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Evento: USA, CHINA Y LA OMC. Isabel Gacho Carmona

El pasado 15 de octubre tuvo lugar en la Fundación Abertis la primera de las cuatro sesiones que tendrán lugar durante el ciclo: La nueva globalización: de las paradojas a las dificultades de hoy organizado por El Club de Roma y Esglobal. Con el título USA, China y la OMC, el evento arrojó luz sobre cuestiones como el proteccionismo, la guerra comercial, el papel de la OMC o las alianzas con terceros frente a los cambios que se están viviendo en la sociedad internacional. Moderado por Cristina Manzano, directora de Esglobal, el debate contó con expertos de la talla de Georgina Higueras, Miguel Otero y Pedro Rodríguez.

Parecía que el camino que estaba tomando la globalización era de una sola dirección, pero los acontecimientos recientes plantean dudas al respecto. ¿Sigue teniendo sentido la OMC hoy en día? ¿Es el proteccionismo una moda pasajera?

Marcó la jornada la relación entre las dos grandes potencias del momento: EEUU y China. La convivencia que se creó con Kissinger y Mao ya ha fallado. Falla desde la base. Hay falta de entendimiento. Tras meses de tensión, la ruptura se materializó el pasado 4 de octubre con el discurso de Pence: ahora son competidores estratégicos. China acumula el 20% de la deuda estadounidense y, dado que Trump concibe las relaciones como un juego de suma cero, la balanza comercial negativa con su competidor asiático es vista desde Washington como un grave problema.

China, que había gozado del estatus de “nación más favorecida” de la OMC desde 1980 entró en la Organización en 2001. Sin embargo, según Otero, la Administración Trump parece empeñada en que China no se beneficie del marco institucional de postguerra. Washington quiere repartir las cartas de nuevo, se siente más cómodo manteniendo relaciones bilaterales. El TLC firmado recientemente con México y Canadá es buena prueba de ello. En dicho acuerdo, además, EEUU se asegura la capacidad de vetar cualquier acuerdo comercial de sus socios con economías de “no mercado”, en clara referencia Beijing. Parece que entramos en viejas dinámicas que resuenan a la época de la Guerra Fría.

Sin embargo, es importante apuntar que esta rivalidad no es puramente una guerra comercial, sino tecnológica. El plan China 2025 prende colocar a la potencia asiática a la vanguardia de la innovación tecnológica. En palabras de Higueras “quieren saltar directamente al 4.0: inteligencia artificial, el espacio…” Esto asusta a Estados Unidos. ¿Serán capaces los chinos de superarlos en este campo? La idea es frenarlos antes de conocer la respuesta. De momento China depende de la potencia occidental en lo que a la alta tecnología se refiere, de ahí la importancia de los aranceles.

¿Cómo afecta este enfrentamiento internamente a estos gigantes? Por un lado, las políticas arancelarias de Trump se están empezando a notar en su territorio. En el Midwest la guerra comercial ya es cuestión en la campaña electoral. Además, los que más lo van a notar son las clases populares. “China provee a Walmarkt, que es donde compran los pobres” apunta Rodríguez. “El dolor no ha llegado a los productos de consumo, pero acabará llegando. El documental Navidad sin china ilustra muy bien la dependencia americana de este tipo de productos”.

Por otro lado, el régimen chino puede ser víctima de su propio éxito. Hasta ahora, la legitimidad del Partido ha estado muy vinculada el crecimiento económico, pero ¿Y si tuvieran éxito las políticas americanas? Se habla mucho de la capacidad de resiliencia del pueblo chino. Para Higueras y Manzano la política de hijo único puede jugar un papel crucial en este sentido. Ha cambiado la mentalidad china. Y, además de traducirse en que China va a ser una sociedad envejecida antes de gozar de un desarrollo pleno, esta política ha creado una generación de mimados, de pequeños emperadores que no están ni dispuestos ni preparados para sufrir como lo hicieran las generaciones anteriores.

En medio de esta guerra comercial y tecnológica, China está jugando sus cartas y se está acercando estratégicamente a Rusia. Dos visiones se pusieron en la masa respecto a este tema en el debate. Higueras entiende que desde occidente estamos empujando a Rusia a los brazos de China, que ambas potencias están frustradas por las sanciones y aranceles de occidente y no les queda más remedio que unir fuerzas. Rodríguez, sin embargo, es más escéptico respecto a lo que él llama el “victimismo ruso”: “Roma terminó conquistando el mundo en defensa propia”. En cualquier caso, y aunque China desconfía y guarda memoria del fracaso del Tratado de Amistad, Alianza y Asistencia mutua chino-soviético de 1950, es innegable el acercamiento de ambas potencias. Merece especial atención la colaboración en maniobras militares. Es cierto que todo parece apuntar a que no se materializará la famosa Trampa de Tucídides y que no viviremos una guerra entre Estados Unidos y China. La mentalidad del país del centro, fuertemente marcada por el pensamiento de Sun Tzu, entiende que la mejor victoria es evitar la guerra. Sin embargo, no descarta que Washington juegue la carta de Taiwán, y eso es una línea roja para Beijing. La situación es delicada y China necesita la experiencia combativa de Rusia. El chino era un ejército campesino adaptado y con poca experiencia, la última guerra que libró fue la del 79 contra Vietnam. Siguiendo las indicaciones de El arte de la guerra, ante la duda siempre es mejor dar el primer paso.

En definitiva, parece estamos siendo testigos de un cambio en las relaciones comerciales internacionales al cuestionarse los principios del libre comercio. Prestaremos atención al desarrollo de los acontecimientos.

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