THE ASIAN DOOR: AliExpress hace despegar el e-commerce español. Águeda Parra

Parte de la revolución tecnológica que vive China se debe, en gran medida, a la irrupción del e-commerce en los procesos productivos que han generado, asimismo, nuevos negocios surgidos tras la aplicación de las nuevas tecnologías a las compras online. En China, el e-commerce es un juego fundamentalmente de dos, repartiéndose casi todo el mercado entre los dos grandes que conjuntamente alcanzan el 72%. Alibaba es el líder indiscutible del sector, acaparando más de la mitad de la cuota con un 55,9% en 2019, situándose como segundo player JD.com, con un 16,1% de cuota, según eMarketer.

La expansión de AliExpress por Europa está impulsando el crecimiento del e-commerce en nuestra región. Asimismo, la identificación de España como uno de los puntos estratégicos para su internacionalización supone impulsar un proceso de digitalización acelerado entre las PYMES españolas para poder incorporarse al gran marketplace chino. La diferencia de AliExpress con Tmall, el marketplace que funciona dentro de China, es que en la plataforma internacional conviven los productos chinos con más de 100 millones de productos procedentes de vendedores de cuatro países elegidos como piloto, en los que se engloba a España, Italia, Turquía y Rusia.

La estrategia de situar a España como uno de los mercados clave desde donde expandirse por el resto de Europa supondrá una inversión de unos 5 millones de euros durante 2020. Aunque para AliExpress el principal mercado es Rusia, esta iniciativa sitúa a España por delante de Estados Unidos y Alemania, lo que ayudará a generar un gran impulso en la reducción de la brecha digital de muchas pequeñas empresas cuya asimilación de las nuevas tecnologías es menor.

En el mercado español, la competencia de AliExpress con Amazon está generando un auge importante en el incremento del e-commerce, haciendo que el mercado crezca en los próximos tres años a mayor ritmo que en otros países europeos. La estimación es que se produzca un incremento del 12,5% en 2020, hasta los 31.730 millones de dólares, manteniendo un ritmo de crecimiento que se prevé alcance el 12% en 2021, el 7% en 2022, y el 5,5% en 2023 hasta alcanzar un nivel de ventas de 40.120 millones de dólares en esa fecha.

El hecho de que el mercado español sea muy sensible al precio está promoviendo que se acreciente la competencia entre AliExpress y Amazon, el player más importante del mercado e-commerce de España hasta la llegada de su competidor chino. Ambos marketplaces tienen en común la alta influencia del retail chino en su operativa, ya que se estima que el 50% de los vendedores en Amazon.es proceden del gigante asiático, lo que es un porcentaje mucho más elevado que en los otros cinco mercados de la Unión Europea donde opera el gigante norteamericano del e-commerce.

Uno de los efectos más importantes a corto plazo es que la competencia entre AliExpress y Amazon beneficiará el crecimiento del e-commerce en España, fomentando el crecimiento de las compras online. Igualmente, supondrá un elemento de cambio, ya que impulsará el crecimiento de las compras a través de dispositivos móviles, siguiendo el mismo esquema del ecosistema digital que se vive en China. En este ámbito, el crecimiento esperado es del 17,89% en 2020, hasta alcanzar los 12.060 millones de dólares, con proyección a generar 16.250 millones de dólares en 2023.

De esta forma, el impulso generado por AliExpress en su extensión más allá de la “muralla china” digital va a suponer la consolidación del e-commerce como una de las palancas de generación de la nueva economía digital en España. Asimismo, también se producirá un efecto de digitalización acelerado en el entramado empresarial de las PYMES españolas, incorporando los avances que está impulsando la aplicación de las nuevas tencologías en el desarrollo de nuevos modelos de negocio. Todo ello, bajo el prisma de un entorno de estándares “Designed in China”, lo que demuestra la fortaleza del gigante asiático en la promoción de este tipo de sectores. Sin embargo, en sentido inverso, también alerta de la necesidad de que Europa genere campeonas globales que sean capaces de competir en los mercados internacionales, un proceso vital para que las empresas europeas sigan manteniendo su competividad global.

A la espera de la hoja de ruta europea en materia de ciberseguridad. Isabel Gacho Carmona

En octubre de 2019 los Estados miembros de la UE presentaron un informe sobre la evaluación coordinada de riesgos acerca de la ciberseguridad de las redes de quinta generación (5G). Se realizó en un contexto de debate -alentado por EEUU- en torno a los posibles riesgos a la seguridad que las empresas chinas (es decir, Huawei) presentan como proveedores de la infraestructura necesaria para el desarrollo de estas redes. La Comisión había pedido a los Estados miembro tratar de arrojar luz sobre la materia para ser capaces de tomar decisiones con la mayor objetividad posible.

Y, es que, las redes 5G de origen chino no son el gas ruso, del que, aunque sea en teoría, podemos tener claros los riesgos a la seguridad que pueden derivar de su dependencia. La infraestructura que ofrece Huawei no se puede despegar de un debate fanganoso que aúna mucha economía y más seguridad, pero, sobre todo geopolítica.

Y es que si bien la porosidad de los debates económicos, de seguridad y geopolíticos ha existido siempre, con el ascenso de China y la nueva realidad de competición de potencias se ha acentuado exponencialmente. Si a esta ecuación le añadimos el hecho de que hablamos de tecnología –asset estratégico de primer orden- nos queda un entramado precioso. Se acabó el “fin de la historia” y el “imperio liberal” donde el win-win explicaba prácticamente todas las decisiones de carácter económico. Ahora las decisiones económicas van a tener cada vez menos que ver con la eficiencia y más con el poder.

Es en este contexto en el que la UE quiso dar un paso al frente y poder tener su propia voz en el debate en torno a la seguridad -la geopolítica la comentamos otro día-. Y lo hizo. Sin mencionar a Huawei, concluyó que, en el contexto de aumento de la exposición a los ataques facilitados por los proveedores, el perfil de riesgo de cada proveedor será especialmente importante. Que una gran dependencia respecto a un único proveedor aumenta la exposición a una posible interrupción del suministro. Y que las amenazas a la disponibilidad e integridad de las redes se convertirán en graves preocupaciones en materia de seguridad.

Lo que también concluyeron en octubre fue crear una hoja de ruta con medidas concretas para mitigar riesgos. 2020 es el año del inicio del despliegue de estas redes y ya está aquí. Mientras decidimos si somos pelota o jugador en el nuevo ¿G2?, no está mal por lo menos tener claras nuestras propias medidas en materia de ciberseguridad.

THE ASIAN DOOR: La innovación como leitmotiv. Águeda Parra

China ha hecho de la innovación su leitmotiv para consolidar el desarrollo económico que le ha llevado a situarse en segunda posición entre las economías mundiales más importantes en apenas 40 años. El crecimiento de China no tiene precedentes en la historia, y si las reformas económicas y la apertura al exterior han sido la clave que han marcado la transición del gigante asiático hacia una economía avanzada en estas últimas cuatro décadas, China cuenta con la inversión en innovación como la palanca que va a caracterizar el desarrollo futuro del gigante asiático en las próximas décadas.

Los planes de China pasan por convertirse en una “nación de innovación” en 2020, como así se refleja en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020), con el objetivo de posicionarse como “líder de la innovación internacional” en 2030 y ser una “potencia mundial de innovación científica y tecnológica” en 2050. La inversión en investigación y desarrollo ha sido una prioridad en estos últimos años, duplicando el gasto en I+D desde el 0,9 que registraba en el año 2000, a alcanzar el 2,1 en 2017, sobrepasando desde 2013 la inversión que realiza la Unión Europea. En relación con Estados Unidos, la inversión china en I+D ya supone el 88% de la norteamericana en paridad de poder adquisitivo, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) de 2017. Aunque el gasto en porcentaje del PIB de China se sitúa por debajo de la media de los países OECD, que se sitúa en el 2,37%, la determinación de China por convertirse en potencia innovadora hará que en los próximos años estas cifras sean similares, o incluso superiores a la de otros países más desarrollados.

Hoy China genera más graduados en las disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) donde el enfoque científico de las carreras de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas está generando un capital humano de talento tecnológico protagonista en la creación del ecosistema que está propiciando la revolución tecnológica que vive el país. El Índice Global de Innovación (GII, Global Innovation Index) en su edición de 2019 sitúa a China en la posición 14 (Hong Kong aparece incluso mejor posicionada en la posición 13), por delante de Japón (15), Francia (16) y a gran distancia de España (29), en una lista de 129 países. Como clusters de innovación mundial, el informe destaca dos ciudades de China en el Top 50, Shenzhen-Hong Kong en la posición 2, por detrás de Tokio-Yokohama, y Beijing en la posición 4, por detrás de Seúl.

En la carrera por convertirse en país de innovación, China cuenta con dos palancas que están resultando determinantes en la capacidad del gigante asiático de modernizarse a través de la generación de innovación tecnológica. Una de ellas es la capacidad de China de generar unicornios, aquellas empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares, convirtiéndose en uno de los verdaderos artífices del potencial de innovación del gigante asiático, consiguiendo generar más unicornios que Estados Unidos por primera vez en la historia, 206 por parte de China frente a 203 del lado norteamericano. Asimismo, la iniciativa Made in China 2025 es la segunda palanca de innovación con la que el país aspira a producir contenido nacional de componentes y materiales básicos que le permita ser cada vez más independiente de la tecnología extranjera. La previsión es que alcance el 40% en 2020 para pasar al 70% de producción nacional cuando se complete la iniciativa en 2025.

El potencial tecnológico que está generando este nuevo ecosistema de innovación ha propiciado la transformación de muchas ciudades chinas que basan su desarrollo económico en convertirse en hubs de innovación capaces de rivalizar con Silicon Valley. Este nuevo entorno de creación tecnológica que confluye en el delta del río Perla, en la provincia de Cantón, reúne a ciudades como Shenzhen, más conocida por ser la ciudad del software, Macao y Hong Kong, un núcleo de innovación que China pretende consolidar con la creación de la iniciativa conocida como Greater Bay Area.

Se trata de una región en la que viven 68 millones de personas con un PIB conjunto que alcanza los 1,5 billones de dólares, equivalente a las economías de Australia o Corea del Sur. Se trata de aunar el potencial de once ciudades de la región, que van desde Guangzhou, Shenzhen, Zhuhai, así como Hong Kong y Macao, para dar forma al gran proyecto de China de construir un centro de innovación tecnológico global. Esta megaciudad, la más grande del mundo con el doble del tamaño de Tokio, reunirá a centros de desarrollo tecnológico e instituciones financieras que rivalizarán a la vez con Silicon Valley y Wall Street. La presión de la guerra comercial con Estados Unidos ha supuesto un retraso en las ambiciones de China de construir el Greater Bay Area, lo que ha motivado que haya decidido priorizar los objetivos establecidos en la iniciativa Made in China 2025.

 

THE ASIAN DOOR: El dominio de Alibaba en Asia-Pacífico. Águeda Parra

Si las grandes oportunidades económicas se producen en tiempos de crisis, Alibaba ha hecho, y está haciendo, muy bien su trabajo. La tregua sin fin en torno a la guerra comercial entre Estados Unidos y China mantiene las perspectivas de crecimiento de la economía del gigante asiático por debajo de los niveles de años anteriores, lastrando a todo el tejido empresarial chino. Una situación de inestabilidad internacional que, sin embargo, no ha afectado a que Alibaba reporte un crecimiento de ingresos del 40% hasta los 16.651 millones de euros en el tercer trimestre de 2019, y 693 millones de usuarios activos en su marketplace. El debut en la bolsa de Hong Kong ha completado uno de los acontecimientos más relevantes en el universo Alibaba, con el que ha conseguido recaudar 11.700 millones de euros, 40 veces más acciones de lo inicialmente esperado.

Unas cifras que consolidan una trayectoria de éxito para Alibaba Group Holding Limited (阿里巴巴集团) (BABA), el consorcio que agrupa a un nutrido número de empresas que operan en Internet y que han situado a la compañía como el referente global del comercio electrónico y, por extensión, a China como el mayor mercado mundial del e-commerce y de los medios de pago. De hecho, si comparáramos el volumen total de ventas de Alibaba, que alcanzó los 768.000 millones de dólares en 2018, con el PIB de una economía, la compañía se situaría en el Top 20 de las grandes potencias mundiales con un valor muy similar al de Turquía en puesto 17, según datos del Banco Mundial de 2018, y con la previsión de su fundador de convertir a Alibaba en la quinta mayor economía mundial en 2036.

Jack Ma, fundador de Alibaba en 1999, es uno de esos líderes visionarios que ha situado la innovación en comercio electrónico como seña de identidad de las capacidades de China en el ámbito de la tecnología global. La diversificación de los negocios de Alibaba, que abarcan desde los pagos electrónicos, la logística hasta las finanzas, ha aupado a la compañía al primer puesto como tecnológica más disruptiva, desplazando del liderazgo a los titanes tecnológicos americanos denominados FANG (Facebook, Amazon, Netflix y Google), siendo la primera vez que una empresa china tiene este reconocimiento, según el informe de innovación tecnológica 2018 de KPMG. Esta innovación tecnológica disruptiva le ha reportado a Alibaba ser reconocida por primera vez como la marca más valorada en China en la clasificación 2019 BrandZ™ Top 100 Most Valuable Chinese Brands.

Los medios de pago se han convertido en la mejor estrategia para que Alibaba conquiste los mercados de Asia-Pacífico, aquellos que reciben un mayor número de turistas extranjeros, principalmente por cercanía. En estos destinos es donde Alipay, la plataforma de servicios de pagos online de Alibaba, busca que los turistas chinos disfruten de la misma experiencia de compra que cuando están en su país, exportando a través de la aplicación del móvil el mismo ecosistema de pagos que tienen mientras residen en China. El número de establecimientos que aceptan pagos a través de Alipay está creciendo exponencialmente por todo Asia-Pacífico. En el caso de Japón, unos de los destinos más atractivos para los turistas chinos, los establecimientos conectados con la plataforma propiedad de Ant Financial han pasado de 50.000 en 2018 a 300.000 en 2019, lo que supone multiplicar por seis la presencia de la plataforma en el mercado nipón.

Una tendencia similar se produce en otros puntos de la región donde Alibaba ha sido muy activa en la creación de acuerdos comerciales con otros socios de pagos electrónicos. Como una segunda fase del despliegue de la nueva Ruta de la Seda, Alibaba está ampliando su conexión digital realizando acuerdos de pagos electrónicos con los países de la ruta, como TrueMoney en Tailandia, GCash en Filipinas, Kakaopay en Corea del Sur, Paytm en India, Dana en Indonesia y Touch ‘n Go (TnG) en Malasia. Se trata de expandir nuevos negocios como parte de la Ruta de la Seda Digital y, a su vez, estos países consiguen incrementar su atractivo para el turista chino, un mercado que alcanzó casi los 150 millones de turistas en 2018. En esta línea se encuadra la nueva iniciativa de Alipay denominada “Taxi en el extranjero” (境外打车), un mini programa que a través del móvil permite realizar la búsqueda, reserva y pago en varias plataformas locales de taxi en 33 ciudades de 10 países, principalmente en los destinos más visitados por el turista chino como es Reino Unido, Estados Unidos, Tailandia y Filipinas. El objetivo es alcanzar más de 100 ciudades en 20 países, lo que supondría para el universo Alibaba extender su influencia a nivel mundial y, con ello, la geopolítica de la tecnología. (Foto: Alibaba Group, Flickr)

“Estamos entendiendo la tecnología como una religión” Entrevista a Qing Wei

Isabel Gacho.- “El concepto de 5G es engañoso ¿Cuál es la diferencia entre 4G y 5G? La lógica dice que como 5 es mayor que 4 tiene que ser mejor. Y por eso están trabajando en el 6G. No me extrañaría nada que dentro de poco se dijeran que están trabajando en el 7G. Eso es una locura. Sin ni siquiera saber lo que es el 5G, sin ni siquiera haber pasado el teorema de Shannon–Hartley. No hay ninguna magia en el 5G”.

Quién habla es Qing Wei, un experto en transformación digital afincado en Pekín con más de 25 años de experiencia en el campo de la computación y las telecomunicaciones para empresas líderes del sector. Ha vivido en primera persona la revolución tecnológica China, y trabajó codo con codo con Jack Ma y Pony Ma en sus inicios. “Básicamente soy un tecnology guy trabajando en el campo de la tecnología, en telecomunicaciones”, resume con humildad. Desde 4Asia nos reunimos con él y nos ofreció un discurso que nos obliga a enfrentar el debate sobre los retos que pone en la mesa la tecnología desde arriba, para evitar el ruido. Un discurso que cuestiona nuestro propio conocimiento para analizar el mundo en el que vivimos.

“He empezado a pensar que los problemas actuales en materia de seguridad hay que analizarlos partiendo de la pregunta ¿Nuestra sociedad es la misma que antes o ha cambiado completamente?” comienza. “En ciencias de la computación siempre decimos: enmarca el contexto primero. Ningún argumento es un argumento a no ser que establezcas primero unos límites que lo definan. Es dentro de unos límites donde se puede llegar a conclusiones”. Partiendo de la premisa, continúa. “Y ahora el contexto ha cambiado. Debatimos sobre privacidad de datos, RGPD… pero yo lo enfrento desde otro punto de vista. Proteger la privacidad es una estrategia defensiva, pero si miramos a la sociedad que viene, una de un nivel superior de sofisticación, dependeremos de los datos y debemos hacer buen uso de ellos y entenderlos como bien común. El problema que subyace es el buen uso. ¿En manos de quién se encuentran las cantidades enormes de datos? De las grandes corporaciones. En el caso de China de los BAT, que ni siquiera los comparten con el gobierno. En nuestras sociedades tendemos a pensar que el gobierno lo sabe todo. Que tiene la respuesta para el futuro. Pero yo lo pongo en duda. Sobre todo, a la luz de la velocidad a la que se desarrolla la tecnología”.

“Efectivamente a los políticos les falta el punto de vista tecnológico. Y viceversa. De tal forma que los políticos o filósofos ven que algo va mal, pero no son capaces de presionar el botón adecuado. Por otro lado, desde el mundo de la tecnología se entiende que los políticos y los medios solo son capaces de ver síntomas (brecha digital, privacidad de datos…) pero no la causa. Yo creo que la causa es un cambio sustancial. Todo el contexto ha cambiado. Seguimos entendiendo el mundo a través del pensamiento ilustrado, y eso fue hace ya más de 2 siglos. La filosofía debe cambiar una vez que hayamos entendido mejor el mundo”.

Este desconocimiento, argumenta Qing Wei, es muy peligroso. “Cuando estudias de verdad la tecnología, ves que la estamos entendiendo como una religión. ¿De verdad sabemos qué está pasando? Creo que muchas veces obtenemos conceptos relativos a la tecnología a través de los medios de comunicación sin preguntarnos ‘¿Quién ha escrito esto?’. Normalmente no son científicos. De hecho, la mayoría de los medios ofrecen el miedo, pero no la solución. Y el miedo es algo muy poderoso. El mensaje que nos llega es ´vosotros sois los perdedores porque no sabéis qué está pasando, pero os digo que hay peligro ahí fuera´. En lugar de empoderar a la gente para que pueda manejar su miedo, la idea es ´sígueme, iremos al futuro´. Y creo que ese es el problema fundamental que tenemos ahora mismo”.

“En China, por ejemplo, la solución que ofrecen es ´escucha a Jack Ma´ o a cualquier otro ídolo. Para ilustrar como hemos llegado a este punto yo uso una metáfora: Hay un foso con un cocodrilo y la gente asume que solo hay una manera de escapar, nadar a través del foso para llegar al otro lado. Pero nadie sabe cómo hacerlo. Entonces, de repente, alguien salta y consigue cruzar. Mira atrás, saluda, y todo el mundo piensa ´ese es nuestro dios´. No tenía pensado ser un líder, no sabe cómo lo ha hecho, pero ahí está. Eso es lo que ha pasado con los líderes tecnológicos. Es verdad que tienen visión, pero no son visionarios, solo presionaron el botón adecuado sin saber que lo era. Entonces, ¿Cómo podemos, como sociedad, confiar en ellos cuando ni ellos mismos saben con exactitud qué botón pulsaron hace diez, cinco años?”.

¿Ha alguna solución? “Lo que necesitamos son líderes honestos que digan ´yo tampoco lo sé´. Pero ahora mismo nos encontramos en una situación como la de la fábula de los ciegos y el elefante. ¿Y qué podemos hacer? Aprender de la experiencia. En la industria tecnológica hay un dicho de Linus Tordvals muy famoso: “hablar es barato, enséñame el código”. Es cierto que la mayoría de la gente no puede leer código, y a lo mejor puede parecer exagerado, pero en esta época, en esta era, todos tenemos que entender cómo funcionan los ordenadores. Si no, siempre vamos a ser engañados”.

THE ASIAN DOOR: Las empresas chinas compiten globalmente. Águeda Parra

La capacidad demostrada por China para crear crecimiento económico ha contribuido significativamente a que las empresas del país ocupen actualmente importantes posiciones en la clasificación mundial, pasando a competir al mismo nivel en los negocios internacionales que sus rivales más directos. El crecimiento de las empresas chinas que compiten globalmente no ha dejado de crecer en la última década. En 2008, China incorporaba 29 empresas en la clasificación Fortune Global 500, ocupando el sexto puesto por detrás de Estados Unidos, que lideraba la lista incorporando 153 empresas. La diferencia, casi dos décadas después, es que en 2019 China ya ocupa la segunda posición, incorporando 119 empresas, frente a las 121 que aporta Estados Unidos, de las cuales 83 son empresas públicas, el 69,7% del total.

Con la incorporación de las empresas chinas se produce el desplazamiento de otras grandes empresas en la clasificación, provocando modificaciones en los primeros puestos. Si en 2008 China quedaba fuera del Top 5, formado por Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania y Reino Unido, su incorporación en la lista en 2019 genera una nueva clasificación. Estados Unidos sigue liderando la clasificación con 121 empresas, seguido muy de cerca por China (119), mientras que a gran distancia se sitúa Japón (52), y se mantiene la presencia de las grandes corporaciones europeas, representadas por Francia (31), Alemania (29) y Reino Unido (17).

Entre las 500 empresas más importantes del mundo por ingresos, Wallmart ha conseguido mantener su posición de liderazgo en el período 2000-2019, ocupando la china Sinopec y la holandesa Royal Dutch Shell la segunda y tercera posición, respectivamente. La presencia de empresas chinas que compiten globalmente se ha intensificado en estos últimos años, incorporando el gigante asiático tres corporaciones en el Top 10 Global 500: Sinopec (2), China National Petroleum (4) y State Grid (5).

Si en 2008 eran apenas 29 empresas chinas las que formaban parte del Fortune Global 500, consiguiendo una valoración conjunta de 1,1 billón de dólares, apenas el 5% del total de empresas, las 119 empresas que conforman el grupo en 2019 alcanzan una valoración de 7,9 billones de dólares, casi una cuarta parte de los 32,7 billones de dólares que representan las 500 empresas que forman la lista. La incorporación de un número significativo de empresas chinas ha supuesto que las empresas americanas pasen de representar el 30,6% de los ingresos en 2008, con una valoración conjunta de 7,7 billones de dólares, a suponer el 28,7%, generando unos ingresos totales de 9,5 billones de dólares.

La ambiciosa apuesta por la I+D que ha desplegado China en las últimas dos décadas ha hecho que las empresas chinas consigan situarse en los puestos de cabeza en la clasificación Fortune Global 500, justo por detrás del líder, Estados Unidos. Las compañías estadounidenses y chinas dominan ampliamente la clasificación, situándose a cierta distancia del resto de potencias, poniendo de manifiesto el crecimiento económico que ha protagonizado el gigante asiático en estos años. Por número de empresas, China incorpora más del doble de compañías que Japón (52), y cuatro veces más que Francia (31) y Alemania (29). A nivel de generación de ingresos, el valor en conjunto de las empresas chinas resulta dos veces y media superior al de las compañías japonesas, y cuatro veces superior al de alemanas y francesas que forman parte de esta lista.

La revolución tecnológica que vive China se aprecia claramente en la composición sectorial de las 119 empresas chinas que entran en la clasificación Fortune Global 500 de 2019. Destaca como principal sector el financiero, gracias al espectacular desarrollo de las empresas FinTech y su impacto en los medios de pagos en China, representando las 26 empresas de este grupo el 21,8% de la composición sectorial. El sector de energía es el segundo gran grupo, donde las 17 empresas que lo conforman representan el 17,6% de la composición sectorial. El compromiso de China por convertirse en un referente en la industria de renovables tiene su reflejo en la dimensión de sus empresas, con las que el gigante asiático se ha posicionado como líder mundial en renovables, invirtiendo el doble que las empresas estadounidenses y europeas juntas. El siguiente sector en importancia es el de materiales, siendo las empresas chinas las que dominan este apartado entre las corporaciones internacionales, contabilizándose 15 empresas chinas entre las 24 grandes firmas del sector de materiales en el Global 500, donde además China Minmetals, Amer International Group y China Baowu Steel Group forman parte del Top 5 de las compañías de materiales más importantes del mundo.

Las empresas tecnológicas tienen igualmente una representación importante en el Fortune Global 500, un ámbito dominado por el grupo de las 12 compañías que aporta Estados Unidos. En esta clasificación, Apple figura como la mayor empresa tecnológica, generando unos ingresos de 265.600 millones de dólares, casi el doble del valor de los cinco titanes tecnológicos chinos, que de forma conjunta suponen 266.800 millones de dólares. Aunque en cuestión de ingresos las empresas chinas todavía no compiten en la misma liga que las tecnológicas americanas, China, sin embargo, aporta a la lista Global 500 un número similar de titanes que Japón (7) y Taiwán (6), poniendo de manifiesto el impacto que suponen los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) en el desarrollo de la economía digital. En el caso de China, Huawei destaca como el mayor gigante tecnológico con unos ingresos de 109.000 millones de dólares, propulsor del despliegue de la tecnología 5G con la que China se va a posicionar como referente tecnológico mundial en ámbitos como la inteligencia artificial, el cloud computing, la robótica y la Internet de las Cosas.

THE ASIAN DOOR: La revolución tecnológica, la IA y China: Trío de ases. Águeda Parra

Entre los países que más están apostando por impulsar el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) destaca la ambición mostrada por China, con el objetivo de convertirse en líder mundial en 2030. Aunque el liderazgo tecnológico, en general, y la IA, en particular, siguen siendo parte del dominio que Estados Unidos ha mostrado en las últimas décadas, el nivel de compromiso del gobierno chino por alcanzar este objetivo supera con creces al de otras grandes potencias. Asimismo, el ritmo con el que China está reduciendo su distancia en IA respecto a Estados Unidos está resultando determinante para comprobar la determinación del gigante asiático por convertirse en referente mundial en 2030.

La famosa frase del presidente ruso, Vladimir Putin, que pronostica que aquel país que se convierta en líder en IA será el que domine el mundo, demuestra lo determinante que van a ser los futuros desarrollos. Partiendo de ese valor diferencial con el que se espera que la IA cambie la economía y la sociedad del futuro, China ha diseñado una estrategia de aplicación en tres grandes pilares, a diferencia de otros países que solamente han definido una única directiva. En primer lugar, China ha diseñado el Plan de Desarrollo de Inteligencia Artificial de Nueva Generación que, a su vez, forma parte de una política de más amplio alcance como es la iniciativa Made in China 2025 (MIC2025), además de incorporar la inversión en IA como parte de los objetivos identificados en el 13 Plan Quinquenal. Asimismo, China ha estructurado el horizonte de 2030 en tres fases para conseguir convertirse en líder mundial en IA. El primer hito se cumplirá en 2020, cuando el gigante asiático alcance el mismo nivel tecnológico y de aplicación de la IA que el resto del mundo. El objetivo para 2025 es no sólo competir, sino liderar la industria global de IA gracias a producir investigación puntera que le permita convertirse en 2030 en líder mundial.

Para alcanzar estos objetivos, China necesita primero desarrollar una fuerza laboral de talento en IA. La base de más de 18.000 especialistas en 2017 le permite al gigante asiático posicionarse como segundo del mundo en generador de talento en IA, solamente por detrás de Estados Unidos que cuenta con más de 28.000 especialistas. En esta clasificación, España ocupa un noveno lugar, por detrás de India, Alemania, Reino Unido, Francia, Irán y Brasil, completando el Top10 Italia. Entre los objetivos, también figura acelerar las capacidades de generar investigación en IA, no solamente en cantidad, sino también de calidad.

La principal ventaja competitiva de China respecto al resto de rivales en IA es su ecosistema digital. La revolución tecnológica le favorece, al desarrollarse a mayor velocidad que en otros países, principalmente por el impulso del gobierno chino para que así sea. La denominada como cuarta revolución tecnológica es un compendio de varias tendencias que incluye el despliegue de las redes de nueva generación 5G, el cloud computing, el creciente impacto de la Internet de las Cosas y el ascenso de la robótica en los procesos productivos, además de la IA como una tendencia que se beneficia del desarrollo de todas las anteriores para ampliar su potencialidad.

Se considera como IA todas aquellas actividades que antes solamente eran posibles gracias a la intervención humana y que ahora la tecnología permite con capacidad de respuesta casi inmediata después de analizar información del entorno e incorporar determinadas reglas. Entre los usos más comunes de aplicación de la IA figuran los sistemas de machine learning, que, con las nuevas capacidades disponibles, aumenta el potencial para resolver cuestiones más complejas. Otra aplicación está en el deep learning que, considerada una forma de machine learning, permitirá avances en el sector de los coches autónomos, además de mejorar la optimización de las redes logísticas y los procesos de mantenimiento. En el ámbito de la visión artificial o por ordenador, los avances permitirán aumentar la capacidad de detectar tumores en escáneres médicos. Por su parte, en el reconocimiento de voz y en el procesamiento del lenguaje natural (PLN) las mejoras vendrán de crear nuevos sistemas capaces de entender el lenguaje hablado y escrito. Por último, entre las grandes aplicaciones de la IA figura también la robótica, abarcando desde la utilización de drones a brazos robóticos en las fábricas que actuarán sin control humano gracias a las nuevas tecnologías.

Contar con un ecosistema digital no es la única ventaja competitiva que tiene China. A diferencia de otras grandes economías, en el gigante asiático es la inversión privada procedente de los BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) la que está impulsando la carrera por el liderazgo en IA, más allá de la apuesta del gobierno chino.

THE ASIAN DOOR: La carrera por el liderazgo de Huawei por el 5G. Águeda Parra

Si con el 4G se ha experimentado la aparición de nuevos modelos de negocio disruptivos como la economía colaborativa y las compras online, la nueva generación 5G tiene la ventaja de partir de un entorno de mercado más dinámico que va a favorecer que despeguen otro tipo de industrias hasta el momento no contempladas por falta de capacidades técnicas que lo soportaran. Por eso China está impulsando que sus principales operadoras (China Mobile, China Unicom y China Telecom) se centren principalmente en desplegar una red completamente 5G (Stand Alone), para comenzar a beneficiarse cuanto antes de las ventajas que aportan una mayor velocidad y un menor tiempo de latencia en la implementación de nuevas aplicaciones y servicios.

Las acusaciones vertidas por Estados Unidos sobre vulnerabilidades en el equipamiento de Huawei, que podría conectar con puertas trasera que dieran acceso al espionaje por parte del gobierno chino, han dado lugar a diferentes actuaciones. No todos los países aliados de Estados Unidos comparten el veto a Huawei ante el riesgo de quedarse relegados a la hora de incorporar las capacidades tecnológicas del 5G que harán a los países más competitivos. Una situación que ha provocado que la administración Trump endurezca aún más el veto contra Huawei a través de la firma de la National Defense Authorization Act de 2019 en una lista negra (Entity List) que supone que las empresas norteamericanas tienen prohibido vender componentes al fabricante chino.

El impacto del bloqueo estadounidense estaría afectando de forma importante al negocio de venta de terminales móviles de Huawei, registrándose en junio una pérdida en Europa de hasta un 40%, en beneficio de sus competidores Apple, Samsung y Xiaomi. Una situación que contrasta con la buena progresión que había llevado a situar a Huawei en segunda posición mundial como fabricante de móviles, superando a Apple y quedándose a poca distancia de alcanzar a Samsung como líder mundial. Hasta entonces, Huawei vendía en Europa uno de cada cinco móviles, según el informe Chinese Global Brand Builders 2019.

Huawei comenzó su expansión internacional impulsada por la estrategia Go Global iniciada por el gobierno chino en 1999 con el que se buscaba crear “Campeonas globales” entre las empresas domésticas mejor preparadas. Hoy Huawei es el fabricante de servicios de telecomunicaciones que ostenta el liderazgo en tecnología 5G, y no disponer del sistema operativo Android que proporciona Google por estar incluido entre los componentes de la Entity List no iba a hacer a Huawei retirarse de la carrera. Solamente tres meses después de que la administración Trump iniciara el veto a Huawei, el fabricante chino ha lanzado al mercado su nuevo sistema operativo, denominado HarmonyOS, disponible en un tiempo mucho menor a las indicaciones del sector que apuntaban a finales de año. Es probable que las cuotas de mercado del 98% que posee Google como líder con su sistema operativo Android, y del 75% que ostenta Apple con iOS, vayan acomodando la entrada de este nuevo jugador en el mercado. Teniendo en cuenta que Huawei antes del veto de Estados Unidos era el segundo fabricante de terminales móviles del mundo con un sistema operativo ajeno, disponiendo de uno propio y con el primer terminal 5G ya disponible en el mercado, todo apunta a que la carrera por el 5G va a ser más intensa de ahora en adelante.

En esta lucha por el poder tecnológico global, el nuevo sistema operativo se va a convertir en una pieza adicional en la carrera por los estándares, donde una mejor posición en el mercado reporta un mayor volumen de ingresos en concepto de royalties. En esta primera fase de desarrollo de patentes 5G comienzan a ser cuantiosos los ingresos por este concepto, ascendiendo a 1.000 millones de dólares la solicitud de Huawei a Verizon en concepto del uso de 230 patentes fabricadas por el gigante de las telecomunicaciones chino. Una reclamación que bien podría extenderse a otros operadores norteamericanos por el uso que otros proveedores suyos hagan del equipamiento patentado por Huawei.

La rapidez de respuesta ante la situación de crisis internacional que ha provocado el conflicto entre Estados Unidos y China ha sido posible gracias al nutrido capital técnico con el que cuenta Huawei, nativos digitales que ya trabajan y conviven en un ecosistema tecnológico propicio para crear un nuevo sistema operativo propio. La ilusión por mantener al fabricante chino como líder de la nueva revolución tecnológica ha llevado a que gran parte de los futuros ingenieros prefieran desarrollar su carrera profesional en Huawei, antes de elegir otras empresas punteras como Alibaba, según una reciente encuesta. Un capital humano que está haciendo posible que China se convierta en las próximas décadas en potencia tecnológica global.

THE ASIAN DOOR: La odisea logística de los drones. Águeda Parra

El ritmo de crecimiento económico de China ha dado paso a un estilo de vida con nuevas necesidades. En este tiempo, la tecnología ha ido ocupando partes esenciales de la cadena de suministro hasta hacerse imprescindible. Tiene efecto directo en la mejora de la productividad y en la eficiencia en el servicio, abriendo las puertas a futuras innovaciones que aporten mayor valor añadido, en un ciclo sin fin. Esta revolución tecnológica es la que está llegando a la logística, más concretamente, al reparto de la última milla.

Las características del entorno propician que China esté abanderando el inicio de una nueva era en el desarrollo de los drones orientado a la distribución de mercancías. El entorno en China es especialmente favorable, ya que proporciona el mercado, las características geográficas y la regulación adecuadas para que grandes titanes tecnológicos como JD.com tengan ya disponibles unos 40 drones para realizar el envío de dispositivos electrónicos y comida, entre los usos principales.

La autoridad competente, la Administración de Aviación Civil China, ya autoriza el envío de paquetes utilizando drones en determinadas zonas rurales. La dispersión de población en ciertas regiones encarece excesivamente el transporte de mercancías en la última milla. De este modo, el uso de los drones está resultando ser la forma más óptima de reducir los tiempos de transporte, teniendo en cuenta la orografía de las regiones del interior, con el objetivo es realizar envíos en todo el territorio nacional en menos de 36 horas. Pero también influye a su vez en el abaratando en el coste del servicio. Según la experiencia de JD.com, realizar envíos a las zonas rurales es cinco veces más caro que en las ciudades, y podría llegar a reducirse aún más cuando los futuros desarrollos tecnológicos permitan mejorar las capacidades de la logística por drones hasta alcanzar envíos a gran escala.

Para ampliar el marco regulatorio, JD.com y SF Holding están trabajando con las autoridades para ampliar el ámbito de aplicación de los drones. El objetivo es crear todo un sistema formado desde aviones autónomos de alas fijas que despeguen desde pequeños aeropuertos, hasta pequeños aparatos que aterricen en los grandes cargueros de transporte de mercancías. Con esta revolución logística, el gobierno chino también se apunta una importante baza, la de conseguir reducir la desigualdad de riqueza existente entre las zonas costeras y las del interior gracias al desarrollo económico que genera el uso de drones en estas regiones.

China tiene una característica que la hace única para albergar el nacimiento de la gran odisea del transporte utilizando drones, y ésa es su mercado. Los 590 millones de población rural de China resulta ser una cuestión diferencial entre las oportunidades de negocio que plantea el gigante asiático y cualquier otro mercado de consumo. China es el mayor mercado de ventas online del mundo y, precisamente, es la dimensión del e-commerce la que está permitiendo a Alibaba, JD.com y Pinduoduo digitalizar el medio rural. Alibaba, a través de Cainao, su división logística, ya ha lanzado su primera experiencia de entregas de paquetes sobrevolando el mar. La gran odisea de drones de carga llegará cuando esté disponible el modelo que conjuntamente está desarrollando en colaboración con Beihang Unmanned Aircraft System, capaz de transportar hasta una tonelada de productos a una distancia de más 1.500 kilómetros. Estas nuevas capacidades en la logística de drones podrían permitir que Ele.com, la filial de distribución de comida de Alibaba, recortara distancias con Meituan, su gran competidor y líder indiscutible en este sector con una cuota de mercado del 63%.

La fiebre del uso de drones está comenzando a extenderse por China y empresas de distribución extranjeras como DHL también se han sumado a esta nueva carrera tecnológica por mejorar el reparto de la última milla. Restringido a las zonas urbanas, el acuerdo suscrito con la empresa china EHang le permite al gigante alemán de la logística ser la primera empresa extranjera del sector en operar con drones en China. La mejora incorporada por la capacidad de los drones que soportan ocho kilogramos de carga y alcanzan ocho kilómetros de distancia se traduce en una reducción del 80% del coste de transporte, con tiempos de entrega cinco veces mejores, pasando de 40 minutos a tan sólo ocho.

En el caso de JD.com, la empresa china cuenta ya con siete tipos de drones, unos más específicamente diseñados para envíos a largas distancias y otros para transportar paquetes más pesados en trayectos más cortos. Desde que comenzaran a operar en 2017, las frecuencias de entrega alcanzan cuatro envíos al día en algunas localidades. Aunque la distribución de paquetes es el uso más común utilizado en el empleo de drones, China ha encontrado además otras aplicaciones mucho más creativas, como la de crear animaciones al estilo de fuegos artificiales. No obstante, el uso de los drones en China se extiende a cualquier ámbito susceptible de ser utilizado como fumigación de cultivos, control de niveles de polución, inspección de zonas devastadas, y un largo etcétera. Un crecimiento que no parece tener límites, más cuando China ha incorporado la innovación en drones a su Ruta de la Seda Digital. Los servicios en pruebas lanzados por JD.com en Tanzania, Indonesia y Tailandia demuestran que la revolución de los drones Made in China no ha hecho nada más que empezar.

Los vehículos autónomos van para largo. Miguel Ors Villarejo

Mi sobrina dice que antes de una década habrá autos sin conductor circulando por las calles. Yo creo que no y nos hemos apostado una comida. ¿Quién piensa usted que va a ganar? Hace apenas un año, me habría dirigido una mirada conmiserativa y me habría dado una palmadita en la espalda. El sector era muy optimista. Waymo, la filial de vehículos autónomos de Alphabet/Google, había anunciado la compra de 62.000 camionetas Chrysler y 20.000 Jaguar eléctricos para su flota de robotaxis. Y General Motors tenía previsto lanzar un servicio de transporte de viajeros a finales de 2019.

Esta confianza estaba justificada. En los años precedentes el progreso había sido notable. Cuando en 2004 se celebró el primer DARPA Grand Challenge, un rally para coches autónomos, ningún inscrito completó el recorrido de 230 kilómetros. Pero 18 meses después, en la segunda edición, siete lo lograron y los inversores pensaron que culminar el desafío estaba al alcance de la mano. “Había que coger un puñado de sensores por aquí y un poco de inteligencia artificial por allá, y ya estaba”, cuenta en The New York Times un analista.

Y, efectivamente, en muy poco tiempo la industria tenía lista la tecnología necesaria para lidiar con la mayoría de las situaciones. Con ayuda de cámaras y lídares (unos radares que usan haces de láser) no resultó complicado adiestrar a una máquina para que identificara los obstáculos habituales, los procesara y los sorteara. Quedaban, sin embargo, los imprevistos: los peatones que saltan inopinadamente de la acera, los ciclistas que circulan a contramano, los automovilistas que hacen giros de 180 grados. Se trata de sucesos estadísticamente marginales, pero en un país con 26 millones de conductores como España incluso una probabilidad ínfima (del 0,001%, por ejemplo) supone que cada día se dan cientos de ellos. Concebir un programa capaz de tenerlos en cuenta se ha revelado más engorroso de lo previsto y es absolutamente indispensable, porque las consecuencias pueden ser fatales, como se puso de manifiesto en marzo, cuando un Volvo autoguiado de Uber arrolló a una mujer que cruzaba la avenida Mill de Tempe (Arizona) fuera de un paso de peatones.

Tampoco es sencillo meterle en la cabeza a un autómata micromaniobras que cualquier novato aprende en una tarde de autoescuela, como levantar el pie del acelerador cuando otro coche asoma el morro en un cruce, aunque venga por la izquierda y no tenga preferencia. ¿Y no se puede diseñar un software supercauto, que se ponga siempre en lo peor? Por supuesto. Ese automóvil a prueba de golpes ya existe, pero se pasa todo el rato dando frenazos y “es un fastidio”, como admite un investigador de la Universidad de Michigan.

Al final, la tecnología disponible solo permite usar los vehículos autónomos en entornos controlados y a velocidades muy bajas. May Mobility ya opera un servicio de lanzaderas sin conductor en tres ciudades de Estados Unidos. Realizan viajes cortos, por rutas definidas y a no más de 40 kilómetros por hora. Esta iniciativa ha permitido llevar el transporte público a zonas donde una línea tradicional de autobús no sería rentable. Es un avance social indudable, pero me imagino que sabrá a poco a mi sobrina y es posible que termine costándole una comida.