INTERREGNUM: Cumbre en Washington. Fernando Delage

La primera reunión presencial de los líderes del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD) en Washington el pasado viernes, sólo una semana después de anunciarse el pacto de defensa entre Estados Unidos, Reino Unido y Australia (AUKUS), fue una nueva prueba de la urgencia con la que la Casa Blanca y sus principales socios asiáticos tratan de evitar que China altere el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico. En contra de los cálculos de Pekín, el QUAD ha llegado para quedarse, abriendo una nueva fase en el esfuerzo colectivo dirigido a contrarrestar su creciente poder, de manera particular en la esfera naval.

Buena parte de los especialistas chinos continúan subrayando las contradicciones y debilidades del grupo, como recogía por ejemplo el oficialista Global Times: “la apresurada salida de Estados Unidos de Afganistán causó un enorme daño a India; Australia rechaza comprometerse sobre la minería del carbón para hacer frente al cambio climático; Japón se enfrenta a una situación de desorden político interno, a la vez que provoca erróneamente a China al pronunciarse sobre la cuestión de Taiwán”. Y, sí, estos analistas perciben la hostilidad en aumento hacia China, pero nunca mencionan que son las acciones de Pekín durante los últimos años las que han provocado esa reacción.

Son también sus movimientos los que explican que tanto la cumbre del QUAD como AUKUS hayan sido recibidos positivamente entre los aliados y socios de Estados Unidos en Asia (al contrario de lo ocurrido en el Viejo Continente). Esa satisfacción general no oculta, sin embargo, que, para no pocas de estas naciones, se agrava el dilema de tener que elegir entre Washington o Pekín. A la ASEAN le inquieta en particular que el QUAD pueda quitarle el protagonismo que ha tenido tradicionalmente en la arquitectura de seguridad asiática. En todos los casos se es consciente, por lo demás, de que se avecina una nueva carrera de armamentos en la región.

No sólo Australia va a recibir nuevos submarinos: el pacto implica una profunda integración de la industria de defensa de los países participantes, y su cooperación en nuevas áreas de innovación tecnológica, como la inteligencia artificial o el control del “dominio submarino”, concepto que incluye tanto los cables bajo el mar que canalizan la transmisión de datos por todo el planeta, como la detección de submarinos. La colaboración se extiende a misiles subsónicos como los Tomahawks, cuyos secretos Estados Unidos nunca ha compartido hasta la fecha, e, inevitablemente, a la tecnología nuclear. Aunque Washington se reserve el know-how de las unidades que suministrará a Canberra, y tendrá que ocuparse por tanto también de su mantenimiento—poniendo en cuestión la propia soberanía australiana, como ha señalado el exprimer ministro Kevin Rudd—, la gradual integración de capacidades de defensa que va a producirse puede acabar alterando el statu quo nuclear en Asia.

Otro elemento a valorar es cómo este reajuste geopolítico puede afectar a la relación de las potencias asiáticas con la UE. Los gobiernos de la región habían dado la bienvenida al objetivo europeo de reforzar su presencia en el Indo-Pacífico, ambición que cristalizó en la adopción de su estrategia hacia la zona, presentada sólo horas después de anunciarse AUKUS. Japón cerró un doble acuerdo económico y estratégico con Bruselas, en vigor desde 2019, y ha negociado pactos bilaterales de cooperación en seguridad con distintos Estados miembros. Con India y Australia se negocian sendos acuerdos de libre comercio. Los gobiernos del sureste asiático, donde la UE es el primer inversor exterior, veían en Bruselas un socio que les permitía diluir los efectos de la rivalidad Washington-Pekín.

La Unión tendrá que hacerse a la idea de que la absoluta prioridad de Estados Unidos es hoy China, y entender hasta qué punto Japón, India y Australia la comparten. Pendientes de que la Comisión actualice próximamente su estrategia hacia la República Popular, ha pasado inadvertido el informe adoptado por el Parlamento Europeo el 16 de septiembre, en el que se indica: “China está adquiriendo un papel global más fuerte como potencia económica y como actor de política exterior, lo que plantea graves desafíos políticos, económicos, de seguridad y tecnológicos para la UE,  que a su vez tienen consecuencias significativas y duraderas para el orden mundial, y representan graves amenazas al multilateralismo basado en reglas y a los valores democráticos fundamentales”. No parece sonar muy diferente del lenguaje empleado por Washington y sus aliados en el QUAD (aunque no hayan nombrado al gigante asiático en sus comunicados).

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