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¿Qué pasó con Peng Shuai? Nieves C. Pérez Rodríguez

La desaparición de Peng Shuai, la conocida tenista china, ha generado un revuelo internacional mucho mayor que el que anticipó el Partido Comunista Chino cuando eliminó su publicación del 2 noviembre en su cuenta de Weibo.

Weibo es la red social china equivalente a Twitter  y que cuenta con unos 445 millones de usuarios. Peng publicó un largo mensaje en el que aseguraba que había sido forzada a tener un encuentro íntimo con Zhang Gaoli, un alto dirigente del partido comunista, un personaje que no solo ha dirigido como segundo a bordo un ministerio chino, sino que ha liderado el Politburó del PC chino. Desde entonces ha estado desaparecida de la vida social china.

Peng ha tenido una carrera prominente y su fama tras ganar Wimbledon en 2013 y Roland Garros en 2014. Desde entonces, la prensa deportiva siempre la ha tenido presente, aunque ya no está en el pico de la fama como en su mejor época. Sin embargo, ha sido una tenista respetada por su trayectoria, vista como una estrella en China y cuenta con amigos internacionales debido a sus competiciones.

En efecto, algunos de esos amigos salieron a las redes sociales a pedir explicaciones de la desaparición de Peng. Con el #WhereisPengShuai Twitter ha tenido una avalancha de comentarios y publicaciones y muchos medios han dado cobertura a la noticia de la desaparición de la atleta. El basquetbolista Enes Kanter, que se ha dedicado hacer campaña a favor de los derechos humanos en los últimos meses, escribió un artículo de opinión en el Wall Street Journal en el que pedía que las Olimpiadas fueran reconsideradas por el bien la tenista. Otros, como la joven tenista Naomi Osaka y muchos otros atletas, se sumaron a la pregunta: ¿Dónde está Peng Shuai?

Naciones Unidas preguntaba dónde está Peng Shuai por Twitter mientras que en Washington D.C., durante el fin de semana, tuvo lugar una concentración en apoyo a Peng, y hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores británico urgía a China a mostrar evidencias del paradero de la tenista.

Fue tal la presión internacional que curiosamente el pasado fin de semana Peng aparecía en videos muy cortos subidos a Twitter, plataforma que no cuenta con autorización para operar en China pero que claramente fue subido allí para calmar la cantidad de preguntas de personalidades prominentes y autoridades internacionales que han venido reclamando conocer el paradero de la atleta.

Los videos, todos muy cortos, mostraban a la china en un torneo de tenis en la que participaba como invitada junto a otras autoridades, pero que en el fondo se veía muy poca gente presente en las gradas. O una cena con su entrenador y un grupo de amigos que claramente se hizo para difundir y en el que se mencionaba el día que se había grabado, para que no se pudiera especular que era un video previo al incidente.

También sostuvo una videollamada con el presidente del Comité Olímpico Internacional Thomas Bach a quien le dijo que se encontraba bien mientras pedía respeto por su privacidad. Curiosamente, privacidad que ella misma alteró con la publicación en la que confesaba un episodio oscuro de su propia vida. Bach publicaba un comunicado posterior a la videollamada en el que decía que fue positivo verla pero que seguía la duda que estuviera libre y pueda tomar decisiones propias libremente.

Al final, todo esto refleja que China, aunque se empeñe en seguir cerrada y mantener a sus ciudadanos absolutamente controlados, hasta por sus opiniones en redes sociales les hace pagar un precio por ello. Ni siquiera el ser una atleta de primera categoría, que ha dejado a China en lo alto, ha blindado a Peng de las duras practicas del PC chino.

Pero, además, el hecho de que Beijing ha sentido la presión internacional hasta el punto de que ha decidido sacar a la tenista a dos eventos públicos, publicar fotos y videos y le ha permitido hablar con el presidente del Comité Olímpico internacional, es una demostración de que por más que se empeñen en cerrarse y en reclamar el principio internacional de no intervención en sus asuntos internos, en un mundo cada vez más globalizado no se pueden aislar del todo.

Si China necesita al mundo para vender sus mercancías, para seguir creciendo económicamente, para liderar internacionalmente las organizaciones de poder e influencia internacional, también le toca asumir la cuota de responsabilidad que viene con ese liderazgo que tienen y que quieren seguir aumentando.

El caso de esta atleta es un gráfico ejemplo de la manera como opera el PC chino, pero también del mundo global, con sus ventajas y desventajas, el mundo de las redes sociales y el gran impacto que tienen en nuestra vida cotidiana. Y hasta el gobierno chino con sus sistemas de vigilancia social tan sofisticados tendrá que asumir parte del coste político y diplomático de esta nueva realidad.

 

Washington blinda sus sistemas de comunicación   Nieves C. Pérez Rodríguez

El pasado 11 de noviembre en Washington se daba un paso más para bloquear los huecos legales que han permitido los abusos de empresas de tecnología extranjera como Huawei. Biden firmaba “la ley de Equipos seguros 2021 (the Security equipment Act)” que había sido aprobada por unanimidad en el Senado a finales de octubre y con 420 votos a favor y sólo 4 en contra en la Cámara de Representantes. Con la aprobación de esta ley Estados Unidos se garantiza que los equipos no confiables, que se emplean en las comunicaciones, no puedan estar autorizados para su uso dentro de las fronteras estadounidenses.

La ley en cuestión va a prevenir que en el futuro se puedan producir ventas o integración de empresas como Huawei, ZTE, Hytera Communication Corp, Hikvision Digital Technology y Dahua Technology Co, respaldadas por el Estado chino, en los Estados Unidos, independientemente de si hay fondos federales involucrados.

El año pasado Trump estableció un fondo de mil millones de dólares para la Comisión Federal de Comunicaciones (CFC), para que ésta pudiera ayudar a empresas de telecomunicaciones más pequeñas a retirar y reemplazar equipos existentes que fueron considerados como una amenaza. En el 2020, la CFC ya había adoptado medidas para exigir que los operadores de telecomunicaciones estadounidenses reemplazaran o cambiaran equipos de Huawei y ZTE así como de otras compañías que representan un riesgo para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Si bien esa medida fue importante en ese momento, esa normativa sólo podía aplicarse a los equipos comprados con fondos federales, pero si esos mismos equipos eran adquiridos con fondos privados o incluso públicos pero “no federales” podían seguir adquiriéndose. Por lo que esta nueva ley cierra ese vacío legal.

La presidenta de la CFC Jessica Resenworcel afirmaba en una declaración dada al grupo mediático Gizmodo que “la legislación envía una fuerte señal de bipartidismo de que Estados Unidos se toma en serio la creación de un mercado sólido y seguro para las alternativas del 5G”.

Ed Markey, senador demócrata por Massachussets, afirmaba al respecto de ésta legislación, que “en un mundo cada día más interconectado nosotros debemos impulsar a nuestra tecnología con nuestros valores, especialmente la red del 5G que es crítica para el futuro y la prosperidad económica”.

Huawei admitía recientemente que había sufrido una importante caída en las ventas debido a las medidas que ha venido imponiendo Estados Unidos. En efecto, en julio del año en curso el Departamento de Comercio añadió catorce compañías más a su lista negra de entidades que representan riesgos para la seguridad nacional, y en esa lista entró ZTE y Huawei. La firma de esta ley tuvo lugar solo tres días antes de la reunión virtual acordada entre Biden y Xi Jinping lo que demuestra la firme postura de la Administración Biden con respecto a China. A pesar de la tremenda polarización política que se está viviéndose en los Estados Unidos, existe una postura unánime en cuanto a China y en poner fin a las maliciosas prácticas económicas de las compañías chinas que empiezan a padecer las consecuencias de sus acciones.

 

Xi el nuevo Mao. Nieves C. Pérez Rodríguez

El lunes 8 de noviembre comenzó en Beijing la sexta sesión del Pleno del Comité Central del Partido Comunista chino presidido por Xi Jinping en su calidad de secretario general del partido.

Este encuentro, que tiene lugar cada cinco años, reúne a los delegados y figuras políticas más destacadas de China. En esta ocasión, la reunión que se celebra como siempre a puertas cerradas congrega a cerca de 400 miembros del Comité Central y como en cada oportunidad se esperan con ansias los anuncios que saldrán de allí, que estaremos conociendo a finales de la esta semana.

El mes pasado, previo a este importante encuentro, se reunía el Comité Central del PC chino y allí decidieron cuándo sería la sesión plenaria, y que ésta tendría una duración de cuatro días.  En el comunicado oficial hecho público en octubre se afirmaba que “La nación china avanza hacia la modernización en todos los frenes y el socialismo ha abierto un camino exitoso en el país más poblado del mundo”, y se anticipaba que se analizarán los últimos cien años de historia del partido en el pleno. Aunque pocos datos fueron revelados sobre lo que se discutiría o aprobaría.

El comunicado también subrayaba que “a través de la lucha tenaz, el PC y el pueblo chino le han demostrado al mundo que la nación china ha logrado la tremenda transformación de levantarse, crecer y prosperar”  y que “el rejuvenecimiento nacional de China se ha convertido en una inevitable realidad”.

Los plenos del partido se hacen para hacer revisión de la gestión política de los últimos cinco años y también para plantear la visión del futuro de los años siguientes. El PC lo usa como propaganda para resaltar méritos, aunque también se ha aprovechado para corregir errores como sucedió en los años ochenta cuando emitieron la segunda resolución.

A lo largo de los cien años de existencia del PC chino se han aprobado dos resoluciones; la primera fue en 1945 que consolidó a Mao Zedong como líder indiscutible frente a sus rivales y además se incorporó la ideología del marxismo leninismo en el devenir político chino.

Xulio Ríos en su más reciente libro: La metamorfosis del comunismo chino afirma que “la insistencia de Mao en partir de la realidad y en no copiar mecánicamente experiencias extranjeras se convirtió en un mantra recurrente”. El buscar “la verdad de los hechos”, el combate del sectarismo, la crítica del “estilo cliché” en el Partido, pasaron a formar parte del vademécum ideológico de PC chino, asentando un método de análisis y estudio de los problemas, con examen crítico y autocrítico, de las circunstancias y su naturaleza, que pervive hasta hoy día, considerándose un recurso de vital importancia para fraguar consensos y tomar decisiones”.

La segunda resolución tuvo lugar en 1981 en la que se reconocían los errores de Mao y se daba comienzo a una nueva era de reforma y apertura de la mano de Deng Xiaoping. Admitiendo los errores de la era de Mao, Deng daba comienzo a la transformación e intentaba dejar atrás el pasado.

En ambos casos las resoluciones consolidaron a los líderes de su momento en el poder, por lo que se espera que de esta sexta plenaria que se está llevando a cabo emita una tercera resolución que ratifique a Xi y dé claves de cuál será el camino político que seguirá China en los siguientes años.

Xi ostenta tres cargos: es secretario del partido, Jefe de Estado y Presidente de la Comisión Militar Central, por lo que se espera que se proclame de manera oficial la entrada de China a una nueva era, la era de Xi Jinping aunque haya estado en el poder desde 2013.

Xi sabe bien cómo lograr sus objetivos. Un buen ejemplo fue lo que hizo en 2017 cuando cambió el tiempo establecido de reelección del líder supremo, derogando el límite de dos mandatos de cinco años cada uno, y adjudicándose así mismo el poder por tiempo indefinido.

“El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era” ahora se estudiará en los colegios y será la guía de comportamiento de cualquier chino que quiera ser considerado buen ciudadano. Es lo más parecido al liderazgo de Mao pero en pleno siglo XXI.

De acuerdo a la agencia oficial Xinhua durante el pleno “Xi presentaría un informe con los principales logros y la experiencia histórica de los cien años de vida del partido”, por lo que es muy probable que salga con su liderazgo más fortalecido y como una imagen que representa el líder del futuro de la nación.

Sin embargo, no podemos olvidar que China tiene grandes retos por delante que seguro están siendo discutidos en esta plenaria, como es la edad de retiro que actualmente es 60 años para los hombres y ya se había hablado de hacer un aumento de esa edad gradualmente. Con una población cada día más mayor, Beijing tiene que tomar decisiones rápidamente para poder seguir manteniendo el sistema de pensiones  que tiene, que valga acotar afecta al gran grueso de la población.

Con un triángulo poblacional invirtiéndose, el problema es más complejo, pues obviamente menos ciudadanos cotizan, pero también mayor escasez de mano de obra. Y si a eso, además, se le suman lo altos precios de las viviendas, casi inaccesibles, junto con la dificultad de encontrar parejas por la carencia de mujeres debido a la política de un solo hijo y discriminación de sexo que estuvo en pie por décadas, el panorama social es realmente complejo.

Xi ha conseguido incluir su filosofía en los estatutos del partido, lo que lo catapulta como líder y lo ubica al nivel de Mao. Y China ha conseguido un crecimiento realmente espectacular incomparable con otra nación, pero los problemas internos que tienen son complejos y de difícil solución. Y la historia ha demostrado que la concentración del poder en torno a un solo líder funciona en China porque es algo a lo que culturalmente está acostumbrados, pero eso no atenúa la gravedad de la situación que además se ha visto más agravada por la pandemia.

 

 

 

Nacionalismo chino hasta en el cine. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primero de octubre se estrenaba en los cines en China la película La Batalla del Lago Changjin.  Su lanzamiento coincidía con el aniversario número cien del Partido Comunista chino y en plena celebración del día nacional en China. Una agenda doméstica milimétricamente planificada por el partido mientras a las afueras de la península enviaban más de 150 aviones militares a sobrevolar el espacio aéreo de Taiwán, todo como parte del mensaje nacionalista que se ha instituido en los últimos 72 años.

 La batalla del Lago Changjin, cuya duración es de 3 horas, contó con un presupuesto de 200 millones de dólares y fue producida por Polybona Film también llamado Bona film group, que es la empresa cinematográfica china más grande del país asiático. Según Patrick Brzeski, reportero de la industria del entretenimiento, esta película es la más cara producida en China hasta ahora y está en “en sintonía con el tono abiertamente nacionalista que ha caracterizado a gran parte de las producciones más taquilleras de China”.

La batalla del Lago de Changjin se centra en la guerra de Corea, específicamente entre el 27 de noviembre y el 13 de diciembre de 1950, sólo 17 días de la historia de esa época convulsa en la península coreana. En la producción se glorifican los sacrificios y el heroísmo de los soldados chinos contra las fuerzas estadounidenses durante la Guerra de Corea, que, valga acotar, en China se denomina “la guerra para resistir la agresión de los Estados Unidos y ayudar a Corea”.

Esta épica batalla marcaba justo el primer mes de participación de China en la Guerra de Corea, pues fue en octubre de 1950 cuando Mao Zedong, presionado por Stalin, ordenó a los soldados del entonces “Ejército de Voluntarios del Pueblo Chino” que apoyaran a los norcoreanos a pelear en contra de los Estados Unidos y los surcoreanos.

La película ha contado con tal éxito que lleva recaudado más de 60 millones de dólares según el Hollywood Reporter y todo apunta que será la más exitosa del 2021. Curiosamente se ha tergiversado ese episodio de la historia, pues ciertamente Mao envió tropas a cruzar la frontera para apoyar a su aliado norcoreano, pues se estima que enviaron más de 300.000 mil soldados, pero también se calcula que las bajas fueron tantas que ese episodio fue definido como una vergüenza histórica y hasta esta película no se ha hablaba apenas de la batalla.

Los soldados chinos en esa época no contaban con la indumentaria apropiada, a pesar de las bajísimas temperaturas de finales del mes de noviembre y las características propias del lugar de la batalla, pues el Lago de Changjin esta en la frontera entre China y Corea del Norte y se encuentra a una altitud de más de 2100 metros, lo que provoca que en invierno  se congele.

El contenido nacionalista de la película y la visión que presenta sobre la partición de los chinos en este corto pero doloroso episodio de la guerra es congruente con la agenda de Xi Jinping. Encaja con el deseo expresado en varias ocasiones por el mismo Xi sobre “el rejuvenecimiento nacional, que se ha convertido en una inevitable situación histórica” que busca definir el sueño chino, cuya fuente de inspiración es el famoso y buscado “sueño americano” de prosperidad.

El año pasado, coincidiendo con el setenta aniversario de la Guerra de Corea Xi, citaba a Mao en el gran salón del pueblo: …”Que el mundo sepa que el pueblo chino ahora está organizado y no se debe jugar con él”. Mientras, hacia una llamada a acelerar la modernización de las fuerzas armadas y la defensa del país aseverando que sin un ejército fuerte, no se puede tener una patria fuerte.

Tanto en los años cincuenta como hoy la lucha sigue siendo entre las ideologías, capitalismo versus comunismo. La situación actual cada día se asemeja más a la de la Guerra Fría, pero ahora protagonizada por China y Estados Unidos. Beijing no pierde ocasión para usar la propaganda y reforzar el mensaje nacionalista en su gente y, en efecto, esta película es prueba de ello, tomar una batalla que fue autodefinida como un fracaso y ahora se publicita como un éxito.

 

Kerry, ¿Intereses propios por encima de los ambientales? Nieves C. Pérez Rodríguez

John Kerry, el delegado especial para el medio ambiente, encargado de trabajar en pro de las políticas de protección ambiental se encuentra en el centro de la polémica en Washington.

Los demócratas han tenido el medio ambiente como prioridad en los últimos años, basándose en los estudios que aseguran que el calentamiento global es una realidad que está destruyendo el planeta y que es imperativo tomar acciones al respecto.

Estados Unidos es el segundo país más contaminante del planeta, contribuyendo al 15% de la contaminación mundial.  De esa cuota contaminante el 29% de los gases de efecto invernadero los produce el sector de transporte, el principal emisor y por lo que la actual Administración de EEUU se ha comprometido a dar un giro radical e invertir en los vehículos verdes o recargables. Y el segundo sector es el eléctrico que emite el 25% de los gases.

En ambos sectores el uso de combustibles derivados de fósiles es muy alto, por lo que Biden presentó un ambicioso plan para reducir las emisiones de esos gases entre un 50 y un 52% para el 2030 en la Cumbre de líderes sobre el clima, organizada por la Casa Blanca en abril.

Kerry, quién fue senador por Massachussets durante 28 años hasta que sustituyó a Hillary Clinton como Secretario de Estado en 2013 durante el segundo mandato de Obama, trabajó en pro del ambiente desde el Departamento de Estado. Es bien conocido como un activista verde desde hace muchos años y ha usado políticamente esta bandera para mantenerse activo y brillando en las esferas políticas estadounidenses y también en las internacionales.

Conoció a su actual esposa, Theresa Heinz, en un evento ambiental, Ella es también conocida por su caudalosa fortuna y su trabajo filantrópico en esta área.  Justamente, a finales de la semana pasada se hacía público que Heinz es beneficiaria de un fideicomiso que ha invertido más de 1 millón de dólares en un fondo de inversión que a su vez invierte en la tecnológica YITU.

YITU Technology es una empresa china de inteligencia artificial, creada en 2012 y de acuerdo con su propia definición “integra tecnologías de IA con aplicaciones industriales para un mundo más seguro.  Se dedican a la investigación de la inteligencia artificial para encontrar soluciones integrales para la visión artificial, la escucha y la compresión”.

Durante la Administración Trump, el Departamento de Comercio incluyó a YITU en la lista negra de empresas chinas “implicadas en violaciones y abusos de derechos humanos, en la implementación de la campaña de represión, detención arbitraria masiva y vigilancia de alta tecnología contra los uigures, los kazajos y otros miembros de grupos minoritarios musulmanes en China.

El escándalo podría llegar a trascender a gran escala debido a que Kerry ha sido una piedrita en el camino al momento de pasar legislación a favor de los uigures. De acuerdo con una fuente del congreso, cada vez que están intentando empujar legislación que denuncia los abusos del Partido Comunista chino hacia las minorías musulmanas, Kerry ha trabajado tras bastidores para prevenir que esa legislación salga adelante.

John Kerry ha insistido en enfocarse exclusivamente en el tema ambiental, desestimando otros puntos cruciales. “Sí, tenemos problemas, varios y problemas distintos, pero ante todo este planeta debe ser protegido”, fueran las palabras de Kerry al ser interpelado al respecto de los abusos que sufren los uigures en China.

Kerry, quien ha estado en China avanzando trabajo contra el cambio climático y quien está promoviendo energías más limpias se convierte en el centro de la polémica además porque es precisamente China el país que más ha invertido en el sector de paneles solares, en efecto, la explotación de la mano de obra china salpica este gremio y en concreto la mano de obra uigur que es responsable de gran parte de la producción de estos paneles, que precisamente tienen como fin la reducción de la emisión de carbono.

Curiosa manera de fomentar la necesidad de parar el cambio climático. Por un lado, intentado sumar a la causa a China como principal país contaminante, quién además está padeciendo tremendos problemas con el uso del carbón, tanto por su escasez como por la contaminación que produce el mismo. Por otro invirtiendo patrimonio propio en empresas chinas cuya misión es convertirse en los espías digitales del Partido Comunista chino para poder mantener control y coacción social de sus ciudadanos.  Y mientras tanto en Washington Kerry usa su influencia para evitar que legislación uigur sea aprobada.

Lo que sí es seguro es que los republicanos presionarán por una respuesta de la Casa Blanca en los próximos días y veremos si Kerry seguirá su lucha por el clima o más bien le toque luchar por demostrar su inocencia…

 

¿Competencia estratégica o peligrosa rivalidad? Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada un portavoz del Pentágono usaba la expresión “Competencia estratégica con China” como parte de la nueva narrativa de la Administración Biden. De esta forma entraba formalmente en uso el término acuñado por la Casa Blanca en la “orientación de su estrategia de seguridad nacional” un documento hecho público en marzo de este año, que cuenta con más de veinte páginas que enumera cada una de las prioridades para la nueva administración e identifica los mayores retos a los que se enfrentan.

Como era de esperarse la pandemia, el riesgo de un colapso económico, el cambio climático o la ciberseguridad son parte fundamental de los principales desafíos expuestos en el documento que como comienza diciendo “Nos enfrentamos a un mundo de nacionalismo creciente, democracia en retroceso, creciente revalidad con China, Rusia y otros estados autoritarios y una revolución tecnológica que está remodelando todos los aspectos de la vida”.

La Administración ha venido afirmando desde el principio que entiende la importancia de los aliados para los Estados Unidos. Por lo tanto, aseguran que revitalizarán y modernizarán las relaciones y sus alianzas y asociaciones en todo el mundo. En cuanto a la Alianza Atlántica aseguran que será vigorizada con una agenda con los miembros de la UE y Reino Unido para redefinir las prioridades de este momento. Planifican reforzar y modernizar a la OTAN. Mientras afirman que las alianzas individuales tendrán un peso importante, con países como Australia, Japón y Corea del Sur, así como reconocen los intereses claves que tienen en el Indo-pacifico por lo que se proponen profundizar relaciones con India mientras trabajan paralelamente con Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam y otras organizaciones como la ASEAN.

La estrategia de seguridad nacional de Biden concibe la diplomacia como el mecanismo más asertivo para mantener los valores democráticos, esos valores que llevan setenta y cinco años en pie desde la fundación de Naciones Unidas y han sido capaces de mantener un sistema de cooperación global efectivo en vez del establecimiento de una agenda autoritaria.

… “Cuando el comportamiento del gobierno chino amenace directamente nuestros intereses y valores, responderemos al desafío de Beijing. Enfrentaremos prácticas comerciales injustas e ilegales, robo cibernético y prácticas económicas coercitivas que perjudican a los trabajadores estadounidenses, socavan nuestras tecnologías avanzadas y emergentes y buscan erosionar nuestras ventajas estratégicas y competitividad nacional. Nos aseguraremos de que nuestras cadenas de suministros críticas para la seguridad nacional y suministros sean seguras. Continuaremos defendiendo el acceso a los bienes comunes mundiales, incluida la libertad de navegación y los derechos de sobrevuelo, de conformidad con el derecho internacional. Nos posicionaremos para defender a nuestros aliados. Apoyaremos a Taiwán, una democracia líder y un socio económico y de seguridad fundamental.  Nos aseguraremos de que las empresas estadounidenses no sacrifiquen sus valores al hacer negocios en China. Y defenderemos la democracia, los derechos humanos y la dignidad humana, incluso en Hong Kong, Xinjiang y el Tíbet.”…

John Kerry, comisionado especial de Biden para el Clima visitó China el mes pasado, en una visita que no logró en realidad su objetivo, pues a su partida el Ministro de Exteriores de China -Wang Yi- dejaba claro que la cooperación climática “no puede separarse de la situación general entre China y Estados Unidos”.

Así mimo, la semana pasada en Suiza se reunió el asesor de seguridad nacional de Biden -Jake Sullivan- con Yang Jiechi chio, un alto miembro del politburó y diplomático chino. De acuerdo con el comunicado oficial de la Casa Blanca, Sullivan enfatizó a Yang la necesidad de mantener líneas abiertas de comunicación, al tiempo que expresó su preocupación por las recientes provocaciones militares de China contra Taiwán, los abusos de los derechos contra las minorías étnicas y los esfuerzos de Beijing para aplastar a los defensores de la democracia en Hong Kong.  Aunque este encuentro fue cordial y respetuoso, comparado con el primer encuentro del pasado marzo en Alaska donde las acusaciones y duros comentarios anticipaban unas relaciones bilaterales complejas. En esta reunión se acordó el primer encuentro entre Biden y Xi para el final de este año.

China por su parte ha seguido adelante con su agenda y no hace esfuerzo alguno en disimular su postura. Un buen ejemplo lo vimos el primer fin de semana de octubre que, haciendo coincidir con el día nacional de China enviaron un total de 38 aviones militares a sobrevolar la zona de defensa aérea de Taiwán y otros 56 aviones más volvieron a incursionas en el espacio de Taiwán el lunes 4. A lo que el ministro de defensa taiwanés Chiu Kuo-Cheng advertía sobre la posibilidad cada vez más real de que China invada Taiwán en unos cuatro años.

La diplomacia será la vía que seguirá intentando Washington y buscarán dialogar sobre el futuro de Taiwán y el mar del sur de China. Sin embargo, los mismos expertos del Pentágono cuando han sido preguntados sobre la posibilidad real de que se suscite un enfrentamiento con China, ninguno se atreve a desestimar la opción. En efecto, la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca explica que estamos en un momento de inflexión acerca del futuro de nuestro mundo mientras afirma que explícitamente que Estados Unidos nunca dudará en usar la fuerza cuando sea necesario para defender nuestros intereses nacionales. “Nos aseguraremos de que nuestras fuerzas armadas estén equipadas para disuadir a nuestros adversarios, defender a nuestra gente, intereses y aliados, y derrotar amenazas que emergen”.

 

¿Diplomacia de rehenes?. Nieves C. Pérez Rodríguez

La saga de Meng Wanzhou, ejecutiva financiera de Huawei, parecía que llegaba a su fin con su fastuoso retorno a China la semana pasada. Pero lo cierto es que este caso ha marcado un antes y un después en la actual escena internacional y, en efecto, podría suponer una redefinición de las reglas de interacción entre las grandes potencias.

Meng es hija de Ren Zhengfei, exmilitar chino y fundador de Huawei en 1987, lo que la convierte en una especie de princesa del Partido Comunista China por la cercanía de su familia al poder y por la importancia estratégica de la gigante tecnológica para Beijing.

Después de millones de dólares en fianza y abogados y múltiples presentaciones en los tribunales canadienses, Meng finalmente admitía en un documento de cuatro páginas de largo que había incurrido en irregularidades en el 2013 con una empresa iraní con las que engañaba a HSBC sobre la verdadera naturaleza de la relación de Huawei con Skycom.

Beijing ha insistido desde el principio en que los cargos que se le imputaron a Meng fueron fabricados para poder contener el espectacular crecimiento de Huawei mientras alimentaban su propaganda tanto a nivel interno como internacional. No es casual que el recibimiento de la ejecutiva estuviera tan cargado de simbolismo y los mensajes tuvieran un contenido tan nacionalista.

Desde el principio se han vinculado los casos de la detención de los dos ejecutivos canadienses conocidos como “los Michaels” con el caso de Meng, como instrumento negociador de la libertad de la chica de Huawei, aunque tanto el gobierno canadiense como el estadounidense y el chino han negado los vínculos entre estos casos. Beijing argumentaba que los canadienses fueron liberados bajo fianza por razones médicas después de haber admitido sus delitos en confesiones escritas a mano. Sin embargo, del otro lado del Pacífico el gobierno canadiense no ha entrado en detalles que en efecto expliquen la liberación.

No es casual que los aviones de los rehenes de ambos lados del Pacífico salieran simultáneamente en destinos opuestos.  Este hecho deja ver que todo fue milimétricamente pactado y que fue una operación en la que ambos estados trabajaron por la recuperación de sus ciudadanos.

La imagen de China en Canadá se ha visto muy afectada en los últimos tres años, entre la desinformación de la primera etapa de Covid-19 en Wuhan y la detención arbitraria de los Michaels como represalia diplomática de Beijing. Además, a nivel económico, China dejó de importar productos canadienses y hasta en una oportunidad los acusó de haber enviado una carga de canola con plagas peligrosas según el propio gobierno chino.

Decía el ministro de relaciones Exteriores canadiense -Marc Garneau- a pocos días de la liberación: “El gobierno ahora está siguiendo un enfoque cuádruple hacia China que se basa en coexistir, competir, cooperar y desafiar.  Tenemos los ojos bien abiertos. Hemos estado diciendo eso durante algún tiempo. No había camino hacia una relación con China mientras los dos Michaels estuvieran detenidos”.

El Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, en una primera etapa intentó mantenerse distanciado de la situación pero fue forzado a involucrarse. Su padre. en los setenta, incentivó las relaciones con China, pero a su hijo le tocó cambiar esa posición para mantenerse favorable en las encuestas, especialmente después del caso de los Michaels, y, en efecto, recientemente intervino en varias ocasiones reclamando públicamente el regreso de los ejecutivos.

Este juego de rehenes no sólo pone en entredicho el sistema judicial de las naciones occidentales involucradas, sino que abre un escabroso camino en el que China pueda hacer uso de esta práctica en otro momento en el que se sienta acorralada, bien sea con la detención de un ciudadano de alto perfil o vea afectado sus intereses. Pero a su vez también ha hecho despertar a sus países rivales del potencial peligro que corren sus ciudadanos en territorio chino.

Las razones que llevaron a muchas empresas occidentales a trasladar sus fábricas a China fueron el bajos costes de producción y mano de obra, así como la flexibilidad de las políticas de establecimiento de los negocios allí; pero el espectacular crecimiento de la economía china ha ocasionado el aumento de valor de la mano de obra local, por lo tanto ya no es tan atractiva como era. Si a eso se le suman los escandalosos costes de envío de contenedores a día de hoy, más la escasez de barcos de carga, lo que se traduce en dificultades para transportar las mercancías desde China a Occidente y en un valor final extraordinariamente alto comparado con el de unos años atrás, se ve un escenario complicado. Por otra parte, hay que añadir el problema eléctrico que tiene China y que ha ocasionado muchos apagones en las últimas semanas, debido al obsoleto sistema que tienen. Y además la incertidumbre de que los altos ejecutivos de estas grandes empresas como Nike o Apple pudieran estar en peligro en una visita de negocios. Todo esto aleja la inversión de éste tipo de trasnacionales que precisamente ayudaron a convertir a China en la segunda economía del mundo.

Si, además, naciones como Canadá, Estados Unidos, Australia (que también ha sido objetivo de la furia china durante la pandemia) o Inglaterra, ahora que está reviviendo su orgullo de potencia con el acuerdo del AUKUS  ponen una alerta del peligro que corren sus ciudadanos en caso de visitar China, muchas de estas grandes trasnacionales comenzarán por trasladar sus sedes de producción a países más fiables como Vietnam o incluso más idealmente Centro América donde, por cercanía, los costes serían mucho más bajos y, de momento, el valor de la mano de obra se encuentra por debajo del chino. O también se puede dar el caso de que muchas de esas trasnacionales regresan a casa como lo ha anunciado Ford y no solo traen empleo al país sino que tendrán la seguridad que parece que ya no tienen en China.

El PC chino quiso mostrar músculo al mundo, pero quizás occidente en respuesta empezará a darle señales de distanciamiento lo que sería catastrófico para los planes de crecimiento chinos.

El triunfante regreso de la ejecutiva de Huawei. Nieves C. Pérez Rodríguez

El arresto de Meng Wanzhou, la directora financiera de Huawei, en junio del 2018, marcaba un giro sin precedentes en las relaciones entre Washington y Beijing y ponía a Ottawa en el medio esta particular situación, que, en efecto, le hicieron pagar un alto precio a Canadá con la suspensión de exportaciones cuyo destino era China y una alta presión diplomática debido a la privación de libertad de dos ejecutivos de negocios canadienses en territorio chino, caso que se hizo conocido como el nombre “los Michaels”.

Durante la Administración Trump y en medio de la llamada guerra comercial entre Estados Unidos y China el interés por mirar con lupa las actividades de Huawei se intensificó considerablemente. El desarrollo de la plataforma 5G fue la piedra angular que mantuvo el debate abierto, mientras que La Casa Blanca trabajó arduamente en tratar de convencer a las naciones aliadas del peligro de usar esta tecnología china. Sobre todo entre aquellos países estratégicos que comparten información confidencial con Estados Unidos y viceversa. Los países de la alianza del “five eyes” concretamente fueron la mayor preocupación del Pentágono y del equipo de seguridad nacional de la Casa Blanca.

Huawei es la empresa de telecomunicaciones más grande del mundo y la segunda en vender teléfonos móviles y equipos de comunicación de última generación. Una poderosa compañía que a finales de los años 90 intentaba sin éxito desarrollar la red del 3G por lo que perdieron enormes sumas de dinero. Pero que remontaba diez años más tarde para desarrollar la plataforma del 5G, gracias a una enorme inyección de capital proveniente del Estado chino, lo que de entrada se considera como una injusta competencia frente a otros proveedores internacionales de telecomunicaciones, cuyo éxito y supervivencia son producto de la calidad del servicio que ofrecen.

La disímil relación del Estado chino con sus empresas y el Partido Comunista chino, así como la legislación china que contempla la colaboración de estas compañías para facilitar información al Estado de ser solicitada, incomoda a occidente. Y eso deja abierta la posibilidad de que Huawei puede ser usada por Beijing para espiar o interrumpir comunicaciones, de acuerdo con su conveniencia.

En ese marco, la Administración Trump impuso sanciones a la gigante china mientras consiguió que Reino Unido, Australia y Japón prohibieran el uso de la tecnología de Huawei en sus territorios. Y en agosto del 2018 un tribunal de New York emitía una orden de arresto para que Meng fuera juzgada en los Estados Unidos como una alta ejecutiva de Huawei bajo los cargos de violaciones de sanciones estadounidenses en contra de Irán y conspiración para robar secretos comerciales.

La captura de esta ejecutiva china abrió un nuevo horizonte diplomático nunca antes visto. Se mantuvo en arresto domiciliario en Canadá en una de sus propias viviendas con pulsera electrónica en su tobillo a la ejecutiva de Huawei que tuvo que permanecer en Canadá más de dos años presentándose a la justicia canadiense. Mientras, Beijing encontraba una forma de presión a cada movimiento jurídico. Por ejemplo, en mayo del año pasado la Corte Suprema de Vancouver dictaminó que los cargos contra ella cumplían con el estándar legal de doble criminalidad, lo que dejaba abierta la opción de crímenes en Canadá y en Estados Unidos. Beijing no tardó en contestar con la sentencia a los dos hombres de negocios que fueron privados de su libertad desde el comienzo de esta saga.

Desde finales del 2020 se estaba intentando negociar un “procedimiento diferido” entre los fiscales estadounidenses y los abogados de Meng que consistía en que admitiera culpabilidad por algunas de las acusaciones que se le imputan y con ello se le permitiera retornar a China. Tal y como fue publicado en esta misma columna en diciembre del año pasado en el que se afirmaba que ese tipo de acuerdos es más común que sea concedido entre empresas y en muy raras ocasiones a individuos.

Meng admitía en un documento de cuatro páginas de largo que había incurrido en irregularidades en el 2013 con una empresa iraní en los que engañaba al HSBC sobre la verdadera naturaleza de la relación de Huawei con Skycom.

A esta admisión negociada el Departamento de Justicia estadounidense respondía retirando la petición de extradición que comenzó todo este proceso en primer lugar. Y ahora afirman que procederán con preparativos para el juicio en contra de la empresa como entidad jurídica pero no de un individuo afiliado a la empresa. Por lo que la ejecutiva fue liberada la semana pasada.

Meng regresaba a China en medio de una magnífica llegada a Shenzhen, precisamente la ciudad donde se encuentra la sede principal de Huawei. Aterrizaba en un avión con la bandera china, ataviada de un traje rojo triunfante, color tradicional de la cultura china que representa además éxito, vitalidad y buena suerte, recibida con alfombra roja, flores, espectadores con banderitas chinas y pódium listo para dar declaraciones en vivo frente a audiencia televisada, que se calcula rondó los 10 millones de espectadores. Decía que habían sido días difíciles pero que estaba feliz de estar en casa, como si se tratara de un error de la justicia de occidente.

Los encabezados de los medios oficiales chinos titulaban “Arrestada por el auge de China y gracias a eso también fue liberada”. El Partido Comunista chino aprovechó la oportunidad para alimentar su propaganda y afianzar su credibilidad y fuerza domestica que se ha visto afectada por los problemas económicos en el marco de la pandemia y escándalos como el de Evergrande, la gigantesca inmobiliaria china.

Los Michaels fueron liberados por la justicia china a tan sólo pocas horas de que Meng llegara a China y, como afirmaba Rüdiger Frank, profesor de la Universidad de Viena en una serie de tweets, la liberación de estos canadienses justo a pocas horas de haber llegado Meng confirma la conexión directa entre ambos casos. O sea, que China los había capturado como respuesta a la orden de captura a la ejecutiva de Huawei.

Con la detención de estos dos canadienses como respuesta a la detención de Meng y la sentencia a muerte de Robert Lloyd Shellenberg en 2019, quien había sido imputado por narcotráfico de estupefacientes en el 2014, Beijing daba clara muestras de lo que es capaz de hacer. De que está preparada para responder enérgicamente si sus intereses son tocados.

Este peligroso juego de presión que la Administración Trump comenzó fue respondido más reciamente por Beijing dejando ver que no están dispuestos a dejarse presionar por fuerzas exteriores por muy poderosas que estas sean. Claramente la Administración Biden está intentando otro camino para contener las arbitrariedades chinas. Un camino que parece que pasará por vías más regulares y menos escabrosas pero que a su vez convierta a China en un actor de igual peso.

El Departamento de Estado desfallece. Nieves C. Pérez Rodríguez

La era Trump dejó un gran descontento en el Departamento de Estado. Los diplomáticos de carrera fueron el target indirecto de muchas de las ligerezas del anterior presidente. La Administración tuvo dos secretarios de Estado, el primero, Rex Tillerson, no estuvo mucho en el cargo pues, por sus diferencias con Trump, éste le despidió con un tweet durante una visita oficial al extranjero. El otro fue Mike Pompeo, que fue un secretario a la medida del presidente pero que contó con mucha resistencia de parte de los funcionarios de carrera.

El paso de Pompeo por el “State”, como se le dice a la institución en Washington, dejó muchas anécdotas como que la mujer de Pompeo le acompañaba en sus giras oficiales y solía ser la que retrasaba la salida del avión porque tenía por costumbre irse de compras antes de que el avión se dispusiera a partir. Y también sinsabores entre quienes durante mucho tiempo han trabajado en la institución y se encontraron en el centro de una rivalidad política cuando estaban optando a posiciones que en un porcentaje muy alto fueron otorgados a los cercanos al presidente o al equipo de la Casa Blanca.

Sumando a eso la situación de los diplomáticos en el exterior que era muy incómoda. Les tocó responder una y otra vez a las preguntas de cómo era posible que un personaje tan soez pudo convertirse en presidente de los Estados Unidos, y, más difícil aún, les tocó justificar inexplicables comentarios o posturas presidenciales en materia de política exterior. La situación llegó a ser tan tensa que muchos diplomáticos abandonaron el servicio exterior permanente mientras que otros empezaron a expresar su desacuerdo político en redes sociales como Facebook sin tapujos.

Las elecciones presidenciales del 2020 con un candidato con Joe Biden representaba para muchos la esperanza en el retorno a la diplomacia clásica, por su larga experiencia política.  El regreso a la tradición del Departamento de Estado y a la política exterior más predecible y en consonancia con los intereses de los aliados y las alianzas históricas.

Sin embargo, a nueve meses de la presidencia demócrata y con Antony Blinken como secretario de Estado, un hombre respetado en las esferas del Capitolio y querido en Washington, la decepción está más presente que nunca en la institución.

La mayor crítica se centra a que Blinken no es capaz de confrontar al presidente para oponerse a decisiones como fue la atropellada y muy desafortunada salida de Afganistán, a pesar del precio internacional que se pagará por la misma.

Otra gran decepción muy latente es que Biden ha mantenido el patrón que agudizó Trump de nombramientos políticos de embajadores, aun cuando el mismo partido demócrata criticó duramente esa tendencia en la Casa Blanca de Trump. El “State” hoy vive la misma situación de angustia y presión política que sufrió durante la Administración anterior, pero con el agravante de que se ha institucionalizado y por tanto normalizado la influencia partidista en una casa que por muchos años fue ejemplo de apartidismo e institucionalidad.

Tal y como me admitió una fuente anónima “duele mucho ver que el equipo del presidente Biden se comporta igual a como actuó el del presidente Trump. Esperamos más de Biden”.

China: Promoción cultural o manipulación. Nieves C. Pérez Rodríguez

El Partido Comunista Chino creó el Instituto Confucio en 2004 como un proyecto piloto que comenzó en Uzbekistán a mediados de ese año, de la mano de Liu Yandong, ex vicepresidente chino y miembro del politburó durante su tiempo a cargo del Departamento chino del Frente Unido del Trabajo. Un veterano del Partido Comunista Chino que en pocos meses conseguía abrir el primer centro oficial en Seúl y que después de ello empezó a proliferar por todas por todos los continentes.

Los institutos desde sus comienzos fueron promocionados como centros de intercambio cultural, como lo son la Alianza francesa o los institutos Cervantes que promueven la historia, el arte o la lengua. En efecto, la oficina internacional del idioma y el Ministerio de Educación chinos están detrás de dichos centros desde su creación.

Hoy existen más de 500 institutos a lo largo y ancho del planeta y cuentan con un presupuesto anual de unos 10 mil millones de dólares aproximadamente. Parte del gran éxito de estos centros es que se han establecido dentro de campus universitarios a través de un modelo curioso y que en muchos casos es demasiado atractivo para ser rechazado.

De acuerdo con Rachelle Peterson, quien desarrolló un minucioso estudio en 2017 con grupo de centros Confucio en Nueva York y New Jersey determinó que los representantes chinos inicialmente negociaban contratos con las universidades anfitrionas por un periodo de cinco años, en los cuales les pagaban sustanciosas sumas de dinero a cambio del espacio. Aunque los contratos se mantienen secretos, se cree que las condiciones pueden variar en cada caso.  La atractiva cantidad ofrecida por Beijing facilitaba la operación en una primera etapa. A lo largo del tiempo surgían dificultades cuando los institutos interferían en las conferencias o discusiones de la casa de estudio, si los temas a debatir incluían Tibet, Taiwán o Tiananmen.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esos institutos han sido centro de mucha polémica. En el caso específico de los Estados Unidos las sospechas y el escrutinio llevó en 2019 al director del F.B.I., Christopher Wray, a testificar ante el Congreso para aclarar dudas sobre los mismos. “Los institutos Confucio ofrecen una plataforma para difundir la propaganda del gobierno chino, fomentar la censura y restringir libertades académicas”, fueron algunas de las afirmaciones de Wray.

Los institutos han sido utilizados por el Partido Comunista Chino como una estrategia global de expansión y presencia. A través de los mismos se ha conseguido insertar cientos de docentes chinos en tierras extranjeras bajo la justificación de poder impartir mandarín. Pero también han penetrado los más prestigiosos centros de educación e investigación del mundo desde donde han podido substraer información valiosa para el partido chino.

“El instituto Confucio es una marca atractiva para extender nuestra cultura al exterior. Han hecho una contribución importante para mejorar nuestro “poder blando” (soft power). La marca Confucio tiene un atractivo natural. Con la excusa de enseñar chino, todo parece razonable y lógico”. Fueron las palabras de Li Changchun en un discurso pronunciado en el 2011, que en ese momento era miembro del Comité permanente del Politburó, máximo órgano del PC chino.

En los años recientes, sobre todo durante la Administración Trump y su postura en contra de los abusos chinos, se denunciaron más abiertamente irregularidades perpetradas por Beijing. Sobre la base del robo de propiedad intelectual, de tecnología y de datos se tomaron medidas más drásticas. Además de denuncias hechas por ciudadanos chinos en territorio estadounidense, como han sido el caso de estudiantes que estuvieron en Estados Unidos como parte de un programa de intercambio y que se resistieron a ponerse bajo la autoridad del Partido Comunista y les tocó pagar con cárcel a su regreso a China.

También han sido investigadas denuncias de actividades irregulares de grupos de estudiantes chinos en campus universitarios estadounidenses vinculados con consulados chinos tratando de reclutar talento chino y otros esfuerzos de influencia sospechosos, tal y como afirma Jamie Horsley en un artículo publicado por el Brookings Institute.

La desconfianza de las instituciones estadounidenses ha llegado al punto que se ha investigado e incluso aprobado leyes para poner freno a las arbitrariedades antes mencionadas. Tal es el caso de la ley de la autorización de la defensa de 2019 (NDEE por sus siglas en inglés) que prohíbe al Pentágono a financiar programas de mandarín en Universidades anfitrionas.

El Departamento de Estado, por su parte, clasificó en agosto del 2020 a los Institutos Confucio como centros de misión exterior controlados y financiado por el gobierno chino. Y en marzo del presente año el Congreso aprobaba por unanimidad otra ley que busca restringir a las universidades que albergan los institutos de recibir fondos federales a menos que el acuerdo suscrito entre ambas entidades sea claro y proteja la libertad académica y otorgue a la universidad plena autoridad administrativa sobre el instituto.

“Los Institutos Confucio están bajo el control del PC chino. Son centro de propaganda que amenaza la libertad académica y la libertad de expresión sin vergüenza. En las universidades de los Estados Unidos, el gobierno chino está librando una guerra de influencia a través de estos Instituciones”. Fueron las palabras del Senador John Kennedy a razón de la aprobación la ley (Confucio Act to protect free speech at U.S. colleges).

Sólo en territorio estadounidense llegó a haber 110 institutos

Confucio de los que actualmente quedan 51 y 44 de ellos dentro de campus universitarios. Además, hay que sumar unas 500 aulas de clases en funcionamiento que se encuentran en distintos lugares a lo largo de la nación.

La Administración Biden continuará la postura de la anterior Administración y sin duda el número de institutos Confucio continuará reduciéndose, sobre todo en los campus universitarios debido a las restricciones que impone la ley recién aprobada.

La lucha no es sólo comercial. La lucha es de respeto a los valores propios. La lucha es en contra de los crímenes como el robo de tecnología o el uso inadecuado de una institución que debería tener como único fin el difundir la milenaria y rica cultura china en vez de ser usado como propaganda al servicio del Partido Comunista chino.