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THE ASIAN DOOR: How lucrative is the Chinese diaspora for e-commerce. Águeda Parra.

Among economic analysts there seems to be some consensus that the Chinese economy is slowing down, registering a growth of 6.7% year-on-year in first three quarters in 2018, two tenths less than what was registered in 2017. The protectionist policy of the Trump administration, with its doctrine ‘America First’, has led to a trade war with China that, within 20 weeks of its entry into force, may be coming to an end in light of a foreseeable announcement of agreement during the next G20 Summit in Argentina at the end of November. However, in the meantime, the Chinese economy has taken good note of the vulnerabilities of its economy to import certain products.

In view of this unforeseen situation, China has adopted the motto ‘Every crisis is an opportunity’, and has relied on e-commerce giants to reverse the slow economic downturn the country is experiencing, and that also affects domestic consumption due to the devaluation of the yuan. A situation that, however, does not apply to the vast Chinese diaspora distributed all over the world, constituting a lucrative opportunity for e-commerce in China.

In the transition from a manufacturing and export-led economy to a consumption-driven one, China has discover that new technologies have become one of the great facilitators for change. The development of the digital ecosystem is part of the daily life of the population to perform almost any kind of activity, but also allows the Chinese diaspora to maintain their habits as if they continued to live in China, acquiring products through e-commerce they cannot find through Amazon. It is estimated that the number of Chinese citizens living outside the country exceeds 100 million people; a diaspora spread mainly by the Southeast Asian countries and the United States that constitutes a new market that emerges as an alternative to the trade war started by Trump.

To that end, Alibaba has launched a new modality of sea freight as a shipping method of its e-commerce platforms that allow the distribution of consumer goods, including Chinese brand furniture. The option is implemented for the diaspora residing in Australia, where 1.2 million people live, of which 15% are Chinese students who study overseas, in addition to the more than 600 million consumers in the Southeast Asian countries. A shipping method that allows increasing sales, but also gets to internationalize Made in China products in international markets, improving the perception of Chinese brands abroad.

The promotion choice used by the Chinese technological giants is to create a pop-up store, an ephemeral store aimed at making the public aware of new options, such as the ones created in Melbourne and Sydney to promote its new sea freight options, and the one inaugurated in Madrid on the occasion of the celebration of the Single’s Day this year. JD.com is another of the platforms the Chinese diaspora is taking advantage of to offset the effects of a slight decrease in domestic consumption. Unlike the Alibaba platforms only available in Chinese, JD.com has gone a step further in adapting its international e-commerce platforms to local language in countries like Russia and Indonesia.

Thanks to the world market of e-commerce, Alibaba promotes the Chinese diaspora can get products that are closely tied to their lifestyle by buying the country’s own products through Tmall and Taobao, but also enable the international companies hosted on its platforms to offer their products to a growing Chinese middle class that demands quality international products. This is the reason for the JD.com office in Paris or the one that will launch on Google’s shopping platforms by the end of the year, which on one hand allow developing the brand portfolio present in its e-commerce platform, and on the other hand connects its local partners to access the 270 million active Chinese consumers on JD.com.

This type of promotion of China’s tech titans platforms in foreign markets is highly lucrative for Chinese e-commerce companies, as has been displayed during the celebration of the tenth anniversary of the great e-commerce Shopping Festival organized by Alibaba on the occasion of the Single’s Day in China. In this last edition, Spain has managed to reach the eighth position in a ranking that leads Japan, followed by the United States, South Korea, Australia, Germany, United Kingdom, France, and completes New Zealand and Italy in the ninth and tenth position, highlighting the great opportunities e-commerce offers for international brands to improve their positioning among Chinese consumers.

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Entrevista a Carlos Sentís, Director General de HenKuai “Los chinos ni siquiera saben que Zara es española” (y II) Miguel Ors Villarejo

Segunda parte de la entrevista a Carlos Sentís, Director General de HenKuai, consultora especializada en impulsar las relaciones con China.

Pregunta: Muchos hombres de negocios se quejan de que hay poca seguridad. Estuve allí hace unos años y me contaron la historia de un catalán que se puso a fabricar porteros automáticos en China y, al principio, todo iba muy bien, vendía un montón. Pero de pronto los ingresos se hundieron y, cuando fue a ver qué ocurría, descubrió que el socio había montado una planta igual que la suya y ya solo comercializaba sus porteros, claro. ¿Son habituales estos incidentes.

Respuesta: El extranjero que hace negocios en China está en desventaja, eso es un hecho.

P: ¿Y cómo se neutraliza esa desventaja?

R: Con imagen. Si tú tienes una marca potente, por mucho que un competidor te copie, el daño que te podrá hacer será relativo. A Starbucks le han salido multitud de imitadores en China, pero ha resistido gracias a su nombre.

P: ¿Y eso cómo se hace?

R: En primer lugar, hay que ser prudente y, en segundo, es vital tener relaciones.

P:Ir a pecho descubierto es un suicidio.

R: Ir a pecho descubierto es un suicidio en China y en cualquier lado. Si no tienes contactos y estás mal asesorado, acabas pagándolo. Hay que recopilar información, ver qué puedes ofrecer y testarlo con la propia comunidad china en España. Una vez hecho eso, empiezas a crear relaciones: viajas con una delegación, conoces a gente, generas una clientela modesta y realizas inversiones a medida que vas facturando. Los problemas surgen cuando o bien no quieres invertir ni en un becario, o bien tiras la casa por la ventana y pones un millón y te sientas a esperar el retorno. Eso es una locura, el millón no va a volver nunca. Hay que ir con calma, con planes a 10 años, lo cual no debería sorprender a nadie. En ningún mercado te vuelves el rey nada más llegar.

P:Y hacen falta socios…

R: Hay un catálogo de sectores: en unos puedes entrar solo, en otros tienes que ir acompañado y en otros no entras ni solo ni acompañado, porque se consideran estratégicos: la defensa, la energía, etcétera. Pero la mayoría son libres y, técnicamente, no necesitas a nadie, aunque nosotros aconsejamos ir de la mano no ya de un socio, sino de varios.

P:¿Y eso?

R: Para diversificar el riesgo. Si confías en una única persona, toda tu inversión dependerá de ella. Te planteará acuerdos exclusivos en los que ella podrá vender a quien le dé la gana, pero tú solo podrás vender a través de ella. Te explicará que conoce al alcalde y al secretario del partido y que le tienes que dar un millón de euros para marketing, pero luego ni conocen al alcalde ni conocen a nadie y el millón se lo gastan en sabe Dios qué, pero no en marketing.

P: ¿Cómo haces, entonces?

R: Nosotros ayudamos, pero se trata de aplicar el sentido común. Si avanzas poco a poco, informándote y estableciendo contactos, es imposible que te vaya mal.

P: ¿No hay instancias oficiales a las que pueda recurrirse?

R: El ICEX organiza misiones comerciales y ferias, y tiene herramientas que te permiten realizar análisis de mercados…

P: ¿En otros países hay más apoyo?

R: En general, sus delegaciones son más activas. Las nuestras son pequeñas y poco operativas. En los aeropuertos ves publicidad de Cuba, pero no de España.

P: A pesar de todo, el año pasado recibimos a 700.000 visitantes chinos.

R: Por el boca a boca, no porque estemos moviendo la rueda. Son turistas que ya habían estado en Francia y en Italia y han decidido probar en España.

P: ¿Qué sectores son los que más oportunidades brindan a nuestras empresas?

R: Turismo, agroalimentario, moda, educación y cultura, deporte, infraestructuras…

P: O sea, casi todos.

R: Es que no tenemos ventaja en ninguno. No nos conocen. Ningún chino te va a citar nada español. Aquí estamos convencidos de que somos superpotentes en construcción, pero alguna vez he llevado a una delegación china a que viera un puente o un túnel y entonces ellos me han explicado que en su región habían levantado una ciudad entera en cinco años.

P: ¿No han oído hablar de nuestra moda?

R: Como mucho de Zara, pero ni siquiera saben que es española.

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Nafta con nuevo nombre y consecuencias sobre China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Mucho se ha escrito y discutido sobre el Nafta desde 1994, año en que entró en vigor. Aunque en sus comienzos fue un acuerdo modesto, con el paso de los años evolucionó y consiguió la unificación de las economías de los Estados Unidos, Canadá y México a un nivel excepcional en ramos como el automotriz. Y a pesar de que el acuerdo ha sido exitoso, la Administración Trump decidió declararle la guerra con la excusa de que era perjudicial para Estados Unidos. Y una vez más se comprobó que la política de máxima presión que tanto le gusta a Trump da resultados. Amenazar con dejar en el aire dos economías que tienen una gran dependencia de la estadounidense fue la mejor arma para ganar.

México sucumbió a las exigencias de Washington por la fragilidad de su economía y el impacto negativo que ha padecido desde que Trump se convirtió en presidente. Canadá, por su parte, cuenta con una economía mucho más sólida, que creció 3% en el 2017, lo que muestra un crecimiento por encima del de su vecino estadounidense (2.2%).  Pero a pesar de las cifras es tremendamente dependiente del que ha sido su gran aliado histórico. Tan sólo el año pasado importó 332 mil millones de dólares de los Estados Unidos. Esta dependencia no es nueva, ni había sido valorado como negativa hasta que las discusiones para mantener vivo Nafta se mantuvieron por 14 largos meses en los que los canadienses entendieron que están realmente amarrados.

El hecho de que Canadá dependa tanto de Estados Unidos no es casual. Washington le facilitó el acceso a su mercado durante muchos años. Si se considera su cercanía y que ese vecino y socio comercial era y sigue siendo aún la primera economía del mundo, simplemente era lo más lógico. Lo que ahora analizan los economistas canadienses es que se debió hacer una valoración de la posibilidad de abrir sus relaciones comerciales con Asia, sobre todo con China, que es actualmente la segunda economía del mundo, y que potencialmente superará a Estados Unidos en pocos años.

En este aspecto la Administración Trump también se ha adelantado y ha impuestos sus exigencias en el nuevo NAFTA o USMCA (por sus siglas en inglés, Acuerdo de Estados Unidos, México y Canadá). El apartado 32.10 del nuevo acuerdo especifica en siete puntos detallados las consecuencias para alguna de las partes de establecer otro tratado de libre comercio con terceros países (es decir, fuera de los 3 miembros). A esto, Micheal Chong (actual miembro de la Cámara de los Comunes de Canadá, del partido conservador) ha dicho que se le ha cedido soberanía canadiense a Washington, “pues ahora tenemos que pedirles permiso antes de establecer nuestros propios acuerdos comerciales; esto literalmente nos hace un Estado vasallo de los americanos”.

La embajada china en Ottawa ha expresado su rechazo a esta cláusula. Ha dicho que lo considera un acto de dominación política de los Estados Unidos. Ha insistido en que la Casa Blanca está usando este punto como un mecanismo de control para evitar que Canadá y México puedan establecer intercambios con China, aunque no se cita al gigante asiático expresamente. Funcionarios diplomáticos chinos insisten en que su país forma parte de la Organización Mundial del Comercio, y aunque no sea miembro del nuevo NAFTA, no deberían bloquearse el acceso al mercado de sus miembros.

Otra batalla que ganó Trump a Peña Nieto fue imponer un salario mínimo a los trabajadores, con ellos se garantiza que las industrias domésticas no se desplacen a México, mientras obliga al gobierno mexicano a pasar una ley que mantenga los estándares de los trabajadores. Washington también consiguió incorporar en el acuerdo que se mantengan los tipos de cambios determinados por el mercado, y no se incurra en manipulación cambiaría y se combata la corrupción. Otra medida que fue dirigida a México, claramente.

La administración Trump también consiguió que Canadá le abriera acceso al mercado de los lácteos, que estaba altamente protegido. Esta apertura puede llegar a representar unos 16.000 millones de dólares más de intercambios -de acuerdo a la BBC- y lo que era uno de los retos de Trump, pues de cara a los agricultores estadounidense les ayuda tremendamente a cumplir con una de sus promesas electorales.

Trump ha ganado con este acuerdo reducir el desequilibrio en el comercio internacional de Estados Unidos, obligando a sus socios a seguir sus pautas mientras pone barreras a China. Arrastra a los miembros del nuevo NAFTA hacerle la guerra comercial a China indirectamente, mientras avanza en su proteccionismo económico y usa estos éxitos en la campaña electoral de noviembre.

Habrá que estar atentos a los siguientes movimientos de la Casa Blanca, pues Larry Kudlon -director del consejo económico nacional de Trump- advirtió que ellos “están atacando el origen de las enfermedades de la economía estadounidense y la prueba de ello es que se consiguió una coalición que se le plantará a China. Lo siguiente será reclutar a Japón y la Unión Europea”, afirmó. (Foto: Bob King, Flickr.com)

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El último (e igualmente fallido) intento de ingeniería social. Miguel Ors Villarejo

El currículo de Jeffrey Sachs asusta. A los 13 años estudiaba las matemáticas que se imparten en las facultades de exactas, sacó una puntuación casi perfecta en las pruebas de acceso a la universidad y se graduó summa cum laude en Harvard, donde era profesor titular antes de la treintena. Su fama no tardó en traspasar fronteras y en 1985 el Gobierno de Bolivia lo contrató para que le ayudara a meter en cintura una inflación del 15.000%. Triunfó como Cagancho en Las Ventas y Polonia le cedió a continuación las riendas de su economía para que pilotara la reconversión al capitalismo. Salió a hombros nuevamente, pero su siguiente faena no sería tan lucida.

Boris Yeltsin quería desmantelar el aparato soviético y Sachs lo convenció para que acometiera “las reformas de una vez”, me contaba Xavier Sala i Martín en 2005, “que los ríos hay que cruzarlos de un salto, porque si vas de piedra en piedra te caes”. El resultado fue catastrófico. En 1991 el PIB ruso se desplomó un 15%, un hundimiento superior al de Estados Unidos en 1932, el peor año de la Gran Depresión. En las calles de Moscú la gente se murió aquel invierno de frío y hambre, un espectáculo insólito en Europa desde la posguerra.

En una conferencia de 1999 sobre la transición rusa, el entonces economista jefe del Banco Mundial Joseph Stiglitz declaró que “los autores del programa argumentaron que la medicina era la adecuada, pero que el paciente no siguió las instrucciones”. Stiglitz no citaba en ella a Sachs, pero la explicación cuadra con la soberbia del personaje. A Sachs le cuesta encajar críticas. Nadie puede negarle ni la buena intención ni el valor. “Admiro a Sachs profundamente por cómo se ha jugado su reputación y sus ideas”, escribe Bill Gates. “Al fin y al cabo, podría llevar una existencia confortable dando dos clases al semestre y dispensando consejos en las revistas académicas desde su sillón de orejas. Pero no es su estilo. Le gusta arremangarse. Poner a prueba sus teorías”.

Gates es uno de los varios millonarios a los que Sachs solicitó fondos para el último gran experimento de ingeniería social: el Proyecto Aldeas del Milenio (PAM). El propósito de este programa era borrar la miseria de la faz de la tierra, algo que Sachs considera que puede lograrse fácilmente. Occidente ha fracasado hasta ahora porque ha adoptado estrategias parciales, cuando el problema requiere una ofensiva general. En el caso concreto de África, sostiene, la pobreza extrema hace que las tasas de ahorro sean bajas, lo que a su vez determina unos bajos crecimientos. Esta debilidad no puede contrarrestarse con flujos de capital extranjero, porque las malas infraestructuras y la escasa formación de la mano de obra desincentivan la inversión. El resultado es un círculo vicioso que únicamente puede romperse concentrando las ayudas dispersas que hoy facilitan ONG y Gobiernos en un “gran empujón” que ataque simultáneamente todos los frentes: salud, educación, emprendimiento, igualdad de género, medio ambiente, agua, energía…

“Estos argumentos tienen cierta plausibilidad”, escribe el Nobel Angus Deaton en The Lancet, “pero no son respaldados por la mayoría de los economistas”, porque su eficacia práctica a la hora de promover el desarrollo no ha sido precisamente brillante.

“Llevamos 50 años dando ayuda”, dice Sala i Martín, “y ha sido un fracaso espectacular”. Y añade: “No conozco ningún país que haya salido de la pobreza gracias a la tasa Tobin, al 0,7% […]. Todos lo han conseguido a base de crecimiento”.

“Las naciones que hoy son ricas escaparon de la pobreza sin ningún empujón”, coincide Deaton y, refiriéndose a alguno de los frentes de los que habla Sachs, apunta: “Uno podría preguntar igualmente qué papel desempeñó la igualdad de género en la Revolución industrial o en la reciente erradicación de la miseria […] en India y China, que ha sido de las más espectaculares de la historia de la humanidad”.

Pero ya decimos que a Sachs le cuesta encajar críticas. Lo que no le falta es talento para venderse y, aunque no a Gates, sí persuadió a donantes como George Soros para que financiaran la puesta en práctica de sus teorías. En junio de 2006, el PAM se ponía en marcha en una decena de aldeas subsaharianas. La idea era rociarlas con un poderoso chorro de recursos y poner en marcha una dinámica de crecimiento que, al cabo de cinco años, podría sustentarse por sí sola, como pasa en Occidente.

¿Cuál ha sido el balance? Fascinada por el experimento, la periodista Nina Munk se convirtió en la sombra de Sachs durante seis años. Sus andanzas están resumidas en The Idealist. Munk vivió en Dertu (Uganda) y Ruhiira (Uganda), compartiendo con sus habitantes la ilusión inicial. “A medida que el dinero llegaba”, escribe Howard W. French, “cosas apasionantes empezaron a ocurrir en este poco prometedor lugar [Dertu], donde todo el agua sale de un pozo y el 80% de la población es analfabeta. Los techos de uralita, signo inconfundible de la prosperidad emergente, proliferaron; el dispensario médico se equipó y dotó de personal”. El plan original era respetar el nomadismo de la población autóctona, pero la afluencia de comida y servicios alteró los incentivos y los dertuenses optaron por hacerse sedentarios. “Lo que había sido un oasis con una charca para los camellos se convirtió en una pujante concentración de chabolas, con las calles alfombradas de basura. El mercado para el ganado nunca arrancó. La bomba de agua se averió. La gente empezó a pelearse por los bienes distribuidos. Se produjo una sequía, seguida de inundaciones. Brotaron epidemias”.

“Dertu”, cuenta por su parte Deaton, “sufrió el destino del pequeño pueblo al que visita un circo ambulante: de repente, se vio desbordado por una excitante actividad temporal, que incluía prostitutas y canallas que se peleaban por los despojos y vivían entre escombros. Hacia el final del libro [The Idealist], Dertu acaba aislada, sumida en la sequía, la guerra y el terrorismo”.

Estos problemas no afligieron solo a Dertu. En Ruhiira, Sachs decidió que había que plantar maíz, un alimento más eficiente que el plátano que habían cultivado hasta entonces. Por desgracia, ni había silos para almacenarlo ni mercado donde venderlo, así que el grano sirvió para que las ratas se dieran un formidable festín.

Aunque el programa debía alcanzar el punto de autosustentación a los cinco años, Sachs debió prorrogarlo otros cinco. Esta vez no le fue tan fácil captar fondos, así que recurrió a los préstamos y obligó a muchos habitantes de Ruhiira a endeudarse para dar el salto de la agricultura de subsistencia a la comercial. Era una apuesta segura, les explicó, pero resultó que no y, “además de perder lo poco que tenían”, escribe Deaton, “perdieron también lo que no tenían”.

A medida que las brillantes previsiones de Sachs se torcían, la admiración de Munk fue trocándose en desprecio, especialmente después de ver su reacción. Cualquier error era siempre culpa de los africanos, como antes lo había sido de los rusos, pero en general no reconocía muchos. Igual que los funcionarios del Partido Comunista en la China de los años 50, se esforzó por maquillar la triste realidad. “Los economistas que trabajaban en los cuarteles generales del PAM en Nueva York estaban convencidos de que Dertu prosperaba mucho después de que hubiera empezado a hundirse”, cuenta French.

Sachs incluso ha tratado de impedir la edición de The Idealist, como Munk ha denunciado en Twitter. Se queja de que ofrece una visión demasiado negativa y que el experimento, con todas sus limitaciones, ha contribuido a mejorar la existencia de los lugareños, pero ni siquiera esto es cierto. La primera evaluación independiente concluía en 2010 que las aldeas atendidas habían registrado un avance no muy superior al del resto del continente. Ahora acaba de salir un segundo análisis que corrobora que “lo conseguido podría haberse alcanzado a un coste sustancialmente inferior” y que además “las ganancias obtenidas están empezando a desvanecerse”.

Como dice French, Sachs es el último representante de lo que el politólogo James C. Scott llama “la ideología del alto modernismo”: la convicción de que una sociedad no puede organizarse a partir de “la inteligencia práctica de sus miembros”, sino desde “el conocimiento de los expertos”. La historia enseña, sin embargo, que “ningún modelo administrativo es capaz de reconstruir una comunidad salvo mediante un heroico y muy esquematizado proceso de simplificación”.

El PAM, reflexiona Deaton, no comportó la coerción brutal que acompañó “los proyectos de desarrollo agrario de Stalin o Nyerere [en Tanzania], ni por supuesto el horror sanguinario del Gran Salto Delante de Mao. Por eso deberíamos felicitarnos. Ahora bien, es un escándalo que Sachs ponga la soberbia y las consecuencias las paguen los aldeanos”.

global

Evento: USA, CHINA Y LA OMC. Isabel Gacho Carmona

El pasado 15 de octubre tuvo lugar en la Fundación Abertis la primera de las cuatro sesiones que tendrán lugar durante el ciclo: La nueva globalización: de las paradojas a las dificultades de hoy organizado por El Club de Roma y Esglobal. Con el título USA, China y la OMC, el evento arrojó luz sobre cuestiones como el proteccionismo, la guerra comercial, el papel de la OMC o las alianzas con terceros frente a los cambios que se están viviendo en la sociedad internacional. Moderado por Cristina Manzano, directora de Esglobal, el debate contó con expertos de la talla de Georgina Higueras, Miguel Otero y Pedro Rodríguez.

Parecía que el camino que estaba tomando la globalización era de una sola dirección, pero los acontecimientos recientes plantean dudas al respecto. ¿Sigue teniendo sentido la OMC hoy en día? ¿Es el proteccionismo una moda pasajera?

Marcó la jornada la relación entre las dos grandes potencias del momento: EEUU y China. La convivencia que se creó con Kissinger y Mao ya ha fallado. Falla desde la base. Hay falta de entendimiento. Tras meses de tensión, la ruptura se materializó el pasado 4 de octubre con el discurso de Pence: ahora son competidores estratégicos. China acumula el 20% de la deuda estadounidense y, dado que Trump concibe las relaciones como un juego de suma cero, la balanza comercial negativa con su competidor asiático es vista desde Washington como un grave problema.

China, que había gozado del estatus de “nación más favorecida” de la OMC desde 1980 entró en la Organización en 2001. Sin embargo, según Otero, la Administración Trump parece empeñada en que China no se beneficie del marco institucional de postguerra. Washington quiere repartir las cartas de nuevo, se siente más cómodo manteniendo relaciones bilaterales. El TLC firmado recientemente con México y Canadá es buena prueba de ello. En dicho acuerdo, además, EEUU se asegura la capacidad de vetar cualquier acuerdo comercial de sus socios con economías de “no mercado”, en clara referencia Beijing. Parece que entramos en viejas dinámicas que resuenan a la época de la Guerra Fría.

Sin embargo, es importante apuntar que esta rivalidad no es puramente una guerra comercial, sino tecnológica. El plan China 2025 prende colocar a la potencia asiática a la vanguardia de la innovación tecnológica. En palabras de Higueras “quieren saltar directamente al 4.0: inteligencia artificial, el espacio…” Esto asusta a Estados Unidos. ¿Serán capaces los chinos de superarlos en este campo? La idea es frenarlos antes de conocer la respuesta. De momento China depende de la potencia occidental en lo que a la alta tecnología se refiere, de ahí la importancia de los aranceles.

¿Cómo afecta este enfrentamiento internamente a estos gigantes? Por un lado, las políticas arancelarias de Trump se están empezando a notar en su territorio. En el Midwest la guerra comercial ya es cuestión en la campaña electoral. Además, los que más lo van a notar son las clases populares. “China provee a Walmarkt, que es donde compran los pobres” apunta Rodríguez. “El dolor no ha llegado a los productos de consumo, pero acabará llegando. El documental Navidad sin china ilustra muy bien la dependencia americana de este tipo de productos”.

Por otro lado, el régimen chino puede ser víctima de su propio éxito. Hasta ahora, la legitimidad del Partido ha estado muy vinculada el crecimiento económico, pero ¿Y si tuvieran éxito las políticas americanas? Se habla mucho de la capacidad de resiliencia del pueblo chino. Para Higueras y Manzano la política de hijo único puede jugar un papel crucial en este sentido. Ha cambiado la mentalidad china. Y, además de traducirse en que China va a ser una sociedad envejecida antes de gozar de un desarrollo pleno, esta política ha creado una generación de mimados, de pequeños emperadores que no están ni dispuestos ni preparados para sufrir como lo hicieran las generaciones anteriores.

En medio de esta guerra comercial y tecnológica, China está jugando sus cartas y se está acercando estratégicamente a Rusia. Dos visiones se pusieron en la masa respecto a este tema en el debate. Higueras entiende que desde occidente estamos empujando a Rusia a los brazos de China, que ambas potencias están frustradas por las sanciones y aranceles de occidente y no les queda más remedio que unir fuerzas. Rodríguez, sin embargo, es más escéptico respecto a lo que él llama el “victimismo ruso”: “Roma terminó conquistando el mundo en defensa propia”. En cualquier caso, y aunque China desconfía y guarda memoria del fracaso del Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia mutua chino-soviético de 1950, es innegable el acercamiento de ambas potencias. Merece especial atención la colaboración en maniobras militares. Es cierto que todo parece apuntar a que no se materializará la famosa Trampa de Tucídides y que no viviremos una guerra entre Estados Unidos y China. La mentalidad del país del centro, fuertemente marcada por el pensamiento de Sun Tzu, entiende que la mejor victoria es evitar la guerra. Sin embargo, no descarta que Washington juegue la carta de Taiwán, y eso es una línea roja para Beijing. La situación es delicada y China necesita la experiencia combativa de Rusia. El chino era un ejército campesino adaptado y con poca experiencia, la última guerra que libró fue la del 79 contra Vietnam. Siguiendo las indicaciones de El arte de la guerra, ante la duda siempre es mejor dar el primer paso.

En definitiva, parece estamos siendo testigos de un cambio en las relaciones comerciales internacionales al cuestionarse los principios del libre comercio. Prestaremos atención al desarrollo de los acontecimientos.

Warning

INTERREGNUM: Pence advierte a Pekín. Fernando Delage

Una semana más, Washington ha seguido alimentando las tensiones con Pekín. Esta vez ha sido el vicepresidente, Mike Pence, quien en un discurso pronunciado en el Hudson Institute el pasado jueves acusó a China de recurrir a sus capacidades militares, sus espías, su poder económico y su aparato de propaganda para debilitar la posición global de Estados Unidos e interferir en su vida política interna. Estados Unidos, dijo Pence, miró durante mucho tiempo hacia otro lado. “Esos días se han acabado”, añadió.

El vicepresidente ha repetido pues las denuncias realizadas por Trump sólo unos días antes en las Naciones Unidas. Su mensaje es una nueva confirmación de un consenso norteamericano a favor de una política de confrontación con la República Popular. Según se ha filtrado a los medios, Washington planea una ofensiva en toda regla contra China, cuyos elementos se irán dando a conocer en los próximos meses. La percepción de Estados Unidos es que China es un rival implacable, decidido a dominar la economía mundial y las industrias tecnológicas. Pekín interpreta en consecuencia los movimientos de Trump como dirigidos a obstaculizar y frenar su ascenso como potencia.

Si hace sólo unos meses los dirigentes chinos podían aún mantener algunas dudas sobre las intenciones del presidente norteamericano, las últimas sanciones comerciales y la escalada retórica de Washington son vistas como anticipación de una relación competitiva en todas las esferas.

Dos asuntos que revelan ese giro son Taiwán y el mar de China Meridional. Pence denunció las maniobras chinas que han conducido a tres repúblicas latinoamericanas—Panamá, República Dominicana y El Salvador—a romper sus relaciones diplomáticas con Taipei para reconocer al gobierno de Pekín. Washington ha llamado incluso a consultas a sus embajadores en estos países, en un gesto sin precedente que revela su inquietud por la creciente influencia china lejos de Asia.

Por otra parte, el 29 de septiembre un destructor norteamericano, el USS Decatur, tuvo que desviar su curso de navegación para evitar el choque con un buque de la armada china que le acosaba en Gaven Reef, en el mar de China Meridional. El incidente es otra preocupante muestra del aumento de las tensiones bilaterales, al añadir la dimensión militar al conflicto comercial.

No es la primera vez que las fuerzas chinas intentan alejar a buques norteamericanos de aguas que considera pertenecientes a su soberanía, pero nunca se había estado tan cerca de una colisión: apenas 40 metros. La administración Trump ha anunciado que no abandonará—sino que por el contrario reforzará—sus operaciones de libertad de navegación en este espacio marítimo.

Pekín ha cancelado por su parte una reunión que debía celebrarse a finales de mes con el secretario de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis, y ha rechazado la petición de un buque de la marina norteamericana de hacer escala en Hong Kong. Cada nuevo incidente muestra la determinación con que actúa China, lo que a su vez afecta a la percepción de debilidad de Estados Unidos entre sus aliados en la región.

Trump no acudirá este año a las cumbres de APEC y de ASEAN+3, por lo que no podrá verse con su homólogo chino, Xi Jinping, hasta la cumbre del G20 en Buenos Aires el 30 de noviembre. Sólo un encuentro al máximo nivel permitiría un esfuerzo conjunto por reducir la tensión. Pero quizá ésta resulta inevitable ante el cambio que se ha producido en la distribución de poder entre ambos gigantes. (Foto: Brian Crawford, Flickr.com)

cerveza china

China y la cerveza, un matrimonio sólido. Nieves C. Pérez Rodríguez

China es el país que consume más cerveza del mundo. De las 10 marcas de cervezas más vendidas en el mundo, cuatro son chinas: Tsingtao, Yanjing, Harbin y el líder mundial, Snow, que vendió 105,6 millones de hectolitros en 2016, de acuerdo con thebeertimes. Estas cifras son superiores que las de Budweiser (46,7 millones), Heineken (31,9 millones) y Corona (24 millones) todas juntos. Según el informe de Euromonitor International, en 2015 los chinos bebieron casi el doble de cantidad de la cerveza que se consumió en los Estados Unidos.

El aumento del consumo de cerveza es otro ejemplo del crecimiento del mercado chino. Su importación arroja cifras espectaculares. El volumen más o menos varía cada año, pero siempre hacia arriba. Tan sólo el año pasado el mercado de cerveza creció un 37%. China consume el doble de cerveza que USA y cinco veces más que Alemania, de acuerdo con Carlos Miranda, experto en importación de vinos y bebidas alcohólicas ubicado en el sur de China, al que 4Asia entrevistó al respecto.

Miranda señala que el consumo de las famosas marcas de cerveza china, como Tsingtao, se produce a edad bien temprana, comenzando entre los 16 y los 17 años. Luego con el aumento de la edad, el consumidor se declina por cervezas de mayor calidad, como las importadas, que son mucho más caras; por ejemplo, una cerveza belga cuesta unos 26 RMB frente a 5 u 8 RMB que valen las cervezas producidas en China. El consumidor chino es mas exigente cada día, tiene más liquidez y un paladar más sofisticado.

España es uno de los países que exporta cerveza a China, y en una cantidad bastante considerable. Las exportaciones de cervezas españolas se han triplicado en los últimos cinco años y Portugal, China, Reino Unido e Irlanda son los principales destinos, de acuerdo con el informe socioeconómico del Sector de la Cerveza en España del 2017.  En este sentido, resulta especialmente significativo el crecimiento de las exportaciones de cerveza a China en los últimos años.

De acuerdo a este informe “se trata de un país en el que hay una gran demanda de productos tradicionales españoles, como la cerveza, el aceite de oliva, el jamón o el vino, que se han posicionado como Marca España”.

Por ahora, las siguientes cinco marcas de cerveza son las que ocupan el 80% del mercado chino: China Resource Snow Breweries, Beijing Yangjing beer, Tsingtao Brewery, Carlsberg China y Anheuser-Busch InBev.

Tal vez no sea sorprendente entonces que, si bien el volumen total de cerveza vendido está disminuyendo a nivel mundial, la cerveza importada ha subido un 15,8% en China en el último año, con la cerveza artesanal como una categoría en rápido crecimiento. Valga apuntar que el crecimiento de la producción artesanal es global; por ejemplo, en Estados Unidos ha tenido un gran repunte en los últimos años.

El patrón de consumo de cerveza en China es muy distinto comparado a otros países. Los chinos suelen reunirse en pequeñas salas de música o los famosos karaokes, y piden por cajas de 12 o 24 unidades a la vez. Esta curiosidad también se repite en los clubs nocturnos o los restaurantes, de acuerdo con Carlos Miranda, qué también explica que el consumo de cerveza importada se da sobre todo en las principales provincias chinas: Fujian, Shanghái, Cantón y Pekín, en donde los consumidores más jóvenes cuentan con un mayor poder adquisitivo.

China lidera el consumo de cerveza en el mundo, como ya se ha afirmado. Snow -cerveza china- es la marca más vendida en el mundo y prácticamente sólo se vende en China, y cuyo costo ronda 1 dólar por litro de acuerdo a thebeertimes.com. Lo que nos da una clara idea de lo masivo que es el mercado chino por si solo.

Otra indicación de lo atractivo que es el gigante asiático y al que occidente debería seguir muy de cerca, como lo ha hecho España, que ha conseguido consolidar una posición de exportador de sus productos más típicos. Sin embargo, debería seguir invirtiendo esfuerzo en asegurarse con una mayor cuota de beneficio del mercado que da muestras de convertirse el más grande del mundo.

Cata vino Chinos

El negocio del vino en China supera los 2000 millones de dólares. Nieves C. Pérez Rodríguez

Con el crecimiento de la economía china se han puesto de moda los usos y tendencias occidentales. La sociedad china parece sentir la necesidad de convertirse en intercultural, sobre todo la creciente clase media. La cultura del vino ha llegado a China para quedarse y con ello los cursillos de catas y de familiarización con la cultura vinícola. Para profundizar en este tema 4Asia contactó con Carlos Miranda, catalán de nacimiento, pero residente en China desde el 2009, y con más de 7 años de experiencia en el sector. Gerente de Interwine, una feria de vinos que se celebra dos veces al año en Guangzhou, ciudad del sur de China que aloja más de 3 millones de ciudadanos y conocida por su extensa gastronomía.

El sector del vino en China es muy dinámico y está rompiendo récords. Cada año las importaciones aumentan y desde el año pasado se rompió la barrera de los 2000 millones de dólares en valor de vino importado a China (sin incluir Hong Kong). “Si echamos la vista atrás, vemos cómo se han ido produciendo grandes cambios en el consumo del vino, debido a la apertura de China a nuevos países, o bien por la firma de tratados de libre comercio (Chile, Australia, Georgia, entre otros) o porque los chinos tienen más conocimiento de lo que están comprando y bebiendo”, dice Miranda.

La feria de Interwine se estableció hace 13 años en Guangzhou, capital de Cantón, y es la mayor feria de vinos y bebidas espirituosas en China. Se celebra en mayo y en noviembre cada año. Cubre un área de 40.000 m2 y dura tres días, en los que se organizan más de 60 actividades relacionadas con el vino (catas, seminarios, etc.), explica nuestro entrevistado.  Se lleva a cabo en el sur de China porque es la zona más dinámica para las importaciones de vino en todo el país.

Tan sólo el año pasado, la provincia de Cantón volvió a superar a Shanghái en volumen total de vino importado. Además, la provincia de Cantón cuenta con Shenzhen, una ciudad que actualmente tiene la media más alta de vino importado con 7.6 dólares por botella. “No hay ninguna bodega que venda a China que no tenga a un importador o distribuidor en Guangzhou o Shenzhen”, afirma Miranda.

Señala que Francia es el líder indiscutible en vino importado en China, pero está bajando mucho. En el año 2015 vendía un 44% del valor de vino importado y hoy por hoy no llega ni a un 39%. Suráfrica es otro ejemplo de cambio. En los últimos 3 años ha disminuido su presencia en un 25% así como lo ha hecho también Argentina en un 7% debido a la falta de promoción en China. Por lo tanto, Francia ocupa el primer lugar, seguido por Australia, que ha fortalecido su presencia exponencialmente debido a los bajos impuestos que pagan, que valga señalar para el 2019 serán del 0%. Seguido por Chile, España e Italia. Muy por detrás están los vinos procedentes de Estados Unidos, Portugal, Alemania, Georgia y Argentina.

El valor de una botella Crianza Rioja se encuentra en unos 35 euros / 41 $ dejando a un lado pocas excepciones. Hay que tener en cuenta que el 47% son tasas y aranceles, junto con el beneficio del importador, distribuidor y/o tienda física final. Miranda explica que desde hace unos años el vino es muy accesible, sobre todo por la gran labor que hacen desde La Rioja para promocionar sus vinos en China. Desde 2012 no han parado de aumentar y en los últimos 5 años las importaciones de vino de La Rioja han crecido un 60% en China. Además, “es un vino que por sus características -poco ácido, fácil de beber- pega bien al paladar chino y su forma de beber -sorbos cortos”, afirma el experto.

A pesar de que el consumo de vinos en China ha aumentado exponencialmente, no se bebe de la misma manera que en España. Está más bien reservado para ocasiones especiales como cumpleaños, bodas, fiestas, eventos, y/o reuniones de amigos.  Se consume sobre todo en fechas especiales en el calendario chino en donde se bebe más bien en exceso, nos explica, como el Año Nuevo chino, la Semana Dorada en octubre y el Festival del Bote del Dragón. Otra manera casi institucionalizada es el uso del vino a la hora de hacer regalos. Es muy habitual regalar un par de botellas en una fina caja de madera.

Así como China nos ha invadido con sus productos, cada día los chinos consumen más los productos que hasta hace muy poco estaban reservados para los occidentales. Con su espectacular crecimiento económico, con jóvenes cada día más solventes y ejecutivos en los 40 y 50 años queriendo mostrar su poder adquisitivo, en China el vino se ha convertido en un signo de status del que muchos quieren presumir y muchos saben disfrutar.

JD com

THE ASIAN DOOR: JD.com y Google se alian en plena guerra comercial. Águeda Parra

La mayor batalla del mundo por la supremacía en tecnología se está librando en China. Es momento de mirar hacia el gigante asiático para encontrar el entorno de desarrollo de I+D más innovador y disruptivo que está creando un ecosistema digital donde se desenvuelven empresas como JD.com, comúnmente conocida como el Amazon de China. Fundada por Richard Liu en 1998 en Beijing, el paso al negocio digital lo realizó en 2004 para convertirse en la competencia directa de Tmall, propiedad de Alibaba. Con una plantilla de 150.000 personas, los buenos resultados están favoreciendo que incremente su cuota de mercado del 22%, de hace un año, al 33% actual, según los analistas.

Con un valor de mercado de 55.000 millones de dólares, está considerada como uno de los diez unicornios chinos menos conocidos hasta el momento, pero del que se va a empezar a hablar, y mucho, a partir de ahora. Su rápida expansión internacional por Tailandia, Indonesia, Vietnam e incluso Europa, cuenta con una oficina en París desde principio de año y ha cerrado acuerdos con socios españoles y marcas europeas, principalmente en el sector del lujo, da muestra de su enorme potencial.

Es el caso del anuncio de Google el pasado 18 de junio de invertir en JD.com 550 millones de dólares para ayudar a la compañía a continuar su expansión fuera de China, poniendo de manifiesto el interés de las grandes tecnológicas americanas por participar del creciente ecosistema digital chino. Como resultado del acuerdo, Google recibirá 27 millones de acciones ordinarias Clase A de JD.com quien aportará su ventaja competitiva en la cadena de suministro y logística en China mientras se beneficia de la fortaleza de la tecnología de Google para desarrollar nuevas infraestructuras minoristas que mejoren la experiencia de compra.

Con el acuerdo, Google busca frenar la expansión de Amazon.com en los mercados asiáticos, además de permitirle fortalecer su relación con Walmart, que posee el 10% de JD.com. De igual forma, JD.com pretende desafiar el dominio de Alibaba gracias a la promoción de sus productos a través de Google Shopping. El rápido crecimiento de la clase media en China ha sido un elemento importante en la valoración de la inversión, pero también lo ha sido el hecho de que China sea el país donde se produce el mayor número de descargas de aplicaciones y que cuenta con el ingreso más alto por aplicación al año y, sin embargo, no cuenta con la presencia de las FANG (Facebook, Amazon, Netflix y Google) al haber conseguido China desarrollar aplicaciones propias que reproducen las funcionalidades de éstas.

Justo en el momento en el que parece que comienza a recrudecerse la guerra comercial entre Estados Unidos y China, resulta más evidente que el plan Made in China 2025 será un éxito, incluso con la oposición de la administración Trump. El enfrentamiento con el fabricante de equipos de telecomunicación ZTE ha puesto de manifiesto que China todavía está retrasada en ciertas tecnologías fundamentales, como la de microchips. De ahí que para el gobierno chino sea primordial impulsar con mayor determinación los objetivos previstos en el plan Made in China 2025 de modernización e innovación de los sectores claves para el desarrollo del país.

Los grandes titanes chinos están siendo los principales embajadores de los avances tecnológicos que pretende Made in China 2025, con Tencent y Alibaba como referentes de la revolución digital del país. El plan forma parte del ideario de Xi de conseguir el “sueño chino” mediante un “gran rejuvenecimiento de la nación china”, y las innovaciones que se están incorporando en el ámbito del e-commerce y las FinTech están revolucionando una economía digital con avances que todavía tardarán años en verse en Estados Unidos. En China, los titanes tecnológicos están aplicando la potencialidad del big data y la inteligencia artificial a las peculiaridades del mercado chino, desmarcándose de los desarrollos occidentales y haciendo que la economía china sea cada vez menos dependiente de tecnología extranjera.

China alberga a 9 de las 20 mayores compañías tecnológicas del mundo. Por su valor de mercado, Apple, Amazon, Microsoft, Alphabet y Facebook forman el Top5, seguidas de Alibaba y Tencent, en una clasificación en la que también aparecen Baidu y Xiaomi. De ahí que la gran revolución digital que está experimentado China haya impulsado a que Google, bloqueado en el país desde 2010, busque alianzas con socios locales, como Tencent, Huawei, Xiaomi y Baidu para que distribuyan Google Play Store en sus propias App Store.

Google cuenta con mayor presencia en el país desde que en 2017 se volviera a relanzar el Traductor de Google y se haya incorporado su tecnología ARCore de realidad aumentada y virtual a través de Xiaomi y Huawei. Asimismo, a finales del año pasado Google también anunciaba la apertura de un laboratorio de Inteligencia Artificial en Beijing para facilitar el acceso al talento del país, toda una serie de iniciativas orientadas a participar del momentum de transformación digital que se está produciendo en China.

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El déficit comercial ya no es lo que era. Miguel Ors Villarejo

El nacionalista piensa que el amor a la bandera es la base de la prosperidad y que la patria unida jamás será vencida, pero es más bien al revés: la prosperidad es la base del amor a la bandera y la patria vencida jamás estará unida. Donde no hay harina todo es mohína y pocos imperios han sobrevivido a la derrota militar o el declive económico.

“No viven juntas las gentes sin más ni más y porque sí”, escribe Ortega y Gasset. “Esa cohesión a priori solo existe en la familia. Los grupos que integran un estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo. Cuando los pueblos que rodean a Roma son sometidos, más que por las legiones, se sienten injertados en el árbol latino por una ilusión. […] Roma era un proyecto de organización universal; era una tradición jurídica superior, una admirable administración”.

Lo mismo ocurre hoy con Estados Unidos. Sus ciudadanos vibran con el himno y se envuelven en las barras y estrellas porque les va muy bien, porque la unión les reporta grandes utilidades. Pero, ¿qué pasaría si las cosas se torcieran? En España lo sabemos bien. El primer gran envite separatista no coincidió por azar con el desastre del 98. Catalanes y vascos empezaron a considerar la secesión cuando la asociación con el resto de la península dejó de traerles cuenta. Es una ingenuidad pensar que el cemento que cohesiona a un país es un arcano amor a la tierra y no el más descarnado interés. El patriotismo es, ante todo, un negocio y, cuando los números no salen, se desbarata como un chamizo.

Sucede, sin embargo, que todo el aparato socializador está concebido para persuadirnos de lo contrario y crecemos con la idea de que no hay nada más grande que el lugar que nos vio nacer. Esa convicción permitió a Napoleón plantar un ejército en el corazón de Rusia, pero se puede usar también para vender plátanos o motos. Harley-Davidson sometió a la competencia japonesa y alemana identificando su marca con el macizo de la raza. Tanto su tecnología como su atención al cliente fueron durante años manifiestamente mejorables. Simon Sinek explica que debías aguardar seis meses para que te customizaran una Sportster. Cualquier concesionario de Kawasaki prestaba ese servicio en un día, pero Kawasaki solo te daba una moto. Harley-Davidson te daba una declaración de principios. “Simboliza lo que soy”, proclama uno de sus directivos, “básicamente dice que soy americano”. Miles de estadounidenses se tatúan el logotipo, y algunos de ellos ni siquiera tienen una Harley. No les interesa el artículo. Les interesa su filosofía, su historia.

No es de extrañar que Donald Trump eligiera al fabricante como modelo de su política de “América primero”, un afecto correspondido por sus moteros, que “figuran”, según The Economist, “entre sus partidarios más ruidosos”.

Esta pasión se ha entibiado, por desgracia, últimamente. La semana pasada Harley-Davidson anunció que trasladará parte de sus fábricas al extranjero para sortear la subida arancelaria que Bruselas va a aplicar a las motos (y a los yates y al bourbon) en respuesta a las tarifas que Washington había a su vez impuesto al aluminio y el acero europeos. “Aumentar la producción internacional […] no es nuestro deseo”, asegura la compañía en una nota, “pero es la única opción de que nuestros vehículos sigan siendo accesibles a los clientes de la UE”. De acuerdo con sus cálculos, la medida comunitaria encarecerá unos 1.900 euros cada una de sus unidades.

A pesar de que es hombre de números, Trump no ha ocultado su asombro por la rapidez con que la firma ha agitado la bandera blanca. No es nada que no le advirtieran cuando lanzó su cruzada comercial. Las compañías han diversificado sus mercados y entretejido sus cadenas de valor de tal modo que ya no son ni americanas ni europeas ni de ningún lado y, cuando le propinas un sartenazo a alguna pensando que es extranjera, no es inusual que el chichón más gordo te salga a ti. Los exportadores estadounidenses de porcino están preocupados porque México estudia clavarles un arancel del 20%. Pero es que, al otro lado del río Grande, Granjas Carroll, una marca local de toda la vida, teme que la decisión de su Gobierno dispare el 15% el precio de la carne y hunda sus ventas, lo que supondría un duro golpe para su principal accionista, que es chino…

El mundo se ha vuelto muy complicado, el déficit comercial ya no es lo que era y pretender corregirlo apelando al patriotismo pone de relieve una profunda ignorancia no ya de cómo funciona la economía, sino la condición humana. (Foto: Michael Gram, Flickr)