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Corea del Norte vuelva a la carga. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El “Rocket man”, el célebre nombre que le dio Trump a Kim Jong-un vuelve a poner sobre la mesa la razón de la prueba que Pyongyang llevó a cabo el pasado sábado. Sin haberse dado a conocer mayores detalles, de momento se sabe que tuvo lugar en el noroeste del país en la base de lanzamientos de Sohae.

Mientras tanto, el embajador norcoreano ante Naciones Unidas aseguraba el mismo día de la prueba que la desnuclearización está fuera de la mesa. Mientras, afirmaba que había sido un truco que ayudaba a una agenda política.

Todo lo relacionado con Corea del Norte está estratégicamente planificado. El lanzamiento del misil se hace paralelamente a la publicación de un comunicado en el que afirman que ellos no seguirán avanzando en las negociones que incluyan la desnuclearización.

Lo cierto es que “la desnuclearización total y comprobada”, que ha sido el punto de partida de la negociación por parte de Washington nunca ha estado considerada seriamente por los norcoreanos. Sería como entregar la mayor inversión, el mejor poderío que tienen y ponerse -por decisión propia- en una de extrema vulnerabilidad que no le traería ningún beneficio a la cúpula política, y ellos lo saben bien.

La escalada en los “pasos provocadores”, tal y como los denominó Stephen Biegun -el encargado especial de los Estados Unidos para Corea del Norte-, son la prueba que Kim Jon-un necesita que se hable de él, que se retome la importancia del riesgo que representa Pyongyang para el mundo. La situación entre ambas naciones ha estado estancada después de que Trump se retirara de Vietnam el pasado mes de febrero.

Kim Jon-un está activamente apostando por el juego de presión a Washington con la prueba de misiles. Es a lo que él sabe jugar bien, y hay que admitir, además, que le ha salido bastante bien con Trump, pues ha conseguido levantamiento de la presión extrema que hubo el primer año de gobierno de Trump.

Tal y como ha afirmado Sue Mi Terri -especialista en Corea- “lo único que se ha conseguido durante la legislatura de Trump es agregar romance a la relación entre Washington y Pyongyang”. Objetivamente no se sabía qué se podía conseguir con ofrecerle al líder norcoreano la oportunidad de actuar como un líder internacional, y se le dio, y más de una vez, pesar de ser un tirano. Y en cada oportunidad se ha podido comprobar que no se avanza nada, porque él no está dispuesto a comprometerse y perder su poder misilístico y nuclear.

Victor Cha afirmaba en un evento sobre Asia en CSIS -uno de los think tanks más prestigiosos de Washington- que a él no le sorprendería que la Administración Trump llegara a algún tipo de acuerdo con Corea del Norte antes del fin de año. A un acuerdo no significativo o bueno en realidad, pero lo haría para poder decir que ha conseguido un acuerdo. Y además desviaría el foco de atención doméstico que es “su impeachment” o juicio político, que tiene acaparada la atención mediática.

Cha insiste en que a él le preocupa que se esté considerando el tema de Corea del Norte dentro de la agenda electoral presidencial del 2020. Afirma “históricamente ha sido un tema importante pero no que afectaba las elecciones internas de los Estados Unidos. Pero en realidad, lo que ocurre con esta Administración es que la única política exterior de la que se han ocupado, y el presidente personalmente, ha sido Corea del Norte”.

En los puntos de discusión entre Washington y Pyongyang tampoco se han tocado los Derechos Humanos en Corea del Norte, a pesar de que ha sido un punto clave en las conversaciones históricas. Pero Trump ha preferido dejarlo fuera por el grado de sensibilidad que tiene para con el régimen de Kim.

Hubo muchas expectativas y esperanzas de que Trump, con su irreverencia y particulares formas pudiera conseguir lo que no había conseguido ninguna otra presidente estadounidense. En un intento por mantener el positivismo se centró la atención en el aspecto negociador de Trump como efectivo, en parte debido al alarde que él mismo ha hecho de buen negociador. Sin embargo, el fracaso es lo único que hemos podido comprobar hasta ahora. Más misiles, incluido uno intercontinental balístico de largo alcance que podría impactar territorio estadounidense.

Negociar con ventaja

En las negociaciones tienen especial importancia las respectivas posiciones de los negociadores. Esto, que es una evidente obviedad, se olvida a veces por parte de analistas, expertos y medios de comunicación.

Viene esto a cuenta del giro de las últimas horas por parte de Corea del Norte en sus relaciones con Estados Unidos al frenar de manera pública (en secreto nunca avanzó realmente) sus planes de desnuclearización pactados en las dos cumbres mantenidas con Estados Unidos con distinto nivel de éxito.

Donald Trump está en horas bajas. Sus torpezas, su zafiedad, sus desprecios por las formas políticas y la educación diplomática y su improvisación alimentada de caprichos, ignorancia y soberbia le han conducido a un proceso de juicio político por el Congreso de los Estados Unidos. Y tiene que enfrentarse a unas elecciones presidenciales para intentar conseguir un segundo, y constitucionalmente improrrogable, segundo mandato. En ese marco, el presidente de Estados Unidos tiene que mantener una imagen que fidelice el apoyo de sus votantes y, al mismo tiempo, no enredarse en un conflicto internacional en el que no tenga las garantías de obtener réditos electorales o, al menos, no verse penalizado por su opinión pública.

Por el contrario, los dirigentes de los países autoritarios y no sometidos a vaivenes electorales o a contrapesos de sus sociedades como China, Rusia en menor medida y, desde luego, Corea del Norte, tienen las manos libres en sus relaciones y pueden ceder, insultar y amenazar sin tener que dar explicaciones, para las que, en todo caso, tienen a su disposición inmensos aparatos de propaganda bajo control absoluto.

Corea del Norte ha puesto en escena un acto de propaganda, cuya realidad no se conoce en detalle, anunciando avances en un experimento militar que, afirman, mejora la relación de fuerzas a favor de su dictadura. No hay ninguna razón para pensar que la amenaza sea sensiblemente mayor que ahora. Sólo que Corea del Norte quiere recuperar una política de chantaje mundial que con Clinton y Obama convirtió en dinero y concesiones y aspira a más concesiones de Trump en sus momentos de debilidad. Pero eso mismo es un dato preocupante.

INTERREGNUM: Trump contraataca (a sus aliados). Fernando Delage

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece estar dispuesto a abrir una nueva etapa en la reclamación a sus aliados de una mayor contribución a los gastos de defensa. Mientras se espera que insista de nuevo en la cuestión con motivo de la cumbre de la OTAN que se celebrará en Londres la próxima semana, ya ha abierto el camino con los aliados asiáticos.

Durante la campaña electoral de 2016, Trump no dejó de criticar a Corea del Sur y a Japón por el “aprovechamiento” por parte de ambos de sus pactos defensivos con Washington. Sus dos años en la Casa Blanca no le han hecho cambiar de opinión. El 15 de noviembre, la administración norteamericana exigió a Seúl un aumento del 400 por cien de su contribución anual a los gastos derivados de la presencia militar de Estados Unidos en Corea del Sur, para pasar de los casi 1.000 millones de dólares que pagará este año a un total de 4.700 millones de dólares. Sólo dos días más tarde, Washington pidió a Tokio que cuadruplique su aportación por el mismo fin, de 2.000 millones de dólares a 8.000 millones de dólares.

Estados Unidos ha abandonado las conversaciones con Seúl al no acceder éste, como cabía esperar, a sus demandas. Desde 2016, Corea del Sur paga aproximadamente la mitad de los gastos que suponen los 28.000 soldados de Estados Unidos en su territorio. Gasta, además, buena parte de su presupuesto militar—el 2,6 por cien del PIB, más que cualquier miembro europeo de la OTAN—en armamento norteamericano (hasta 13.000 millones de dólares durante los últimos cuatro años). Seúl absorbe además otros gastos no cubiertos por el acuerdo sobre tropas, como la construcción de Camp Humphreys, la que será mayor base de Estados Unidos en el extranjero (lo que representa otros 10.000 millones de dólares).

Aunque Japón gasta un menor porcentaje de su PIB en defensa que Corea, es una economía mayor y, por tanto, gasta más en términos absolutos. Tokio cubre aproximadamente el 70 por cien del gasto de las fuerzas norteamericanas en el archipiélago (54.000 hombres) y la práctica totalidad del coste de construcción de las nuevas instalaciones de Estados Unidos en Futenma e Iwakuni, así como un tercio de las que se están construyendo en Guam. Japón compra además el 90 por cien de su armamento a Estados Unidos. La negociación para renovar el acuerdo con Japón debe empezar en el primer semestre de 2020.

La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump hace hincapié en las “extraordinarias ventajas” que le proporcionan sus alianzas: proyectan el poder e influencia de Estados Unidos, y maximizan sus capacidades políticas y económicas. La Estrategia de Defensa Nacional señala por su parte que la “red de alianzas y asociaciones estratégicas de Estados Unidos continúa siendo la espina dorsal de la seguridad global”, al proporcionar “acceso a regiones clave y respaldar un sistema de bases que sustenta el alcance internacional de nuestro país”. Sin embargo, es el propio Trump quien está haciendo que los aliados se cuestionen el compromiso de Washington con su seguridad.

Incluso si el presidente diera marcha atrás en sus irrealistas demandas, ha vuelto a dañar la credibilidad de Estados Unidos y a humillar a sus aliados. No debe extrañar por tanto que Seúl y Tokio vean en la reelección de Trump en 2020 una amenaza mortal a sus alianzas. Kim Jong-un estará encantado, aunque quizá no tanto como los líderes chinos, a los que Washington habrá regalado uno de sus grandes objetivos.

Bolton y Corea. Nieves C. Pérez Rodriguez

Washington.- Cada año el JoongAng Ilbo, uno de los periódicos más importantes de Seúl, organiza un foro junto con CSIS (Centro Estratégico de Estudios iInternacionales) para discutir la situación de Asia con foco especial en la península coreana. La semana pasada tuvo lugar el noveno encuentro en Washington y contó con la presencia de expertos asiáticos y estadounidenses de primera línea, así como exministros de exteriores y exembajadores que analizaron a profundidad la situación geoestratégica de Asia.

4Asia participó en el Foro, en el que John Bolton abrió con un discurso sobre su visión. El asesor de seguridad nacional del presidente Trump acaba de dejar su cargo en la Casa Blanca, o a quién se le invitó a renunciar -pues las partes aún no se ponen de acuerdo sobre este aspecto-. En su primera aparición pública, Bolton habló extensamente sobre su posición en el conflicto coreano y cuál debería ser la posición de los Estados Unidos, que valga decir es exactamente igual a la que tenía antes de entrar a la Administración Trump.

Bolton ha estado siempre afiliado al partido republicano y es conocido por sus posturas más conservadoras. Sus publicaciones, comentarios y sus cargos públicos siempre han contado con gran rechazo del partido demócrata. Es recordado especialmente por su tiempo en Naciones Unidas durante la Administración de George Bush y el momento en que se estaba discutiendo la invasión de Irak.

Bolton fue enfático en su discurso sobre cuál debería ser la posición de Estados Unidos en relación con Corea del Norte. “No se puede aceptar que tenga armas nucleares. Aunque Kim Jong-un intente por todas las vías posibles mantenerlas y continuar su desarrollo. Es absolutamente inaceptable que Pyongyang posea armas nucleares y la política de Washington tiene que ser clara: No aceptamos que tengan armas de este tipo”.

Washington no puede permitir que Pyongyang siga amenazando a sus vecinos con las pruebas de misiles, ha señalado, que incluso puedan llegar a impactar en territorio estadounidense. Ha señalado: “Pero, además, si los vecinos como Japón y Corea del Sur siguen sintiéndose amenazados por Kim, estaríamos frente a una posible proliferación nuclear pues estas naciones buscarían desarrollar sus propias armas nucleares. Lo que sería un fracaso de Washington”.

Bolton tiene claro que Kim Jong-un decidió estratégicamente continuar su desarrollo nuclear hasta conseguir un mayor alcance, mientras trata de aliviar la presión de las sanciones internacionales. “Dejar a Pyongyang seguir con las pruebas es dejarlos convertirse en el Amazon o el Wallmart nuclear, y podrían empezar a aceptar pedidos de misiles. El modelo que se aplicó en Libia funciona y debería ser aplicado. Muammar Al Gadhafi decidió dejar las armas nucleares. Con máxima presión se podría hacer que Kim lo hiciera”. Insistió en que el modelo de Libia funciona con un país pequeño como Corea del Norte.

Citó a Kim Jong-un: “La situación en Corea es muy difícil, la sequía ha perjudicado mucho las siembras y los alimentos son escasos”, y pidió que las sanciones sean levantadas y les permitan recibir ayudas y alimentos.

Pero Bolton insiste en que, si la situación es realmente tan dura, cómo se explica que sigan invirtiendo tanto en desarrollo nuclear, en vez de gastar en alimentos.

“El continuo lanzamiento de misiles sí representa un riesgo para la seguridad del mundo y la seguridad de Estados Unidos”, insistió. “Pensar en que mientras no sean los misiles de largo alcance no es preocupante, es en efecto lo opuesto. El hecho de que no ha habido pruebas de misiles intercontinentales podrían ser una señal de que Corea del Norte haya alcanzado el nivel que querían”. Por lo que Bolton insiste en que la opción militar debe seguir sobre la mesa.

Sue Mi Terry, una experta en asuntos coreanos muy respetada en Washington, comenta a 4Asia que “le sorprendió mucho oír a Bolton decir que sigue creyendo que la solución pasa por un cambio de régimen en Corea del Norte, que mencionara la opción de una Corea unificada, a sabiendas que es un argumento polémico, así como que insistiera en que la opción militar debería seguir en la mesa. Palabras muy provocadoras para Corea del Norte.

Mi Terry insistió en el hecho de que Bolton siga pensando lo mismo después de haber participado en las tres cumbres entre Kim Jong-un y Trump, de haber visitado Pyongyang y participado en las negociaciones del último año. “Esto prueba que no se entendía con el presidente Trump”.

“Lo más probable es que para antes de finales de año Trump firme un acuerdo pequeño que obligue a Pyongyang a congelar su programa nuclear o al menos a para las pruebas y el lanzamiento de misiles”.

Victor Cha (otro experto en asuntos asiáticos con una larga experiencia) coincide con que deben estar negociando un acuerdo que involucre poco compromiso por parte de Pyongyang. Para Trump, en pleno año electoral, es clave dar algún tipo de resultados.

 En materia de política exterior esta Administración no ha concretado nada internacional. Por lo que algún tipo de acuerdo podría ser vendido como un éxito a los votantes.

El escenario electoral estadounidense se perfila complicado. El partido demócrata, con el mayor número de candidatos de la historia, está compitiendo con ideologías más o menos radicales en las primarias, pero dejan ver un partido sin un liderazgo claro. Mientras que el presidente Trump enfrenta a una amenaza de “impechment” y toda la polémica que rodea su gestión.

Todo apunta a que es muy probable que algún tipo de acuerdo con Pyongyang se materialice muy a pesar de que los misiles y las provocaciones siguen siendo el centro de la conversación. Al final, Trump seguirá premiando al dictador norcoreano sin haber recibido nada a cambio.

INTERREGNUM: Misiles norcoreanos. Fernando Delage

Corea del Norte ha realizado al menos 18 lanzamientos de misiles desde mayo, sin que ello parezca provocar la inquietud de la administración norteamericana. “Aunque puedan violar las resoluciones de la ONU”, ha dicho el presidente Trump, son “pruebas ordinarias”. Al tratarse de misiles de corto alcance—respetando así Pyongyang el compromiso de interrumpir los ensayos de los intercontinentales—, Estados Unidos cree estar a salvo, pero ¿lo están sus bases militares y sus tropas en la región? Sobre todo, ¿qué piensan los gobiernos de Japón y de Corea del Sur de la despreocupación de Washington?

La ausencia de resultados tangibles de los tres encuentros mantenidos entre Kim Jong-un y Trump se traduce en que el líder norcoreano continúa ganando tiempo, lo que le permite mejorar la maniobrabilidad de sus misiles—con avances tecnológicos que podrá extender a los de mayor alcance en el futuro—, y minar tanto la seguridad de Japón y Corea del Sur como la confianza de estos últimos en su aliado norteamericano. Mientras Trump sigue confiando en que su “amistad” con Kim conducirá a la desnuclearización de la península, algunas fuentes consideran que Corea del Norte puede haber producido material para otras 12 bombas nucleares a añadir a su arsenal desde que ambos líderes se reunieron en Singapur, en junio del pasado año.

No parece haber así alternativas al statu quo. Por mucho que Trump criticara la “paciencia estratégica” de la administración Obama con respecto al problema, su acercamiento a Kim no ha tenido consecuencias muy diferentes hasta la fecha. La cuestión de fondo es que la desnuclearización de Corea del Norte requiere una transformación fundamental en su relación con el mundo exterior. Pyongyang necesitaría dejar de percibir el entorno hostil que ha motivado el desarrollo de su capacidad nuclear; recibir garantías de que se respetará su régimen político y su integridad territorial; y convertirse en destinatario de un programa de asistencia internacional a su desarrollo económico.

Son condiciones que en ningún caso Estados Unidos puede ofrecer sin la cooperación de otros países. La preferencia de Trump por las soluciones unilaterales y el actual escenario de confrontación con China, único aliado formal de Corea del Norte, no hacen sino obstaculizar las posibilidades de un desbloqueo. Kim concluirá de este modo que puede mantener su armamento nuclear sin mayores complicaciones, y a la vez afianzar su poder interno. Lejos de ser el joven sin experiencia que se vio catapultado de manera repentina al poder, Kim se ha revelado como un dictador sin escrúpulos que ha neutralizado a sus potenciales competidores en su familia y en las fuerzas armadas, y como un habilidoso estratega que mantiene desorientado al presidente de Estados Unidos.

Ésta es también la conclusión de la completa biografía de Kim escrita por Anna Fifield, antigua corresponsal del Financial Times en Corea, y en la actualidad del Washington Post en China. Resultado de varios años de investigación, “The Great Successor: The Divinely Perfect Destiny of Brilliant Comrade Kim Jong Un” (Public Affairs, 2019), reconstruye de manera minuciosa la infancia y educación de este misterioso personaje, y su actuación desde que fuera elegido por su padre “heredero” del liderazgo norcoreano. Lectura más que recomendable para quien quiera entender la psicología y las claves de sus motivaciones como líder político.

El juego de China

China y Corea del Norte preparan una nueva visita del presidente Kim Jong-un a Pekín en medio de otra serie, calculada, provocadora y moderada de momento, de lanzamiento de misiles de medio alcance susceptibles de portar cabezas nucleares, es decir, evidentes amenazas para Corea del Sur y Japón.

De momento, Estados Unidos no eleva la voz sobre estas pruebas, trata de quitarles importancia y sus dirigentes siguen convencidos de que se trata de presionar en una negociación parada de momento y de que China tiene las riendas de ese proceso en sus manos. China sueña con una península coreana unificada, neutralizada (es decir sin fuerzas militares de Estados Unidos ni posibilidad de amenazas desde el régimen del norte) y por lo tanto entregada necesariamente a la influencia china por vecindad y pragmatismo.

Durante una visita a Corea del Norte hace dos semanas, el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, se abordaron las políticas comunes frente a Estados Unidos y cómo coordinar la estrategia entre ambos países ante la cambiante situación en la península coreana, la mediación de China entre Corea del Norte y la comunidad internacional y la visita de King Jong-un a China.

Fuentes norteamericanas dan por hecho que, durante el encuentro, el dignatario chino trasladó al Gobierno coreano su oposición a la exhibición de nuevos misiles y a la congelación del programa de desnuclearización pactado con Estados Unidos en las dos cumbres celebradas. China sigue señalando a Estados Unidos y Corea del Norte y sus repetidas maniobras militares conjuntas como los principales obstáculos al avance, pero quieren tener mas atada la política de Corea del Norte. En el fondo, Pekín y Washington saben que el problema coreano es básicamente suyo, y ellos tienen una pugna comercial global en la que Corea es otra pieza.

新课程待定问题

新的政治课程开始了,似乎我们处于一个巨大的循环中。 不仅在西班牙。 中美贸易争端,来自朝鲜的导弹试验,永久的中东冲突和与伊朗的紧张关系。 假期让我们回到了起点。

然而,在媒体和政治领导人颁布的表面之下,事情已经发生了。 在欧洲,新委员会尚未开发,英国不会离开英国退欧的迷宫; 在政治上无能为力的情况下,普京略微增加压力并等待,经济颤抖,对移民的担忧增加。

事情也发生在亚洲。 印度和巴基斯坦已经整顿了他们的政治和军事力量。 他们总是处于冲突的边缘,总是处于谈判的中间。 但正如我们在4亚洲所说的那样,亚洲的新奇事物一直是香港。 成千上万的抗议者推翻了中国守卫的地方政府。 台湾充满希望地观察了。 北京关注。 北京政府知道,它没有完全自由的手段在军事上粉碎抗议活动,但它必须向中国其他地区发出势力信息。

这将是未来几个月的舞台。 旧问题,新因素和新举措很少。有时,这些因素的结合会使问题的威胁增加几度。

Maduro en Pyongyang. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- 2019 empezaba con una gran esperanza para Latinoamérica. Juan Guaidó, como presidente del órgano legislativo venezolano, asumía las riendas del Estado en cumplimiento de la Constitución y en respuesta a la usurpación de la presidencia de manos de Nicolás Maduro. Parecía que las fuerzas democráticas del mundo se alineaban para apoyar ese movimiento que podría devolver la magnificencia a ese país bendecido por la naturaleza, que Chávez corrompió hasta las entrañas.

Venezuela no sólo cuenta con las reservas petroleras más grandes del mundo, sino que está ubicado privilegiadamente en el norte de Sudamérica, por lo que sus riquezas son infinitas, selva, Andes, Caribe, sabanas, ríos y médanos. Un país que podría vivir del turismo, producir alimentos para satisfacer la demanda interna y hasta exportar algunos de estos productos (tal y como era antes de la era chavista). Pero en vez de eso, hoy sus ciudadanos mueren de hambre por falta de alimentos o a causa de enfermedades que fueron erradicadas y que han retornado gracias a la gestión sanitaria del régimen y sus asesores cubanos.

Un país que debería ser potencia regional se encuentra en ruinas y exportando millones de ciudadanos desesperados que se resisten a perder su libertad y la esperanza a un futuro digno. Mientras que el régimen invita a las FARC y al ELN a instalarse en territorio venezolano para que cómodamente puedan encargarse del narcotráfico y la explotación minera ilegal, que, valga acotar, está produciendo un daño ecológico irreparable.

En medio de la peor crisis que atraviesa el país, Juan Guaidó ha conseguido el reconocimiento de 56 países democráticos y representación en la OEA y el BID; el reconocimiento de sus 35 embajadores, y la protección de activos estratégicos como CITGO, entre otras cosas.

Mientras, el régimen de Maduro intenta ganar tiempo con diálogos en Noruega y Barbados. Washington, por su parte, empieza a perder la paciencia y cambia su estrategia y saca a la luz que está dialogando con altos cargos de Maduro para conseguir fracturar lo que queda del chavismo y sus profundas divisiones.

En medio de esta situación, al régimen no se le ocurre más que abrir una representación diplomática en Pyongyang, uno de los peores enemigos de Occidente y la democracia. Queriendo enviar un mensaje de normalidad, acaban enviando un mensaje desesperado de que no saben qué hacer. Corea del Norte es un país quebrado y sancionado por los cuatro costados, debido a su empeño en permanecer hermético al mundo y su empeño en continuar su carrera nuclear y misilistica. Un régimen que no puede aportarle nada a Maduro más que alinearlo aún más en el club de los rebeldes del mundo.

Las relaciones bilaterales entre el régimen de Pyongyang y el régimen chavista datan del 2013, el mismo año en que Hugo Chávez fallece y a cuyo funeral asistió el embajador norcoreano en La Habana. Esta visita sirvió para mostrar el apoyo de Corea del Norte con la mal llamada revolución chavista y una vez más ponía al descubierto la mano negra de los Castro detrás del movimiento.

Posteriormente, Corea del Norte decidió abrir su propia sede diplomática en Caracas en 2015 encabezada por Ri Sung-gil. Más adelante, en noviembre del 2018, Kim Yong-nam -presidente de la Asamblea del Pueblo o parlamento norcoreano- visitó Venezuela y se reunió en privado con Maduro. Esta visita sirvió según EFE para estrechar lazos diplomáticos entre ambos. En el marco de la visita se aprovechó también para firmar un memoradum de entendimiento político.

Hoy en día son cinco las naciones de América Latina que cuentan con sedes diplomáticas en la capital norcoreana; Brasil, Perú, México, Cuba y ahora Venezuela. Y casualmente unas semanas antes de la inauguración de ésta última sede, se vio en redes sociales al hijo de Maduro de visita en Pyongyang, en un evento al puro estilo de la tiranía de los Kim, en donde el culto a la personalidad del líder centraba la atención.

Maduro sabe que no hay vuelta atrás. No confía en nadie, ni en nada. Sabe que su régimen es culpable de la peor tragedia humanitaria que ha enfrentado la región. Son conscientes de la destrucción que han ocasionado. Conocen las consecuencias de haber transformado un Estado en un narcoestado al servicio de sus intereses y los intereses de los Castro. Maquiavélicamente, ideologizaron a las clases más vulnerables para conseguir votos, mientras pagaban a quienes les servían para llenar las calles en las concentraciones que lucían por los medios de comunicación para dejar claro que la gente los quería.

Maduro sabe que está naufragando en aguas muy profundas. Su embajada en Pyongyang es sólo una muestra de ello, es una patada de un ahogado que, en un intento desesperado por sobrevivir, usa sus últimas fuerzas para nadar, pero que en medio de la gran confusión y miedo dirige sus esfuerzos mar adentro en vez de buscar la orilla.

Cita en Corea

Trump ha sido el primer presidente de Estados Unidos y el dirigente occidental en pisar territorio norcoreano en una de sus operaciones de marketing y audacia frente a su misma sociedad y con la que aspira a mantener la iniciativa en las relaciones con el díscolo país asiático. El conflicto con Kim Jong-un está atascado. Tras llevar este al mundo al borde de la guerra y responder Trump como nadie estaba acostumbrado, enviando una flota capaz de destruir Corea del Norte a las costas de este país, sobre esta basa comenzó a negociar como tampoco nadie conocía, ni esperaba. Corea del Norte alcanzó un estatus objetivo de potencia, Estados Unidos fue capaz de sentarse con los norcoreanos cara a cara, estos aceptaron el principio de desnuclearización (aunque nadie cree que lo haga) y se abrieron vías de discutir soluciones globales con participación de China. Una situación completamente nueva.

Ahora, Kim pone un precio muy alto a pagar por EEUU y Corea del Sur por su desnuclearización y Trump necesita algún avance para mejorar su posición electoral en Estados Unidos. En medio, el conflicto comercial con China y la tensión creciente con Irán. Ese escenario es el que envuelve la visita a la frontera y los pasos, como los de Amstrong en la Luna, en territorio norcoreano.
Trump juega siempre en el filo de la navaja y hasta ahora le ha salido relativamente bien. Pero sus movimientos audaces, sus improvisaciones, sus cambios tácticos y sus intemperancias rompen la maquinaria diplomática anclada en métodos más tradicionales, mueve a sectores del aparato institucional de Estados Unidos acostumbrados  con suficiencia a ser ellos los que marquen los tiempos y las opciones, y desarma muchos reflejos automáticos de la Administración norteamericana. Cuáles van a ser las consecuencias de esto es difícil de prever. Pero las va a haber.

INTERREGNUM: Xi en Pyongyang. Fernando Delage

La reunión del G20 el próximo fin de semana en Okinawa ofrecerá la primera oportunidad en meses para un encuentro personal entre los presidentes de Estados Unidos y de China. Los dos líderes, por no hablar de la economía mundial en su conjunto, necesitan un pacto que, aun de manera temporal, detenga la escalada en la guerra comercial. Un acuerdo no pondrá fin a la rivalidad estructural entre ambas naciones, pero facilitará a Trump el camino a su reelección, y a Xi un escenario de estabilidad frente a las numerosas incertidumbres internas y globales que afronta.

Cada uno de ellos cuenta con distintos instrumentos para convencer al otro, y no todos son de naturaleza económica. Es desde tal perspectiva como cabe interpretar el viaje de 24 horas realizado por Xi Jinping a Pyongyang a finales de la pasada semana. No sólo es la primera visita oficial de Xi como presidente a Corea del Norte (aunque como vicepresidente estuvo en 2008), sino la primera de un jefe de Estado chino en 14 años. Sin embargo, ni se ha querido que hubiera medios cubriendo el viaje, ni tampoco ha trascendido lo tratado entre Xi y Kim Jong-un.

El Rodong Shinmun, principal diario norcoreano, publicó la víspera de la llegada de Xi, un artículo de este último en el que hizo hincapié en su intención de involucrarse en mayor medida en el proceso de desnuclearización de la península. Altos funcionarios chinos han insistido, por otra parte, en la dimensión económica del viaje: Pekín tiene como prioridad la estabilidad intercoreana, lo que se verá facilitado si Pyongyang decide seguir la experiencia de las reformas de la República Popular.

China también necesita a Corea del Norte como instrumento de negociación con respecto a Estados Unidos. Ello explicaría la superación del enfriamiento en las relaciones bilaterales que causó la ejecución de Jang Song Taek, tío de Kim y principal interlocutor de Pekín, en 2013. Tras evitar durante los últimos años referirse a Pyongyang como aliado, los gestos de acercamiento por parte de las autoridades chinas se han multiplicado en los últimos meses. Es cierto que, según los términos del tratado de ayuda mutua y cooperación de 1961—que hacen de Corea del Norte el único aliado formal con que cuenta la República Popular—, en 2021 habrá de renovarse el documento. Pero la aparente improvisación de su visita se debe a la urgencia para Xi de ofrecer un señuelo a Trump. Aunque se trate tan sólo de la reanudación de las conversaciones de desnuclearización—sin que pueda descartarse tampoco alguna solución imaginativa por parte de Pekín—, es la mejor manera de que Trump supere la frustración de la fallida cumbre de Hanoi en febrero, y cambie de actitud en el terreno comercial. Apenas dos días después de la visita de Xi, Kim recibió de hecho una carta “excelente” del presidente norteamericano.

Pyongyang sigue jugando con habilidad entre los dos gigantes, pero es China quien vuelve a confirmar su margen de maniobra en relación con los asuntos de la península. Algo que complica no sólo los cálculos de Estados Unidos y de Japón, sino de modo más directo los de Corea del Sur, cuyo presidente, Moon Jae-in, recibirá a Trump en Seúl tras la reunión del G20.