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“Sistemas de gobernanza de datos como herramienta competitiva: el caso UE-China” Webinar de European Guanxi. Isabel Gacho Carmona

“Los datos son el origen de todo, de todas las tecnologías: 5G, inteligencia artificial, blockchain…” comenzaba diciendo Raquel Jorge Ricart. “Son una colección de hechos, de números… pero también se pueden entender como un activo con efectos políticos, geopolíticos y económicos”. European Guanxi ha organizado un webinar titulado “Sistemas de gobernanza de datos como herramienta competitiva: el caso UE-China” en el que la ponente, miembro Fulbright en la Elliott School of International Affairs, abordó la cuestión.

Ante tan importante activo, los Estados -y organizaciones supranacionales, en el caso de la Unión Europea- tratan de asegurar su calidad, garantizar su protección y gestionar el ciclo de vida de la información. Así, por un lado la UE, a través de la Estrategia Europea de Datos de 2020 busca, a nivel interno, la creación de un mercado único de datos para ser capaces de reutilizarlos y de crear un “data pooling and sharing” o sistema de intercambio y mutualización de datos. A nivel externo el objetivo sería convertirse en un actor emprendedor y fiable. Se trata de un gran marco normativo en el que “todo está regulado”, apuntaba Jorge Ricart. Por otro lado, la estrategia de China estaría caracterizada por ser un entramado de diferentes normas en las que destaca la Ley de Ciberseguridad de 2017, junto con una serie de medidas y directrices políticas.

Mientras la normativa europea está centrada en los derechos y goza de garantías específicas en el caso de violaciones a la privacidad, el modelo chino pone al gobierno en el centro, esto es, además de ofrecer protección frente a ataques, la regulación también pasa por la prevención para que las tecnológicas no se conviertan en gigantes con un poder similar al de sus homólogos estadounidenses. Además, cuenta con un requerimiento de localización mediante el cual cualquier negocio que opere dentro de territorio chino tiene la obligación de mantener los datos en el territorio del país. Sin embargo, y pese a estas diferencias, “paradójicamente la manera de abordar la protección de datos hace a China más alineada con la UE que con Estados Unidos” sostenía la ponente.

Más allá de esta regularización, ambas potencias tratan de internacionalizar su marco en materia de datos. Por ejemplo, Europa cuenta con los campeones en 5G, Nokia y Ericsson, que han firmado con acuerdos por todo el globo. Por su parte, las entidades chinas habrían invertido más de 17 mil millones de dólares en proyectos de Ruta de la Seda Digital desde 2013.

En definitiva, el uso de datos entraña un alto valor y la tendencia global es su securitización. Pero más allá de esta, y es vital comprender la importancia de sus implicaciones económicas y de poder. En este último sentido, Jorge Ricart citaba las palabras de Borrell sobre la necesidad de la UE de aprender a usar el lenguaje del poder. Un poder que debe ir más allá del soft power. Así, recordaba que “el hard power no significa únicamente medios militares”.

“El 5G es una baza poder apagar sectores enteros de la economía de un país” Isabel Gacho Carmona

En las relaciones entre EEUU, China y la UE “la cuestión central es el poder”, comenzaba diciendo Fidel Sendagorta en un coloquio organizado por el Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior (Incipe), en el que analizó la situación. “Primero, porque estamos de nuevo en una era dominada por la política de poder, que se caracteriza por ser más desinhibido en todas sus formas, incluida la coacción económica o híbrida”. Un contexto en el que el nacionalismo es cada vez más exacerbado, donde la tensión es cada vez más difícil de manejar.

Y es en este contexto aparece el poder chino. Y esta vez -a diferencia de hace 200 años cuando siendo primera potencia económica solo estaba interesada en su vecindario inmediato- necesita al resto del mundo. Y según se expande en términos económicos y comerciales, también lo hace militarmente. “Hoy solo tienen una base en Yibuti, pero habrá más”, apuntaba el director general de Política Exterior y Seguridad. De momento ya tiene una flota con capacidad de proyección en los océanos y capacidad de influencia política en regiones en las que antes estaba poco representada.

Para  lograr su ambición de liderazgo, que pasa, por cierto, por “desoccidentalizar el orden internacional”, Pekín tendría una “estrategia conocida y otra oculta”. Por un lado, estarían las famosas iniciativas Made in China 2025 o La Franja y la Ruta, donde las estrategias quedan más o menos claras. Sin embargo, el puzle queda incompleto y, mientras Thomas Wright argumenta directamente que la estrategia china es “un misterio”, otros entienden que se puede inferir de muchas maneras. Es el caso de Michael Pillsbury, que habla de la “maratón de los 100 años” refiriéndose al objetivo de conseguir un puesto de liderazgo en el sistema mundial en 2049.

En cualquier caso, se entiende que la estrategia siempre había estado influida por ideas tradicionales basadas en la máxima de ganar las guerras sin necesidad de hacerlas. Sin embargo, ahora China habría abandonado la “prudente actitud” y se ha lanzado a una exhibición de su poder, pero ¿por qué? Sendagorta argumenta que se debería básicamente a tres razones. En primer lugar, estaría aprovechando el hueco dejado por el repliegue estadounidense, en segundo lugar, Pekín es cada vez menos dependiente económicamente del resto al haber desarrollado su consumo interno, y, por último por el auge del nacionalismo.

Tanto Washington como Bruselas tardaron en reaccionar. En un primer momento Trump enfocaba la política hacia China de una manera exclusivamente comercial, en términos de deslocalización y “pérdidas de puestos de trabajo”. En Europa han hecho falta llamadas de atención -como cuando Alemania trató de evitar a compradores chinos para la empresa puntera de robótica Kuka y descubrió que no había ningún mecanismo que lo impidiera- para priorizar en la agenda el pulso para la protección de las industrias estratégicas y para darnos cuenta de que ya no basta con pensar solo en términos económicos.

Y, es que es en la tecnología donde “se juega la base del poder de cualquier país en el futuro”. En el caso de las redes 5G, por ejemplo, además del componente económico tienen uno de defensa. Pero este componente “no solo se trata de espionaje o robo de datos, se trata de algo más”. Hay países, como Japón o Australia, que no quieren implantar las redes chinas en previsión a un posible conflicto: “controlar las redes 5G es una baza para poder apagar sectores enteros de la economía de un país”.

Bruselas frente la diplomacia de “el bot y la mascarilla”. Isabel Gacho Carmona

Los japoneses llevan tiempo avisando de que ellos ven la cabeza del dragón mientras que en occidente solo vemos la cabeza del oso. Es cierto que ya hace tiempo que hemos puesto el ojo en China, pero quizá no habíamos prestado atención suficiente a sus tácticas de propaganda y desinformación. Mientras las injerencias rusas, sobre todo en procesos electorales, han copado portadas occidentales los últimos años, los esfuerzos de proyección de imagen china han llamado menos la atención. La crisis del covid-19, aceleradora por antonomasia de los procesos que estaban en la mesa internacional, ha hecho lo propio con éste: la propaganda china es más fuerte y nosotros nos hemos fijado. 

Al ser el origen de la pandemia tiene sentido que quieran influir en la narrativa. Y, según la diputada italiana Lia Quartapelle, sencillamente les dejamos hacerlo. “Cuando llegaron aviones chinos con material sanitario, hicimos las ruedas de prensa que solicitaron. Algo que no hicimos cuando llegó el cargamento con 1.000 mascaras alemanas”. Se han hecho muchas cosas desde las instituciones en Europa a todos los niveles, pero no habríamos prestado suficiente atención a los símbolos “no tenemos, por ejemplo, mascarillas con la bandera de la UE”.

En la campaña de propaganda, el apoyo sanitario ha jugado un papel clave, pero los frentes han sido muchos y van desde bots en Twitter a los clásicos medios de comunicación, en este caso los chinos. Más preocupante, sin embargo, es la reciente compra de una parte mayoritaria de Médea, una de las principales agencias de noticias checa, por parte de CITIC. Según Antoine Bondaz “cada vez va a ser más fácil para los medios europeos ser financiados por China, y esto es algo en lo que poner atención”. Esta proyección China podría suponer un riesgo para la UE en cuanto a que favorece el discurso euroescéptico y la división. No hay que olvidar que China es partidaria de la UE, pero se beneficia de su debilidad. Tiene mucho más poder recurriendo a relaciones bilaterales y evitando los grandes consensos en puntos críticos.

Desde luego, la imagen que quiere proyectar China es de actor responsable, de buen gestor, de apoyo. Y podría estar funcionando. La firma SWG, en una encuesta realizada en Italia en marzo, mostraba que un 52% consideraba a China un “país amigable” frente al 10% de enero. Por otro lado, la confianza en las instituciones europeas bajaba a un 27% frente al 42% de marzo. Una tendencia que se ha reflejado en otras encuestas europeas. En España, según el Barómetro del Real Instituto Elcano, aumenta ligeramente el prestigio de China y se convierte en el segundo aliado internacional preferente tras EEUU -la UE no cuenta en la encuesta-. Ahora bien, también crece la percepción de que China es una amenaza.

Mientras tanto, en la UE vimos hace unas semanas como Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó una actualización de un informe sobre desinformación relativa al covid-19 que ha estado envuelta en polémica. Varios diplomáticos denunciaron presiones por parte de Pekín para evitar que se advirtiera de las tácticas propagandísticas de China. La versión final, descafeinada,sí que acabó diciendo que “fuentes oficiales o respaldadas por estados, incluidos Rusia y, en menor medida, China, han distribuido narrativas de conspiración y desinformación” o mencionando tímidamente a bots que han amplificado teewts propagandísticos. Sin embargo, no incluía ni rastro del primer boceto, que comenzaba así: “China ha llevado a cabo una campaña de desinformación global para desviar la culpa del estallido de la pandemia y mejorar su imagen internacional (…) se han observado tácticas tanto abiertas como encubiertas”.

Se puede entender que la presión ejercida sobre el SEAE era de esperar y que no hace más que poner de manifiesto la debilidad china. Pero hay que tener en cuenta que detrás de la diplomacia de “el bot y la mascarilla” hay un actor que se ha mostrado incapaz de controlar su mercado, como han demostrado las compras de material sanitario defectuoso por parte de administraciones a lo largo y ancho del globo. Un actor con el que nos une una relación económica extremadamente asimétrica. Un actor opaco sin voluntad de justificar el autoritarismo e ineficacia que mostró su primera reacción al brote. Nos unen infinidad de lazos y hay que hilar muy fino, pero aunque haya métodos nuevos, la propaganda está inventada hace mucho tiempo, estaría bien democracias viejas como las nuestras hubieran aprendido como hacerle frente de manera eficaz.

La crisis del coronavirus y su impacto (II: La UE). Isabel Gacho Carmona

Unos manteniéndose en sus dogmas de ortodoxia fiscal, otros reclamando unos coronabonos que mutualicen la deuda. Mientras tanto, mucha negociación y cruce de reproches. Algunos clásicos, como el norte, que acusa al sur de mala gestión fiscal. Otros más novedosos, como Costa sugiriendo que a lo mejor es La Haya quien debe quedarse fuera. O Conte poniendo en la mesa que el ‘dumping’ fiscal sustrae miles de millones a los socios de la UE. -Por cierto, los países de la UE con los mayores casos de Covid-19 han sido los mayores perdedores históricos del impuesto de sociedades de Países Bajos-.

Pese a este escenario, Ignacio Molina, investigador senior del Real Instituto Elcano muestra “cierto optimismo sobre la resiliencia de la UE”, que aplica también a esta nueva crisis. Se va 15 años atrás para ver como hemos superado graves problemas. “Al final, la acumulación de crisis nos puede hacer ver, no tanto que estamos es un estado de barrena y que la policrisis es el estado natural de la Unión, sino que hemos sido capaces de superar desafíos enormes.

Mirando desde la Constitución que no fue a la crisis de refugiados o al Brexit, la conclusión a la que llega es que “la UE sobrevive a todas las crisis buscando compromisos”. ¿La Constitución no logró la aprobación de Francia y Países Bajos? Se crea el Tratado de Lisboa. ¿La crisis del euro tensiona las expectativas políticas y la situación económica del norte y del sur? Se llegan a consensos como la política del BCE, el MEDE o reformas a la gobernanza.

En el caso de la gestión de la Covid-19, Molina achaca la descoordinación inicial a que “la propia naturaleza de la Unión no es especialmente ejecutiva”. Muchos órganos son supranacionales y funcionan sobre el consenso, lo que dificulta la rapidez de las respuestas. Pero, además, las primeras medidas que había que tomar (sanitarias, de movilidad…) son áreas en las que la Unión no tiene competencias.

Ahora bien, esta crisis puede tener consecuencias más letales que las otras porque afecta a todo a la vez: Schengen, el Euro y al pilar fundamental, el sentimiento de comunidad. En este último sentido nos enfrentemos al “gran problema político de la Unión: somos una comunidad, pero 27 espacios distintos de rendición de cuentas”. Sin consensos, corremos el riego de que crezca la imagen de la UE como mal menor, o, en palabras de Charles Powell, “la europeización del fracaso y nacionalización del éxito”.

A la espera de la hoja de ruta europea en materia de ciberseguridad. Isabel Gacho Carmona

En octubre de 2019 los Estados miembros de la UE presentaron un informe sobre la evaluación coordinada de riesgos acerca de la ciberseguridad de las redes de quinta generación (5G). Se realizó en un contexto de debate -alentado por EEUU- en torno a los posibles riesgos a la seguridad que las empresas chinas (es decir, Huawei) presentan como proveedores de la infraestructura necesaria para el desarrollo de estas redes. La Comisión había pedido a los Estados miembro tratar de arrojar luz sobre la materia para ser capaces de tomar decisiones con la mayor objetividad posible.

Y, es que, las redes 5G de origen chino no son el gas ruso, del que, aunque sea en teoría, podemos tener claros los riesgos a la seguridad que pueden derivar de su dependencia. La infraestructura que ofrece Huawei no se puede despegar de un debate fanganoso que aúna mucha economía y más seguridad, pero, sobre todo geopolítica.

Y es que si bien la porosidad de los debates económicos, de seguridad y geopolíticos ha existido siempre, con el ascenso de China y la nueva realidad de competición de potencias se ha acentuado exponencialmente. Si a esta ecuación le añadimos el hecho de que hablamos de tecnología –asset estratégico de primer orden- nos queda un entramado precioso. Se acabó el “fin de la historia” y el “imperio liberal” donde el win-win explicaba prácticamente todas las decisiones de carácter económico. Ahora las decisiones económicas van a tener cada vez menos que ver con la eficiencia y más con el poder.

Es en este contexto en el que la UE quiso dar un paso al frente y poder tener su propia voz en el debate en torno a la seguridad -la geopolítica la comentamos otro día-. Y lo hizo. Sin mencionar a Huawei, concluyó que, en el contexto de aumento de la exposición a los ataques facilitados por los proveedores, el perfil de riesgo de cada proveedor será especialmente importante. Que una gran dependencia respecto a un único proveedor aumenta la exposición a una posible interrupción del suministro. Y que las amenazas a la disponibilidad e integridad de las redes se convertirán en graves preocupaciones en materia de seguridad.

Lo que también concluyeron en octubre fue crear una hoja de ruta con medidas concretas para mitigar riesgos. 2020 es el año del inicio del despliegue de estas redes y ya está aquí. Mientras decidimos si somos pelota o jugador en el nuevo ¿G2?, no está mal por lo menos tener claras nuestras propias medidas en materia de ciberseguridad.

“La única forma que tiene Europa de competir con China en materia de IA es ser muy buenos en cosas muy concretas”. Entrevista con hAItta.

Isabel Gacho.- El desarrollo de inteligencia artificial (IA) está jugando un papel clave en la contienda por la supremacía tecnológica entre EEUU y China. Pero desde Europa también surgen empresas e innovación. Hablamos con hAItta, una empresa del sector establecida en Suiza y con nombre japonés, pero de fundadores español y argentino y alcance global. Charlamos con Domingo Senise, co-fundador de la firma, y con Hugo Mérida, socio y miembro de la junta ejecutiva, sobre el mismo concepto de IA, sus aplicaciones, los dilemas que presenta y el papel de China en el sector, en una conversación Madrid-Frankfurt-Ginebra que ilustra el carácter internacional de la empresa.

¿Cómo definís vosotros la inteligencia artificial?

Domingo Senise: es una buena pregunta. No soy gallego, soy del sur de España, pero te devuelvo otra pregunta ¿tú crees que de verdad existe inteligencia artificial?

Primero te doy la definición y luego paso a apostillar la pregunta que te he hecho. La IA, a día de hoy, se definiría como la capacidad que tienen las máquinas para realizar ciertas tareas a través de codificación, métodos matemáticos o estadísticos parecidas a las que pueda hacer un humano. ¿Se podría llamar a eso inteligencia? Yo creo que algunas veces usamos muy gratuitamente el término inteligencia. Todavía a día de hoy, la inteligencia es una capacidad humana muy relacionada con la sabiduría -que sería el último estadio, el procesamiento de la propia inteligencia- y que tiene que ver con componentes genéticos, culturales… que hemos ido heredando a lo largo de miles de años de evolución. Aunque esto no quita que lo que estamos haciendo a día de hoy con los modelos de IA son cosas espectaculares, muchas veces por encima del rendimiento humano. Por ejemplo, hemos hecho proyectos de detección de fraude financiero y lo que no eran capaces de hacer 50 analistas de riesgo lo han hecho nuestros modelos, costando menos y de manera más precisa y más rápida. En entornos acotados, perfectamente definidos, sí, la máquina es superior al ser humano. ¿Es la máquina más inteligente que el ser humano en temas de lenguaje? A día de hoy, no. Uno de nuestros campos de trabajo es el procesamiento del lenguaje natural y te das cuenta de que la escurridiza ambigüedad del lenguaje hace que no sea fácil para la máquina procesarlo, pero se están dando pasos. Desde luego es un periodo tremendamente interesante y se están haciendo cosas que seguramente en los años 50, cuando surgió la IA –llamada en aquel momento inteligencia mecánica-, eran impensables.

Hugo Mérida: lo que subyace debajo de la IA no es inteligencia de por sí, sino capacidad de procesar información de manera tremendamente rápida y de aprender patrones de forma autónoma. Pero no es inteligencia. Si has entrenado a una máquina para hacer una cosa y la sacas de ese entorno, no va a funcionar. Se está trabajando en la capacidad de adaptarse a nuevos escenarios, pero todavía no es una realidad.

¿Qué me podéis contar sobre cómo funcionan las aplicaciones que le dais a la IA?

HM: Por ejemplo, como acaba de comentar Domingo, hemos hecho proyectos para empresas en materia de fraude. Las empresas tienen la sensación de que les están cometiendo fraude y ellos no consiguen detectar donde está el problema. Lo que hemos hecho es crear modelos de IA basados en aprendizaje automático por el cual la máquina es capaz de detectar patrones de comportamiento para predecir un comportamiento que empiece a ser similar a un patrón que ha habido en el pasado. Al dar la alerta, la empresa analiza con más detalle esas operaciones.

Primero se detectan los grupos de agentes con comportamiento sospechoso. Por otro lado, se detectan grupos de agentes que efectivamente estaban cometiendo fraude y por otro lado un tercer grupo de agentes que, aunque parecían sospechosos no estaban cometiendo fraude. La capacidad que tiene los modelos de IA es profundizar más en el detalle y usar patrones de comportamiento junto con el análisis de la información actual: actividad en redes sociales, tarjetas de crédito o dadas de alta de páginas webs. Esto al final te da un perfil muy perfecto de lo que hace la persona. Eso sí, uno de los temas con lo que tenemos que tener mucho cuidado es con la privacidad de los datos. Y ahora todavía más con la nueva regulación europea, en primer lugar, solo podemos trabajar con datos anónimos y segundo, hay que tener muchísimo cuidado con el consentimiento.

Ahora que sacas el tema de la privacidad, me gustaría oír vuestra vuestra opinión sobre el papel de las empresas chinas en el sector, teniendo en cuenta, además del tema de la privacidad, la gran inversión pública y privada que reciben las empresas, la importancia estratégica que se le ha dado desde el gobierno, la hiperdigitalización de la sociedad y el gran banco de datos que tiene. ¿Cómo se puede competir a nivel global contra empresas chinas? ¿Se puede?

DS: Ellos se fijan objetivos a largo plazo. El objetivo de China es muy claro, quiere ser la nueva potencia mundial a través de la tecnología. Hablaba el otro día con amigos de la Organización Mundial de la Propiedad intelectual (WIPO, por sus siglas en inglés) y decían que el volumen de patentes presentadas por China era mayor que la suma de EEUU y RU. China está apostando mucho para atraer talento, para experimentar cosas nuevas… Europa no se está enterando de la película y China lo está haciendo muy bien.

HM: China está mucho más avanzado que el resto. Llevan tiempo invirtiendo cantidades ingentes de dinero y talento. Durante los últimos 20 años han mandado a los cerebros más brillantes a formarse en EEUU y ahora los están recuperando. En el tema de la IA están muy avanzados. Decías “¿Podemos competir?”. Históricamente, con el empuje industrial chino de principios de siglo, la estrategia de occidente fue priorizar calidad a cantidad. En el caso de la IA, la única posibilidad que tiene Europa de competir con China es a través de nichos: ser muy buenos en algo muy específico, porque a nivel general China ya está más avanzada que el resto. Un ejemplo clarísimo es la aparte de retailers o el uso de la IA para el tema de e-shopping, la compra a través del móvil. La única forma que tenemos de competir es ser muy buenos en cosas muy concretas.

¿Existe actualmente algún nicho en este sentido en Europa?

HM: A nivel general, Europa y EEUU estamos más avanzados en temas de seguridad e inteligencia, por ejemplo. Históricamente se ha dedicado mucho dinero, precisamente por la amenaza china o rusa. También en otros sectores como la medicina. China sobre todo a destinado mucha inversión al tema de consumo. En este sentido están con creces mucho más avanzados que nosotros.

Dado que la inteligencia artificial se alimenta de datos ¿En qué se va a traducir la instalación de la infraestructura para el 5G? ¿Está justificado el miedo a las empresas chinas?

HM: Antes de nada, señalar que el 5G en Europa todavía no está instalado y que en China ya han comenzado el desarrollo del 6G.

DS: Aquí en Suiza está poniendo todo el mundo el grito en el cielo “todos nuestros datos van a pasar por servidores chinos…”. Pero esto es el libre comercio. En lugar de llorar ahora tanto ¿Por qué no lo has hecho tú?

HM: Respecto al tema del veto de Trump a Huawei, EEUU lleva tiempo empujando las alternativas europeas y americanas: Ericsson, Nokia y Qualcomm. Pero se han dado que cuenta que ni bombeando dinero han sido capaces de competir con Huawei.

Respecto a los datos, es verdad que siempre está la duda o el riesgo de que, si la infraestructura física está en manos de China, puede desviarlos o utilizarlos -lo mismo que hace Facebook o Google-. Ese riesgo siempre existe. Lo que está claro es que nosotros estamos evolucionando a un mundo de datos. Los datos, como dijo el COO de Equinor, va a ser el activo más valioso, muy por encima del petróleo. Nos movemos a un mundo de datos, y al final no te queda más remedio.

En cualquier caso, el movernos hacia una sociedad de datos significa que la IA se convierte en una herramienta fundamental, critica. A nivel de capacidad humana o de computación normal, no se pueden gestionar todos los datos. La única manera que tenemos para utilizarlos es a través de la IA.

Entre vuestros pilares se encuentran el aprendizaje automático y el procesamiento del lenguaje natural. ¿Qué me podéis contar al respecto?

DS: Para el desarrollo del aprendizaje automático “solo” hace falta programación y matemática y estadística, pero este no es el caso del procesamiento del lenguaje natural. Hasta ahora se ha hecho (el procesamiento de lenguaje natural) con un enfoque matemático-estadístico. Se intentaba enseñar a la máquina como hablamos usando matemática y estadística. Pero el ser humano no funciona así. Por ejemplo, el traductor de Google no es un traductor, es un transpositor de palabras. El valor añadido que da hAItta en materia de procesamiento del lenguaje natural es que tenemos gente de formación lingüista. La combinación de los enfoques matemático-estadístico y simbólico es lo que te permite alcanzar cuotas de precisión más altas en este sentido.

Por último, ¿qué opináis de los retos que presenta la IA en materia de calidad democrática o de empleo, por ejemplo?

DS: Mira, te podemos responder con el propio nombre y logo de hAItta. hAItta es el pasado del verbo japonés hairu (入る), que significa entrar. Al fundar la empresa lo que queríamos transmitir es que la IA ya ha entrado en nuestras vidas y nada iba a volver a ser lo mismo.

El logo de la empresa es el kanji japonés de hito (人), persona, al que le añadimos un trazo central y otro superior que forman una A y una I. La idea es transmitir que del ser humano surge la IA porque es un producto nuestro. La IA, como dice nuestra misión, está al servicio de la sabiduría humana, no viene a sustituirla. No viene a sustituir al trader o al analista, viene a servir de ayuda. La combinación de la inteligencia artificial y la inteligencia humana es lo que genera, como lo llamamos nosotros, centauros. Ambos juntos somos imbatibles.

HM: A mí me gusta mucho una frase de Domingo que decía “Esa idea de que las máquinas un día se revelarán contra los seres humanos tiene muy poco de ciencia y mucho de ficción”.

En todo avance de la historia vienen los miedos. En 1900 con la aparición del coche se decía “el cuerpo humano no puede ir a 100 km/h porque se desintegra”, bueno, se ha visto que no pasa eso. Pensar que las máquinas nos van a superar es, desde nuestro punto de vista, una falacia. Pensar que se pueden desarrollar máquinas que puedan superar al cerebro humano cuando todavía solo comprendemos un 10-15% de este es un poco, yo diría, que irónico. Y en materia de empleo, con la IA, como con todos los avances tecnológicos, desaparecen unos empleos, pero se crean otros.

Respecto a la influencia en la democracia, está claro que, por un lado, las grandes tecnológicas cada vez tienen más poder, y por otro la tecnología cada vez tiene más presencia y los datos son cada vez son más importantes, se ha visto con el tema del Brexit o de Trump. Eso es una realidad, y el hecho de que haya mal uso o aprovechamiento de la información y la tecnología está ahí y seguro que va a existir. Pero lo que estamos viendo es un cambio de estructura social, política y económica que no lo provoca la IA, sino que esta es solo una herramienta.

Hong Kong resists. Nieves C. Pérez Rodríguez

Traducción: Isabel Gacho Carmona

Washington.- The Hong Kong society has deep-rooted democratic principles that are proven by the struggle they have waged in recent days and their willingness to continue to fight to maintain the freedom they have enjoyed in recent years, which has allowed them to enjoy  welfare and development outside the control imposed by the Chinese Communist Party.

The United States’ relationship with Hong Kong has been preferential due to a law passed in 1992 that allowed the US government to treat Hong Kong as a different entity from mainland China regarding trade and immigration issues after it was delivered to China in 1997, which administers the territory under the principle of “one country, two systems”.

The commitment for the transfer was to maintain the legal system that Hong Kong had during the British period, so that Chinese socialism would not be imposed. In counterpart, Beijing remained in charge of foreign policy and defence of the region. Just twenty years after the transfer, and with another thirty years to go before the region will be integrated into China, Beijing accelerates its level of interference in Hong Kong and reveals its intentions.

At the height of protests in Hong Kong, the Executive Committee for China of the United States Congress on June 13th released a bill on democracy and human rights in Hong Kong.

The announcement was made with the purpose of reaffirming the commitment of the United States to democracy, human rights and the rule of law, at a moment when these freedoms and the autonomy of Hong Kong are being eroded by the interference of the Chinese government and the Communist Party, according to the press release.

The purpose of this law is to make clear that the US Congress is on the side of the Hong Kong people and their effort to preserve human rights. This law has the bicameral and bipartisan support of the congress. 4Asia had the opportunity to consult the opinion of one of the strongest proponents of this bill, the Republican Senator Marco Rubio, who told us: “As Beijing continues its attack against the autonomy of Hong Kong, the United States must support democracy and freedom of expression. The Hong Kong government should withdraw the proposed amendments to the extradition law and explore alternatives that protect the rule of law from the influence of the Chinese Communist Party. “

Domestic and international pressure have caused the Hong Kong government to postpone the debate on the law and lower the aggressive tone that was used at the beginning of the protests. As stated by Carrie Lam, the head of the government, “the priority is to restore peace and order”. She said that while claiming that the Hong Kong courts will have the last word on extraditions to China, as an attempt to soften the oppressive and arbitrary impression of the nature of the extradition law.

It is a key moment for the region, not only for Hong Kong. Taiwan and other democracies in the Pacific need the freedoms enjoyed by Hong Kong. It is in the interest and welfare of the region that China understands that the West is on the side of democracy and will react when these freedoms are in danger.

Last week, The Economist dedicated an article to a common practice in China, which is seen as strange by the rest of the world. The Chinese music services had banned a song from “Les Misérables” that was used as a hymn in the Hong Kong protests of 2014. Do you hear people sing? It is the tune that during the protests of the last days began to be heard again, just before the gases repressed the sound of the people.

The protesters recited the song to keep the enthusiasm alive. And the response of the Chinese government, in line with its common modus operandi, seeks to silence the cry of the people to maintain an independent and democratic legal system, in this case with the Extradition Law.

INTERREGNUM: Civilizations; Clash or coexistence? Fernando Delage

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) The rise of China is not only transforming the global balance of power. It is also a challenge to the liberal values that served as the basis for the international order still in force, created after the Second World War. China is a great defender of the Charter of the United Nations and the principle of absolute sovereignty of the nation-state – which in its opinion is incompatible with Western efforts to promote its political schemes in the rest of the world – but at the same time it define itself, rather than as a nation or territory, as an exceptional civilization that can offer an alternative model to liberal democracy.

The new authoritarianism stands, in practice, more on cultural than on ideological pillars. Capitalism also prevails in China (or Russia), although under the direct supervision of the State: economic interventionism is a central element of their definition of “sovereignty”, and of the battle against Western pluralism. It is the cultural differentiation which is also used to justify the rejection of the universality of human rights, the rule of law or press freedom.

The irruption of the breakdown among civilizations as a structural factor of the world’s geopolitical dynamics-in addition to economics and security-was a famous argument advanced by the Harvard University professor Samuel Huntington 25 years ago. But the way in which States like China or Russia (also Turkey or Daesh itself) resort to criteria of civilization to express their identity in the international system, is a phenomenon that has not been given enough attention. It is a deficit that some experts try to correct, such as the professor at the London School of Economics Christopher Coker in his recent book “The rise of the civilizational state” (Polity Press, 2019).

The People’s Republic of Xi Jinping defends, as is well known, a model of “socialism with Chinese characteristics” that combines a Leninist State with a neo-Confucian culture. Resorting to the historical continuity of its civilization, the nationalist discourse of Beijing pursues the promotion of its status as a great power by criticising liberal universalism. The challenge is, therefore, how to articulate the coexistence among very diverse civilizations, including those that have placed themselves at the centre of world power and will not continue to accept a subordinate position to the West.

Also, here China seems be taking the initiative. Last week, at a conference on the dialogue between Asian civilizations´ opening in Beijing, President Xi pronounced himself on the grave error of considering one race and civilization as superior to the others, and the disaster that would involve trying to remake one´s civilization on the basis on other from the outside. “The different civilizations are not destined to face each other,” Xi said. “The growing global challenges facing humanity, he added, require joint efforts,” in which culture will play a fundamental role.

We do not know if it’s a coincidence, but a few days before the head of the planning office of the US State Department declared in Washington that, for the first time, the United States faces “a competitor that is not Caucasian.” The current commercial tensions develop in a context in which a “battle with a truly different civilization” is fought. The controversy was served, in a new demonstration that the pressures on the liberal order come not only from China or Russia, but-perhaps more worryingly-from within, driven by this phenomenon of identity populism, and by a US administration who seems to have forgotten the secret of its leadership for seven decades. Demonizing third powers when the West is eroding in its own bosom will not serve to restore the strength of the principles that created the modern world. It can even lead to lose the ability to define the terms of the debate that will shape the history of the coming decades.

El inesperado líder contra el cambio climático. Isabel Gacho Carmona

Bien es sabido que el desarrollo económico chino ha estado basado en el carbón como fuente de energía. Desde la perspectiva de las élites, la degradación medio ambiental era un precio necesario a pagar para el crecer y acabar con la pobreza extrema.

Hasta la década de los 2000, China no se propuso en ningún momento reducir sus emisiones de CO2. De hecho, los líderes temían los intentos de interferencia de países occidentales en nombre de la protección medioambiental. Esta situación ha cambiado hasta tal punto que, en 2015, en París, China se presentó al mundo como firme defensor y hasta como líder de la lucha contra el cambio climático. ¿Qué ha llevado a Pekín a tomar esta dirección?

Con las primeras reformas económicas impuestas por Deng Xiao Ping desde 1978, se fue abandonando la planificación y virando hacia una economía de mercado, que se empezaría a consolidar a partir de 1992. Durante los primeros años de apertura se impulsó la economía del país, sin embargo, la escasez de energía frenaba el crecimiento económico.

Esta necesidad de energía se traduciría en una transición energética. Hubo algunas reformas en los años 80, pero es en la década de los 90 cuando podemos hablar de una verdadera transición. Quizá sus rasgos más característicos fueron la aceleración de la demanda de energía primaria, sobre todo hidrocarburos, pero su carácter todavía muy continuista en lo que se refiere a la dependencia del carbón. De hecho, según las proyecciones, el carbón seguirá siendo la columna vertebral del sistema, aunque pierda relevancia en términos relativos con la entrada en el juego de otras fuentes de energía.

A partir de los 2000 se pone en la mesa reducir la dependencia del carbón y la inversión en energías renovables. Lo hemos visto en occidente a lo largo de los siglos XIX y XX, el desarrollo económico viene con una fase deterioro medioambiental seguido de otra de búsqueda de la sostenibilidad. La aparición de clases medias urbanas favorece este cambio. Pero si es un cambio de paradigma que ya hemos vivido en occidente, ¿Por qué China, que apenas acaba de empezar a darlo, se está erigiendo cómo líder? Y, ¿Por qué ahora?

China es un país con muchas particularidades: su inmensa población, su régimen político, sus grandes reservas de carbón… Que son factores que no hay que dejar de tener en cuenta. Pese a estas singularidades, las fases de desarrollo que ha seguido son muy similares a las que siguieron las otras potencias globales actuales. La diferencia radica en el tiempo.

China ha crecido más tarde y más rápido que el resto de las potencias que se podrían erigir como líderes de este cambio. Tras muchos años creciendo en la sombra, China se encuentra ahora viviendo una etapa de moderación en su crecimiento y con una proporción de clase media urbana mucho mayor que años atrás. Estos ingredientes se traducen en un escenario propicio para dar un giro ambiental en su desarrollo. El hecho de que hayan llegado a esta situación a la vez que se erige como potencia global y a la vez que la lucha contra el cambio climático ocupa un lugar predominante en la agenda mundial es un hecho insólito y se presenta como una oportunidad.

Esta situación se ha dado, para más inri, en un contexto de declive de la hegemonía estadounidense a favor de un orden global multipolar, y China se quiere presentar como potencia responsable. Entre los actores que podrían liderar este cambio nos encontramos a una Unión Europea pionera en políticas de desarrollo sostenible y protección ambiental, pero con una falta clara de voz y acción en política exterior a nivel global. Por otro lado, nos encontramos a un Estados Unidos proteccionista, centrado en sí mismo y, lo más importante, negacionista del cambio climático.

En definitiva, se han juntado muchos factores que dan sentido a la situación actual. Sin embargo, no hay que perder de vista que, pese a los esfuerzos y a la retórica, sigue siendo el país que más CO2 emite del mundo.

Para más información, consulte este artículo publicado en companias-de-luz.com: https://www.companias-de-luz.com/los-movimientos-migratorios-y-el-cambio-climatico/

危险的友谊

Traducción: Isabel Gacho Carmona.- 此时欧盟与中国的关系标志着需要被理解为战略伙伴。 但它们的特点还在于中国人对投资欧洲关键基础设施的兴趣以及华为技术公司不愿意在网络安全方面产生的紧张局面。 这是专家们最强调的方面。

布鲁塞尔坚持认为,向中国强制转让技术,北京维持的工业补贴或者承认保护欧洲地理标志的困难是使这种关系复杂化的一些问题。

欧盟要面对这种局面所带来的挑战并不容易。 中国掌握着欧洲国家债务的一部分,同时,欧洲国家在中国市场拥有重要的经济利益。 顺便说一下,有一些跨国公司,一些西班牙语,通过强调中国产品的理论盈利能力和压力政府不做出激烈决策来淡化技术危险。

今天,主权的概念已经改变,尽管尚未废除。 国家利益存在并因其服务的新工具而变得重要,但与此同时,在一些欧洲国家,他们对这一基本问题置若罔闻。 只有解决它并建立关于它的学说才能做出重大决策,确定优先事项,选择盟友,即使只是在某些事情上并评估风险。 那仍然悬而未决。