INTERREGNUM: Elecciones en Japón. Fernando Delage

Por segunda vez desde que regresara a la jefatura del gobierno en diciembre de 2012, Shinzo Abe ha convocado elecciones anticipadas. Parece como si, de esa manera, quisiera extender gradualmente su permanencia como primer ministro, añadiendo sucesivos períodos de cuatro años a legislaturas inacabadas. Su agenda de reformas económicas y de normalización de la política de defensa, frente al desafío de una China en ascenso, además de la organización de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, requieren, en su opinión, de algo más que un único mandato.

Pero siempre es arriesgado acudir a las urnas. La derrota del Partido Liberal Democrático (PLD) en las elecciones a gobernador de Tokio el pasado verano, ya reveló el disminuido apoyo popular a Abe, y la irrupción, casi por sorpresa, de una nueva figura, Yoriko Koike, que concurrió como líder de un partido creado al efecto. No fue un fenómeno pasajero. Tras convocarse elecciones generales para el 22 de octubre, Koike anunció poco después su candidatura mediante la formación del Partido de la Esperanza, complicando el panorama que Abe esperaba afrontar. La fundación de este nuevo partido provocó, apenas tres días después, la integración en el mismo del hasta ahora principal grupo de la oposición, el Partido Democrático de Japón (PDJ). Koike se ha convertido así en la principal rival de Abe, y en la primera mujer con posibilidades de llegar al frente del gobierno japonés.

Es un resultado que no puede darse por seguro, dada la extraordinaria fortaleza estructural del PLD, partido que ha gobernado Japón desde 1955, con la excepción de dos breves paréntesis (1993-94 y 2009-12). Pero tampoco puede ya considerarse como inevitable la victoria de Abe.

Los analistas empiezan a preguntarse por ello qué cambiaría con Koike. Después de todo, ella misma perteneció al PLD, como tantos otros políticos hoy en la oposición. Su mensaje de modernización, su estilo desenfadado y su biografía personal resultan atractivos en el tradicional mundo gris de la política japonesa. Pero algo parecido ocurría con Junichiro Koizumi hace 15 años, sin que su paso por el poder—fue primer ministro de 2001 a 2006—consolidara las reformas que el país necesita.

El envejecimiento de la sociedad japonesa complica las bases de un nuevo crecimiento, aunque no pueden negarse los logros de la política de Abe y del Banco Central: la conocida como “Abenomics”. No obstante, 25 años después de que el PLD comenzara a escindirse, sigue sin existir un sistema ordenado de partidos. Los socialistas virtualmente desaparecieron, pero los liberales han tenido como oposición desde entonces una sucesión de fuerzas con distintos niveles de representación parlamentaria; partidos que cambian con frecuencia de nombre y de líderes, sin que sus programas sean realmente distinguibles de los del PLD. Quizá ello explique el desencanto popular: la participación en las últimas elecciones generales, en diciembre de 2014, registró la cifra más baja desde la segunda posguerra mundial (un 52 por cien). Aunque es una incógnita si el 22 de octubre se confirmará esta misma tendencia, la dinámica partidista no alterará en lo fundamental, sin embargo, la estabilidad de la primera democracia no occidental, y tercera mayor economía del mundo.

China y el fútbol: confluencia de intereses

Esta semana dedicamos un espacio especial a la llegada de capital chino al futbol español y al europeo en general. El hecho es que, de repente, junto a los millonarios rusos y árabes, ha emergido el capital chino como uno de grandes patrones del fútbol europeo. Y no sólo en España sino también en otros países europeos. ¿Qué está pasando?

En primer lugar, en el lado de la oferta, una cosa obvia: que el Estado chino, que a veces es el inversor indirecto, y muchos miles de empresarios de aquel país tienen mucho dinero. En segundo lugar y en el lado de la demanda, que los equipos europeos necesitan capital para ser más negocio aún y que, de camino, se les abre una ventana de oportunidad ante la gran afición de los chinos por el fútbol, de conquistar aquel mercado vendiendo derechos de imagen a las televisiones para ofrecer en directo los partidos a los espectadores chinos. De ahí que los partidos en España y otros países se juegan cada vez a horas más tempranas para ganar espectadores en las televisiones asiáticas, y no solo chinas.

Este fenómeno está suscitando quejas de corte nacionalista por parte de aficionados a los que no les gusta lo que llaman pérdida de identidad de sus equipos y recelos por parte de empresarios locales que hasta ahora habían convertido el fútbol en su juguete de influencia y poder, y ahora no pueden competir con los grandes capitales foráneos; el fútbol se les va escapando como instrumento de juego en el marco del país. La globalización llega a todos.

Por parte de China, estas inversiones son bienvenidas ya que refuerzan la imagen de su sociedad, consiguen ganancias y gran influencia en el exterior. Es un negocio en el que, momento, casi todos ganan.

La globalización no es un fenómeno abstracto ni necesariamente nocivo. Es un fenómeno imparable producto de un determinado estado de desarrollo de la humanidad y de las relaciones internacionales y una oportunidad para todos de aumentar el bienestar y las libertades. No es un fenómeno lineal y está lleno de contradicciones, de avances y retrocesos. Pero la reacción de envolverse en uno mismo y proteger las fronteras no sólo no es solución sino que, a medio plazo, es una apuesta por aumentar los problemas de la propia sociedad. Y en esa trampa están cayendo no pocas personas y dirigentes.