Taiwán y el reloj de arena. Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz

La reciente victoria, por segunda vez, de Tsai Ing-wen en las elecciones de Taiwán, ha puesto de manifiesto que el país está dispuesto a seguir con la democracia y la libertad y, que quiere alejarse de los tentáculos de la dictadura China.

China reclama por derecho histórico a esta región, como a una provincia más del país, la provincia de Taiwán. Históricamente, el país ha estado gobernado por portugueses, chinos y japoneses, pero no fue hasta 1912 cuando nació la República de China, tras derrotar a la dinastía Qing, que estuvo en el poder más de 250 años. Tras una década de inestabilidad, en 1927, comenzó la guerra civil china, entre el partido nacionalista o Kuomintang y el recién nacido Partido Comunista Chino (PCCh).

La guerra civil termino en 1949, cuando el Ejército Popular de Liberación (EPL) se alzó con la victoria y, Mao Tse-Tung, proclamó la fundación de la República Popular China en la puerta de Tiananmen, en la Ciudad Prohibida, en Pekín.

Aunque la guerra no fue oficialmente finalizada, el Ejército Nacional Revolucionario (KMT), se vio obligado a retirarse a la isla de Taiwán, donde se proclamo a Taipei como la capital de la República de China. Desde entonces, la República Popular China (RPCh) ha reclamado como suyo el territorio de Taipei y se han sucedido hasta 3 crisis en el estrecho de Taiwán entre las dos chinas. A día de hoy, el conflicto sigue en pie y, el objetivo del PCCh es anexionarse a Taiwán antes de que se cumplan los 100 años de la creación de la RPCh, es decir, en el año 2049. Ambas regiones reclaman ser la única y verdadera China.

Desde mediados del Siglo XX, las presiones del gobierno de Pekín han sido constantes pero, las últimas elecciones democráticas en Taiwán, han dejado claro que Taiwán no quiere formar parte de la dictadura China. La forma de gobierno de “Un país, dos sistemas” que propuso Deng Xiaoping, no son bien vistas con los “ojos democráticos” de los ciudadanos de Taiwán y, menos ahora que han visto las revoluciones en Hong-Kong, otra región que se incluiría en el régimen propuesto por Deng de “Un país, dos sistemas”. Cargas militares, gas lacrimógeno y detenciones se han sucedido en la región de Hong-Kong por las protestas contra la ley de extradición. Taiwán teme que esas represalias por parte del PCCh se repliquen en sus ciudades si accede al sistema de Deng.

China es uno de los países más poderosos del mundo, su PIB y su gasto militar está a años luz de Taiwán, pero Taipei cuenta con un poderoso aliado, los Estados Unidos, una alianza en pro de la democracia y las libertades civiles.

[Fig.1: Presencia militar en el estrecho de Taiwán en 2017. China Vs Taiwán. Fuente: Statista.com]

Estados Unidos es un freno a la hegemonía de China en la región, no solo para apoyar y enseñar el camino de la democracia y del orden internacional a la República Popular China, sino, también, para frenar la expansión del gigante asiático en el Mar de China Meridional, una región en disputa por todos los países colindantes.

La comunidad internacional solo puede reconocer a una sola China, y Estados Unidos  ha reconocido a la República Popular China, en el año 1979, en plena guerra fría, con el fin de lograr un aliado en la batalla con la URSS. Se establecieron relaciones con China, pero EEUU no iba a dejar aislado a Taiwán, por lo que firmaron el “Acta de Relaciones de Taiwán”, un tratado que apoya a Taiwán en su defensa y en el aprovisionamiento de armamento militar. Desde el año 2010, la Casa Blanca ha vendido más de 15.000 millones de dólares en armamento a la isla y, ahora, con la administración Trump, los lazos se han estrechado.

En el otro lado, China aprieta el cinturón, y cada vez cierra más acuerdos comerciales con países con la condición de que no reconozcan a Taipei y sí al PCCh como la única y verdadera China.  En la actualidad, solo algunos pequeños países de América y algunas islas diminutas del pacífico reconocen a Taiwán como la verdadera China. La mayoría de los países africanos reconocen a la china continental como la única y verdadera, debido a las grandes sumas de dinero que invierte el gigante asiático en el continente.

Taiwán sigue su camino de democracia y de libertad, y de demostrar al mundo que no se unirán al gigante asiático. El Índice de Libertad Humana de 2018, situó a Taiwán como el décimo país más libre del mundo. China está en el 135 de 162 países.

El principal problema radica en saber hasta dónde llegara China, y que hará cuando se cumplan los 100 años del nacimiento del PCCh, en el año 2049: ¿Invadirá Taiwán?, en tal caso ¿saldrán los Estados Unidos en su defensa?

Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

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@angelenriquezs

Es el momento para un acuerdo comercial entre USA y Taiwán. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Administración Trump ha sido clara en expresar su posición en contra de las irregulares prácticas chinas. La guerra comercial ha sido la médula del conflicto entre Beijing y Washington, en el intento desesperado de este último de equiparar o al menos reducir considerablemente el déficit comercial con China.

Esta pugna ha servido también para abrir nuevos espacios a terceros actores, como es el caso de Taiwán, que se encuentra en este momento en una situación privilegiada para negociar un acuerdo de libre comercio con Washington.

La Administración Trump ha sabido manejar su relación con Taiwán sin generar muchas provocaciones, mientras han propiciado más acercamientos. Las declaraciones del Departamento de Estado en relación con Taiwán han sido más fuertes y contundentes que nunca. Mientras que desde Taiwán se ha podido observar que los altos funcionarios han fijado como prioridad intentar un acuerdo comercial con Washington aprovechando la favorable coyuntura internacional.

No ha habido un momento tan oportuno para un acuerdo comercial de libre comercio entre Estados Unidos y Taiwán como el de ahora. Con la situación de Hong Kong aún en ebullición, el reciente informe sobre la situación de los derechos humanos en China emitido por el Congreso de los Estados Unidos y la sensibilidad que parece haberse despertado en los legisladores estadunidenses sobre las prácticas chinas en su territorio (eliminación de las creencias religiosas y culturales, exacerbación del nacionalismo chino) sería muy pertinente plantear un proyecto de ley en el Congreso estadounidense que abra una nueva fase de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Taiwán.  

4Asia asistió a un foro en el que se debatieron las perspectivas económicas en las relaciones bilaterales de ambos, en el Instituto Global taiwanés, la semana pasada, y en el que todos los expertos coincidieron en que es un momento ideal para impulsar las ya existentes relaciones y llevarlas a un plano más complejo.

Reiley Walters (experto en economías del noroeste asiático, con foco en inversiones extranjeras y ciberseguridad y analista de la the Heritage Foundation) insistió en que el acuerdo debió haberse materializado hace unos 30 años o incluso antes. Mientras que Beijing intenta apagar a Taiwán en el plano internacional un tratado de esta naturaleza podría ser un mecanismo para mantenerlo a flote. 

Walters se mostró convencido de que el 2020 será el año de los acuerdos económicos entre Taipéi y Washington. Este año deberían comenzarse las discusiones para que se pueda firmar el año próximo. Así mismo cree que estas relaciones bilaterales deberían diversificarse y es momento de hacerlas más complejas. Así como en el aspecto militar Trump está haciendo un gran trabajo en Taiwán, deberían reimpulsarse otros aspectos de estas cómo en el plano diplomático.

Por otra parte, Derek Scissors, (experto en economía y legislación comercial internacional, con especial foco en China e India) insistió en que Taiwán necesita diversificarse más y dejar la dependencia de China. Y pronostica que cuanto más se separe la economía de Estados Unidos de la China a Taiwán le tocará decidir entre una u otra.

4Asia le preguntó a Scissors su opinión acerca de ¿qué tan cerca nos encontramos de un acuerdo bilateral entre ambos?

 “No creo que estemos cerca de un acuerdo comercial entre Taiwán y los EE. UU. Porque Taiwán, una vez más, no está siendo agresivo para impulsar este acuerdo. Si Taiwán hiciera una oferta detallada a los Estados Unidos, podríamos avanzar muy rápidamente. Pero no lo han hecho, solo hablan de eso sin cesar”.

No cabe duda de que un acuerdo de libre comercio entre Washington y Taipéi podría generar beneficios económicos para Taiwán, pero para Estados Unidos podría ser una gran estrategia de reposicionamiento en la región asiática y en el Pacífico.

Si Washington aprovechara la coyuntura actual, su tensión económica con China y la cercanía con Taiwán, este posible acuerdo podría revivir la figura de Estados Unidos en la región, que podría canjearse por beneficios más allá de los económicos, como influencia, y de esta manera equilibrar el peso de Beijing en los países con economías más pequeñas, y por lo tanto en la región.

THE ASIAN DOOR: La agenda de Europa con el 5G en 2020. Águeda Parra

El retraso en la construcción de las nuevas redes 5G en Europa está desbancando a los países miembros de la carrera por el liderazgo tecnológico, retrasando la implantación de las innovaciones asociadas a la nueva dimensión de economía digital que creará la red 5G en un mundo globalizado. Un retraso al que hay que sumar el dilema en ciberseguridad que plantea la construcción de la red 5G con tecnología Huawei después de la advertencia de Estados Unidos a sus socios de la alianza Five Eyes, en primera instancia y, de forma complementaria, al resto de sus aliados. Aunque todavía no hay ningún informe que lo ratifique, la petición de Washington está dirigida a solicitar a sus socios que veten el uso de los dispositivos del fabricante chino en la construcción de la red 5G ante la advertencia de que alberga puertas traseras que podrían permitir el espionaje por parte del gobierno chino.

La tecnología pasa así a formar parte de la geoestrategia mundial donde Estados Unidos persigue mantener su supremacía tecnológica y los países se dividen entre el veto, o la confianza a los dispositivos de Huawei, para la construcción de la red que proporcionará la nueva era de la digitalización y el futuro crecimiento económico. En este escenario, las empresas chinas Huawei y ZTE, la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia son las compañías mejor posicionadas para liderar la carrera por el 5G. Entre las cuatro construirán la siguiente generación de redes móviles, pero el lobby norteamericano entre sus aliados, y la oportunidad de aprovechar el impulso socioeconómico que generará el 5G en los próximos años, ha generado un entorno bipolar de dos bloques que enfrenta directamente a la supremacía china con el dominio tecnológico del gigante asiático en numerosas áreas, entre ellas, la nueva generación de redes móviles 5G.

En esta Europa dividida por el 5G, los socios de Washington en la OTAN y los de China en el Mecanismo 17+1 y la nueva Ruta de la Seda han tomado posturas diversas. Apostar por Washington priorizando los criterios de seguridad ante futuras posibles amenazas de ciberseguridad ha sido la decisión tomada por países como República Checa, Polonia y Rumania. Otros, como Luxemburgo, han valorado más la posible cancelación de acuerdos comerciales vigentes. De hecho, la decisión de la República Checa ha promovido la celebración de la Conferencia de Seguridad de Praga 5G que ha emitido unas recomendaciones a las que otros países de Europa Central se han sumado, como es el caso de Estonia, Letonia y, muy posiblemente, Lituania.

A pesar de su condición de miembros de la OTAN, Grecia y Portugal no han dudado en seguir desarrollando su red 5G con tecnología Huawei, consolidándose como parte del bloque donde la diplomacia china se ha expandido a través de la nueva Ruta de la Seda, y apostando por el fabricante chino. Por su parte, España es uno de los países que ha anunciado que irá reduciendo en los próximos años la participación de Huawei en su red, manteniendo únicamente su colaboración en el mantenimiento de la red 4G, mientras el despliegue del 5G pasará a cargo de la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia. Un esquema de división en Europa que no propicia una adopción temprana de los beneficios económicos que reportará la nueva tecnología y que está favoreciendo que Europa sea el campo de juego donde rivalizan Washington y Pekín. De esta forma, Europa ha pasado a convertirse en una tercera fuerza en la geoestrategia mundial, una situación que no beneficia a los intereses de las industrias europeas que compiten en los mercados internacionales.

INTERREGNUM: De cisnes y rinocerontes. Fernando Delage

Hace un año, en una reunión interna con altos cargos del Partido Comunista, el presidente chino, Xi Jinping, advirtió sobre la necesidad de estar en guardia contra los “cisnes negros” y los “rinocerontes grises” que, en un contexto de menor crecimiento de la economía, podrían afectar a la estabilidad social y política. Por “cisnes negros” se entienden aquellos hechos imposibles de predecir. Los “rinocerontes grises” son aquellos riesgos conocidos, y con el potencial de causar graves perjuicios, que se opta por ignorar. Aunque aún no está claro a cuál de las dos categorías pertenece la epidemia del coronavirus, las metáforas de Xi no sólo han resultado proféticas, sino que le han colocado ante la crisis más grave de su mandato.

Contener la expansión del coronavirus es la mayor prioridad del gobierno. Lo es ante todo como problema de salud pública, con un considerable coste humano. Pero al mismo tiempo está afectando a la economía—y en consecuencia a la economía mundial en su conjunto: China ha sido por sí sola responsable de más del 25% del crecimiento global los últimos años—, así como a la confianza ciudadana en sus autoridades. La crisis ha puesto a prueba la capacidad de gestión de estas últimas, como se reconoció en un comunicado publicado por Xinhua—la agencia oficial de noticias—, tras la reunión celebrada la semana pasada por el Comité Permanente del Politburó, el órgano que reúne a los siete máximos dirigentes chinos.

Durante las tres primeras semanas de enero se intentó minimizar la importancia del problema. Posteriormente los medios oficiales pasaron a hacer hincapié en el liderazgo de Xi contra la crisis, y en una sucesión de reuniones convocadas por el gobierno y el Partido. El 26 de enero se anunció, incluso, la constitución de una nueva comisión de alto nivel sobre el coronavirus, aunque presidida por el primer ministro, Li Keqiang, y no—como suele ser lo habitual en comités de esta naturaleza—por el propio presidente. La ausencia de este último de los medios es, de hecho, uno de los aspectos más llamativos de la crisis. Desde el 21 de enero sólo ha aparecido en público en dos ocasiones, ambas en Pekín, para recibir a dos visitantes extranjeros.

Mientras los observadores especulan sobre las posibles razones de la “invisibilidad” de Xi, los responsables de propaganda se han visto superados por el duelo masivo expresado en las redes sociales por la muerte de Li Wenliang, el joven oftalmólogo que lanzó los primeros avisos sobre la epidemia, para ser detenido por la policía de Wuhan por “crear alarma” entre la población. El hashtag “el gobierno de Wuhan debe una disculpa al Dr. Li” fue visto en Weibo—el twitter chino—hasta 180 millones de veces antes de que fuera suprimido por las autoridades. La expresión de empatía por la muerte de Li se ha transformado en una muestra de frustración popular al ver cómo, una vez más, los dirigentes tratan de minimizar u ocultar las crisis y harán cualquier cosa para restaurar una apariencia de normalidad, aun en contra de la realidad.

Como ha señalado en un artículo publicado en Internet el profesor Xu Zhangrun, un prestigioso catedrático de la universidad de Tsinghua—donde se forma la elite del Partido—la crisis en Wuhan “es sólo la punta del iceberg”, y una consecuencia del giro autoritario impuesto por Xi a la República Popular. Aunque resulta imposible prever las consecuencias políticas de la epidemia, lo único cierto es que, si “cisne” o “rinoceronte” no importa: la concentración de poder no garantiza el control de fenómenos imprevistos; ni centralización y opacidad pueden ganar siempre a la verdad.

China: el coronavirus revela las vulnerabilidades del régimen

Poco a poco, la crisis sanitaria creada por la aparición del coronavirus va poniendo de manifiesto las incapacidades del aparato estatal chino para hacer frente en solitario y autoritariamente a un problema de esta envergadura.

 No cabe duda de que el gobierno chino ha puesto sobre el terreno todos los recursos de que dispone para hacer frente a la epidemia, pero, a pesar del enorme esfuerzo de modernización de China en las últimas décadas, no tiene los mecanismos necesarios, y menos ante una sociedad en la que viejos usos ancestrales alejados de normas gastronómicas, de control y de higiene que en Occidente garantizan un plus de seguridad sanitaria, añaden riesgos de salud pública.

Pero la crisis está ahí, y paralelamente a los reproches y a las críticas al deficiente, autoritario y poco transparente régimen chino, hay que ofrecer un plan de actuación lo más transparente, generoso y cuidadoso posible.

Por otra parte se han registrado, en la gestión interna china, agrietamientos del control administrativo. Algunos analistas quieren ver en esto un fenómeno parecido al que tuvo lugar en la Unión Soviética tras el desastre de Chernobyl y que aceleraron la descomposición del lado más oscuro de la dictadura comunista. No parece que deba hacerse un paralelismo automático. Aquel desastre soviético se dio en el marco de una situación económica desastrosa consecuencia de la artificiosidad y gran mentira del régimen mientras que en China es evidente el aumento, aunque desigual, del bienestar, a pesar de que se asiente en ejes más vulnerables. Pero habrá que estar atento a las repercusiones que la actual crisis sanitaria, que está lejos de haber terminado, deje en términos económicos, sociales y de reparto de poder interno en China y sus áreas de influencia.

THE ASIAN DOOR: Con el 5G regresa el mundo bipolar. Águeda Parra

La geopolítica de la tecnología que se plantea en la Unión Europea como consecuencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en la que se ha visto inmerso Huawei, plantea un escenario donde los países miembros tendrán que tomar múltiples decisiones durante 2020. Las alianzas en cada bloque se mantienen muy igualadas entre aquéllos que siguen la recomendación de vetar a Huawei, y los que mantendrán sus despliegues 5G sin cambiar de proveedor, demostrando que la Unión Europea no habla con una única voz al no disponer de un mercado único de telecomunicaciones.

El posicionamiento de Huawei en Europa y la diplomacia china están resultando ser una herramienta decisiva para aquellos países que en 2019 tomaron una decisión desfavorable frente al veto a Huawei. El dominio del fabricante chino Huawei en el mercado de Asia Pacífico y Europa le ha conferido el liderazgo en el mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones llegando a alcanzar una cuota del 28,6%, según Bloomberg. Sin embargo, la geopolítica de la tecnología ha desplegado su poder y 2020 puede dar un vuelco significativo al liderazgo mundial que disfruta actualmente el fabricante chino.

La ciberseguridad en las redes 5G se ha convertido en cuestión prioritaria en la recomendación de la Comisión Europea, cuyo documento final recoge las aportaciones de los expertos de cada país. La directriz general ha sido apostar por la diversificación de suministradores y la redundancia de equipos críticos, en la misma línea de la propuesta realizada por España a la Comisión Europea. Una recomendación que, sin embargo, no ha servido para sentar una posición común en las estrategias de despliegue de cada país.

La revolucionaria evolución tecnológica del 5G generará un salto evolutivo diferencial en las capacidades de las redes, favoreciendo un mayor desarrollo socioeconómico entre usuarios y empresas que el impacto que produjo la incorporación de tecnologías anteriores como el 2G, 3G y 4G. De ahí que uno de los principales retos que deben afrontar los países europeos en 2020 sea elegir el proveedor que vaya a desarrollar el despliegue de la nueva generación de redes 5G. Atrapados entre las recomendaciones de Washington de vetar a Huawei, Alemania y Francia son algunos de los países europeos que todavía no han tomado una decisión definitiva. Se trata de elegir entre vetar a Huawei, sin que haya pruebas que demuestren que sea una amenaza para la ciberseguridad, o perder el tren de una de las tecnologías que mayor impacto van a generar en el desarrollo de la industria en los próximos años.

Reino Unido ha sido uno de los primeros países en tomar una decisión al respecto, favoreciendo que Huawei se encargue del despliegue de la red de radio, menos vulnerable a los ataques de seguridad, mientras que el núcleo de red, la parte más crítica se desarrolla con otro proveedor. La alianza de Londres con Washington en la alianza de inteligencia Five Eyes, de la que también forman parte Australia, Nueva Zelanda y Canadá, no ha impedido que, ante un escenario de Brexit, Reino Unido haya priorizado su desarrollo económico frente a las advertencias contra Huawei. Con esta decisión, las reacciones se suceden y Washington está considerando levantar el veto que prohibía a las empresas norteamericanas mantener relaciones comerciales con Huawei después de considerar que se está produciendo un grave perjuicio económico a la economía del país en estos ocho meses que dura el veto.

El paso dado por Londres no solo provocará el reposicionamiento de Washington, sino que en los próximos meses se apreciarán las réplicas que tendrá esta decisión en aquellos países europeos que todavía no han tomado una decisión sobre el veto a Huawei. Un efecto tsunami que se inicia con el Brexit del Reino Unido y que provocará otros muchos cambios en la geoestrategia mundial, principalmente en la componente tecnología. Una vez que la City va a perder su liderazgo como hub financiero mundial, las FinTech y las posibilidades del 5G en cuanto a Smart Cities y Smart Factories bien podrían ser un nuevo objetivo para el socio que durante 47 años perteneció a la familia de la Unión Europea.

La necesidad de mejorar la cooperación estratégica entre India e Indonesia. Niranjan Marjani

Recientemente, el ministro de comercio de Indonesia, Agus Suparmanto Subagio, se reunió con el ministro de comercio e industria de la India, Piyush Goyal, en Davos, Suiza. Esta reunión tuvo lugar al margen del Foro Económico Mundial. También se espera que el ministro de comercio de Indonesia visite India el próximo mes, y que ambos países mejoren su cooperación en el área comercial.

Se espera que Indonesia alivie las restricciones a la importación de automóviles y equipos solares de la India. A cambio, Indonesia suministrará una mayor cantidad de aceite de palma a la India. Este movimiento de ambos países se ve a la luz de la India que impone restricciones a la importación de aceite de palma de Malasia. El primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, había criticado la decisión de la India de poner fin al estatus especial de Cachemira al abrogar el artículo 370. En respuesta a los comentarios de Mahathir Mohamad que se consideran una interferencia en el asunto interno de la India, la India ha impuesto restricciones a la importación de aceite de palma de Malasia.

El comercio de aceite de palma entre India e Indonesia no solo tiene importancia económica. Es una indicación de la necesidad de fortalecer no solo la cooperación económica sino también la cooperación estratégica en vista de los recientes desarrollos en el sudeste asiático. En este sentido, dos factores son importantes para las relaciones India-Indonesia. Uno es Malasia tratando de crear una alternativa a la Organización de la Conferencia Islámica que trae una narrativa religiosa y radicalizada en el paisaje estratégico del sudeste asiático. En segundo lugar, la cooperación India-Indonesia se vuelve importante también desde el punto de vista de contrarrestar a China en el Mar Meridional de China.

En diciembre de 2019, Malasia organizó una cumbre islámica en Kuala Lumpur junto con Turquía, Irán y Qatar. Esta cumbre se celebró con la intención de desafiar a la Organización de la Conferencia Islámica dirigida por Arabia Saudí. Pakistán e Indonesia también fueron invitados a asistir a esta cumbre. Pero los dos países no asistieron. Cualquier intento de lograr un ángulo religioso en una región multiétnica, multirreligiosa y multicultural como el sudeste asiático es un precedente peligroso, ya que aumentaría las divisiones dentro de la región. Que Indonesia no asistiera a la cumbre fue importante porque es el país islámico más grande del mundo. Cualquier alianza religiosa en el sudeste asiático crearía más complicaciones geopolíticas. Desde este punto de vista, es importante que India e Indonesia cooperen entre sí para evitar la radicalización y las divisiones en las líneas religiosas.

El segundo aspecto de las relaciones estratégicas India-Indonesia es contrarrestar las actividades asertivas de China en el Indo-Pacífico en general y el Mar Meridional de China en particular. Dos incidentes recientes resaltan la necesidad de acelerar la cooperación estratégica entre ambos países.

Recientemente, un barco de investigación chino había entrado en las aguas territoriales de la India cerca de las islas Andaman y Nicobar sin permiso. Fue expulsado por la Armada india. Del mismo modo, la embarcación de guardacostas de China había ingresado a las aguas territoriales de Indonesia cerca de las islas Natuna a fines de diciembre. China había reclamado soberanía sobre el área, un reclamo que Indonesia rechaza.

La proximidad entre las islas Andaman y Nicobar e Indonesia es un fuerte argumento para la cooperación marítima entre ambos países. La distancia entre las islas Andaman y Nicobar e Indonesia es de 215 km. India ya ha tomado la iniciativa a este respecto, y está desarrollando el puerto de Sabang en Indonesia, que se encuentra cerca de las islas Andaman y Nicobar.

India es considerada como una potencia importante en el sudeste asiático. Los países del sudeste asiático como Indonesia, Vietnam y Singapur esperan que India participe en la arquitectura de seguridad del sudeste asiático. Es necesario acelerar el desarrollo del puerto de Sabang, así como construir un mecanismo en el que las armadas de la India e Indonesia trabajen en estrecha cooperación en diferentes áreas, como patrullar y compartir información. Si India tiene que ser parte de la geopolítica del sudeste asiático, entonces las relaciones estratégicas India-Indonesia jugarán un papel importante en la región.

(Niranjan Marjani es periodista independiente de Vadodara, India)

Twitter – @NiranjanMarjani

El coronavirus no es culpa de Beijing, pero sí de sus maniobras. Nieves C. Pérez Rodríguez

Después de tanto hablar de la crisis del coronavirus y de la presión internacional, la Organización Mundial de la Salud -OMS- decretó emergencia mundial el jueves pasado al final del día. Justo al cumplirse una semana de la puesta en cuarentena de la ciudad de Wuhan, epicentro del brote. 

Todo indica que esa declaración debió haberse hecho antes, pues las evacuaciones de extranjeros ya estaban planificadas a principios de la semana, y se había comprobado un gran número de contagios, que rápidamente ha superado el número del SARS en tan sólo un mes de que el gobierno de Beijing anunciara oficialmente la epidemia.

La alerta mundial se disparó antes de que se oficializara la emergencia. Por lo que países como Estados Unidos, Canadá, Japón, la UE en conjunto, Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Corea del Sur, India, Turquía, Bangladesh y Egipto evacuaron o prepararon las evacuaciones de sus ciudadanos incluso antes de que la OMS acordara la decisión.

Las personas evacuadas son puestas en cuarentena en sus países de origen en lugares preparados para ello. Así lo ha hecho Estados Unidos en una base militar en la costa oeste, al igual que Inglaterra y España, por citar unos ejemplos. Mientras que Australia ha dispuesto una isla remota para hacerlo, la Isla Navidad, ubicada a 2000 km del continente.

Estados Unidos, además, ha emitido un aviso de alerta nivel 4 para viajes a China, su nivel más alto de cautela. Las aerolíneas estadounidenses más grandes han detenido los vuelos a China.  Así como lo ha hecho también la UE, Rusia, Israel, Australia, Singapur y Vietnam.

Por su parte, Hong Kong ha suspendido los colegios hasta marzo mientras confirma que aumentan sus casos y preocupación por lo bajo de suministros. Y el pasado fin de semana, una de las autoridades hongkonesas del sector salud pedía el cierre de la frontera con China, para evitar más contagios, y el personal sanitario pedía ir a la huelga para presionar por el mencionado cierre.

Pero mientras todas esas medidas extremas se decidían y ejecutaban, el presidente de la OMS -Tedros Adhanom- aprovechaba la rueda de prensa en la que se declaró la emergencia, y fuera de contexto, ensalza a los líderes chinos y el buen trabajo que éstos han hecho. “El gobierno chino tiene que felicitarse por las extraordinarias medidas que han tomado para contener el virus, a pesar del impacto social y económico”, “las medidas de contención del virus son realmente impresionantes lo que no pueden expresarse en palabras”, así como alabó “la transparencia y el compromiso que China ha mostrado”. Mientras insistía en que la declaración de la emergencia no se debe a lo que está sucediendo en China sino a lo sucede en otros países con sistemas sanitarios más débiles. “No es una declaración en contra de la confianza de China, por el contrario, seguimos teniendo confianza en la capacidad de China de controlar la crisis”.

En Ginebra la presión para que la OMS declarará la emergencia fue tremenda y a pesar de ello, dilataron el anuncio todo lo que pudieron, y finalmente hicieron la declaratoria de emergencia, pero dejando claro que Beijing tiene influencia en la toma de decisión, al no escatimar en cumplidos a las “extraordinarias acciones tomadas por los líderes chinos” y dejando claro que la declaración se hace por otros países vulnerables no por la falta de diligencia china de manejar la crisis.

Hay razones para cuestionar la transparencia de Beijing desde el principio. Al menos, la velocidad con la que dieron información. El sábado pasado se hizo público un estudio hecho por científicos en la Universidad de Hong Kong en la que se estima que podría haber casi 78.000 infectados en Wuhan.  Asimismo, las imágenes de cadáveres que supuestamente contrajeron el coronavirus y que están circulando por las redes sociales chinas son aterradoras.

Taiwán ha solicitado a través de todos los mecanismos formales y políticos la participación en las reuniones del coronavirus de la OMS, basada en la cercanía geográfica, en el hecho de que tienen varios diagnosticados, y en que podrían ayudar con la investigación, pero no han conseguido más que ser bloqueados. Estados Unidos y Canadá han intentado abogar por su participación. El mismo Congreso estadounidense envío una carta a la OMS en la que expresan su preocupación por la exclusión de Taiwán.  Pero este bloqueo es otro ejemplo de la injerencia china en la OMS, que antepone sus intereses imperialistas a los originales intereses de la Organización.

Otro componente que la crisis pone en evidencia es la dependencia que tienen muchos países y/o regiones de productos chinos de uso diario, y cómo estos insumos no han podido ser reabastecidos. Por lo que esta crisis y corte de suministros podría fomentar la reorganización de las relaciones geopolíticas en la zona, y la posible apertura a nuevas oportunidades para otros países y empresas a recuperar esos mercados o ingresar en ellos.

Y sin lugar a dudas, el coronavirus no sólo habrá dejado víctimas en China sino un estancamiento económico muy considerable, que aún es prematuro predecir.

INTERREGNUM: Punto muerto en la península coreana. Fernando Delage

El presidente Trump acaba de cumplir tres años en la Casa Blanca sin que su intención de lograr la desnuclearización de Corea del Norte haya registrado avance alguno. En un discurso ante la Asamblea Popular norcoreana el pasado mes de abril, Kim Jong-un dio a Estados Unidos un plazo hasta finales de año para adoptar una “decisión valiente” sobre su relación con Pyongyang. Transcurridos esos meses sin que Washington levantara las sanciones impuestas, el 31 de diciembre, ante el Pleno del Comité Central del Partido de los Trabajadores, Kim anunció la conclusión de la moratoria de ensayos nucleares y lanzamiento de misiles de largo alcance respetada desde 2017. Kim señaló que Corea del Norte emprendería una “nueva senda” que proporcionará al país “armamento estratégico” más avanzado, pero también una “larga confrontación” con Estados Unidos. En el año que comienza, las perspectivas de una solución al problema vuelven así a alejarse.

La determinación de Pyongyang de convertirse en un Estado nuclear dejaba escaso margen de maniobra a Trump, como tampoco lo tuvieron sus antecesores. Mientras que lo que quiere Washington es el abandono por Corea del Norte de su programa nuclear, para esta última “desnuclearización” tiene un significado distinto: la conclusión de la alianza de Estados Unidos con Corea del Sur—incluyendo la presencia de sus tropas en este país—y la retirada del paraguas nuclear norteamericano en el noreste asiático. Estos objetivos opuestos hacen que un acuerdo resulte virtualmente imposible. Pero, al mismo tiempo, el bloqueo del dossier permite a Pyongyang continuar desarrollando sus capacidades nucleares—podría tener ya 60 bombas—y de misiles, ampliando por tanto el alcance de la amenaza que representa este régimen totalitario para la estabilidad regional e internacional.

La Casa Blanca, aun más en año electoral, no cuenta con muchas opciones. Además de por sus consecuencias directas, el recurso a la fuerza no es viable por el claro riesgo de expansión del conflicto, incluyendo una probable intervención de China. Perseguir la “congelación” del programa nuclear norcoreano y, sobre esas bases, su gradual eliminación es lo que ya intentaron presidentes anteriores de Estados Unidos, cuando Corea del Norte tenía un arsenal muy inferior y por tanto más razones para negociar. Redoblar la presión externa en todos los frentes para poner en riesgo la supervivencia del régimen sería la alternativa más eficaz. El problema es que, para articularla, Washington necesita construir alianzas, es decir, todo lo contrario de lo que ha hecho este presidente al enfrentarse a Pekín y declarar su hostilidad hacia todo proceso multilateral.

En este contexto, la agenda diplomática y de seguridad parece depender de los movimientos de Pyongyang. Mientras éste mantiene a China de su lado, sitúa a Washington ante un escenario en el que sólo puede reaccionar a las acciones de otros. Estas circunstancias, además del compromiso del actual gobierno surcoreano con una relación de cooperación con el Norte y el interés prioritario de Kim Jong-un por volcarse en dinamizar la economía, permiten concluir que las posibilidades de un choque militar no son elevadas. No obstante, como ya ocurrió con el Acuerdo Marco de 1994 o con las Conversaciones a Seis Bandas (20032009), la ruptura de las negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte representa una nueva oportunidad perdida para la paz. Treinta años después del fin de la Guerra Fría, y cerca de cumplirse 70 años del armisticio que puso fin a la guerra de Corea (1953), la península sigue en punto muerto.

Coronavirus y riesgos

La crisis sanitaria originada por el coronavirus procedente de China ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios de los principales países del Asia oriental (al margen de China y con la excepción de Corea del Sur, Japón y Taiwán), y no digamos de los países del Asia central. La presión demográfica, las desigualdades entre ciudadanos y modelos de prestación sanitaria y la dependencia tecnológica (en gran parte de China) definen estructuras poco adecuadas para hacer frente a crisis y alertas de gran magnitud. La primera muerte de la epidemia fuera de China, ocurrida en Filipinas, ha elevado varios puntos la alarma.

En realidad, por mucho que se empeñen personas y medios en vender catástrofes y cataclismos tras cada esquina, no existe riesgo de una situación de apocalipsis. Como se han encargado de señalar y repetir los expertos y las autoridades, la mortalidad provocada por el virus no es extraordinaria; aunque hay desconfianza sobre las cifras ofrecidas por China no existen datos de que haya una gran desviación de éstas y todo hace indicar que, con los amplios recursos de un sistema autoritario y con liquidez relativa, China está actuando con intensidad.

Pero es en los países de alrededor donde puede estar la falla que origine una crisis más grave. Si este virus se extiende por Indochina e India la situación será más complicada y es ahí donde está la principal preocupación.

Por otra parte, y como con cada alarma de este tipo, se recrudecen las teorías conspirativas que, ¡cómo no!, apuntan a negligencias o intentos criminales  … de Occidente.  Las redes sociales son el escenario en el que las supersticiones, la ignorancia, la demagogia y la irresponsabilidad están desplazando a la ciencia, la razón y el sentido común. Es evidente que esta crisis puede afectar a los escenarios geopolíticos y las alianzas y esto va a verse con relativa velocidad.