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Un año de Donald Trump. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Ante los representantes de ambas cámaras legislativas, en presencia de jueces y magistrados del poder judicial y con el gabinete en pleno, Donald Trump dedicó ochenta minutos al discurso del “Estado de la Unión”, a valorar el año transcurrido y exponer sus prioridades para el 2018.

En este tradicional evento, en el que los que los redactores de la alocución del presidente invierten muchas horas de meticuloso trabajo, estos intentaron no dejar fuera ningún elogio a la gestión presidencial y hacer uso convenientemente de patriotismo con marcados visos de conservadurismo y gran dosis de proteccionismo para así delinear el camino que continuará su gobierno.

Ha sido el discurso más presidencial que ha hecho Trump. Lo ha hecho en el momento preciso en que necesitaba proyectar serenidad, autodisciplina y sobriedad. Estas fueran las palabras de New York Times para definirlo, mientras que el Washington Post aseguró que parte de la moderación y la razón por la que la prensa no lo ha calificado de negativo se debía al hecho que el día antes del discurso, el día del discurso y el día posterior a éste Trump tuiteó sólo 6 veces, y que los tweets carecían de contenido incendiario, lo que hizo que la prensa se pudiera concentrar estrictamente en el contenido del mismo.

Trump dedico un 70 por ciento de su tiempo a las políticas domésticas y los problemas que tiene el país, y en cada oportunidad estableció una relación entre alguno de ellos y los inmigrantes, intentando justificar su postura anti-inmigración. De todos los problemas a los que hizo mención, la reforma migratoria fue a la que más tiempo dedicó, y explicó que tiene un plan basado en cuatro pilares, dejando ver cómo ese punto lo tienen rigurosamente planificado. Está claro que la oposición seguirá luchando por los “Dreamers”, a pesar que les cueste otro cierre del gobierno. Y, por otra parte, los indicadores económicos fueron también extensamente mencionados, los más halagados y básicamente la razón de su estrategia.

En la parte internacional, atacó duramente a Corea del Norte, lo que no aporta nada nuevo excepto que usó el riesgo que representa Pyongyang para justificar la necesidad de la modernización nuclear estadounidense.

Así lo explicó Kathleen Hicks (directora internacional del Centro de Estudios y Estrategias Internacionales, CSIS por sus siglas en inglés) en el marco de un foro en el que se analizó el discurso del Estado de la Nación y al que 4Asia tuvo acceso. Y en ese punto, Sue Mi Terry, (considerada la mayor experta en asuntos coreanos en este momento, y quien trabajó en la CIA) explicó que hablar de modernización nuclear puede incomodar a los aliados, y poner a EEUU en un terreno más peligroso, pues no se sabe cuál será la reacción de Kim Jong-un. Sue cree que los juegos olímpicos no mejorarán la tensión; más bien será positivo para el régimen norcoreano participar, ya que les permite refrescar su imagen internacional, y es probable que después todo vuelva a como estábamos a principios de año.

De acuerdo con Heather Conley, vicepresidenta para asuntos europeos en este think tank, el discurso fue positivo, aunque no mencionó los países con los que Estados Unidos está en conflicto y calificó a los aliados como los grandes olvidados de la alocución de Trump. Los omitió por completo, mientras que Trump optó por dedicarle tiempo a los adversarios. Lo que fue complementado por William Reinsch (especialista en comercio internacional) que subrayó como positivo que, al menos, no insultó a ningún aliado y no atacó a China. Reinsch afirmó que la salida de Washington del TPP ha empujado a los pequeños países asiáticos a virar hacia China, lo que parece que empieza a ver esta Administración, razón por lo que pueden estar considerando la vuelta al acuerdo. Asimismo afirmó que en los acuerdos no se puede siempre ganar todo; algunas veces sacrificar unas tarifas asegura la presencia y liderazgo, dijo.

El año de gestión de Trump ha servido para disminuir el rol e influencia internacional de Estados Unidos en el mundo, pero sobre todo en Asia, sostuvo Heather Conley, que insistió en que Washington no tienen una agenda positiva en el exterior. La situación inédita de desolación del Departamento de Estado ha dejado un vacío en el mundo, y como consecuencia ha perdido liderazgo internacional por falta de presencia, afirmó. Insistió en que esta Administración ha centrado sus esfuerzos en políticas de defensa obviado las diplomáticas; la prueba es el número de embajadas sin embajadores.

Estados Unidos necesita una política exterior fuerte y con los diplomáticos al frente. Heather considera que los aliados europeos tienen sus reservas con la Administración Trump pero se decantan por esperar a ver qué pasará, mientras que Macron es el único líder que parece estar decidido a jugar otro rol, uno mucho más predominante.

Hay que subrayar una reflexión escuchada en este evento: “Pensar que los militares nos sacarán de los problemas es un fracaso. Hay que tener políticas fuertes que prevengan enviarlos al frente”.

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Davos entre líneas. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La presencia de Donald Trump en Davos ha despertado mucha expectación internacional. Quizá por lo controvertido del personaje y sus ocurrencias, o más bien imprudencias. Pero también porque hace 18 años que un presidente estadounidense no había asistido (Bill Clinton fue el último en acudir).

La participación de Trump ha estado motivada, posiblemente, por Xi Jinping, que dio un discurso magistral a los estadounidenses el año pasado allí, remarcando la importancia de la globalización, o, tal vez, la razón ha sido aprovechar la presencia de tantos líderes globales para mantener las reuniones bilaterales de rigor, sin la posibilidad de manifestaciones en las calles, como se esperaba en Londres, antes de que Trump cancelara su viaje. Sea la razón que fuera, su presencia fue esperada con gran expectación y su mensaje escuchado con gran atención.

La página oficial de la Casa Blanca subraya las palabras de Trump en el Foro: “América primero no significa América sola”. Supone más bien, encontrar fórmulas de intercambios justas para Estados Unidos, de acuerdo con su visión. El discurso de Trump en Davos es el más centrado y políticamente correcto que ha hecho hasta el momento. Expresar su preocupación por la economía que representa no es controvertido; en efecto, es parte fundamental de su trabajo hacerlo con convicción y asumiendo la responsabilidad que un país como el suyo tiene en el mundo, es exactamente lo que muchos han estado deseando oír de su boca. Además de lo que necesitaba la comunidad internacional para entender las claves de la política exterior estadounidense.

Según Anne Gearan del Washington Post, su discurso contiene las mismas claves de fondo que han venido manejando él y su equipo, pero sin el populismo económico y proteccionismo comercial que ha se ha convertido en su marca personal. Seguramente haber seguido el guion que le escribieron sus asesores lo ayudó a no tener que recurrir a su creatividad irreflexiva.

“América primero no significa América en solitario, porque lo que hace crecer a América beneficia al resto del mundo”, dijo Trump. En su alocución también defendió su compromiso con el mercado global y los tratados internacionales, siempre y cuando los intercambios se hagan de manera justa para todos los actores, y en este punto mandó un mensaje a China, afirmando que no tolerará el robo de la propiedad intelectual estadounidense, el juego de bajar los precios por debajo del valor de mercado, ni los subsidios del Estado. Afirmaciones que demuestran consistencia con sus políticas planteadas desde la campaña electoral. Así como aseveró el compromiso de su Administración para con la paz mundial, erradicar el terrorismo, y neutralizar la carrera nuclear de Corea del Norte, mientras le pedía explícitamente a sus aliados participación activa y financiera en éstos 3 puntos.

La valoración del encuentro en Davos es positiva, tanto en el plano diplomático como económico. Christine Lagarde, presidente del Fondo Monetario Internacional afirmó que la reforma fiscal propuesta por Trump va a propiciar el fortalecimiento del dólar, a mediano plazo, y su evaluación de la economía global es muy positiva. Mientras que otros expertos como James Dimon CEO de JP Morgan Chase & Co. piensan que un ligero debilitamiento del dólar podría, por el contrario, ayudar a la economía estadounidense a crecer y bajaría el déficit de intercambio, que valga añadir ha sido uno de los quebraderos de cabeza de esta Administración incluso antes de tomar posesión. Lo cierto es que el sector económico y la banca ven con buenos ojos la reforma financiera, y un buen ejemplo son los CEOs de las organizaciones financieras más robustas del planeta de origen estadounidense.

“Desde el imperio romano o la muralla china, sabemos que cerrarnos no ayuda”, fueron las palabras de Merkel en Davos. Las que parece que ha asimilado Trump, en esta ocasión al menos, llevando un mensaje más esperanzador de la participación de Estados Unidos en la economía mundial. Wilbur Ross, secretario de comercio estadounidense sugirió en Suiza que Estados Unidos está listo para entrar en la “guerra de intercambio”, que de entrada despertó incertidumbre, pero que después de la intervención de Trump, se puede descifrar más bien como que Estados Unidos está listo para seguir liderando la economía mundial. Incluso reabrió la posibilidad de reintegrarse al TPP si se renegocia, basado en proteccionismo interno de sus manufacturas y normativas, lo que de indirectamente frena las aspiraciones chinas de seguir manipulando el juego económico internacional  de exportaciones y mano de obra muy baratas.

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Vicente Garrido: “Creo que este año tendremos récord en ensayos de misiles”

Entrevista a Vicente Garrido, experto en el programa armamentístico y nuclear de Corea del Norte:

“CREO QUE ESTE AÑO TENDREMOS RÉCORD EN ENSAYOS DE MISILES”

4Asia entrevista a Vicente Garrido, Profesor de Relaciones Internacionales y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos, director del INCIPE (Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior) y miembro del Consejo Asesor sobre Asuntos de Desarme del Secretario General de las Naciones Unidas, así como del Board of Trustees del UNIDIR (United Nations Institute for Disarmament Research).

4Asia: La agenda internacional y, en especial la agenda asiática, están marcadas en los últimos meses por la escalada verbal y militar entre Estados Unidos y Corea del Norte. Se habla mucho de las capacidades nucleares del régimen norcoreano, ¿cuál es el estado actual del programa nuclear de Pyongyang?

VG: La mayoría de los analistas coincidimos en que, estos últimos años, los cálculos se han hecho mal. ¿Qué quiero decir con ello? Que la capacidad de misiles ha experimentado un avance muy importante y Corea del Norte ya tiene misiles de corto medio y largo alcance (ICBM), tiene más material fisible del que se pensaba, quizás para fabricar una horquilla de entre 30 y 60 armas nucleares, basado en reservas de plutonio y en uranio enriquecido, aunque no al 90% que es la concentración óptima. Con eso, probablemente no habrán podido ensamblar más de 12 armas, aunque muchos expertos hablan de 20. El proceso más complicado al que se enfrentan ahora es la miniaturización y ahí se enfrentan a dos problemas, conseguir un arma que quepa en la ojiva y tenga la potencia suficiente, y que no estalle el misil ni al salir ni al reentrar en la atmósfera. Por eso van a realizar cada vez más ensayos para perfeccionarlos. Corea del Norte habría recibido ayuda técnica de Pakistán, al menos desde los años 70.

4Asia: ¿Y necesitan realizar uno de estos lanzamientos de prueba con carga nuclear real?

VG: Probablemente sí, no queda otra. Al final, en la última fase necesitan comprobar el comportamiento de la carga nuclear con el misil, y solo lo pueden hacer así. Por eso estamos viendo cada vez más pruebas de misiles de largo alcance, porque probablemente ya tienen la capacidad de ensamblar esas ojivas nucleares en misiles de corto alcance, los Nodong, y están tratando también de hacerlo en los Rodong de alcance medio. No está claro si a día de hoy podría o no funcionarles, y no les está funcionando en los de largo alcance, en los Hwasong.

4Asia: Entonces, ¿podemos decir que el programa nuclear de Corea es autónomo?

VG: Desde luego. Probablemente antes ayudaron a muchos países a desarrollar sus capacidades de misiles, y a cambio han conseguido ayuda y financiación, especialmente de Pakistán, aunque este país siempre lo ha negado. Ahora tienen sus centrifugadoras, sus reactores, sus reservas de plutonio y uranio… las sanciones intentan evitar que sigan invirtiendo fondos en el programa armamentístico, pero no lo han conseguido y, de hecho, ahora mismo se cuestiona si la ayuda humanitaria y de alimentos se ha desviado para otros propósitos. Eso sí, al ser independientes en sus capacidades, al no tener ayuda, son más rudimentarios y por eso necesitan más ensayos, más pruebas, porque avanzan más lento.

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4Asia: ¿Cuál ha sido la estrategia que ha mantenido China en esta situación?

VG: China cada vez está presionando más a Corea del Norte. Durante muchos años, la estrategia ha sido: “esto es un asunto y un área de interés mía”, y dar a entender que ellos podrían arreglar el problema y liderar conversaciones. Pero Corea del Norte no se lo está poniendo fácil. Un negociador chino decía que la relación entre China y Corea del Norte es como la de los labios y los dientes, sólo que ahora los dientes han empezado a morder a los labios. China ya no se entera previamente de cuando Corea hace un ensayo; desde 2013 se entera por los medios, por eso a partir de 2016 Pekín empieza, en Naciones Unidas, a apoyar resoluciones sobre terrorismo, armas de destrucción masiva, etc., a aceptar reducir importaciones, personal diplomático… está apoyando y aplicando las resoluciones. Siempre se ha dicho que China necesita la estabilidad de Pyongyang, pero realmente en estos últimos meses estamos viendo a una China más decidida, de hecho, no veta las resoluciones en la ONU y eso ya es un gran avance, su reducción de comercio con Corea va a tener un gran impacto, pero tampoco nunca va a suprimir sus lazos comerciales con Pyongyang, no va a estrangular al régimen norcoreano.

4Asia: ¿Y la estrategia futura de negociación de Pyongyang cuál cree que va a ser? ¿Es un primer paso el diálogo que ha tenido lugar en Panmunjon en los primeros días de enero?

VG: Realmente en Panmunjon ha conseguido más el Norte que el Sur. El Norte sólo se ha comprometido a enviar a unos atletas y, a cambio, el Sur ha suspendido sus maniobras militares conjuntas con Estados Unidos. A largo plazo, Corea del Norte quiere el reconocimiento internacional como potencia nuclear. Ellos firmaron el TNP (Tratado de No Proliferación) en 1985, y acordaron que sus reactores iban a ser desmantelados tras inspeccionarlos, pero eso nunca sucedió y, en 1992, dicen que abandonan el TNP. Para que no lo hicieran, la Administración Clinton firmó con Corea del Norte el Acuerdo Marco en 1994 a través del cual les levanta las sanciones y les da ayuda a cambio de que desmantelen dos reactores plutonígenos de Yongbyon. Pero cuando llega George W. Bush suspende toda la colaboración y Pyongyang comienza su programa. Finalmente, abandonan el TNP en 2003.

Ahora, Pyongyang quiere que se les reconozca y están dispuestos a volver al TNP, pero a volver como potencia nuclear. Y esa es su estrategia, acelerar su programa y convertirse, si no de iure, sí de facto, como Pakistán e India, por ejemplo. Ellos piensan que a partir de ahí al resto no le va a quedar otra que negociar. Y es lo único que tienen, su fuerza nuclear, porque con su PIB, con su situación como país, ¿qué otra cosa tiene para negociar? No tiene nada. ¿Su estrategia para iniciar conversaciones? Muy fácil, tú me congelas las sanciones y yo me siento. ¿Y qué haces entonces? que las conversaciones duren eternamente. Son negociadores muy hábiles, solo van a hablar del tema nuclear, nunca del balístico, no van a dejar que eso se ponga sobre la mesa. Y hay otro tema que nunca se discute, que son las capacidades biológicas y químicas, que las tienen.

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4Asia: ¿Podríamos decir entonces que se vuelve a la mesa de negociación, que es la estrategia que siempre defendió China?

VG: Bueno es que, ¿qué puedes hacer si no? ¿Vas a realizar un ataque preventivo? Lo que China, y hasta cierto punto Obama, han defendido siempre es que hay que sentarse a la mesa y conversar para ver hasta dónde está dispuesto a llegar Corea del Norte. Pero claro, Corea cada vez llega más fuerte, cada vez va a exigir más y lo va a poner más difícil. Y las implicaciones de Corea del Sur y de Japón en el asunto cada vez son más grandes, Estados Unidos tiene que darles garantías de seguridad para evitar que se instale el debate de si tendrían que desarrollar su propio programa.

4Asia: El régimen de Kim Jong-un es un régimen muy jerarquizado, muy tendente al liderazgo de una sola persona y probablemente, muy corrupto también. ¿Cómo afecta esta estructura de Estado al programa nuclear?

VG: Hay mucha preocupación en torno a esto, en torno al robo de material para venderlo a grupos terroristas o un accidente, pero también hay preocupación en torno al sistema de custodia de instalaciones y del material. Además, de momento no se sabe nada sobre el sistema de control y mando; si alguien más que Kim Jong-un tiene el botón, ¿qué pasa con el botón si desaparece el líder? No se sabe, no hay doctrina nuclear, no hay un sistema de control y mando… ahora mismo es lo que diga el líder. Es su decisión personal.

Entrevista realizada por Gema Sánchez y David Montero

CIUDAD PROHIBIDA

INTERREGNUM: China en el centro. Fernando Delage

El lunes 15 de enero el Diario del Pueblo de Pekín publicó en primera página un llamativo manifiesto sobre el papel de China en el mundo. Apenas dos meses después del XIX Congreso del Partido Comunista, en el que Xi Jinping insistió en el comienzo de una “Nueva Era”, y coincidiendo con el primer aniversario de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el texto es revelador de las ambiciones de Pekín.

Retomando la idea de que China se encuentra ante un período de oportunidad estratégica para hacer avanzar sus intereses y consolidar su poder—un mensaje ya sugerido por Jiang Zemin en el año 2000—, se recogen tres ideas esclarecedoras sobre lo que piensan los dirigentes chinos y cómo están construyendo la narrativa de su ascenso.

El documento enumera, en primer lugar, los que considera como principales problemas que afronta hoy el mundo: el “déficit democrático”, el “déficit de gobernanza”, la desigualdad, el terrorismo o el cambio climático. Y todos ellos son consecuencia, según se indica del “sistema político y económico capitalista”. Estos factores, se señala en segundo lugar, están provocando profundos cambios, de los que está surgiendo como resultado un nuevo orden internacional. Esta es la ocasión, por último, para que China restaure su grandeza y regrese a la posición que le corresponde en el mundo.

Las reiteradas referencias del texto al “determinismo histórico” permiten concluir que China ve la presidencia de Trump como el contexto perfecto para dar ese salto cualitativo hacia la cúspide del poder mundial. Hace ahora también un año, en la primera ocasión en que un presidente chino asistía al foro de Davos, Xi defendió el libre comercio frente a las inclinaciones proteccionistas del nuevo presidente norteamericano, y ofreció su país para liderar la globalización. Su ofrecimiento fue recibido con alivio por los medios internacionales.

Celebrado el XIX Congreso, el Diario del Pueblo, principal órgano de comunicación del Partido Comunista, transmite la misma idea de manera directa a su opinión pública. Una China en el centro del mundo es, junto a la sostenibilidad del crecimiento económico, un pilar central de la legitimidad del régimen en el siglo XXI. Xi eleva la apuesta, en un juego en el que de momento continúa ganando puntos. La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, hecha pública en diciembre, y la del Pentágono, anunciada hace unos días por el secretario Mattis, hacen hincapié en el desafío revisionista que representa China. Para Pekín son una prueba añadida de cómo se acelera la reconfiguración del poder global a su favor.

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El orden o desorden nuclear. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La geopolítica mundial está cambiando. Estamos en una situación nuclear más compleja que en la época de la guerra fría, que no es una afirmación insustancial. El aumento de las armas nucleares y los ensayos son prueba de esto. India ha probado exitosamente su primer misil balístico intercontinental el pasado jueves, y tal y como afirmó su Ministro de Defensa Nirmala Sitharaman, esto es un gran impulso a su fuerza militar y defensiva. De acuerdo con la Federación de Científicos Estadounidenses, India debe poseer entre 120 a 130 armas nucleares. Se cree que Corea del Norte posee capacidad nuclear y que todos los misiles que hemos visto volar y los distintos experimentos son la prueba de la extensa inversión que ha hecho el régimen de Pyongyang, y seguirá haciendo, para poder tener presencia y voz de manera individual en el escenario internacional, sin la sombra de China (que la ha provisto de seguridad).

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), Corea del Norte posee un sistema de misiles probado que puede alcanzar toda Corea del Sur y gran parte de Japón. Entre ellos los Hwasong, que cubren unos 1000 kilómetros y los Nodong, que cubren unos 1300 kilómetros. Además de las armas químicas como gas mostaza y sarín entre otros agentes nerviosos, así como armas biológicas, lo que suma a la capacidad de perpetrar ciberataques, que se cree hacen en colaboración con China y Rusia. En este punto valga señalar que Estados Unidos ha sido víctima de varios ataques cibernéticos que han revelado gran cantidad de información clasificada que ha expuesto a funcionarios y parte del gobierno federal. Lo que está en total concordancia con la nueva estrategia de seguridad nacional revelada parcialmente el viernes pasado en la que Rusia y China son el mayor desafío que enfrenta el ejército estadounidense, según las propias palabras del secretario de la defensa, James Mattis.

Coincidiendo con el aniversario de la toma de posesión del presidente Trump, recordemos que pidió al Pentágono una revisión del arsenal nuclear de los Estados Unidos a pocos días de su toma de posesión. En los últimos años se ha establecido la costumbre de que los presidentes soliciten este informe; Obama lo pidió en 2010 y Bush unos ocho años antes. El resultado de este sumario preliminar verá la luz en febrero, pero ya se sabe que una de las conclusiones será que Estados Unidos necesita modernizar sus armas nucleares, lo que no sorprende, pues el armamento va quedándose obsoleto con el avance tecnológico y es necesario actualizarlo. Esta recomendación también estuvo presente en la revisión de la época de Obama. Pero, lo que ha despertado inquietud e incluso temor es que se está proponiendo el desarrollo de “mini-armas nucleares”.

La propuesta del Pentágono ha disparado las alarmas, a pesar de la poca información que se ha filtrado. Se sabe que el secretario de Defensa estadounidense quiere desarrollar un nuevo prototipo de arma nuclear de tamaño minúsculo, para ser incorporado a su arsenal doméstico, pero que según los expertos podría relanzar el riesgo de proliferación nuclear y elevar los conflictos nucleares en el mundo. Esta postura además rompe dramáticamente con la de Obama, quien abogó activamente por un mundo seguro, lo que según él consistía en reducir los arsenales de cada potencia nuclear para disminuir los riesgos de usarlos. Aunque, paradójicamente, durante su mandato se invirtieron millones de dólares en modernizar las armas domésticas de la guerra fría.  Sin embargo, la conclusión de la revisión de la era Obama sostenía que Estados Unidos estaba en capacidad de mantener su seguridad eficientemente con el arsenal que poseía y que no era necesario agregar más armamento nuclear.

Es evidente que la Administración Trump percibe los riesgos actuales de manera diferente. Es un hecho que el escenario global no es el mismo que el del 2010. Las armas nucleares tienen una función netamente disuasoria, tal y como quedó demostrado en la Guerra Fría, por lo que cambiar la política nuclear de defensa desde Washington, con la producción de estos “Mini Nuke” (por su nombre en inglés) en vez de gigantescos misiles, se estaría por un lado violando el tratado de no-proliferación nuclear de 1968. Y por otro lado se está incitando a los otros miembros del club nuclear a comenzar su propio laboratorio de minis, abriendo con ello no sólo una mayor probabilidad de ser usados, con sus nefastas consecuencias, sino también aumenta exponencialmente la posibilidad de que caigan en manos equivocadas, como terroristas, que son capaces de morir por su ideología, y a quienes no les temblaría el pulso en usarlas sin ningún escrúpulo. (Foto: Sarath Bala,Flickr)

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Cerrando el primer año de Trump en la Casa Blanca. Nieves C. Pérez Rodríguez

Tillerson nombra una nueva vice secretaria para Asia antes de las campanadas del fin de año

Es oportuno cerrar el año haciendo una revisión de lo que ha sido la política exterior de la nueva Administración estadounidense a casi un año de haberse estrenado en el poder. No cabe duda de que muchas de las afirmaciones hechas en campaña electoral por el entonces candidato Trump se han mantenido y han moldeado las líneas principales del tambaleante Departamento de Estado, que ha sido la gran víctima del conservadurismo del presidente y de la marca de Rex Tillerson, con su novedosa (aunque no tan positiva) reestructuración de la institución.

Sin embargo, ha sorprendido favorablemente el reciente nombramiento de Susan Thornton como vicesecretaria de la oficina para los asuntos de Asia – Pacifico. Se trata de una funcionaria de carrera del Departamento de Estado desde 1991, y con una extensa experiencia de más de veinte años trabajando en temas soviéticos y asiáticos. Abre la esperanza a una relativa línea de continuidad en la institución, más del estilo al que estábamos acostumbrados.

Trump asumió el poder poniendo el énfasis en hacer América grande de nuevo, y parece que todos los esfuerzos de su Administración se han enfocado en ese punto. Siendo la política exterior la gran olvidada y sobre todo dejando la influencia estadounidense en el mundo relegada. Incluso por momentos, nos da la sensación que se le ha puesto la alfombra roja a líderes como Xi Jinping para que el rol de líder global. Probablemente las constantes críticas de los medios hacia la inexplicable reforma del Departamento de Estado, los inapropiados tweets del presidente en temas internacionales y las afirmaciones de que Tillerson ya ha firmado la carta de renuncia, y que marchará a principios de próximo año, fueron lo que motivaron al secretario de Estado a publicar una carta a mediados de la semana en el New York Times titulada “Estoy orgulloso de nuestra diplomacia”.

El todavía secretario, en este documento, hace un balance de los grandes retos que ha enfrentado Estados Unidos en materia exterior durante el 2017, en los que nombra a Corea del Norte, China y Rusia y los esfuerzos por acabar con el terrorismo internacional.

Se extiende en el caso de Corea del Norte, explicando que Trump abandonó “la fallida política de paciencia” cambiándola por una de presión internacional que ha incluido sanciones económicas severas, impuestas a través de Naciones Unidas, consiguiendo neutralizar alrededor del 90% de los beneficios de las exportaciones del régimen de Pyongyang, con el que financian su ilegal desarrollo armamentístico, cuyo objetivo final es presionarlos para que abandonen el programa nuclear y de misiles. Esta estrategia ha estado centrada en persuadir a China de ejercer su influencia sobre el régimen de Kim Jong-un para que abandonen su carrera armamentística. A la vez, explica que el violento desarrollo económico y militar chino requiere poner atención en el tipo de relación que Washington establecerá con Beijing en los próximo 50 años.

Todas estas afirmaciones están en total congruencia con la Estrategia de Seguridad Nacional que ha sido desvelada por Trump hace unos días y que fue moldeada por los más altos asesores que componen su gabinete (National Security Council / NSC). Lo que nos lleva a la conclusión de que  Tillerson está haciendo un gran esfuerzo por dejarnos una buena imagen de su gestión como secretario de Estado y de su relación personal con el presidente Trump (que en esta misma columna, ya hemos afirmado que no es distendida o cercana, a razón de un par de altercado personales).

De ser sustituido Tillerson por Mike Pompeo, como adelantó 4Asia que ocurrirá, el número de militares en posiciones claves en esta administración seguiría en aumento, lo que debilitaría o alejaría, según algunos expertos, las posibles soluciones diplomáticas en los conflictos globales en los que intervenga Estados Unidos. Pues incluso el secretario de Defensa, es un militar, hecho que rompe con la regla. Y si a James Mattis se le une un Mike Pompeo en una reunión en la oficina oval asesorando al presidente, es poco probable que la valoración de las opciones no pase preferentemente por las respuestas militares, sólo por deformación profesional.

Ahora, la esperanza de muchos, se centra en figuras como Susan Thornton, quien puede desde su posición, (una vez ratificada por el Senado) aportar su experiencia a mejorar o al menos apostar por las vías diplomáticas a los complejos conflictos en Asia, sobre todo en conseguir algún tipo de acuerdo con Pyongyang, que nos aleje en todo lo posible de un desafortunado ataque.

Fotografía: Thomas Hawk

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Corea del Norte como catalizador

Donald Trump no parece un buen gestor de recursos humanos. Desde que llegó a la presidencia sus asesores, sus colaboradores, los altos cargos nombrados por él y el entramado de gestión ha sufrido bajas y altas fulminantes, no todas suficientemente explicadas que han provocado seísmo en la Administración por la incertidumbre que provocan esos cambios constantes y aparentemente sin sentido. Y a la vez, como han venido subrayando en esta página nuestros colaboradores, demostrando una parálisis en nombramientos en el Departamento de Estado y, lo que es más grave, en la definición de líneas estratégicas estables en la política exterior respecto a áreas tan sensibles como Siria y todo Oriente Medio y la zona de Asia-Pacífico.

Como informamos en esta edición, Rex Tillerson, próximo a un relevo por su falta de entendimiento con Trump como adelantó 4Asia, ha hecho declaraciones los últimos días señalando la importancia de abrir conversaciones, que no negociaciones, con Corea del Norte para serenar la tensa situación. Ya discutir la forma de la mesa en la que sentarse, o definir dónde reunirse, sería un avance, ha señalado con razón el secretario de Estado, y añadido que unas conversaciones probablemente entrañarían una tregua tácita de ensayos de misiles o de nuevos despliegues, al menos mientras se habla, y esto ya  sería un avance, ha dicho.

Es seguro que Corea del Norte quiere hablar porque busca un reconocimiento como potencia nuclear, aunque es más dudoso que vea este proceso de la misma manera que Tillerson. Y, al mismo tiempo, existe una duda razonable sobre si las palabras de Tillerson son exactamente un encargo de Trump o un intento autónomo de despedirse de su cargo como hombre que ha tenido iniciativas destacadas. En cualquier caso, sigue una lucha por el poder en la Administración estadounidense en la que los continuos cambios del presidente sirven de acicate y Corea del Norte y la tensión es un buen instrumento para situarse en un escenario en el que todo es posible.

Si no fuera porque un eventual conflicto tendría graves consecuencias, el panorama sería divertido. Mientras, el presidente sigue sin definir claramente el papel que quiere para EEUU en los grandes conflictos y juega al ajedrez con su entorno.

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Washington: Navidad en las decoraciones; el espíritu está ausente. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- A mediados de la semana pasada veíamos un Secretario de Estado que finalmente asumía su rol y expresaba con la fuerza que le da su posición que “Estados Unidos estaría dispuesto a dialogar con Corea del Norte”. La prensa por un momento se sintió en los EEUU de siempre, donde la cabeza del Departamento de Estado tenía voz y la usaba, hablaba y se le oía y, por si fuera poco, decía algo concreto sobre la situación más compleja que enfrenta la Administración Trump.

¡Reunámonos! Fue la invitación directa que hizo, “podemos hablar de establecer plazos, e incluso de que tipo de mesa usar”, en un tono más jocoso, “si negociamos en una mesa redonda o una cuadrada, o tal vez sobre el estado del tiempo, si eso es lo que ellos prefieren. Pero al menos deberíamos sentarnos y vernos las caras los unos a los otros”. Y fue aún más allá afirmando que realísticamente entiende que Pyongyang no va a parar su programa nuclear, después de los avances que han hecho y lo que han invertido. Lo que a su vez lo lleva a explicar que, de llegar a una especie de mesa de dialogo, Kim Jung-un entenderá que habrá que parar los ejercicios y las pruebas de misiles. Esta apertura en negociar con Pyongyang, marca un antes y un después en la política exterior de Trump.

De acuerdo con el embajador Joseph Detroni, comisionado para el grupo de conversaciones de Seis Partes (The Six Party Talks, por su nombre en inglés) que fue creado en el 2003, por Estados Unidos, China, Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y Rusia; las palabras de Tillerson son, en su opinión, la única salida posible a la bloqueada situación. Detroni valora muy positivamente la posición del secretario de Estado, porque podría abrir una salida real, y con la condición lógica de que mientras se conversa no puede haber intimidaciones a través de lanzamientos ni pruebas nucleares, como una prueba de fe y confianza entre las partes. Y si Pyongyang se sentara en esa supuesta mesa, ese tiempo de no recurso a los lanzamientos podría llevar a negociaciones formales mientras Corea del Norte se podría beneficiar con parte de levantamiento de las sanciones.

Todo esto nos hace plantearnos una pregunta ¿Ha habido un cambio real en la política exterior de Estados Unidos hacia Corea del Norte? Según la Casa Blanca, que replicó casi inmediatamente, ¡No! Lo que nos lleva a considerar que la estrategia de Rex Tillerson se basa simplemente en usar la diplomacia, como una herramienta (finalmente) o bien, que está intentando desesperadamente mejorar su golpeada imagen de “líder sin liderazgo”, que ha permanecido bajo la sombra en la segunda posición más importante en este país, y de las primeras posiciones en el contexto internacional.

Mientras tanto, el Financial Time afirma que esta semana Trump acusará a China de “agresión económica” en el momento en el que revele su estrategia de seguridad nacional, como una estrategia que defina a China como un competidor en todos los ámbitos, lo que lo convierte en un inminente riesgo. Sigue así con la línea de la campaña electoral que quedó neutralizada con la visita de Xi Jinping a Estados Unidos y por los intentos de Trump de conseguir el apoyo de Beijing con Corea del Norte.

De establecerse oficialmente la postura anti China, los avances conseguidos en la grave situación de Corea del Norte quedarían en un despeñadero. En él, las palabras de Tillerson podrían ser la única solución posible en la que en la mesa de diálogo se juegue a conversar, y en esa tónica diplomática el mundo gane un poco de tranquilidad, porque los misiles no estarán volando por encima de las cabezas de los japoneses, lo que a la vez detiene (al menos mientras dure la negociación) los ejercicios nucleares y evita más pruebas de ensayo y error.

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La enigmática imperturbabilidad del índice del miedo. Miguel Ors Villarejo

(Foto: Dryhead, Flickr) Tras la caída del Muro de Berlín, los inversores dejaron de prestar atención a los debates electorales en los países ricos. Ese análisis se reservaba para el Tercer Mundo, donde sí te podía llegar al poder un partido que no reconocía los compromisos con el Fondo Monetario Internacional y sus lacayos imperialistas, y que te decretaba una moratoria unilateral o te nacionalizaba la banca de un día para otro.

En Occidente ese estadio parecía superado. Gobernara quien gobernara, se daba por supuesto que la gestión económica sería ortodoxa. Ahora no está claro. La Gran Recesión ha hecho verosímiles escenarios impensables. Si alguien le hubiera dicho hace solo un año que el Reino Unido iba a salirse de la Unión Europea o que el Parlamento catalán declararía la independencia, lo más probable es que se hubiera sonreído.

Pues ya ve.

Algunos bancos como Citigroup han incorporado a sus servicios de estudios a expertos en ciencias sociales para que les ayuden a prever estos cambios, pero no es fácil. Una de las herramientas de que disponen son los indicadores de riesgo geopolítico (GPR, por sus siglas en inglés), que rastrean los medios de comunicación en busca de informaciones sobre guerras, atentados, ensayos nucleares, etcétera. En principio, la abundancia de malas noticias encarece el coste del capital (los ahorradores exigen una rentabilidad superior cuando el peligro aumenta) y, por tanto, anticipa una ralentización del crecimiento. Por ello, la evolución de los GPR y la volatilidad suelen ir de la mano.

Esta correlación se ha roto, sin embargo, desde principios de 2017, lo que ha sumido “en la perplejidad a los observadores”, escriben en Vox los investigadores Lubos Pastor y Pietro Veronesi. Por una parte, el índice de Baker, Bloom y Davis “se halla muy por encima de su media de largo plazo. Esto no supone ninguna sorpresa, dada la incertidumbre que se cierne sobre las medidas de la Administración estadounidense. Pero, por otra parte, el […] índice VIX de volatilidad está en mínimos”.

Al VIX también se le conoce como “índice del miedo”, porque suele dispararse cuando la bolsa cae a plomo. Por ejemplo, el día siguiente al brexit el Ibex registró una pérdida del 12,5% y el VIX ganó un 49%. ¿No debería estar subiendo ahora, con media Europa en alerta terrorista, Kim Jong-un lanzando cohetes y Washington retirándose de tratados diplomáticos y comerciales? ¿Por qué no están nerviosos los inversores?

Pastor y Veronesi creen que no se fían de lo que leen. “Las señales que llegan de la nueva Administración [estadounidense] son difíciles de valorar. […] Un día la OTAN es obsoleta y al otro no. Un día Pekín se dedica a manipular las divisas y al otro no. Un día Donald Trump se lleva bien con Vladimir Putin y al otro no”.

El desconcierto ante estas idas y venidas se ha visto potenciado por los burdos intentos de manipulación, el más famoso de los cuales fue el empeño del presidente en que su toma de posesión había sido más multitudinaria que la de Barack Obama, cuando las fotografías de los dos actos mostraban claramente lo contrario. Como dice en Sopa de ganso Groucho Marx: “¿A quién va usted a creer? ¿A mí o a sus propios ojos?” Solo en los primeros 100 días, el Washington Post cogió a Trump en 492 tergiversaciones o mentiras. Ahora ya supera las 1.600.

La autoridad de un presidente de Estados Unidos no radica únicamente en las presiones que ejerce como general del mayor ejército del planeta o responsable de una gigantesca economía. Una declaración suya, incluso un gesto bastan a veces para mover voluntades en un sentido u otro. Este poder blando debe, sin embargo, emplearse con cautela, porque, como una moneda, se devalúa rápidamente si la emisión es excesiva.

Trump ha provocado una inflación de promesas y bravatas que se han revelado falsas o irrealizables y, ante la imposibilidad de interpretar sus señales, los inversores han dejado de tenerlas en cuenta. Por eso el VIX está plano. No es que todo vaya bien y no se vea ninguna amenaza por delante. Es que no se sabe lo que puede haber.

Trrrump

¿Es Trump el líder que necesita Occidente? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Seguramente a la mayoría de los lectores les llame la atención éste interrogante, básicamente por el hecho de que tienen clara la respuesta: ¡NO! No, porque en un mundo cada día más globalizado parece no tener mucho sentido cerrarse. Sin embargo, los slogans que lo catapultaron y llevaron a ocupar la oficina oval “América Primero” o “Hacer América grande de nuevo”, contienen la clave de la estrategia de devolver a Estados Unidos la bonanza económica de los años 50 y la añoranza por la era de Reagan, que en el fondo es lo que desean los ciudadanos que lo apoyaron.

Ahora bien, para entender la proyección de Estados Unidos en el mundo, hay que ir a los responsables de las políticas económicas en Washington, que son extremadamente conservadores, a mí me gusta llamarles la troika económica trumpiana y su objetivo es el proteccionismo de la economía estadounidense. Volver a la economía de aranceles, anulación y/o sustitución de tratados internacionales multilaterales por bilaterales, como se ha hecho con el TPP y el NAFTA.
Comenzando con el representante comercial, Robert Lighthizer, quien sirvió para la administración Reagan, y se le conoce por ser el gran enemigo de los acuerdos comerciales en los que se vean comprometidos los intereses estadounidenses. Seguido por Peter Navarro, director comercial e industrial, economista y profesor de la Universidad de California, conocido por ser un acérrimo crítico de China y su impacto en la economía de Estados Unidos. Culpa al gigante asiático de que 25 millones de ciudadanos no consigan trabajos dignos o que unas 50 mil industrias hayan desaparecido. Trump le creó una oficina dentro de la Casa Blanca que sirve como conductora de las estrategias de intercambios comercial, evaluación de las manufacturas domésticas e identificador de nuevas oportunidades de empleos. Y para cerrar la troika, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien ha sido un duro crítico de la caída de empleo de manufactura. Conocido por comprar industrias quebradas y convertirlas en prósperas. No cabe duda que su carácter ultra proteccionista marcará una gran diferencia con sus antecesores.
En cuanto al liderazgo internacional, la nueva dinámica de la diplomacia estadounidense es inédita. Mientras el presidente no modera su vocabulario con frases como “hombre cohete” para referirse al líder norcoreano, el secretario de Estado Rex Tillerson se ha convertido en un bombero apagafuegos de las imprudencias del presidente, y a través de reuniones a puerta cerrada intenta normalizar situaciones tensas y en la mayor parte de los casos, innecesarias. Paralelamente Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, aumenta su zona de influencia en la diplomacia internacional y con un tono más regio ha dado pasos muy significativos, como fueron las últimas sanciones aprobadas por el Consejo de Seguridad en contra de Corea del Norte, las más severas hasta ahora, que por primera vez contaron con el apoyo de China y Rusia.
Tillerson ha despertado un gran descontento dentro del Departamento de Estado, con el bloqueo de nombramientos, la reducción a un tercio del presupuesto del mismo, o la ausencia de embajadores en 70 embajadas por el mundo. Todo esto, junto con un par de incidentes entre él y el Trump, aunado al descontento del Congreso por la gestión de ésta institución, han sido la razón por la que está en considerando su sustitución por Mike Pompeo el actual director de la CIA, hombre que se ha ganado la confianza del presidente.
La era verde duró poco en esta Administración. En el afán de Trump por acabar con los legados de su predecesor anuló el Acuerdo de Paris, a pocos días de haber ocupado la presidencia, a través de una orden ejecutiva de independencia energética, en la que entregó a Xi Jinping el liderazgo internacional en la lucha medioambiental. En esa misma línea apareció en Naciones Unidas, el foro que ha garantizado la paz y la estabilidad durante más de medio siglo, afirmando sin ninguna delicadeza que su prioridad es y será América. Y como si eso fuera poco, amenaza con la destrucción total de Corea del Norte.
En materia de seguridad, el aumento significativo del gasto de Defensa, comparativamente con la reducción del presupuesto del Departamento de Estado, contiene las claves de la prioridad de la política exterior. La respuesta de Trump en abril frente al ataque químico del régimen de Bashar el Asad marcó el cambio de rumbo. Sin embargo, no ha habido una acción de continuidad.
El aumento de más de 14.000 civiles y militares del departamento de Defensa en el Medio Oriente en los últimos 4 meses, es otra prueba de ello junto con la reciente declaración de Corea del Norte de estado terrorista, precedido por la exigencia de desnuclearización del régimen de Pyongyang, que ha sido una solicitud consistente desde que ésta administración tomó posesión, elevando con ella la importancia de Asia y sus aliados en la región.
Resumiendo, la política exterior de Washington a día de hoy se puede definir en dos puntos: 1: Hay una redefinición de la estrategia y el rol de Estados Unidos en el comercio Internacional. Y 2: Hay un cambio de diplomacia internacional y de intercambios. Tal y como comencé afirmando, la dirección del país ésta basada en políticas económicas extraordinariamente conservadoras, que a su vez marcan la proyección y el liderazgo internacional, que sin duda responden a la línea más dura del Partido Republicano, pero que en ésta ocasión están aderezadas al más puro estilo de Míster Trump: ¡Poniendo a América primero y al precio que sea!