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Algo más que amigos. Ángel Enríquez de Salamanca Ortíz.

El pasado 27, 28 y 29 de junio tuvo lugar en Hunan (China) la primera expo comercial entre China y África. A este evento asistieron más de 1.300 invitados de 53 países del continente. Se firmaron más de 230 proyectos para África por valor de casi 75 mil millones de  dólares. Desde hace siglos las relaciones entre China y África han existido, en parte gracias a la ruta de la seda, pero no ha sido hasta el siglo XXI cuando estas relaciones comerciales han tenido su mayor crecimiento.

África es, actualmente, el continente más inestable y pobre del mundo. Solo Liberia en 1847 y Etiopia (históricamente independiente) lograron su independencia en el siglo XIX. Tras décadas de esclavitud, violación de DDHH y saqueo, llegó la descolonización, pero a causa de esta, los países africanos quedaron arruinados y con dependencia de su ex metrópoli. Se sucedieron gobiernos títeres, disputas territoriales o guerras civiles como la de Sudán,  Somalia o Angola. África fue olvidada a su suerte.

A partir de 1993, China pasó de ser un exportador de petróleo a importador, lo que supuso un cambio para el desarrollo de África. Pero China busca algo más que recursos en África, busca una relación “win-win” en la que ambas partes salgan beneficiadas.
Según las estadísticas de la Administración General de Aduanas de China, en 2018, el volumen total de comercio entre China y África fue de 204.190 millones de dólares, un aumento interanual del 19,7%.  En 2018, la tasa de crecimiento  del comercio entre China y África fue la más alta del mundo.

En este mismo año, más de 3.700 empresas chinas han invertido en África en proyectos de transporte, electricidad, telecomunicaciones, agricultura, colegios y hospitales por valor de 46.000 millones de dólares. La construcción de infraestructuras ha sido una prioridad para China en el marco de la Nueva Ruta de la Seda, donde están involucrados más de 20 países africanos y cubre áreas de transporte o generación de energía. El pasado 30 de mayo, en Adís Abeba, el jefe de la misión China ante la Unión Africana (Lui Yuxi) llamó a más países africanos a que se unieran al proyecto del siglo, la nueva ruta de la seda, un megaproyecto que promoverá la unión y el desarrollo entre Asia y África.

Imágen: El Órden Mundial. https://elordenmundial.com/mapas/prestamos-de-china-a-africa/

Actualmente, África es un mercado de más de 1.100 millones de personas –no envejecidas y en aumento-  deseando consumir productos chinos como móviles, ordenadores o coches, lo que ha hecho que las exportaciones de China a África hayan alcanzado, en el 2018, los 9.550 millones de dólares. Un mercado que para finales del siglo XXI, superará los 4.300 millones de consumidores.

África necesita fondos para su desarrollo y China se los está concediendo al continente; más del 50% de los fondos de ayuda al desarrollo concedidos por Pekín van con destino a África. Además, en muchos casos estas concesiones de créditos son mucho mejores que las ofrecidas por el Banco Mundial. El enorme desarrollo en infraestructuras que ha sufrido África en los últimos años ha sido gracias a las multimillonarias empresas chinas (públicas y privadas) que cada vez están más interesadas en el continente. Para muchos países africanos, China representa una fuente bien recibida de estabilidad, un nuevo socio estratégico y un proveedor de ayuda al desarrollo.

Pekín ha invertido en el país africano en proyectos de desarrollo e infraes­tructuras como presas, centrales hidroeléctricas, industrial textil y planes agrícolas. Si damos algunos ejemplos, para la construcción de la presa de Merowe (Sudán) el gobierno chino prestó 608 millones de dólares al gobierno sudanés, el Exim Bank of China y el China Development Bank ya han desbancado al Banco Mundial como primer prestamista del mundo. En contrapartida está que las empresas chinas no se preocupan ni del impacto ecológico ni de la población local.

China ha contribuido con 750 millones en la construcción del nuevo aero­puerto internacional de Jartum, y con otros 750 millones para una nueva presa en el Nilo del norte. Se ha gastado, aproximadamente, 100 millones en fábricas textiles y 500 millones para construir refinerías de petróleo.

Otro ejemplo más de ayuda al desarrollo es el de la empresa china CMIC que recibió un contrato de 373 millones de dólares para construir un acueducto que transporta agua de la confluencia del río Atbara con el Nilo hasta Port Sudán. Esta empresa, además, tiene  otro contrato de 5,2 millones de dólares para abastecer agua a Atbara y Al Damr.

En Angola, en un solo año, el Exim Bank Chino llegó a prestar más de 2.000 millones de dólares al país africano con el aval del petróleo. De esta manera China ocupaba el lugar del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de las ayudas de la Unión Europea (UE). La financiación china se dedicó a realizar mejoras en las infraestructuras como, por ejemplo, 400 kilómetros de carreteras o la construcción del hospital general de Luanda.

En este mismo país, mientras que China & Road Corporation pidió 20 millones de dólares para realizar la carretera de 90 kilómetros que separa Viana de María Teresa, la compañía brasileña Queiroz de Galvão facturó 34 millones de dólares por el tramo que va de Viana a Cucuaco, de tan sólo 20 kilómetros. Aquí es donde se ve claramente las ventajas en costes que tiene el país asiático frente a sus competidores.

Las importaciones de China en 2018 de productos –no relacionados con recursos naturales- crecieron un 32% y la de productos agrícolas un 22%. A cambio, el 56% de lo que exporta China al continente son productos mecánicos o de alta tecnología.

También en Nigeria, el 12 de abril de 2018, en Abuja, el gigante de la construcción chino CCECC realizó un taller sobre carreras universitarias para algunos graduados universitarios nigerianos inmediatamente después de su servicio nacional de un año. El resultado de la capacitación fue una contratación inmediata de 50 de ellos por parte de esa firma. La gerencia de la compañía dijo que era uno de los primeros pasos hacia el empleo a gran escala de los nigerianos para garantizar que hubiera mano de obra nigeriana cualificada en la empresa. En menos de 15 años los estudiantes africanos en China han pasado de 2.000 a 50.000 en el año 2015 (USA y UK acogieron solo 40.000 al año). Gracias al “Plan de Cooperación 20+20”, en 2018, China se comprometió a proporcionar a África 50.000 becas gubernamentales y 50.000 oportunidades de capacitación para seminarios y talleres, e invitará a 2.000 africanos a visitar el país. Además, se lanzarán programas de asistencia médica gracias al Centro Africano para el control y la Prevención de Enfermedades para luchar contra la esquistosomiasis, la malaria o el sida.

China lanzará 50 proyectos de desarrollo ecológico para luchar contra en cambio climático, contaminación en océanos o desertificación en el continente gracias al “China-Africa Green Envoys Program”. Así mismo, el Instituto Confucio tiene presencia en más de 40 países de todo el continente, trasmitiendo la cultura y la lengua china.

En la reunión del FOCAC, en 2015, China prometió 60.000 millones de dólares en financiación para África, esto incluye 15.000 millones en préstamos sin intereses, 20.000 millones en líneas de crédito, 10.000 millones en fondos para el desarrollo y 5.000 millones para financiar las importaciones del continente así como ayuda en la lucha contra el terrorismo y condonación de deuda a los países más necesitados del continente. Desde el año 2000 al 2016, China ha prestado al continente más de $125.000.000.000.

Bajo la administración de Donald Trump, EEUU ha criticado estos préstamos por el endeudamiento del continente y porque pueden hacer perder la soberanía a los países africanos. China rechaza las críticas y, a pesar de  esto, gran parte de la deuda del continente es con instituciones financieras occidentales o en eurobonos.

Desarrollo en infraestructuras y en energía, desarrollo económico, cultural, social, medio ambiental… China lleva 10 años siendo el mayor socio comercial de África y, una cooperación y desarrollo con todo el continente será fundamental para que China pueda seguir manteniendo sus relaciones con todo el territorio africano, una relación que va más allá del petróleo, trabajando juntos para el desarrollo común, una relación que heredaran los hijos de China y África. El gigante asiático está listo para tener un papel constructivo y de paz con África, porque, como dijo Presidente Xi Jinping en la reunión del FOCAC de septiembre de 2018, “nadie que se mantenga solo en una isla tendrá jamás futuro”

THE ASIAN DOOR: China y Estados Unidos, dos estrategias para África. Águeda Parra

Las estrategias de Estados Unidos y China en África están lejos de coincidir. Difiere el enfoque, apostando Washington por la seguridad militar para combatir la amenaza del terrorismo, mientras que Beijing fomenta estrechar lazos comerciales y dotar al continente de financiación para abordar proyectos energéticos y de infraestructuras. Un enfoque que también difiere en la puesta en escena. Mientras China organiza el Foro de Cooperación China-África (FOCAC, en inglés) cada tres años, Estados Unidos condensa su nueva estrategia para África en un documento, publicado el pasado 13 de diciembre.

Siendo las necesidades del continente africano todavía considerables, tanto el enfoque de seguridad militar que aporta Trump, como el fomento del desarrollo económico con inversión en infraestructuras y energía que promueve Xi, cubren ampliamente dos ámbitos de cooperación muy bienvenidos para la región. La cuestión reside, sin embargo, en que mientras la estrategia de Estados Unidos algunos la catalogan como de retirada de la primera potencia mundial de África, China está encontrando en el continente africano su tabla de salvación para mitigar las posibles réplicas que generará la guerra comercial que está lastrando el desarrollo económico del país.

Tres meses después del exitoso evento diplomático que reunía en Beijing a 53 de los 54 países africanos en torno a la celebración trianual del FOCAC, con la excepción de Suazilandia, único país del continente que mantiene el reconocimiento a Taiwán, Washington desvelaba su estrategia en África centrada en tres ejes estratégicos. El primero, orientado a combatir el creciente poder de potencias como China y Rusia, siendo el gigante asiático el principal competidor de Estados Unidos, principalmente por la posición de China en Djibouti, primera base militar desplegada fuera del país. El segundo eje responde a la amenaza del terrorismo radical islámico, mientras el tercero está orientado a asegurar el buen uso de la asistencia económica estadounidense en el continente.

Frente a la propuesta de defensa y seguridad de Estados Unidos, Djibouti solamente es una parte de la estrategia de China en la región que, además de la componente militar, incluye afianzar los lazos diplomáticos y la financiación económica para impulsar la inversión de proyectos de infraestructuras y energía asociados a la Belt and Road Initiative (BRI), como se conoce en inglés a la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda. La apuesta por la región mantiene una financiación de 60.000 millones de dólares, misma cifra que la comprometida en el foro celebrado en 2015, acabándose así con la tendencia de eventos anteriores de aumentar la financiación, creciendo desde los 5.000 millones de dólares en 2006, a 10.000 millones en 2009 y 20.000 millones en 2012. Una financiación que en esta edición se encuadra en ocho campos de actuación, desde promoción industrial, mejora de las conexiones, promoción del comercio, desarrollo sostenible, creación de capacidad, salud e higiene, intercambios culturales, y paz y seguridad.

En esta ocasión, la incertidumbre económica motivada por la guerra comercial ha obligado a mantener el compromiso financiero en la misma cuantía que en 2015, aunque variando la composición. La primera novedad supone reducir la cantidad asignada para ayudas, préstamos a interés cero, préstamos en condiciones favorables y líneas de crédito, pasando de los 40.000 millones de dólares de 2015 a 35.000 millones de dólares, buscando de esta forma asegurar el retorno de la inversión y la viabilidad comercial. Como segunda novedad, las empresas chinas se incorporan al modelo de financiación con África, responsables de aportar en tres años al menos 10.000 millones de dólares del total comprometido.

Con todo, África sigue siendo de las regiones hacia donde fluye menos inversión china, en comparación con otras regiones. El stock de inversión extranjera directa de 100.000 millones de dólares a finales de 2017 supone la mitad de los 200.000 millones de dólares que acumulan regiones como América Latina en el mismo período. Pero, aunque de menor cuantía, la inversión china consiguió generar tres veces más empleo que Estados Unidos en 2017, según un informe de Ernst & Young.

Más allá de la financiación, China también persigue en África asegurar su abastecimiento de recursos energéticos. El objetivo se centra en mitigar los efectos de la guerra comercial, reduciendo la dependencia del 40% del crudo que importa China de Oriente Medio, y aumentar la importación procedente de África, que representa el 20% del total, una tendencia que ya se ha consolidado durante 2018. Pero, además de asegurar sus reservas de crudo, China tiene ante sí un mercado de tamaño similar al suyo, formado por cerca de 1.200 millones de personas, a los que ofrecer toda una amplia gama de productos.

Dos visiones bastantes dispares de las dos potencias mundiales más importantes que parecen reproducir el esquema seguido en otras latitudes como en el Indo-Pacífico, donde el apoyo para el desarrollo económico corre a cargo de China mientras Estados Unidos sigue siendo el garante de la seguridad mundial. Sin embargo, para China la cooperación sur-sur, está resultando ser especialmente fructífera con África, un refugio donde asegurar en los próximos años la viabilidad económica de sus proyectos económicos y militares. (Foto: Thomas Retterath)

Las Relaciones Comerciales entre China y Guinea Ecuatorial. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

Introducción:

El rápido crecimiento de China desde su apertura económica en 1978 y, sobre todo, desde su incorporación a la Organización Mundial de Comercio (OMC) el 11 de diciembre 2001, han obligado al país asiático a buscar recursos energéticos más allá de sus fronteras, con el fin de poder mantener este crecimiento económico y poder abastecer a una población de más de 1.350 millones de habitantes. Esta búsqueda de recursos ha llevado al país asiático, entre otros muchos países, hasta Guinea Ecuatorial, un pequeño país centro africano, donde se descubrió petróleo en 1996.

El Impacto económico de China en Guinea Ecuatorial.

La República de Guinea Ecuatorial, es un pequeño país de algo más de 28.000km2 y situado en el golfo de Guinea que cuenta con una población de más de 1,2 millones de habitantes.

Su economía se basa en los hidrocarburos que representan en torno al 70 por ciento del PIB del país y entre el 85-90 por ciento de las exportaciones por lo que la caída de los precios en el año 2015 supuso una reducción en la inversión y gasto público y una reducción del superávit en la balanza comercial. Si tenemos en cuenta su pequeño territorio (algo más de 28.000km2 o el 0,09% del territorio de África), podemos decir que es un país con gran cantidad de recursos petroleros ya que cuenta con unas reservas de 1.100 millones de barriles, lo que representa un 0,9 por ciento de las reservas totales de petróleo de África, lo que hizo que en el año 2017 fuera el séptimo productor de petróleo del continente.

Para este mismo año 2017, el total de exportaciones fue de 7.059 millones de dólares, de los cuales más de 6 mil millones de dólares fueron exportaciones de petróleo. El principal destino fue China (17,2%), Corea del Sur (15,6%) y España (9,4%). Durante los últimos años estas exportaciones han sufrido altibajos debido a las fluctuaciones del precio del petróleo, que ha estado por encima de los 100 USD el barril desde principios del año 2011 a caer a algo más de 30 USD en enero 2016, una caída del 70% en solo 5

años. Esta caída del precio del petróleo se ha visto reflejada en la economía del país africano que ha pasado de un PIB en 2013 de 21.943 millones de dólares a los 12.487 millones de dólares en 2017, lo que refleja su clara dependencia de las exportaciones de petróleo.

Por el lado de las importaciones, en el año 2017 alcanzaron un valor de 4.730 millones de dólares de productos manufacturados procedentes principalmente de Holanda (17%), España (16,5%) y China (15%).

La disminución de los ingresos del petróleo (caída de los precios), los gastos en infraestructuras o la falta de diversificación económica (centrada en el petróleo) han hecho que en los últimos años la economía del país se resienta, dejándose, aproximadamente, un 50% de su PIB desde 2012.

Como vemos en la figura 1, el riesgo del país está calificado como D (Riesgo Alto) por Euler Hermes.

Fig. 1. Calificación de riego de Guinea Ecuatorial
[Fuente: Euler Hermes: https://www.eulerhermes.com/en_global/economic-research/country-reports/Equatorial-Guinea.html]

En la tabla 1 se muestran los datos macroeconómicos de Guinea Ecuatorial y sus relaciones con China:

Tabla 1. Datos macroeconómicos de Guinea Ecuatorial y sus relaciones con China
[Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos1]
1 Las fuentes utilizadas han sido: Banco Mundial, Instituto Estadística de China y Statista.com

Como se observa en la tabla 1, el volumen de comercio ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar más de 3.569,71 millones de dólares en 2014 para caer hasta los 780,14 millones de dólares en el año 2016, arrastrado por la caída de las exportaciones que en un año descendió desde los 3.217,19 millones de dólares hasta los 631,85 millones de dólares; el volumen de comercio se redujo un 80,35 por ciento.

En la figura 2 se observa el peso que han tenido las exportaciones hacia China sobre el PIB de Guinea Ecuatorial:

Fig.2 Volumen comercio y Exportaciones guineanas entre China y Guinea Ecuatorial (2005-2017). [Fuente: elaboración propia a partir de la tabla 1.]

Fig.2 Volumen comercio y Exportaciones guineanas entre China y Guinea Ecuatorial (2005-2017). [Fuente: elaboración propia a partir de la tabla 1.]

Como vemos, a partir del año 2008 el volumen de comercio descendió debido a la caída de los precios del petróleo que se produjeron en este año, para a partir del año 2010 alzarse hasta los más de 3.500 millones de dólares y por último caer hasta poco más de 1.500 millones de dólares. Hay que añadir que del volumen de comercio, casi la totali-dad, es debido a las importaciones de China, que en su mayoría consisten en petróleo.

El valor de estas importaciones chinas está muy ligado a los precios del petróleo que como ya hemos comentado han sufrido muchos altibajos en los últimos años

Por último, añadir que durante los primeros años casi el total del volumen de comercio fueron exportaciones con destino a China, es decir, apenas hubo exportaciones por parte de China hacia Guinea Ecuatorial.

El crecimiento del país africano está muy ligado al crecimiento de China que, si mantiene tasas positivas de crecimiento del PIB, seguirá importando petróleo de Guinea Ecuatorial, un recurso natural básico para la economía del país africano y que, como hemos visto, puede llegar a suponer el 25% de las exportaciones de Guinea (Año 2006), lo que significa que si China sigue creciendo seguirá importando petróleo de Guinea, lo que provoca un tirón en la economía del país.

Conclusión:

Desde 1993 las ayudas del Banco Mundial y del FMI a Guinea Ecuatorial han sido cortadas debido a la corrupción interna del país, por el mal uso de los ingresos petrolíferos y la falta de transparencia antes estos organismos. Estados Unidos también ha cortado esta ayuda a este país con el fin de proteger a las víctimas de la trata. Pero no solo esto, en Guinea se encuentra una de las cárceles más peligrosas del mundo, Black Beach, donde las violaciones y torturas están a la orden día. La violación de los derechos humanos, torturas, delincuencia en lugares públicos o los asaltos están presentes en la vida de Guinea Ecuatorial. Mientras tanto, su presidente, Teodoro Obiang, que lleva en el poder desde 1979, nada hace para que esta riqueza proveniente del petróleo llegue a los ciudadanos, que la gran mayoría vive con menos de 1 dólar al día, y casi la mitad de los niños no están matriculados en la escuela.

En otro lado esta China, que obviamente no va a apoyar una democracia en Guinea (China tampoco es una democracia y países como Francia, EEUU o España lo consideran una dictadura), pero sí debería, como potencia mundial, fomentar el desarrollo del país con sanciones económicas para que sus dirigentes canalicen esa riqueza y llegue a toda la población civil y no solo a unos pocos. Fomentar el desarrollo del país y la diversificación, para no depender tanto del petróleo, son tareas que China debe tener con Guinea. Guinea es un país muy rico y con más de 1 millón de personas y, si ambos países crecen juntos, podrán sacar mucho más provecho de sus relaciones económicas. Si las relaciones económicas entre ambos países siguen mejorando, Guinea Ecuatorial tiene una posición estratégica notable para ser una puerta de entrada hacia los países de la CEMAC, hacia otros mercados como Nigeria o Angola y hacia todo el continente, una posición estratégica que China debe saber aprovechar.

 

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

INFORME: Las Relaciones Comerciales entre China y Angola (y 2). Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

Segunda parte del artículo de Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz, Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

La ayuda de China
Tras la guerra, el gobierno de Angola necesitaba financiación para la reconstrucción del país. El problema era que los países y los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) exigían a Luanda reformas en el sector económico, financiero y político, en tanto que China era mas permisiva.

En un solo año el Exim Bank Chino llegó a prestar más de 2.000 millones de dólares al país africano con el aval del petróleo angoleño. De esta manera China ocupaba el lugar del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de las ayudas de la Unión Europea (UE). La financiación china se dedicó a realizar mejoras en las infraestructuras como, por ejemplo, los 400 kilómetros de carreteras anteriormente citados, o la construcción del hospital general de Luanda. Cuando estas empresas chinas intervienen en Angola, tienen unos costes reducidos, especialmente si comparamos los sueldos de sus trabajadores con los de la competencia portuguesa o brasileña. Con una gran rapidez de ejecución y unos precios que impiden cualquier competencia, las empresas chinas no tienen rival. El nuevo hospital general de Luanda, por ejemplo, se construyó en apenas quince meses por la Sociedad china de ingeniería externa (Oozebap, 2006) https://www.oozebap.org/text/china-africa.htm. Por poner otro ejemplo, mientras que China & Road Corporation pidió 20 millones de dólares para realizar la carretera de 90 kilómetros que separa Viana de María Teresa, la compañía brasileña Queiroz de Galvão facturó 34 millones de dólares por el tramo que va de Viana a Cucuaco, de tan sólo 20 kilómetros. Aquí es donde se ve claramente qué ventajas saca China de estas diferencias tan impresionantes de costes (Oozebap, 2006).

Otro proyecto http://www.embajadadeangola.com/noticias/noticia-110517-5.html de China en Angola, es la construcción de centrales hibridas para producir electricidad a partir de gasóleo y luz solar. El proyecto estará financiado por la empresa china Dongfang Electric Corporation (DEC) que aportara 225.000.000€. Este contrato incluye la instalación de líneas de transporte y, dada la necesitad de suministro eléctrico, la instalación y mantenimiento de 3 centrales que generan energía con gasóleo para las ciudades Moçamedes, Luena y Menongue. Hay que añadir que en Angola apenas el 32% de la población urbana tiene acceso a la electricidad.

La conclusión que se puede extraer de los párrafos anteriores es que China es el principal comprador de Angola (43,8% de las ventas angoleñas) y su principal vendedor (22,1% de las compras angoleñas) http://wits.worldbank.org/countrysnapshot/es/AGO. El volumen de comercio entre ambos países alcanzó su máximo en el año 2014, con un total de más de 37.000 millones de dólares.

Visión numérica
En la tabla 1 podemos ver cómo ha ido evolucionando la economía de Angola desde el 2005 hasta el 2016 y sus relaciones con China. Como vemos, las relaciones entre ambos países han ido aumentando año tras año y, se han multiplicado por 6 entre 2005 y 2014, para, en el año 2016, desplomarse hasta los 15.646 millones de dólares, posiblemente debido a la caída del precio del petróleo, arrastrando al PIB y, como es lógico, a las exportaciones de Angola, incluidas a las que tienen destino China.

Tabla 1. Datos macroeconómicos de Angola y su relación con China.
[Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos de Banco Mundial, Instituto Estadística de China y Statista.com]

Conclusiones
China en un socio comercial muy fuerte en el país africano y ha llegado a abarcar más de la cuarta parte del PIB de Angola a través de las exportaciones (un 25,60% en el año 2013). Angola necesita a China para obtener la financiación necesaria para seguir con su desarrollo económico y China necesita a Angola para obtener, no solo petróleo, sino tambien los recursos necesarios para su crecimiento económico y poder seguir siendo una de las potencias más fuertes del planeta. Si verdaderamente se busca una relación win-win, China debe saber muy bien como jugar sus cartas para poder ayudar a estos países y no caer en los errores del pasado.

Angola debe, no solo cooperar o comerciar con China, sino que, debe tomar una posición más dominante y darse cuenta de la necesidad que tiene China de sus abundantes recursos naturales y, sobre todo, saber cómo utilizar esta ayuda China para poder crear una economía prospera y no tan dependiente del petróleo ni del país asiático.

China está muy presente en todo África y, tanto los políticos, gobernantes o incluso la Unión Africana deben debe saber cómo utilizar de forma eficiente esta ayuda para conseguir el desarrollo de todos los países y del continente en su conjunto.

En cualquier caso, como ya hemos comentado, China debe ser muy cautelosa y tener muy en cuenta los errores que se cometieron en el pasado, unos errores muy presentes en África y que pueden marcar el devenir de sus relaciones.

INFORME: Las Relaciones Comerciales entre China y Angola (1). Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

Introducción

Desde el momento en que China inició su proceso de liberalización económica -concretamente en 1978 bajo el liderazgo de Deng Xiaoping- el país ha visto crecer su Producto Interior Bruto, a ritmos que se sitúan alrededor del 10% anual, gracias a centrarse fundamentalmente en la inversión, el ahorro y las exportaciones. La necesidad de comerciar con el mundo exterior llevó a China a convertirse en miembro de la Organización Mundial del Comercio en 2001 y, de hecho, se ha convertido en el gran centro de producción de bienes y productos mundiales. Este rápido crecimiento del PIB ha obligado al país a buscar recursos fuera de sus fronteras, y, así, poder mantener ese ritmo económico, tanto para poder satisfacer a una población que supera los 1.300 millones de habitantes como a la gran cantidad de clientes foráneos. El otro gran actor, el África Sub-Sahariana, produce alrededor de 6 millones de barriles de petróleo al día, lo que supone un 7 por ciento de toda la producción mundial. Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE, 2013) http://www.eia.gov/pressroom/presentations/howard_08012013.pdf, el continente africano en su conjunto produce el 13 por ciento de la producción mundial, siendo el cuarto productor mundial, detrás de Oriente Medio (30 por ciento), América del Norte (20 por ciento) y Eurasia (15 por ciento), y, delante de Europa con solo el 4 por ciento. Aunque las cifras africanas no son rivales para los tres primeros, sí son interesantes para China porque, debido a los altos riesgos socio-político-económicos de la región, las empresas del mundo desarrollado son poco proclives a invertir en la zona si pueden hacerlo en lugares menos conflictivos o arriesgados, y, esto, ha permitido a China una posición de negociación privilegiada con los principales países productores de materias primas.

El Caso de Angola:

Tras su independencia de Portugal en 1975, el país africano se sumergió en una guerra civil que no vio su fin hasta 27 años después, el año 2002. El país ha visto crecer su PIB a ritmos altos desde la segunda mitad de los años 90 y en especial desde que acabara la guerra civil. En 2017 la cifra del PIB de Angola fue de 124.209 millones de dólares (Banco Mundial) con un incremento de más del 993% desde su independencia (Datos obtenidos del Banco Mundial: EL PIB en Angola 2002 era de 12.497 millones de dólares. http://datos.bancomundial.org/pais/angola), gracias, sobre todo, a la producción de petróleo que supone un 60 por ciento de su Producto Interior Bruto (Corkin, 2009). Angola es uno de los países con más reservas de petróleo de África, con más de 8.000 millones de barriles (https://www.indexmundi.com/map/?v=97&l=es), es el productor de petróleo de África de crecimiento más rápido, y su petróleo es muy valorado en el mercado por su bajo contenido en azufre. Además de petróleo, Angola pose recursos naturales como diamantes, uranio, oro, mineral de hierro, o textiles entre otros. Pero, el país es muy dependiente de las exportaciones de petróleo, que suponen el 89% del total de exportaciones, algo más de 22.500 millones de dólares (OEC).

Los ingresos públicos, que se han beneficiado del enorme aumento de los precios del petróleo hasta 2014, han sido impulsados por la creciente demanda de China, aunque la extremada volatilidad de los precios experimentada recientemente junto a su descenso ha hecho estragos en la planificación presupuestaria. Angola es el segundo mayor proveedor de petróleo de China a la que satisface el 12 por ciento de sus necesidades de importación de petróleo (https://atlas.media.mit.edu/es/visualize/tree_map/hs92/import/chn/show/2709/2016/) y es sólo superada por Nigeria, que es el mayor productor africano y el principal exportador de petróleo a China. Angola compite actualmente con Nigeria por hacerse con el puesto de mayor productor de petróleo de África, con unas reservas probadas de casi 8.000 millones de barriles

Las relaciones entre China y Angola comenzaron mucho antes de que la guerra civil en el país africano acabara, y se han intensificado de manera significativa después del fin de la guerra civil en el año 2002. En el año 2016, la balanza comercial de Angola mostraba que casi la totalidad de las exportaciones fueron de petróleo (89%), los diamantes fueron la segunda fuente exportadora (7,5%), y, en cantidades mucho menos importantes estuvieron el café, sisal, pescado, madera y algodón. El valor total de las exportaciones se situó en torno a los 25.400 millones de dólares, siendo sus principales clientes China 49%, EE.UU. 10%, India 7,1%, Sudáfrica 5,0% ó España 3,2%. En cuanto a las importaciones, China fue el principal vendedor, con el 17% de las importaciones totales de Angola, con 1,68 mil millones de dólares seguida de Portugal (1,66 mil millones de dólares) y Estados Unidos con el 8,5% (827 millones de dólares) https://atlas.media.mit.edu/es/profile/country/ago/#Exportaciones.

Para completar esta imagen de Angola, podemos resumir que sus Debilidades y Fortalezas son las siguientes:

Debilidades:
Las debilidades mas importantes de Angola son:
– El riesgo país de Angola es alto (Calificado con D por Euler Hermes. Sobre las debilidades y fortalezas véase http://www.eulerhermes.com/economic-research/country-reports/Pages/Angola.aspx), siendo sus principales debilidades:
– Alta deuda
– Baja diversificación de las exportaciones: el petróleo representa el 96% de los ingresos por exportaciones. Vulnerabilidad a la volatilidad en los mercados mundiales ya potenciales grandes oscilaciones en los precios del petróleo
– Necesidad de recursos financieros para reconstruir el país.
– Alta pobreza
– Percepciones de corrupción y falta de transparencia en las cuentas petroleras. Confian-za limitada en el liderazgo del país y baja inversión de las economías avanzadas en los sectores no petroleros
– A lo anterior hay que añadir que la región de Cabinda, al norte, y separada por la R.D. del Congo, es una de las regiones más ricas de petróleo y en sus tierras se produce más de la mitad de la producción de Angola. Esta región es muy conflictiva debido a los movimientos separatistas que han sido apoyados por países o por empresas petroleras

Fortalezas:
– Elecciones relativamente pacíficas
– A pesar de la frontera con la República Democrática del Congo, no hay amenazas significativas a la seguridad de las fuerzas externas
– Pertenece a la OPEP.
-Segundo mayor productor de petróleo de África subsahariana, con reservas probadas de más de 20 años de producción adicional a los ritmos actuales de extracción
– Además de los hidrocarburos, posee importantes recursos naturales a través de sus sectores minero (incluyendo diamantes) y agrícolas
– Las considerables entradas de IED de las economías avanzadas y emergentes en los últimos años.

Primera parte del artículo de Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz, Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

THE ASIAN DOOR: La nueva Ruta de la Seda se extiende por África Occidental. Águeda Parra

Pasados cinco años desde que Xi Jinping pusiera en marcha la mayor iniciativa de infraestructuras mundial bajo el nombre de la nueva Ruta de la Seda, comienzan a estar operativos los proyectos más emblemáticos en Asia Central, el Sudeste Asiático y Europa. Los flujos comerciales entre estas regiones con China se han incrementado considerablemente, creciendo en la misma medida que lo ha hecho la influencia de China en los países por los que pasa la ruta.

Si en una etapa inicial fueron los proyectos de los corredores terrestres los primeros en ser anunciados y, por lo tanto, en estar operativos, ahora son las infraestructuras que forman parte de la Ruta de la Seda Marítima las que están copando un mayor interés. El denominado como “Collar de Perlas” que China está desplegando por todo el Océano Índico mantiene en tensión a la India, al verse rodeada por la influencia de China a través de los puertos que financia en Myanmar, Sri Lanka y Pakistán. Proyectos que mejorarán el desarrollo de estos países y su integración regional, pero que posibilitan, asimismo, que China desarrolle una presencia naval que le permita convertirse en un agente relevante en el Indo-Pacífico aprovechando la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en la región.

África es otro de los puntos clave de la Ruta de la Seda Marítima donde China tiene desplegada su primera base militar fuera del territorio chino, en Djibouti, y donde está desarrollando el puerto de Bagamoyo, en Tanzania, para que funcione como hub regional en el continente y como punto de conexión con las rutas marítimas que viajan hacia Europa y China. En África Oriental, la mejora y expansión de las vías férreas de la época colonial centran el desarrollo de la línea que conecta Mombasa con Nairobi, la capital de Kenia, una conexión que está previsto se extienda por Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi, Sudán del Sur y Etiopía.

La segunda fase de la apuesta de China por el compromiso de desarrollo de África, y por seguir desplegando su influencia a través de la Ruta de la Seda Marítima, es incorporar a África Occidental a OBOR (One Belt, One Road), como se conoce más comúnmente a la iniciativa, rivalizando con Francia en una región de influencia francófona. Al desarrollo de las vías férreas, carreteras y puertos que se están desarrollando en la parte oriental del continente, se unirán otros tantos proyectos que China pretende desarrollar en la región occidental. Entre ellos, destaca el único desarrollo cuyo acuerdo está cerrado y que plantea construir una línea de ferrocarril que permita a Mali tener acceso al mar a través de la conexión con el puerto de Conakry, en Guinea.

Con este objetivo en mente, Xi Jinping ha aprovechado la sesión de la X Cumbre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), celebrada en Johannesburgo entre el 25 y 27 de julio, para hacer su primera visita de estado a Senegal los días el 20 y 21 de julio. Senegal se convierte así en el primer país de África Occidental al que viaja Xi Jinping, siendo ésta la cuarta vez que el presidente chino visita el continente.

El objetivo de la visita es múltiple. Por una parte, Senegal significa para Xi Jinping la puerta de entrada para seguir desplegando la emblemática Ruta de la Seda por África Occidental. El desarrollo de la zona económica especial (ZEE) de Dakar, capital de Senegal, en la que participa China, le permite al gigante asiático poder exportar los productos manufacturados en esta ZEE hacia los mercados europeos y estadounidenses. Por otro lado, el desarrollo del puerto de Dakar posibilitaría que China se ubicara en un punto estratégico en África Occidental con salida al Atlántico, complementando la conexión con el Índico que tiene desde el puerto de Djibouti, en el extremo opuesto del continente.

Entre los objetivos existe un tercer factor a tener en cuenta que implica reducir el número de países que reconocen a Taiwán como estado. El apoyo de Senegal ha ido cambiando con el tiempo desde que consiguiera la independencia de Francia en 1960, reconocimiento en un primer momento a Taiwán sobre China. Desde entonces, el posicionamiento de Senegal no ha sido firme, cambiando su apoyo hasta en tres ocasiones, de ahí que China persiga con la incorporación de Senegal a OBOR mantener en el tiempo el reconocimiento de China sobre Taiwán vigente desde 2005.

Mientras Europa y Estados Unidos se alejan más de los objetivos de desarrollo de África, China se posiciona como primer socio comercial del continente tras desbancar a Estados Unidos hace ya más de diez años. De ahí, que el despliegue de la nueva Ruta de la Seda por África Occidental cumpla perfectamente con los objetivos de China, que ya es el segundo socio comercial de Senegal, de seguir expandiendo su influencia económica, comercial y diplomática por toda África. (Foto: José Rambaud, Flickr)

La inmensa tarea de Enmanuel Macron. Por Julio Trujillo.

En su discurso de la noche electoral, ante sus seguidores y a las puertas del Louvre, el elegido nuevo presidente Macron insistió no menos de cinco veces en que tenía ante sí una inmensa tarea y subrayó la necesidad de crear las condiciones para que, en cinco años, los que ahora han votado en clave populista no se sientan tentados a volverlo a hacer. Es verdad que es una inmensa tarea en la que se suman la necesidad de articular en menos de un mes una formación política que le dé un grupo parlamentario en las elecciones de junio y esbozar las primeras medidas que transmitan un mensaje reformista a quienes le ha votado.

Sin embargo, el tirón electoral hacia la extrema izquierda y la extrema derecha tienen una misma base sociológica e ideológica por encima de las apariencias  (nostalgia de un Estado providencial, rechazo a toda medida liberal, desconfianza en la Unión Europea y melancolía mitificada de la época del franco francés), y esto va a ser leído por todo el espectro político, y también por el presidente Macron como un mensaje para reorientar algunas políticas. Por eso, algunas de las medidas anunciadas por Macron en la campaña electoral van a ser meditadas con mucho cuidado. De hecho, ya en la misma noche electoral, la parte de la izquierda que ha apoyado a Macron ya insistía en la necesidad de abandonar la senda de la austeridad para contentar a la demagogia populista, es decir, gastar más dinero público en contentar a esos sectores que en tomar medidas para impulsar una economía más competitiva. En todo caso, en este terreno el debate ya existe hace meses y los límites del mismo los marcará Alemania, que también tendrá que enfrentarse en poco tiempo, en septiembre, a elecciones generales.

Pero sí hay un terreno en el que Macron puede emitir mensajes que aglutinen a gran parte de la nación, y es en la política exterior y de defensa en las que el presidente va a sacar músculo nacional y aumentar el protagonismo francés en la escena internacional, insistiendo, como todos sus predecesores, en sugerir una grandeur hace tiempo en decadencia si es que existió alguna vez. Ya ha hablado el entorno presidencial de encuentros más o menos inminentes del presidente Macron con Merkel, Putin y Trump. Con Gran Bretaña fuera de la UE, Francia va a levantar la bandera europea en torno a su política exterior que será beneficiosa para toda la Unión según cada caso.

Partiendo de esta hipótesis, ¿dónde tratará Francia de escenificar su ascenso a las potencias? Ya lo hace en África, donde lleva décadas compitiendo con discreción con Estados Unidos, pero ha estado siendo desplazada de Oriente Próximo en donde fue potencia colonial, y es bastante plausible que trate de reaparecer con iniciativas propias, tal vez no muy alejadas de las de Putin, en aquella zona partiendo del conflicto sirio. Y aquí Francia va a intentar presentar una defensa de sus intereses nacionales con la bandera de la Unión Europea y con el apoyo de los socios de la UE entre los que no estará totalmente de acuerdo Gran Bretaña. Y también Asia-Pacífico. Europa, y por lo tanto Francia, no pueden ignorar el protagonismo chino y los riesgos de Corea del Norte en una zona de la que la UE lleva décadas desaparecida.

Este es el escenario para una Francia desgarrada, necesitada de referencias en una Europa que ha respirado de alivio por el presente inmediato pero que tendrá que asegurar el futuro. Es, efectivamente, una inmensa tarea.

¿Un año rumbo a la catástrofe?

2017 comienza percibido por gran parte de la opinión pública mundial como un año de incertidumbre y muchos apuntan que se inicia un rumbo hacia la catástrofe. Es, en gran parte, un sentimiento subjetivo que se justifica con criterios dispares. En realidad, este pensamiento está asentado sobre imágenes creadas en los grandes medios de comunicación, que tiene no poco que ver con posicionamientos ideológicos y viejos prejuicios.

Si se analizan los argumentos que se apuntan tenemos tres grandes líneas de pensamiento: los terribles conflictos suscitados por el islamismo radical; la emergencia de los populismos en los que los discursos de la extrema derecha y de la extrema izquierda coinciden inquietantemente, y, cómo no, la elección de Donald Trump para ser presidente de los Estados Unidos los próximos cuatro años. Y una cuarta línea, ya sostenida en el tiempo: el apocalipticismo general que mete en un mismo saco todas las profecías del horror: la catástrofe climática, el auge de la pobreza y la suprema miseria moral.

Sin embargo, los datos desmienten esos argumentos. Si enumeramos los conflictos bélicos existentes, concluimos que hay menos que nunca desde la Guerra Mundial, aunque el impacto audiovisual y del terrorismo cuando golpea Occidente amplifican sus ecos; los populismos merecen una atención pero, de momento, no hay una ola antidemocrática aunque esté más en los medios de comunicación que en las urnas, y Trump, cuyo principal error es su imprudencia, no ha definido una política que se concrete en una ruptura con la tradición republicana. Y recuérdese que se dijo lo mismo de Reagan y los Bush, padre e hijo. Además, las cifras hablan de crecimiento económico en África y de recuperación, lenta y desigual, en casi todas partes.

Eso no quiere decir que no haya riesgos. En la zona Asia Pacífico la tensión aumenta como consecuencia del rearme naval chino, el repunte del nacionalismo japonés, la anomalía agresiva de Corea del Norte y el refuerzo del protagonismo ruso, asuntos que exigen un análisis por separado y relacionándolos. Es en ese contexto en el que la imprudencia de Trump puede ser el desencadenante de elementos de crisis más graves. Hay que esperar que el pragmatismo chino, la contención japonesa y los elementos de equilibrio interno de Estados Unidos serán necesarios y determinantes.