¿Qué nos dejó la Cumbre de la OTAN? Nieves C. Pérez Rodríguez

La asamblea de la OTAN de Madrid nos ha dejado la imagen de la marca España renovada. Una España que queda bien parada, se ha vendido como un país mediano que sabe manejar un evento de envergadura y que puede proporcionar seguridad doméstica al nivel de cualquier otra potencia. Los que nos encontrábamos en Madrid para la Cumbre pudimos ser testigos del mayor despliegue de agentes de seguridad a todo lo largo y ancho de la capital.

La capital del mundo por un poco más de un par de días, como los medios locales la llamaron una y otra vez, exaltaba la belleza de una  icónica Castellana, su Palacio Real o su Museo del Prado junto con los hoteles de lujo que acogieron a los líderes de Estado que se acudían a la gran cita y que obligaron a cerrar momentáneamente el tránsito de los ciudadanos de norte a sur o viceversa cuando las delegaciones y sus jefes de Estado y de gobierno se transportaban de sus hoteles a IFEMA o a donde tuviera lugar convocatoria.

Dentro de este caos, como lo describieron muchos madrileños, fuimos testigos de cómo Turquía levantaba el veto a Finlandia y a Suecia para que así éstas pudieran comenzar su proceso de adhesión a la Organización del Atlántico Norte. Lo más significativo que tuvo lugar en la cumbre.

Otro gran avance es el cambio de estrategia de los últimos doce años al reconocer a Rusia como un país con el que no se puede tener una relación de colaboración.

Y el tercer gran elemento de cambio que además refleja un avance es que por primera vez los países europeos han reconocido públicamente que China representa una amenaza estructural que engloba muchos aspectos: tecnología, economía, seguridad alimentaria, seguridad geográfica y retos a los valores que profesa occidente.

Biden podrá presumir de estos cambios porque no cabe duda de que fueron impulsados y promovidos desde su Administración. Aunque no puede menospreciarse es que estos cambios son reflejo de una nueva realidad geopolítica internacional que obedece a la manera de proceder sobre todo rusa, aunque también china.

En nuestras conversaciones con expertos durante estos días pudimos extraer opiniones diversas, aunque todos coincidían en que el cambio de estas políticas es un hecho irreversible, como lo es la posición hacia China. Nos decía un coronel español retirado que la OTAN a lo largo de los años ha creado un equilibrio de treinta miembros que ha costado mucho alcanzar y mantener. Pero que ahora a Europa le había llegado el momento de dar lo que tiene. Y que los cambios eran parte de ese momento y proceso.

La OTAN ahora si está en otra situación y le ha llegado el momento de la verdad. Aunque admitía que el apoyo diplomático tiene que acompañar en todo momento el proceso pues debe estar presente para evitar que se desencadene una guerra nuclear.   Es decir, siempre con las formas diplomáticas rodeando la conversación.

En cuanto a China, que es una economía profundamente metida en el entramado global y representa un gran riesgo, la OTAN tiene que fortalecer el marco natural de cómo relacionarse con un país tan poderoso. Tiene que definir una estrategia clara que pueda llevarse a cabo.

Así mismo un general español con el que conversamos nos decía que llegar a declarar a Rusia como un desafío sistémico en el 2022 después de que tan sólo en el 2010 fuera definida como un socio estratégico, es un cambio radical de postura.

Ahora todo este proceso debe ir acompañado de educación. Se debe educar a la población europea que no tiene memoria de guerras sobre la importancia de tener una política fuerza de seguridad tanto doméstica como desde la alianza. El costo y sacrifico que eso lleva consigo, pero también se debe educar de los enormes beneficios de tenerlo.

Hablar sobre la libertad de la que gozamos los europeos, aun cuando fue muy duro llegar aquí por lo que el único camino es el mantenimiento.

 

INTERREGNUM: Ucrania y las relaciones UE-China. Fernando Delage  

La guerra de Ucrania ha colocado a China ante una difícil situación en distintos frentes. Uno de ellos, no menor, es el de sus relaciones con la Unión Europea. La agresión rusa ha incrementado el valor estratégico del Viejo Continente, a la vez que ha impulsado su conversión en actor geopolítico. Ante la transformación europea de las últimas semanas—la de Alemania en particular—, Pekín se encuentra frente a una dinámica muy distinta de la que existía antes del 24 de febrero.

Tanto la sólida unidad occidental como las sanciones sin precedente impuestas a Moscú han sorprendido a China, obligada a valorar si está dispuesta a arriesgar su relación con la UE—principal mercado para sus exportaciones—por ayudar a Putin. Sólo los intercambios con Alemania duplican el comercio chino con Rusia. Las implicaciones económicas del conflicto van, sin embargo, mucho más allá. Por una parte, el alcance y rápida ejecución del proceso de sanciones ha hecho evidente a China (además de a Rusia, claro está) los extraordinarios instrumentos de poder económico de que disponen las democracias occidentales; unas capacidades que—de extenderse a la República Popular—condicionarían en gran medida el margen de maniobra de Pekín.

Por otro lado, convencidos de la necesidad de corregir su dependencia estratégica del exterior—comenzando por el gas ruso—, los Estados miembros de la UE han extendido su reflexión con respecto a sus vulnerabilidades en relación con China. Ucrania puede convertirse así en el factor que acelere el desarrollo de una estrategia europea de diversificación, orientada al mismo tiempo a minimizar los riesgos de coerción económica por parte de Pekín.

Como ha señalado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la invasión rusa de Ucrania “no es sólo un momento de definición para nuestro continente; lo es también sobre nuestra relación con el resto del mundo”. Y, en efecto, aunque las prioridades chinas sean económicas, Pekín observa también cómo Europa ha despertado de su inocencia geopolítica para dar una mayor prioridad a la cuestiones de defensa, revitalizando la OTAN de manera simultánea al fortalecimiento de las alianzas de Estados Unidos en el Indo-Pacífico; otro resultado en nada beneficioso para los intereses chinos.

Este conjunto de circunstancias obligaba a rebajar las expectativas con respecto a la cumbre UE-China celebrada  el 1 de abril, casi dos años después de la anterior. En septiembre de 2020, la prioridad de los europeos fue la de cerrar un acuerdo de inversiones que permitiera abrir en mayor grado el mercado chino. Desde entonces, una suma de hechos—entre los que cabe destacar, además de la pandemia, las represalias por la violación de derechos humanos en Xinjiang y las sanciones chinas de respuesta a parlamentarios y académicos europeos, así como la presión sobre Lituania por su posición con respecto a Taiwán—hicieron descarrilar dicho acuerdo, además de endurecer la percepción europea de la República Popular. La posición china sobre la invasión rusa de Ucrania ha sido una nueva advertencia para Europa y marcó la cumbre de la semana pasada.

Lo que está en juego en torno a la guerra es, en último término, el equilibrio de poder global. Bruselas y los Estados miembros han entendido la naturaleza de la amenaza que representa el autoritarismo revisionista para sus intereses y valores. También Pekín es consciente del dilema, pero no puede romper con Rusia al carecer de otro socio estratégico equiparable. De este modo, la irresponsabilidad de Putin no sólo transformará la manera en que la UE y China ven el mundo exterior; afectará igualmente al futuro de sus relaciones bilaterales.

INTERREGNUM: China y la relación transatlántica en 2022. Fernando Delage

Las tensiones entre Estados Unidos y China no desaparecerán en 2022. Si en algo coinciden demócratas y republicanos, aún más en un año de elecciones parciales al Congreso, es en que sólo cabe mantener una posición de firmeza frente a la República Popular. En Pekín, el presidente Xi Jinping se prepara para consolidar su poder en el Congreso del Partido Comunista en otoño, con el apoyo del resto de dirigentes y de la sociedad china a su política nacionalista. La dinámica interna en ambos casos complica la posibilidad de un entendimiento, pero también permitirá prevenir un choque mayor. La rivalidad entre las dos potencias seguirá influyendo por otra parte en la estrategia china de la Unión Europea: si en 2021 se ha dado un giro cualitativo a este respecto, en los próximos meses podría perfilarse un enfoque más elaborado, incluyendo una más estrecha coordinación con Washington.

Aunque la administración Biden aún no ha hecho pública su estrategia hacia China, algunos de sus elementos han comenzado a tomar cuerpo, y entre ellos destaca la prioridad otorgada a las cuestiones económicas. Lo que coincide, como es lógico, con la necesidad de convencer a sus socios y aliados en la región de que cuenta con un plan económico en su política hacia el Indo-Pacífico. Ante los obstáculos internos que le impiden sumarse a un acuerdo de libre comercio como el CPTPP, la Casa Blanca tendrá que demostrar el nuevo año su compromiso con el que ha denominado “Indo-Pacific economic framework” (IPEF), un instrumento a través del cual quiere hacer hincapié en asuntos como la gobernanza digital, el fortalecimiento de las cadenas de valor o las energías limpias. Los planes norteamericanos no pueden hacerse esperar, sobre todo si China presiona en su objetivo de incorporarse al CPTPP.

El IPEF no puede separarse por lo demás del recientemente establecido Consejo Estados Unidos-Unión Europea en Comercio y Tecnología, una iniciativa orientada a reforzar la coordinación entre Washington y Bruselas, e ilustración de los cambios producidos en la política china de la UE a lo largo de los dos últimos años. Pese a la tardía respuesta comunitaria a los movimientos del gigante asiático, Bruselas ha ido adoptando medidas concretas en coherencia con la definición que hizo de la República Popular en 2019: un socio con el que cooperar sobre los asuntos globales, un competidor económico, y un rival sistémico.

El instrumento anti-coerción puesto anunciado hace unas semanas es otro ejemplo del endurecimiento de la posición europea, aunque mayor relevancia puede tener a largo plazo el plan de desarrollo de infraestructuras. En septiembre de 2018, la Comisión publicó su estrategia de interconectividad Europa-Asia, una respuesta a la Ruta de la Seda china que se marcaba ambiciosos objetivos pero carecía de aportación presupuestaria. De ahí la especial relevancia de la nueva estrategia “Global Gateway”, una propuesta global de inversiones en infraestructuras de calidad que movilizará un total de 340.000 millones de euros entre 2021 y 2027.

El trabajo no ha terminado, pero la presidencia francesa de la UE y el nuevo gobierno alemán avanzarán durante 2022 en la formulación de una posición más sistemática al reto que representa China, en el marco a su vez de una actualizada estrategia hacia Asia, cuyos principios también se dieron a conocer el pasado año. La opción por los instrumentos geoecónomicos no debe ocultar las implicaciones geopolíticas del esfuerzo, que pone en valor los principales recursos con que cuenta la UE, al tiempo que facilita la reanudación de la coordinación transatlántica.

 

China desafía a occidente: guerra de sanciones. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Unión Europea anunciaba sanciones el lunes pasado a 4 funcionarios chinos encargados de las operaciones de los “centros de reeducación” en Xinjiang. Estas sanciones vienen a complementar las impuestas por Washington en julio de 2020 a otros 4 funcionarios chinos claves, como el jefe regional del PC Chen Quanguo, quien es visto como el artífice de las políticas de Beijing contra las minorías musulmanas y que anteriormente estuvo a cargo de las acciones impuestas en el Tibet; el director de la oficina de seguridad de Xinjiang, un ex funcionario de seguridad, y una destacada figura del partido en Xinjiang. Estratégicamente los europeos sancionaban otras personalidades y no las que ya habían sido sancionadas por los Estados Unidos con la intención de neutralizar más piezas claves del PC chino.

Reino Unido se sumaba a las sanciones de la UE, y Beijing respondía con sanciones a sanciones a 7 parlamentarios y 2 académicos. “Es nuestro deber denunciar el abuso de los derechos humanos por parte del gobierno chino en Hong Kong y el genocidio de los uigures”, dijo Ducan Smith, académico y sancionado, quien afirmaba que “aquellos de nosotros que vivimos días libres bajo el imperio de la ley debemos hablar por aquellos que no tiene voz”.

Canadá también se sumaba a la acción coordinada de sancionar miembros del PC chino. Por lo que la respuesta de Beijing no se hizo esperar sancionando a 2 miembros de la comisión internacional de libertad religiosa (USCIRF) estadounidenses y a 9 parlamentarios canadienses. A lo que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau aprovechó la oportunidad para manifestar: “Las sanciones chinas son un ataque a la transparencia y a la libertad de expresión y valores en el corazón de nuestra democracia. Apoyamos a los parlamentarios y nos manifestamos en contra de estas acciones inaceptables y continuaremos defendiendo los derechos humanos en todo el mundo con nuestros socios internacionales”.

China y Canadá llevan un par de años de fuerte tensiones desde que la policía canadiense prohibieran a la ejecutiva de Huawai, Meng Wanzhou, salir del país por solicitud de la Administración Trump, basándose en una orden de un tribunal de New York que emitió una mandato de arresto para Meng para que fuera juzgada en los Estados Unidos por violación a sanciones estadounidense en contra de irán y conspiración para robar secretos comerciales”.

Australia y Nueva Zelandia no han impuesto sanciones, pero sí han manifestado su apoya a las que otros países han puesto. Aunque Australia ha expuesto abiertamente que consideran que China debe responsabilizarse por el daño causado por la pandemia, lo que ha generado fricciones importantes entre ambos. En efecto, el Ministro de Comercio australiano amenazaba con llevar a China ante la OMC a finales de la semana por su decisión injustificable de aumentar los aranceles en las importaciones de vino australiana entre el 116.2% al 218.4% por cinco años, como otro de sus mecanismos de retaliación.

El secretario de Estado de EEUU publicaba una declaración el sábado por la noche sobre la respuesta de China: “Los intentos de Beijing de silenciar a quienes se pronuncian por los derechos humanos y las libertades fundamentales solo contribuyen al creciente escrutinio internacional del genocidio y los crímenes de lesa humanidad en curso en Xijiang. Nos solidarizamos con Canadá, el Reino Unido, La UE y otros socios y aliados del mundo para pedir a la República Popular China que ponga fin a las violaciones de derechos humanos y los abusos en contra de los uigures, así como hacia otras minorías étnicas y religiosas de Xinjiang y la liberación de los detenidos arbitrariamente…” 

La Administración Biden, con poco más de dos meses en el poder, no ha perdido tiempo en restablecer relaciones con los aliados tradicionales y consolidar acercamientos que en los últimos años habían sufrido un enfriamiento considerable. El tono de la Casa Blanca es mucho más reconciliador hacia sus aliados y las acciones del Departamento de Estado de Blinken parecen estar articulando un sólido frente internacional que, en primer lugar, alerte sobre el peligro de China y segundo lugar, parecen intentar poner fin a las prácticas e irregularidades chinas en el mundo.

Beijing por su parte se ha dedicado a responder como otra potencia fuerte que no está dispuesta a dejarse amedrentar,  por lo que se acerca a Rusia e Irán para levantar su propio frente de oposición mientras ha pasado la semana respondiendo con sanciones y tarifas para castigar a quienes los juzgan por lo que están haciéndole a los Uigures, que cada día el mundo ve más claro que es la erradicación de esa etnia a través de la eliminación de sus costumbres, religión, idioma, cultura y hasta nacimientos.

THE ASIAN DOOR: 7 claves sobre el Acuerdo Integral de Inversión UE-China. Águeda Parra

SIETE AÑOS DE NEGOCIACIONES. Ha sido un largo trayecto hasta completar el Acuerdo Integral de Inversión entre la Unión Europea y China. Las negociaciones han durado siete años hasta llegar a la firma el pasado 30 de diciembre de 2020, a pocos días de finalizar el año y antes de que se acabara la presidencia rotatoria semestral de Alemania en el Consejo de la Unión Europea. Entrará en vigor en 2022.

ACCESO AL MERCADO CHINO, DEMANDA REITERADA INCORPORADA. El acuerdo recoge varios aspectos que han sido una demanda constante entre las empresas europeas que operan en el país. Entre los más destacados, el acuerdo recoge un mayor acceso al mercado chino y la eliminación o reducción del requisito de tener que crear una empresa conjunta con un partner local para operar en el país. Asimismo, el acuerdo también contempla que las empresas europeas recibirán el mismo trato que las chinas, además de avanzar en una mayor transparencia regulatoria. A todo ello, hay que sumar un tema que ha sido central en las negociaciones: se elimina la transferencia de tecnología en determinados sectores.

RECIPROCIDAD: CABALLO DE BATALLA ENTER LA UE-CHINA. Uno de los principales reclamos de la UE a China ha sido el importante desequilibrio existente en el nivel de apertura entre el mercado chino y el europeo, sobre todo cuando Europa es uno de los mercados más abiertos a la inversión, de aquí que la desproporción fuera evidente.

La falta de reciprocidad siempre ha sido el caballo de batalla entre la UE y China ya que China ha mantenido viva una lista de sectores económicos restringidos a la inversión extranjera que se han ido reduciendo con el tiempo. Ahora, con este acuerdo, se avanza en mejorar la tantas veces reclamada reciprocidad.

MANUFACTURA Y SECTOR SERVICIOS, LAS GRANDES ESTRELLAS. El sector manufacturero es uno de los grandes baluartes de China, y de hecho más de la mitad de la inversión de la UE se realiza en este sector. El gran avance que se produce con este acuerdo es que, por primera vez, China dará acceso a este mercado a un socio. En este sector está incluida la industria automotriz, tanto de automóviles tradicionales como los de nuevas energías, además de la producción de equipos de transporte y sanitarios, entre los más destacados.

El sector servicios también forma parte del acuerdo. En este ámbito se incluye el floreciente ámbito de los servicios financieros, las renovables, una mayor apertura en los servicios en la nube, la sanidad privada y el transporte aéreo, entre otros.

ACUERDO DE LIBRE COMERCIO. De entre los acuerdos que China tiene con otros países, el Acuerdo Integral de Inversión con la UE, conocido en inglés como Comprehensive Agreement on Investment (CIA), es el más ambicioso que ha firmado el gigante asiático con otro socio y resulta de gran importancia económica para la UE. El objetivo principal es reequilibrar la relación comercial y de inversiones existente, pero también se podría considerar como la antesala de un futuro acuerdo de libre comercio entre ambos mercados.

INFLUENCIA Y ASERTIVIDAD EN ASIA. Uno de los aspectos más importantes del acuerdo es que se elimina el requisito de necesitar crear una joint-venture, un gran avance para la inversión europea que lleva años operando en China. Contar con un acuerdo como el recientemente firmado, supone para la Unión Europea dar un salto cuantitativo y cualitativo en las relaciones bilaterales con China, un paso más en consolidar su influencia en la región y su asertividad en Asia.

GOLPE DE EFECTO. A nivel geopolítico, el acuerdo de inversión entre la UE y China, así como el anteriormente firmado por China con otros 14 países de la región de Asia-Pacífico con el que se ha creado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido en inglés como RCEP, ofrecen a China un entorno de estabilidad y un escenario muy propicio para recuperase de la pandemia. El golpe de efecto se produce por el avance realizado por China sin necesidad de esperar a ver cuáles serán las medidas que tome la nueva administración Biden después del deterioro que han sufrido las relaciones con Estados Unidos tras más de 2 años de guerra comercial.

INTERREGNUM: Bruselas y Pekín reciben a Biden. Fernando Delage

Después de siete largos años de negociación, 2020 concluyó con la firma del acuerdo de inversiones entre la Unión Europea y China (CAI en sus siglas en inglés); un pacto que confirma la voluntad de ambos actores de profundizar en su relación mejorando el acceso a sus respectivas economías. La industria europea podrá operar con mayor facilidad en el mercado chino, al tiempo que podrá contribuir a los esfuerzos de la República Popular dirigidos a reestructurar su modelo de crecimiento a través de la digitalización y la sostenibilidad medioambiental. Se trata, no obstante, de un acuerdo controvertido por la ausencia de mecanismos de verificación y la exclusión de algunos sectores, así como por sus implicaciones geopolíticas.

El acuerdo supone un primer obstáculo a la nueva etapa que se espera poner en marcha en las relaciones transatlánticas a partir de la toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos. No ha sido sólo la administración Trump la que ha criticado a Bruselas: distintos miembros del equipo de Biden, en efecto, se han quejado asimismo de la falta de coordinación de ambos socios con respecto a China (aunque tampoco Washington consultó con los europeos su política hacia Pekín). No puede sino concluirse que, en lo que afecta a la relación con la República Popular, los intereses europeos no son siempre coincidentes con los norteamericanos, al tiempo que Pekín ha logrado una nueva victoria diplomática.

Cuando los negociadores europeos y chinos comenzaron la discusión sobre el acuerdo de inversiones—una vez que se descartó la posibilidad del acuerdo de libre comercio preferido por Pekín—, este último consideró el pacto con Bruselas como un instrumento de contrapeso del Acuerdo Trans-Pacífico (TPP) que impulsó la administración Obama para evitar una mayor dependencia de las naciones asiáticas de la economía china. El abandono del TPP por Trump nada más llegar a la Casa Blanca no redujo sin embargo la relevancia de la Unión Europea para la República Popular: por el contrario, la guerra comercial y tecnológica con Washington no ha hecho sino reforzar su interés. Que el gobierno chino decidiera acelerar las negociaciones desde el pasado verano, y admitir unas concesiones que anteriormente había rechazado (aunque en realidad formaban parte de sus obligaciones tras adherirse a la OMC), da una idea de sus prioridades diplomáticas. Una relación más estrecha con la UE servirá para prevenir la formación por Estados Unidos de un bloque con sus aliados contra las prácticas comerciales chinas. Desde esta perspectiva debe recordarse, por otra parte, que Pekín acaba de firmar la Asociación Económica Regional Integral (RCEP) con 14 países asiáticos, y retomado la negociación de un acuerdo trilateral de libre comercio con Japón y Corea del Sur.

Pero si es evidente la motivación china a favor de una suma de instrumentos que consolidan su posición en la economía global—y minimizan la influencia de Estados Unidos—, más confusa resulta la decisión europea de cerrar la firma del acuerdo pese a la presión norteamericana y contra el escepticismo de distintos Estados miembros, Francia entre ellos. En último término se impuso la determinación de Angela Merkel de concluir el pacto antes de que terminase la presidencia alemana de la Unión. Aunque Merkel habría logrado el visto bueno de Macron tras obtenerse ciertas ventajas para Airbus y dejar en manos de París la firma del tratado final durante la presidencia francesa en el primer semestre de 2022 (el acuerdo está aún sujeto a su ratificación parlamentaria), parece obvio que la política china de la UE responde a la percepción de las cosas mantenida por Berlín; es decir, a una posición en la que predominan los intereses económicos sobre los geopolíticos (aun a costa de la incomprensión y frustración de Washington).

El debate queda abierto para los próximos meses. Con todo, no debe perderse de vista que el acuerdo con Pekín representa un nuevo escalón en la construcción de una estrategia asiática por parte de la UE. El CAI se suma a los acuerdos de libre comercio ya concluidos con Japón, Corea del Sur, Singapur y Vietnam, o bajo negociación (con Indonesia y Tailandia); y a la declaración—el mes pasado—de la ASEAN como socio estratégico de la Unión. Bruselas (en realidad Berlín-París) ha lanzado el mensaje de que su proyección hacia Asia no puede ser rehén de la rivalidad Estados Unidos-China. Sus socios en la región, que comparten ese mismo objetivo, han encontrado una buena alternativa en el Viejo Continente. India es quizá la principal excepción: justamente cuando comenzaba a valorar en mayor grado el potencial de una mayor aproximación a la UE, ha recibido con notable incredulidad la noticia del pacto europeo con Pekín.

Primeros roces Biden-UE

La UE está a punto de cerrar el gran acuerdo sobre inversiones con China acordado en la cumbre europea de abril. Se trata de un proyecto de convenio que pretende establecer un protocolo de garantías jurídicas a cada parte en el territorio de la otra parte, Alemania es el principal gran impulsor de este acuerdo y quiere cerrar con él la presidencia alemana de la UE antes del 1 de enero, aunque probablemente es imposible a estas alturas. Se aprobará pero probablemente no antes del 1 de enero.

Pero este proyecto ha provocado los primeros roces entre el equipo del presidente electo de Estados Unidos, Joseph Biden, y Bruselas. Y no se trata tanto del contenido del acuerdo, que en todo caso se analizará cuando esté aprobado, dicen desde EEUU, sino de que la aceleración de las negociaciones no ha sido ni comunicada ni coordinada con EEUU, ni siquiera con el equio de Biden.  Trump ya no es una coartada.

Las tensas relaciones entre Whashington y Bruselas de los últimos cuatro años no han estado motivadas solamente por el proteccionismo y la unilateralidad de Trump sino también por el crecimiento de los prejuicios anti EEUU de Europa y que, bajo la coartada de ganar autonomía política sin asumir más protagonismo ni en Defensa ni en una política exterior sólida, han debilitado la posición occidental en varios frentes y cedido espacio político a Moscú y a Pekín.

Detrás de la política exterior de un país o una alianza están siempre, obviamente, intereses nacionales esenciales y permanentes, y Estados Unidos tiene los suyos, independientemente de quién sea el presidente, que no puede cambiarlos sino gestionarlos a su manera. Los países de la UE tienen los suyos, claro y además de coordinarse entre sí, como el mundo es complejo, no puede jugar a la equidistancia entre EEUU y las otras potencias porque la Europa actual comparte muchos más intereses con EEUU país a cuya fuerza militar debe su existencia y la solidez de sus instituciones. Mejorar y fortalecer las relaciones trasatlánticas pasa por analizar y sopesar sus intereses y abandonar el discurso infantil de las caricaturas de Trump para avalar inacciones y una falta de energía notable para asumir retos y riesgos.

El alcance acelerado de la India a Europa. Niranjan Marjani

La 15ª Cumbre UE-India se celebró virtualmente en julio de este año. Después de esta cumbre hubo una serie de compromisos entre India y países europeos en diferentes niveles. El primer ministro Narendra Modi celebró cumbres virtuales con los líderes de Dinamarca, Italia y Luxemburgo entre septiembre y noviembre, mientras que el secretario de Relaciones Exteriores, Harsh Vardhan Shringla, visitó Francia, Alemania y el Reino Unido entre la última semana de octubre y la primera de noviembre.

La crisis del COVID-19 y los desafíos emergentes de seguridad y geopolíticos ofrecen una oportunidad a la India para redefinir sus relaciones con Europa. La región del Indo-Pacífico, las cadenas de suministro y el mecanismo antiterrorista son tres áreas que tienen el potencial de definir las relaciones entre India y Europa en el futuro.

La región del Indo-Pacífico

La región del Indo-Pacífico se ha convertido en el área con el máximo potencial de cooperación entre la India y los países europeos. Francia, Alemania y los Países Bajos se han mostrado inclinados a participar en la geopolítica del Indo-Pacífico.

En los últimos tiempos, el Indo-Pacífico ha agregado una nueva dimensión a las relaciones India-Francia que se están fortaleciendo en el área estratégica. De manera similar, mientras se encontraba en Alemania, el Secretario de Relaciones Exteriores Shringla acogió con satisfacción la política de Alemania hacia el Indo-Pacífico y afirmó que es un área de interés común entre ambos países. En septiembre se celebró virtualmente el Primer Diálogo India-Francia-Australia. Este diálogo se centró en la región del Indo-Pacífico. Alemania, por su parte, también planea enviar patrulleras en el Océano Índico junto con la Armada Australiana.

A medida que la política global está experimentando un cambio estratégico hacia la región del Indo-Pacífico, hay cada vez más oportunidades para que las potencias europeas jueguen un papel importante en la región del Indo-Pacífico. Las relaciones con la India deberían permitir a los países europeos participar en una cooperación significativa en la región del Indo-Pacífico.

Cadenas de suministro

La interrupción de las cadenas de suministro ha sido uno de los efectos más graves de la crisis del COVID-19. Dado que empresas de todo el mundo han establecido un gran número de cadenas de suministro en China, la pérdida económica ha sido enorme. El primer ministro Narendra Modi ha hecho hincapié en la diversificación de las cadenas de suministro, lo que reduciría el impacto negativo de cualquier crisis. India, junto con Estados Unidos, Japón y Australia, ha estado trabajando en esta área. La cuestión de la diversificación de las cadenas de suministro se debatió de forma destacada en las cumbres virtuales bilaterales India-Dinamarca e India-Italia.

La UE es el mayor socio comercial de la India y el 11,1% del comercio de la India en 2019 fue con la UE. El comercio de India con la UE es más que el comercio de India con los Estados Unidos y China. Recientemente, la India decidió no unirse a la Asociación Económica Integral Regional, que se considera el pacto comercial más grande del mundo. La India se negó a unirse porque las disposiciones de este acuerdo van en contra de los intereses económicos de la India. En cambio, India ha decidido centrarse más en la UE y los Estados Unidos. India está considerando celebrar un acuerdo comercial preferencial con la UE y luego avanzar hacia un acuerdo de libre comercio.

Mecanismo antiterrorista

Los recientes ataques terroristas en Francia y Austria proporcionan otra área de cooperación entre la India y los países europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha expresado su postura contra el terrorismo y el separatismo basado en la religión. Desde la llegada de ISIS, Europa ha sido testigo de una gran cantidad de ataques terroristas. Especialmente Francia ha estado en el extremo receptor del terrorismo islámico durante este período.

India también ha sido víctima del terrorismo islámico durante décadas. Sin embargo, es importante señalar que la naturaleza del terrorismo que enfrentan India y Europa puede parecer diferente. El terrorismo en Europa lo llevan a cabo principalmente inmigrantes de países musulmanes. El terrorismo en la India está patrocinado principalmente por Pakistán.

Pero la amenaza del terrorismo podría considerarse desde dos puntos de vista. Primero está el terrorismo organizado que es llevado a cabo directamente por miembros de organizaciones terroristas o por países que apoyan el terrorismo. En segundo lugar está el terrorismo que es el resultado de la radicalización. Ha habido muchos ataques terroristas en Europa que fueron llevados a cabo por personas motivadas por ideología extremista. Estos atacantes no eran necesariamente miembros de ningún grupo terrorista, sino que fueron radicalizados a través de enseñanzas religiosas.

Hoy la radicalización religiosa es una amenaza tanto como el terrorismo organizado. India y Europa deben cooperar en ambas áreas. El desarrollo de mecanismos para el intercambio de inteligencia sería un buen comienzo. Al ser también democracias liberales, la India y los países europeos podrían realizar esfuerzos concertados para contrarrestar las ideas radicales y promover la libertad y la seguridad.

La recuperación económica y abordar los desafíos geopolíticos y de seguridad en el período posterior al COVID-19 requeriría un esfuerzo colectivo de países de todo el mundo. India y los países europeos tienen una base de relaciones sólidas y diversificadas desde donde podrían incursionar en nuevas áreas de cooperación.

(Niranjan Marjani es analista político e investigador de Vadodara, India. Síguelo en Twitter: @NiranjanMarjani)

INTERREGNUM: Bruselas mueve nueva ficha. Fernando Delage

Tal como se propusieron sus nuevos dirigentes, la Unión Europea busca su espacio en el terreno geopolítico, lo que en la práctica supone ante todo situarse frente a la competición estratégica entre Estados Unidos y China. Con solo unos días de diferencia han tenido una doble ocasión para hacerlo, al celebrarse el Diálogo Estratégico anual UE-China (el 10 de junio), y el encuentro del Alto Representante y los ministros de Asuntos Exteriores de los 27con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo (el pasado lunes). Aunque Alemania ha decidido posponer la esperada reunión extraordinaria de los jefes de Estado y Gobierno de la Unión con el presidente chino, prevista para septiembre en Leipzig, en una semana se celebrará también la cumbre regular UE-China, la primera de la Comisión von der Leyen, con el primer ministro Li Keqiang.

Con antelación a estos encuentros, el Alto Representante, Josep Borrell, ha señalado de manera rotunda que Bruselas no se sumará a Washington en una política de confrontación con China, minimizando asimismo la retórica de rivalidad con Pekín que parecía desprenderse de las líneas estratégicas de la Comisión del pasado año. “Como europeos, indicó, tenemos que seguir nuestro propio camino, con todos los desafíos que ello supone”.

Con frecuencia importan más los hechos que las palabras, mientras que los movimientos hacia los países intermedios también pueden dar más resultados que los avances con las grandes potencias. Así ocurre por ejemplo con la estrategia de acuerdos de libre comercio que Bruselas lleva desplegando desde hace unos años. Primero fueron las democracias del noreste asiático, Corea del Sur y Japón, con los que se acordó simultáneamente una asociación de carácter estratégico. Posteriormente se ha ido abriendo brecha en el sureste asiático: tras el acuerdo con Singapur (en vigor desde noviembre del año pasado), Vietnam ha sido objeto del segundo. El 8 de junio, la Asamblea Nacional de Vietnam aprobó, en efecto, el Acuerdo de Libre Comercio Vietnam-Unión Europea. Con el visto bueno del Parlamento Europeo, obtenido el pasado mes de febrero, y del Consejo de Ministros, un mes más tarde, por parte de la UE, tras superarse las últimas formalidades el pacto entrará en vigor en dos o tres meses.

Según el Banco Mundial, Vietnam será la economía asiática que registrará un mayor crecimiento este año. El acuerdo podrá traducirse en un aumento del 2,4% de su PIB, y de un 12% de sus exportaciones en la próxima década. La ratificación del pacto por parte de Hanoi es un claro reflejo de su opción por la liberalización comercial, y coherente con su participación en el CPTTP (el antiguo TPP sin Estados Unidos). Para la UE, supone un nuevo salto adelante en su vinculación con esta subregión asiática y con la ASEAN, y facilita el acceso de las empresas europeas a uno de los grandes bloques económicos del planeta, del que Bruselas es el tercer mayor socio.

El entendimiento entre Bruselas y Vietnam es, desde esta perspectiva, otro ejemplo de la transformación de la dinámica regional. Mientras la administración Trump ha amenazado a Hanoi con la imposición de tarifas (el presidente norteamericano dijo el año pasado que Vietnam era aún peor que China por su política comercial), el gobierno vietnamita ha querido impulsar el pacto con la UE. Por su parte, esta última avanza en la construcción de una presencia que, aunque aparentemente económica y comercial, se traducirá en una creciente influencia política. De manera indirecta implica también el apoyo de Bruselas al CPTPP, una circunstancia que podría facilitar que, de producirse un cambio de presidente en la Casa Blanca, Washington reconsidere su abandono de este instrumento decisivo frente a una China en ascenso.

La crisis del coronavirus y su impacto (II: La UE). Isabel Gacho Carmona

Unos manteniéndose en sus dogmas de ortodoxia fiscal, otros reclamando unos coronabonos que mutualicen la deuda. Mientras tanto, mucha negociación y cruce de reproches. Algunos clásicos, como el norte, que acusa al sur de mala gestión fiscal. Otros más novedosos, como Costa sugiriendo que a lo mejor es La Haya quien debe quedarse fuera. O Conte poniendo en la mesa que el ‘dumping’ fiscal sustrae miles de millones a los socios de la UE. -Por cierto, los países de la UE con los mayores casos de Covid-19 han sido los mayores perdedores históricos del impuesto de sociedades de Países Bajos-.

Pese a este escenario, Ignacio Molina, investigador senior del Real Instituto Elcano muestra “cierto optimismo sobre la resiliencia de la UE”, que aplica también a esta nueva crisis. Se va 15 años atrás para ver como hemos superado graves problemas. “Al final, la acumulación de crisis nos puede hacer ver, no tanto que estamos es un estado de barrena y que la policrisis es el estado natural de la Unión, sino que hemos sido capaces de superar desafíos enormes.

Mirando desde la Constitución que no fue a la crisis de refugiados o al Brexit, la conclusión a la que llega es que “la UE sobrevive a todas las crisis buscando compromisos”. ¿La Constitución no logró la aprobación de Francia y Países Bajos? Se crea el Tratado de Lisboa. ¿La crisis del euro tensiona las expectativas políticas y la situación económica del norte y del sur? Se llegan a consensos como la política del BCE, el MEDE o reformas a la gobernanza.

En el caso de la gestión de la Covid-19, Molina achaca la descoordinación inicial a que “la propia naturaleza de la Unión no es especialmente ejecutiva”. Muchos órganos son supranacionales y funcionan sobre el consenso, lo que dificulta la rapidez de las respuestas. Pero, además, las primeras medidas que había que tomar (sanitarias, de movilidad…) son áreas en las que la Unión no tiene competencias.

Ahora bien, esta crisis puede tener consecuencias más letales que las otras porque afecta a todo a la vez: Schengen, el Euro y al pilar fundamental, el sentimiento de comunidad. En este último sentido nos enfrentemos al “gran problema político de la Unión: somos una comunidad, pero 27 espacios distintos de rendición de cuentas”. Sin consensos, corremos el riego de que crezca la imagen de la UE como mal menor, o, en palabras de Charles Powell, “la europeización del fracaso y nacionalización del éxito”.