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Hong Kong, un problema pendiente

La situación política en Hong Kong parece estarse descomponiendo, lo que va a ofrecer a Pekín una situación más favorable a imponer una solución de acuerdo con sus intereses. Lo que comenzó como una movilización contra una ley que permitiría trasladar a cualquier otro punto de China a cualquier persona procesada en Hong Kong violando así el estatus de la excolonia británica, con más libertades que el resto de China pactado en la retrocesión, se ha convertido en un movimiento sin horizonte. La policía china ha endurecido su respuesta, los manifestantes han aumentado la violencia y no hay en marcha un liderazgo que conduzca a plantear una salida de la crisis.

En Hong Kong no hay un problema de choque identitario ni de soberanía territorial, sino de libertades. Los habitantes de la colonia británica heredaron unos derechos y unas garantías ausentes para el resto de los ciudadanos chinos desde la victoria de Mao. Con la devolución del territorio a soberanía china, los británicos acordaron un estatus de libertades políticas para sus ciudadanos y comerciales para sus empresas que garantizaran al territorio seguir siendo un espacio de innovación y de intercambio comercial en la vanguardia mundial.

Pero este escenario no es cómodo para China. Aunque admiten el programa de Un país, dos sistemas, la Administración china no tiene integrados ni la cultura, ni los reflejos del respeto a la sociedad civil, del protagonismo de ésta y de las elecciones abiertas con tutela de los jueces.

El choque está servido. Pero no parece que las calles y la violencia deban ser ni el escenario ni los instrumentos para encontrar soluciones. China no es un país democrático y Hong Kong está siendo un ejemplo para el resto de los chinos, pero en el terreno de la fuerza, Pekín no puede ser derrotado en la excolonia. Hong Kong necesita un liderazgo que partiendo de estos supuestos busque una salida acordada. Sobre todo si Europa y EEUU se ponen de perfil para no molestar demasiado a Pekín y las relaciones económicas.

Hong-Kong: El avispero chino. Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz

Hong-Kong lleva meses siendo el centro de atención de muchos periódicos y noticias a escala mundial, y es que la región está viviendo la mayor protesta civil desde el fin de la colonización británica en 1997.

¿Qué está pasando en Hong-Kong? El origen de las revueltas se produjo cuando el gobierno de Carrie Lam presentó el proyecto de Ley de Extradición a China, una ley que permitía extraditar a ciudadanos de Hong-Kong para ser juzgados y encarcelados en China. Estas movilizaciones han sido, posiblemente, las más numerosas desde la Ley de Seguridad Nacional del 2003, donde se prohibió a los ciudadanos de Hong-Kong realizar movimientos independentistas, obviamente, en contra del PCCh y de China.

Hasta 1842, la región de Hong-Kong pertenecía a China. El comercio entre China y el Imperio Británico se basaba, en la primera mitad del siglo XIX, en té a cambio de productos manufacturados y de una droga en concreto, el opio. El opio se convirtió en una de las sustancias más adictivas en China y la Dinastía Qing se vio obligada a retirar el producto, confiscar miles de cofres y suprimir el comercio en 1839, algo que no sentó nada bien al imperio británico. Como consecuencia, en este año, comenzó la primera guerra del opio entre China y el imperio británico, que termino con la victoria inglesa, gracias a la superioridad militar  propiciada por la revolución industrial en Europa en la segunda mitad del XVIII. Fue un claro ejemplo de la llamada “Diplomacia de los cañones”. Al término de la guerra, en 1842, se firmó el tratado de Nankín donde China se vio obligada a pagar 21 millones de dólares de plata, abrir varios puertos y a ceder la isla de Hong-Kong. Tras la segunda guerra del opio y por la convención de Pekín se unió la península de Kowloon; la colonia aumentó con los llamados Nuevos Territorios y 235 islas, quedando conformada toda la región en 1898, pero estas últimas se cedieron por un periodo de 99 años, hasta el 30 de junio de 1997.

Con esto, la colonia inglesa de Hong-Kong vivió décadas de crecimiento económico y libertad gracias al marco fiscal atractivo de bajos impuestos. Hasta el fin de la II Guerra Mundial, Hong-Kong se convirtió en el centro comercial del imperio británico. Después de la guerra, durante la década que gobernó John Cowperthwaite, 1961-1971, las cuentas estuvieron en superávit año tras año, un tipo único de impuesto de sociedades del 16,5%, la inexistencia de impuesto sobre las rentas del capital o del IVA son algunas de las ventajas y libertades de las que disfrutaba la región durante el mandato británico después de la II Guerra Mundial: un sistema económico independiente y libertades individuales y políticas. Unas libertades que convirtieron a la isla en un centro  financiero internacional y su economía  pasó a formar parte del selecto grupo de los llamados “Tigres Asiáticos”: Singapur, Taiwán, Corea del Sur y Hong-Kong, denominados así por ser las regiones con mayor crecimiento de Asia. Estas zonas se caracterizaron por tener abundante mano de obra, salarios bajos, carencia de derechos laborales, zonas francas donde las empresas están exentas de impuestos y control de la competencia.

En 1984, Inglaterra y China pactaron la devolución de esta región bajo el lema “Un país, dos sistemas” propuesto por Deng Xiaoping, que garantizaba la práctica del capitalismo como sistema económico en la región de Hong-Kong, así como libertad legislativa, seguridad, moneda, aduanas, políticas de inmigración, educación, libertad civil o libertad de prensa, entre otros.

El 1 de julio de 1997 la región de Hong-Kong se convirtió en Región Administrativa Especial bajo el lema propuesto por Deng Xiaoping, pero por un periodo de tiempo de 50 años, hasta el año 2047, cuando el PCCh obtendría pleno dominio sobre esta región.

La región de Hong-Kong ha vivido durante un siglo y medio una serie de libertades bajo el control británico que, ahora, está empezando a perder. La violación de los derechos humanos, las torturas o la pena de muerte es algo constante en China, no se reconocen los derechos y libertades civiles y, mucho menos, las libertades políticas, por no hablar de las libertades económicas. Personas que representan un riesgo para el partido, o defensores de los derechos humanos, o adeptos a Falun Gong, tibetanos o a uigures, son torturados con el único fin de castigar.

Uno de los ejemplos más conocidos fue el de Lui Xiaobo, escritor y activista en pro de los derechos humanos, que fue encarcelado por criticar régimen chino y abogar reformar en el país.

La tortura está penada internacionalmente desde 1948, pero a China poco le importa.

Con todo esto, es normal que la región de Hong-Kong no quiera formar parte de China o que esté en contra de la Ley de Extradición, los ciudadanos hongkoneses podrían ser juzgados, encarcelados y torturados en China, Hong-Kong quiere seguir con sus libertades, con su principio de “Un país, dos sistemas”, pero sus ciudadanos temen que China este buscando mayor control sobre la región.

A pesar de que el 4 de septiembre se retiró la ley de extradición, los manifestantes piden y exigen mayores cambios, mayores reformas. El Parlamente Europeo condenó las represalias en Hong-Kong e instó a la Unión Europea a controlar las exportaciones a China y Hong-Kong de tecnologías utilizadas para violar los derechos humanos. En vista de que las manifestaciones continuaban, el gobierno de Carrie Lam prohibió el uso de máscaras de gas, la Ley Anti máscaras, con el fin de evitar que los manifestantes se protegieran de los gases lanzados por la policía, y ocultaran su identidad. El uso de máscaras o cualquier protector o pintura en la cara es castigado con multas de hasta 25.000 HKD o con 6 meses de cárcel.

Las manifestaciones son promovidas, en su mayoría, por  jóvenes de entre 20 y 35 años y con estudios, una población que, año tras año, se siente cada vez menos integrada en China y en sus valores, y que cada vez confían menos en el sistema de Deng Xiaoping, “Un país, dos sistemas”:

Fuente: El País

Hong-Kong es, a día de hoy, una ventana hacia la libertad, una región donde las libertades individuales, económicas y políticas se respetan; Hong-Kong es, a día de hoy, un molesto avispero en la ventana hacia la libertad de China.

Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

www.linkedin.com/in/angelenriquezdesalamancaortiz

@angelenriquezs

China: setenta años de totalitarismo

China está celebrando el 70 aniversario de la creación de la República Popular en medio de una crisis creciente en Hong Kong, una expansión tecnológica creciente, una mejora del bienestar para importantes capas sociales, la piedra de Taiwán en el zapato autoritario de Pekín y un férreo control de la sociedad china en la que las libertades civiles brillan por su ausencia. Y todo es en el marco de una disputa comercial con Estados Unidos.

Este aumento del bienestar, el barniz modernizador, el barniz cosmético del Estado autoritario y una mayor dosis de diplomacia aparentemente moderada tienen seducidos a no pocos intelectuales europeos siempre dispuestos a tolerar la ausencia de libertades ajenas si pueden mejorar el estatus material. Y los gobiernos europeos encantados porque pueden, sin oposición significativa, volcarse en ganar el mercado chino cerrando los ojos a la brutalidad y explicarlo en nombre del pragmatismo.

Pero la realidad es que China ha fortalecido, si Hong Kong no acaba demostrando o contrario, su estabilidad interna y es un protagonista imprescindible en los conflictos internacionales.

Ese es el panorama. Atrás quedan los crímenes sin pudor de Mao, las hambrunas, la represión brutal y masiva. Ahora el régimen consigue lo mismo con sofisticación tecnológica y un mayor cinismo. Esa es la China de ahora.

INTERREGNUM: Hong Kong: Choque de identidades. Fernando Delage

Después de 13 fines de semanas consecutivos de protestas en la calle, seguidas de una creciente respuesta policial, la jefa del ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, ha retirado de manera definitiva—como demandaban los manifestantes—el proyecto de ley de extradición. No era esa su única petición: la movilización reclama asimismo una investigación de las acciones de la policía e, incluso, reformas democráticas. La modesta concesión de Lam, que naturalmente sólo ha podido ofrecer con el visto bueno de Pekín, reduce de momento el riesgo de una intervención militar. Pero ni va a acabar con la inestabilidad ni puede contribuir a la resolución de los problemas de fondo.

En un momento crítico, marcado por la guerra económica con Estados Unidos y la cercana conmemoración, el 1 de octubre, del 70 aniversario de la fundación de la República Popular, el presidente Xi Jinping afronta su mayor crisis política desde que ascendió al poder a finales de 2012. Aunque los dilemas que plantea Hong Kong al gobierno chino son de muy diversa naturaleza (las quejas sobre el estado de la educación, la sanidad o el precio de la vivienda, entre otros, no son menos relevantes que la tensión política), lo que tienen en común todos ellos es la difícil coexistencia de dos comunidades con valores contrapuestos.

Pese a su reducida población, algo más de siete millones de habitantes, Hong Kong es un activo del que China no puede prescindir: su ordenamiento jurídico, sus hábitos de transparencia, sus instituciones financieras—su estatus diferenciado, en suma—, son un activo económico y de intermediación con el mundo exterior decisivos para Pekín. Acabar, antes de 2047, con la fórmula establecida en 1997—“un país, dos sistemas”—dañaría gravemente los intereses chinos. El margen de maniobra de sus gobernantes es por ello reducido.

La crisis apunta, con todo, a un fenómeno de creciente divergencia de identidades. Mientras la República Popular refuerza su sistema autoritario mediante un discurso de legitimidad histórica que hace inviable cualquier relato alternativo al construido por el Partido Comunista, los jóvenes de Hong Kong se sienten “hongkoneses” más que “chinos”. Educados en un entorno de libertades civiles, ven amenazados sus valores sociales, culturales y políticos por un sistema autoritario que interfiere cada vez en mayor grado en sus vidas. La interferencia en los medios de comunicación y redes sociales, la “educación patriótica” y otros instrumentos de propaganda en los que se ha volcado Pekín con gran empeño, han agravado, más que resuelto a favor de República Popular, la batalla por la definición de la nación china.

Al intentar evitar el uso de la violencia, cuyo coste político y económico le resultaría prohibitivo, es posible que China opte por una doble estrategia de hacerse con todos los órganos de decisión políticos y policiales del territorio, y—de manera más atrevida—intentar modificar la estructura demográfica fomentando la emigración a Hong Kong de residentes en otras zonas del país y así diluir la población “liberal”. No está claro, sin embargo, que esa política pueda dar sus frutos. No sólo porque el reconocimiento de unos derechos individuales son una ambición universal—por mucho que Pekín lo niegue—, sino porque la misma situación es que la que se da entre los jóvenes de otro cercano lugar: Taiwán. Las elecciones de enero en la isla—uno de los probables motivos de la “cesión” de Lam en Hong Kong—ilustrarán de nuevo que la legitimidad del Partido Comunista ya no depende del control de los territorios recuperados de las potencias imperialistas, sino del control de una única identidad china.

Entrevista a Yao-Yuan Yeh: ¿Corre Taiwán el mismo riesgo de Hong Kong? (1). Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Taiwán juega un papel clave en el escenario asiático, a pesar de su diminuto tamaño. Taipéi es un actor que influye significativamente en la seguridad y la evolución de las alianzas en la región de Asia Pacífico. Estados Unidos ha entendido bien ese rol desde el principio, razón por la que Washington ha seguido apoyando el estatus especial de Taiwán. Pero dado que China se ha vuelto cada vez más poderosa, el riesgo para los actores más pequeños ha aumentado también considerablemente.

Para profundizar en este asunto 4sia.es tuvo la oportunidad de entrevistar a Yao-Yuan Yeh, experto en asuntos asiáticos con especial énfasis en su país de origen, Taiwán, y quién comenzó por explicarnos que la visión que tiene el Departamento de Estado de China es de un solo país, de una única entidad. Saben que Taiwán es parte de China, por lo que frente a cualquier contencioso que surja entre Taiwán y Beijing, Washington entiende que debe ser solucionado por ellos, sin su intervención.

Sin embargo, agregó que el Departamento de Estado entiende el estatus especial que tiene Taiwán, y en efecto es muy importante para ellos que se siga manteniendo el mismo. “Estados Unidos no quiere generar presión que propicie un cambio la postura china con respecto a Taiwán, porque acabará siendo un problema para la región”.

Insistió en que Washington “continuará con una fluida y fuerte cooperación con Taiwán sin llegar a establecer una base militar o sistema defensivo de misiles, para evitar provocaciones innecesarias”.

China lleva años tratando de aislar a Taiwán en la escena internacional usando presión diplomática o cantidades enormes de dinero. Ha sido el caso en una gran cantidad de países africanos y latinoamericanos. Le preguntamos al Profesor Yeh que si Taipei tiene alguna estrategia para recuperar su protagonismo internacional.

“El problema de negociar con China es que nunca se sabe cuáles son sus intenciones reales cuando están negociando. Un buen ejemplo es el puerto de Sri Lanka que prácticamente fue vendido a Beijing”. “En nuestro caso -agrega el Profesor Yeh- “nunca hemos tenido la intención de hacernos con territorio ajeno, respetamos la legislación internacional, nuestras relaciones bilaterales están basadas en normas y leyes internacionales, mientras que China siempre pondrá sus intereses por encima de las normas. Sus intereses económicos dirigen sus relaciones y el país con quien están haciendo negocio nunca conocerá las intenciones reales de Beijing. Mientras que Taiwán entiende las relaciones a un largo plazo y buscamos hacer amigos, cuantos más amigos mejor, queremos pertenecer a organizaciones internacionales, convertirnos en un actor con presencia y voto”.

¿Cree usted que la confirmación del 19 de agosto de que el presidente Trump aprobaba la venta de Jets F-16V a Taiwán refleja un cambio de dirección en las relaciones bilaterales?

“Yo no creo que sea un cambio de dirección -afirma Yeh-; es una señal de nuestra relación de amistad de tantos años. Incluso durante la Administración Obama los lazos entre ambas naciones fueron muy cercanos”.

Según Yeh, Trump hace uso de una “diplomacia sexy” lo que significa que si alguien está en línea o consonancia con los intereses americanos Trump hará negocios con ellos.

“Taiwán necesita más armas, necesitamos dotarnos de más armamento para poder reducir el desequilibrio con China. Washington quiere que Taiwán pueda ser capaz de defenderse solo, que tenga más capacidad militar y defensiva frente a una posible agresión china. Por lo tanto, estamos en línea con los intereses estadounidenses”.

Insiste: “Yo diría que esta venta se traduce en una continuada relación de amistad, y que estamos moviéndonos a un mejor lugar, sin ser un nivel diferente”.

China está constantemente desplegando presencia militar en el Océano Pacífico, “incluso fuera de su jurisdicción, lo que es una potencial amenaza para Taiwán, así como para otros países ¿Cómo está abordando Taiwán este desafío militar?

“Taiwán tiene una capacidad militar muy fuerte, aunque obviamente no podemos compararla con la estadounidense o la china. En el ranking mundial estamos en el puesto 20, por lo que tenemos un poder militar nada despreciable. A pesar de eso, nosotros confiamos en nuestros acuerdos de seguridad con los Estados Unidos y esperamos que Washington mantengan su actual postura con China”.

Asimismo, agrega, “los Estados Unidos están intentando propiciar la adquisición de múltiples equipos y armamento a Taiwán, para que sigamos dotándonos defensivamente y tengamos como protegernos”.

El presidente Trump ha mostrado un gran apoyo a Taiwán desde el principio. El incidente diplomático que ocurrió antes de su toma de poder, cuando habló por teléfono con la presidente de Taiwán -Tsai Ing-wen- es un buen ejemplo. El “Acta de Viajes de Taiwán” (Taiwán Travel Act, su nombre en inglés), es una ley que permite las visitas de altos funcionarios estadounidense a Taiwán y viceversa, es otra ilustración del apoyo de la Administración a Taipei, a pesar de las quejas de Beijing.

Parece ser que la Administración Trump entiende que fortaleciendo a los pequeños indirectamente debilita a Beijing, y en plena guerra comercial lo más sensato es tener una estrategia que se ocupe de las debilidades geopolíticas y diplomáticas mientras China tiene la cabeza en parar la caída de su economía…

(Continua la próxima semana)

Nuevo curso, problemas pendientes

Comienza el nuevo curso político y parece que estamos en un inmenso bucle. No sólo en España. Ahí está el tira y afloja de la disputa comercial chino-norteamericana, las pruebas de misiles desde Corea del Norte mientras se espera algún avance en el despliegue de lo acordado en los encuentros con Estados Unidos, el eterno conflicto de Oriente Medio y las tensiones con Irán. El paréntesis vacacional nos ha devuelto al punto cero.

Sin embargo, por debajo de la superficie que los medios de comunicación y los dirigentes políticos han decretado, han pasado cosas. En Europa la nueva Comisión sigue sin arrancar mientras Gran Bretaña no sale del laberinto del brexit; Putín aumenta la presión ligeramente y espera, la economía balbucea y crecen los recelos ante la inmigración en medio de la impotencia política.

También en Asia han pasado cosas. India y Pakistán han resituado sus fuerzas políticas y militares al borde del conflicto siempre a punto de estallar y siempre en medio de alguna negociación. Pero la gran novedad asiática, como hemos venido contando en 4Asia la ha protagonizado Hong Kong. Miles de manifestantes han hecho retroceder al gobierno local tutelado por China observados con esperanza y contención en Taiwán y preocupación en Pekín, que sabe que no tiene las manos completamente libres para aplastas militarmente las protestas si fuera necesario pero que tiene que enviar un mensaje de fortaleza al resto de China.

Ese va a ser el escenario en los próximos meses. Viejos problemas, nuevos factores y pocas iniciativas nuevas, A veces, la combinación de estos elementos sube varios grados las amenazas de un problema.

Hong Kong: Por ahora la democracia triunfa

Hong Kong hoy es la viva representación de la fuerza que tiene la democracia y el poder que puede ejercer un pueblo que entiende su derecho soberano de oponerse a cambios legislativos que vayan en detrimento de sus libertades.

Carrie Lam pedía disculpas al pueblo hongkonés por haber impulsado la ley de extradición, mientras sostenía que ese proyecto de ley está muerto. Y no cabe duda de que el pueblo lo desea muerto y enterrado, mientras Beijing sabe que ha perdido una batalla, pero no pierde la esperanza de ganar la guerra. En esta ocasión, Lam pagará el precio político con el fin de su carrera. No contará con el apoyo de Beijing a largo plazo, y mucho menos el de los hongkoneses para mantenerse en el poder.

Por el momento Beijing ha expresado públicamente su apoyo a Lam. Lo que puede ser parte de una estrategia, mientras la presidenta del gobierno hongkonés se disculpa por no haber doblegado a los opositores, insistiendo en que su compromiso de servir al pueblo se mantiene intacto, dejando por sentado que no dimitirá.

Beijing observa con cautela el desarrollo de los acontecimientos y, si fuera positivo desligarse de ella, hay tiempo de sobra para hacerlo, pero por ahora no lo ven necesario. Están aprendiendo de la situación y seguramente procesando el coraje que han tenido los ciudadanos y el resultado de esas acciones de calles.

Las masivas protestas las inspiraron la propuesta de la ley de extradición, a la que le hemos dado cobertura en esta columna previamente en varias ocasiones. Se llegó a romper el récord con la concentración del pasado 12 de junio, que contó con la participación de dos millones de ciudadanos. Durante semanas, las calles han estado llenas de manifestantes expresando su rechazo al gobierno de Carrie Lam. Curiosamente, en vez de ir mermando, se han mantenido y en efecto las demandas de los protestantes han ido en aumento.

En vista de la insistencia de presentar la ley a pesar del rechazo social, los manifestantes comenzaron a demandar la salida de la presidente. Y así se han ido incorporando otras demandas, como las quejas por “la invasión del Shenzhen”, que es un territorio ubicado a tan sólo 17 kilómetros de Hong Kong, que no era más que un pueblo de pescadores hasta hace unos años, y que acabó por convertirse en el hub tecnológico chino, que ocupa el puesto once del ranking mundial con más billonarios, de acuerdo a Business Insider. Este fenómeno ha producido que muchas personas de la China continental aprovechen para establecer negocios en el lado hongkonés, lo que tiene muy irritados a los locales.

El pasado domingo los manifestantes volvieron a llenar las calles de Hong Kong, pero esta vez lo hacía una representación de la prensa local que marchó hasta la oficina de Lam, con carta en mano, para expresar sus quejas y desacuerdo por la manera en que autoridades trataron a la prensa durante las protestas. Especialmente al principio de estas.

Han sostenido que hubo maltrato de parte de la policía, quien se esforzó en obstruir su trabajo de reportaje. En efecto, el presidente de la Asociación de Prensa de Hong Kong mantenía que parecía que los periodistas habían sido deliberadamente el target de las fuerzas de seguridad.

Los grupos de activistas y manifestantes se han mantenido firmes a su rechazo a la Ley de Extradición, que ha sido el detonante de este levantamiento pero que ha desencadenado una espiral de demandas. Desde que Hong Kong pasó de manos británicas a chinas y se estableció “un país, dos sistemas” la situación no se había tornado tan turbia. Es una especie de despertar para quienes son conscientes de las libertades que disfrutan, y al darse cuenta de que si no hacen eco ahora de sus demandas acabaran sometidos a las decisiones del Partido Comunista chino.

Como suele suceder en este tipo de protestas siempre hay gente o incluso grupos violentos que recurren al uso de la fuerza y recursos inapropiados para hacerse oír, de la misma forma a como la policía ha querido neutralizar a los protestantes con el uso de la fuerza. Y en ambos casos se debe denunciar y cuestionar, pero cuando se vive tan cerca de la China continental y se conocen las formas restrictivas empleadas por sus autoridades, sin ánimos de justificar, hay un deber moral de apreciar el sacrificio del pueblo hongkonés que sigue adelante con sus demandas y que, del largo periodo que lleva en las calles, se ha mantenido en honor a ese ideal democrático. Foto: Flickr, Studio Incendo.

Hong Kong resists. Nieves C. Pérez Rodríguez

Traducción: Isabel Gacho Carmona

Washington.- The Hong Kong society has deep-rooted democratic principles that are proven by the struggle they have waged in recent days and their willingness to continue to fight to maintain the freedom they have enjoyed in recent years, which has allowed them to enjoy  welfare and development outside the control imposed by the Chinese Communist Party.

The United States’ relationship with Hong Kong has been preferential due to a law passed in 1992 that allowed the US government to treat Hong Kong as a different entity from mainland China regarding trade and immigration issues after it was delivered to China in 1997, which administers the territory under the principle of “one country, two systems”.

The commitment for the transfer was to maintain the legal system that Hong Kong had during the British period, so that Chinese socialism would not be imposed. In counterpart, Beijing remained in charge of foreign policy and defence of the region. Just twenty years after the transfer, and with another thirty years to go before the region will be integrated into China, Beijing accelerates its level of interference in Hong Kong and reveals its intentions.

At the height of protests in Hong Kong, the Executive Committee for China of the United States Congress on June 13th released a bill on democracy and human rights in Hong Kong.

The announcement was made with the purpose of reaffirming the commitment of the United States to democracy, human rights and the rule of law, at a moment when these freedoms and the autonomy of Hong Kong are being eroded by the interference of the Chinese government and the Communist Party, according to the press release.

The purpose of this law is to make clear that the US Congress is on the side of the Hong Kong people and their effort to preserve human rights. This law has the bicameral and bipartisan support of the congress. 4Asia had the opportunity to consult the opinion of one of the strongest proponents of this bill, the Republican Senator Marco Rubio, who told us: “As Beijing continues its attack against the autonomy of Hong Kong, the United States must support democracy and freedom of expression. The Hong Kong government should withdraw the proposed amendments to the extradition law and explore alternatives that protect the rule of law from the influence of the Chinese Communist Party. “

Domestic and international pressure have caused the Hong Kong government to postpone the debate on the law and lower the aggressive tone that was used at the beginning of the protests. As stated by Carrie Lam, the head of the government, “the priority is to restore peace and order”. She said that while claiming that the Hong Kong courts will have the last word on extraditions to China, as an attempt to soften the oppressive and arbitrary impression of the nature of the extradition law.

It is a key moment for the region, not only for Hong Kong. Taiwan and other democracies in the Pacific need the freedoms enjoyed by Hong Kong. It is in the interest and welfare of the region that China understands that the West is on the side of democracy and will react when these freedoms are in danger.

Last week, The Economist dedicated an article to a common practice in China, which is seen as strange by the rest of the world. The Chinese music services had banned a song from “Les Misérables” that was used as a hymn in the Hong Kong protests of 2014. Do you hear people sing? It is the tune that during the protests of the last days began to be heard again, just before the gases repressed the sound of the people.

The protesters recited the song to keep the enthusiasm alive. And the response of the Chinese government, in line with its common modus operandi, seeks to silence the cry of the people to maintain an independent and democratic legal system, in this case with the Extradition Law.

Xi visita Corea del Norte. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- A finales de la semana Xi Jinping visitó Corea del Norte, en medio de una de las peores crisis que atraviesa China en los años recientes. Con varios frentes abiertos, uno con Washington y una guerra comercial, que, a pesar de haber intentado manejarla con discreción está teniendo efectos negativos en su economía, con previsiones aún más perjudiciales; y el otro en Hong Kong, que se les ha complicado más de lo que previeron. Mientras los manifestantes siguen ocupando las calles, la suspensión de la ley de extradición prueba que, al menos de momento, la sociedad civil está ganándole el pulso a Beijing.

Hacía más de 14 años que un presidente chino no pisaba suelo norcoreano. Aunque entre las dos naciones hay lazos e intereses comunes, la persistencia de Pyongyang por desarrollar su carrera nuclear y las frecuentes pruebas tensaron la alianza y la cercanía comenzó a enfriarse. Hasta el punto de que China apoyó las sanciones a Corea del Norte en Naciones Unidas durante el momento en que Kim Jong-un insistía en mantenerse herméticamente aislado.

Pero la situación ha dado un vuelco. Desde que Trump ocupa la Casa Blanca el juego de poder es otro y las reglas han cambiado. Trump ha intentado lo que ningún otro líder estadounidense se hubiera atrevido tan siquiera pensar, y eso ha desequilibrado los centros de poder.

China, por su parte, ha sido acorralada en el plano económico, por sus prácticas irregulares y está padeciendo los efectos, por lo que se ha visto presionada a usar aliados históricos como Pyongyang para desviar la atención del mundo con su visita, que aprovecha en vender como parte de un proceso de negociación nuclear.

En tal sentido, la agencia china de noticias Xinhua publicaba el día de llegada de Xi a Pyongyang que “la esperanza sigue viva para resolver el estancamiento nuclear”. Queriendo poner en primer plano las discusiones del desarrollo nuclear norcoreano y darles protagonismo a estas conversaciones, intentando cambiar con esos nuevos titulares los que han ocupado las primeras páginas de los diarios en las últimas semanas.

No es nuevo que Beijing intente sacar partido a una situación de crisis. Por su parte, Corea del Norte está pasando una de las sequías más duras de su historia, de acuerdo con los medios oficiales, lo que agrava aún más la situación alimenticia en el país. Los norcoreanos saben lo que es pasar hambre, excepto Kim Jong-un que claramente está sobrealimentado. Ya en los años noventa miles de personas murieron en una terrible hambruna. Y actualmente Naciones Unidas está contemplando que un 40% de la población se enfrenta a una grave escasez de alimentos.

Para Kim Jong-un la visita de Xi Jinping es una buena noticia, pues revive su imagen de líder internacional, mientras que da esperanza a su gente de que están trabajando para mejorar la situación doméstica.

China sigue siendo el país que más asiste a Corea del Norte con todo tipo de ayuda. Los envíos de alimentos desde China superan considerablemente los envíos recibidos por ONGs. Rusia también es un donante importante para Beijing, la semana pasada anunciaba que estaba enviando cuatro mil toneladas de trigo y 4 millones de dólares, según la BBC. Seúl ha estado también enviando dinero y alimentos para tratar de contrarrestar los efectos de la crisis.

Mientras que Kim Jong-un ha hecho cuatro visitas oficiales a Beijing, Xi Jinping es la primera vez que recíprocamente le corresponde. Y lo hace en un momento en que tiene muchos líos en casa y le convenía salir y aparecer en Pyongyang en medio de la cobertura mediática casi exclusiva de los medios oficiales de ambos países, y en medio de un despliegue de caravanas, protocolos pomposos y honores a su persona que desvía la conversación hacia otro lugar.

Mientras todo ese derroche ocurre, la mitad del pueblo norcoreano es obligado a pasar hambre por los caprichos de su líder de mantenerse aislado y sancionado por no estar dispuesto a parar su carrera nuclear. Mientras, los hongkoneses mantienen su lucha al pie del cañón, dando un ejemplo al mundo de cómo se defiende un sistema democrático. (Foto: Gabriel Britto)

Hong Kong resiste. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La sociedad hongkonesa tiene principios democráticos arraigados y lo prueba la lucha que han librado en los últimos días y su disposición a continuar dando la batalla por mantener esa libertad de la que han gozado en los últimos años, que les ha permitido saborear el bienestar y el desarrollo al margen de Beijing y las controles que impone el Partido Comunista Chino.

La relación de Estados Unidos con Hong Kong ha sido preferente debido a una ley aprobada en 1992 que permitió al gobierno estadounidense tratar a Hong Kong como una entidad diferente de la China continental en cuestiones de comercio e inmigración después de que fuera entregado a China en 1997, que administra el territorio bajo el principio de “un país, dos sistemas”.

El compromiso para el traspaso consistió en mantener el sistema legal que tuvo Hong Kong durante el periodo británico, por lo que no se impondría el socialismo chino. En contraparte, Beijing se quedaba a cargo de la política exterior y la defensa de la región. A tan sólo veinte años del traspaso, y quedando otros treinta años por delante, antes de que se integre la región en China, Beijing acelera su nivel de injerencia en Hong Kong y deja al descubierto sus intenciones.

En el momento más álgido de protestas en Hong Kong, la Comisión ejecutiva para China del Congreso de los Estados Unidos ha hecho público el pasado jueves un proyecto de ley sobre democracia y derechos humanos en Hong Kong.

El oportuno anuncio se hizo con el propósito de reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho, en el momento en que estas libertades y la autonomía de Hong Kong están siendo erosionas por la interferencia del gobierno chino y el Partido Comunista, de acuerdo con la nota de prensa.

El propósito de esta ley es dejar claro que el Congreso estadounidense está del lado del pueblo hongkonés y su esfuerzo por preservar los derechos humanos. Esta ley cuenta con el apoyo bicameral y bipartidista del congreso. 4Asia tuvo la oportunidad de consultar la opinión a uno de los más fuertes propulsores de dicho proyecto de ley, el senador republicano Marco Rubio, quien nos dijo: “A medida que Pekín continua su ataque contra la autonomía de Hong Kong, los Estados Unidos debemos apoyar la democracia y la libertad de expresión. El gobierno de Hong Kong debería retirar las enmiendas propuestas a la ley de extradición y explorar alternativas que protejan el Estado de derecho de la influencia del Partido Comunista Chino”.

La presión doméstica e internacional han hecho que el Gobierno hongkonés posponga el debate de la ley y baje el tono agresivo que fue empleado a principios de las protestas. En palabras de Carrie Lam, la cabeza del gobierno “la prioridad es restaurar la paz y el orden”. Mientras que afirman que los tribunales hongkoneses tendrán la última palabra sobre las extradiciones a China, como un intento de suavizar la impresión opresiva y arbitraria de la naturaleza de la ley de extradición.

Es un momento clave para la región, no sólo para Hong Kong. Taiwán y otras democracias en el Pacífico necesitan de las libertades de las que goza Hong Kong. Es en el interés y bienestar de la región que China entienda que occidente está del lado de la democracia, y se hará oír cuando estas libertades estén en peligro.

La semana pasada The Economist dedicaba un artículo a un hecho habitual en China, que resulta curioso para el resto del mundo. Los servicios de música chino habían vetado una canción de “Les Misérables” que fue usada como himno en las protestas de Hong Kong del 2014. ¿Oyen a la gente cantar? Es la tonadilla que durante las protestas de los últimos días empezaba a oírse de nuevo, justo antes que los gases reprimieran el son del pueblo.

Los manifestantes recitaban la canción para mantener vivo el entusiasmo. Y la respuesta del Gobierno chino, a tono con su modus operandi, busca silenciar el grito del pueblo de mantener un sistema legal independiente y democrático, al igual que ocurre con la Ley de extradición.