Ponencia: “Go Global, go Digital” Águeda Parra

En el marco del evento: “¿Planeta China? La ambición de la República Popular en el siglo XXI”, la colaboradora de 4Asia Águeda Parra ofreció una ponencia sobre el imparable crecimiento tecnológico de China, que resumimos a continuación.

En 1999 Jian Zeming impulsó el llamado “Go global”. La premisa era “sal fuera y crece” y fue la estrategia que siguieron gigantes como ZTE o Huawei. Sin embargo, en la actualidad el dogma parece ser “Go digital”, “aprovecha la transformación tecnológica que vive el país”. El e-commerce y la economía digital son parte del propósito de Xi Jinping de establecer un modelo de socialismo con características chinas para una nueva era.

Mientras la economía digital aumenta en todo el mundo, la gran transformación tecnológica la están definiendo los nativos digitales de China. Estos difieren tanto del resto de jóvenes de su generación como para ser los grandes arquitectos digitales del futuro de su país y de nuestro mundo. Tanto las plataformas digitales de China, como el resto de fabricantes mundiales, van a tener en esta generación los referentes para modelar el futuro del e-commerce y de la economía digital mundial.

En los últimos años, China se ha convertido en el mercado de e-commerce más grande y que más rápido crece del mundo. Alibaba y Tencent dominan el 90% del este mercado, dando forma a un ecosistema digital en el que se desarrolla una creciente clase media. Todo ello hace que el futuro de las compras online y de los servicios a través del móvil en todo el mundo se estén diseñando a medida de los nativos digitales de China.

Las empresas públicas y privadas están volcadas en la gran revolución digital que se está produciendo en China, y entre ellas Alibaba figura como uno de los grandes referentes tecnológicos.

En esta estrategia de transformación digital, China también cuenta con los “sea turtles”, como se denomina a aquellos graduados chinos que regresan de estudiar en las universidades extranjeras, personas que están creando la versión china del Silicon Valley en territorio nacional. El factor de la apuesta por la innovación, importantes oportunidades de carrera y una mayor inversión en capital son los principales motivos que encuentran los graduados que regresaron a China.

Durante 2017 creció el número de empresas tecnológicas globales que se convirtieron en unicornios (startups tecnológicas de inversión privada que tienen un valor superior a los 1.000 millones de dólares). Solamente en 2017, China consiguió crear 17 de estas grandes empresas tecnológicas globales, a poca distancia de las 19 compañías que aportaba Estados Unidos. Entre los unicornios más grandes del mundo se encuentran cuatro empresas chinas, destacando la firma de transportes Didi Chuxing y el fabricante de teléfonos móviles Xiaomi.

La economía digital representa ya el 30% del PIB chino y, a nivel mundial, las compras online alcanzan el 40%. La digitalización es imparable. (Foto: Jared, Flickr)

THE ASIAN DOOR: La generación Techie de jóvenes emprendedores. Águeda Parra.

La política de puertas abiertas que vivió China entre 1986 y 1990 supuso dejar atrás toda una larga tradición de economía planificada para abrirse camino hacia una economía de mercado y el sector privado. Significó para el gigante asiático el gran punto de inflexión que ha permitido que China en casi 20 años pase de la famosa política “Go Global”, impulsada por el presidente Jiang Zemin, a un nuevo modelo de desarrollo económico y social que podríamos denominar como “Go Digital”, al frente del cual se sitúa el actual presidente de China, Xi Jinping.

En esta época, la sociedad china no ha cambiado solamente en lo económico, sino también en lo social. Vigente desde 1979 hasta 2015, la política del hijo único ha dado lugar a una generación mucho más abierta de mente y más segura de sí misma, además de mucho más individualista. A diferencia de sus padres, que tuvieron que vivir numerosos conflictos sociales, los niños nacidos a partir de 1990 son la primera generación que ha comenzado a acceder a Internet desde la niñez. En una sociedad con larga tradición por emprender, los jóvenes chinos siguen pensando en abrir su propia empresa pero, en este caso, buscando fomentar la innovación y las capacidades que ofrecen las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, el uso del Big Data y el Cloud Computing para aplicarlo a todos los sectores de la economía china.

Hace casi 20 años, China inició un cambio económico desde una visión de dentro hacia afuera, animando a las corporaciones mejor posicionadas en el panorama nacional a dar el salto a la escena internacional. Sin embargo, en la era Xi Jinping, y con una generación de nativos digitales, la visión ha cambiado, y ahora se persigue fomentar el emprendimiento, la inversión y el desarrollo en I+D. En este ambiente de crecimiento económico, la generación de fundadores millennial chinos está haciendo florecer todo un nuevo ecosistema digital en China. Artífices de la abrumadora velocidad de transformación que se está produciendo en China en el ámbito de los negocios, están consiguiendo transformar una sociedad de cultura milenaria en el mayor ecosistema digital mundial. Se trata de una generación mucho más consciente de los problemas globales, y mejor formada que la de sus padres, donde el 25% de los jóvenes millennials chinos tienen una licenciatura o un título superior, comparado con el 3% de la generación anterior, según un estudio de Boston Consulting Group. Esta ventaja competitiva está creando una generación “Techie” de jóvenes chinos, como es el caso de Li Jing que, con 25 años de edad, es el vicepresidente más joven de Baidu, una de las startups más conocidas en China que comenzó simulando la funcionalidad de Google.

Esta generación está viviendo un mundo de dualidad entre tradición-modernidad, control-apertura, comunidad-individualismo, lo que está ayudando a forjar jóvenes emprendedores que tienen su propia visión de futuro, ansiosos por reafirmarse en su identidad y en mostrar su singularidad al mundo. Con edades comprendidas entre los 19-35 años, son unos 415 millones de jóvenes chinos millennials, según un informe de Goldman Sachs, que pueden considerarse una generación privilegiada de “pequeños emperadores”, como se les conoce en China, que saben disfrutar más de la vida y están acostumbrados a un nivel de gasto mucho mayor que generaciones anteriores donde predominaba fundamentalmente la cultura del ahorro. Sin gastos de hipotecas y con los gastos del hogar cubiertos, se pueden dedicar a gastar libremente sus propios ingresos, muchos de ellos, optando por la opción del emprendimiento.

El crecimiento de las startups en el sector de la tecnología es especialmente significativo en China, convirtiéndose en los impulsores de definir nuevas tendencias que están transformando el país y que indudablemente están modelando también nuestro propio entorno. Tal es el nivel de innovación y de emprendimiento entre los jóvenes, que se estima que cada día se crean en China 10.000 nuevas empresas, según ChinaDaily, lo que significa siete startups por minuto.

El hecho de que sean hijos únicos les ha hecho mucho más receptivos a interactuar y socializar por Internet, pasando conectados de media 27 horas a la semana, un 24% más que los jóvenes en Estados Unidos. En el caso de la generación de principios de este siglo, el ratio de penetración de las redes sociales asciende hasta el 99%, según el estudio conjunto de la Chinese Academy of Social Sciences y Tencent Research Institute. Mucho más preocupados por los problemas medioambientales, el cuidado de la salud, la mejor calidad de los alimentos, la igualdad de género y las libertades sociales, la conciencia de estos problemas está derivando en que sea una generación socialmente más activa, con ilusión por perseguir una solución a este tipo de problemas mediante la creación de nuevas empresas socialmente responsables. De su visión, del nivel de emprendimiento y de la capacidad de innovar que está promoviendo esta nueva generación depende en gran medida el futuro crecimiento económico y social del país en las próximas décadas. (Foto: Feinie, Flickr)

THE ASIAN DOOR: China se apunta a la rivalidad tecnológica. Águeda Parra

Los avances en la economía china durante las últimas décadas han sido lo suficientemente significativos como para que la segunda potencia mundial haya consolidado su posicionamiento como actor relevante en cuestión de gobernanza global. La presencia de China se considera incuestionable ya en todos los ámbitos y, ante el proteccionismo que promulga Estados Unidos, el gigante asiático está respondiendo con la promoción de un comercio más global e inclusivo.

El protagonismo creciente del dragón dormido está aflorando la rivalidad que existe entre las dos primeras potencias mundiales. La economía china ha crecido durante el primer trimestre del año al 6,8%, y mantiene una previsión de crecimiento estable gracias a un mayor consumo interno y al repunte de la inversión privada, que ha alcanzado valores similares a 2015. En el corto plazo, la economía china podría sobrepasar el PIB de los 19 países de la zona euro durante 2017, y mantener ese ritmo creciente, según datos de Bloomberg. Mientras en el horizonte económico a más largo plazo, se considera que 2032 será el año en el que China arrebate a Estados Unidos el liderato en la clasificación de potencia mundial, teniendo en cuenta el poder económico, la fuerza militar y la capacidad tecnológica.

Para lograrlo, en la era Xi Jinping, se está poniendo un especial énfasis en promover que el crecimiento económico y social del país también esté vinculado a fomentar la innovación y a impulsar un mejor posicionamiento mundial a nivel tecnológico, donde la inteligencia artificial, la economía digital, y el e-commerce están jugando un papel diferencial. Alibaba y Tencent están liderando la revolución tecnológica, pero muchas otras startups chinas están aportando innovación al ecosistema digital. Con este trasfondo, la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China tiene de base el objetivo de reducir el déficit comercial histórico entre ambos países, pero el detonante es la amenaza de una creciente rivalidad en desarrollo de I+D.

La preocupación de Estados Unidos procede de que en 2013 el gasto anual en I+D en China ya era 30 veces superior al de 1995, alcanzando los 234.000 millones de dólares en 2016. Y las publicaciones han seguido este ritmo. China es el segundo país que más gasta en I+D, aporta el 20% del total del gasto mundial, como resultado del fuerte compromiso de anteriores líderes chinos por impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología. El reto es conseguir que China desarrolle rápidamente su propia capacidad de innovación y conocimiento científico, y dejar así de depender de medios extranjeros, impulsando los estándares propios.

El salto de China de un país de imitación a uno centrado en la innovación se aprecia en el creciente número de recursos disponibles que el gobierno chino está gestionando para mejorar la situación de la ciencia y la tecnología en el país. Y, con ello, la promoción del talento chino, pero también extranjero, creando las mejores condiciones para que los laboratorios del gigante asiático puedan competir e eclipsar los desarrollos conseguidos por los competidores occidentales. Esto ha supuesto que la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos registrara en 2016, por primera vez, un número mayor de publicaciones científicas desde China que desde Estados Unidos, 426.000 frente a 409.000. Sin embargo, el avance es menor si hablamos de calidad, puesto que Estados Unidos sigue manteniendo el Top 1 en número de artículos citados, mientras China se sitúa por debajo del 1%.

El posicionamiento creciente de China en I+D responde a un incremento exponencial de universitarios que eligen los campos de las ciencias y la ingeniería para desarrollarse profesionalmente, constituyendo la mejor base de conocimiento de la economía avanzada a la que aspira China. En la última década, el gigante asiático ha alcanzado el Top 1 en número de estudiantes universitarios con títulos en ciencias e ingeniería, tendencia similar a la seguida por la concesión de doctorados que se ha multiplicado por diez entre 2000 y 2006. De hecho, desde 2007, China es el país que mayor número de títulos de doctor otorga en la especialidad de ciencias e ingeniería.

La calidad es otro punto a tener en cuenta en la enseñanza y concienciación en conocimiento científico. Hoy por hoy no hay competencia para Estados Unidos en la clasificación de mejores universidades del mundo, liderada por Massachusetts Institute of Technology (MIT), con Stanford y Harvard ocupando el segundo y tercer puesto. Pero las universidades chinas avanzan posiciones rápidamente, y ya son tres las que aparecen en el Top 50 mundial, Tsinghua University (25), Beijing University (38) y Fudan University (39), según QS World University Ranking de 2018. Esta posición mejora significativamente en la clasificación por especialidades, con dos universidades chinas en el Top 20 en el campo de ingeniería y tecnología, Tsinhua University (10) y Beijing University (20).

China está fomentando el talento, y reclutando aquél que todavía cursa estudios en Estados Unidos, ofreciendo mejores condiciones laborales y un mejor desarrollo profesional. Teniendo en cuenta los avances de esta última década, es previsible que incluso en menos tiempo la determinación de China consiga situarle como promotor mundial de las nuevas tendencias tecnológicas. (Foto: Stephanie Simos, Flickr)

THE ASIAN DOOR: Xiaomi se hace mayor en Europa. Águeda Parra

La publicación de la próxima salida a bolsa de Xiaomi es toda una declaración de intenciones de los planes del actual cuarto fabricante mundial de dispositivos móviles. Una vez que la expansión por Estados Unidos se ha complicado en exceso desde el veto impuesto por la administración Trump a fabricantes chinos, como Huawei y ZTE, la expansión de Xiaomi pasa por abordar los mercados de Europa e India, de ahí su necesidad de crecer saliendo a bolsa.

Con la disputa comercial abierta entre Estados Unidos y China es lógico pensar que no haya sido la bolsa de Nueva York la elegida para realizar la operación, muy al contrario de lo que sucedió con Alibaba que, en 2014 supuso la mayor operación llevada a cabo por la bolsa estadounidense. Cuatro años después, la elección de Xiaomi de realizar la operación a través de la bolsa de Hong Kong pone de manifiesto el empuje que está teniendo la región asiática para liderar este tipo de operaciones entre los titanes tecnológicos chinos. Xiaomi ha pasado de ser una start-up china desconocida en el sector a conseguir crear un gigante de Internet en el mismo plano que Alibaba. Teniendo en cuenta el número creciente de unicornios que nacen en China, es previsible que crezca la rivalidad entre Hong Kong y el mercado estadounidense para liderar este tipo de operaciones.

Prevista para el próximo mes de junio, aunque todavía sin fecha concreta, la operación estaría considerada como la cuarta mayor de la historia de la bolsa de Hong Kong, con la que Xiaomi pretende recaudar 10.000 millones de dólares y alcanzar un valor de mercado entre 70.000 y 80.000 millones de dólares. En su momento, la cotización del gigante del e-commerce, Alibaba, alcanzó una valoración de 231.000 millones de dólares, superando a las grandes tecnológicas estadounidenses como Facebook, con cerca de 200.000 millones de dólares, y Amazon, que alcanzó los 150.000 millones de dólares.

El éxito de la operación permitirá a Xiaomi situarse en el Top3 de las grandes tecnológicas chinas, superando a Baidu y JD, y compartiendo podio con el coloso de la mensajería instantánea en China, Tencent, y el gigante del e-commerce, Alibaba. Junto con Huawei, China tiene dos verdaderas historias de éxito tras el ascenso de Xiaomi a la cuarta posición mundial de fabricantes de móviles. La start-up china, que comenzó a operar hace ocho años, ha pasado a formar parte del grupo de élite mundial que todavía lidera Samsung, y Apple y Huawei, en este orden.

La salida a bolsa de Xiaomi marcará seguramente el inicio de una revolución tecnológica en la industria de los fabricantes de móviles. Su fundador, Lei Jun, pretende situar a Xiaomi en el Top1 en la clasificación de fabricantes en el mercado chino en 10 trimestres. Estos son 2 años y medio en los que el mercado tecnológico chino va a sufrir múltiple variaciones, impulsado, fundamentalmente, por el desarrollo de I+D bajo el liderazgo del programa Made in China 2025, con lo que China alcanzará su verdadero gran “salto adelante” tecnológico.

La filosofía de Xiaomi pasa por utilizar la tecnología para mejorar la vida de las personas, centrándose en la fabricación de teléfonos móviles como negocio principal, aunque el portfolio de empresa también incluye otros productos como purificadores, drones, altavoces y muchos otros dispositivos de consumo que le han permitido crecer estos años. Como parte de esta filosofía, también se incluye no ganar más del 5% en la venta de sus aparatos, todo un reto para sus competidores más directos, una vez que el índice de percepción de calidad de los productos Xiaomi es muy elevado entre sus consumidores. En el caso de los teléfonos móviles, que suponen el 70% de las ventas de la empresa, el beneficio de cada pieza se sitúa en unos 2 dólares, mientras las ganancias de Apple ascienden a 250 dólares por teléfono, y 19 dólares en el caso de Samsung, según datos de Counterpoint Research.

China sigue siendo el principal mercado para Xiaomi, que representa el 58% de sus ventas. Pero India est á revolucionando el mercado de los teléfonos móviles, al situarse como el segundo mayor del mundo, después de China, y superando a Estados Unidos en esta clasificación. En India, Xiaomi ha conseguido superar a Samsung como líder de ventas, aunque la verdadera batalla está prevista que se libre en Europa con un desembarco masivo.

España ha sido el primer país elegido por Xiaomi para lanzar la conquista del mercado europeo de los teléfonos móviles, pero la verdadera conquista se producirá cuando el fabricante chino comience a operar en las 17.700 tiendas de telecomunicaciones pertenecientes a CK Hutchison Holdings Ltd. con quien ha firmado un acuerdo para su expansión por Italia, Reino Unido, Irlanda, Austria, Dinamarca y Suecia.

El reinado de Samsung y Apple parece que pueda estar llegando a su fin, ¿qué nos deparará la nueva época Xiaomi? (Foto: Daredev25, Flickr)

THE ASIAN DOOR: China, el dragón de las FinTech. Águeda Parra

La revolución tecnológica es una de las grandes señas de identidad del siglo XXI. Durante este período, el mundo será testigo de grandes innovaciones que afectarán a las costumbres y hábitos de una sociedad que está inmersa en un frenesí de cambios tecnológicos. En este principio de siglo, los avances en cloud computing, las múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial, y el big data, están siendo los grandes protagonistas de redefinir cómo la sociedad interactúa con el entorno, mientras las empresas se encuentran obligadas a adaptar sus procesos para hacerse más ágiles, más dinámicas, y más innovadoras al fin y al cabo.

De ahí la aparición de las FinTech, empresas que combinan las finanzas con la tecnología para prestar nuevos servicios financieros basados fundamentalmente en las innovaciones que proporciona la tecnología en este ámbito. Uno de los mercados más conocidos donde operan las FinTech son en el entorno de los medios de pagos digitales, aunque el sector lo componen otros mercados claves que incluyen, por ejemplo, los préstamos en línea, la gestión de finanzas personales, y los seguros online, entre los más destacados.

Y si hablamos de medios de pago digitales, China está emergiendo como una gran potencia en el mercado FinTech no sólo en el ámbito de Asia Pacífico, sino también globalmente gracias a que el gigante asiático es el líder mundial indiscutible del mercado del e-commerce. De hecho, el milagro de las FinTech en China se entiende gracias a una población experta en tecnología, donde las nuevas generaciones de nativos digitales son los grandes referentes para modelar el futuro del e-commerce y la economía digital mundial.

A finales de 2017, China registró un nuevo record en usuarios de Internet, alcanzando los 772 millones de internautas, que representan un ecosistema digital mayor que toda la población de Europa, que alcanza los 744 millones de personas. A lo que hay que sumarle un incremento en los ingresos de una clase media creciente que consume cada vez más y es capaz de generar un gasto en e-commerce en 2016 de  782.000 millones de euros, mayor que el registrado por Estados Unidos y Reino Unidos juntos.

Todo ello favorece que las inversiones FinTech realizadas en China durante los últimos años se hayan disparado. Entre julio de 2015 y junio de 2016, se alcanzó la cifra de 8.800 millones de dólares, lo que supone un incremento del 252% respecto a 2010. Situación a la que ha contribuido la irrupción de nuevos modelos innovadores de firmas tecnológicas chinas que han nacido en la última década, como es el caso del servicio de mensajería más famoso de China, WeChat, lanzado en 2011. Plataforma que ha sido esencial para que 688 millones de chinos pudieran realizar el envío durante la pasada celebración del Año Nuevo chino de 46 billones de hongbao, los tradicionales sobres rojos en su modalidad digital, superando con creces los 7,6 billones de pagos realizados por PayPal durante todo 2017.

Otro de los gigantes tecnológicos de China presenten en el sector FinTech es Alibaba que, con Tencent, se reparten el 90% de los pagos digitales en China, a través de las plataformas de Alipay de Alibaba, con un 54% del mercado, y TenPay de Tencent, con un 37%. La expansión del turismo chino se ha convertido en el gran aliado de los gigantes del e-commerce, ya que tanto Alipay como WeChat Pay son los medios de pago utilizados por los 135 millones de turistas chinos que gastaron 261.000 millones de dólares en sus viajes en el extranjero durante 2016.

En China, los sectores del e-commerce y los seguros online están liderando la industria FinTech, de modo que no es extraño que China cuente con 8 de los 27 “unicornios” FinTech, es decir, las startups que los inversores valoran por encima de los 1.000 millones de dólares, mientras Estados Unidos cuenta con 12, demostrando que una parte importante de los nuevos unicornios FinTech está naciendo en China. Una prueba más de que las empresas chinas se están haciendo globales y son las actuales líderes mundiales de la industria FinTech.

THE ASIAN DOOR: La Superbowl del talento tecnológico se juega en China. Águeda Parra

(Foto: Christian Rondeau, Flickr) En la última década, China ha pasado de focalizarse en la producción de manufactura como palanca de crecimiento del país, con los problemas derivados de un importante sobrecalentamiento de varios sectores económicos, a situarse como pieza principal de la revolución digital mundial. En este tiempo, el crecimiento de dos dígitos que registraba la economía a principios del siglo XXI ha pasado a un nivel más moderado, del 6,9% en 2017, pero muy superior al del resto de países industrializados.

En sólo una década, China ha pasado de ser la fábrica del mundo, a liderar la economía digital, gracias al gran momentum tecnológico que vive el país. Este cambio de paradigma procede de la visión de Xi como impulsor de políticas de crecimiento más sostenibles y adecuadas para afrontar el reto de construir una China moderna.

Las nuevas tecnologías se han desarrollado en la sociedad china a un ritmo mayor que en otras economías desarrolladas, generando toda una nueva generación de nativos digitales que son los verdaderos artífices de todo un ecosistema digital que no sólo transforma el país, sino que está definiendo, en función de sus gustos y preferencias, el futuro del e-commerce mundial.

En esta estrategia de transformación digital, China también cuenta con los “sea turtles”, como se denomina a aquellos graduados chinos que regresan de estudiar en las universidades extranjeras, personas que están creando la versión china del Silicon Valley en territorio nacional. El factor de la apuesta por la innovación, importantes oportunidades de carrera y una mayor inversión en capital son los principales motivos que encuentran los 432.500 graduados que regresaron a China en 2016, de un total de 544.500 personas que optaron por estudiar en el extranjero, un 22 por ciento superior a los que regresaban en 2013, según datos del Ministerio de Educación.

Los incentivos económicos son también un punto destacado del regreso de la diáspora digital. Según un estudio del South China Morning Post, los graduados en el extranjero reciben un salario un 17,2 por ciento superior a los graduados en las universidades nacionales. Las grandes tecnológicas chinas están creando un ecosistema digital con oportunidades laborales mejores a las que podrían acceder los ingenieros asiáticos en compañías como Google, Facebook y Apple, donde únicamente ocupan el 30% de las posiciones profesionales y tienen difícil acceso a los puestos directivos. En China las oportunidades vienen de la mano de empresas como Alibaba y Tencent, que se encuentran entre las compañías más valiosas del mundo, compitiendo directamente con sus rivales estadounidenses Amazon y Facebook.

A este grupo de talentos tecnológicos hay que sumarle la apuesta del gobierno chino por atraer los mejores científicos y personas de negocios relacionados con el ámbito de las nuevas tecnologías a través de la concesión de visas gratuitas por 10 años, según publicaban fuentes oficiales a principios de 2018. Sin duda, el grupo de extranjeros de alto nivel y los “sea turtles” chinos son el perfil de empleados que demandan los gigantes tecnológicos estadounidenses que operan en territorio chino. Entre ellos, el gran gigante de Internet Google, que ha abierto su cuarta oficina en China con 600 empleados en la nueva capital tecnológica mundial, Shenzhen, donde también están presentes otros grandes de la industria como Huawei y Tencent. Recientemente era Apple quien anunciaba la apertura de un centro de servicios de almacenamiento de iCloud en la provincia de Gizhou.

La revolución digital es ya una realidad en China, y es la clase media china la que está actuando como prescriptor digital. Mientras los países occidentales todavía no son plenamente conscientes de la velocidad vertiginosa a la que se producen los avances tecnológicos en China, Shenzhen ha pasado de ser una aldea de pescadores en 1980 a convertirse en el denominado Sillicon Valley del hardware a principios de siglo. Todo un alarde de intenciones de que China, en cuestión digital, es capaz de liderar la transformación global en las próximas décadas.

El próximo FANG podría surgir en China, y no tiene ninguna gracia. Miguel Ors Villarejo

(Foto: Sara Cooper, Flickr) ¿Por qué unas empresas tienen una estructura jerárquica y otras no? ¿Qué es mejor? ¿Un organigrama plano o uno piramidal? Depende mucho de la tecnología. A finales de los 70, Alfred Chandler teorizó que el abaratamiento de las comunicaciones a lo largo del siglo XIX (mediante el correo primero, el telégrafo después y, finalmente, el teléfono) había desempeñado un papel crucial en el surgimiento de las organizaciones modernas, y ponía como ejemplo las compañías ferroviarias: gracias a los informes que los maquinistas enviaban regularmente, los gestores estaban perfectamente al corriente de la marcha de las operaciones, sin necesidad de delegar en mandos intermedios sobre el terreno. El resultado era una dirección muy centralizada y poderosa.

En política sucede lo mismo. Piensen en el embajador británico en la India. En 1800, cuando las instrucciones de la metrópoli tardaban meses en llegar, era como un rey, pero hoy es poco más que un empleado distinguido.

Internet y los móviles han potenciado esta tendencia centrípeta. Los gestores de un ferrocarril conocían la localización de las máquinas, pero los gestores de cualquier FANG (Facebook, Amazon, Netflix, Google) conocen la de todos y cada uno de los viajeros y, además, si están casados o solteros, a qué hora salen cada mañana al trabajo, qué literatura les gusta… “Amazon”, me explica un empresario, “sabe antes que tú cuál va a ser tu próxima compra. A partir de tu historial de cliente, sus algoritmos calculan las probabilidades de que adquieras uno u otro título y, cuando superan un determinado porcentaje, envía un ejemplar a un centro cercano y te bombardea con anuncios y correos hasta que capitulas. Entonces tú dices: ‘Fíjate, he pedido el libro esta mañana y ya lo tengo’, pero tú no has decidido nada, te han inducido”.

Yo no creo mucho en las teorías conspiratorias y no sé hasta qué punto es fiable el relato de mi fuente, pero está claro que hemos volcado en internet un montón de datos (a menudo voluntariamente) que podrían usarse de forma indeseable, como cuenta Wired que Pekín hace con el scoring crediticio.

Por eso es tan relevante quién gane la carrera que se está librando. “Los gigantes tecnológicos [de Estados Unidos y China] se han lanzado detrás del dominio de la inteligencia artificial y la supercomputación”, se lee en el informe Top Risks 2018 de Eurasia Group, una consultora presidida por el redactor de Time Ian Bremmer.

De momento, la victoria ha sonreído a firmas respetuosas de la intimidad. Tras el atentado de San Bernardino, Apple se negó a facilitar al FBI el acceso a sus iPhone y la agencia, tras forcejear inútilmente en los tribunales, debió pagar 900.000 dólares a un pirata israelí para lograr su propósito. Pero en China no hay separación de poderes. ¿Qué ocurre si la nueva generación de FANG surge allí? No es una tesis descabellada. “Pekín está formando a millones de técnicos”, dice Top Risks 2018. “La competencia es cada vez más reñida”.

La retirada de Estados Unidos de muchos frentes a la voz de América primero ha proporcionado a Xi Jinping una ocasión de oro para imponer sus estándares. Domina varios bloques comerciales y, en materia de desarrollo, ha cargado de razones a quienes defienden que la democracia no es un requisito indispensable para prosperar.

Es verdad que su atractivo como líder mundial es limitado. Pocos países están dispuestos a sustituir la denostada, aunque benigna, hegemonía estadounidense por una supremacía china que se adivina mucho más arbitraria e impredecible.

Pero en el ámbito del consumo, ni la ética ni la ideología cuentan tanto. Lo que determina el éxito de un artículo es la eficiencia, la comodidad, el precio. Apple ha dominado este juego con sus iPod, iPhone e iPad, igual que antes lo hizo Sony con el Walkman. Pero ¿y si el próximo artilugio-que-todos-tenemos-que-tener lo fabrica una compañía china que no pone pegas a que la policía hurgue en los datos de sus clientes?

El cambio podría ser dramático. Ríanse ustedes de la estructura piramidal y la dirección muy centralizada de las compañías ferroviarias.

Cuando fuimos los mejores. Juan José Heras.

China ha pasado de fabricar productos textiles y bienes de consumo barato en los años 80 a disponer de industrias en sectores con una mayor componente tecnológica como por ejemplo los de automoción, maquinaria, electrónica, productos químicos, etc. Asimismo, su mayor competitividad en el mercado global ha contribuido a multiplicar exponencialmente sus exportaciones.

Desde el mundo desarrollado se acusa a China de hacer “trampas” para mejorar su capacidad industrial y sus exportaciones. Entre ellas, destacan las de subsidiar a sus empresas, un tipo de cambio devaluado, la regulación de los precios de la energía o los tipos de interés artificialmente bajos.

Sin embargo, aunque todos estos factores han contribuido al desarrollo industrial de China, no son la base de su transformación industrial. Según los expertos, el éxito del gigante asiático se ha debido principalmente a una ubicación geográfica excepcional como núcleo manufacturero en Asia y a la combinación de un coste laboral del tercer mundo con infraestructuras del primer mundo.

Además, parece ser que hubo un tiempo en que fue al revés. En el siglo XVIII, la industria de porcelana en Europa se desarrolló gracias a los informes de los misionarios jesuitas sobre las técnicas chinas, consideradas por Pekín como secretos comerciales. Asimismo, los británicos establecieron una industria del té en India gracias al robo de plantas de té en China, ya que su exportación estaba prohibida. Pero no hace falta remontarse tanto en el tiempo, a principios del siglo XIX Estados Unidos estableció su primer complejo textil en Lowell (Massachusetts) gracias al espionaje industrial en Europa.

También en el vecindario chino encontramos casos significativos como los de Japón, Corea del sur y Taiwán, que después de la segunda guerra mundial llevaron a cabo técnicas de ingeniería inversa de la tecnología occidental. Con estos ejemplos, no se pretende justificar el robo de propiedad intelectual, sino poner de manifiesto que es una realidad universal que termina cuando los beneficios de proteger las patentes propias son mayores que los que aporta el robo de tecnología extranjera. China está cada vez más cerca de alcanzar ese punto como indica el hecho de que esté comenzando a legislar sobre el asunto.

Además, pese a las desventajas competitivas, a la mayoría de las empresas extranjeras les sigue resultando rentable su presencia en el gigante asiático debido principalmente al descomunal volumen de su mercado y a la falta de fabricantes nacionales capaces de competir en el mercado internacional de productos de alta tecnología. Y es que no hay que tirar las campanas al vuelo ya que la producción industrial china sigue muy ligada al ensamblaje final de componentes, donde los márgenes de beneficio son muy pequeños, mientras que la parte más rentable, esto es el diseño y marketing de los productos finales, sigue en manos de las multinacionales extranjeras.

Por tanto, si nos alejamos de los tópicos y los discursos precocinados donde el sentir popular es que “los chinos nos comen”, sorprende descubrir que no están haciendo nada que no hayamos hecho antes en occidente, que no están “tan avanzados” todavía y que, pese a las quejas, nuestras empresas siguen beneficiándose de su presencia en China. Pero si hacemos caso de la historia, en este caso con características chinas, ¿veremos en el futuro a occidente copiando la tecnología china de nuevo?