INTERREGNUM: China, desafío europeo. Fernando Delage

Con la atención puesta en Ucrania, otros desafíos a la posición internacional de Europa parecen haber pasado a un lugar secundario. Algunos de ellos, sin embargo, adquieren una nueva relevancia precisamente por su relación con la guerra en el Viejo Continente. Ese es el caso de China: su apoyo a Rusia convierte a Pekín en un actor inesperado en la seguridad europea, haciendo de su ascenso un reto de naturaleza multidimensional. Además de tratarse de un rival tecnológico e industrial de primer orden, la UE ha tardado en reconocer que compite igualmente con China sobre el futuro del orden internacional. El aumento de sus capacidades económicas, diplomáticas y militares pone en riesgo intereses y valores europeos, pero también afecta a su entorno de seguridad.

La lejanía geográfica y el hecho de que Europa no sea un actor estratégico en Asia impedían percibir China de la misma manera que lo hace Estados Unidos. Pero la República Popular se acerca más que nunca a Europa a través de sus planes dirigidos a reconfigurar Eurasia. Su solidaridad con Moscú, sus operaciones de influencia y la promoción del autoritarismo en el mundo emergente subrayan la definición de China como “rival sistémico” hecha por la UE en 2019, y reiterada más recientemente por la brújula estratégica de la Unión.

La guerra de Ucrania ha obligado a Estados Unidos a reajustar su estrategia china, como hizo el secretario de Estado, Antony Blinken, el 26 de mayo, y reiteró la semana pasada el secretario de Defensa, Lloyd Austin, en su intervención en el foro de Shangri-la. También la OTAN, en su próxima cumbre de Madrid, incorporará el desafío chino a su nuevo concepto estratégico. La Unión Europea ha dado forma por su parte a nuevos instrumentos orientados igualmente a responder a los movimientos de Pekín. Pero se echaba en falta una concepción integral y sistemática que, además de identificar las implicaciones para Europa de las ambiciones de Xi Jinping, recogiese las medidas que conviene adoptar en los diversos frentes.

Ese vacío es el que ha intentado cubrir un reciente informe realizado de manera conjunta por tres prestigiosos think tanks: el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, el Instituto Montaigne de París y el Centre for European Reform de Londres. Según el informe (“Rebooting Europe’s China Strategy”), la UE debe perseguir tres objetivos estratégicos fundamentales en sus relaciones exteriores: proteger y promover los pilares de la identidad europea—democracia, Estado de Derecho, multilateralismo y desarrollo sostenible—; fortalecer la relación con los socios y aliados democráticos; y mantener un orden internacional basado en reglas.

De conformidad con esos fines, el informe recomienda actuar simultáneamente en cinco direcciones. En primer lugar, Europa necesita minimizar y gestionar sus vulnerabilidades frente a China. Debe, para ello, protegerse de las operaciones de influencia y de los ciberataques; competir con la influencia económica china, tanto en su territorio como en terceros países; impulsar una estrategia de diversificación que reduzca la dependencia de los suministradores chinos; y supervisar de manera más estricta las inversiones chinas.

Europa necesita, en segundo lugar, maximizar su margen de maniobra con respecto a China sacando un mayor partido a las capacidades con que ya cuenta. Además de recurrir a su poder regulatorio, la UE debería evitar el bloqueo de las decisiones de política exterior por la exigencia de unanimidad; demostrar que su modelo de gobierno democrático y de libre mercado produce mejores resultados que el sistema autoritario chino; y asegurar que propuestas como la Global Gateway se convierta en una alternativa atractiva a la Nueva Ruta de la Seda de Pekín.

En tercer lugar, Europa debe fortalecer asimismo las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales frente a los esfuerzos chinos por reconfigurar su misión. En el terreno multilateral, la UE debe prestar atención asimismo a las acciones de Pekín destinadas a promover la adopción de sus estándares técnicos por parte de las agencias especializadas, como la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

La cooperación con la República Popular, en cuarto lugar, debe estar sujeta a una exigencia de reciprocidad y de respeto de las normas internacionales. Y, finalmente, la UE y los Estados miembros necesitan profundizar en el conocimiento de China y de su presencia en el territorio, en las motivaciones que guían a sus dirigentes y a los vínculos entre las empresas chinas y el Partido Comunista.

Son recomendaciones muy completas, muchas de las cuales la UE ya estaba en realidad siguiendo, pero que sirven sobre todo para evitar el riesgo de que la urgencia de hacer frente al ataque de Putin a la estabilidad europea se traduzca en una menor atención al creciente peso del gigante asiático.

Washington avanza en robustecer la seguridad de Taiwán. Nieves C. Pérez Rodríguez

En el Senado de los Estados Unidos se acaba de presentar un proyecto de ley sobre el fortalecimiento de asistencia y apoyo en materia de seguridad a Taiwán con el propósito de revisar la legislación actual existente en los Estados Unidos hacia Taiwán y ampliar la colaboración que se estableció en 1979 y que se ha mantenido hasta el momento.

El proyecto de ley, promovido por el senador demócrata Bob Menéndez y presentado con Lindsey Graham (senador republicano), se introduce en un momento de gran tensión en las relaciones entre Estados Unidos y China. Tan sólo una semana atrás el ministro de defensa chino Wei Fenghe hizo unas fuertes declaraciones en las que afirmó “China no dudará en comenzar una guerra y aplastar en pedazos a Taiwán”.

En tal sentido, el senador Menéndez afirmó que “este proyecto de ley enviará un mensaje claro a China: China no deberían cometer el mismo error de Rusia al invadir a Ucrania”. La ley en cuestión busca ampliar los esfuerzos estadounidenses para promover la seguridad de Taiwán, garantizar la estabilidad regional, así como intenta disuadir a China de agredir a Taiwán. Para ello contempla un presupuesto de 4.5 mil millones de dólares en asistencia en seguridad en los próximos cuatro años.

La ambiciosa ley buscaría también servir de puente entre Taiwán y organizaciones internacionales en la arquitectura comercial multilateral. Asimismo, define a Taiwán como un importante aliado “no miembro” de la OTAN (de acuerdo con la ley estadounidense, supone la designación de estatus de “aliado principal no-OTAN”) un poderoso estatus que brinda a los socios un beneficio adicional en áreas de comercio de defensa y cooperación en seguridad.

 

En el contexto actual, ese estatus tiene un efecto más enérgico e incluso debería ser disuasorio frente a las pretensiones del PC chino. Y, a su vez, fortalece la imagen de Taiwán con el posible apoyo de instituciones multilaterales tanto económicas como de defensa.

Casi simultáneamente Beijing anunciaba el lanzamiento de su portaaviones más largo, que analistas expertos en la materia consideran que es un rival de los portaaviones más grandes estadounidenses, en dimensiones, y que fue bautizado con el nombre de Fujian que es el nombre de la provincia china que bordea el frente de Taiwán. La provincia de Fujian geográficamente se encuentra justo enfrente del estrecho de Taiwán en el mar de meridional de China, que valga recordar que Beijing ha venido insistiendo en que las aguas de ese estrecho no son aguas internacionales sino chinas, y en efecto los chinos desarrollan constantemente maniobras militares en la zona que se han venido incrementando en frecuencia en los últimos años.

En la presentación del texto, el senador Graham afirmó que el proyecto de ley es la mayor expansión de la relación militar y económica entre ambos países en décadas. Además, dijo, “cuando se trata de Taiwán nuestra respuesta debería ser que estamos a favor de la democracia y en contra de las agresiones comunistas. Vivimos tiempos peligrosos. China está evaluando a Estados Unidos y nuestro compromiso es Taiwán. El peligro solo empeorará si mostramos debilidad frente a las amenazas y las agresiones chinas hacia Taiwán”.

Las palabras pronunciadas por ambos senadores en el momento de la presentación del proyecto de ley tienen una gran validez hoy y deberían ser puestas en práctica por muchas naciones libres, en un momento en que Occidente parece sentir miedo por la soberanía y las posibles agresiones contra los valores democráticos después de la invasión de Ucrania, al igual que el manejo de la pandemia en China desde el mismo comienzo de esta, desde el secretismo inicial hasta los severos confinamientos que hemos visto hasta hace solo días atrás.

Vivimos tiempos peligros y hay que enviar un mensaje contundente a China: Occidente no va a tolerar que Beijing decida acabar con una democracia y hacerse con Taiwán, eso sería mucho más que hacerse con el control de una isla con profundos valores democráticos; eso significaría hacerse con el control de mares internacionales junto con la anulación de la libertad de navegación en los mismos, el control regional y poco a poco la dominación, imposición y normalización de sus valores en el mundo.

 

THE ASIAN DOOR: El Indo-Pacífico y los chips en un mundo en transición. Águeda Parra

El Indo-Pacífico se ha configurado como el centro de la geopolítica mundial, acaparando una mayor atención en el caso de la geopolítica de la tecnología. El comentario del presidente Biden en su primer viaje por Asia así lo adelantaba, al afirmar que “El futuro de la economía del siglo XXI se escribirá en gran medida en el Indo-Pacífico”, poniendo foco sobre un fenómeno que ya venía desarrollándose hace tiempo pero que la coyuntura internacional actual ha hecho más evidente.

La región es un hub global que se está beneficiando de que el centro de gravedad de la economía mundial se está desplazando hacia el este. Estos países disfrutan además de una importante integración comercial regional, gracias a haber desarrollado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido como RCEP (en sus siglas en inglés), que entró en vigor a principios de este año y con el que los países del Indo-Pacífico aglutinan un volumen mayor de comercio entre sí que el que generan conjuntamente con Estados Unidos y Europa. Ésa es la dimensión.

Desde el punto de vista comercial, el Indo-Pacífico va a plantear el reto geopolítico de incorporar la región como destino en el radar de exportación para seguir manteniendo competitividad internacional, dado su amplio potencial económico y comercial. Las altas tasas de penetración de Internet, y el elevando uso de las redes sociales, medio esencial para realizar un buen posicionamiento de marca, son algunos de los alicientes digitales que ofrece la región. Sin embargo, el principal atractivo reside en la velocidad de crecimiento de la clase media que registra la zona, con una proyección de que genere hasta el 88% de la nueva clase media mundial.

Asimismo, como epicentro de la geopolítica mundial, el indo-Pacífico va a ser testigo de cómo la geopolítica de la tecnología va a reconfigurar las dinámicas de crecimiento globales, poniendo el foco, principalmente, en el potencial de la región en manufactura e innovación de chips.

Los chips están en todos los dispositivos electrónicos, con mayor o menor complejidad, y presentes en todas las industrias. Y la disponibilidad, o más bien, la falta de disponibilidad de chips, que se ha hecho evidente durante la pandemia, ha mostrado el rol central que desempeñan los semiconductores en el desarrollo de la economía digital, así como la gran fragilidad de las cadenas de suministro.

China lleva años invirtiendo para alcanzar la autosuficiencia tecnológica y esto ha supuesto que sobrepasara a Estados Unidos en inversión en chips en 2018, y que haya sido seis veces mayor en 2021. Esto muestra que la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ya ha entrado en una etapa decisiva.

De ahí, que un buen posicionamiento en las cadenas de valor tecnológico sea la mejor estrategia para construir ventaja competitiva. Por ello, las grandes potencias innovadoras son cada vez más conscientes de que para mantener una importante posición competitiva ya no solamente es suficiente ser referente en innovación, sino que también va a ser necesario adquirir, o mejorar, la capacidad de manufactura de chips.

Entre las potencias innovadoras, Europa ya es plenamente consciente de que solamente con una mayor autosuficiencia tecnológica es posible mantener ventajas competitivas históricas e impulsar la transformación digital. Una rápida adopción del 5G, al ritmo al que se está produciendo en Corea del Sur y China, permitiría a Europa consolidarse como polo tecnológico y hub global, tanto en diseño como en manufactura tecnológica.

 

 

INTERREGNUM:  India: ¿intereses o principios? Fernando Delage  

Como mayor democracia del planeta y como país que sufrió de manera directa la experiencia del imperialismo, la posición de India con respecto a la guerra de Ucrania sigue llamando la atención. Las razones de su neutralidad (que indirectamente viene a traducirse en una posición a favor de Moscú) son conocidas, y entre ellas destaca la dependencia de los suministros militares rusos para la modernización de las fuerzas armadas indias. Pero se trata de una aproximación arriesgada, pues Delhi parece querer ignorar el peligroso precedente que supone la violación por Rusia de todas las normas existentes. En último término, su actitud no ha hecho sino exponer su vulnerabilidad geopolítica.

Preguntado la semana pasada en un foro en Bratislava por qué Delhi rechaza condenar la invasión de Ucrania, el ministro de Asuntos Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, criticó la premisa europea de que otros países deban compartir su opinión sobre el conflicto. “Europa, dijo, debe abandonar esa mentalidad conforme a la cual los problemas de Europa son los problemas del mundo, pero los problemas del mundo no son los problemas de Europa”. India, añadió el ministro, hará exactamente lo que hacen los países occidentales: evaluar una situación a la luz de sus propios intereses. Y son esos intereses los que justificarían la posición de su gobierno sobre la guerra.

Al no aceptar que India tenga que alinearse con una de las partes, Jaishankar quiso reafirmar la autonomía estratégica de su país en un contexto de creciente multipolaridad. Dada su lejanía geográfica, Rusia—es cierto—, no representa una amenaza directa a la seguridad nacional india, mientras que el aislamiento diplomático de Moscú puede producir consecuencias que no desea, como una más estrecha alianza de China con Rusia. La República Popular es el verdadero desafío que afronta Delhi, y es un problema para el que India necesita contar tanto con Washington como con Moscú.

Ahora bien, ¿cómo puede gestionarse el hecho de que India mantenga diferentes percepciones de las de sus socios de Occidente con respecto a Ucrania, pero similares o idénticas sobre los riesgos a la inestabilidad en el Indo-Pacífico? ¿Por qué India no quiere ver la estrecha interacción que existe entre ambos escenarios? ¿Puede confiar en la ayuda de las democracias occidentales si un día tiene dificultades en Asia, manteniéndose al margen de lo que ocurre en Europa?

Es un dilema que enturbia la relación entre intereses y valores, pero que debería hacer evidente a los estrategas indios la extraordinaria transformación que se ha producido en el terreno de juego. Tradicionalmente han defendido un orden multipolar, convencidos de que es así como India contaría con un mayor margen de maniobra. La nueva estructura multipolar parece crear, sin embargo, nuevos condicionantes a su independencia estratégica, y no todos ellos relacionados con el equilibrio de intereses en política exterior.

Así se puso de manifiesto poco después de las críticas de Jaishankar a los europeos. Apenas habían sido reproducidas sus palabras con grandes elogios en los medios del mundo no occidental, cuando las declaraciones de dos antiguos portavoces del actual partido gobernante (el hinduista Janata Party) insultando a Mahoma han provocado una grave crisis en las relaciones con los países islámicos. No es necesario recordar la importancia del Golfo Pérsico en particular para los intereses indios: de los recursos energéticos que recibe, a las remesas de los ocho millones de indios residentes. La polarización de la dinámica política interna se ha convertido pues en otra nueva variable que afecta a la proyección exterior del gigante asiático.

Una cultura estratégica no se cambia de un día para otro; menos aún una milenaria como la india. Pero frente a la segunda Guerra Fría que parece estar empezando, la pregunta (que no la respuesta) es sencilla: ¿qué promoverá en mayor grado la autonomía india? ¿Defender un orden basado en reglas, o formar parte del bloque de quienes—explícita o tácitamente—no denuncian a una Rusia agresora? ¿Los principios son realmente antitéticos a los intereses?

INTERREGNUM: China en África. Fernando Delage

Ninguna gran potencia presta a África la atención que China le dedica desde hace años. La República Popular es el primer socio comercial del continente, su principal acreedor y el primer inversor en el desarrollo de sus infraestructuras, tanto físicas como digitales. China se ha convertido en una variable decisiva del futuro de África, a la vez que ésta ilustra las ambiciones globales de Xi Jinping.

Así lo pone de relieve el extraordinario cambio producido en las relaciones China-África en los últimos veinte años. La lógica de su presencia respondía desde finales de los años noventa a las necesidades de desarrollo de la República Popular, es decir, el acceso a recursos y materias primas y la adquisición de mercados para la exportación de sus productos manufacturados. Los resultados hablan por sí solos: el comercio en ambas direcciones aumentó de apenas 10.000 millones de dólares en el año 2000 a 254.000 millones de dólares en 2021, una cifra más de cuatro veces mayor que los intercambios entre Estados Unidos y África. Para China, África representa sólo el cuatro por cien de su comercio exterior (menos que Alemania), pero de ser el primer socio comercial de sólo cuatro países africanos hace dos décadas, hoy lo es de los 54 Estados del continente.

En la primera década del siglo XXI, China aumentó asimismo su participación en la financiación de infraestructuras, y no—como lo han hecho los países occidentales—a través de su política de ayuda al desarrollo, sino en forma de préstamos. Entre el año 2000 y 2020, la banca pública china ha concedido créditos por valor de 160.000 millones de dólares a los gobiernos africanos. No es cierto, sin embargo, como se mantiene con frecuencia, que la República Popular sea la principal causa de la deuda de estos países. En 2020—último año con datos disponibles—los créditos chinos equivalían al 17 por cien de la deuda pública del África subsahariana, menos que el Banco Mundial (19 por cien) o la banca comercial internacional (30 por cien). Es significativo asimismo que los préstamos chinos se hayan reducido notablemente desde 2016: en 2020 sumaron 1.900 millones de dólares, la cifra más baja desde 2004.

Pese a su indudable relevancia, los intereses económicos de Pekín van acompañados de objetivos políticos cada vez más evidentes. Desde el establecimiento de la República Popular en 1949, un hecho que coincidió con el comienzo del proceso de descolonización, Pekín hizo de África un espacio para la proyección del maoísmo—hasta los años setenta—y para la consecución de apoyo en los foros multilaterales a sus grandes prioridades diplomáticas (Taiwán en particular). Hoy, una China camino de convertirse en la primera economía del planeta, recurre al continente en su estrategia de proyección global y de contraequilibrio de la influencia occidental.

África, en efecto, forma parte junto a América Latina y Oriente Próximo—y el mundo islámico en general—de ese Sur Global cuyo liderazgo Pekín asume de manera no oficial. El enfrentamiento con Estados Unidos y con la Unión Europea de nuestros días redobla la importancia de este espacio para intentar reconfigurar las bases del orden internacional de manera favorable a los intereses y valores chinos. Es una estrategia no sólo orientada a influir en la política exterior de los países africanos: Pekín promueve igualmente de manera activa su modelo económico y político como alternativa al libre mercado y la democracia liberal.

Norteamericanos y europeos—el “Global Gateway” de la UE es la más reciente prueba—han reaccionado gradualmente a esta presencia china en África. No obstante, como indican varios estudios recientes, existe el riesgo de sobrevalorar la influencia china y no tener en cuenta los obstáculos que también afronta Pekín (de la corrupción a los daños al medio ambiente, de la complicidad con las elites políticas a las condiciones laborales de los trabajadores locales). La dinámica actual en el continente no es, por resumir, un simple juego de suma cero, pero sí un terreno complementario de la competición geopolítica entre las grandes potencias.

La tragedia de Tiananmén; Nieves C. Pérez Rodríguez.

Treinta y tres años atrás tuvo lugar la masacre de la Plaza de Tiananmén donde se llevaba a cabo una protesta que duró cincuenta días, pero que acababa abruptamente con un asalto brutal de manos del ejército chino. Ese tristísimo 4 de junio de 1989 dejó imágenes de filas de tanques atravesando la capital y dispuestos a acabar con lo que había sido una larga pero pacífica protesta en la que nunca se dieron a conocer cifras oficiales de asesinados ni encarcelados.

La plaza de Tiananmén tiene hoy con un doble simbolismo pues fue diseñada como parte del plan urbanístico de la nueva China en 1949 con el propósito de tener un lugar para celebrar la creación de la República Popular china. Inspirada además en la Plaza Roja de Moscú debido a la fuerte influencia soviética, la idea fue construir una plaza gigantesca en cuya explanada se pudieran llevar eventos políticos de gran envergadura. Se considera aún hoy una de las plazas más grandes del mundo con unos 880 metros de longitud de norte a sur y otros 500 metros de este a oeste. Los 440.000 metros cuadrados se asientan sobre el centro geográfico y político de Beijing.

El aniversario de esta masacre revive las razones por las que los manifestantes se encontraban allí. Los manifestantes, cuya mayoría eran jóvenes estudiantes, se agruparon para protestar por la falta de libertades. Aunque estaban desorganizados, pues inicialmente fue casi casual, con el paso de los días fueron haciéndose fuertes y creciendo el número de quienes exigían mayor rendición de cuentas, estado de derecho, libertad de expresión y de prensa.

El país venía pagando el altísimo precio de la revolución cultural de Mao que literalmente mató de hambre a millones de sus ciudadanos y mantuvo al país en una gran pobreza y opresión.

Las demostraciones pacíficas comenzaron a mediados de abril y de manera casual fueron incorporando estudiantes de distintas universidades, quienes progresivamente fueron recibiendo el apoyo y simpatía de gran parte de la sociedad civil, por lo que las congregaciones se replicaron en más de cuatrocientos ciudades. Había un profundo descontento social y una necesidad de cambio que fue silenciado con la muerte de miles que son las estimaciones hechas y además sumando otros tantos heridos.

La versión oficial china de lo ocurrido siempre ha consistido restar importancia a la brutal respuesta. En efecto, mientras el mundo se refiere a la “masacre de Tiananmén” en el lenguaje oficial se hace referencia al “incidente del 4 de junio” o “revuelta contra revolucionaria”. Muy en la línea del Partido Comunista chino que busca silenciar y neutralizar cualquier movimiento político que no esté a favor del partido. En efecto, cualquier concentración para conmemorar el hecho está terminantemente prohibida. Hasta hace poco, en Hong Kong se celebraba una enorme vigilia con gran devoción en el Parque Victoria, con velas, pero eso también se prohibió desde que Beijing controla la isla. La policía hongkonesa advirtió antes del día que todas las vigilias, misas, concentraciones u otra forma de expresión de conmemoración del 4 de junio sería una violación de la ley de seguridad nacional del 2020. Ley que ha transformado la esencia de Hong Kong y ha restringido las libertades democráticas que existían.

El parque Victoria fue cerrado 24 horas antes del aniversario hasta doce horas después del día en cuestión, previniendo concentraciones. La ciudad estaba rodeada de cinturones de seguridad y una fuerte presencia policial.  Sin embargo, un grupo de cinco personas que consiguió colarse y encender las luces de los móviles en representación de las velas fue arrestado, según reportó CNN.

Mientras tanto, en el exterior se intentaba recordar la tragedia para honrar las muertes y quienes allí lucharon por sus libertades. El Departamento de Estado emitió un comunicado firmado por el secretario Blinken en el que se afirmaba que “nunca se olvidará la masacre de Tiananmén donde decenas de manifestantes a favor de la democracia se unieron pacíficamente para pedir democracia, en la que innumerables fueron encarcelados y aún hoy se desconoce el número de muertes”.

En la capital inglesa se rendía tributo en la Torre de Londres con la proyección de imágenes de la agresión perpetrada por las fuerzas militares chinas a la sociedad civil y con fuertes mensajes que decían: “nosotros recordamos a los masacrados en la Plaza de Tiananmén, a quienes se alzaron por la libertad y justicia y pagaron el último precio”; también conmemoraron a Hong Kong, a Jimmy Lai quien está privado de su libertad por haber participado en la vigilia de las velas. “El PC chino extingue las libertades”, recordando a todos los prisioneros políticos. “Liberen Hong Kong, Liberen el Tibet, Liberen a los uigures, la represión continua”. Aunque el mensaje lo firmaba el comité por las libertades de Hong Kong (CFHK) el lugar donde apareció es muy simbólico y tuvo que contar con la aprobación del Estado inglés.

También hubo conmemoraciones en distintas ciudades australianas en las que se replicó la vigilia de las velas en honor a las víctimas e intentando mantener el recuerdo lo que allí sucedió. En Australia, Inglaterra y Estados Unidos se han acogido algunos de los activistas hongkoneses por temor a represalias.

Mientras tanto, en China se ignoraba el suceso un año más y se prohibió cualquier manifestación de recordatorio. De hecho, uno de los “influencer” más seguidos en China, Li Jiaqi, quedó silenciado durante la transmisión en vivo en sus redes de la imagen de una tarta que aparentemente tenía forma de tanque militar justo antes del aniversario de la masacre. Los medios occidentales que reportado que la tarta suscitó un gran debate entre los millones de jóvenes seguidores del bloguero. Hasta ahora se desconoce el paradero del chico y sus redes fueron cortadas.

En tal sentido, coincidiendo con el aniversario de la masacre, Benedict Rogers, periodista inglés y activista en derecho humanos, publicaba un artículo en The Spectator que decía “La última década del gobierno de Xi Jinping nos ha proporcionado un claro recordatorio de que el régimen que mató de hambre a decenas de millones durante el Gran Salto Adelante, mató a millones en la Revolución Cultural y asesinó al menos a 10.000 en 1989 es el mismo régimen que ha encarcelado al menos a un millón de uigures y persigue y reprime a millones de otras personas en toda China.

 

THE ASIAN DOOR: Protagonistas de un mundo en transición. Águeda Parra

Si repasamos los temas más relevantes de estos días, hay tres grandes titulares que protagonizan el impacto de la geopolítica sobre la actualidad internacional. Estamos ante una de las mayores crisis alimentaria de la historia, con un impacto directo en la sociedad mundial, afectando de forma importante a África. En el plano económico, las sanciones internacionales a Rusia son parte de los efectos que se van a prolongar en el tiempo más allá de cuánto dure la guerra, y, como tercer gran titular, la invasión de Ucrania ha generado mayor presión sobre Europa para abordar la seguridad energética ante el desafío de sustituir el suministro de gas ruso.

Todo ello está generando un mundo en transición más rápido de lo esperado, ya que a estos grandes titulares se le van a ir sumando otras dinámicas de cambio que ya venían siendo evidentes hace tiempo, que ya venían pidiendo paso, y que ahora van a acaparar más rápidamente el interés internacional por el efecto de la invasión de Ucrania. Y estos nuevos titulares van a estar más ligados a la geopolítica de la tecnología, que va a ser la gran protagonista de la coyuntura internacional en las próximas dos décadas, y que va a afectar a todas las industrias, independientemente de cuál sea el sector de actividad, porque la tecnología es parte esencial de todos los procesos productivos.

En la geopolítica de la tecnología, como en la geopolítica, hay distintos ejes a tener en cuenta, y que, de forma general, se pueden agrupar en grandes actores protagonistas, regiones que van a captar el interés internacional, y nuevas temáticas que van a marcar el curso de las futuras dinámicas geopolíticas.

En el caso particular de los actores que van a marcar las grandes dinámicas de cambio en las próximas dos décadas, la geopolítica de la tecnología tiene dos claros protagonistas, Estados Unidos y China. La rivalidad por el liderazgo tecnológico entre estos dos grandes titanes va a marcar cómo evolucione la geopolítica en las próximas décadas, pero también impactará sobre la economía mundial. Además, la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China ha entrado en una etapa decisiva. El tercer protagonista va a ser la aportación de Asia y de la Unión Europea, por la gran relevancia global que van a tener estos dos bloques y, en el caso particular de Europa, la cuestión de mayor impacto geopolítico va a estar más centrada en cómo alcanzar la autosuficiencia tecnológica para posicionar a la región como una gran potencia innovadora.

En este punto, hay que destacar que la Cuarta Revolución Industrial apenas está dando sus primeros pasos, y la incorporación de China en su definición, por primera vez en la historia, va a generar nuevas narrativas que van a impactar en los juegos de poder de la geopolítica.

Por tanto, entre los grandes retos que plantea una geopolítica en transición en un mundo en transición está que la Unión Europea aproveche la gran oportunidad de posicionarse como gran potencia innovadora, como actor internacional estratégico. Para conseguirlo, la propuesta es apostar por el talento digital como mejor estrategia para impulsar la economía digital, y para ello, la rápida adopción del 5G es el mejor medio para consolidarse como polo tecnológico y hub global, tanto en diseño como en manufactura tecnológica.

 

India crece como mediador para Kiev

Conforme la invasión rusa de Ucrania se convierte en una guerra de posiciones  en la que comienza a dibujarse un escenario en el que nadie saldrá vencedor y esta situación va a mantenerse durante meses, Moscú y Kiev se hacen a la idea de que se impone algún tipo de alto el fuego durante el que se negocien cesiones en las expectativas de ambos bandos.

Y en ese marco, por ahora hipotético, crece en Ucrania la confianza en que India puede jugar un papel importante. Ucrania sabe que va a ser muy difícil hacer retroceder a las tropas rusas a sus posiciones de antes de febrero y, aunque se queja de algunas presiones occidentales para que asuman algunas pérdidas territoriales, comienza a considerar en serio esta posibilidad mientras su propaganda lo niega y sus tropas intentan en condiciones difíciles llegar a esta negociación con la mayor contención posible del invasor.

India es un país con viejas relaciones con Rusia, aunque sus disputas territoriales con China y Pakistán la están empujando desde hace años a un acercamiento a Estados Unidos y a Australia. India tiene una capacidad industrial y militar no desdeñable y, además, no tiene las ambiciones estratégicas de China que le resta credibilidad como mediador, aunque a Pekín le interese un acuerdo.

Ya hay contactos exploratorios entre Ucrania e India y entre India y Rusia con el conflicto ucraniano sobre la mesa, lo que une este proceso a los esfuerzos del otro gran mediador, Turquía, al que su pertenencia a la OTAN, sus relaciones tanto con Rusia como con Ucrania y su situación geoestratégica en el Mar Negro y en el Mediterráneo oriental otorgan muchos puntos para mediar, aunque hasta ahora sus esfuerzos han sido limitados

INTERREGNUM: Iniciativas en competencia. Fernando Delage

Durante los últimos días se ha puesto una vez más de relieve cómo Estados Unidos y China están definiéndose con respecto al otro, y cómo cada uno está construyendo su respectiva coalición en torno a concepciones alternativas del orden internacional.

Tras la presentación, en semanas anteriores, de las orientaciones estratégicas y económicas sobre el Indo-Pacífico, faltaba la anunciada revisión de la política hacia China, finalmente objeto de una intervención del secretario de Estado, Antony Blinken, el 26 de mayo en la Universidad George Washington. Tras definir a la República Popular como “el más grave desafío a largo plazo al orden internacional”, Blinken indicó que “China es el único país que cuenta tanto con la intención de reconfigurar el orden internacional como, cada vez más, con el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo”. China “se ha vuelto más represiva en el interior y más agresiva en el exterior”, dijo el secretario de Estado, quien también reconoció que poco puede hacer Estados Unidos de manera directa para corregir su comportamiento.

La solución que propone la administración Biden se concentra en esta frase: “Configuraremos el entorno estratégico de Pekín para hacer avanzar nuestra visión de un sistema internacional abierto e inclusivo”. Pero se trata de una fórmula muy parecida a la empleada en su día por el presidente Obama o, antes incluso, por los asesores de George W. Bush antes de su toma de posesión (y, por tanto, antes de que el 11-S aparcara a China como prioridad). Si hay un cambio significativo es, sobre todo, con respecto a Taiwán, como anticipó el propio Biden—supuestamente en forma de error—sólo un par de días antes.

En respuesta a una pregunta que se le hizo durante la conferencia de prensa con la que concluyó su viaje oficial a Japón, el presidente vino a decir que, en el caso de una invasión china de Taiwán, Estados Unidos recurriría a la fuerza militar. Con sus palabras, Biden parecía abandonar la política de “ambigüedad estratégica”—recogida en la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979—, conforme a la cual Washington está obligado a proporcionar a la isla las capacidades para defenderse, pero en ningún caso existe un compromiso explícito de intervención militar.

Era la tercera vez que Biden decía algo así, y por tercera vez su administración desmintió que se tratara de un cambio de posición. Blinken tuvo que reiterar que Estados Unidos “se opone a cualquier cambio unilateral del statu quo por cualquiera de las partes”. “No apoyamos la independencia de Taiwán, añadió, y esperamos que las diferencias a través del estrecho se resuelvan de manera pacífica”.  Aunque es cierto que se mantienen los mismos principios, no cabe duda, sin embargo, de que el comentario de Biden es significativo y representa un reajuste de la posición norteamericana. Cuando menos implica el reconocimiento de que, después de 40 años, la “ambigüedad estratégica” puede no ser suficiente como elemento de disuasión para evitar que China invada Taiwán, un dilema que se ha visto agudizado por la agresión rusa contra Ucrania.

La reacción de Pekín no se hizo esperar. Pero su rechazo al “uso de la carta de Taiwán para contener a China” va acompañado de una estrategia de mayor alcance. De hecho, justo antes de que Biden comenzara su primer viaje a Asia, comenzó a promover la “Iniciativa de Seguridad Global”, una propuesta de orden de seguridad alternativo al liderado por las democracias occidentales. Lanzada por el presidente Xi en su intervención ante el Boao Forum el pasado mes de abril, la propuesta, que tiene como fin “promover la seguridad común del mundo” (y viene a ser una especie de hermana gemela de la Nueva Ruta de la Seda), constituye —oculto bajo esa retórica global—un plan para deslegitimar el papel internacional de Estados Unidos.

El presidente Xi expuso las virtudes de su iniciativa a los ministros de Asuntos Exteriores de los BRICS el 19 de mayo. Según indicó a los representantes de Brasil, Rusia, India y Suráfrica, se trata de “fortalecer la confianza política mutua y la cooperación en materia de seguridad”; de “respetar la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de cada uno, oponerse al hegemonismo y las políticas de poder, rechazar la mentalidad de guerra fría y la confrontación de bloques, y trabajar juntos para construir una comunidad mundial de seguridad para todos”. Posteriormente, ha sido el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, quien la ha promovido en dos viajes sucesivos a América Latina y a una decena de Estados del Pacífico Sur.

La iniciativa es doblemente significativa. China ha decidido implicarse de manera directa en la seguridad global, cuando hasta ahora su terreno de preferencia era el económico. En segundo lugar, el mal estado de sus relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea le obliga a consolidar y extender su presencia entre sus socios en el mundo emergente, un espacio al que—por esta misma razón—Occidente tendrá que prestar mayor atención en el futuro.

Acuerdo fallido en las Islas del Pacífico. Nieves C. Pérez Rodríguez

China venía promoviendo la idea de un amplio acuerdo con las Islas del Pacífico que incluía libre comercio, cooperación policial y resiliencia ante desastres. Al menos esos eran los aspectos que se habían hecho público. El propio Xi Jinping envió un mensaje a través de los medios oficiales la semana pasada afirmando que China sería un buen hermano para la región y compartiría un destino común” antes de que se llevara a cabo que el ministro de Exteriores chino viajara a intentar firmar el acuerdo. Pero las 10 Islas del Pacíficos citadas al encuentro decidieron no firmar el pacto regional de intercambios y seguridad con China después de la reunión en Fiji entre el ministro de exteriores chinos Wang Yi y los homólogos de las 10 naciones.

Las agencias Reuters y AFP se hicieron con un borrador del acuerdo y publicaron que el mismo permitiría que China capacitara a la policía local, se involucrara en ciberseguridad, aumentara los lazos políticos, realizaran un mapeo marino sensible y obtuvieran mayor acceso a los recursos naturales tanto en tierra como en agua.  A cambio, Beijing ofrecía millones de dólares en asistencia financiera, la perspectiva de un acuerdo de libre comercio y acceso al mercado chino que es de 1.400 millones de personas.

Sin embargo, el propio canciller chino, en una rueda de prensa posterior al encuentro, afirmó que algunas naciones del Pacífico tenían preocupaciones específicas sobre la propuesta y que Beijing ahora intentará construir un consenso. En otras palabras, China se ha visto obligada a archivar el pacto regional por el que estaba abogando con las naciones insulares del Pacífico, al menos lo archiva de momento. Aunque no hay duda de que seguirán intentándolo, pues este acuerdo era muy importante para Beijing porque le daba fácil acceso, control y presencia en el Indo Pacífico y con ello intentar neutralizar el Quad que les tiene muy incómodos.

En efecto, antes de que China fracasara en conseguir el acuerdo había protestado por el encuentro de los líderes del Quad en el marco de la primera visita de Biden a Asia, que consiguió reunir por tercera vez desde el año pasado, a los cuatro líderes de las naciones que lo integran, Australia, India, Japón y los Estados Unidos. El ministro de Exteriores chino criticó el encuentro mientras denunciaba a la alianza de ser la OTAN del Indo Pacífico, afirmando que “El Quad promueve la mentalidad de Guerra Fría y aviva la rivalidad geopolítica”.

El dialogo de seguridad cuadrilateral ciertamente está muy vivo y sus miembros absolutamente convencidos de que China es un peligro regional por lo que han venido promoviendo la idea de un Indo Pacífico abierto y libre. También han hecho ejercicios militares conjuntos dos veces desde el 2020 y prevén continuar con los encuentros a todos los niveles que acerquen la relación y promuevan sus valores.El recién elegido primer ministro australiano, Anthony Albanese, ha expresado que las Islas del Pacíficos son una prioridad en su política exterior y está promoviendo hasta un programa nuevo de visas para sus ciudadanos, porque entiende que es estratégico acercarlos a Camberra. También ha sido claro en afirmar que la política exterior australiana no cambiará hacia China. En este contexto la ministra de Asuntos Exteriores australianos, Penny Wong, dijo que Australia quiere construir una familia en el Pacífico más fuerte a través de Seguridad y Defensa trayendo nueva energía a la región.

Todo parece indicar que desde el surgimiento de la pandemia China ha ido perdiendo su credibilidad y no solo con occidente sino también con naciones pequeñas, vecinas y en algunos casos hasta dependientes de Beijing. La poca transparencia de China, junto con los resultados vistos de sus acuerdos con naciones desfavorecidas, las enormes deudas que acaban incurriendo, la poca claridad de Beijing en situaciones como la invasión rusa a Ucrania parecen en conjunto ser una buena formula para generar recelo o desconfianza.

Seguramente todo eso en conjunto, sumado al tremendo crecimiento militar chino en la última década, sus conocidas ambiciones expansionistas y la propia forma en la que han manejado a sus ciudadanos por los brotes de Covid-19 son clarísimos indicativos de como tratarían a un tercero.