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Economía infantil. David Montero.

En las últimas décadas, China ha experimentado un cambio demográfico sin precedentes, marcado por un notable descenso de su población. Este fenómeno, resultado en parte de la histórica política del hijo único y de los cambios en las tendencias de natalidad, plantea serias preguntas sobre el futuro económico del gigante asiático. ¿Cómo afectará este declive poblacional a la segunda economía más grande del mundo?

Implementada en 1979, la política del hijo único buscaba controlar el crecimiento explosivo de la población en China. Si bien fue efectiva en su objetivo, ha dejado un legado de desequilibrios demográficos. Hoy, China se enfrenta a una población que envejece rápidamente, con una tasa de natalidad que continúa disminuyendo pese a los esfuerzos del gobierno central. Según el último censo, el país está viendo el crecimiento más lento de su población desde que comenzó a recopilar datos, en la década de 1950.

El envejecimiento y la reducción de la población en edad de trabajar plantean desafíos significativos para la economía china, ya que la disminución de la fuerza laboral afectará al crecimiento económico y la competitividad de China en el mercado global. Además, el aumento de la población de edad avanzada está ejerciendo presión sobre el precario sistema de seguridad social, aumentando la demanda de pensiones y atención médica. Este cambio demográfico también está alterando los patrones de consumo, con posibles repercusiones en la demanda interna, uno de los principales pilares para el dinamismo económico del país.

Frente a estos desafíos, el gobierno chino ha tomado medidas, incluyendo la relajación de la política del hijo único en 2015 y la promoción de políticas para incentivar la natalidad. Además, se están realizando inversiones significativas en tecnología y automatización para mitigar los efectos de la escasez de mano de obra. Estas estrategias buscan no solo abordar los problemas demográficos actuales, sino también preparar a China para un futuro económico sostenible. Sin embargo, diferentes estudios afirman que pese a esto, China enfrentará desafíos continuos relacionados con su población en las próximas décadas. El equilibrio entre mantener un crecimiento económico robusto y gestionar las necesidades de una población envejecida y menguante será clave. A pesar de estos retos, el país tiene oportunidades significativas para adaptarse y prosperar en este nuevo contexto demográfico.

Como se ha podido comprobar en mercados como el europeo, el envejecimiento de la población crea una demanda creciente de productos y servicios adaptados a las necesidades de los adultos mayores. Esto incluye atención médica especializada, productos farmacéuticos, dispositivos de asistencia, viviendas adaptadas y servicios de ocio. Las empresas que se especializan en estos sectores pueden encontrar un mercado en expansión. Además, la disminución de la fuerza laboral puede acelerar la adopción de la automatización y la inteligencia artificial en la industria. Esto puede conducir a un aumento de la productividad y eficiencia, impulsando la innovación tecnológica. Las empresas que lideran en tecnologías de automatización y AI, en las que China es una potencia puntera, pueden beneficiarse significativamente. Es previsible, además, que la disminución de la población interna pueda llevar a las empresas chinas a buscar oportunidades de crecimiento en mercados exteriores. Probablemente, en los próximos años asistiremos a un refuerzo de la expansión internacional de las empresas chinas, en busca de sustitución de la demanda interna. Sectores como el vehículo eléctrico ya son ejemplo de esto.

En definitiva, China tiene un problema y tiene oportunidades. Pero sobre todo, no tiene (suficientes) niños. De la gestión que haga de esto dependerá en gran medida su crecimiento económico futuro y la posibilidad de, de verdad, convertirse en una alternativa real a Estados Unidos.

¿Y si gana Trump? David Montero

La victoria inapelable de Donald Trump en el caucus de Iowa esta misma madrugada acerca la posibilidad de un nuevo mandato presidencial a partir de enero de 2025. Entre las múltiples lecturas, análisis y teorías que se pueden establecer de este hecho, la relación de Estados Unidos con China estaría, indudablemente, en el centro de la mayoría de ellas.

Durante su primer presidencia (2017-2021), Trump adoptó una postura confrontativa hacia China, marcada por una guerra comercial, tensiones sobre Hong Kong y Taiwán, y desafíos en los ámbitos de tecnología y seguridad. En contraste, la administración de Joe Biden ha buscado un enfoque más diplomático, aunque manteniendo una postura firme en temas clave como derechos humanos y comercio. Sin duda, un segundo mandato de Trump podría significar un retorno a políticas más agresivas hacia China. Esto podría reavivar la guerra comercial, aumentar la presión sobre temas de Derechos Humanos y libertades en Hong Kong y Taiwán, y profundizar las disputas en seguridad y tecnología. Por su parte, China podría adoptar una postura más defensiva o incluso confrontativa, lo que intensificaría las tensiones bilaterales, y las posibilidades de desestabilización del ya complejo equilibrio global. La reciente victoria de Lai Ching-te y su PDP en Taiwán no van a colaborar precisamente a que Pekín esté más tranquilo, y podría provocar un esfuerzo renovado por parte de China para fortalecer alianzas en Asia y Europa, anticipando un enfoque más unilateral y sobre todo más confrontativo de EE. UU.

La victoria de Trump es, sobre todo, un aviso de lo que puede venir a un año vista. Seguro que en Pekín habrán tomado nota y estarán pensando en que, tal vez, deberían acelerar los posibles pasos que quieran dar hacia Biden antes de que sea demasiado tarde. Probablemente la reunión de hace unos meses en San Francisco tenga que ser interpretada ya en esos términos, y desde luego, todos los pasos que se den a partir de ahora en la relación bilateral estarán marcados por la sombra creciente de un Trump que se aproxima y, veremos, si termina llegando.

 

Vicente Garrido: “Creo que este año tendremos récord en ensayos de misiles”

Entrevista a Vicente Garrido, experto en el programa armamentístico y nuclear de Corea del Norte:

“CREO QUE ESTE AÑO TENDREMOS RÉCORD EN ENSAYOS DE MISILES”

4Asia entrevista a Vicente Garrido, Profesor de Relaciones Internacionales y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos, director del INCIPE (Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior) y miembro del Consejo Asesor sobre Asuntos de Desarme del Secretario General de las Naciones Unidas, así como del Board of Trustees del UNIDIR (United Nations Institute for Disarmament Research).

4Asia: La agenda internacional y, en especial la agenda asiática, están marcadas en los últimos meses por la escalada verbal y militar entre Estados Unidos y Corea del Norte. Se habla mucho de las capacidades nucleares del régimen norcoreano, ¿cuál es el estado actual del programa nuclear de Pyongyang?

VG: La mayoría de los analistas coincidimos en que, estos últimos años, los cálculos se han hecho mal. ¿Qué quiero decir con ello? Que la capacidad de misiles ha experimentado un avance muy importante y Corea del Norte ya tiene misiles de corto medio y largo alcance (ICBM), tiene más material fisible del que se pensaba, quizás para fabricar una horquilla de entre 30 y 60 armas nucleares, basado en reservas de plutonio y en uranio enriquecido, aunque no al 90% que es la concentración óptima. Con eso, probablemente no habrán podido ensamblar más de 12 armas, aunque muchos expertos hablan de 20. El proceso más complicado al que se enfrentan ahora es la miniaturización y ahí se enfrentan a dos problemas, conseguir un arma que quepa en la ojiva y tenga la potencia suficiente, y que no estalle el misil ni al salir ni al reentrar en la atmósfera. Por eso van a realizar cada vez más ensayos para perfeccionarlos. Corea del Norte habría recibido ayuda técnica de Pakistán, al menos desde los años 70.

4Asia: ¿Y necesitan realizar uno de estos lanzamientos de prueba con carga nuclear real?

VG: Probablemente sí, no queda otra. Al final, en la última fase necesitan comprobar el comportamiento de la carga nuclear con el misil, y solo lo pueden hacer así. Por eso estamos viendo cada vez más pruebas de misiles de largo alcance, porque probablemente ya tienen la capacidad de ensamblar esas ojivas nucleares en misiles de corto alcance, los Nodong, y están tratando también de hacerlo en los Rodong de alcance medio. No está claro si a día de hoy podría o no funcionarles, y no les está funcionando en los de largo alcance, en los Hwasong.

4Asia: Entonces, ¿podemos decir que el programa nuclear de Corea es autónomo?

VG: Desde luego. Probablemente antes ayudaron a muchos países a desarrollar sus capacidades de misiles, y a cambio han conseguido ayuda y financiación, especialmente de Pakistán, aunque este país siempre lo ha negado. Ahora tienen sus centrifugadoras, sus reactores, sus reservas de plutonio y uranio… las sanciones intentan evitar que sigan invirtiendo fondos en el programa armamentístico, pero no lo han conseguido y, de hecho, ahora mismo se cuestiona si la ayuda humanitaria y de alimentos se ha desviado para otros propósitos. Eso sí, al ser independientes en sus capacidades, al no tener ayuda, son más rudimentarios y por eso necesitan más ensayos, más pruebas, porque avanzan más lento.

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4Asia: ¿Cuál ha sido la estrategia que ha mantenido China en esta situación?

VG: China cada vez está presionando más a Corea del Norte. Durante muchos años, la estrategia ha sido: “esto es un asunto y un área de interés mía”, y dar a entender que ellos podrían arreglar el problema y liderar conversaciones. Pero Corea del Norte no se lo está poniendo fácil. Un negociador chino decía que la relación entre China y Corea del Norte es como la de los labios y los dientes, sólo que ahora los dientes han empezado a morder a los labios. China ya no se entera previamente de cuando Corea hace un ensayo; desde 2013 se entera por los medios, por eso a partir de 2016 Pekín empieza, en Naciones Unidas, a apoyar resoluciones sobre terrorismo, armas de destrucción masiva, etc., a aceptar reducir importaciones, personal diplomático… está apoyando y aplicando las resoluciones. Siempre se ha dicho que China necesita la estabilidad de Pyongyang, pero realmente en estos últimos meses estamos viendo a una China más decidida, de hecho, no veta las resoluciones en la ONU y eso ya es un gran avance, su reducción de comercio con Corea va a tener un gran impacto, pero tampoco nunca va a suprimir sus lazos comerciales con Pyongyang, no va a estrangular al régimen norcoreano.

4Asia: ¿Y la estrategia futura de negociación de Pyongyang cuál cree que va a ser? ¿Es un primer paso el diálogo que ha tenido lugar en Panmunjon en los primeros días de enero?

VG: Realmente en Panmunjon ha conseguido más el Norte que el Sur. El Norte sólo se ha comprometido a enviar a unos atletas y, a cambio, el Sur ha suspendido sus maniobras militares conjuntas con Estados Unidos. A largo plazo, Corea del Norte quiere el reconocimiento internacional como potencia nuclear. Ellos firmaron el TNP (Tratado de No Proliferación) en 1985, y acordaron que sus reactores iban a ser desmantelados tras inspeccionarlos, pero eso nunca sucedió y, en 1992, dicen que abandonan el TNP. Para que no lo hicieran, la Administración Clinton firmó con Corea del Norte el Acuerdo Marco en 1994 a través del cual les levanta las sanciones y les da ayuda a cambio de que desmantelen dos reactores plutonígenos de Yongbyon. Pero cuando llega George W. Bush suspende toda la colaboración y Pyongyang comienza su programa. Finalmente, abandonan el TNP en 2003.

Ahora, Pyongyang quiere que se les reconozca y están dispuestos a volver al TNP, pero a volver como potencia nuclear. Y esa es su estrategia, acelerar su programa y convertirse, si no de iure, sí de facto, como Pakistán e India, por ejemplo. Ellos piensan que a partir de ahí al resto no le va a quedar otra que negociar. Y es lo único que tienen, su fuerza nuclear, porque con su PIB, con su situación como país, ¿qué otra cosa tiene para negociar? No tiene nada. ¿Su estrategia para iniciar conversaciones? Muy fácil, tú me congelas las sanciones y yo me siento. ¿Y qué haces entonces? que las conversaciones duren eternamente. Son negociadores muy hábiles, solo van a hablar del tema nuclear, nunca del balístico, no van a dejar que eso se ponga sobre la mesa. Y hay otro tema que nunca se discute, que son las capacidades biológicas y químicas, que las tienen.

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4Asia: ¿Podríamos decir entonces que se vuelve a la mesa de negociación, que es la estrategia que siempre defendió China?

VG: Bueno es que, ¿qué puedes hacer si no? ¿Vas a realizar un ataque preventivo? Lo que China, y hasta cierto punto Obama, han defendido siempre es que hay que sentarse a la mesa y conversar para ver hasta dónde está dispuesto a llegar Corea del Norte. Pero claro, Corea cada vez llega más fuerte, cada vez va a exigir más y lo va a poner más difícil. Y las implicaciones de Corea del Sur y de Japón en el asunto cada vez son más grandes, Estados Unidos tiene que darles garantías de seguridad para evitar que se instale el debate de si tendrían que desarrollar su propio programa.

4Asia: El régimen de Kim Jong-un es un régimen muy jerarquizado, muy tendente al liderazgo de una sola persona y probablemente, muy corrupto también. ¿Cómo afecta esta estructura de Estado al programa nuclear?

VG: Hay mucha preocupación en torno a esto, en torno al robo de material para venderlo a grupos terroristas o un accidente, pero también hay preocupación en torno al sistema de custodia de instalaciones y del material. Además, de momento no se sabe nada sobre el sistema de control y mando; si alguien más que Kim Jong-un tiene el botón, ¿qué pasa con el botón si desaparece el líder? No se sabe, no hay doctrina nuclear, no hay un sistema de control y mando… ahora mismo es lo que diga el líder. Es su decisión personal.

Entrevista realizada por Gema Sánchez y David Montero

Duelo a muerte en OK Pyongyang. David Montero.

La cosa va de disparar. De quién dispara primero, concretamente.

A un lado del saloon, el joven forajido coreano. Al otro, el sheriff, la ley de su lado, el pueblo de su lado, acariciando su gatillo. Deseando un gesto del otro, esperando. Se ha hecho el silencio y en cada mirada ronda el peligro. El sheriff parece llevar las de ganar: tiene un hombre en las escaleras, otro en la barra, otro en la puerta de atrás y probablemente, el pianista sea un infiltrado.

Todo parece perdido para el coreano, que ha llegado hasta aquí en un caballo pequeño y famélico, renqueante y prácticamente solo. Baja a baja, su banda ha sido liquidada, y no parece que ninguno de los que aún podría llamar sus amigos esté dispuesto a dejarse matar por él.

Pero el sheriff duda. Sabe que su rival ha aprendido a vagar sin agua, sin comida, sin esperanza, y por eso, sin miedo. Que solo necesita un disparo para ganar. No se fía, y si ha llegado a sheriff es precisamente por no fiarse de nadie, por no dejarse meter una bala en la espalda, por disparar primero y preguntar después.

En la calle hace calor y el viento se arremolina, pasa una de esas bolas de vegetación truncada, los vecinos han corrido a sus casas, se han llevado a los niños, han cerrado las ventanas. Una silla cruje. El sheriff medita si, justo cuando entraba, el comerciante chino le ha pasado algo al coreano. Una escopeta, un cuchillo, un puñado de balas. Nadie se fía de los chinos en el pueblo, y como ya hemos dicho, menos que nadie este sheriff.

Así que los dos se sostienen la mirada, calibrando las posibilidades del otro, las vías de escape del otro, la siguiente reacción. Sabiendo que a veces no hace falta disparar dos veces, no hace falta dejarlo todo perdido de balas y de muertos. Que a veces ya has ganado si el otro cree que puedes ganar.

Clint Eastwood le decía a Eli Wallach al final de El Bueno, el Feo y el Malo: “El mundo se divide en dos categorías. Los que tienen una pistola y los que cavan”.

Llegados a este punto, al sheriff solo le quedan dos salidas: asumir que el coreano no está dispuesto a seguir cavando, o convertir el pueblo en un catálogo de féretros.

Los dedos siguen sobre el gatillo, nerviosos.

La escalada militar en el Pacífico

Japón puso en funcionamiento un nuevo  buque capacitado para transportar helicópteros y eventualmente tropas y, por lo tanto, para actuar militarmente en puntos alejados o fuera de su territorio nacional. A pesar de las limitaciones impuestas a Japón tras su rendición en la II Guerra Mundial, las nuevas amenazas estratégicas, el tiempo transcurrido y sus acuerdos de defensa con Estados Unidos, el país del sol naciente va aumentando lentamente su capacidad de acción militar a la par que aumenta, de momento levemente, el nacionalismo japonés.

El segundo gran portahelicópteros nipón entró en servicio el miércoles, dando a Japón una mayor capacidad de despliegue más allá de sus costas para hacer frente a la creciente influencia de China en Asia. Lleva el nombre de un navío de la Armada nipona hundido por Estados Unidos en el Pacífico durante la guerra.

“La situación en el Mar de la China Meridional es estable gracias a los esfuerzos conjuntos de China y los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés). China y sus vecinos nunca permitirán a Japón que cree problemas”, han explicado fuentes oficiales china en una crítica a los movimientos de Tokio. Las tensiones entre China y Japón, la segunda y tercera economías más grandes del mundo, han aumentado por la disputa territorial causada por las disputas territoriales de algunas islas y la rivalidad en la región. Desde 2012, ambos países se enfrentan a un callejón sin salida al estilo de la Guerra Fría, tras nacionalizar el Gobierno japonés tres islas disputadas del mar de la China Meridional, que Pekín reclama.

Desde entonces, China ha enviado en reiteradas ocasiones buques militares a las aguas cercanas a las deshabitadas islas para expresar su rechazo a su nacionalización, mientras Pekín ha pedido muchas veces a Tokio que reconozca formalmente la existencia de una disputa sobre la soberanía de las islas. Japón lo ha rechazado por temor a que satisfacer la demanda de China fortalezca su posición en la región.

Las tensiones entre ambos países han tenido consecuencias económicas significativas, como la disminución de la inversión china en Japón, y muy probablemente, aumentarán en el futuro.

¿Quo Vadis, Hong Kong?

Insultando a China en su toma de posesión como diputados del Consejo Legislativo de Hong Kong, Sixtus Baggio Leung Chung-Hang y Yau Wai-Ching, del partido Youngspiration, han provocado mucho más que su expulsión del parlamento y la consiguiente paralización del Consejo Legislativo.

Con este último incidente proindependentista y la reacción de la China continental (la Asamblea Nacional Popular de Pekín prohibió a los dos diputados electos volver a jurar el cargo), la excolonia británica se adentra en una compleja situación, bloqueada políticamente hasta las elecciones a Jefe Ejecutivo de la ciudad del próximo 26 de marzo y con la creciente presión del gobierno de Pekín, dispuesto a abortar cualquier amago de separatismo, una de las líneas rojas de la República Popular China, temerosa de un contagio en Taiwán, Xinjiang o Tíbet.

La (aparentemente) insólita intervención del gobierno de la República Popular en la vida judicial de la ciudad es solo el último eslabón de una calculada estrategia para ir despojando a la ciudad del status especial que había mantenido desde su retrocesión por parte del Reino Unido en 1997. Desde entonces, la llegada de ciudadanos de la China continental, bien alentada o bien permitida por esta, ha provocado un paulatino deterioro de las condiciones de vida de la ciudad en diferentes áreas como sanidad, educación, precio de la vivienda y, sobre todo, en el sector financiero, tradicional motor económico de Hong Kong. Aquí, China ha centrado sus esfuerzos en desarrollar económicamente otras ciudades como Shanghai, Shenzen o Guangzhou, con lo que la excolonia ha pasado de ser la puerta de acceso de China al mundo comercial y financiero global, a una de las ciudades con el reparto de la riqueza más desigual del país, sin industria ni empresas de alta tecnología, y como se ha visto, con su preeminencia financiera muy mermada.

De este modo, Pekín está mirando ya a la integración definitiva de Hong Kong en China, prevista para 2047, 50 años después de la devolución de la colonia y de aceptar para esta una amplia autonomía judicial, política, financiera y legal y de libertad de expresión; y lo hace tratando de poner la venda antes de la herida, recortando poco a poco los privilegios de la ciudad con un progresivo control de la vida política, con la compra a través de empresas afines de los principales medios de comunicación, e igualando el nivel de vida de la ciudad, el más alto de la República Popular en el momento de la retrocesión, con el del resto del país. Probablemente, Pekín piensa que una Hong Kong más parecida al resto de China será una Hong Kong menos problemática y sobre todo, dejará de ser un espejo en el que el continente quiera mirarse en términos de democracia.

Queda por ver la aceptación de esta estrategia por parte de los propios hongkoneses, que como ya demostraron en septiembre de 2014 con el movimiento Occupy Central (la conocida como Revolución de los Paraguas) no están dispuestos a aceptar recortes en sus privilegios democráticos, por lo que la estrategia de una paulatina mayor injerencia de Pekín en los asuntos de Hong Kong para tener más control en la excolonia podría paradójicamente, provocar mayor inestabilidad, desequilibrio y sentimiento independentista.