Irán-Pakistán, ¿nuevo frente?

Los enfrentamientos entre Irán y Pakistán a lo largo de su frontera han puesto un punto más de alerta en la región situada entre Oriente Medio y la península india y entre Asia Central y el Índico. Y se trata de países oficialmente aliados, que se apoyan en la pretensión pakistaní de conseguir la soberanía sobre la región india de Cachemira y que son ambos socios de China de la que reciben apoyo e inversiones estratégicas. Aunque también hay que señalar que Pakistán, país islámico de mayoría sunní se siente muy cerca de Arabia Saudí, frente a la pretensión de Irán, país islámico de mayoría chií, de ampliar su infuencia regional. De hecho Pakistán, que tiene armas nucleares, ha ofrecido a los saudíes tecnología nuclear para equilibrar los planes de Irán en este campo.

De momento el conflicto es local y se produce en territorio de Baluchistán, una región hoy dividida entre Pakistán, Afganistán e Irán, con aspiraciones hace décadas a constituir una entidad estatal propia y que, como en tantos otros casos, ha sido víctima de los manejos y errores de colonialismo británico en la zona. Irán ha atacado las bases en Pakistán del grupo terrorista suní Jaish al Adl, enemigo de los chiies y partidario de la independencia de la región de Baluchistán y Pakistán ha atacado bases de separatistas baluchis que actúan desde Irán. Este es el laberinto.

Los británicos llegaron a Baluchistán en el siglo XIX y crearon cuatro  principados: Makrán, Jarán, Las Bela y Kalat prometiendo una futura amplia autonomía. Pero a mediados del siglo XX, cuando Gran Bretaña se ve obligada a abandonar India, y la brutal lucha interétnica lleva a la creación de un Estado para los musulmanes indostánicos que sería Pakistán, Londres acepta que el territorio baluchi sea dividido en varios países. Baluchistán, evidentemente, quiso el suyo, pero Pakistán exigió que la región estuviera dentro de sus fronteras y tomó militarmente su parte.

En la situación actual el país más alarmado es China, que está intercediendo para un acuerdo porque sus planes pasan por abrir una vía estable desde su territorio hasta el Índico, tanto por Irán como por Pakistán, y establecer bases militares en sus puertos.

Pero las claves del conflicto tiene muchos lazos emocionales, religiosos y políticos con Oriente Próximo lo que añade un elemento de incertidumbre que no parece controlable por Pekín y los futuros puestos chinos tienen ya un rival adelantado, los hutíes, en sus propósitos de controlar las vías hacia los mercados occidentales. Ese es el endiablado escenario.

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