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THE ASIAN DOOR: La pirámide (invertida) de la digitalización financiera. Águeda Parra.

Apenas dos décadas separan el nacimiento de Internet del mundo digital en el que nos movemos actualmente. En este tiempo, el despliegue de las tecnologías ha ido definiendo la evolución de los servicios disponibles. Sin embargo, una pandemia y nuevas necesidades tecnológicas están imprimiendo un ritmo de digitalización más dinámico, imponiendo una aceleración en la transición hacia el siguiente nivel tecnológico, a diferencia de cómo había sido hasta el momento.

Algunos estudios muestran que han bastado dos meses de pandemia para acelerar la digitalización mundial cinco años, un efecto al que el sector financiero no ha sido ajeno. La situación de crisis sanitaria ha impulsado de forma significativa las previsiones de crecimiento del mercado e-commerce a nivel global, a la vez que se ha acelerado la transición entre los pagos físicos a los móviles. De hecho, el efecto del COVID-19 ha generado un incremento en los niveles de transacciones de pagos digitales similar al que estaba previsto alcanzar en un intervalo de dos a cinco años vista. Y es precisamente esta aceleración de las tendencias digitales en el entorno FinTech lo que va a provocar la disrupción en el sector. Aquellos que sepan adaptarse a las nuevas necesidades digitales verán impulsada su actividad, mientras que la selección natural darwiniana dejará atrás a los que se vean superados por los ritmos de digitalización que ha impuesto la pandemia.

Una nueva era. Así es como ya ven los mercados de capitales la rápida irrupción de las empresas FinTech en el mercado financiero. Si los avances tecnológicos han promovido el despliegue de nuevas generaciones de telefonía móvil, los servicios implementados han ido evolucionando igualmente al ritmo (o incluso a mayor velocidad) al que lo ha hecho la tecnología. El valor de los bancos convencionales parece estar en caída libre. Si en una década han pasado de representar el 95% al 81% del valor del mercado total de la industria bancaria y de pagos, solamente en el último año han caído al 72%. Espacio que han ido ocupando las empresas FinTech que ya representan un 11%. Entre ellas destacan la china Ant Group y la estadounidense PayPal, cuyo valor de mercado se ha duplicado este año hasta los 900.000 millones de dólares. El mercado lo completan las empresas convencionales de pagos no bancarios como Visa, que también ha experimentado un importante crecimiento, representando el 17% del mercado restante, según The Economist.

La rápida proliferación de iniciativas en distintos sectores que compiten por convertirse en la plataforma que aglutine los servicios de pagos, los seguros y las actividades de inversión financiera muestran la dinámica del mercado en la que players ajenos a la industria pasan a suponer una parte importante del mercado bancario y de pagos que cubre todas las necesidades financieras de los usuarios digitales. Una tendencia que ya comienza a estar ampliamente desarrollada en China donde Alibaba y Tencent, los grandes titanes tecnológicos, llevan años avanzando en este tipo de integración, beneficiándose de la incorporación de las capacidades de la IA, el cloud computing y el big data para conocer al instante el perfil crediticio de los consumidores y poder así adaptar la prestación de estos servicios a la demanda.

Si la pandemia ha sido disruptiva en la adopción de hábitos digitales, mayor será el impacto que genere el despliegue de la quinta generación de telefonía móvil. Promotor de grandes avances en la digitalización de varias industrias, es muy posible que se invierta la pirámide financiera por efecto del 5G. Las FinTech están destinadas a adquirir un mayor protagonismo entre los consumidores ávidos por incorporar las nuevas tecnologías a este ámbito, aunque los bancos tradicionales seguirán siendo necesarios para mantener el funcionamiento de la industria financiera.

“El 5G es una baza poder apagar sectores enteros de la economía de un país” Isabel Gacho Carmona

En las relaciones entre EEUU, China y la UE “la cuestión central es el poder”, comenzaba diciendo Fidel Sendagorta en un coloquio organizado por el Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (Incipe), en el que analizó la situación. “Primero, porque estamos de nuevo en una era dominada por la política de poder, que se caracteriza por ser más desinhibido en todas sus formas, incluida la coacción económica o híbrida”. Un contexto en el que el nacionalismo es cada vez más exacerbado, donde la tensión es cada vez más difícil de manejar.

Y es en este contexto aparece el poder chino. Y esta vez -a diferencia de hace 200 años cuando siendo primera potencia económica solo estaba interesada en su vecindario inmediato- necesita al resto del mundo. Y según se expande en términos económicos y comerciales, también lo hace militarmente. “Hoy solo tienen una base en Yibuti, pero habrá más”, apuntaba el director general de Política Exterior y Seguridad. De momento ya tiene una flota con capacidad de proyección en los océanos y capacidad de influencia política en regiones en las que antes estaba poco representada.

Para  lograr su ambición de liderazgo, que pasa, por cierto, por “desoccidentalizar el orden internacional”, Pekín tendría una “estrategia conocida y otra oculta”. Por un lado, estarían las famosas iniciativas Made in China 2025 o La Franja y la Ruta, donde las estrategias quedan más o menos claras. Sin embargo, el puzle queda incompleto y, mientras Thomas Wright argumenta directamente que la estrategia china es “un misterio”, otros entienden que se puede inferir de muchas maneras. Es el caso de Michael Pillsbury, que habla de la “maratón de los 100 años” refiriéndose al objetivo de conseguir un puesto de liderazgo en el sistema mundial en 2049.

En cualquier caso, se entiende que la estrategia siempre había estado influida por ideas tradicionales basadas en la máxima de ganar las guerras sin necesidad de hacerlas. Sin embargo, ahora China habría abandonado la “prudente actitud” y se ha lanzado a una exhibición de su poder, pero ¿por qué? Sendagorta argumenta que se debería básicamente a tres razones. En primer lugar, estaría aprovechando el hueco dejado por el repliegue estadounidense, en segundo lugar, Pekín es cada vez menos dependiente económicamente del resto al haber desarrollado su consumo interno, y, por último por el auge del nacionalismo.

Tanto Washington como Bruselas tardaron en reaccionar. En un primer momento Trump enfocaba la política hacia China de una manera exclusivamente comercial, en términos de deslocalización y “pérdidas de puestos de trabajo”. En Europa han hecho falta llamadas de atención -como cuando Alemania trató de evitar a compradores chinos para la empresa puntera de robótica Kuka y descubrió que no había ningún mecanismo que lo impidiera- para priorizar en la agenda el pulso para la protección de las industrias estratégicas y para darnos cuenta de que ya no basta con pensar solo en términos económicos.

Y, es que es en la tecnología donde “se juega la base del poder de cualquier país en el futuro”. En el caso de las redes 5G, por ejemplo, además del componente económico tienen uno de defensa. Pero este componente “no solo se trata de espionaje o robo de datos, se trata de algo más”. Hay países, como Japón o Australia, que no quieren implantar las redes chinas en previsión a un posible conflicto: “controlar las redes 5G es una baza para poder apagar sectores enteros de la economía de un país”.

THE ASIAN DOOR: En telefonía móvil, el mercado español se anticipa a la tendencia mundial. Águeda Parra

Entre los usuarios de telefonía móvil, los consumidores chinos están considerados como early-adopters de la tecnología 5G. A nivel mundial, son los más predispuestos a pasar rápidamente a la siguiente generación de telefonía demandando tanto a proveedores como a fabricantes que aceleren los desarrollos de la nueva red y que tengan disponibilidad de un amplio portfolio de dispositivos que incluya ya la nueva tecnología.

La apuesta de China por continuar con su revolución tecnológica no ha cesado ni en tiempos de pandemia. El mismo día que el país declaraba el fin de la cuarentena, el gigante asiático reanudaba los planes de despliegue de la red 5G que el COVID-19 había dejado aparcados. No sucede lo mismo en el resto del mundo. Con la excepción de Corea del Sur, que dispone de cobertura completa en todo el país, las necesidades económicas que están surgiendo con motivo de la crisis sanitaria han motivado que el resto de países hayan paralizado sus planes de despliegue. España entre ellos.

A pesar de que China ha visto reducido su crecimiento económico en los últimos meses, la previsión de inversión de las grandes operadoras chinas no parece que se haya visto afectada. De esta manera, se pone de manifiesto que para el mercado chino la tecnología 4G no es suficiente y el modelo de ecosistema digital que persigue solamente se podrá consolidar con un despliegue de cobertura 5G masivo en todo el país.

Las cifras de inversión en las redes de telecomunicación de la próxima generación varían en función de la operadora. China Unicom planea incrementar en dos veces y media el gasto en despliegue de red 5G este año respecto a la inversión realizada en 2019. En el caso de China Telecom, el gasto en infraestructuras de quinta generación asciende hasta los 6.380 millones de dólares, mientras que China Mobile, la operadora más grande del país, maneja una previsión de inversión para el 5G de algo más de 14.000 millones de dólares durante 2020.

Este entorno digital trasciende al mercado de los smartphone, y los avances que se implementan en él para satisfacer a los exigentes consumidores chinos, favorece que otros mercados internacionales se beneficien de la creciente participación de los fabricantes de origen chino. Un elemento a tener en cuenta en un mercado ya de por sí altamente competitivo, donde comienza a ser visible la silenciosa transición que se está produciendo de un consumo preferente hasta el momento de dispositivos con software norteamericano y surcoreano, a la incorporación de marcas chinas asociadas a un Designed in China con alto valor añadido.

Mientras que a nivel internacional, y también europeo, las cuotas de mercado de ventas de smartphone se mantienen más o menos estables, destacando el significativo crecimiento de Apple en los últimos meses, si ponemos la lupa a nivel del mercado español, la tendencia es bien distinta. En este caso, junto con el crecimiento que está experimentando Apple a nivel mundial, también se aprecia un incremento de la cuota de mercado de Xiaomi de 8 puntos porcentuales en el último año. Si entonces el fabricante chino estaba posicionado en la cuarta posición en el mercado español, alejado de los fabricantes que más ventas generan, doce meses después el panorama ha cambiado considerablemente. Ahora, en tiempo de pandemia, Xiaomi rivaliza con Apple por ocupar la segunda posición del mercado de teléfonos móviles en España y, de mantenerse la tendencia registrada hasta el momento, en los próximos meses se convertirá en la segunda marca más importante. Aspirar a alcanzar el liderazgo del mercado español puede estar a su alcance.

Todo ello como resultado de cómo la tecnología china traspasa fronteras para implantarse en otros mercados rápidamente, trasladando el ecosistema digital que los nativos digitales chinos están implementando en el país. Por ello, y de igual forma que sucede con la rivalidad tecnológica que enfrenta a Estados Unidos y China por la hegemonía tecnológica mundial, la cuestión ahora mismo no es tanto cuándo pueda producirse esa alternancia entre los fabricantes surcoreanos y norteamericanos por los de origen chino en el mercado de telefonía móvil, sino la velocidad a la que éstos han sido capaces de convertirse en rival tecnológico de ambos dos, demostrando una importante ambición por superarlos en un período de tiempo no muy lejano.

THE ASIAN DOOR: 5G post-pandemia para China, Corea del Sur y Europa, Águeda Parra

A diferencia de Corea del Sur, con una red comercial 5G operativa desde hace un año, China tiene todavía despliegues pendientes hasta cubrir las necesidades de cobertura de todo el país. En la implementación de las redes de quinta generación, el gigante asiático confiará en tecnología que incluya estándares chinos, principalmente. La tecnología de Huawei es la mejor posicionada en el mercado, y así lo ha valorado China Mobile, la mayor operadora de telecomunicaciones del mundo, al asignar su contrato de despliegue 5G en un 86% a los proveedores chinos Huawei y ZTE. Europa solamente estará representada con una mínima participación a cargo de Ericsson, que se encargará de un 11% de la red, quedando Nokia excluida del proyecto a pesar de haber formado parte del proceso de licitación.

Las nuevas redes 5G van a propiciar el desarrollo de nuevos modelos de ciudades inteligentes, las conocidas como smart cities, donde las innovaciones incorporadas van a generar cambios en el ámbito empresarial, pero también en el gubernamental. En la misma línea, el ámbito industrial se transformará hacia fábricas inteligentes (smart factories), que contarán con un uso intensivo de la robótica y la IA en los procesos productivos. En paralelo, las sociedades evolucionarán hacia smart societies, un modelo donde las nuevas tecnologías van a estar muy presentes en los usos y costumbres de los ciudadanos.

La construcción de este nuevo entorno de innovación ha sido posible gracias a las capacidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Entre ellas la IA, el cloud computing, el big data y la robótica forman parte del ecosistema que va a transformar los modelos económicos mundiales en las próximas décadas, siendo imprescindibles en la construcción de las nuevas cadenas de valor globales. Aunque se trata de tecnologías ya existentes, la capacidad de generar nuevos modelos de negocio surge gracias a la potencialidad que ofrecerán las futuras redes móviles 5G. En el caso de China, el despliegue de estas redes ha permitido tener en marcha hasta 500 ciudades inteligentes en 2019, con el objetivo puesto en seguir desplegando este modelo de ciudad a medida que se extiende la red de quinta generación por todo el país.

En el caso de Corea del Sur, la llegada de la pandemia del COVID-19 se produce cuando el país cumple justo un año desde el lanzamiento del servicio comercial de las redes 5G, alcanzando 5 millones de subscriptores, un 7% de los usuarios de smartphone del país, según datos del Ministerio de Ciencia e ICT. Con proyectos empresariales ya iniciados desde mediados de 2019, y con la previsión de pasar a entornos completamente 5G SA (Standalone) durante la primera mitad de 2020, Corea del Sur ya innova en modernizar puertos, “smart ports”, servicios médicos, “smart hospitals”, industria pesada “smart factories”, infraestructuras de transporte, “smart cities”, y plantas hidráulicas y nucleares, “smart power plants”.

La cara de la moneda es Europa, donde los efectos de la pandemia afectarán al desarrollo de su futuro entorno digital comunitario. En lo que se refiere al despliegue 5G, se han producido retrasos en cadena de los planes de expansión de la red de nueva generación que afectan a España, pero también a otros países de la Unión Europea donde todavía no se había realizado la licitación de frecuencias antes de la llegada del COVID-19 como Francia, Austria y Portugal. Este retraso aleja aún más a Europa de la carrera por el liderazgo tecnológico digital, una vez las redes 5G son un salto cualitativo y cuantitativo en la generación de una mayor y más potente economía digital. Pero la influencia del COVID-19 no solamente será tecnológica, sino también geopolítica. La brecha digital que ha puesto de manifiesto la crisis sanitaria entre los países asiáticos y las economías occidentales ahondará la rivalidad tecnológica entre China y Estados Unidos, mientras la mayoría de los países europeos tiene todavía pendiente decidir qué proveedor utilizarán para sus despliegues de red 5G.

INTERREGNUM: Ante la revolución digital. Fernando Delage

La redistribución de poder económico y político es la principal causa de la dinámica de rivalidad en curso entre las grandes potencias. Estas intentan defender sus intereses y maximizar su influencia mediante el desarrollo de sus capacidades defensivas y la construcción de alianzas estratégicas en el terreno militar, y mediante acuerdos de libre comercio o la imposición de sanciones en la esfera económica. Estos instrumentos tradicionales del poder estatal se están viendo desplazados, sin embargo, en el nuevo tablero de juego global. En el siglo XXI, el espacio más disputado será el ámbito digital y de la información, en el que Estados Unidos y China ya libran una intensa competición.

La cuestión de qué país dominará la tecnología 5G es probable que sea solo la primera batalla en una guerra tecnológica de mucho mayor alcance, con implicaciones para la economía y la gobernanza global, el acceso a la información e, incluso, el conflicto militar. Hasta la fecha, Estados Unidos ha optado por actuar unilateralmente, presionando a sus socios y amigos para que asuman sin más su posición y sus estándares tecnológicos. Para sus más cercanos aliados, Europa y Japón, lo que está en juego, no obstante, es el futuro de su soberanía económica e industrial.

El temor a convertirse en una “colonia digital” es tan real que la nueva Comisión Europea apenas ha tardado dos meses en dar forma a un Libro Blanco sobre inteligencia artificial y la economía de datos, hecho público el pasado 19 de febrero. Estados Unidos y China suman entre los dos la práctica totalidad de las inversiones mundiales—y el 85 por cien de las patentes—en inteligencia artificial, sólo seguidos por Reino Unido—ya fuera de la UE—e Israel. Bruselas, que prefirió durante estos años dar prioridad a la protección de datos personales, se ha visto superada por estos dos gigantes, cuyas empresas custodian más del 90 por cien de los datos europeos.

Situarse en primera línea de la próxima revolución no será fácil: ni por recursos ni por aproximación. Antes que desarrollar una tecnología propia, la tentación europea es convertirse ante todo en regulador, pero las reglas se han visto superadas por los algoritmos. Y crear una nube europea tampoco servirá para competir en todos los ámbitos. El Libro Blanco, por ejemplo, no hace referencia alguna a la aplicación de la inteligencia artificial al mundo militar, asunto sobre el que China y Estados Unidos—también Rusia—ya cuentan con sus respectivas estrategias.

La UE ha comenzado en cualquier caso a comprender las profundas implicaciones de la era digital; en particular el peso de los datos en la actividad económica del futuro. La rivalidad entre Estados Unidos y China al respecto no hace sino extender el desafío, ante el riesgo de un proceso de desglobalización que conduzca a dos ecosistemas tecnológicos separados—como lo estarían también en cuanto a sus infraestructuras y comercio—liderados, respectivamente, por Washington y Pekín. Evitar ese resultado debe ser un objetivo estratégico prioritario del Viejo Continente, como también de Japón. Ambos extremos de Eurasia cuentan así con un motivo más para acelerar su colaboración en el marco de la asociación de conectividad que acordaron el pasado otoño.

THE ASIAN DOOR: Europa ante el reto tecnológico. Águeda Parra

Si disruptiva ha sido la transición entre la red 3G a 4G, mayor impacto tendrá sobre el desarrollo de la nueva economía digital la irrupción del 5G. Además de ser una nueva generación de redes móviles, el 5G va a influir de forma significativa en los cambios socioeconómicos de los próximos años, impulsando el desarrollo de modelos de negocio actualmente no disponibles porque la tecnología no ofrecía las prestaciones necesarias para su implementación.

Ha sido suficiente menos de una década para que despunten y maduren nuevos negocios digitales desde que en 2013 se desplegara la red móvil 4G. La irrupción del smartphone ha popularizado el e-commerce, mientras las FinTech están dando respuesta a las necesidades que están surgiendo en torno a los medios de pago y las cada vez más demandadas actividades de financiación online. En este nuevo contexto de innovación tecnológica, la nueva generación de redes móviles 5G generará todo un ecosistema en el que las aplicaciones desarrolladas bajo las estructuras de las nuevas tecnologías, como la Internet de las Cosas (IoT) y la inteligencia artificial, podrán desplegar todo su potencial.

Una de las características claves del 5G es la latencia o, dicho de otra forma, el retraso temporal en la transmisión de datos dentro de la red. Se alcanzarán velocidades de respuesta de hasta 1 milisegundo, lo que supondrá la transformación de muchos sectores en muy diferentes ámbitos de actividad. Entre las industrias que se verán ostensiblemente beneficiadas por el impulso de la nueva tecnología destaca la automoción, dando lugar a la aparición de los coches autónomos. Asimismo, en otros ámbitos como la medicina, se podrán realizar operaciones a distancia, el sector de los videojuegos se beneficiará del impulso de la realidad virtual, mientras la industria de la robótica y el sector logístico operarán en tiempo real, generando los avances tecnológicos necesarios para consolidar la implantación de modelos de Smart Cities y Smart Factories.

La disrupción tecnológica asociada al 5G generará nuevos modelos de negocio valorados en millones de euros, y aquellos países pioneros en el despliegue de la nueva red podrán monetizar antes el impulso económico que los expertos estiman en unos 2,2 billones de dólares en los próximos quince años, según el informe The Mobile Economy 2019 de la Asociación GSM. En esta carrera por el liderazgo en 5G, Asia es el principal referente. Corea del Sur es el primer país con cobertura completa y, junto con Japón, China y Estados Unidos, agruparán a más de la mitad de los suscriptores mundiales en 2025, momento en el que se estima que la red 5G alcance una cobertura del 65% de la población mundial, según el Ericsson Mobility Report en su edición de noviembre 2019.

La tecnología avanza, genera nuevas modelos de negocio e impone un aprendizaje cada vez mayor y más rápido para que la sociedad no se quede atrás en la adquisición de las habilidades digitales básicas. Sin embargo, Europa no parece afrontar la cuarta revolución industrial en una posición destacada frente al resto de grandes potencias que están apostando por la inversión en innovación y en el impulso del talento. El barómetro de la brecha digital en Europa muestra que el 37% de la fuerza laboral no tiene habilidades digitales básicas, una desventaja significativa para desarrollar y adoptar las nuevas tecnologías en los procesos productivos. Más cuando se estima que 9 de cada 10 empleos van a requerir habilidades digitales para su desarrollo, generando una brecha digital que motivará el desposicionamiento de las empresas europeas frente a otras mejor posicionadas en la carrera por la adopción de las nuevas tecnologías.

En la carrera por la innovación tecnológica, Europa debe primero afrontar el desafío de la brecha digital. Aunque dentro de los países miembros existen diferencias importantes en el nivel de adopción tecnológica, solamente diez países de los veintiocho se sitúan por encima de la media, siendo Luxemburgo, Dinamarca y los Países Bajos los que figuran en las tres primeras posiciones. El bloque de los países con mayor brecha digital es significativamente más amplio, integrado por dieciocho países. En este grupo, España se sitúa cinco niveles por debajo de la media europea con un 53%, es decir, apenas la mitad de la población de entre 16 y 74 años dispone de habilidades digitales básicas. Todo un desafío para Europa y para España afrontar la próxima década desde una perspectiva tecnológica más retadora.

THE ASIAN DOOR: La agenda de Europa con el 5G en 2020. Águeda Parra

El retraso en la construcción de las nuevas redes 5G en Europa está desbancando a los países miembros de la carrera por el liderazgo tecnológico, retrasando la implantación de las innovaciones asociadas a la nueva dimensión de economía digital que creará la red 5G en un mundo globalizado. Un retraso al que hay que sumar el dilema en ciberseguridad que plantea la construcción de la red 5G con tecnología Huawei después de la advertencia de Estados Unidos a sus socios de la alianza Five Eyes, en primera instancia y, de forma complementaria, al resto de sus aliados. Aunque todavía no hay ningún informe que lo ratifique, la petición de Washington está dirigida a solicitar a sus socios que veten el uso de los dispositivos del fabricante chino en la construcción de la red 5G ante la advertencia de que alberga puertas traseras que podrían permitir el espionaje por parte del gobierno chino.

La tecnología pasa así a formar parte de la geoestrategia mundial donde Estados Unidos persigue mantener su supremacía tecnológica y los países se dividen entre el veto, o la confianza a los dispositivos de Huawei, para la construcción de la red que proporcionará la nueva era de la digitalización y el futuro crecimiento económico. En este escenario, las empresas chinas Huawei y ZTE, la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia son las compañías mejor posicionadas para liderar la carrera por el 5G. Entre las cuatro construirán la siguiente generación de redes móviles, pero el lobby norteamericano entre sus aliados, y la oportunidad de aprovechar el impulso socioeconómico que generará el 5G en los próximos años, ha generado un entorno bipolar de dos bloques que enfrenta directamente a la supremacía china con el dominio tecnológico del gigante asiático en numerosas áreas, entre ellas, la nueva generación de redes móviles 5G.

En esta Europa dividida por el 5G, los socios de Washington en la OTAN y los de China en el Mecanismo 17+1 y la nueva Ruta de la Seda han tomado posturas diversas. Apostar por Washington priorizando los criterios de seguridad ante futuras posibles amenazas de ciberseguridad ha sido la decisión tomada por países como República Checa, Polonia y Rumania. Otros, como Luxemburgo, han valorado más la posible cancelación de acuerdos comerciales vigentes. De hecho, la decisión de la República Checa ha promovido la celebración de la Conferencia de Seguridad de Praga 5G que ha emitido unas recomendaciones a las que otros países de Europa Central se han sumado, como es el caso de Estonia, Letonia y, muy posiblemente, Lituania.

A pesar de su condición de miembros de la OTAN, Grecia y Portugal no han dudado en seguir desarrollando su red 5G con tecnología Huawei, consolidándose como parte del bloque donde la diplomacia china se ha expandido a través de la nueva Ruta de la Seda, y apostando por el fabricante chino. Por su parte, España es uno de los países que ha anunciado que irá reduciendo en los próximos años la participación de Huawei en su red, manteniendo únicamente su colaboración en el mantenimiento de la red 4G, mientras el despliegue del 5G pasará a cargo de la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia. Un esquema de división en Europa que no propicia una adopción temprana de los beneficios económicos que reportará la nueva tecnología y que está favoreciendo que Europa sea el campo de juego donde rivalizan Washington y Pekín. De esta forma, Europa ha pasado a convertirse en una tercera fuerza en la geoestrategia mundial, una situación que no beneficia a los intereses de las industrias europeas que compiten en los mercados internacionales.

THE ASIAN DOOR: Con el 5G regresa el mundo bipolar. Águeda Parra

La geopolítica de la tecnología que se plantea en la Unión Europea como consecuencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en la que se ha visto inmerso Huawei, plantea un escenario donde los países miembros tendrán que tomar múltiples decisiones durante 2020. Las alianzas en cada bloque se mantienen muy igualadas entre aquéllos que siguen la recomendación de vetar a Huawei, y los que mantendrán sus despliegues 5G sin cambiar de proveedor, demostrando que la Unión Europea no habla con una única voz al no disponer de un mercado único de telecomunicaciones.

El posicionamiento de Huawei en Europa y la diplomacia china están resultando ser una herramienta decisiva para aquellos países que en 2019 tomaron una decisión desfavorable frente al veto a Huawei. El dominio del fabricante chino Huawei en el mercado de Asia Pacífico y Europa le ha conferido el liderazgo en el mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones llegando a alcanzar una cuota del 28,6%, según Bloomberg. Sin embargo, la geopolítica de la tecnología ha desplegado su poder y 2020 puede dar un vuelco significativo al liderazgo mundial que disfruta actualmente el fabricante chino.

La ciberseguridad en las redes 5G se ha convertido en cuestión prioritaria en la recomendación de la Comisión Europea, cuyo documento final recoge las aportaciones de los expertos de cada país. La directriz general ha sido apostar por la diversificación de suministradores y la redundancia de equipos críticos, en la misma línea de la propuesta realizada por España a la Comisión Europea. Una recomendación que, sin embargo, no ha servido para sentar una posición común en las estrategias de despliegue de cada país.

La revolucionaria evolución tecnológica del 5G generará un salto evolutivo diferencial en las capacidades de las redes, favoreciendo un mayor desarrollo socioeconómico entre usuarios y empresas que el impacto que produjo la incorporación de tecnologías anteriores como el 2G, 3G y 4G. De ahí que uno de los principales retos que deben afrontar los países europeos en 2020 sea elegir el proveedor que vaya a desarrollar el despliegue de la nueva generación de redes 5G. Atrapados entre las recomendaciones de Washington de vetar a Huawei, Alemania y Francia son algunos de los países europeos que todavía no han tomado una decisión definitiva. Se trata de elegir entre vetar a Huawei, sin que haya pruebas que demuestren que sea una amenaza para la ciberseguridad, o perder el tren de una de las tecnologías que mayor impacto van a generar en el desarrollo de la industria en los próximos años.

Reino Unido ha sido uno de los primeros países en tomar una decisión al respecto, favoreciendo que Huawei se encargue del despliegue de la red de radio, menos vulnerable a los ataques de seguridad, mientras que el núcleo de red, la parte más crítica se desarrolla con otro proveedor. La alianza de Londres con Washington en la alianza de inteligencia Five Eyes, de la que también forman parte Australia, Nueva Zelanda y Canadá, no ha impedido que, ante un escenario de Brexit, Reino Unido haya priorizado su desarrollo económico frente a las advertencias contra Huawei. Con esta decisión, las reacciones se suceden y Washington está considerando levantar el veto que prohibía a las empresas norteamericanas mantener relaciones comerciales con Huawei después de considerar que se está produciendo un grave perjuicio económico a la economía del país en estos ocho meses que dura el veto.

El paso dado por Londres no solo provocará el reposicionamiento de Washington, sino que en los próximos meses se apreciarán las réplicas que tendrá esta decisión en aquellos países europeos que todavía no han tomado una decisión sobre el veto a Huawei. Un efecto tsunami que se inicia con el Brexit del Reino Unido y que provocará otros muchos cambios en la geoestrategia mundial, principalmente en la componente tecnología. Una vez que la City va a perder su liderazgo como hub financiero mundial, las FinTech y las posibilidades del 5G en cuanto a Smart Cities y Smart Factories bien podrían ser un nuevo objetivo para el socio que durante 47 años perteneció a la familia de la Unión Europea.

A la espera de la hoja de ruta europea en materia de ciberseguridad. Isabel Gacho Carmona

En octubre de 2019 los Estados miembros de la UE presentaron un informe sobre la evaluación coordinada de riesgos acerca de la ciberseguridad de las redes de quinta generación (5G). Se realizó en un contexto de debate -alentado por EEUU- en torno a los posibles riesgos a la seguridad que las empresas chinas (es decir, Huawei) presentan como proveedores de la infraestructura necesaria para el desarrollo de estas redes. La Comisión había pedido a los Estados miembro tratar de arrojar luz sobre la materia para ser capaces de tomar decisiones con la mayor objetividad posible.

Y, es que, las redes 5G de origen chino no son el gas ruso, del que, aunque sea en teoría, podemos tener claros los riesgos a la seguridad que pueden derivar de su dependencia. La infraestructura que ofrece Huawei no se puede despegar de un debate fanganoso que aúna mucha economía y más seguridad, pero, sobre todo geopolítica.

Y es que si bien la porosidad de los debates económicos, de seguridad y geopolíticos ha existido siempre, con el ascenso de China y la nueva realidad de competición de potencias se ha acentuado exponencialmente. Si a esta ecuación le añadimos el hecho de que hablamos de tecnología –asset estratégico de primer orden- nos queda un entramado precioso. Se acabó el “fin de la historia” y el “imperio liberal” donde el win-win explicaba prácticamente todas las decisiones de carácter económico. Ahora las decisiones económicas van a tener cada vez menos que ver con la eficiencia y más con el poder.

Es en este contexto en el que la UE quiso dar un paso al frente y poder tener su propia voz en el debate en torno a la seguridad -la geopolítica la comentamos otro día-. Y lo hizo. Sin mencionar a Huawei, concluyó que, en el contexto de aumento de la exposición a los ataques facilitados por los proveedores, el perfil de riesgo de cada proveedor será especialmente importante. Que una gran dependencia respecto a un único proveedor aumenta la exposición a una posible interrupción del suministro. Y que las amenazas a la disponibilidad e integridad de las redes se convertirán en graves preocupaciones en materia de seguridad.

Lo que también concluyeron en octubre fue crear una hoja de ruta con medidas concretas para mitigar riesgos. 2020 es el año del inicio del despliegue de estas redes y ya está aquí. Mientras decidimos si somos pelota o jugador en el nuevo ¿G2?, no está mal por lo menos tener claras nuestras propias medidas en materia de ciberseguridad.

THE ASIAN DOOR: 2020, fin de un lustro. Águeda Parra

Para China, 2020 no significa tanto comenzar un nuevo año como terminar un lustro. El XIII Plan Quinquenal (2016-2020) toca a su fin y ahora se trata de revisar el cumplimiento de los objetivos fijados. Todo apunta a que uno de los grandes logros será confirmar que se ha logrado duplicar el PIB y el PIB per cápita respecto al valor de hace diez años. Una muestra de la fortaleza económica de China pero que, sin embargo, plantea el reto de seguir manteniendo un crecimiento sostenido en el próximo lustro en una situación de inestabilidad internacional dominada por la guerra comercial con Estados Unidos.

Después de un lustro, 2020 también significa un punto de control para una de las grandes iniciativas en la era Xi Jinping, el proyecto Made in China 2025, foco de tensión con Washington y detonante de la guerra comercial. Después de cinco años de una iniciativa que plantea la modernización de la industria china bajo el impulso de la innovación y la aplicación de las nuevas tecnologías, 2020 supone la revisión de la primera fase de los objetivos. Se trata de alcanzar una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% y la construcción de 15 centros de innovación. En la carrera del gigante asiático por establecer la nueva marca del Designed in China, la apuesta por liderar los avances en inteligencia artificial, Internet de las Cosas (IoT), y la potencialidad del cloud computing están resultando determinantes para conseguir los objetivos finales en 2025.

Con 2020 también se inicia una nueva era digital. El despliegue de la red móvil 5G va a generar cambios socioeconómicos a mayor ritmo que anteriores generaciones, de ahí que liderar la carrera por el 5G supone abanderar los futuros modelos de negocio y cómo la tecnología va a modelar nuestro ecosistema, tanto en el ámbito de las Smart Cities como de las Smart Factories. El despliegue de la nueva generación de redes móviles es una carrera entre los cuatro fabricantes mundiales mejor posicionados, entre Oriente y Occidente. Las compañías chinas Huawei y ZTE, la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia son, según los expertos, las que lideran el mercado de componentes de telecomunicación 5G, aunque la que ofrece mejor oferta de calidad y precio es Huawei. El lobby norteamericano ejercido entre los aliados occidentales para vetar la tecnología del fabricante chino está centrando la pugna por la hegemonía tecnológica entre Washington y Pekín. De ahí que, a pesar de que Huawei goza de una amplia penetración en la gran mayoría de las operadoras y administraciones europeas, con 2020 se inicia un período de entre tres y cinco años de despliegue donde la geopolítica de la tecnología va a marcar las decisiones de gobiernos y operadoras.

Con 2020 se consolida la mayor revolución tecnológica que ha vivido China. El crecimiento interanual del consumo del 6% en 2018, superado por el 8% registrado en los diez primeros meses de 2019, plantea un escenario de cierta confianza donde la nueva economía digital está siendo una de las principales palancas de crecimiento. Un mercado maduro de e-commerce, una creciente industria FinTech y una extensión de los hábitos digitales gracias al despliegue de la Ruta de la Seda Digital han sido las principales tendencias para un lustro que termina, siendo el merado de los coches eléctricos el que va a caracterizar las innovaciones tecnológicas más destacadas de los próximos cinco años.

En 2020 se inicia una nueva etapa para la fábrica 100% propiedad de Tesla en Shanghai. La línea de producción ya ha dado salida a los primeros vehículos, un importante estímulo para un mercado que acumula una caída de las ventas del 8% en 2018 y del 3% hasta octubre de 2019. El fin de este lustro muestra una tendencia al alza en vehículos eléctricos, pasando la flota de autobúses que recorren China del 25% en 2019 a alcanzar el 35% en 2020, un camino que también están recorriendo los taxis. La penetración de los vehículos eléctricos supuso 5% de las ventas totales de autómoviles en 2019, aunque en las grandes ciudades alcanzó el 20%, con la estimación de que los estímulos fiscales del gobierno impulsen esta cifra hasta representar el 7% en 2020, según McKinsey.

La consolidación de proyectos como el Greater Bay Area favorecerán el impulso de la creación de un ecosistema tecnológico aún más potente a partir de 2020. La región cubre una zona que representa el 15% del PIB de China y que va a simbolizar el próximo lustro de innovación de China. Se genenarán ciudades capaces de atraer talento con capacidad de rivalizar con Silicon Valley y Wall Street, haciendo que este nuevo hub de innovación se consolide como una de las principales palancas de crecimiento económico del país. Un lustro en el que, en definitiva, la producción tecnológica de China va a seguir modulando el nuevo paradigma de la geopolítica mundial.