2025 Horizontal

Comercio, seguridad y 5G sobre la mesa

4Asia reúne el 10 de junio a colaboradores y expertos en un nuevo encuentro de debate, esta vez para analizar e intentar dar respuesta a dudas e incertidumbres ante la política proteccionista de Estados Unidos, la disputa comercial y tecnológica con China y los riesgos para la estabilidad internacional.

 Además, trataremos de poner luz en el nivel de amenaza que puede suponer el hecho de que uno de los factores de la ecuación internacional, China, sea un Estado con un importante y creciente desarrollo tecnológico, un sistema autoritario que no responde a otro control que al del propio sistema y a su partido único, el Partico Comunista, y un respeto arbitrario y según su concepto de sus intereses nacionales de las normas de derecho internacional.

Esta serie de hechos son los argumentos que exhibe un Trump atolondrado que a veces parece, él mismo ha llegado a decirlo, que añora reinar para siempre con un sistema como el chino. Esta política, incluso con alguna razón, es no sólo errónea sino peligrosa y sitúa a una Europa en crisis de identidad y desorienta ante un reto que no parece fácil de afrontar.

Así, repasaremos el desarrollo y la evolución tecnológica de la sociedad china; las previsibles consecuencias, buscadas o no, de la guerra comercial; los peligros para la seguridad cibernética y el orden y la libre competencia en los mercados, y también algo tan esencial y a veces tan poco valorado como los peligros tecnológicos para la seguridad nacional, la defensa de los intereses nacionales y estratégicos de España y la necesidad de proteger las instituciones y la estabilidad democrática. Esperamos debatir todos estos asuntos con quienes quieran asistir.

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INTERREGNUM: Washington aprieta las tuercas. Fernando Delage

El 23 de mayo, el Senado de Estados Unidos aprobó, a instancias de 14 miembros de la Cámara—un grupo que incluía tanto a demócratas como a republicanos—una ley que permitirá “sancionar a aquellos individuos y entidades chinas que participen en las actividades ilegítimas de Pekín dirigidas a afirmar la expansión de sus reclamaciones territoriales” en los mares de China Meridional y de China Oriental. Presentada en 2017 pero no puesta en marcha hasta ahora, este instrumento legislativo confirma cómo las tensiones económicas entre Washington y Pekín se extienden con rapidez al terreno político y de seguridad.

Que la medida iba a endurecer la posición de Pekín resultaba previsible. Pero la escalada ha sido mera cuestión de días. El 1 de junio, en la reunión que cada año organiza por estas fechas el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos e Internacionales de Londres en el hotel Shangri-la de Singapur, el secretario de Defensa en funciones de Estados Unidos, Patrick M. Shanahan, advirtió que “el comportamiento que erosiona la soberanía de otras naciones y alimenta la desconfianza en las intenciones de China debe acabar”. Nada más concluir su discurso, muy beligerante en el tono contra Pekín, su departamento hizo público un informe sobre la estrategia de Estados Unidos en el Indo-Pacífico—el primero desde 1998—en el que se acusa a China de buscar “la hegemonía regional en el Indo-Pacífico a corto plazo, y la preeminencia global a largo plazo”.

Pese a sus 60 páginas, el Informe, tras realizar esa descripción hostil de la República Popular como rival, ofrece una descripción del proceso de reforzamiento de las capacidades militares norteamericanas en la región, más que una estrategia operativa propiamente dicha. Pero el guante estaba lanzado de nuevo—retomando el lenguaje y las críticas ya lanzadas por el vicepresidente Pence en su discurso de octubre en el Hudson Institute—, y así fue recibido por Pekín. El 2 de junio, en el mismo foro en Singapur, el ministro de Defensa, Wei Fenghe, respondió a Shananan prescindiendo de toda sutileza diplomática. Además de negar las acusaciones de militarización de las islas del mar de China Meridional, advirtió que China “luchará hasta el final” en la disputa comercial con Estados Unidos, como “luchará asimismo cueste lo que cueste” contra la reunificación de Taiwán, asunto—dijo en alusión a los comentarios del jefe del Pentágono sobre la isla—con respecto al cual toda interferencia externa concluirá en fracaso.

Como en un acto reflejo con los movimientos en Washington, al terminar Wei su discurso, fue el viceministro de Comercio chino, Wang Shouwen, quien presentó en Pekín un Libro Blanco sobre las relaciones comerciales y económicas con Estados Unidos. Apenas 48 horas antes, las autoridades chinas amenazaron con posibles sanciones a empresarios y compañías norteamericanas si interrumpían el suministro a sus socios chinos. En la presentación del informe, Wang acusó a Washington de “imponer unas demandas nada razonables que interfieren en la soberanía china”. “Después de darle una mano, Estados Unidos quiere un brazo”, dijo. “Si quiere recurrir a una presión extrema para que una escalada de las fricciones comerciales obligue a China a capitular, esto es imposible”, concluyó.

Las espadas están pues en alto. Trump confía en su instinto y en las prácticas negociadoras a las que recurrió como empresario inmobiliario. Pero su presión no hace sino reforzar el nacionalismo de una China que no puede permitirse ceder en cuestiones de principio. Pekín se prepara para un conflicto que durará años.  Foto: Flickr, Darkday

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THE ASIAN DOOR: 5G, el dragón comienza a rugir. Águeda Parra

En cuestión de tecnología no existe país pequeño. La era de la revolución tecnológica está facilitando que países en vías de desarrollo aborden una transformación de su estructura económica gracias a la facilidad que permite la aplicación de las nuevas tecnologías. Algunos pronostican una guerra de desgaste entre Estados Unidos y China mientras ambos países mantienen su lucha por aplicar nuevos aranceles.

Por el momento, la guerra estrictamente comercial cae a favor de China, que sigue manteniendo una balanza comercial positiva con Estados Unidos, pero no sucede lo mismo en lo económico, pues ambos países están sufriendo un significativo desgaste, además de las implicaciones que esta lucha de poder está suponiendo para la economía internacional. Pero mientras la imposición de nuevos aranceles, respondidos de nuevo por Pekín, no ha conseguido reducir el déficit comercial entre Estados Unidos y China, tampoco parece estar teniendo mucho efecto la advertencia de Washington al resto de Estados de que no confíen el despliegue de su nueva red de comunicaciones móviles 5G a la tecnología china, con el suministrador Huawei como punta de lanza.

Pero no es sólo la balanza comercial la que preocupa, sino las aspiraciones de China de convertirse en referente tecnológico mundial. La batalla tecnológica se libra principalmente en base al estratégico mercado de los microchips, ya que quién consiga imponer sus estándares tendrá una ventaja sustancial frente al resto de sus competidores. En el caso americano, Qualcomm mantiene luchas internas para sacar del mercado a Apple e Intel, mientras que del lado chino, Huawei y ZTE muestran una alta implicación en los trabajos del 3GPP, el consorcio internacional de tecnología que define los estándares que se utilizan en las aplicaciones con tecnología 5G.

Si cabe, de las batallas que China tiene ganadas sin haber entrado todavía en guerra, la de los estándares es la más destacada. Es decir, la garantía de que los componentes chinos formarán parte del ecosistema tecnológico mundial durante los próximos años. Muy a pesar de las advertencias de la administración Trump, en la decisión de los Estados ha primado la alta dependencia de su red a los componentes de Huawei, más que los posibles problemas de ciberseguridad, un ámbito en el que cada país considera que puede encontrar soluciones con garantías conjuntamente con el suministrador chino. Los países europeos han convertido a Huawei en los últimos diez años en el proveedor de casi un tercio de los sistemas de telecomunicaciones que utilizan las operadoras y las administraciones. La alta flexibilidad para adaptarse a las necesidades de cada cliente frente al resto de proveedores tradicionales le ha permitido a Huawei incrementar entre 2013 y 2018 hasta en un 8% su cuota de mercado, permitiéndole alcanzar así el liderazgo con el 28,6% del mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones. Con escasa presencia en el mercado norteamericano, Asia Pacífico representa para Huawei su principal fuente de ingresos, con un 42% de la cuota, seguida a partes iguales por la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África) y América Latina y Caribe, representando ambas un 31% de la cuota de mercado, según Bloomberg.

Mientras la nueva Ruta de la Seda no parece estar captando demasiado la atención de Estados Unidos, como sí lo hace en el caso de la Unión Europea, el gran proyecto de Pekín del Made in China 2025 es la gran batalla de esta guerra fría entre los dos titanes. En el ámbito tecnológico, Huawei ya compite de igual a igual con el resto de las grandes tecnológicas, también a nivel del registro en el número de patentes. Precisamente, en el ámbito de la tecnología 5G, las patentes registradas por Huawei alcanzan las 1.529, el doble de las registradas por su principal competidor, la americana Qualcomm, con 757, lo que significa que Huawei está en mejor disposición que el resto de suministradores de recibir royalties y pagos por licencias por el uso de la tecnología 5G. El propósito primigenio del proyecto de que China no dependa de la tecnología de Occidente para su progreso económico parece tener ahora mayor relevancia tras el veto de Google a Huawei, tras la nueva directiva norteamericana de incluir a la empresa china en una lista negra comercial. Una nueva vuelta de tuerca en lo que está resultando ser unas duras negociaciones para poner fin a la guerra comercial que ambas potencias mantienen abierta.

Un duro golpe que viene después de que aún en plena guerra comercial Huawei batiera su propio récord en ingresos y beneficios durante 2018, un buen comportamiento financiero que se ha mantenido durante el primer trimestre de 2019, registrando un incremento anual de ingresos del 39%, hasta los 26.800 millones de dólares. Con más de 200 millones de smartphones vendidos durante 2018, Huawei ha seguido incrementado sus ventas hasta en un 50% en el primer trimestre de 2019, hasta superar los 59 millones de smartphones, lo que le ha permitido convertirse en el segundo fabricante mundial de teléfonos móviles, desbancando a la americana Apple. La bajada de precios del iPhone para paliar la aplicación de aranceles no ha tenido el efecto esperado ante el creciente fervor nacionalista que se está despertando entre la población china ante la guerra comercial con Estados Unidos. Una situación que, de no ser por el veto de Google, podría haber llevado a Huawei a optar por el asalto al líder mundial, Samsung. La suerte está echada y ahora China tendrá que demostrar hasta dónde ha avanzado su desarrollo tecnológico, y sus estándares, para hacer frente a un sistema operativo propio. Foto: Flickr, Rob Oo