia lista de importaciones procedentes de Estados Unidos a las que impondrá aranceles por una misma cuantía. Al día siguiente, el presidente Trump dio instrucciones a su administración para preparar un plan adicional de sanciones por otros 100.000 millones de dólares. Tras condenar las amenazas norteamericanas, Pekín declaró que no dudará en darles una rápida respuesta: “China no quiere una guerra comercial—indicó el viceministro de Comercio—, pero no la tememos si hay que declararla”.

Aunque las medidas acordadas hasta la fecha ascienden a una misma cifra, su impacto es muy diferente. Las compras norteamericanas a China sumaron 505.000 millones de dólares en 2017, lo que significa que las tarifas impuestas por Washington sólo afectarán al 10 por cien de las mismas. Las importaciones chinas de Estados Unidos fueron de 130.000 millones de dólares, por lo que los aranceles de Pekín alcanzarán a más de un tercio de las ventas norteamericanas. Pero la asimetría no es sólo económica: también lo son las consecuencias políticas.

Trump dice actuar contra un supuesto “robo” chino de la propiedad intelectual de su país, y—sin decirlo—pretende obstaculizar la estrategia de innovación tecnológica de Pekín, formulada bajo la etiqueta de “Made in China 2025”. El gobierno chino se ha concentrado, por su parte en las exportaciones agrícolas de Estados Unidos—soja, maíz y tabaco, en particular—que representan casi el 20 por cien del total de las exportaciones norteamericanas a China. El mensaje político es claro: Pekín se ha dirigido al corazón de las áreas de influencia republicana; a los votantes de Trump en las zonas rurales. El presidente se encontrará así con la oposición de sus propios electores a las medidas que ha adoptado contra China, al resultarles perjudiciales para sus intereses económicos. La República Popular depende en mayor medida del comercio exterior que Estados Unidos; sin embargo, dado el control por el Estado de la economía, su margen de maniobra para adaptarse al impacto de las sanciones es mucho mayor que el de Washington. Los líderes chinos no tienen que preocuparse, como Trump, por las elecciones al Congreso de noviembre, o por su reelección en 2020.

Más relevante quizá que la dinámica interna de ambos países, es lo que el enfrentamiento revela sobre el cambio en su respectiva posición internacional. Las medidas de Trump no deben sorprender a nadie, dadas sus preferencias proteccionistas. Pero la convicción de que sus amenazas obligarán a China a ceder y a ofrecer concesiones significativas puede resultar errónea. El problema de la estrategia de Trump—si se le puede denominar como tal—es que su objetivo no es en último término China (o Corea del Sur, o México, entre otros países a los que también ha leído la cartilla) sino el sistema multilateral, cuyas reglas está violando con sus medidas. Sin duda China juega con cartas marcadas, como revelan las crecientes dificultades de  las empresas extranjeras para acceder a su mercado. Sin embargo, cuando es un Estado comunista quien demanda a Estados Unidos ante la Organización Mundial de Comercio—uno de los pilares del orden internacional creado por Washington tras la segunda posguerra mundial y que ahora Trump quiere deshacer—, los términos del envite van mucho más lejos.

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THE ASIAN DOOR: El lujo en China, cada vez más digital. Águeda Parra

El sector del lujo tiene una relación especial con China, por su tamaño, por la sofisticación de sus consumidores y por la variedad de tiendas de marcas distribuidas por todo su territorio. Durante años, las marcas de lujo han apostado fuertemente por el gran potencial que significa para el sector el gasto que realizan los consumidores chinos, de ahí que en 2016 se hubiera triplicado el número de tiendas de lujo que existían en 2008.

Sin embargo, el hecho de multiplicar por tres la presencia de marcas de lujo en esta última década solamente ha tenido el efecto de duplicar el gasto, poniendo de manifiesto el gran impacto que ha supuesto la campaña contra la corrupción implantada por el presidente Xi Jinping en 2012, justo al principio de su mandato. En la era de Xi, se ha introducido como prioridad mantener la integridad del Partido, de ahí que se decidiera poner freno a los excesos que existían, reduciendo significativamente el consumo de marcas de lujo cuya demanda estaba asociada a un gasto excesivo y a los sobornos entre los funcionarios.

Esta situación de los últimos años se ha ido estabilizando, y el sector del lujo ha vuelto a resurgir en China en 2017, alcanzando los 21.000 millones de dólares, un incremento importante respecto al gasto registrado un año antes de 17.300 millones de dólares. El importante esfuerzo por mantener un crecimiento económico del 6,9%, una clase media creciente que consume más y que incrementa su nivel de gasto en lujo, y una mayor sofisticación del consumidor han sido las tendencias principales que han hecho que 2017 vuelva a registrar crecimientos positivos en el sector en China. A lo que habría que añadir también el incremento del gasto fuera del país, ya que la expansión del turismo chino está favoreciendo significativamente que siga creciendo el sector del lujo mundialmente.

Pero la gran novedad del sector del lujo en China, que crece anualmente un 15% y que en 2017 llegó a representar un tercio del mercado mundial, radica en la incorporación del grupo de los millennials chinos, jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y 34 años, entre los grandes consumidores del sector del lujo. Una mayor frecuencia de adquisición de productos de marca, una creciente disponibilidad económica y un gasto creciente a través de las plataformas digitales están marcando la tendencia de recuperación del sector en China.

El sector del lujo ha encontrado en los nativos digitales y en las plataformas online de China los mejores aliados para hacer crecer el consumo. Los jóvenes chinos son la generación más digitalmente conectada del mundo, pasan de media unas 27 horas online a la semana, lo que supone un 24% más del tiempo que emplean los jóvenes en Estados Unidos, según un estudio de GGV Capital. Estar digitalmente conectados supone una adopción de la tecnología mucho mayor que el resto de jóvenes de su generación, de ahí que sean los grandes referentes del e-commerce mundial y los encargados de configurar el futuro de la economía digital.

Es imprescindible, por tanto, que el sector del lujo en China se adapte a los entornos digitales donde los consumidores encuentran información de los productos y realizan la compra directamente a través del creciente ecosistema de plataformas digitales que abunda en la sociedad china. Aunque las compras de productos de lujo se siguen realizando mayoritariamente por el medio presencial, hasta en un 91% de los casos en 2017, el gasto en marcas a través de medios digitales se va consolidando como tendencia entre los consumidores chinos del lujo, ya que las ventas e-commerce crecieron un 86% entre 2016 y 2017.

Propulsores de esta tendencia están siendo las plataformas de los gigantes del e-commerce en China, como Alibaba y JD.com, que están atrayendo al consumidor del lujo chino gracias a incorporar en sus entornos digitales un buen número de conocidas marcas internacionales. El conocido como “pabellón del lujo”, lanzado por Alibaba en agosto de 2017 a través de su plataforma Tmall, responde a la tendencia de incorporar masivamente las marcas internacionales en los medios digitales, hecho que debe aprovechar el sector del lujo si quiere sacar partido a las ventajas que pueden ofrecer los medios digitales en el relanzamiento del sector del lujo en China.

unicornio

THE ASIAN DOOR: A los unicornios les gusta China. Águeda Parra

Hasta hace unos años, era normal que Estados Unidos fuera el país que contara con un número mayor de unicornios, es decir, las denominadas startups tecnológicas de inversión privada que tienen un valor superior a los 1.000 millones de dólares. Sin embargo, con el milagro tecnológico que está experimentado China en los últimos años, los unicornios comienzan a proliferar fuera de Silicon Valley y emprenden su estrategia de hacerse globales desde China hacia los mercados internacionales.

Durante 2017 ha seguido creciendo el número de empresas tecnológicas globales que se han convertido en unicornios, hasta 46 compañías, según un informe de CB Insights, situación que ha intensificado la competencia entre la primera y la segunda potencia mundial por conseguir situar un mayor número de unicornios en la clasificación mundial. Solamente en 2017, China consiguió crear 17 de estas grandes empresas tecnológicas globales, a poca distancia de las 19 compañías que aportaba Estados Unidos.

La carrera en estos años ha sido trepidante, y China ya sitúa a 56 titanes tecnológicos en la clasificación de 2017, cuando en 2014 solamente tenía 8 unicornios. Por tanto, no parece extraño que en el próximo lustro la situación cambie y China pueda comenzar a liderar la clasificación mundial de unicornios, una vez que ya ha adelantado a Europa en la creación de este tipo de empresas.

El desarrollo tecnológico en China ha sido el gran desencadenante de que el gigante asiático se esté disputando los primeros puestos en el Top 10 de unicornios más grandes del mundo en 2017. En esta clasificación, el gigante asiático aporta cuatro empresas, la firma de transporte Didi Chuxing, y el fabricante de teléfonos móviles Xiaomi, en segundo y tercer puesto, liderando el Top 3 la estadounidense del transporte privado, Uber. Los otros dos titanes tecnológicos se sitúan al final del grupo de los 10 principales unicornios, ocupando Lu.com y China Internet Plus Holding los puestos octavo y noveno, respectivamente.

Una de las principales ventajas que tienen los unicornios chinos es el tamaño del mercado en el que se desarrollan. Las dimensiones del gigante asiático facilitan que se puedan expandir y desarrollar nacionalmente. La competencia en el mercado chino y la amplia experiencia adquirida durante este tiempo terminarán por animar a los unicornios de creación China a que den el salto hacia los mercados internacionales, donde ya comienzan a realizar las primeras incursiones. Con ello, los unicornios chinos entrarán en competencia directa con las empresas extranjeras en su propio territorio, y la lucha no será únicamente por conseguir una mejor cotización bursátil, sino por quién capta un número mayor de usuarios.

Otro aspecto destacado es el uso masivo de la tecnología en la sociedad china, que cuenta con una clase media creciente que está ampliando su nivel de gasto, facilitando que se creen un número mayor de nuevos unicornios en torno al sector del e-commerce y de las plataformas online. Y son las grandes tecnológicas de China del sector de los pagos digitales las que están invirtiendo para desarrollar la industria, de ahí que el 46% de los unicornios chinos hayan recibido la participación de empresas como Baidu, Alibaba y Tencent, según el citado informe.

La irrupción de los unicornios chinos en la escena internacional ha supuesto una duplicidad entre las grandes tecnológicas mundiales, como Tencent, que es la versión china de Google, Didi que emula el negocio de Uber, y WeChat, que es lo más parecido a Facebook. Empresas que se están viendo favorecidas por el efecto de los “sea turtles”, nombre como se denomina a los graduados chinos en universidades extranjeras que deciden regresar a los centros tecnológicos de China donde se está apostando por la innovación y el talento. Durante 2016, 432.000 graduados decidieron que China aportaba mejores oportunidades para desarrollar su trayectoria profesional que las que podrían encontrar en Silicon Valley.

El mercado chino se mueve con rapidez, y el ritmo de crecimiento de la economía del 7%, muy superior al alcanzado por el resto de grandes potencias mundiales, favorece la creación de nuevos unicornios tecnológicos, impulsado, fundamentalmente, por la apuesta del gobierno chino de convertirse en la primera economía mundial en 2030. Los unicornios chinos han venido para quedarse, y para crecer en número cada año, de modo que dependerá del dinamismo tecnológico del resto de economías que haya competencia en la futura economía digital. (Foto: DWRL U. Texas, Flickr)

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Turbulencias americanas. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana en Washington ha comenzado con turbulencias que vienen desde la cuenta de Twitter del presidente Trump, quién retoma el argumento del gran déficit que tiene Estados Unidos con México y Canadá, para justificar por qué el Tratado de Libre Comercio del Norte de América (Nafta) se encuentra en proceso de renegociación, y aprovecha la oportunidad para afirmar, una vez más, lo perjudicial de éste acuerdo para la economía estadounidense pues, afirma, ha ocasionado la reubicación masiva de empresas y trabajos, fundamentalmente fuera de territorio estadounidense. A la vez, asegura que los aranceles en aluminio y acero serían descartados sólo si se firma un nuevo y justo acuerdo Nafta. Los aranceles, que anunció para dar comienzo al mes de marzo, en el que propuso que Estados Unidos imponga a las importaciones el 10% al aluminio y 25% al acero.

Las respuestas a este polémico anuncio no se hicieron esperar. Canadá, el vecino afable, respondió con firmeza a sólo horas del anuncio, afirmando que siendo uno de los mayores proveedores de acero de Estados Unidos, repudiaban esta medida. Mientras que, desde México, los industriales del acero y el aluminio pidieron a su gobierno responder con medidas equivalentes.  Por su parte, la Unión Europea aseguró que es una brutal intervención para proteger la industria estadounidense y no está basada en ningún motivo de seguridad. Mientras, el Fondo Monetario Internacional advirtió que esos aranceles pueden causar daños a la economía fuera y dentro de los Estados Unidos. La Organización Mundial del Comercio alertó de que una guerra comercial no le interesa a nadie. La industria de aluminio japonesa ha pedido a Trump reconsiderar su postura, pues agregar esa tarifa no sólo podría lastimar al gremio nipón sino que podría tener un su efecto dominó hacia otras industrias y generar un crecimiento de proteccionismo global. Y China ha dicho que se opone al proteccionismo y que defenderá sus intereses y derechos.

La polémica ha sido tal que los dos máximos representantes responsables de estas áreas en la Administración Trump participaron en programas de televisión el domingo, en horario estelar, para intentar bajar un poco la tensión y contener el impacto global que ha tenido el anuncio. Wilbur Ross, secretario de Comercio, y Peter Navarro, director de la oficina de intercambio y manufacturas, ambos conocidos por sus tendencias proteccionistas y nacionalismo económico, llamaron a la calma. Además, Navarro es especialmente conocido por su extrema postura anti-China, y precisamente China ha sido acusada en múltiples ocasiones de vender acero y aluminio a precios por debajo del valor de producción, (en parte por la gran capacidad que tiene), lo que lo pone a él en el ojo del huracán.

Debemos retomar las promesas electorales de Trump en las que ofreció endurecer los controles de importaciones para beneficiar a los trabajadores y obreros de industrias de estos sectores, ubicados sobre todo en el Oeste Medio de los Estados Unidos. Lo que es aún más preocupante, pues no es simplemente un Tweet aislado que pensó y escribió, es que se trata de una idea que han venido considerando por un largo periodo.

En el más reciente análisis hecho por Bloomberg sobre el impacto que tendrían estos aranceles, de ser aplicados, en otros sectores económicos, fueron identificados 5 sectores que se verían golpeados por esta medida: uno, la industria de vehículos y aeroespacial, y con ellos sus más de dos millones de empleados; dos, productos enlatados, para los que Estados Unidos no produce suficiente material por lo que habría que importar del exterior, lo que incrementaría altamente los costos; tres, la tecnología (teléfonos móviles y otros productos de la marca Apple); cuatro, manufacturas que incluye los paneles solares y, quinto, el sector de oleoductos, que según estudios, podrían incrementar el costo hasta unos 76 millones de dólares por cada oleoducto que se construya. Lo que se traduce en una desventaja mayor que un beneficio para la economía doméstica estadounidense.

Incluso en las filas republicanas, que han respaldado al presidente, se han ventilados desacuerdos al anuncio hecho por Trump el pasado jueves. Paul Ryan, el portavoz del Congreso, comenzó su semana afirmando expresamente que dichas tarifas a las importaciones del acero y el aluminio podrían desencadenar una guerra comercial. Y que la amenaza de imponer dichos aranceles provocaría respuestas más que concesiones a sus pretensiones. Da la sensación de que el periodo de relativa calma, en el que Trump se había mantenido medianamente comedido, se ha acabado, ¡y de qué manera! Y luego, con este anuncio y durante el fin de semana en un comentario en el que dejaba ver su admiración por Xi Jinping, dijo que así como él es presidente de por vida en China, Estados Unidos, (la cuna de la libertad y el mayor contendiente al comunismo), debería probar ese sistema a ver si funciona. ¿Pero qué es lo que ésta pasando? ¿Egolatría exacerbada o será más bien ignorancia extrema? (Foto: M_Laurie_DM8106, Flickr)

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THE ASIAN DOOR: El Año Nuevo chino, la celebración más digital. Águeda Parra

En China, la revolución digital es ya una realidad que alcanza muchos ámbitos de actividad, y sorprende la facilidad con la que las generaciones más mayores están adaptando los usos de Internet. Las nuevas tecnologías trascienden los grandes núcleos de población y cada vez están más presentes en las ciudades de segundo y tercer nivel del interior del país, ayudando a disminuir la brecha digital. Con ello, los mayores están incorporando los usos y costumbres de Internet a su entorno, a la vez que los nativos digitales son los líderes de nuevas costumbres y usos que se propagan a través de las diferentes plataformas de e-commerce y redes sociales del país.

El uso del móvil en China está en expansión como elemento para acceder a las redes sociales, realizar compras en las plataformas de e-commerce y contratar servicios financieros, entre muchas otras utilidades. Mientras tanto, disminuye el número de usuarios que se conecta a Internet utilizando ordenadores personales, portátiles e incluso tabletas. En 2017, China alcanzaba una cifra récord de usuarios de Internet que ascendía a 772 millones de personas, de los cuales 753 millones se conectaron a través del dispositivo móvil, según fuentes oficiales.

El potencial que tiene el móvil en China está siendo ampliamente utilizado por las plataformas de redes sociales y medios electrónicos como herramienta de marketing digital, ya que el 95% de los dispositivos móviles tienen conexión a Internet. A diferencia de lo que sucede en los procesos de digitalización en el resto de sociedades avanzadas, en China las generaciones más mayores están adoptando ritmos similares de interacción con la tecnología más propios de los hábitos entre los jóvenes de todo el mundo.

La celebración del Año Nuevo Chino también se ha adaptado a esta revolución digital, que este año se ha celebrado el 16 de febrero. Durante los días previos a la mayor migración anual del mundo de personas se han vendido más de 23,45 millones de billetes de tren a través de la página Web de China Railway Corporation, y en un solo día se superó la venta de más de 10,5 billetes, lo que ha supuesto alcanzar los 5.930 millones de clics por hora. No todas las Web del mundo están preparadas para ese nivel de interacción, lo que demuestra la implicación a todos los niveles, gubernamentales y empresariales, de hacer evolucionar la revolución digital a límites que todavía no se han alcanzado en las economías occidentales en toda la historia.

Pero la innovación más disruptiva en el Año del Perro de Tierra ha sido la versión digital de la tradición más conocida en esta época del año, los famosos sobre rojos (红包, hóng bāo). Son felicitaciones que se realizan durante la fiesta de la primavera (春节, chūnjié) y en las que los mayores reparten entre las generaciones más jóvenes dinero para desear buena fortuna y bendiciones para el nuevo año.

Durante el día de Fin de Año (除夕,chuxi), que este año se ha celebrado el pasado 15 de febrero, 688 millones de chinos han utilizado la plataforma WeChat para realizar envíos de hongbao en la modalidad digital. La cifra resulta abrumadora, más si se tiene en cuenta que es un 15% superior respecto al volumen alcanzado el año anterior.

El dinero fluye en el ecosistema digital y los hongbao pasan a formar parte del e-commerce que se realiza a través de la propia plataforma de WeChat, cerrando así el círculo del nuevo tipo de economía digital que está acelerando el desarrollo del país. En esta ocasión, las compras han estado dirigidas a cubrir necesidades diarias en grandes comercios, a la adquisición de refrescos y viajes, según datos de la propia compañía. Pero muchas otras empresas también se han beneficiado de un modelo de compras digitales cada vez más extendido en China, lo que demuestra la necesidad de estar presente en China para las grandes multinacionales del mercado de consumo. Presente, digitalmente hablando.

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THE ASIAN DOOR: Los nativos digitales de China están configurando nuestro futuro. Águeda Parra

(Foto: Portal GDA, Flickr) La denominada como economía digital comienza a afianzarse en todo el mundo, pero la gran transformación tecnológica y cómo quedará configurado nuestro mundo en las próximas décadas lo están definiendo hoy los nativos digitales de China.

La tecnología es una parte inherente a una generación mundial de jóvenes nacidos a mediados de la década de los noventa del siglo pasado, más conocidos como millennials. Sin embargo, en el caso de los nativos digitales chinos, la adopción de las nuevas tecnologías, sus hábitos y sus preferencias difieren tanto del resto de jóvenes de su generación como para ser los grandes arquitectos digitales del futuro de su país y de nuestro mundo.

Esta nueva generación digital no ha crecido con las enseñanzas del Libro Rojo de Mao, ni ha vivido las medidas aperturistas de Deng Xiaoping. El futuro del e-commerce y de la economía digital son parte del propósito de Xi Jinping de establecer un modelo de socialismo con características chinas para una nueva era, con el que se persigue la consecución de una sociedad modestamente acomodada y de un país modernizado. Los nativos digitales serán los verdaderos artífices de la transformación del país en una economía avanzada, ya que tanto las plataformas digitales de China, como el resto de fabricantes mundiales, van a tener en esta generación y sus gustos los referentes para modelar el futuro del e-commerce y de la economía digital mundial a nivel mundial.

Los nativos digitales en China representan el 16% de la población actual, y serán protagonistas del crecimiento del consumo total en China hasta en un 20% de ahora hasta 2030, según un reciente estudio de McKinsey. De modo que, la presencia de las empresas extranjeras en las plataformas digitales chinas resulta indispensable para poder participar de un mercado que en 2016 alcanzó unas ventas de 782.000 millones de euros, mayor que el gasto de Estados Unidos y Reino Unido juntos, registrando un incremento interanual del 33,4% en los primeros seis meses de 2017.

Esto se debe a que las plataformas digitales se han desarrollado en China de forma diferente al resto del mundo, fundamentalmente por una mayor penetración de Internet, siendo el smartphone el dispositivo con el que se registran más accesos a Internet, hasta representar el 95% de los usuarios activos. Pero en un entorno digital donde existen más opciones de compra que nunca, las multinacionales extranjeras deben estar atentas a un cambio de tendencia en la decisión de compra del consumir chino, donde el origen del producto ya no es el valor más importante, sino que prevalece el valor del producto y cómo se ajusten a sus necesidades. En el caso de los aparatos digitales personales, las marcas chinas han pasado de representar el 43% del mercado en 2012 al 63% en 2017, según el mismo estudio.

Alibaba, con su plataforma de e-commerce denominada Alipay, y Tencent, como desarrollador de WeChat, la mayor red social del país que incluye también mensajes instantáneos y servicios de pago, están creando una generación que actualmente está configurando el ecosistema digital donde conviven 500 millones de consumidores chinos, más que la población de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania juntas. En los últimos años, China se ha convertido en el mercado de e-commerce más grande y que más rápido crece del mundo, gracias a un trepidante ritmo de adopción de las nuevas tecnologías entre una generación que, en muchos casos, no ha conocido el teléfono fijo.

En China, Alibaba y Tencent dominan el 90% del e-commerce, el 85% de las redes sociales y el 85% de los pagos por Internet, dando forma a un ecosistema digital en el que se desarrolla una creciente clase media que actúa con espontaneidad y basándose en la comodidad de poder consumir nuevas experiencias que pueden disfrutar en el mismo día o al día siguiente. Todo ello hace que el futuro de las compras online y de los servicios a través del móvil en todo el mundo se estén diseñando a medida de los nativos digitales de China, teniendo como referencia estas plataformas donde la interacción social convive con las compras online y con los procesos de compra de forma integrada.

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El NAFTA, supervivencia en agonía. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El acuerdo de libre comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) está en un proceso de deterioro de su estabilidad, a pesar de sus más de veinte años de exitoso funcionamiento. Tanto Canadá como México están apostando fuertemente por mantenerlo a flote, pero sus socios estadounidenses han repetido sin ningún tipo de dobleces que no continuarán con un acuerdo que perjudique la economía y los intereses de los Estados Unidos. La semana pasada, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, en su visita a la Casa Blanca, apostó por impulsar el acuerdo mientras Donald Trump, en su básico vocabulario, dejaba claro que sus relaciones bilaterales con Canadá son muy buenas, pero que el NAFTA ya se verá.

Trump ha sido consistente es su oposición a este acuerdo como, en general, a casi cualquier acuerdo económico en donde los intereses de su “América First” o “Make America Great again” estén comprometidos: de acuerdo a su propia concepción, lógicamente. Ha asegurado que es el peor tratado económico nunca antes firmado y firmó una orden ejecutiva para renegociar NAFTA a muy pocos días de tomar posesión. Además de que sus asesores económicos han expresado su negativa a continuar adelante con este compromiso.

La semana pasada, en el marco de la cuarta ronda de negociaciones para intentar salvar NAFTA, el representante de intercambios estadounidense afirmó que la causa del déficit que sufre Estados Unidos es este acuerdo. Del mismo modo, alegó que es prioritario para su Administración disminuir el déficit en los intercambios entre México y Estados Unidos, que el año pasado ascendió a 36 billones de dólares, mientras con Canadá fue de 30 billones (según el Economic Complexity Index).

Chrystia Freeland, ministra de Exteriores de Canadá, por su parte aseguró que erradicar este acuerdo no será la solución al déficit estadounidense. Los números indican que en 2016 las exportaciones estadounidenses fueron de 1.42 trillones de dólares versus 2.21 trillones en importaciones globales, lo que arroja un balance negativo de 783 billones.

Los expertos no terminan de ponerse de acuerdo en cómo se podría acabar con el NAFTA. Técnicamente hay dos teorías que se manejan. La primera, que Trump puede anularlo basándose en el artículo 2205 del acuerdo, lo que le daría 90 días para la retirada total. La segunda teoría sostiene que, dado que este convenio fue aprobado por el Congreso de los Estados Unidos, es el Congreso el que tiene la autoridad legal de anularlo, lo que sería más complicado, pues de momento sigue contando con su apoyo.

El dinero es el elemento que tiene realmente en vilo este tratado; el reestablecer aranceles a los productos beneficiaría a las empresas petroleras estadounidenses, lo que se traduciría en mayor liquidez, dicen. Es también probable que se pudieran recuperar entre 500 a 700 mil empleos en empresas manufactureras en California, Michigan, New York y Texas que han sido trasladadas a México. Sin embargo, el precio de los productos agrícolas que se importan de México a Estados Unidos aumentaría instantáneamente, (vegetales, frutas, aceites comestibles, etc.) lo que terminaría teniendo un impacto inflacionario en la economía que tanto quiere proteger Donald Trump.

Los acuerdos económicos entre países, tal y como su nombre indica, son convenios en donde se gana y se sacrifican cosas para un bien común. Pretender establecer acuerdos donde sólo se benefician los intereses de una de las partes, es una gran presunción. Renegociar acuerdos existentes para poder ajustarlos a las nuevas necesidades, demandas e incluso a la nueva realidad, es políticamente correcto, pero siempre que se haga bajo el respeto hacia los otros socios.

El afán proteccionista de Trump está llevando a la nueva Administración a replantearse las normas del juego económico, y con ello tratar de imponerlas a sus aliados comerciales.

México ha ido abriendo progresivamente su mercado hacia el Pacífico. En el 2011 se creó una zona de libre comercio entre México, Colombia, Chile y Perú, que solo en el 2017, ha conseguido que el 94% de los intercambios hayan sido libres de impuestos. Además, China, Alemania y Japón (en ese orden) después de Estados Unidos y Canadá, son los países a los exportan sus productos. Y astutamente Japón está intentado hacerse con los espacios que podrían dejar las fábricas automovilísticas estadounidenses en México. En cuanto a Corea del Sur, la relación con México es bastante dinámica, tiene firmados 11 convenios de cooperación en diversas áreas (según cifras oficiales del gobierno azteca) y Seúl considera a México como el primer aliado comercial en América Latina, puente estratégico para entrar a este gran mercado. Canadá, por su parte, tiene menos riesgo, pues de momento parece que Washington apuesta por mantener las relaciones cercanas y apunta más a querer un convenio económico bilateral con ellos.

Finalmente, lo cierto es que, para Estados Unidos, ambos socios son fundamentales en su economía, y que a pesar de su tendencia súper proteccionista, a la administración Trump le tocará hacer un análisis pragmático de sus intereses frente a la realidad, pues Canadá es el primer país a donde envían sus productos, y el tercer país del que importan. Y en cuanto a México, es el segundo al que al que exportan productos, y el segundo también del que importan.

Imponer un cambio de las reglas de juego cambiará la realidad económica. La situación actual no es la misma de cuando la fuga de los empleos, lo que significa que aun intentando replicar esa pasada realidad no hay seguridad de que se podrán recuperar las manufactureras. Estamos inmersos en un proceso de cambio constante que exige adaptarse. Mirar atrás no es la clave, pues lo que dio resultado hace tres décadas no tiene garantía de ser exitoso en el mundo globalizado que vivimos hoy.