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LA CUMBRE PARA LA DEMOCRACIA Y SUS IMPLICACIONES PARA CHINA (I). Pascual Moreno

Durante la campaña presidencial estadounidense de 2020, el entonces candidato Joe Biden presentó un plan de acción en el que exponía su visión de la política exterior que llevaría a Estados Unidos a recuperar su capacidad de liderazgo a nivel doméstico e internacional. Mediante la promoción de la seguridad, de la prosperidad y de los valores democráticos se renovarían alianzas que permitirían enfrentarse de manera unida a los retos globales.

Biden prometió entonces organizar y albergar durante su primer año de mandato una Cumbre Global por la Democracia para “renovar el espíritu y propósito compartidos de las naciones del mundo libre”. Este compromiso se ha mencionado reiteradamente por parte de la Casa Blanca en comunicados oficiales, borradores políticos, conferencias de prensa…

La motivación principal detrás de esta Cumbre es revertir la tendencia actual según la cual el liderazgo y la democracia norteamericanas se han debilitado enormemente tras la presidencia de Donald Trump. Los asaltos a instituciones democráticas como el Capitolio, un resurgimiento global de autocracias y de ataques anti-democráticos, episodios racistas contra la inmigración, una creciente desigualdad económica y el rápido avance de la desinformación son todos ellos desafíos contra las instituciones democráticas que constituyen la imagen de EE.UU. en el mundo.

La administración Biden afirma que, basándose en la interconexión entre la calidad de las instituciones democráticas domésticas y una posición de liderazgo global, EE.UU. debería liderar una coalición comprometida con 1) la lucha contra la corrupción, 2) la defensa contra el autoritarismo, y 3) la defensa de los derechos humanos a nivel doméstico y global

Pese a que la Cumbre se encuentre todavía en una fase muy preliminar de preparación, no hay ninguna duda –así se ha especificado de manera explícita por parte de oficiales y expertos- de que China sería uno de los principales puntos de discusión. Queda por ver el tono y el nivel de confrontación que la Administración Biden está dispuesta a ejercitar.

Durante el mandato de Donald Trump, el Presidente y el Secretario de Estado Mike Pompeo dedicaron generosos esfuerzos a minar la imagen benévola que China ha promocionado en los últimos tiempos como un motor de crecimiento económico y socio comercial ideal, tratando de convencer al público estadounidense y a posibles socios del país asiático que se estaba librando una “lucha contra el comunismo por el alma mundial”.

Diferentes asuntos estarán sobre la mesa de discusión en la Cumbre, de igual manera que lo han estado en los encontronazos diplomáticos de los últimos tiempos. La reunión de los ministros de Asuntos Exteriores del G7 en mayo de 2021 emitió un comunicado mencionando alguno de los siguientes asuntos con especial severidad. Se espera que la Cumbre para la Democracia haga hincapié en ellos.

  • El desmantelamiento de la democracia e independencia de Hong Kong, en aparente violación de la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984 para la devolución de Hong Kong a China. El Reino Unido ha sido muy asertivo en este aspecto y otras naciones apoyarían su postura. El G7, “profundamente preocupado”, hizo un llamamiento a las autoridades de China y Hong Kong para detener el hostigamiento y detención de activistas por la democracia, respetar la independencia judicial y contener la erosión de la democracia. Por parte de la Cumbre, se espera una declaración firme en este sentido o incluso sanciones adicionales a las ya impuestas por Estados Unidos a 24 funcionarios chinos en Marzo.
  • El tratamiento a los Uigures en la región autónoma de Xinjiang, que ha provocado preocupación global en grupos de defensa de derechos humanos, gobiernos e incluso empresas multinacionales. Se añade a los interrogantes sobre la situación en la región autónoma del Tíbet. Las tensiones han crecido hasta el punto de que la Unión Europea ha emitido sanciones contra China por primera vez en 30 años, provocando a su vez una airada respuesta por parte de las autoridades chinas, que han sancionado a institutos de investigación europeos, académicos y funcionarios de alto nivel. El G7 ha reclamado una investigación por parte del Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas e insistirá en difundir y poner en conocimiento de la población general y en el mundo de los negocios estas sospechas. Hay escasas dudas de que la Cumbre realizaría una declaración similar a la del G7, reclamando mayor investigación sobre la situación en Xinjiang y proponiendo sanciones.
  • El anuncio de la invitación a Taiwan para acudir a la Cumbre como un socio estratégico, económico y democrático fundamental es una apuesta segura para enfurecer al Gobierno Chino. Queda por concretar el grado de participación y contribución de Taiwan, aunque Estados Unidos y el G7 defienden de manera activa la participación de Taiwan en instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud, aclamando su buena gestión durante la pandemia de la COVID-19. Se espera que en la Cumbre se realice una declaración llamando a la defensa de los valores democráticos de Taiwan.

Estos asuntos son considerados por parte de China como temas en territorios domésticos y de soberanía nacional en los que no cabe la intromisión de poderes extranjeros. En la segunda parte de este artículo se analizarán otros temas de índole más económica y dimensión global.

Bruselas habla de China

El Consejo Europeo de octubre ha avanzado líneas de acción estratégica sobre China en la maduración, tardía pero necesaria, de que el ascenso de la potencia asiática y las posiciones erráticas de Donald Trump y Estados Unidos están dibujando un escenario internacional en el que la Unión Europea no puede seguir mucho más tiempo siendo poco más que un espectador a la caza de oportunidades comerciales.

Esto está claramente expresado en la declaración final de la reunión que establece tres ejes de actuación: “Negociaciones de un ambicioso acuerdo global de inversiones UE-China que aborde las actuales asimetrías en el acceso a los mercados, contribuya a unas condiciones de competencia equitativas y establezca compromisos significativos en materia de desarrollo sostenible”; pedir a China “que cumpla sus compromisos previos de abordar los obstáculos de acceso al mercado, avance en la cuestión del exceso de capacidad productiva y entable negociaciones sobre las subvenciones a la industria en el marco de la Organización Mundial del Comercio”, y recordar al gobierno de Pekín “su profunda preocupación por la situación de los derechos humanos en China, en particular por los acontecimientos en Hong Kong y el trato a las personas pertenecientes a minorías, tal como expresó en la Cumbre UE-China de junio y en la reunión de los dirigentes celebrada el 14 de septiembre”.

Como puede observarse, las declaraciones de la Unión Europea, a pesar de su proclamación de principio, apenas va más allá de las quejas de un socio que quiere aparecer como libre de culpa sin poner en riesgo sus ambiciones de presencia en el extenso y fructífero mercado chino. No es que no sean loables los acuerdos aunque sean el mínimo denominador común para aunar los diversos intereses nacionales en relación con China, sino que pueden quedarse en una queja más sin resultados prácticos.

La cada vez más agresiva política china en términos diplomáticos y de servicios de inteligencia para influir en Bruselas sin límites y sin respetar convenciones necesita algo más que una queja. Y, a la vez, pretender que China cambie su cultura comercial cuando se trata de un país autoritario, oficialmente comunista y donde el Estado lo es todo parece más hipocresía que ingenuidad. Y, finalmente, en la amplia zona planetaria donde China está asentando su poder en esta etapa, es decir, el mar del sur de la China y las rutas terrestres y marítimas hacia Occidente la UE carece de capacidad disuasoria, ni política, ni comercial ni militar para negociar una relación “simétrica”. Pero tengamos fe y esperemos que a una declaración ambigua sucedan unas decisiones efectivas.

UE-China, vuelve la negociación

Tras la crisis sanitaria, se retoman las conversaciones entre Bruselas y Pekín para establecer un marco renovado de relaciones comerciales, un marco en el que están presentes, pese a lo que le gustaría a ambas partes, la demostrada falta de transparencia china condicionada por las toneladas de propaganda, la violación del marco normativo de Hong Kong y la cada vez más agresiva actuación de los servicios secretos chinos en su doble acción política y para favorecer los intereses comerciales chinos.

La titubeante Unión Europea cada vez está más exigente con China y está aceptando algunos de los planteamientos que Estados Unidos viene defendiendo desde hace años. Hoy hay menos complacencia respecto a Hong Kong y mayor disposición a frenar la competencia con ventajas de China desde su Estado autoritario y sin control.

Esto estará en la cumbre de septiembre en la ciudad alemana de Leipzig, a la que en principio está prevista la asistencia de los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 para reunirse con el presidente Xi Jinping. Esta cumbre es una prioridad para la canciller alemana, Angela Merkel, que el 1 de julio asume la presidencia de turno de la Unión Europea y que ve prioritario cerrar un acuerdo de inversión con el gigante asiático.

 Este marco empieza a ser menos cómodo con China en un momento en que, a pesar de su propaganda, tampoco son excelentes las perspectivas de recuperación económica y esto va a verse reflejado e las relaciones comerciales en las que las inversiones chinas han sido tan importantes en la última década.

Qué significa el cambio de estatus de Hong Kong. Nieves C. Pérez Rodríguez

El presidente Trump reaccionaba ante la nueva ley de seguridad nacional china con sanciones a Beijing. Pero también lo hacía amenazando con quitarle el estatus comercial del que Hong Kong ha gozado. Aunque aún es pronto para determinar con precisión los efectos de ese cambio, ¿qué significa esto para la región autónoma en cuestión?

Ese pequeño territorio de poco más de mil kilómetros cuadrados, que es el Silicon Valley de Asia, donde se ha desarrollado tecnología de primera, ha sido un puente entre China y Occidente. Con una cultura asiática fuertemente influenciada por la británica, podría desaparecer tal y como lo conocemos, por lo que acabaría convertido en una ciudad moderna china, una especie de Shanghái.

La Cámara de Comercio estadounidense en Hong Kong acaba de publicar un estudio de opinión hecho a sus miembros, en la que el 53,33% manifiesta estar muy preocupado con la nueva ley de seguridad nacional y un 30% medianamente preocupado. En cuanto a si se cree que la ley afectará a sus negocios, el 60% está convencido de que así ocurrirá. En la pregunta sobre si la aplicación de la ley los empujaría a irse de Hong Kong, el 32% respondió que sí, en contra de un 62% que cree que no. Y al posible traslado de las empresas, más del 70% afirmó no tener planes de traslados, frente a un 29% que admitió que lo haría.

En Hong Kong hay unas 1.300 empresas estadounidenses, de acuerdo a Al-Jazeera, y éstas emplean unas 100.000 personas. A Daryl Guppy -conocido analista financiero australiano- le preocupa que si se impusieran tarifas a esas empresas unos 66 mil millones de dólares estadounidenses estarían en riesgo, de los cuales 50 mil millones son exportaciones americanas a Hong Kong.

Otro aspecto engorroso sería el burocrático para acceder a Hong Kong. Hasta ahora para cualquier estadounidense visitar la isla implicaba un trámite sencillo. De necesitarse visas, el proceso sería más largo y complicado, y potencialmente quedaría en las manos de autoridades chinas.

La disputa aeronáutica. Los últimos días se han incrementado las tensiones en la obtención de permisos de las compañías aéreas estadounidenses que buscan reactivar sus vuelos a territorio chino. A pesar de que todo parece indicar que se restablecerán eventualmente, situaciones como éstas podrían dificultar los viajes a Hong Kong -que hasta ahora eran directos desde varios puntos de los Estados Unidos- por lo que otro destino podría ser más atractivo para inversionistas.

De acabarse con el atractivo de Hong Kong, Singapur podría ser la alternativa para las grandes corporaciones y marcas estadounidenses que estén en búsqueda de sustituir lo que ofrecía Hong Kong.

El target de las sanciones muchas veces no es el receptor exclusivo de las mismas. En este caso, el pueblo hongkonés está siendo afectado por partida doble. De un lado por el Partido Comunista chino con la imposición de la ley de seguridad nacional que acaba con “un país, dos sistemas” y por lo tanto, estaríamos frente a un país, un sistema, y con ello la caída de las libertades y el sistema democrático que han venido gozado. Y, por otro lado, la anulación del estatus económico especial que le había dado Washington, que le permitió florecer en el Hong Kong de hoy, dinámico, talentoso y en el centro financiero internacional que conocemos, puede causar un daño irreversible en la población, que lleva un año gritando no al control chino -con protestas en la calle-. Pero que desde hace mucho más teme que las alas de libertad se sustituyan con controles y restricciones.

Es el momento para un acuerdo comercial entre USA y Taiwán. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Administración Trump ha sido clara en expresar su posición en contra de las irregulares prácticas chinas. La guerra comercial ha sido la médula del conflicto entre Beijing y Washington, en el intento desesperado de este último de equiparar o al menos reducir considerablemente el déficit comercial con China.

Esta pugna ha servido también para abrir nuevos espacios a terceros actores, como es el caso de Taiwán, que se encuentra en este momento en una situación privilegiada para negociar un acuerdo de libre comercio con Washington.

La Administración Trump ha sabido manejar su relación con Taiwán sin generar muchas provocaciones, mientras han propiciado más acercamientos. Las declaraciones del Departamento de Estado en relación con Taiwán han sido más fuertes y contundentes que nunca. Mientras que desde Taiwán se ha podido observar que los altos funcionarios han fijado como prioridad intentar un acuerdo comercial con Washington aprovechando la favorable coyuntura internacional.

No ha habido un momento tan oportuno para un acuerdo comercial de libre comercio entre Estados Unidos y Taiwán como el de ahora. Con la situación de Hong Kong aún en ebullición, el reciente informe sobre la situación de los derechos humanos en China emitido por el Congreso de los Estados Unidos y la sensibilidad que parece haberse despertado en los legisladores estadunidenses sobre las prácticas chinas en su territorio (eliminación de las creencias religiosas y culturales, exacerbación del nacionalismo chino) sería muy pertinente plantear un proyecto de ley en el Congreso estadounidense que abra una nueva fase de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Taiwán.  

4Asia asistió a un foro en el que se debatieron las perspectivas económicas en las relaciones bilaterales de ambos, en el Instituto Global taiwanés, la semana pasada, y en el que todos los expertos coincidieron en que es un momento ideal para impulsar las ya existentes relaciones y llevarlas a un plano más complejo.

Reiley Walters (experto en economías del noroeste asiático, con foco en inversiones extranjeras y ciberseguridad y analista de la the Heritage Foundation) insistió en que el acuerdo debió haberse materializado hace unos 30 años o incluso antes. Mientras que Beijing intenta apagar a Taiwán en el plano internacional un tratado de esta naturaleza podría ser un mecanismo para mantenerlo a flote. 

Walters se mostró convencido de que el 2020 será el año de los acuerdos económicos entre Taipéi y Washington. Este año deberían comenzarse las discusiones para que se pueda firmar el año próximo. Así mismo cree que estas relaciones bilaterales deberían diversificarse y es momento de hacerlas más complejas. Así como en el aspecto militar Trump está haciendo un gran trabajo en Taiwán, deberían reimpulsarse otros aspectos de estas cómo en el plano diplomático.

Por otra parte, Derek Scissors, (experto en economía y legislación comercial internacional, con especial foco en China e India) insistió en que Taiwán necesita diversificarse más y dejar la dependencia de China. Y pronostica que cuanto más se separe la economía de Estados Unidos de la China a Taiwán le tocará decidir entre una u otra.

4Asia le preguntó a Scissors su opinión acerca de ¿qué tan cerca nos encontramos de un acuerdo bilateral entre ambos?

 “No creo que estemos cerca de un acuerdo comercial entre Taiwán y los EE. UU. Porque Taiwán, una vez más, no está siendo agresivo para impulsar este acuerdo. Si Taiwán hiciera una oferta detallada a los Estados Unidos, podríamos avanzar muy rápidamente. Pero no lo han hecho, solo hablan de eso sin cesar”.

No cabe duda de que un acuerdo de libre comercio entre Washington y Taipéi podría generar beneficios económicos para Taiwán, pero para Estados Unidos podría ser una gran estrategia de reposicionamiento en la región asiática y en el Pacífico.

Si Washington aprovechara la coyuntura actual, su tensión económica con China y la cercanía con Taiwán, este posible acuerdo podría revivir la figura de Estados Unidos en la región, que podría canjearse por beneficios más allá de los económicos, como influencia, y de esta manera equilibrar el peso de Beijing en los países con economías más pequeñas, y por lo tanto en la región.

Carrie Lam confirmada, de momento

La visita a Pekín en medio de la crisis en Hong Kong de la dirigente local Carrie Lam y su ratificación por parte del presidente chino revelan la seguridad y la estrategia de gestión del gobierno chino: mano dura sin ser brutal, confianza en que la situación no es contaminante para el resto de China, aislar el conflicto de la solidaridad internacional y esperar.

China juega las bazas que tiene a pesar de sus vulnerabilidades. El apetitoso mercado chino controlado por una Administración que concede la entrada al mismo según sus intereses inmediatos u otras razones menos confesables.

A la vez, la confirmación de Carrie Lam, que en todo caso puede ser como la de los entrenadores de fútbol que son destituidos semanas después de ser confirmados, tiene un punto de desafío a la sociedad hongkonesa, que ha expresado su rechazo y que viene exigiendo elegir a sus autoridades por un sistema de sufrago universal y no por un mecanismo colegial en el que el gobierno chino tiene la última palabra.

Este puede ser un nuevo punto de tensión a medio plazo ante cualquier error o desliz del gobierno local. Hong Kong sigue con sus movilizaciones y China deja pasar el tiempo atenta a la evaluación de la situación, mientras dirime sus grandes problemas en conversaciones con Estados Unidos para encauzar la disputa comercial y seguir colocando piezas estratégicas en el panorama internacional.

RESEÑA ACTO: HONG KONG ¿NI UN PAÍS, NI DOS SISTEMAS?

Isabel Gacho.- Hong Kong lleva meses de protestas que no tienen visos de parar. Si bien las elecciones han llevado calma momentánea a las calles, la carrera de fondo no ha acabado. 4Asia organizó una mesa redonda moderada por Julio Trujillo en la Asociación de la Prensa para arrojar luz sobre esta cuestión. Una situación que hunde sus raíces en los Tratados Desiguales pero que solo se entiende en el Hong Kong de hoy a pie de calle. Para ello reunió a Mariola Moncada, doctora en historia contemporánea de China, Zigor Aldama, corresponsal en Asia durante las últimas dos décadas que ha entrevistado a muchos manifestantes durante los últimos meses y a Miguel Ors, subdirector de Actualidad Económica. Durante el debate se expusieron el marco histórico y las causas económicas, legales, políticas e identitarias que hay detrás de los movimientos en Hong Kong.

La isla pasó a manos británicas a finales del siglo XIX y cien años después volvería a manos chinas, aunque bajo la famosa fórmula “un país, dos sistemas”. Fórmula que caduca en 2047. Esos cien años de singularidad dotarían a la isla -y a los nuevos territorios- de una personalidad distinta: por un lado, sería una sociedad muy occidentalizada, por el otro sería “más china que la propia China, ya que no vivieron la Revolución Cultural”, como apuntó Aldama.

Pero el Hong Kong de hoy tampoco es el de hace veinte años, cuando dejó de estar bajo dominio británico. Contó el periodista que cuando él llegó por primera vez a Hong Kong en 1998, aquello era un lugar futurista “tenían contactless para entrar al metro, creo que en Barcelona hoy todavía no lo tienen”, y, sin embargo, la vecina y continental Shenzhen era un lugar peligroso y atrasado. Hoy las tornas parecen haber cambiado: el antiguo pueblo de pescadores sirve como ejemplo del cambio de la China continental, con sus empresas punteras y sus rascacielos brillantes. Hong Kong, por otro lado, da la sensación de haberse quedado anclado. “Y esto se resume muy bien en un dato: en 1993 Hong Kong representaba el 27% del PIB chino, el año pasado fue el 2,7”. Aunque no ha dejado de ser un importante centro financiero, con el auge de China, Hong Kong está perdiendo su papel crucial como el exclusivo pulmón financiero privilegiado que era.

Y, ¿qué hay detrás de las protestas? Las razones son múltiples, pero la incertidumbre sobre el estatus de la excolonia después de 2047 juega un papel fundamental. Se habla, por supuesto, de mayores garantías democráticas y mantenimiento de sus formas de vida. Pero no solo no quieren retroceder, sino que quieren más. “No me he encontrado con ningún manifestante que me haya dicho que un país dos sistemas es el modelo que le parece más adecuado para Hong Kong”. Según Aldama, habría un porcentaje importante de apoyo al independentismo entre la juventud, aunque eso no se refleje en sus peticiones formales. “Hasta los más independentistas reconocen que no es el momento de plantear este asunto. Hay que ir por partes, primero se tiene que conseguir el sufragio universal, de forma que puedan existir partidos independentistas que puedan articular las demandas de autodeterminación. Lo ven como una maratón: Lo ha dicho mucha gente en situaciones muy diferentes. Con el Partido Comunista es imposible lograr la democracia”.

¿Y la respuesta del PCCh? Trujillo le preguntó a Moncada sobre la diferente respuesta que ha dado el partido a estas protestas que la que dio en la plaza de Tiananmen hace ya treinta años, cuando sacó los tanques a la calle. “Hoy el partido tiene la piel más dura”. “En 1989 el partido estaba muy dividido entre la sección que buscaba la distensión y la que buscaba la contracción. En aquel momento estaba en cuestión toda la estrategia. Hoy el partido es otro, -continuó Moncada- goza de legitimidad, por eso es capaz de ser flexible, como en el caso de la retirada de la ley de extradición”. En este sentido hubo cierto consenso en que, sencillamente, Hong Kong no es el principal problema de Pekín: La prioridad es el cambio de modelo económico. Y, mientras tanto, no quiere desgaste en una región donde están puestos los ojos de la prensa occidental.

Desde 4Asia seguiremos pendientes al desarrollo de los acontecimientos en Hong Kong. Nos vemos en primavera en la próxima mesa redonda.

EVENTO 11 DE DICIEMBRE: HONG KONG. ¿NI UN PAÍS, NI DOS SISTEMAS ?

PROGRAMA

 

11.00 – 11.30 Entrada y Registro.

11:30 – 13.45 Mesa redonda.
“Hong Kong. ¿Ni un país, ni dos sistemas?”
Debate sobre la situación social, económica y política de la excolonia.
Modera Julio Trujillo, Director de 4Asia.
Ponentes:
Miguel Ors, subdirector de Actualidad Económica.
Mariola Moncada, Doctora en Historia Contemporánea China
por la Universidad de Fudan, Shangai.
Zigor Aldama, corresponsal en Asia de Vocento. Colaborador del South China Morning Post y La Repubblica.

13.45 – 14.00 Clausura del Acto.
Julio Trujillo, Director de 4Asia.

 

11 DICIEMBRE DE 2019 • ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE MADRID
INSCRIPCIÓN GRATUITA EN CONTACTO@4ASIA.ES • AFORO LIMITADO.
SE ENTREGARÁ DIPLOMA DE ASISTENCIA.

INTERREGNUM: Hong Kong, seis meses después. Fernando Delage

Seis meses después del comienzo de las protestas en Hong Kong, la administración norteamericana ha optado por involucrarse de manera directa. Pese a las dudas iniciales sobre si Trump daría el paso adelante—la tregua en la guerra comercial parecía prioritaria—, el presidente firmó la semana pasada la ley que ha aprobado el Congreso en apoyo a la democracia y los derechos humanos en el territorio. De conformidad con la misma, Estados Unidos puede revocar el estatus de su relación especial con Hong Kong—hasta ahora exento de los aranceles y sanciones económicas impuestas a la República Popular—si las autoridades chinas no respetan el ordenamiento jurídico y el sistema de libertades civiles de esta provincia semiautónoma.

La decisión de Trump complica aún más la ya tensa relación entre las dos mayores economías del planeta. El presidente Xi Jinping, que pese al tiempo transcurrido no ha logrado poner fin a los disturbios, tendrá también que responder a la iniciativa legislativa norteamericana, adoptada sólo días después de las elecciones locales en Hong Kong, celebradas el pasado 24 de noviembre. Los votantes se pronunciaron de forma masiva en contra de los candidatos pro-Pekín, confirmando que—pese la creciente violencia y desorden en las calles—las protestas cuentan con un notable apoyo popular. Los resultados no deben sorprender, en efecto, cuando los habitantes de la ciudad ven sus libertades en peligro ante la retórica neo-maoísta y la política de mano dura de las autoridades chinas.

El presidente Xi se encuentra así ante el más grave desafío a su gobierno desde su llegada al poder en 2012, y no solo por sus efectos sobre Hong Kong. Las implicaciones de la movilización popular para Taiwán, cuya reunificación con el continente es una urgente prioridad para Xi, inquietan de manera especial a los dirigentes chinos. La crisis de Hong Kong se ha traducido en un considerable aumento de popularidad de la presidenta proindependentista de la isla, Tsai Ing-wen, quien—si, como se espera, logra un segundo mandato en las elecciones de enero—abrirá otro delicado frente para Pekín.

La democratización de Taiwán en los años noventa ha conducido a la formación de una identidad cultural y política propia—separada de la “china”—, de la misma manera que sus valores políticos y Estado de Derecho también hacen que los hongkoneses perciban su sociedad como diferente de la del continente. El desarrollo de una identidad democrática en Taiwán y en Hong Kong constituye una doble amenaza para el Partido Comunista Chino. Por un lado, desafía el concepto de una única nación y cultura china mantenido por Pekín. Por otro, erosiona esa combinación de confucianismo, maoísmo y nacionalismo que justifica su monopolio del poder. Taiwán y Hong Kong ofrecen un modelo alternativo chino de modernidad.

También representan, en consecuencia, una presión añadida sobre el futuro de Tibet y Xinjiang, provincias cuya identidad cultural y religiosa está sujeta a la represión de los dirigentes de Pekín. Setenta años después de su fundación, la República Popular no ha terminado de construir por tanto la China a la que aspira. Lo que es más grave, los problemas en la periferia podrían algún día extenderse al centro. Una identidad construida sobre el discurso del rejuvenecimiento nacional y la recuperación de los territorios perdidos (el “Sueño Chino” de Xi), está llamada a chocar con otras basadas en valores políticos y culturales distintos. ¿Le bastará al Partido Comunista con el uso o amenaza del uso de la fuerza como medio principal para asegurar su legitimidad?

Hong Kong: la sociedad avala en las urnas la revuelta

Los candidatos partidarios de la democracia han logrado 387 escaños de los 452 en juego en las elecciones recientes en la ex colonia británica con una participación del 71,2%, lo que supone un aval abrumador a los grupos que movilizaron las masivas protestas que se desarrollan en Hong Kong desde junio.

China se encuentra ante uno de los desafíos más importantes a su régimen autoritario de las últimas décadas. La sociedad hongkonesa ha exhibido en las urnas, en unas elecciones celebradas en un sistema de garantías heredado de la época de la dominación británica que no conoce ningún otro ciudadano chino del resto del país, su apoyo a las movilizaciones cuyo lei motiv es, precisamente, mantener las condiciones pactadas entre Londres y Pekín en el acuerdo de retrocesión de la colonia a la soberanía de China.

Pekín ha optado hasta ahora por mantener las formas, situar fuerzas militares en los límites de la excolonia e intervenir con ellas en tareas auxiliares, introducir policías experimentados en la novata policía de Hong Kong e ir graduando la fuerza con dureza, pero sin dar lugar a grandes protestas internacionales. El discurso público de respeto y de intentar situar a EEUU como instigador de la revuelta estallaría revelando toda su hipocresía si China actuara con la brutalidad que define a su régimen respecto al resto de sus ciudadanos y minorías como uigures y tibetanos.

La cara amable del gobierno chino tiene en Hong Kong un test que China debe resolver ante una escena internacional que espera la distensión comercial con Estados Unidos, y que China demuestre que quiere jugar al comercio con garantías jurídicas y sin las cartas marcadas.