China sigue consolidando posiciones en Oriente Próximo

En su larga, y minuciosa, marcha para hacer realidad la nueva Ruta de la Seda hasta las puertas de Europa y fortalecer los intereses y los nuevos espacios de influencia, China no deja ningún resquicio en el que pueda tener presencia. Y uno de estos espacios es Turquía, en el extremo occidental de la ruta, en una posición estratégica activa en los conflictos regionales y que, además, acoge a miles de exiliados uigures, la minoría islámica de China, perseguida y humillada, como hemos denunciado desde este espacio. Los uigures, cuya lengua, etnia, cultura y religión tiene estrecho lazos con Turquía los pueblos de Asia Central, han visto a Turquía como referente en la última década.

Pero ahí están los intereses chinos y los turcos. Un tratado de extradición entre China y Turquía, firmado años atrás, fue ratificado en diciembre pasado por Pekín, lo que preocupa ahora a los uigures en Estambul. China viene insistiendo ante las autoridades de Ankara en que sus medidas  internas son contra el terrorismo islamista y reclama la entrega de líderes de la posición uigur exiliados en Turquía. Si el Parlamento turco también lo rubrica, Ankara podría extraditar o repatriar a activistas uigures reclamados por China.

 Hasta ahora, el discurso oficial del gobierno islamista turco que preside Recep Tayyip Erdogan ha sido de “solidaridad con los hermanos uigures”, pero el tono ha cambiado. Turquía, distanciada de Estados Unidos y la Unión Europea, con una relación complicada con Rusia con la que discrepa respecto a Siria y Libia (en ambos países hay tropas turcas), enredada en la crisis de Yemen donde quiere apadrinar una solución aliada con los suníes más ligados a Qatar que a Arabia Saudí y con problemas económicos, ve con alivio la posibilidad de inversiones chinas y apoyo de esta potencia. Esa es la rendija por la que China está filtrando influencia en una estrategia de largo alcance e infinita paciencia.

Pekín no descuida nada. Mantiene relaciones con Irán, país del que necesita petróleo, quiere gestionar puertos en Israel, en el que quiere hacer importantes inversiones, tiene ya una base en Somalia y riega de dinero la zona sin descuidar Arabia Saudí, que no pasa su mejor momento en sus relaciones en Estados Unidos. En este mapa complicado, endemoniado y explosivo, el pragmatismo chino para inmune a todo lo que no sean resultados favorables a los intereses chinos a medio y largo plazo al margen de quienes gobiernen y con qué instrumentos o instituciones.

Encuentro Online: BIDEN&CHINA. REDIBUJANDO LA RELACIÓN

PROGRAMA WEBINAR


ORGANIZA: 4ASIA


18.00 – 19.30 Mesa redonda.
“Biden & China. Redibujando la relación”
Debate sobre el nuevo horizonte económico, militar, político
y tecnológico de la relación entre China y Estados Unidos.
Modera Julio Trujillo, Director de 4Asia.

Ponentes:
Miguel Ors.
Periodista y Analista Económico
Coronel José Pardo de Santayana.
Analista de Política Estratégica Internacional.
Fernando Delage.
Profesor de Relaciones Internacionales y Director del Departamento de Estudios Internacionales, Universidad Loyola Andalucía
Nieves C. Pérez Rodríguez.
Colaboradora de 4Asia y politóloga.

19.30 – 20.00 Turno de preguntas, modera Julio Trujillo

• 22 MARZO DE 2021
• DESDE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE MADRID
• INSCRIPCIÓN GRATUITA EN WWW.4ASIA.ES O EN
CONTACTO@4ASIA.ES

INTERREGNUM: Washington y sus aliados. Fernando Delage

Aunque el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha marcado claras diferencias con respecto a la administración anterior, China es una notable excepción: al igual que su antecesor, ha situado la competición con la República Popular en el centro de la política exterior norteamericana. Tras indicar nada más tomar posesión que no tenía intención de eliminar las sanciones comerciales impuestas por Trump, su secretario de Estado calificó la detención de la población uigur de Xinjiang como “genocidio”, y su consejero de seguridad nacional, Jake Sullivan, denunció el asalto a la autonomía a Hong Kong. En su intervención ante la Conferencia de Seguridad de Munich el mes pasado, Biden insistió en que Estados Unidos tenía que reaccionar frente a “los abusos y la coerción económica de China que erosionan los cimientos del sistema económico internacional”. Y añadió: “nos encontramos ante un debate fundamental sobre el futuro del mundo; entre quienes consideran que el autoritarismo es el mejor modelo y quienes comprenden que la democracia es esencial”.

Algunas de estas ideas aparecen incluidas en el documento que recoge las primeras orientaciones sobre la estrategia de seguridad nacional, y que dio a conocer la Casa Blanca el 3 de marzo. A la espera de la formulación estratégica más detallada que propondrá, en un plazo de cuatro meses, la comisión creada al efecto en el Pentágono, Washington define en el texto a China como “el único competidor capaz de combinar su poder económico, diplomático, militar y tecnológico para plantear un desafío sostenido a un sistema internacional estable y abierto”. No es una descripción muy distinta de la ofrecida por la Estrategia de Defensa Nacional firmada por Trump en enero de 2018.

Hay una gran diferencia, sin embargo. Biden cree que puede articular una política mucho más eficaz desde un enfoque multilateralista y apoyándose en sus socios y aliados. Para su equipo, el imperativo es obvio: Washington no podrá equilibrar el poder de China en el Indo-Pacífico, dar la batalla de las ideas frente a líderes autoritarios, ni definir los estándares globales de las nuevas tecnologías si no es mediante la formación de distintas coaliciones. El problema, no obstante, es que esos aliados pueden tener diferentes prioridades, que Pekín cultiva con habilidad.

Aunque la opinión sobre China se ha endurecido en muchos países, los aliados europeos de Estados Unidos rechazan una política de confrontación con Pekín. Cuando se cumplen justamente dos años de la adopción de las orientaciones estratégicas de la Comisión Europea que definieron a la República Popular simultáneamente como, “socio”, “competidor económico” y “rival sistémico”, Bruselas y los Estados miembros aún no han adaptado medidas concretas. La prioridad de las relaciones económicas—que Alemania en particular no oculta—explica el escepticismo sobre una rivalidad definida sobre la base de los valores políticos. La experiencia de los últimos cuatro años y la polarización política de Estados Unidos—reflejada en los 75 millones de votos conseguidos por Trump y el asedio al Capitolio—obligan por otra parte al Viejo Continente a continuar avanzando en el desarrollo de sus propias capacidades.

Biden quiere por otra parte reforzar el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD) como uno de los pilares fundamentales de su política hacia el Indo-Pacífico. El 18 de febrero ya se produjo una reunión del grupo, en la que éste denunció cualquier intento chino de alterar el statu quo de la región por la fuerza. Pero el gran juego estratégico en Asia es económico más que militar, como reveló el reciente acuerdo sobre la Asociación Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés), que sitúa a China en el centro del mayor bloque comercial del planeta.

Sin perjuicio de aspirar a reducir las tensiones con Washington, para Pekín es vital reforzar las relaciones con sus Estados vecinos y apoyar una creciente independencia europea con el fin de prevenir la formación de una alianza anti-China por Estados Unidos. Toda estrategia de Biden puede encontrarse por tanto con una contraestrategia china ya en curso, basada en buena medida en el atractivo de su inmenso mercado y sus incentivos financieros.

Cinco puntos claves de la Asamblea Popular China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Cada año el partido Comunista chino celebra su Asamblea Popular Nacional en la que importantes figuras políticas y altos cargos del partido se reúnen en un evento protocolar rigurosamente organizado para anunciar los planes nacionales y hacer una valoración de la situación nacional.

La inauguración de la edición del 2021 fue el 4 de marzo y lo que ahí se dijo nos da las claves de lo que serán las líneas estratégicas que configurarán las próximas décadas chinas. Coincidía oportunamente con el momento de dar a conocer el próximo plan quinquenal y también este año se cumple el centenario del Partido Comunista chino. Todo esto en medio de una inusual situación tanto interna como externa debido a la pandemia, tal y como el primer ministro, Li Keqiang, dijo en sus palabras de apertura del evento: “China sigue teniendo una serie de retos por delante. Debido a la pandemia ha habido problemas de crecimiento”, por lo que prometió impulsar el crecimiento con especial foco en la innovación y los recortes de impuestos.

  1. Se anunció el aumento del presupuesto militar chino al 6,8%. Lo que se traduce en el tercer aumento anual durante la última década. La tasa de crecimiento del presupuesto de defensa chino está estrechamente relacionada con su desarrollo económico y las demandas de seguridad que el Estado chino distingue.
  2. Hong Kong y Macao. El PC chino se asegurará de la implementación correcta de lo que para ellos es “un país dos sistemas”, mientras apoyará el crecimiento regional y mantendrá protegida la región de la injerencia de fuerzas externas.
  3. Prioridad medioambiental. El congreso comenzó en medio de una nube gris de contaminación ambiental lo que hizo oportuno tocar este punto. El planteamiento es que en los próximos cinco años el aire tóxico y las aguas contaminadas serán erradicadas, lo que significa que tienen que reducir el uso del carbón cuantiosamente. También se prioriza un plan de mejora de la calidad de las tierras, que se encuentran en seria amenaza.
  4. Desarrollo, tecnología e innovación. El planteamiento en esta área es un plan a 10 años que comenzará con un aumento del presupuesto del 10,6% del presupuesto para el 2021. Y a partir de ahí un 7% anual en los siguientes 5 años. Este es un punto crítico porque Beijing entiende que conseguir la independencia lo pondría en un lugar preferencial.  Incluso se mostraron abiertos a importar científicos extranjeros para trabajar en instituciones chinas lo que demuestra la relevancia del asunto.
  5. La ruta de la Seda. Seguirán promocionando esta iniciativa como centro de su política de desarrollo de intercambios globales y crecimiento económico.  El PC chino entendió desde el principio que industrializar su economía era el comienzo de un largo camino al éxito.

Los planes de desarrollo económico chinos empezaron a ponerse en marcha en 1950 cuando China comenzaba a emerger después de la guerra coreana. El primer plan económico se inspiró en el modelo soviético y en efecto fue el mismo Stalin quien lo asesoró personalmente y la Unión Soviética financió el arranque de esa nueva era china de la mano de Mao Zedong.

Setenta años más tarde son un ejemplo extraordinario de crecimiento, pero a un altísimo coste social, en el que en una primera etapa se obligó a los campesinos a abandonar los campos para trabajar en industrias, lo que produjo un gran desabastecimiento de cereales que acabó en una terrible hambruna que terminó con la vida de miles de ciudadanos. Dos décadas más tarde el PC chino imponía la ley de un solo hijo para controlar el crecimiento de la población lo que produjo abortos forzosos a millones de mujeres, la preferencia del género masculino sobre el femenino en los infantes, y/o la desaparición de un incontable número de niños que fueron arrebatados de sus familias y que en el mejor de los casos fueron dados en adopción a extranjeros.

En la última década la vigilancia social a través de cámaras de seguridad instaladas en cada esquina, el uso de dispositivos tecnológicos, el internet y las redes sociales, en muchos casos hasta pruebas de ADN no autorizadas por el ciudadano, se han convertido en el “gran hermano” del PC chino. Con estos niveles de control y sofisticación tecnológica el gobierno chino fiscaliza, regula y censura el comportamiento de sus ciudadanos para poder mantener control absoluto. Y en efecto, es una de las principales razones de su éxito puesto que de esa forma no hay mucha oposición y si surgiera alguna sería neutralizada y erradicada desde su origen.

El gran éxito del PC chino ha sido la lealtad y la estabilidad como dos elementos claves para mantener el control del país, a pesar de su extenso territorio y enorme población. El PC chino podrá celebrar sus 100 años con el éxito de haber sacado de la pobreza al país tal y como estaba planteado. Oficialmente todas las municipalidades chinas afirman haber sacado a sus ciudadanos de la pobreza extrema. Aunque sigue habiendo mucho trabajo por hacer y el objetivo ahora es más complejo, es elevarlos en nivel de vida y con ello generar más consumo interno.

Francia toma la iniciativa europea frente a China

Francia se ha atrevido a poner sobre la mesa un debate, seguido de varias iniciativas, del que muchos eran conscientes pero nadie se atrevía a abordar: el modelo de asistencia a los países menos desarrollados, el papel de las ONG, en las que existe fascinación por los modelos estatales y con ella la influencia de China como antes de Rusia, y los mensajes de propaganda y gestos de China. Y no es anecdótico que lo plantee Francia, país reino de las ONG defensoras del modelo asistencialista más cercano al populismo de izquierdas.

Como ya habíamos comentado desde aquí, Francia quiere ganar peso en la escena internacional, Está jugando  un creciente protagonismo en la tensa zona del mediterráneo oriental y en la crisis entre Grecia y Turquía y entre este último país y Egipto, Israel y Rusia con la crisis libia al fondo. A la vez, Francia ha enviado un grupo de combate naval al Pacífico que China quiere hacer exclusivo.

El ministro de Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, ha afirmado que Francia ha “vuelto al juego” y ha iniciado una “guerra de modelos de ayuda al desarrollo” e influencia con China para defender su modelo y valores. Francia planea aumentar su asistencia directa a los países africanos y planea comenzar a enviar vacunas COVID-19 a los países en desarrollo a través de la OMS a fin de mes para contrarrestar la injerencia internacional de Pekín. Al mismo tiempo, el presidente Emmanuel Macron pidió a Xi Jinping que equilibre la relación económica entre el gigante asiático y la Unión Europea, cuya balanza comercial es muy favorable a China.

Paralelamente a esto, los servicios de inteligencia de Alemania y Holanda vienen insistiendo desde hace meses de la creciente presencia china en todos los ámbitos de influencia posible y en sus intentos de condicionar la toma de decisiones en materia política, económica y hasta de defensa, sin olvidar su labor, afirman, en el terreno cibernético y sus posibilidades de obtener información clasificada.

Con la ausencia británica del escenario político de la UE y las limitaciones de Alemania en materia de  defensa, París está ocupando un espacio que lleva décadas en la ambigüedad. Que la UE siga este camino como institución es ahora mismo una incógnita pero el debate está ahí y sobre esta base puede plantearse un reforzamiento de los lazos con Estados Unidos que no debe olvidar, además, el papel creciente de Rusia.

THE ASIAN DOOR: Didi a la caza de Uber. El éxito radica en el modelo de emprendimiento. Águeda Parra

Las tecnológicas están pasando por tiempo de cambios, aunque determinadas dinámicas que destacan en ciertos mercados no parece que se estén aplicando por igual a nivel internacional, generando dinámicas distintas. Reflejo de ello es cómo Estados Unidos, Europa y China están afrontando la madurez de sus tecnológicas en un entorno cada vez más cambiante por la aceleración de la consolidación de la economía digital.

La regulación sobre los grandes titanes tecnológicos es uno de los ámbitos que ha captado mayor atención en los últimos meses, aplicando directivas que se diferencian en los enfoques con los que cada región persigue potenciar el desarrollo de los ecosistemas digitales que están impulsando las nuevas tecnologías. En este sentido, el factor determinante que influye en el fomento de la inversión en nuevas tecnologías es, de forma muy sustancial, el modelo de emprendimiento elegido por Estados Unidos, Europa y China para evolucionar hacia un entorno de sociedad digital.

Silicon Valley ha dejado de ser el único epicentro de la innovación global para dar paso a un modelo en el que la Bahía de San Francisco en Estados Unidos compite con la adaptación que ha hecho China de este esquema, en la que se fomenta la generación de varios centros de innovación diseminados en varias ciudades. De esta forma, China consigue diversificar la especialización por sectores y promover la creación de múltiples ecosistemas tecnológicos. Una estrategia que está resultando ser decisiva en la etapa de internacionalización que están abordando muchas empresas chinas.

Partiendo de estos dos tipos de modelos de emprendimiento, cuando las startups generadas en los dos polos tecnológicos más importantes del mundo dan el salto a los mercados internacionales y entran a competir, las empresas chinas tienen a su favor el haberse desarrollado en un entorno de ecosistema digital que les aporta esa ventaja competitiva diferencial frente a su competencia. En mercados ya considerados maduros en China, las empresas extranjeras se encuentran con el déficit de no poder aportar al consumidor soluciones transversales que permitan al cliente interactuar con otros sectores de forma transparente al no formar parte de este ecosistema digital, pudiendo únicamente aportar su propio producto o servicio sin integración con el entorno.

Para el consumidor chino digital, la aportación de valor de todo el ecosistema que acompaña a la solución que ofrece una empresa china es mayor que el propio servicio y/o las características de la aplicación de la empresa extranjera. Es decir, es un entorno de nativos digitales prima más la aportación de valor del todo (el ecosistema) que la individualidad de las partes (la aplicación). De ahí que muchas empresas extranjeras no hayan tenido éxito en consolidar sus modelos de negocio en el mercado chino al carecer de esta integración con el ecosistema digital reinante.

Así se entiende que Amazon tuviera que renunciar a su negocio de marketplace doméstico en China en 2019 ante la imposibilidad de poder competir con el ecosistema de ventas online que han formado durante las últimas décadas los gigantes tecnológicos chinos Alibaba y JD.com, centrándose únicamente en las ventas transfronterizas. De forma similar se entiende el desembarco de Uber en China, cuyas ingentes inversiones en el país no consiguieron dar viabilidad a su modelo de negocio ante la imposibilidad de competir con Didi Chuxing, el líder indiscutible del sector, decidiendo finalmente cesar su actividad en el país en 2016, vendiendo sus operaciones a su competidor chino.

En la actualidad, Didi Chuxing genera más del 80% de la actividad de un sector que genera más de 21 millones de viajes diarios, según el Ministerio de Transporte. Esta cifra es más del doble de la que se generaba en Estados Unidos en un entorno pre-pandemia cuando la actividad del sector funcionaba con normalidad. La demanda de viajes a través de aplicaciones de transporte privado posiciona a China como el mayor mercado del mundo y el siguiente paso para Didi Chuxing pasa por potenciar su internacionalización a través del impulso que le proporcione su próxima salida a bolsa, planteada para dentro de unos meses, y con la que la startup china pretende conseguir una valoración de 60.000 millones de dólares.

Desde su huella internacional actualmente presente en 13 países, mayoritariamente en el ámbito de América Latina, Didi Chuxing pretende expandir su modelo de negocio a Europa, teniendo en el radar los mercados de Reino Unido, Francia y Alemania. El éxito de su desembarco en Europa estará estrechamente vinculado con su capacidad para trasladar a estos nuevos destinos el ecosistema digital que triunfa en China como embajadores del Designed in China en el que se desenvuelve principalmente la sociedad digital china. (Foto: Flickr, Ernie)

INTERREGNUM: China y su cónclave anual. Fernando Delage

Si la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional de la República Popular China es siempre relevante (marca la agenda política de los meses siguientes), el pleno que se inaugura el 4 de marzo tendrá un especial significado. La Asamblea aprobará formalmente el XIV Plan Quinquenal y desvelará de ese modo los planes económicos a largo plazo de los dirigentes chinos. Los mensajes políticos tendrán aún mayor importancia al conmemorarse este año el centenario de la fundación del Partido Comunista, y celebrarse—en el otoño de 2022—su XX Congreso. El legado de Xi Jinping y el futuro del Partido estarán definidos en gran medida por las orientaciones que establezcan los líderes a partir de estos dos acontecimientos. Aunque en contraste con la mayoría de las democracias occidentales el país ha logrado controlar la pandemia y restaurar el crecimiento, aún afronta notables desafíos internos y externos.

Los planes económicos pueden verse complicados por la reacción internacional a las acciones de Pekín en el mar de China Meridional, en la frontera con India, en Hong Kong o en Xinjiang. El cambio de administración en Washington tampoco parece que vaya a suponer de manera automática una mejora en las relaciones bilaterales. En su primera conversación con Biden, Xi hizo hincapié en su voluntad de cooperación, mientras que el presidente norteamericano manifestó su preocupación por “las prácticas económicas de Pekín, la violación de derechos humanos y la presión sobre Taiwán”.

En unas circunstancias en las que China—como suele indicar Xi en sus discursos—afronta “desafíos y oportunidades sin precedente”, el presidente chino ha subrayado la necesidad de crear las condiciones favorables para la conmemoración del centenario del Partido en julio. Entre ellas, se pretende que el nuevo Plan Quinquenal arranque de manera positiva con un objetivo de crecimiento del PIB cercano al ocho por cien en 2021. Se espera asimismo que, al concluir el Plan en 2025, China haya dejado de ser una nación de ingresos medios, y que duplique su renta per cápita hacia 2035.

Las decisiones de la Asamblea permitirán conocer el detalle de cómo piensa Pekín perseguir esos objetivos. Las líneas generales del Plan dadas a conocer el pasado mes de noviembre subrayaron el doble imperativo de impulsar la demanda interna y la innovación, conforme al esquema de “circulación dual”. Por primera vez la tecnología será la gran prioridad de la estrategia quinquenal, al depender de ella la sostenibilidad del crecimiento económico en el futuro. Aunque desde 2018, en el contexto de la guerra comercial con Estados Unidos, el gobierno chino dejó de referirse públicamente al plan “Made in China 2025”, es evidente que la promoción de los sectores de alta tecnología (de la inteligencia artificial y la telefonía de quinta generación a los vehículos eléctricos) no ha desaparecido. Todo lo contrario: la urgencia durante los próximos años consistirá en continuar reduciendo la dependencia del exterior para consolidar la autonomía china y controlar la producción de elementos clave como semiconductores.

Tras declarar hace unas semanas la eliminación de la pobreza absoluta, el presidente chino también ha hecho hincapié en la idea de “prosperidad común”, un propósito que exige la reducción del considerable diferencial de riqueza existente entre unas y otras provincias. No es esta una cuestión sólo económica: es, por el contrario, un asunto político de primer orden, inseparable de la identidad y legitimidad misma del Partido Comunista. Se desconoce, sin embargo, cómo tiene pensado Pekín avanzar en esta última dirección, que puede conducir a un nuevo choque de las autoridades con el sector privado. Lo que no está en duda, en cualquier caso, es la fortaleza de una organización que, camino de sus cien años de vida, ha superado la doble prueba de la pandemia y la crisis económica. (Foto: CGTN)

EEUU – Arabia Saudí: denuncia y continuidad. Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada concluía en Washington la desclasificación del informe de la CIA sobre el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, ocurrido en 2018. La Inteligencia estadounidense señala al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman, como la persona que ordenó el asesinato que se llevó a cabo en Estambul, dentro de la propia sede diplomática saudí. Y, aunque esa información se supo después del suceso, el informe de cuatro páginas viene a reconfirmar con más datos y contundencia la necesidad de una respuesta fuerte por parte del gobierno estadounidense.

La monarquía saudí es uno de los regímenes más cerrados y absolutista del mundo, pero que gracias a su riqueza y sus extraordinarias reservas petroleras ha gozado de cercanas y cordiales relaciones con Occidente. A pesar de tener un sistema político sustentado en la aplicación extrema de los principios del Islam. 

El asesinato, además de haber sido un gran escándalo internacional, provocó una de las peores crisis entre Occidente y Riad, y la monarquía no esperó para recordar su influencia en la economía mundial, cuando la presión internacional empezó a hacerse sentir. Arabia Saudí posee alrededor del 18% de las reservas de petróleo del mundo y es el mayor exportador global de esta fuente de energía, según la OPEP. Si decidieran reducir su producción, se generaría una escasez de oferta que acabaría elevando considerablemente los precios del crudo en el mercado internacional.

Riad tiene la capacidad de estabilizar el mercado mundial mediante el equilibrio del suministro de petróleo, por lo que tiene en sus manos mantener los precios en línea con las condiciones económicas. Y Washington lo sabe bien, por lo que, en vez de responder sancionando al mismo príncipe, ha sancionado a 76 personas cercanas a la monarquía queriendo enviar un mensaje sin dañar las relaciones bilaterales.

La Administración Biden también ha priorizado mantenerse aliada de Arabia Saudí, con quien Washington ha tenido una larga relación que estableció el presidente Franklin Roosevelt con el rey saudí Adull Aziz en 1945. Esta relación ha estado basada en intereses mutuos desde el principio, como el petróleo, pero más recientemente en la lucha contra el terrorismo de ISIS y al-Qaeda, pues Riad también juega un papel clave en la estabilidad de Oriente Medio.

A raíz del asesinato de Khashoggi, Trump fue duramente criticado por no haber tomado una postura más dura. Y en su propia defensa Trump dijo en una entrevista a la cadena CBS “nosotros no podemos autocastigarnos al anular la venta de armamento a Arabia Saudí”.  Desde 1950, los saudeís han comprado armas y sistemas de defensa a empresas estadunidenses por unos 90 mil millones de dólares y, en los últimos años, han sido los mayores compradores que han tenido los estadounidenses en este sector. De acuerdo con el diario Washington Post, casi cada 1 de las 5 armas producidas en Estados Unidos se envían a Arabia Saudí, por lo que para Washington los saudíes son un cliente y aliado estratégico.

Biden criticó la posición de Trump en ese momento y durante su campaña dijo que la monarquía debía pagar el precio por lo que habían hecho e incluso lo califició como un “estado paria”, término usado por los estadounidenses para definir a los Estados que están al margen de la legalidad internacional. Sin embargo, ahora que ocupa la Casa Blanca, prioriza la necesidad de mantener relaciones cordiales.

El secretario de Estado fue interpelado por la prensa a este respecto y dijo que efectivamente el informe de la CIA habla por sí mismo, razón por la que están imponiendo sanciones a altos funcionarios saudíes, que han estado intimidando a disidentes en el exterior. Además, agregó, “estamos introduciendo una nueva legislación que le dará facultad al Departamento de Estado para restringir y revocar visas a cualquier persona que se crea que esté involucrada en actividades extraterritoriales dirigidas a presuntos disidentes o periodistas, al acoso o vigilancia de ellos o de sus familiares”, afirmando que, ya sean a ciudadanos saudíes o de otras nacionalidades, es una conducta inaceptable que piensan castigar. 

La Administración Biden no ha hecho más que continuar con la misma política de la administración anterior y con ello preservar sus relaciones con Arabia Saudí. Por un lado se asegura la continuidad de la colaboración en tema de terrorismo y estabilidad en Oriente Medio, por otro, no dañar sus intereses comerciales y la posibilidad de poder seguir abasteciendo a los saudíes del armamento que requieren, en vez de que miren a Rusia para comprarlo. Y por último evitan que la corona juegue con el suministro petrolero y con ello se acabe impactando las economías individuales del mundo en un momento tan frágil como es este de pandemia, en donde los mismos Estados Unidos han tenido que inyectar ayudas para mantener a flote su propia economía.

El pragmatismo ha sido el que ha guiado las decisiones de la nueva Administración estadounidense, que se ha decantado por sancionar a funcionarios que obedecieron órdenes, en vez de sancionar a quien les dio la orden. Este brutal asesinato es, en sí mismo, la transgresión de todos los derechos fundamentales juntos, incluido el lugar en el que fue perpetrado, la embajada del propio Estado ejecutor, y el silenciar a un periodista que usaba la libertad de expresión de un país democrático para denunciar hechos de su lugar de origen. Washington ha enviado un mensaje muy confuso a los líderes del mundo sobre la doble moral. Es sin duda una situación muy compleja que viene a probar que, tal y como hemos venido anunciando, la política exterior continuará el mismo camino de la Administración Trump. Aunque cambie el tono, el fondo es el mismo. (Foto: Flickr, Richard Mortel)

Filipinas pone precio a su alianza con EEUU

Filipinas ha decidido mover ficha y, ante las promesas de Biden de retomar y reforzar los lazos con los aliados tradicionales en el Pacífico, el presidente Duterte ha exigido a Washington más ayudas militares y compensaciones económicas para renovar el acuerdo bilateral de seguridad con Estados Unidos, tras unos años de acercamiento a China en medio de una política interna marcada por medidas de lucha contra la delincuencia poco respetuosas con las más elementales normas de derechos humanos.

Filipinas ha sido un aliado tradicional de Estados Unidos desde la independencia de España del país asiático y Washington ha marcado con pocos escrúpulos la política de este país hasta el final de la II Guerra Mundial. Esta alianza se vio notablemente reforzada por la liberación de las islas por soldados estadounidenses tras la ocupación japonesa.

Pero esta alianza  se ha visto deteriorada por la gestión del presidente Duterte, sus malos gestos hacia Estados Unidos y sus guiños a China en medio de la crisis con Corea del Norte y por la expansión marítima de Pekín (que amenaza la soberanía filipina) que han sido vistos como deslealtad en EEUU. Y, por el papel estratégico de Filipinas, la necesidad de reconstruir un cinturón de seguridad con Japón, Corea del Sur, Taiwán e Indonesia fundamentalmente, Estados Unidos no puede permitirse un enfriamiento con Manila. Otro test para Biden cuyo equipo quiere buscar soluciones globales para la zona. Probablemente, la Administración norteamericana cederá a muchas de las exigencias filipinas presionando a la vez para un cambio de gestión y tratará de impulsar mejores relaciones del gobierno de Duterte con sus vecinos, aunque no con China, con algunos de los cuales (y también con China) tiene disputas territoriales sobre mares e islas cercanas.