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INTERRENGUM: ¿Xi pliega velas? Fernando Delage

El pasado 31 de mayo, el Politburó del Partido Comunista Chino, integrado por su máximos 25 dirigentes, celebró una inusual sesión de estudio sobre cómo reforzar “la capacidad de comunicación internacional” del país. En dicho encuentro, el secretario general, Xi Jinping, pidió a los cuadros de la organización un esfuerzo dirigido a “construir una imagen creíble, adorable y respetable de China”. “Debemos prestar atención a cómo emplear el tono correcto, ser abiertos, confiados y humildes”, añadió Xi, según la información proporcionada por Xinhua, la agencia oficial de noticias.

Sus palabras han provocado un considerable revuelo entre los observadores, dada la especial agresividad que ha caracterizado los mensajes de Pekín hacia otras naciones durante los últimos años (la conocida como “diplomacia del lobo guerrero”, en alusión a una popular película china). ¿Va el gobierno chino entonces a suavizar su aproximación hacia el exterior? Aunque las interpretaciones se inclinan hacia el escepticismo, habría que analizar las posibles motivaciones de este cambio de discurso.

Algunos expertos consideran que se trata de un mero ajuste en la estrategia de comunicación. Los excesos en la propaganda practicada hasta la fecha justificarían el final de su recorrido ante la proliferación de críticas en las redes sociales que subrayan las contradicciones entre la retórica oficial y los hechos concretos. No sería éste por tanto el camino para extender una imagen positiva de China en el mundo. Otras fuentes hacen hincapié en el tipo de medidas—advertencias, sanciones, prohibición de visados, etc—a través de las cuales Pekín ha reaccionado contra aquellos países que—en su opinión—han actuado en contra de sus “intereses fundamentales”. El resultado ha sido una situación de enfrentamiento que ha resultado contraproducente para sus objetivos. Su esperado acuerdo sobre inversiones con la Unión Europea, por ejemplo, ha sido rechazado por el Parlamento Europeo. El drástico empeoramiento de sus relaciones con Australia e India, entre otros, afecta igualmente a su imagen internacional, justamente cuando Estados Unidos cuenta con un presidente volcado en recuperar las relaciones con sus socios y aliados tras la perjudicial etapa de su antecesor.

La represión de los uigures en Xinjiang, la supresión de la autonomía de Hong Kong, la creciente presión sobre Taiwán, o la gestión de la pandemia no han multiplicado ciertamente los amigos de China. Un sondeo del Pew Research Center realizado el pasado mes de octubre en 14 países, reflejaba una visión mayoritariamente negativa de China, incluyendo en 9 de ellos las cifras más altas en décadas. Mientras, continúan los llamamientos a boicotear la participación de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022 en Pekín, y a investigar el origen del Covid-19.

Resulta lógico pues que China intente moderar su actitud ante el rápido deterioro de su percepción internacional. Si el mundo no acepta su ascenso, Pekín no contará con el margen de maniobra que espera conseguir hacia mediados de siglo. Y ésta puede ser en último término la clave más relevante del anunciado giro diplomático. Más que por un problema de comunicación, los dirigentes chinos se han dejado llevar por un excesivo celo nacionalista que les hizo abandonar el anterior enfoque pragmático que les permitía, paso a paso, ir consolidando una nueva posición de influencia. Si se convierten en rehenes de una retórica beligerante, seguirán una deriva que les alejará de sus grandes planes estratégicos.

Los Juegos Olímpicos de Tokio segundo intento. Nieves C. Pérez Rodríguez

A tan sólo dos meses del segundo intento de inauguración de los juegos de Tokio 2020, aunque un año más tarde, la situación sanitaria en Japón es delicada y de acuerdo con algunos médicos locales podría llegar a empeorar.

La tercera economía del mundo había controlado bastante bien la pandemia y los contagios durante el 2020, a pesar de la cercanía con el lugar del brote inicial y otras regiones que fueron altamente afectadas en los primeros meses en que se declaro la pandemia.

Sin embargo, en los últimos meses ha habido brotes como el de Osaka, la tercera ciudad en población del país, que ha reportado un número muy alto de casos y los hospitales de la ciudad se encuentran al límite de su capacidad, lo que en muchos casos ha acabado en victimas ante la falta de asistencia. Muchos de los pacientes que comienzan a experimentar síntomas leves y que, eventualmente, podrían necesitar asistencia médica no están siendo recibidos en los hospitales debido a que se encuentran en su máxima capacidad. 

Según AP, los decesos a causa de Covid-19 que ocurrieron fuera de los hospitales en abril se triplicaron desde marzo  y fueron 96, incluidos 39 en Osaka y 10 en Tokio. Y aunque la cifra parezca alarmante hay que remarcar que Japón tiene una población de más de 126 millones de ciudadanos.

A pesar de que la comunidad internacional está de acuerdo en que los juegos  olímpicos se lleven a cabo, parece que según se acerca la fecha empieza a haber más resistencia a la celebración. Los juegos del 2020 fueron reprogramados al 23 de julio del 2021 y los paraolímpicos el 24 de agosto. Por lo que el pasado 16 de noviembre el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) visitó Tokio y se reunió con el primer ministro Yoshihide Suga. Y en su momento Suga aprovechó la ocasión para afirmar “nuestra determinación es realizar unos juegos seguros y exitosos el próximo verano como prueba de que la humanidad ha derrotado el virus”.

Esas palabras, que seguramente fueron la gran motivación en el momento en que fueron reprogramados los juegos, no necesariamente cuentan hoy con la misma fuerza ni el mismo entusiasmo, pues son muchos más los países que se encuentran aún batallando para controlar la pandemia sin mucho éxito.

El playbook o libro de procedimiento de las Olimpiadas de Tokio del 2020 (que mantiene su nombre a pesar de que la celebración se lleve a cabo en el 2021) ha contado con varias revisiones y modificaciones del comité, en un esfuerzo por ajustarse a la realidad del Covid-19 y lo que se ha ido aprendiendo del virus. Y aunque está previsto que los atletas se hagan dos pruebas antes de salir de sus países para contar con la seguridad de estar negativos, una vez en la villa olímpica deberán practicarse pruebas diarias junto con otras normativas estrictas en pro de mantener su seguridad sanitaria.

Así como muchos atletas internacionales están ansiosos en participar, pues estas competiciones son la razón su devoción al entrenamiento, algunas figuras importantes han anunciado que no participarán. La misma sociedad civil japonesa que ha sido consultada en encuestas de opinión ha expresado su deseo en cancelar las olimpiadas por temor a más contagios. Pues la curva de casos ha aumentado considerablemente desde que fueron levantadas las restricciones.

El gobierno japonés sigue sumando esfuerzos en evitar que los juegos sean cancelados, porque de serlo verían como 26 mil millones de dólares se perderían, eso es parte de los costos de organización, de seguridad, de adaptación de las instalaciones deportivas o en algunos casos de construcción de ellas, las trasmisiones televisivas entre otras muchas cosas.

Reuters revelaba a finales de la semana pasada que tan solo 4,1 % de la población japonesa había sido vacunada mientras que comparaba con otros países del G7 en los que las fases se encontraban mucho más avanzado.

Las cifras oficiales de casos en Japón a dos meses de la celebración de las olimpiadas y los paraolímpicos son de 706.000 casos positivos y unas 12.000 muertes en total.

En este momento se calcula que el 80% de los atletas han sido vacunados lo que es una cifra muy alta, y el gobierno japonés ha sugerido a los comercios y restaurantes que cierren sus puertas a las 8 pm para intentar contener un poco la movilidad en la calle. Lo que ha llevado a un debate entre los juristas japoneses de si la medida es o no constitucional.

El Covid-19 no sólo ha cambiado la vida, la dinámica sanitaria, la economía y hasta la política de cada país del planeta, sino que ha ocasionado que la celebración de un evento tan codiciado entre las naciones anfitrionas se haya convertido en una problema para el país receptor quién aun haciendo todo correctamente podría acabar ganando el rechazo social de sus propios ciudadanos.

INTERREGNUM: China y su cónclave anual. Fernando Delage

Si la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional de la República Popular China es siempre relevante (marca la agenda política de los meses siguientes), el pleno que se inaugura el 4 de marzo tendrá un especial significado. La Asamblea aprobará formalmente el XIV Plan Quinquenal y desvelará de ese modo los planes económicos a largo plazo de los dirigentes chinos. Los mensajes políticos tendrán aún mayor importancia al conmemorarse este año el centenario de la fundación del Partido Comunista, y celebrarse—en el otoño de 2022—su XX Congreso. El legado de Xi Jinping y el futuro del Partido estarán definidos en gran medida por las orientaciones que establezcan los líderes a partir de estos dos acontecimientos. Aunque en contraste con la mayoría de las democracias occidentales el país ha logrado controlar la pandemia y restaurar el crecimiento, aún afronta notables desafíos internos y externos.

Los planes económicos pueden verse complicados por la reacción internacional a las acciones de Pekín en el mar de China Meridional, en la frontera con India, en Hong Kong o en Xinjiang. El cambio de administración en Washington tampoco parece que vaya a suponer de manera automática una mejora en las relaciones bilaterales. En su primera conversación con Biden, Xi hizo hincapié en su voluntad de cooperación, mientras que el presidente norteamericano manifestó su preocupación por “las prácticas económicas de Pekín, la violación de derechos humanos y la presión sobre Taiwán”.

En unas circunstancias en las que China—como suele indicar Xi en sus discursos—afronta “desafíos y oportunidades sin precedente”, el presidente chino ha subrayado la necesidad de crear las condiciones favorables para la conmemoración del centenario del Partido en julio. Entre ellas, se pretende que el nuevo Plan Quinquenal arranque de manera positiva con un objetivo de crecimiento del PIB cercano al ocho por cien en 2021. Se espera asimismo que, al concluir el Plan en 2025, China haya dejado de ser una nación de ingresos medios, y que duplique su renta per cápita hacia 2035.

Las decisiones de la Asamblea permitirán conocer el detalle de cómo piensa Pekín perseguir esos objetivos. Las líneas generales del Plan dadas a conocer el pasado mes de noviembre subrayaron el doble imperativo de impulsar la demanda interna y la innovación, conforme al esquema de “circulación dual”. Por primera vez la tecnología será la gran prioridad de la estrategia quinquenal, al depender de ella la sostenibilidad del crecimiento económico en el futuro. Aunque desde 2018, en el contexto de la guerra comercial con Estados Unidos, el gobierno chino dejó de referirse públicamente al plan “Made in China 2025”, es evidente que la promoción de los sectores de alta tecnología (de la inteligencia artificial y la telefonía de quinta generación a los vehículos eléctricos) no ha desaparecido. Todo lo contrario: la urgencia durante los próximos años consistirá en continuar reduciendo la dependencia del exterior para consolidar la autonomía china y controlar la producción de elementos clave como semiconductores.

Tras declarar hace unas semanas la eliminación de la pobreza absoluta, el presidente chino también ha hecho hincapié en la idea de “prosperidad común”, un propósito que exige la reducción del considerable diferencial de riqueza existente entre unas y otras provincias. No es esta una cuestión sólo económica: es, por el contrario, un asunto político de primer orden, inseparable de la identidad y legitimidad misma del Partido Comunista. Se desconoce, sin embargo, cómo tiene pensado Pekín avanzar en esta última dirección, que puede conducir a un nuevo choque de las autoridades con el sector privado. Lo que no está en duda, en cualquier caso, es la fortaleza de una organización que, camino de sus cien años de vida, ha superado la doble prueba de la pandemia y la crisis económica. (Foto: CGTN)

Tokio 2021. Nieves C. Pérez Rodríguez

Los juegos olímpicos fueron uno de la larga lista de eventos que se tuvo que suspender en el 2020 debido al Covid-19. Japón lo tenía todo previsto y a pesar de la ilusión del pueblo y el gobierno japonés en ser sede de este gran evento, fue postergado por seguridad sanitaria en espera de ver la evolución de la pandemia.

El origen de estos juegos se remonta a la época de la antigua Grecia, de donde también viene el origen de su nombre -de la ciudad Olimpia- sede de los primeros juegos de la historia. Los olímpicos han sido símbolo de paz y fraternidad entre pueblos, incluso en épocas convulsas y de conflictos a lo largo de la historia del mundo. En efecto en la antigua Grecia los griegos paralizaban las guerras para poder celebrar las competencias y permitir la movilidad de los pueblos de alrededor sin peligro.

Desde la antigüedad estos juegos han congregado multitudes; los atletas y los aficionados en la antigua Grecia además aprovechaban para rendir culto a sus dioses. De allí el origen de la antorcha, que comenzó como un ritual sagrado en donde se quemaban las ofrendas que se ofrecían a los dioses y que hoy sigue siendo el símbolo de unión, tolerancia, amistad, paz y esperanza entre los pueblos.

Los juegos del 2020 han sido reprogramados y se inaugurarán el 23 de julio del próximo año y culminarán el 8 de agosto, por lo que el pasado 16 de noviembre el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) llegaba a Tokio y se reunía con el primer ministro Yoshihide Suga a tan sólo nueve meses de que tengan lugar los olímpicos de Tokio. El primer ministro japonés aprovechó la visita para afirmar “nuestra determinación es realizar unos juegos seguros y exitosos el próximo verano como prueba de que la humanidad ha derrotado el virus”.

Por su parte el presidente del COI -Thomas Bach- aseveraba “estamos convencidos de que unos juegos olímpicos seguros serán un símbolo de solidaridad y unidad” y que “junto con nuestros amigos japoneses nos aseguraremos de que estos juegos sean la luz al final del túnel oscuro en el que nos encontramos”.

Los primeros olímpicos de Tokio tuvieron lugar en 1964, en un curioso momento, posterior a que Japón había sido derrotado en la II Guerra Mundial y sufría un colapso económico. En ese momento esos juegos fueron señal de esperanza y dejaron huella en el pueblo japonés. Los japoneses pudieron demostrar sus avances tecnológicos como la transmisión satelital y el tren bala, por lo que consiguieron posicionarse como líder mundial en electrónica. Con ello su orgullo nacionalista fue restablecido y así renació una nueva nación japonesa.

Es muy probable que los juegos olímpicos del 2021 sean esencialmente la reafirmación de reflorecimiento para Japón, para Asia y el resto del mundo. Japón, apenas el año pasado iniciaba una nueva era con la toma de posesión del nuevo emperador Naruhito, la “era Reiwa” que significa hermosa armonía. El nombre de la nueva era revela el deseo japonés de mantenerse alejado de actos bélicos -tal y como lo contempla su constitución-y seguir el camino próspero y altamente civilizado que les ha permitido llegar a ser una potencia económica.

Seguramente, el encendido de la próxima antorcha olímpica representará para Japón y para el resto del mundo la esperanza en volver a vivir con libre movilidad, poder socializar sin protocolos de seguridad, retomar la vida como la conocíamos y, quizá, incluso nos ayude a apreciar el valor que encierra vivir cada día ordinario.

INTERREGNUM: China: cambio de rumbo. Fernando Delage

La confirmación de los riesgos financieros derivados de la ambiciosa Ruta de la Seda, la guerra comercial y tecnológica desatada por Trump a partir de 2018, y el impacto económico global de la pandemia, son algunos de los principales factores que parecen haber obligado a los líderes chinos a emprender un cambio de rumbo en sus planes económicos; un giro que también tendrá importantes implicaciones para los intereses occidentales.

Una evidencia de ese cambio de dirección puede encontrarse en un reciente estudio de la universidad de Boston—dado a conocer la semana pasada por el Financial Times—, sobre la drástica caída en los préstamos concedidos por los “policy banks” chinos: el Banco de Desarrollo de China y el Export-Import Bank. Sus créditos, en efecto, en buena parte destinados a los proyectos de la Ruta de la Seda, cayeron de los 75.000 millones de dólares de 2016 a 4.000 millones de dólares el pasado año. Estas dos instituciones, bajo el control directo del gobierno chino, han proporcionado entre 2008 y 2019 un total de 460.000 millones de dólares, cifra que iguala a los fondos del Banco Mundial durante el mismo periodo. Algunos años, los préstamos de ambos bancos superaron, incluso, los concedidos por todos los bancos multilaterales de desarrollo juntos.

Es igualmente significativo que los medios de comunicación hayan dejado de referirse a la Ruta de la Seda con la frecuencia de los últimos años. Todo apunta a que el gobierno es consciente de que su aproximación a la financiación de infraestructuras a esta escala resulta insostenible a medio-largo plazo. La renegociación de la deuda en la que se han comprometido no pocos países en desarrollo, además de la reacción de distintos gobiernos al impacto medioambiental, laboral y social de los proyectos, obligaba a corregir las dimensiones de la iniciativa y dedicar mayores recursos al frente interno. A esa reorientación empujaban asimismo las tensiones con Estados Unidos y las consecuencias del Covid-19 para la economía global.

La necesidad del reajuste fue reconocida en mayo, cuando, bajo la oscura denominación de “circulación dual”, un documento del Politburó indicó que, sin abandonar el comercio con el exterior (“circulación internacional”), el modelo económico chino debe apoyarse sobre todo en el consumo interno y la innovación tecnológica local (“circulación nacional”) como clave de la modernización del país. Fue una idea que reiteró la última sesión plenaria del Comité Central, al incluirla entre las directrices del próximo Plan Quinquenal, que será formalmente aprobado en marzo de 2021.

Sería un error, sin embargo, minusvalorar la dimensión externa del reajuste chino. En el terreno financiero, el reducido papel de los “policy banks” conducirá a un mayor protagonismo de las instituciones multilaterales, como el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (con sede en China), y a una mayor presencia de Pekín en otros bancos de desarrollo regionales. En la esfera comercial e inversora, el “decoupling” chino con Estados Unidos—estará por ver si con la Unión Europea también—se verá compensado con un giro hacia las naciones de su entorno y hacia África. La reciente firma del RCEP facilitará ese salto, como también el anuncio del interés chino por su incorporación al CPTPP (el antiguo TTP sin Estados Unidos), hecho por Xi Jinping el mes pasado, durante la cumbre de APEC. Aunque la adhesión china a este último acuerdo no parece plausible a corto plazo, es un claro mensaje al nuevo presidente norteamericano sobre el riesgo de aislamiento de Estados Unidos del nuevo centro de gravedad económico del planeta.

La conclusión a la que llegan diversos observadores es que, a través de sus movimientos, China estaría preparando la estrategia económica que mejor conviene para un escenario de guerra fría. Al considerar que la hostilidad de Washington se mantendrá bajo la administración Biden, Pekín reducirá su interdependencia con Occidente, pero sólo para aumentarla con otras partes del mundo, abriendo así una nueva etapa en la era de la globalización.

INTERREGNUM: China y Australia a la greña: Fernando Delage

Hasta tiempos recientes, Australia era un ejemplo de cómo una democracia liberal podía mantener una relación fructífera y estable con China pese a la diferencia de valores políticos. La República Popular compra cerca del 40 por cien de las exportaciones de Australia, también uno de los destinos más populares para los inversores, estudiantes y turistas chinos. La ausencia de conflictos históricos y de intereses incompatibles facilitaron el desarrollo de la relación bilateral, elevada durante la visita del presidente Xi Jinping en noviembre de 2014 al estatus de “asociación estratégica integral”.

Durante los últimos meses, por el contrario, Canberra ha pagado el precio de enfrentarse a Pekín. Este ultimo endureció su actitud después de que, en abril, el gobierno australiano fuera el primero en solicitar una investigación internacional sobre el origen del COVID-19 y la gestión inicial del contagio. Desde entonces China ha impuesto restricciones a las exportaciones de más de una docena de productos australianos, por valor de miles de millones de dólares. La última crisis diplomática se desató la semana pasada, cuando el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores chinos exigió en un tweet la condena del asesinato de civiles afganos por soldados australianos durante la guerra en el país centroasiático, sobre la base de un falso video. 

Algunos observadores creen que Pekín ha decidido presionar a Canberra a modo de advertencia, una vez que el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado que Washington coordinará con sus aliados la política a seguir hacia la República Popular. Para otros, se trata de una manera de desviar la atención de otras acciones chinas, como la violación de derechos humanos en Xinjiang o la suspensión de la autonomía de Hong Kong. En cualquier caso, no faltan razones más concretas: Australia fue el primer país en prohibir la participación de Huawei y ZTE en sus redes de telecomunicaciones de quinta generación; ha aprobado leyes que persiguen la injerencia en su vida política (en respuesta a diversos episodios de intromisión de China); y no ha cesado en sus críticas a la política china con respecto a Taiwán o al mar de China Meridional. Flaco favor ha hecho a Canberra que esas medidas y críticas fueran valoradas por el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, como ejemplo de lo que debe hacerse frente a Pekín.

Han sido hechos con consecuencias. El mes pasado, en un inusual mensaje diplomático, un miembro de la embajada china en Australia detalló una lista de 14 quejas, sobre aquellos asuntos—incluidos los mencionados anteriormente—que han “envenenado” las relaciones entre ambas naciones. Pekín espera que Australia adopte “acciones concretas” si quiere reparar el daño causado y volver a una situación de normalidad, aunque el primer ministro Scott Morrison ya ha advertido que no cederá en los valores e intereses nacionales del país.

La escalada de tensión es interpretada como un mensaje por parte de China a quienes quieran seguir el camino de Australia. Pero quizá el problema no estriba tanto en las acciones de su gobierno sino en haber optado por una innecesaria provocación pública de Pekín. Lo que se hace pensando en que resulte políticamente “rentable” de cara a la opinión pública nacional, puede ser fuente de conflictos en el terreno diplomático; una lección que conocen bien la mayor parte de las naciones asiáticas cuyas economías dependen de su interdependencia con la República Popular.

THE ASIAN DOOR: “El Dorado” para el lujo. Águeda Parra

Con algunas excepciones, la pandemia del COVID-19 ha impactado fuertemente sobre el modelo de crecimiento económico de muchas empresas al suponer las restricciones a la movilidad un duro golpe sobre la línea de flotación de su estrategia de negocio. Y el mercado del lujo no ha sido ajeno a este efecto tsunami provocado por esta crisis sanitaria.

Más de dos tercios del consumo de artículos de lujo que realiza el consumidor chino de alto poder adquisitivo lo hace durante sus visitas a destinos turísticos en Europa y Estados Unidos. Las distintas velocidades a las que se extiende la pandemia en estas zonas, sumado a las restricciones a la movilidad que todavía persisten, han supuesto que las compras domésticas sean este año las grandes protagonistas, hasta un 80% del gasto en lujo. A pesar de las restricciones a la movilidad internacional, el apetito por los artículos de lujo entre los consumidores chinos se mantiene, lo que supondrá que este año China sea el único mercado del mundo que registre crecimiento positivo de hasta el 45%.

De forma similar a otros entornos empresariales, las caídas en ventas del mercado de artículos de lujo personales, que engloba moda, joyería, relojes y belleza, han sido las mayores registradas en la historia, incluso superiores a los niveles de 2009, experimentando una caída del 23% hasta los 257.500 millones de dólares, según la consultora Bain & Company. Los destinos turísticos más visitados por los consumidores chinos para sus adquisiciones de lujo son los que han registrado un impacto mayor, siendo Europa el que ha sufrido la mayor caída de ventas, hasta un 36%, mientras que en Estados Unidos el descenso ha sido algo más moderado hasta un 27%.

Puesto que los ritmos de contención de la pandemia no están siguiendo patrones similares a nivel mundial, no parece factible esperar que 2021 sea el año de la recuperación del mercado, estimándose que los niveles de 2019 no se alcanzarán hasta 2022 o 2023. No obstante, este período de recuperación puede conllevar cambios significativos en la reconfiguración de los principales mercados del lujo a nivel mundial. Si los ritmos del consumidor chino se mantienen de forma doméstica, China podría pasar de ocupar el tercer puesto entre los mercados del lujo más importantes del mundo, con 52.000 millones de dólares en ventas, a desplazar en 2025 a Norteamérica como el mercado del lujo más importante, que actualmente lidera la clasificación con 74.000 millones de dólares en ventas, seguido de Europa en segundo lugar con 68.000 millones de dólares.

Este escenario presenta una magnífica oportunidad para que pequeñas marcas comiencen a establecer una estrategia de internacionalización apostando por el mercado chino como el nuevo “El dorado” para los bienes de lujo. El potente y maduro mercado e-commerce de China ofrece una vía de entrada atractiva para aquellas firmas que contemplen comunicarse con el consumidor chino a través de los canales digitales, incorporando no sólo un punto de venta en el mercado chino sino el crecimiento de su marca dentro del ecosistema digital en el que se mueven los consumidores chinos. La modalidad de tienda flagship que ofrece el Pabellón de lujo de Tmall, o el estilo marketplace que caracteriza la propuesta de JD.com, son algunas de las opciones más atractivas para captar la atención del consumidor chino en uno de los mercados del lujo más competitivos del mundo. De hecho, el efecto de la pandemia ha desplazado las compras de artículos de lujo del medio offline mientras se viaja por el extranjero a la modalidad online, suponiendo el 23% de las ventas totales durante 2020, casi el doble del 12% que representaban en 2019. Una tendencia que, de mantenerse después de que se estabilice la crisis sanitaria a nivel mundial, podría marcar un nuevo hito en el mercado del lujo mundial y un aviso a navegantes de que puede haber llegado definitivamente el momento de apostar por el ecosistema digital de China, en lo que al lujo se refiere.

THE ASIAN DOOR: América Latina frente al decoupling ¿realidad o reto? Águeda Parra

Después de varios meses de pandemia, una de las consecuencias más evidentes que ha generado la crisis sanitaria del COVID-19 ha sido impulsar un proceso de aceleración mundial en varios entornos. Entre ellos, la reordenación de las cadenas de suministros globales pasa a ocupar un lugar destacado.

En un mismo período de tiempo, ha coincidido un escenario de decoupling de China, promovido por la administración Trump, y una crisis sanitaria, suscitando una posible reordenación de las cadenas de suministro globales para reducir riesgos operativos ante una situación como la que ha planteado una pandemia mundial. La vista está puesta ahora en potenciar la aportación de valor de otras regiones de Asia, por su cercanía a China, o jugar la baza de América Latina, por su proximidad al importante mercado de consumo de Estados Unidos.

La integración de China en la región asiática ha favorecido que, a medida que el gigante asiático asciende hacia la parte alta de la cadena de valor en la manufactura y producción en varias industrias, hayan sido los países vecinos los que han capturado el espacio dejado por China. Asimismo, en este escenario, el proceso de decoupling y la aceleración generada por la crisis sanitaria ha motivado que varias tecnológicas estadounidenses, como Google, Microsoft y Apple, estén moviendo parte de su producción fuera de China, quedando Vietnam y Tailandia entre los países más beneficiados. Pero ¿en qué medida podría América Latina beneficiarse de esta reordenación de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos?

La gran ventaja de la proximidad de los países latinoamericanos con el gran mercado de consumo estadounidense no se ha visto traducida en un mejor posicionamiento de América Latina como sustituto natural de Asia en este proceso de decoupling al que aspira Estados Unidos. La región en su conjunto no ha desarrollado las infraestructuras y capacidades logísticas que demanda la operativa de las cadenas de suministro globales, sin embargo, determinados países podrían verse beneficiados, según un estudio de The Economist Intelligence Unit.

En ese movimiento de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos del este al oeste, México es el país mejor posicionado, aunque determinados factores hacen poco factible que este proceso llegue a consolidarse, según este estudio. El hecho de que dos tercios de las importaciones de bienes y servicios de México estén relacionados con el comercio de exportación, y que el envío de contenedores tarde apenas una semana en pasar la frontera frente a las cinco semanas que tardaría en llegar desde China, además de tener un coste menor, son puntos que benefician la posición de México. Sin embargo, la lenta recuperación de la pandemia no favorece un reposicionamiento del país en las cadenas de suministro globales, a lo que habría que añadir la falta de políticas que promuevan este tipo de movimiento, así como la carencia de mecanismos que incentiven la atracción activa de la inversión.

De entre los países de América Latina, Chile, Costa Rica, México, Colombia y Brasil figuran entre los mejor posicionados para incorporarse a las cadenas de suministro globales. Sin embargo, la falta de inversión en infraestructura de la que adolece la región, que destina menos del 3% del PIB en su conjunto, no favorece esta transición. Contrasta con el 8% del PIB que dedican los países de Asia Oriental, y se estima que sería necesario incrementar entre un 4%-8% del PIB el gasto en infraestructuras para poder asemejarse a otros países industrializados como Corea del Sur, según algunos estudios.

Existen, asimismo, otras cuestiones a tener en cuenta para generar esta transición desde la región asiática a la latinoamericana. Destaca la falta de preparación y adopción de las nuevas tecnologías en un modelo de cuarta revolución industrial (4IR), así como la cuestión de los costes laborales y la disponibilidad de talento especializado. No obstante, aunque la situación no sea la más favorable, toda crisis es una oportunidad, y América Latina debe encontrar los mecanismos para reivindicarse como actor mundial en la configuración de las futuras cadenas de suministro globales.

THE ASIAN DOOR: La revolución verde de China. Águeda Parra

Visión a largo plazo y objetivos ambiciosos para afrontar el cambio climático. Éste es el modelo ofrecido por el presidente de China, Xi Jinping, en su discurso ante la 75º Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En este contexto, los próximos 40 años serán decisivos para hacer efectiva la transición mundial hacia un modelo de desarrollo verde y de bajo consumo en combustibles fósiles.

El anuncio realizado por China tiene dos aspectos muy positivos. En primer lugar, el adelanto de la fecha para llegar al pico de emisiones de CO2. El compromiso en el ámbito de la Cumbre de París sobre Cambio Climático para alcanzar este nivel estaba fijado para el año 2030. Sin embargo, ha sido en la intervención del presidente chino cuando se ha expresado la determinación de que este objetivo se cumpla antes de 2030. Y, en segundo lugar, se ha fijado el año 2060 como la fecha en la que se alcanzará la neutralidad de carbono. Esto supone alcanzar el nivel de emisiones cero en un tiempo menor que Europa, que ya alcanzó ese objetivo pico en la década de 1990 contando, por lo tanto, con más tiempo para conseguir la neutralidad climática.

La posición de China como el país más contaminante del mundo, suponiendo el 28,8% de las emisiones de CO2 globales, según el último informe Statistical Review of World Energy publicado por BP, se compensa con el que hecho de ser referente mundial en renovables. En el mix de consumo energético, el consumo de combustibles no fósiles creció un 29% en 2018, y supone el 27,9% de la electricidad total generada en el país en 2019. De modo que este nuevo anuncio no solamente refuerza la posición del gigante asiático como actor relevante en la lucha contra el cambio climático, sino que aporta una fecha de referencia para el resto de países emisores. Un anuncio que, en definitiva, muestra la planificación que contempla China para estructurar el desarrollo energético del país para los próximos 40 años y que anima a fortalecer la confianza mundial en la lucha por el cambio climático. En la práctica, el objetivo de China se traducirá en que solamente la acción del gigante asiático promoverá la reducción del calentamiento global entre 0,2 y 0,3 grados, según Climate Action Tracker (CAT).

El anuncio de China se produce poco después de que la Unión Europea (UE) incremente hasta al menos un 55% el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 como parte del Pacto Verde Europeo (Green Deal). La falta de concreción en la última Cumbre UE-China no aplica, sin embargo, a la visión compartida que tiene Europa y el gigante asiático de trabajar conjuntamente para cumplir con los acuerdos que conduzcan a una neutralidad climática. El compromiso de fijar una fecha concreta en la que se alcance el fin de las emisiones contaminantes se ha convertido en un hecho histórico que ayudará a que otros grandes países emisores se unan a un proyecto de dimensión mundial en la lucha contra el cambio climático.

Entre las medidas que China ha venido contemplando para neutralizar las emisiones de CO2 durante los últimos años destaca la estrategia de abordar grandes plantaciones de árboles. El proyecto, que contempla incrementar la cobertura forestal del país del 21,7% al 23% entre 2016-2020, ha contado con iniciativas como la de replantar un área equivalente a la superficie de Irlanda. Sin embargo, el gobierno chino considera que estas medidas no van a ser suficientes para cumplir ambos objetivos.

Habrá que esperar a la publicación del próximo Plan Quinquenal para conocer los objetivos concretos de “recuperación verde” que plantea China para después de la pandemia del COVID-19. El anuncio en sí mismo ya se considera un paso imprescindible para reducir la huella de carbono del país, que enfrenta efectos del cambio climático sin precedentes que van desde inundaciones de magnitudes históricas a períodos de tifones irregulares. De ahí que la inversión en fabricar baterías para conseguir la implantación masiva de coches eléctricos esté en el punto de mira de los objetivos energéticos verdes de China más inminentes.

THE ASIAN DOOR: Carpe díem del turismo digital. Águeda Parra.

Livestreaming es una tendencia que está empezando a despuntar como canal de promoción turística como forma de mostrar de manera más cercana, y con detalle, los placeres y bondades del destino. En este ámbito del turismo, aerolíneas y agencias de viajes han comenzado a utilizar esta estrategia de marketing durante la pandemia para impulsar la recuperación consiguiendo impactar en el consumidor chino con muy buenos resultados.

Creación de marca y captación de una audiencia mayor figuran entre los objetivos principales para que la industria turística haya hecho su incursión en este nuevo entorno digital, promocionándose a través del livestreaming. El resultado es bastante atractivo a tenor del volumen de ventas que pueden alcanzarse en una única sesión. Los más de 3.800 millones de dólares en una hora conseguidos por Trip.com, la agencia de viajes online más grande de China, dan muestra del potencial de esta prometedora tendencia en el ámbito del e-commerce orientado al turismo.

Si el livestream ha generado una creciente tendencia en el mercado de las ventas online promoviendo el efecto de “lo veo y lo compro ahora”, igualmente impactante será el interés que surja entre los turistas chinos por visitar un determinado país. Aportando una experiencia casi tan real como la de estar físicamente en el destino elegido, las sesiones de algo más de una hora aportan información sobre el patrimonio histórico y cultural del destino, ofreciendo además consejos de viaje que buscan animar al turista chino a considerar el país entre sus próximos destinos de vacaciones. Una forma interesante no sólo de adquirir productos online, sino también de conocer nuevos lugares y descubrir estilos de vida diferentes. De ahí la reciente alianza de JD.com con Trip.com que pone en conexión el mundo de las ventas e-commerce con la industria del turismo.

Antes de la crisis sanitaria del COVID-19 la popularidad del livestreaming había conseguido que los visualizadores de esta nueva tendencia digital alcanzaran unas ventas de e-commerce de más de 4.400 millones de dólares en 2018. Esta tendencia de incorporar el livestreaming como atractivo para incrementar las ventas online ha hecho crecer el número de personas que consumen este tipo de contenido digital, promoviendo el crecimiento de los usuarios un 10% en 2019, hasta alcanzar los 504 millones. Finalmente, la pandemia ha sido la precursora de que la nueva comunidad alcance los 560 millones de usuarios en marzo de 2020, lo que supone el 62% de los usuarios de Internet de China, según datos oficiales. Y creciendo.

El floreciente ecosistema digital de China ha promovido el paso acelerado del entorno offline a una experiencia de consumo de actividades online. Se trata de generar ventas de e-commerce de una forma mucho más animada, impulsar la industria turística, pero también se trata influir en otros sectores. Tienen cabida en esta nueva tendencia casi todo lo imaginable, desde trasmitir clases de cocina, sesiones de entrenamiento personal, hasta promover la venta de coches.

Siendo un fenómeno que ya había comenzado a popularizarse antes del COVID-19, sin duda la pandemia ha impulsado el proceso, promoviendo que se reinventen, digitalmente hablando, muchas industrias, incluso aquéllas que ya tenían una importante presencia online. Un nuevo fenómeno que promete convertirse en una de las tendencias más atractivas del ecosistema digital a nivel mundial en poco tiempo.