China, las protestas cubanas y la demora de Biden. Nieves C. Pérez Rodríguez

Cuba parece haber despertado de un largo silencio al que ha sido sometido por el régimen castrista desde hace más de 6 décadas. Las protestas que de manera espontanea florecieron en 40 ciudades y poblados de la isla desconcertaron al mundo y claramente sorprendieron al régimen, precisamente por su carácter improvisado.

Cuba ha venido experimentando un progresivo deterioro económico como parte de una mala gestión de décadas que durante los primeros años de siglo XXI se vio aminorada debido a las generosas ayudas enviadas desde Venezuela con dinero petrolero. Chávez fue la chequera que llenó de liquidez a la isla en otro de sus duros momentos. Gracias a las generosas cifras, los programas de intercambios de ayudas, la exportación de combustible y de alimentos, entre muchas, la economía isleña pudo vivir una bonanza irreal que permitió por unos años a los ciudadanos a tener un poco de holgura.

Pero como todo lo fácil se acaba, la mala administración de los recursos petroleros de manos de Chávez acabó por ocasionar la caída de Venezuela en la mayor crisis de su historia, así como la mayor crisis migratoria que ha experimentado la región y por lo tanto para el régimen cubano el cierre de esos recursos fáciles que lo ayudaron a mantenerse a flote desde que perdieron las ayudas soviéticas.

La Administración Trump por su parte también impuso sanciones que habían sido relajadas o incluso eliminadas por la Administración Obama, quien equivocadamente intentó una estrategia de normalización de relaciones que claramente no hizo más que dar aire al régimen castrista. Trump quiso demostrar el error de la Administración previa y restableció muchas de las sanciones y al final de su legislatura impuso sanciones que acabó por afectar el envío de remesas desde los Estados Unidos a Cuba, lo que ocasionó que se agudizara la crisis de liquidez entre el ciudadano de a pie. De acuerdo con la Havana Consulting group, agencia que le hace el rastreo a las remesas cubanas, las remesas son la segunda fuente de ingreso de la isla y representan unos 3.700 millones de dólares al año.

A esa ya existente situación se le suma el Covid-19 que, a pesar de las estrictas medidas de control del régimen cubano, no ha podido controlarse como ha sucedido en casi todos los países del mundo. El aumento estrepitoso de casos, la falta de electricidad en los hospitales, de recursos y productos para mantener una higiene adecuada como jabones, detergentes, desinfectantes y un sistema sanitario, que a pesar de que siempre hicieron alarde de él mismo, no ha podido con la situación, han profundizado la crisis.

Un informe del 1 de febrero del 2021 del Instituto para la Guerra y la Paz señalaba el mal manejo de la pandemia en Cuba y la desinformación que rodeaba el virus. “El régimen promovió la homeopatía como protección ante el Covid-19 mientras promovían cifras falsas de víctimas fatales”. Todo esto propició las manifestaciones.

Como twitteó el reguetonero cubano Yamil “teníamos tanta hambre que nos comimos el miedo”, explicando que motivó la salida a la calle de la gente en un sistema tan controlado y reprimido como el cubano.

En medio de esta situación y ante el silencio de la Administración Trump en las primeras horas de las protestas, los aliados de la Habana se empezaban a manifestar.  Moscú aprovechó para decirle a Estados Unidos que ellos siguen firmes en su compromiso con la isla como en la época soviética. Así como Irán condenaba las sanciones americanas a Cuba, al igual que lo hacía Maduro desde Caracas mientras expresaba su ya conocido apoyo total al régimen cubano.

Por su parte, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Zhao Lijian, culpaba a USA del problema eléctrico y la falta de medicinas en Cuba por el embargo económico, además de afirmar que “China se opone firmemente a la injerencia extranjera en los asuntos internos de Cuba, apoya firmemente lo que Cuba ha hecho en la lucha contra el Covid-19, y apoya firmemente a Cuba en la exploración de un camino de desarrollo adecuado a sus condiciones nacionales”.

La Administración Biden tardó mucho en comentar la situación de protestas sin precedentes. Lo que ha sido un grave error político tanto doméstico como internacional. A nivel internacional se muestra débil de liderazgo, a pesar del compromiso moral que tiene Washington con Cuba. Además, el tiempo que tardaron le sirvió al régimen castrista para apresar ciudadanos, reprimir manifestantes, confiscar móviles para intentar conseguir videos de los protestantes e identificarlos. El bloqueo de internet ha sido parte de la estrategia castrista para prevenir que se informen dentro de la isla y que envíen reportes afuera de lo que está sucediendo.

La valentía de los ciudadanos que como bien describió el músico cubano los llevó a sobreponerse al miedo a un régimen que tiene controlado cada aspecto de sus vidas, que hace uso de todo tipo de inteligencia para saber cómo siente y piensa cada individuo. Y que no tiene ningún recato en neutralizar a aquellos que disienten, aunque sea porque no pueden tener aspiraciones ni sueños.

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