López Obrador, Trump, Xi. Un escenario nuevo. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Con la victoria de López Obrador en México el panorama internacional podría sufrir un cambio de dirección. Con un populista de izquierdas en México y uno de derechas en Washington, las áridas relaciones entre ambas naciones podrían salir del oscuro hueco en el que se encuentran. Aunque no hay que olvidar que Peña Nieto continuará en el poder hasta el 1 de diciembre, es poco probable que la Administración Trump intente negociar con el saliente gobierno, si bien el Departamento de Estado en su felicitación oficial al nuevo líder mexicano insistía en que seguirán trabajando con el actual gobierno, lo que puede ser interpretado como un gesto diplomático cotidiano, más que una demostración genuina de interés.

John Bolton, uno de los más controvertidos asesores de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirmaba que “Trump está ansioso por reunirse con López Obrador y que la relación entre ambos líderes puede dar resultados sorprendentes”.

El elemento nacionalista está vigorosamente presente tanto en Trump como en López Obrador, quienes se consideran asimismo como una especie de salvadores de sus naciones, según su propia versión de país y cómo explican la gestión que llevan o llevarán a cabo, elemento que podría ponerlos en un lugar de entendimiento mutuo. Ambos líderes han centrado sus esfuerzos en una necesaria transformación del modelo anterior -de acuerdo a su opinión-.

Sin embargo, ese mismo elemento llevado al extremo podría ser detonante de conflictos entre ambos. Vanda Felbab-Brown, experta del Brooking Institute, analiza los paralelismos entre ambos líderes y asegura que las formas son sorprendentemente parecidas entre su estilo político y de concepción del Estado. Con una retórica frecuentemente agresiva, ambos odian perder batallas políticas. Atacan a quienes los critican, realizan férreas críticas a los medios de comunicación, desprecian las ONGs y a la sociedad civil, y ambos han chocado con la corte suprema de sus países.

López Obrador, por su parte, ha apostado por no atacar a su homólogo estadounidense, ni siquiera en los momentos más álgidos de la campaña. Posiblemente porque sabe lo importante que son los Estados Unidos para la economía mexicana, por lo que ha expresado abiertamente que abogará por mantener en funcionamiento el NAFTA. Sin embargo, uno de los mayores retos a los que se enfrentará el recién elegido presidente será el Congreso mexicano, que actualmente está compuesto por una gran variedad de actores que representan ideologías y valores distintos. Y muy a pesar del deseo de llevar adelantes sus políticas de izquierda, en un Estado de derecho como el mexicano, tendrá que pasar por los filtros del Congreso cualquier decisión antes de ser llevada a cabo.

Mientras tanto, al otro lado del Pacífico, Xi Jinping no se ha querido quedar fuera de los protocolos y ha felicitado a López Obrador, afirmando que están en un momento adecuado para reforzar la cooperación entre los dos países. “China da gran importancia al desarrollo de los lazos entre los dos países y quiere trabajar junto a López Obrador para seguir fortaleciendo el consenso político, aumentando la cooperación de mutuo beneficio y enriqueciendo la asociación estratégica integral entre los dos países a fin de reportar nuevos beneficios a las dos sociedades y contribuir a la paz, la estabilidad y el desarrollo mundial”.

Trump debería aprovechar el nuevo momento político mexicano para suavizar las tensiones y en nombre del imperativo económico reestablecer unas relaciones donde prime el interés mutuo. Si la Administración Trump analizara las relaciones bilaterales a través del lente estratégico -como debería hacerlo, menos pasional y/o electoralmente- se encontraría con que no debería sacrificar su cercanía con su vecino, pues China está a la caza de cualquier mercado que Estados Unidos abandona, o en el que al menos reduce su presencia. A día de hoy, más de la mitad de las importaciones que llegan a México son de Estados Unidos o China. De haber una guerra comercial, México tendría que comprar productos manufactureros más caros provenientes de ambos países, según el Consejo Empresarial mexicano de Comercio Exterior (Comce), así como lo tendrían que hacer China y Estados Unidos. Por lo que Beijing podría aprovechar para activar una maniobra de intercambios bilateral con México.

Si Estados Unidos, por su parte, reduce la compra de productos provenientes de México, los chinos aprovecharían para comprar muchos de esos productos (entre ellos: maíz, trigo, carne de ternera y cerdo, y aves de corral) que a día de hoy le compran a su principal competidor, pero, por razón de los aranceles, sería más atractivo para China comprárselos directamente a México, sin tasas.

Washington, en su política obtusa de máxima presión, ya sea a través de impuestos o aranceles, puede conseguir el efecto contrario a su propósito. Pues el valor final de los productos en su territorio podría aumentar considerablemente para el consumidor, pero también podrían reducir la presencia estratégica bien sea comercial o política en su vecino del sur, dejándole el camino abierto a Beijing para instalarse cómodamente en territorios históricamente estadounidense. (Foto: Mario Delgado, Flickr)

Catástrofes y política

Thailandia es un país clave en la península indochina, ha sido aliado de Occidente en los momentos más convulsos de las turbulencias de la región y, por estas y por otras razones ha estado sometido a procesos de desestabilización muchas veces por errores internos. Precisamente esta historia ha dibujado un país gobernado por una monarquía más o menos constitucionalizada y tutelado por las sucesivas cúpulas militares cuyo reflejo hacia el autoritarismo inspirado en la doctrina de una seguridad nacional en emergencia en medio de guerras en Vietnam, Camboya y Laos y graves crisis en Birmania, los países vecinos. A esto hay que añadir la aparición de terrorismo islamista en el sur del país, alterando no sólo la estabilidad sino el turismo, la industria que supone gran parte del PIB del país.

Los últimos años se han caracterizado por las grietas aparecidas en la cúpula de poder estimuladas por las revueltas inspiradas por minorías budistas que han logrado movilizar a sectores jóvenes de la población reclamando más libertades civiles.

En este escenario, la situación creada por el suceso de la gruta en la que han quedado atrapados doce jóvenes componentes de un equipo de fútbol y su entrenador ha situado al país, sus fuerzas armadas y sus servicios de emergencia en primer plano y bajo la lupa internacional.

Y Thailandia, al menos de momento, ha sabido hacer las cosas. Ha logrado una gran eficiencia localizando y tomando las primeras medidas. Ha logrado un sorprendente, amplio y discreto apoyo internacional y ha culminado con un éxito por encima de las estimaciones la primera parte del rescate.

Seguramente, el régimen va a aprovechar esos éxitos para ofrecer una imagen del país distinta de las que ofrecen algunos medios de comunicación y sectores de la oposición, porque en el contexto internacional, con el creciente protagonismo chino y la aparición de nuevos conflictos regionales, se exige más protagonismo de Thailandia, un protagonismo sin sombras que ofrezca a Occidente un socio de garantías. Todo eso está detrás de la gran operación de rescate. (Foto: Lili González, Flickr)

INTERREGNUM:三次峰会,三个问题。 费尔南多德拉格 Fernando Delage

在不到一周的时间,三个不同的会议表明,在亚洲(和欧洲)一个时代的结束。七国集团在加拿大,美国总统和北韩领导人在新加坡和上海合作组织(SCO)在中国青岛的年度论坛的峰会上,揭示了加速过渡到新的区域和全球秩序。

 

在加国魁北克查尔瓦克,通过拒绝签署七国集团公报,特朗普明确拒绝了战后国际秩序的基本支柱。此外,他还通过征收新的贸易关税来挑战其合作伙伴。问题是:我们能否继续谈论西方政治共同体?

 

与特朗普对金正恩的待遇形成鲜明对比。 “我们之前有着非凡的关系” 美国总统对金说,他希望很快与他建立正式的外交关系。 放弃美国在韩国的军事存在的意图加剧了其亚洲盟友的担忧,已经对加拿大发生的事情感到惊讶。特朗普的话标志着68年前开始的战争的结束 – 即1950年6月25日,当时朝鲜入侵南方 – 这已成为亚洲战略平衡的决定因素。回想一下,朝鲜战争是冷战诞生和美国遏制政策开始的决定性转折点。由于北京和莫斯科对平壤的支持,冲突是反对共产主义的中心战线。几十年后苏联的内爆解决了意识形态的竞争,但旨在与竞争对手竞争的西方结构并没有消失:北约扩大,西方增加了与中国的经济关系,促进了它的崛起。

 

因此,第二个问题是不可避免的:当朝鲜战争在历史上明确下降时,亚洲冷战的秩序是什么? 当美国总统似乎对朝鲜独裁者比他的欧洲盟友感到更舒服时. 美国的亚洲伙伴能否继续相信自第二次世界大战结束以来华盛顿为他们提供的安全保障?

 

中国和俄罗斯欢迎自由秩序迅速瓦解。但是西方作为一个集团失去了力量,但欧亚大陆却成为一个战略性的地方。上海合作组织首次峰会突出了这一点,印度和巴基斯坦作为新的合作伙伴参加了此次会议,并邀请了伊朗。中国取代美国成为多边体系的主要捍卫者。华盛顿专注于单边主义,不提出替代秩序,但欧洲呢? 这是第三个问题: 在这种情况下,欧盟会做些什么?(Traducción: Isabel Gacho Carmona)

El déficit comercial ya no es lo que era. Miguel Ors Villarejo

El nacionalista piensa que el amor a la bandera es la base de la prosperidad y que la patria unida jamás será vencida, pero es más bien al revés: la prosperidad es la base del amor a la bandera y la patria vencida jamás estará unida. Donde no hay harina todo es mohína y pocos imperios han sobrevivido a la derrota militar o el declive económico.

“No viven juntas las gentes sin más ni más y porque sí”, escribe Ortega y Gasset. “Esa cohesión a priori solo existe en la familia. Los grupos que integran un estado viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo. Cuando los pueblos que rodean a Roma son sometidos, más que por las legiones, se sienten injertados en el árbol latino por una ilusión. […] Roma era un proyecto de organización universal; era una tradición jurídica superior, una admirable administración”.

Lo mismo ocurre hoy con Estados Unidos. Sus ciudadanos vibran con el himno y se envuelven en las barras y estrellas porque les va muy bien, porque la unión les reporta grandes utilidades. Pero, ¿qué pasaría si las cosas se torcieran? En España lo sabemos bien. El primer gran envite separatista no coincidió por azar con el desastre del 98. Catalanes y vascos empezaron a considerar la secesión cuando la asociación con el resto de la península dejó de traerles cuenta. Es una ingenuidad pensar que el cemento que cohesiona a un país es un arcano amor a la tierra y no el más descarnado interés. El patriotismo es, ante todo, un negocio y, cuando los números no salen, se desbarata como un chamizo.

Sucede, sin embargo, que todo el aparato socializador está concebido para persuadirnos de lo contrario y crecemos con la idea de que no hay nada más grande que el lugar que nos vio nacer. Esa convicción permitió a Napoleón plantar un ejército en el corazón de Rusia, pero se puede usar también para vender plátanos o motos. Harley-Davidson sometió a la competencia japonesa y alemana identificando su marca con el macizo de la raza. Tanto su tecnología como su atención al cliente fueron durante años manifiestamente mejorables. Simon Sinek explica que debías aguardar seis meses para que te customizaran una Sportster. Cualquier concesionario de Kawasaki prestaba ese servicio en un día, pero Kawasaki solo te daba una moto. Harley-Davidson te daba una declaración de principios. “Simboliza lo que soy”, proclama uno de sus directivos, “básicamente dice que soy americano”. Miles de estadounidenses se tatúan el logotipo, y algunos de ellos ni siquiera tienen una Harley. No les interesa el artículo. Les interesa su filosofía, su historia.

No es de extrañar que Donald Trump eligiera al fabricante como modelo de su política de “América primero”, un afecto correspondido por sus moteros, que “figuran”, según The Economist, “entre sus partidarios más ruidosos”.

Esta pasión se ha entibiado, por desgracia, últimamente. La semana pasada Harley-Davidson anunció que trasladará parte de sus fábricas al extranjero para sortear la subida arancelaria que Bruselas va a aplicar a las motos (y a los yates y al bourbon) en respuesta a las tarifas que Washington había a su vez impuesto al aluminio y el acero europeos. “Aumentar la producción internacional […] no es nuestro deseo”, asegura la compañía en una nota, “pero es la única opción de que nuestros vehículos sigan siendo accesibles a los clientes de la UE”. De acuerdo con sus cálculos, la medida comunitaria encarecerá unos 1.900 euros cada una de sus unidades.

A pesar de que es hombre de números, Trump no ha ocultado su asombro por la rapidez con que la firma ha agitado la bandera blanca. No es nada que no le advirtieran cuando lanzó su cruzada comercial. Las compañías han diversificado sus mercados y entretejido sus cadenas de valor de tal modo que ya no son ni americanas ni europeas ni de ningún lado y, cuando le propinas un sartenazo a alguna pensando que es extranjera, no es inusual que el chichón más gordo te salga a ti. Los exportadores estadounidenses de porcino están preocupados porque México estudia clavarles un arancel del 20%. Pero es que, al otro lado del río Grande, Granjas Carroll, una marca local de toda la vida, teme que la decisión de su Gobierno dispare el 15% el precio de la carne y hunda sus ventas, lo que supondría un duro golpe para su principal accionista, que es chino…

El mundo se ha vuelto muy complicado, el déficit comercial ya no es lo que era y pretender corregirlo apelando al patriotismo pone de relieve una profunda ignorancia no ya de cómo funciona la economía, sino la condición humana. (Foto: Michael Gram, Flickr)

THE ASIAN DOOR: La nueva Ruta de la Seda incorpora a las Tech chinas. Águeda Parra

 

Si tuviéramos que elegir aquel proyecto que está ayudando más a que China se posicione en un lugar destacado en la esfera global ése sería la nueva Ruta de la Seda. Concebida como una iniciativa global e integradora de la que participan actualmente 68 países, responde a la visión holística del gigante asiático de conseguir un entorno de prosperidad, de despliegue de nuevos mercados de exportación y de avances tecnológicos que ayudarán a que China se convierta en una potencial global.

La Ruta se conoce más comúnmente como la iniciativa OBOR (One Belt One Road) y es la muestra más clara de cómo Xi Jinping está adoptando un perfil alto en las cuestiones geopolíticas y geoestratégicas que atañen a China, a diferencia de anteriores dirigentes chinos como Deng Xiaoping que preferían mantener un perfil bajo en cuestiones de política exterior. Como parte del “sueño chino”, la iniciativa forma parte del XIII Plan Quinquenal (2016-2020), además de haberse incluido una referencia del colosal proyecto de infraestructura en la constitución del Partido.

Conocida como la iniciativa del siglo, OBOR pretende unir China con Europa a través de seis corredores terrestres denominados Silk Road Economic Belt (Cinturón Económico de la Ruta de la Seda), y una ruta marítima, conocida como 21st-Century Maritime Silk Road (Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI). El objetivo de China no es sólo aumentar su influencia política en los países por donde discurre la Ruta y mantener la estabilidad en sus fronteras oeste y sur, sino mejorar la calidad de vida de las personas que viven en esas regiones y abrir nuevos mercados de exportación para los productos chinos.

Los 68 países que agrupa la nueva Ruta de la Seda representan una población de 4.400 millones de personas, el 70% de la población mundial, y un tercio de la producción económica mundial. Después de los primeros cinco años desde que Xi anunciara la iniciativa, el aumento del volumen de los flujos comerciales ya es apreciable en ambos sentidos, registrando un incremento del 19,4% en el primer trimestre de 2018 respecto al mismo período del año pasado, alcanzando los 287.300 millones de dólares.

En esta primera fase del proyecto, están empezando a estar operativas varias infraestructuras emblemáticas, como el puerto de Gwadar en Pakistán y el puerto de El Pireo en Grecia, a la que se suman muchas otras obras de ingeniería por toda Asia Central donde destaca la voluntad de China de invertir en fuentes renovables. Mientras muchos otros proyectos se suman a la iniciativa en esta fase, principalmente centrada en mejorar el transporte y las comunicaciones, comienza una segunda etapa donde será clave el desarrollo de los sectores del e-commerce, salud, educación y servicios financieros, en un ciclo donde se van sucediendo estas dos etapas a medida que se incluyen nuevos proyectos hasta que la iniciativa finalice en 2050.

En esta segunda fase de OBOR es cuando entran en escenas las otras grandes iniciativas lanzadas por China, como el Made in China 2025, Healthy China 2030 y el desarrollo de las FinTech como parte del proceso de globalización de China. En este ámbito es donde las grandes tecnológicas chinas están jugando un papel muy importante participando activamente con los países OBOR en el fomento del sector privado. De la mano de los colosos tecnológicos Alibaba, Tencent y JD.com, principalmente, está llegando la revolución digital a países con bajos Índices de Desarrollo Humano. Es el caso de la adquisición por parte de Alibaba de Daraz, empresa de e-commerce de Pakistán, propietaria de plataformas marketplace online por toda Asia del Sur. En Bangladesh, otro de los países OBOR, Alibaba adquiría a través de Ant Financial, matriz de Alipay y la mayor FinTech del mundo, el 10% del proveedor de servicios financieros móviles bKash, mientras que en Pakistán se hacía con el 45% del Banco Telenor Microfinance, que a su vez es propietario de Easypaisa, la mayor plataforma de servicios financieros digitales en Pakistán.

De los corredores que contempla OBOR, el Nuevo Puente Terrestre Euroasiático que conecta China con Europa por vía férrea es la opción elegida por JD.com para repartir los productos que se cargan en el puerto de Hamburgo, Alemania, entre los minoristas online que quieren vender en China. Tras un recorrido de 10.000 kilómetros, el China Railway Express llega a la provincia de Shaanxi utilizando una ruta un 80% más barata que la opción de transporte aéreo, y 35 días más rápida que si utilizara las rutas marítimas.

La economía digital forma parte de la nueva Ruta de la Seda, y China cuenta con los beneficios que reportarán tanto las obras de infraestructuras contempladas en la iniciativa como las que procedan de los sectores tecnológicos para profundizar en el proceso de globalización del país. Todavía no se conoce en detalle los beneficios de esta nueva visión de la Ruta, pero cuando se conozcan, serán tan colosales como las cifras que se manejan en el despliegue de infraestructuras de OBOR.

La espantada de Trump del TPP, una alfombra roja para China en América Latina. Nieves C. Pérez Rodriguez

Washington.- “El papel de China en la región latinoamericana recibió un impulso cuando Donald Trump retiró a los Estados Unidos del Tratado del Libre Comercio (TPP por sus siglas en inglés). Las dudas creadas por Trump sobre la permanencia en el TPP han creado una oportunidad para otros países, como China, en México”. Sin embargo, la mayoría de los países de las Américas preferirían establecer relaciones comerciales con los Estados Unidos, dados los lazos históricos, culturales, y los altos estándares que las compañías estadounidenses mantienen en los países en los que se asientan. Esta es la opinión de Mark Feierstein, con el 4Asia tuvo ocasión de conversar esta semana a propósito del incremento de la presencia china en América Latina. Feierstein estuvo en el Consejo de Seguridad del presidente Obama y ejerció en la Casa Blanca como el asesor de más alto nivel sobre América Latina. Trabajó en la iniciativa del proceso de paz en Colombia y en la apertura hacia Cuba junto con muchos otros programas de asistencia en Centroamérica.

En su opinión, en la retirada de los Estados Unidos del sistema de comercio internacional no se trata tanto de lo que significa para China y su expansión como actor económico, sino de lo que implica para ese mismo sistema la renuncia a las condiciones de unas reglas de equilibrio que imponen las empresas estadounidenses para exportar y depender de las cadenas de suministro mundiales, más eficientes.

Respecto a esta región, los intereses chinos son esencialmente económicos y no necesariamente implica buscar influencia política. “Los valores democráticos en los que están comprometidos las sociedades latinoamericanas son anatema para China”.

Según con nuestro entrevistado, China continuará buscando oportunidades comerciales donde quiera que estén disponibles, especialmente a medida que su economía continúe expandiéndose y se convierta en la primera economía del mundo. Las iniciativas de “one belt, one road” para conseguir miles de millones de dólares de inversión en infraestructuras pueden centrarse en los países a lo largo de la antigua Ruta de la Seda que lo vinculan con Europa, pero sus inversiones en otras partes del mundo siguen un patrón similar.

Feierstein sostiene que la posición de Estados Unidos en el mundo se ha desplomado bajo el mandato de Trump. Washington es percibido como un socio diplomático poco fiable, un asociado económico hostil y un actor que ya no defiende la democracia ni los derechos humanos. Con la retirada económica de Estados Unidos, con sus luchas comerciales y la salida de acuerdos comerciales, países como China seguirán su expansión aún más y conseguirán mayor influencia global. Suponiendo que Trump, impopular y poco ético, no sea reelegido o no termine su mandato, un sucesor de la Administración demócrata tendrá que hacer un gran esfuerzo para restablecer el liderazgo y la posición de Estados Unidos en el mundo, afirma nuestro experto.

Mientras, Washington, centrado en librar sus batallas domésticas y proteger sus industrias, pone en marcha políticas de máxima presión económica internacional, con gravámenes que paradójicamente terminan teniendo un impacto en la economía estadounidense de rebote, o simplemente se ausenta de acuerdos comerciales, va dejando espacios abiertos que oportunamente Beijing va tomando.

Tal y como afirma Feierstein, China no lo hace con la aspiración política de ostentar poder o mayor liderazgo, sino con la intención meramente económica de crecer y expandir sus negocios. Sin embargo, ese liderazgo llega por añadidura; el mayor socio comercial va ganando poder para cambiar las reglas del juego e imponer las suyas propias. Y las reglas a las que juegan los chinos no son las que benefician al país receptor, ni las que protegen a su industria doméstica, ni mucho menos a la fuerza laboral o el ambiente.

INTERREGNUM: China y Estados Unidos: ¿nueva escalada? Fernando Delage

La guerra comercial entre Estados Unidos y China parece estar cada día más cerca. Pero altos funcionarios chinos han hecho saber que están preparados asimismo para un enfrentamiento financiero, diplomático e, incluso, militar—la escalada retórica parece inevitable—en respuesta a lo que interpretan como la voluntad norteamericana de actuar contra el corazón de su estrategia económica.

El alcance de la disputa entre las dos mayores economías del mundo, en efecto, va mucho más allá de un mero desequilibrio en la balanza comercial bilateral (pese a la enormidad de las cifras). Washington parece haber llegado a la conclusión de que el verdadero desafío a su estatus como principal superpotencia no es el tamaño de la economía china o la competencia de su industria. Tampoco sus capacidades militares. Es el salto cualitativo en alta tecnología dado por Pekín, en áreas como inteligencia artificial en particular, lo que ha desatado todas las alarmas. Aun cuando el diagnóstico sea correcto, la manera de afrontarlo puede no ser, sin embargo, la más eficaz.

En un informe hecho público el 19 de junio, Peter Navarro, el polémico asesor de la Casa Blanca, describe los avances chinos en este campo como una amenaza existencial para el liderazgo tecnológico y la propiedad intelectual de Estados Unidos. El lenguaje y los argumentos utilizados por la administración norteamericana llevan a Pekín a concluir que Washington no busca en realidad concesiones comerciales para corregir su déficit, sino obstaculizar la política de innovación de China; una política de la que ha hecho depender la sostenibilidad de su crecimiento, a su vez determinante de la legitimidad política del régimen.

En este contexto de aumento de las tensiones entre ambos, el 22 y 23 de junio los líderes chinos celebraron una conferencia interna del Partido Comunista sobre política exterior, la segunda desde que Xi Jinping llegara al poder a finales de 2012. (Su antecesor, Hu Jintao, sólo celebró una en diez años). Con la presencia de todos los miembros del Politburo, altos cargos de los ministerios y de las fuerzas armadas, así como la práctica totalidad de los embajadores chinos, Xi reiteró el completo control de la diplomacia nacional por el Comité Central, y confirmó el grado de ambición de su gobierno. China, indicó, debe “asegurar la protección de la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo del país, participar de manera proactiva en la reforma del sistema de gobernanza global, y crear una más completa red de asociaciones globales”. El bajo perfil recomendado en su día por Deng Xiaoping es definitivamente historia: la China de Xi Jinping no oculta su determinación de dictar las reglas del juego de la economía mundial.

Pocos días más tarde, mientras recibía en Pekín al secretario de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis—la primera de un jefe del Pentágono en cuatro años—, Xi declaró por otra parte que China “no cederá ni una pulgada de sus territorios históricos”. Estos incluyen oficialmente, como se sabe, todas las islas del mar de China Meridional. Hace menos de un mes, Mattis acusó públicamente a la República Popular de “intimidación y coacción” al desplegar misiles tierra-aire y otras capacidades militares en varias de dichas islas. Mattis visitó China apenas dos semanas después de que lo hiciera el secretario de Estado, Mike Pompeo. Pese a la innegable relevancia de las relaciones diplomáticas y militares, parece que es en la Casa Blanca, y por parte de nada moderados asesores, donde se está articulando una política china desprovista de matices y de contextualización estratégica. El tiempo dirá si éste es el camino para conseguir mejores resultados, pero es una táctica de presión que, a priori, lejos de modificar las prioridades chinas, puede conducir a una confrontación mayor.

Japón necesita garantías

Una vez sentadas las bases, en Singapur, de un acuerdo entre Corea del Norte y Estados Unidos, la potencia occidental está obligada a dar certidumbre y seguridad a sus aliados desde el fin de la II Guerra Mundial en un escenario en el que sus tradicionales enemigos, China y Corea del Norte, han robustecido su posición política.

El más expuesto de estos aliados de Occidente es Corea del Sur, que se ha apresurado a desarrollar su propia agenda con China y sus vecinos del norte, pero que, a la vez, está protegido por la dinámica misma pactada en Singapur, aunque obviamente, en medio de riesgos extraordinarios.

Otro caso es Japón, por razones históricas, estratégicas y culturales. Japón es una potencia económica, tiene una razonable fuerza militar de defensa, mantiene disputas marítimas y territoriales con China, alberga bases estratégicas de Estados Unidos y mantiene tanto compromiso como reservas respecto al nuevo escenario en el Pacífico.

Tras el acuerdo con Singapur, Tokio ha multiplicado sus guiños diplomáticos, no sólo con Estados Unidos y Corea del Sur, sino también con China y Rusia. A pesar de esto, Corea del Norte ha aumentado su presión sobre Japón advirtiendo a este país que si siguen sus dudas quedará al margen del gran acuerdo en desarrollo y Estados Unidos ha tenido que señalar que ningún acuerdo con Corea del Norte debilitará la amistad con Japón.

Son gestos para visualizar la continuidad y la estabilidad a pesar de los cambios y los riesgos, pero dan cuenta de la profundidad de los primeros y de los esfuerzos para no agrandar  los segundos.