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EE.UU., menos presencia presidencial pero más presión en Asia. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Mike Pence -vicepresidente de los Estados Unidos- publicaba hace una semana un artículo en el Washington Post titulado “Los Estados Unidos buscan colaboración y no control en el Indo-Pacífico”. En él definía el compromiso firme y duradero que tiene Washington con esta región y exponía la estrategia de la Administración Trump en esta área basada en tres grandes pilares:

  1. El Indo-Pacífico cubre más de la mitad de la superficie terrestre, es próximo a más de la mitad de la población del planeta y concentra las dos terceras partes del comercio mundial.
  1. La seguridad, cuyo base es la prosperidad. Envía un recordatorio a sus aliados para continuar con la presión hacia Corea del Norte y las sanciones económicas hasta que la desnuclearización sea un hecho.
  1. Y, por último, afirma su apoyo a los gobiernos trasparentes y receptivos en donde exista un estado de derecho, respeto a los derechos humanos y la libertad religiosa de sus ciudadanos.

La estrategia de la Casa Blanca está encaminada a bloquear a China y sus largos tentáculos, que parecen no tener límites. O al menos denunciar sus acciones sin ningún filtro diplomático. Sin embargo, la ausencia de Trump en las cumbres más importantes de Asia ha dejado un gran hueco, que su vicepresidente intentó con mucho esfuerzo llenar, pero que en el fondo facilita el camino a Xi Jinping y Putin. Muy a pesar de que Pence llevara un mensaje de apoyo a la región.

En la ASEAN, Pence afirmó que ésta es una región abierta y libre, e insistió en que Washington está encantado de contarlos como un bloque aliado estratégico. Dijo que “el imperio y la agresión no tienen lugar en el Indo-Pacífico”.  “Solo requiere que cada nación trate a sus vecinos con respeto y respete la soberanía de nuestras naciones y las reglas internacionales de orden”.

Si se dudó de la claridad del vicepresidente en la ASEAN, su discurso en la APEC no dejó espacio a dudas, pues fue un ataque directo a China. Pence urgió a las naciones asiáticas a evitar las relaciones comerciales con China y a cambio les ofreció una alternativa: establecer negocios con los Estados Unidos que no los cargarán con deudas que a largo plazo comprometan sus soberanías. A lo que Xi Jinping (el presidente chino) respondió que “One belt, one road” es una avenida provista de sol radiante en la que China comparte oportunidades con el mundo para buscar el desarrollo”.

La Administración Trump lo ha dicho siempre claro, no está de acuerdo con lo que está haciendo Beijing. Parece que estamos yendo mucho más lejos que a una guerra meramente comercial, donde las tarifas tasan productos y penalizan acciones. Robert D. Kaplan, (experto del Centro para una nueva Seguridad Americana) afirma que durante años China ha estado en guerra con Estados Unidos en el Mar de la China Meridional, pero Washington no se dió cuenta hasta muy avanzado el proceso. Explica que Beijing se basa en la teoría del filósofo Sun Tzu, cuya tesis consiste en que el éxito es ganar sin tener que ir a la guerra.

Kaplan define la estrategia china en micro-pasos: el reclamo de una isla pequeña, luego la construcción de una pista por otro lado y el despliegue supuestamente temporal de una plataforma petrolera en aguas en disputa; lo importante es imponer presencia de alguna manera.

Todos estos pasos van marcando hechos, que individualmente no llegan a molestar a las otras potencias hasta el punto de suscitar una respuesta militar. Mientras, China intenta evitar enfrentamientos, pues saben que no pueden competir con la capacidad militar estadounidense en este momento. Beijing por su parte, entiende que dominar el Mar de la China Meridional- que consideran geográficamente suyo- es dominar el mayor tránsito de mercancías del mundo, así como imponer su dominio en Taiwán, Japón, o Vietnam y Filipinas, que no tienen otra alternativa que doblegarse al dominio del más fuerte.

A pesar de la ausencia de Trump en estas importantes cumbres, que hay que admitir protagonizó el año pasado, el mensaje que llevó Pence sigue siendo el mismo. Es más, cada día parecen ser más directos a denunciar la agresión china a las economías y a su carácter expansionista.

Washington está atacando a Beijing por varios frentes, el último fue el 7 de noviembre en el que una comisión del Congreso de los Estados Unidos, que vigila los derechos humanos en China denunció la brutal represión que están padeciendo los uighures (una minoría musulmana) en la región de Xinjiang, con sus reclusiones en centro de reeducación china.

La Administración Trump sostiene que el valor de sus intercambios comerciales con la Pacífico Índico es de 1.8 billones de dólares. La inversión estadounidense en la región es de casi 1 billón de dólares, lo que representa más que la inversión conjunta de China, Japón y Corea del Sur, números que explican por si solos la importancia estratégica de la región. La economía es el eje y la prioridad para Trump, y los mensajes sutiles no forman parte de la diplomacia de este gobierno.

Así que en el marco de su visita Pence anunció la construcción de una base militar en Papúa Nueva Guinea (la segunda isla más grande, ubicada al norte del Australia) en cooperación con Australia para reforzar la presencia estadounidense en Asia y el Pacífico, y poder proteger los derechos marítimos y la soberanía de las islas del Pacífico.

Curiosamente, a pesar de dar señales de ausencia, Washington está preparándose para estar más presente en el Pacífico, y dispuesto a parar cualquier intento de violación de la soberanía terrestre o marítima de las naciones en la región, pero al modo de Trump. China tendrá que calcular cautelosamente sus pasos ante la mirada vigilante de la Casa Blanca y su aversión al estilo imperialista chino. (Foto: Dan Hill, flickr.com)

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INTERREGNUM: Asia entre Washington y Pekín. Fernando Delage

Las reuniones multilaterales mantenidas en Asia la semana pasada entre Singapur y Papua Nueva Guinea—ASEAN, ASEAN+3, la Cumbre de Asia Oriental y el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico—han escenificado una vez más las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China. Lejos de contribuir a minimizar sus diferencias, los encuentros han contribuido más bien a extenderlas al conjunto de la región.

La ausencia de Trump no lanza quizá el mensaje más conveniente para los intereses norteamericanos. Tampoco ayuda el mantenimiento de la retórica de confrontación: ha sido el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, quien ha defendido una política comercial unilateralista y el rechazo de todo intento revisionista del orden regional. Pence acusó a China de intentar crear una dependencia económica y financiera de las naciones participantes en sus proyectos de infraestructuras, y de alterar la estabilidad asiática a través de sus acciones en el mar de China Meridional, que calificó como “ilegales y peligrosas”, además de “amenazar la soberanía de muchas naciones y poner en riesgo la prosperidad del mundo”. Utilizando palabras similares a las empleadas en su discurso en el Hudson Institute a principios de octubre, añadió: “China se ha aprovechado de Estados Unidos durante muchos, muchos años y esos días se han acabado”. Washington, concluyó, “no abandonará su política hasta que China cambie su comportamiento”.

Como cabía esperar, los líderes chinos acusaron por su parte a Estados Unidos de promover el proteccionismo comercial y asumir una estrategia unilateralista y de enfrentamiento en defensa de sus intereses más estrechos. En una nada velada descripción realizada durante su intervención en la cumbre de APEC, el presidente Xi Jinping calificó a Estados Unidos como una amenaza a la paz y seguridad regional, mientras presentó a China como un socio indispensable para el desarrollo y la estabilidad de Asia. El primer ministro Li Keqiang insistió entretanto en Singapur en la conveniencia de acelerar la negociación del acuerdo de Asociación Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés), en el que participan numerosos socios y aliados de Estados Unidos, en defensa del libre comercio y de una estructura multilateral basada en reglas.

Estados Unidos y China no sólo ofrecen por tanto esquemas opuestos sobre el futuro del Indo-Pacífico, sino que compiten de manera directa por atraerse a los Estados de la región. China necesita a sus vecinos para evitar una nueva guerra fría, pero sus incentivos económicos no bastan para ganarse la complicidad de unas naciones preocupadas por su expansión marítima y por la deuda que les puede suponer el proyecto de la Ruta de la Seda. Pero justamente cuando China ha pasado a una fase de mayor asertividad, Estados Unidos ha optado por desmantelar los pilares de su primacía en Asia de las últimas décadas: su hostilidad al libre comercio y la desconfianza en las alianzas extienden las dudas sobre el compromiso norteamericano con la región, una impresión que se ha visto acentuada por la decisión del presidente Trump de no acudir a las reuniones multilaterales de este año.

Nadie cree a los dirigentes chinos cuando éstos dicen carecer de ambiciones geopolíticas. Pero a nadie se le oculta tampoco la contradicción entre la retórica norteamericana y la rápida reconfiguración del orden regional sobre el terreno. Cuando Trump y Xi se encuentren en Buenos Aires a finales de mes en la cumbre del G20, su agenda no podrá centrarse tan sólo en cómo evitar una abierta guerra comercial. La orientación estratégica futura de la región está igualmente en juego.

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INTERREGNUM: Modi se mueve. Fernando Delage

La semana pasada India demostró una vez más cómo está construyendo paso a paso su ascenso internacional. Mientras los medios se vuelcan en las andanzas de Trump y tratan a Xi Jinping casi como un igual del presidente de Estados Unidos, el primer ministro indio, Narendra Modi, con menor visibilidad, sitúa gradualmente a su país como uno de los elementos clave del equilibrio de poder asiático.

El martes 23 Modi estuvo en el foro de Davos. Retomando algunos de los mensajes expresados por el presidente chino en la reunión de 2017, Modi declaró su oposición al proteccionismo. “La globalización económica, señaló, es una tendencia de los tiempos y sirve a los intereses de todos los países, especialmente los países en desarrollo”. También indicó que la lucha contra el cambio climático debe ser una responsabilidad colectiva de todas las naciones. Pero Modi quiso sobre todo promover India como oportunidad de inversión, haciendo hincapié en la nueva fase de reformas y liberalización en marcha. La economía se ha multiplicado por seis desde la última vez que un primer ministro indio asistió a Davos, hace veinte años.

El jueves 25 recibió en Delhi a los líderes de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). En la cumbre bilateral, Modi subrayó su determinación de aumentar los intercambios económicos con la subregión, aún muy lejos de los de China. (La República Popular representó algo más del 15 por cien del comercio exterior de la ASEAN en 2015, frente al 2,4 por cien de India). La prioridad de la diplomacia económica india es con todo cierta, como confirman otros datos: el gobierno filipino, por ejemplo, ha anunciado que las inversiones previstas en 2018, por valor de 1.250 millones de dólares, crearán más de 100.000 empleos y harán de Delhi uno de sus principales inversores externos. También la ASEAN tiene como prioridad lograr un mejor acceso al mercado indio, quinto mayor del mundo hacia 2025.

Modi y los diez líderes del sureste asiático acordaron por otra parte promover la “seguridad marítima”. “India comparte, dijo Modi, la visión de la ASEAN de la paz y seguridad a través de un orden marítimo basado en reglas”. Un día antes, Delhi anunció un reforzamiento de la cooperación en materia de defensa con Indonesia a través de ejercicios conjuntos, compraventa de armamento e intercambio de visitas de responsables políticos y militares. India ya mantiene, por otra parte, acuerdos navales con Singapur, Vietnam, Tailandia y Malasia. Y, como se sabe, recientemente apoyó la restauración del Diálogo de Seguridad Cuatrilateral con Estados Unidos, Japón y Australia.

Reforzando sus vínculos económicos y la cooperación en materia de seguridad con estas naciones, India busca equilibrar las ambiciones chinas. El ascenso de la República Popular ha adquirido una dimensión estratégica que empuja a India a lograr una mayor presencia en el sureste asiático. La incertidumbre de los miembros de la ASEAN sobre el futuro del papel de Estados Unidos en Asia propicia este acercamiento. El desafío es cómo articular de manera eficaz el enorme potencial de este eje bilateral.