China desafía a occidente: guerra de sanciones. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Unión Europea anunciaba sanciones el lunes pasado a 4 funcionarios chinos encargados de las operaciones de los “centros de reeducación” en Xinjiang. Estas sanciones vienen a complementar las impuestas por Washington en julio de 2020 a otros 4 funcionarios chinos claves, como el jefe regional del PC Chen Quanguo, quien es visto como el artífice de las políticas de Beijing contra las minorías musulmanas y que anteriormente estuvo a cargo de las acciones impuestas en el Tibet; el director de la oficina de seguridad de Xinjiang, un ex funcionario de seguridad, y una destacada figura del partido en Xinjiang. Estratégicamente los europeos sancionaban otras personalidades y no las que ya habían sido sancionadas por los Estados Unidos con la intención de neutralizar más piezas claves del PC chino.

Reino Unido se sumaba a las sanciones de la UE, y Beijing respondía con sanciones a sanciones a 7 parlamentarios y 2 académicos. “Es nuestro deber denunciar el abuso de los derechos humanos por parte del gobierno chino en Hong Kong y el genocidio de los uigures”, dijo Ducan Smith, académico y sancionado, quien afirmaba que “aquellos de nosotros que vivimos días libres bajo el imperio de la ley debemos hablar por aquellos que no tiene voz”.

Canadá también se sumaba a la acción coordinada de sancionar miembros del PC chino. Por lo que la respuesta de Beijing no se hizo esperar sancionando a 2 miembros de la comisión internacional de libertad religiosa (USCIRF) estadounidenses y a 9 parlamentarios canadienses. A lo que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau aprovechó la oportunidad para manifestar: “Las sanciones chinas son un ataque a la transparencia y a la libertad de expresión y valores en el corazón de nuestra democracia. Apoyamos a los parlamentarios y nos manifestamos en contra de estas acciones inaceptables y continuaremos defendiendo los derechos humanos en todo el mundo con nuestros socios internacionales”.

China y Canadá llevan un par de años de fuerte tensiones desde que la policía canadiense prohibieran a la ejecutiva de Huawai, Meng Wanzhou, salir del país por solicitud de la Administración Trump, basándose en una orden de un tribunal de New York que emitió una mandato de arresto para Meng para que fuera juzgada en los Estados Unidos por violación a sanciones estadounidense en contra de irán y conspiración para robar secretos comerciales”.

Australia y Nueva Zelandia no han impuesto sanciones, pero sí han manifestado su apoya a las que otros países han puesto. Aunque Australia ha expuesto abiertamente que consideran que China debe responsabilizarse por el daño causado por la pandemia, lo que ha generado fricciones importantes entre ambos. En efecto, el Ministro de Comercio australiano amenazaba con llevar a China ante la OMC a finales de la semana por su decisión injustificable de aumentar los aranceles en las importaciones de vino australiana entre el 116.2% al 218.4% por cinco años, como otro de sus mecanismos de retaliación.

El secretario de Estado de EEUU publicaba una declaración el sábado por la noche sobre la respuesta de China: “Los intentos de Beijing de silenciar a quienes se pronuncian por los derechos humanos y las libertades fundamentales solo contribuyen al creciente escrutinio internacional del genocidio y los crímenes de lesa humanidad en curso en Xijiang. Nos solidarizamos con Canadá, el Reino Unido, La UE y otros socios y aliados del mundo para pedir a la República Popular China que ponga fin a las violaciones de derechos humanos y los abusos en contra de los uigures, así como hacia otras minorías étnicas y religiosas de Xinjiang y la liberación de los detenidos arbitrariamente…” 

La Administración Biden, con poco más de dos meses en el poder, no ha perdido tiempo en restablecer relaciones con los aliados tradicionales y consolidar acercamientos que en los últimos años habían sufrido un enfriamiento considerable. El tono de la Casa Blanca es mucho más reconciliador hacia sus aliados y las acciones del Departamento de Estado de Blinken parecen estar articulando un sólido frente internacional que, en primer lugar, alerte sobre el peligro de China y segundo lugar, parecen intentar poner fin a las prácticas e irregularidades chinas en el mundo.

Beijing por su parte se ha dedicado a responder como otra potencia fuerte que no está dispuesta a dejarse amedrentar,  por lo que se acerca a Rusia e Irán para levantar su propio frente de oposición mientras ha pasado la semana respondiendo con sanciones y tarifas para castigar a quienes los juzgan por lo que están haciéndole a los Uigures, que cada día el mundo ve más claro que es la erradicación de esa etnia a través de la eliminación de sus costumbres, religión, idioma, cultura y hasta nacimientos.

THE ASIAN DOOR: 7 claves sobre el Acuerdo Integral de Inversión UE-China. Águeda Parra

SIETE AÑOS DE NEGOCIACIONES. Ha sido un largo trayecto hasta completar el Acuerdo Integral de Inversión entre la Unión Europea y China. Las negociaciones han durado siete años hasta llegar a la firma el pasado 30 de diciembre de 2020, a pocos días de finalizar el año y antes de que se acabara la presidencia rotatoria semestral de Alemania en el Consejo de la Unión Europea. Entrará en vigor en 2022.

ACCESO AL MERCADO CHINO, DEMANDA REITERADA INCORPORADA. El acuerdo recoge varios aspectos que han sido una demanda constante entre las empresas europeas que operan en el país. Entre los más destacados, el acuerdo recoge un mayor acceso al mercado chino y la eliminación o reducción del requisito de tener que crear una empresa conjunta con un partner local para operar en el país. Asimismo, el acuerdo también contempla que las empresas europeas recibirán el mismo trato que las chinas, además de avanzar en una mayor transparencia regulatoria. A todo ello, hay que sumar un tema que ha sido central en las negociaciones: se elimina la transferencia de tecnología en determinados sectores.

RECIPROCIDAD: CABALLO DE BATALLA ENTER LA UE-CHINA. Uno de los principales reclamos de la UE a China ha sido el importante desequilibrio existente en el nivel de apertura entre el mercado chino y el europeo, sobre todo cuando Europa es uno de los mercados más abiertos a la inversión, de aquí que la desproporción fuera evidente.

La falta de reciprocidad siempre ha sido el caballo de batalla entre la UE y China ya que China ha mantenido viva una lista de sectores económicos restringidos a la inversión extranjera que se han ido reduciendo con el tiempo. Ahora, con este acuerdo, se avanza en mejorar la tantas veces reclamada reciprocidad.

MANUFACTURA Y SECTOR SERVICIOS, LAS GRANDES ESTRELLAS. El sector manufacturero es uno de los grandes baluartes de China, y de hecho más de la mitad de la inversión de la UE se realiza en este sector. El gran avance que se produce con este acuerdo es que, por primera vez, China dará acceso a este mercado a un socio. En este sector está incluida la industria automotriz, tanto de automóviles tradicionales como los de nuevas energías, además de la producción de equipos de transporte y sanitarios, entre los más destacados.

El sector servicios también forma parte del acuerdo. En este ámbito se incluye el floreciente ámbito de los servicios financieros, las renovables, una mayor apertura en los servicios en la nube, la sanidad privada y el transporte aéreo, entre otros.

ACUERDO DE LIBRE COMERCIO. De entre los acuerdos que China tiene con otros países, el Acuerdo Integral de Inversión con la UE, conocido en inglés como Comprehensive Agreement on Investment (CIA), es el más ambicioso que ha firmado el gigante asiático con otro socio y resulta de gran importancia económica para la UE. El objetivo principal es reequilibrar la relación comercial y de inversiones existente, pero también se podría considerar como la antesala de un futuro acuerdo de libre comercio entre ambos mercados.

INFLUENCIA Y ASERTIVIDAD EN ASIA. Uno de los aspectos más importantes del acuerdo es que se elimina el requisito de necesitar crear una joint-venture, un gran avance para la inversión europea que lleva años operando en China. Contar con un acuerdo como el recientemente firmado, supone para la Unión Europea dar un salto cuantitativo y cualitativo en las relaciones bilaterales con China, un paso más en consolidar su influencia en la región y su asertividad en Asia.

GOLPE DE EFECTO. A nivel geopolítico, el acuerdo de inversión entre la UE y China, así como el anteriormente firmado por China con otros 14 países de la región de Asia-Pacífico con el que se ha creado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido en inglés como RCEP, ofrecen a China un entorno de estabilidad y un escenario muy propicio para recuperase de la pandemia. El golpe de efecto se produce por el avance realizado por China sin necesidad de esperar a ver cuáles serán las medidas que tome la nueva administración Biden después del deterioro que han sufrido las relaciones con Estados Unidos tras más de 2 años de guerra comercial.

INTERREGNUM: Bruselas y Pekín reciben a Biden. Fernando Delage

Después de siete largos años de negociación, 2020 concluyó con la firma del acuerdo de inversiones entre la Unión Europea y China (CAI en sus siglas en inglés); un pacto que confirma la voluntad de ambos actores de profundizar en su relación mejorando el acceso a sus respectivas economías. La industria europea podrá operar con mayor facilidad en el mercado chino, al tiempo que podrá contribuir a los esfuerzos de la República Popular dirigidos a reestructurar su modelo de crecimiento a través de la digitalización y la sostenibilidad medioambiental. Se trata, no obstante, de un acuerdo controvertido por la ausencia de mecanismos de verificación y la exclusión de algunos sectores, así como por sus implicaciones geopolíticas.

El acuerdo supone un primer obstáculo a la nueva etapa que se espera poner en marcha en las relaciones transatlánticas a partir de la toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos. No ha sido sólo la administración Trump la que ha criticado a Bruselas: distintos miembros del equipo de Biden, en efecto, se han quejado asimismo de la falta de coordinación de ambos socios con respecto a China (aunque tampoco Washington consultó con los europeos su política hacia Pekín). No puede sino concluirse que, en lo que afecta a la relación con la República Popular, los intereses europeos no son siempre coincidentes con los norteamericanos, al tiempo que Pekín ha logrado una nueva victoria diplomática.

Cuando los negociadores europeos y chinos comenzaron la discusión sobre el acuerdo de inversiones—una vez que se descartó la posibilidad del acuerdo de libre comercio preferido por Pekín—, este último consideró el pacto con Bruselas como un instrumento de contrapeso del Acuerdo Trans-Pacífico (TPP) que impulsó la administración Obama para evitar una mayor dependencia de las naciones asiáticas de la economía china. El abandono del TPP por Trump nada más llegar a la Casa Blanca no redujo sin embargo la relevancia de la Unión Europea para la República Popular: por el contrario, la guerra comercial y tecnológica con Washington no ha hecho sino reforzar su interés. Que el gobierno chino decidiera acelerar las negociaciones desde el pasado verano, y admitir unas concesiones que anteriormente había rechazado (aunque en realidad formaban parte de sus obligaciones tras adherirse a la OMC), da una idea de sus prioridades diplomáticas. Una relación más estrecha con la UE servirá para prevenir la formación por Estados Unidos de un bloque con sus aliados contra las prácticas comerciales chinas. Desde esta perspectiva debe recordarse, por otra parte, que Pekín acaba de firmar la Asociación Económica Regional Integral (RCEP) con 14 países asiáticos, y retomado la negociación de un acuerdo trilateral de libre comercio con Japón y Corea del Sur.

Pero si es evidente la motivación china a favor de una suma de instrumentos que consolidan su posición en la economía global—y minimizan la influencia de Estados Unidos—, más confusa resulta la decisión europea de cerrar la firma del acuerdo pese a la presión norteamericana y contra el escepticismo de distintos Estados miembros, Francia entre ellos. En último término se impuso la determinación de Angela Merkel de concluir el pacto antes de que terminase la presidencia alemana de la Unión. Aunque Merkel habría logrado el visto bueno de Macron tras obtenerse ciertas ventajas para Airbus y dejar en manos de París la firma del tratado final durante la presidencia francesa en el primer semestre de 2022 (el acuerdo está aún sujeto a su ratificación parlamentaria), parece obvio que la política china de la UE responde a la percepción de las cosas mantenida por Berlín; es decir, a una posición en la que predominan los intereses económicos sobre los geopolíticos (aun a costa de la incomprensión y frustración de Washington).

El debate queda abierto para los próximos meses. Con todo, no debe perderse de vista que el acuerdo con Pekín representa un nuevo escalón en la construcción de una estrategia asiática por parte de la UE. El CAI se suma a los acuerdos de libre comercio ya concluidos con Japón, Corea del Sur, Singapur y Vietnam, o bajo negociación (con Indonesia y Tailandia); y a la declaración—el mes pasado—de la ASEAN como socio estratégico de la Unión. Bruselas (en realidad Berlín-París) ha lanzado el mensaje de que su proyección hacia Asia no puede ser rehén de la rivalidad Estados Unidos-China. Sus socios en la región, que comparten ese mismo objetivo, han encontrado una buena alternativa en el Viejo Continente. India es quizá la principal excepción: justamente cuando comenzaba a valorar en mayor grado el potencial de una mayor aproximación a la UE, ha recibido con notable incredulidad la noticia del pacto europeo con Pekín.

Primeros roces Biden-UE

La UE está a punto de cerrar el gran acuerdo sobre inversiones con China acordado en la cumbre europea de abril. Se trata de un proyecto de convenio que pretende establecer un protocolo de garantías jurídicas a cada parte en el territorio de la otra parte, Alemania es el principal gran impulsor de este acuerdo y quiere cerrar con él la presidencia alemana de la UE antes del 1 de enero, aunque probablemente es imposible a estas alturas. Se aprobará pero probablemente no antes del 1 de enero.

Pero este proyecto ha provocado los primeros roces entre el equipo del presidente electo de Estados Unidos, Joseph Biden, y Bruselas. Y no se trata tanto del contenido del acuerdo, que en todo caso se analizará cuando esté aprobado, dicen desde EEUU, sino de que la aceleración de las negociaciones no ha sido ni comunicada ni coordinada con EEUU, ni siquiera con el equio de Biden.  Trump ya no es una coartada.

Las tensas relaciones entre Whashington y Bruselas de los últimos cuatro años no han estado motivadas solamente por el proteccionismo y la unilateralidad de Trump sino también por el crecimiento de los prejuicios anti EEUU de Europa y que, bajo la coartada de ganar autonomía política sin asumir más protagonismo ni en Defensa ni en una política exterior sólida, han debilitado la posición occidental en varios frentes y cedido espacio político a Moscú y a Pekín.

Detrás de la política exterior de un país o una alianza están siempre, obviamente, intereses nacionales esenciales y permanentes, y Estados Unidos tiene los suyos, independientemente de quién sea el presidente, que no puede cambiarlos sino gestionarlos a su manera. Los países de la UE tienen los suyos, claro y además de coordinarse entre sí, como el mundo es complejo, no puede jugar a la equidistancia entre EEUU y las otras potencias porque la Europa actual comparte muchos más intereses con EEUU país a cuya fuerza militar debe su existencia y la solidez de sus instituciones. Mejorar y fortalecer las relaciones trasatlánticas pasa por analizar y sopesar sus intereses y abandonar el discurso infantil de las caricaturas de Trump para avalar inacciones y una falta de energía notable para asumir retos y riesgos.

El alcance acelerado de la India a Europa. Niranjan Marjani

La 15ª Cumbre UE-India se celebró virtualmente en julio de este año. Después de esta cumbre hubo una serie de compromisos entre India y países europeos en diferentes niveles. El primer ministro Narendra Modi celebró cumbres virtuales con los líderes de Dinamarca, Italia y Luxemburgo entre septiembre y noviembre, mientras que el secretario de Relaciones Exteriores, Harsh Vardhan Shringla, visitó Francia, Alemania y el Reino Unido entre la última semana de octubre y la primera de noviembre.

La crisis del COVID-19 y los desafíos emergentes de seguridad y geopolíticos ofrecen una oportunidad a la India para redefinir sus relaciones con Europa. La región del Indo-Pacífico, las cadenas de suministro y el mecanismo antiterrorista son tres áreas que tienen el potencial de definir las relaciones entre India y Europa en el futuro.

La región del Indo-Pacífico

La región del Indo-Pacífico se ha convertido en el área con el máximo potencial de cooperación entre la India y los países europeos. Francia, Alemania y los Países Bajos se han mostrado inclinados a participar en la geopolítica del Indo-Pacífico.

En los últimos tiempos, el Indo-Pacífico ha agregado una nueva dimensión a las relaciones India-Francia que se están fortaleciendo en el área estratégica. De manera similar, mientras se encontraba en Alemania, el Secretario de Relaciones Exteriores Shringla acogió con satisfacción la política de Alemania hacia el Indo-Pacífico y afirmó que es un área de interés común entre ambos países. En septiembre se celebró virtualmente el Primer Diálogo India-Francia-Australia. Este diálogo se centró en la región del Indo-Pacífico. Alemania, por su parte, también planea enviar patrulleras en el Océano Índico junto con la Armada Australiana.

A medida que la política global está experimentando un cambio estratégico hacia la región del Indo-Pacífico, hay cada vez más oportunidades para que las potencias europeas jueguen un papel importante en la región del Indo-Pacífico. Las relaciones con la India deberían permitir a los países europeos participar en una cooperación significativa en la región del Indo-Pacífico.

Cadenas de suministro

La interrupción de las cadenas de suministro ha sido uno de los efectos más graves de la crisis del COVID-19. Dado que empresas de todo el mundo han establecido un gran número de cadenas de suministro en China, la pérdida económica ha sido enorme. El primer ministro Narendra Modi ha hecho hincapié en la diversificación de las cadenas de suministro, lo que reduciría el impacto negativo de cualquier crisis. India, junto con Estados Unidos, Japón y Australia, ha estado trabajando en esta área. La cuestión de la diversificación de las cadenas de suministro se debatió de forma destacada en las cumbres virtuales bilaterales India-Dinamarca e India-Italia.

La UE es el mayor socio comercial de la India y el 11,1% del comercio de la India en 2019 fue con la UE. El comercio de India con la UE es más que el comercio de India con los Estados Unidos y China. Recientemente, la India decidió no unirse a la Asociación Económica Integral Regional, que se considera el pacto comercial más grande del mundo. La India se negó a unirse porque las disposiciones de este acuerdo van en contra de los intereses económicos de la India. En cambio, India ha decidido centrarse más en la UE y los Estados Unidos. India está considerando celebrar un acuerdo comercial preferencial con la UE y luego avanzar hacia un acuerdo de libre comercio.

Mecanismo antiterrorista

Los recientes ataques terroristas en Francia y Austria proporcionan otra área de cooperación entre la India y los países europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha expresado su postura contra el terrorismo y el separatismo basado en la religión. Desde la llegada de ISIS, Europa ha sido testigo de una gran cantidad de ataques terroristas. Especialmente Francia ha estado en el extremo receptor del terrorismo islámico durante este período.

India también ha sido víctima del terrorismo islámico durante décadas. Sin embargo, es importante señalar que la naturaleza del terrorismo que enfrentan India y Europa puede parecer diferente. El terrorismo en Europa lo llevan a cabo principalmente inmigrantes de países musulmanes. El terrorismo en la India está patrocinado principalmente por Pakistán.

Pero la amenaza del terrorismo podría considerarse desde dos puntos de vista. Primero está el terrorismo organizado que es llevado a cabo directamente por miembros de organizaciones terroristas o por países que apoyan el terrorismo. En segundo lugar está el terrorismo que es el resultado de la radicalización. Ha habido muchos ataques terroristas en Europa que fueron llevados a cabo por personas motivadas por ideología extremista. Estos atacantes no eran necesariamente miembros de ningún grupo terrorista, sino que fueron radicalizados a través de enseñanzas religiosas.

Hoy la radicalización religiosa es una amenaza tanto como el terrorismo organizado. India y Europa deben cooperar en ambas áreas. El desarrollo de mecanismos para el intercambio de inteligencia sería un buen comienzo. Al ser también democracias liberales, la India y los países europeos podrían realizar esfuerzos concertados para contrarrestar las ideas radicales y promover la libertad y la seguridad.

La recuperación económica y abordar los desafíos geopolíticos y de seguridad en el período posterior al COVID-19 requeriría un esfuerzo colectivo de países de todo el mundo. India y los países europeos tienen una base de relaciones sólidas y diversificadas desde donde podrían incursionar en nuevas áreas de cooperación.

(Niranjan Marjani es analista político e investigador de Vadodara, India. Síguelo en Twitter: @NiranjanMarjani)

INTERREGNUM: Bruselas mueve nueva ficha. Fernando Delage

Tal como se propusieron sus nuevos dirigentes, la Unión Europea busca su espacio en el terreno geopolítico, lo que en la práctica supone ante todo situarse frente a la competición estratégica entre Estados Unidos y China. Con solo unos días de diferencia han tenido una doble ocasión para hacerlo, al celebrarse el Diálogo Estratégico anual UE-China (el 10 de junio), y el encuentro del Alto Representante y los ministros de Asuntos Exteriores de los 27con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo (el pasado lunes). Aunque Alemania ha decidido posponer la esperada reunión extraordinaria de los jefes de Estado y Gobierno de la Unión con el presidente chino, prevista para septiembre en Leipzig, en una semana se celebrará también la cumbre regular UE-China, la primera de la Comisión von der Leyen, con el primer ministro Li Keqiang.

Con antelación a estos encuentros, el Alto Representante, Josep Borrell, ha señalado de manera rotunda que Bruselas no se sumará a Washington en una política de confrontación con China, minimizando asimismo la retórica de rivalidad con Pekín que parecía desprenderse de las líneas estratégicas de la Comisión del pasado año. “Como europeos, indicó, tenemos que seguir nuestro propio camino, con todos los desafíos que ello supone”.

Con frecuencia importan más los hechos que las palabras, mientras que los movimientos hacia los países intermedios también pueden dar más resultados que los avances con las grandes potencias. Así ocurre por ejemplo con la estrategia de acuerdos de libre comercio que Bruselas lleva desplegando desde hace unos años. Primero fueron las democracias del noreste asiático, Corea del Sur y Japón, con los que se acordó simultáneamente una asociación de carácter estratégico. Posteriormente se ha ido abriendo brecha en el sureste asiático: tras el acuerdo con Singapur (en vigor desde noviembre del año pasado), Vietnam ha sido objeto del segundo. El 8 de junio, la Asamblea Nacional de Vietnam aprobó, en efecto, el Acuerdo de Libre Comercio Vietnam-Unión Europea. Con el visto bueno del Parlamento Europeo, obtenido el pasado mes de febrero, y del Consejo de Ministros, un mes más tarde, por parte de la UE, tras superarse las últimas formalidades el pacto entrará en vigor en dos o tres meses.

Según el Banco Mundial, Vietnam será la economía asiática que registrará un mayor crecimiento este año. El acuerdo podrá traducirse en un aumento del 2,4% de su PIB, y de un 12% de sus exportaciones en la próxima década. La ratificación del pacto por parte de Hanoi es un claro reflejo de su opción por la liberalización comercial, y coherente con su participación en el CPTTP (el antiguo TPP sin Estados Unidos). Para la UE, supone un nuevo salto adelante en su vinculación con esta subregión asiática y con la ASEAN, y facilita el acceso de las empresas europeas a uno de los grandes bloques económicos del planeta, del que Bruselas es el tercer mayor socio.

El entendimiento entre Bruselas y Vietnam es, desde esta perspectiva, otro ejemplo de la transformación de la dinámica regional. Mientras la administración Trump ha amenazado a Hanoi con la imposición de tarifas (el presidente norteamericano dijo el año pasado que Vietnam era aún peor que China por su política comercial), el gobierno vietnamita ha querido impulsar el pacto con la UE. Por su parte, esta última avanza en la construcción de una presencia que, aunque aparentemente económica y comercial, se traducirá en una creciente influencia política. De manera indirecta implica también el apoyo de Bruselas al CPTPP, una circunstancia que podría facilitar que, de producirse un cambio de presidente en la Casa Blanca, Washington reconsidere su abandono de este instrumento decisivo frente a una China en ascenso.

La crisis del coronavirus y su impacto (II: La UE). Isabel Gacho Carmona

Unos manteniéndose en sus dogmas de ortodoxia fiscal, otros reclamando unos coronabonos que mutualicen la deuda. Mientras tanto, mucha negociación y cruce de reproches. Algunos clásicos, como el norte, que acusa al sur de mala gestión fiscal. Otros más novedosos, como Costa sugiriendo que a lo mejor es La Haya quien debe quedarse fuera. O Conte poniendo en la mesa que el ‘dumping’ fiscal sustrae miles de millones a los socios de la UE. -Por cierto, los países de la UE con los mayores casos de Covid-19 han sido los mayores perdedores históricos del impuesto de sociedades de Países Bajos-.

Pese a este escenario, Ignacio Molina, investigador senior del Real Instituto Elcano muestra “cierto optimismo sobre la resiliencia de la UE”, que aplica también a esta nueva crisis. Se va 15 años atrás para ver como hemos superado graves problemas. “Al final, la acumulación de crisis nos puede hacer ver, no tanto que estamos es un estado de barrena y que la policrisis es el estado natural de la Unión, sino que hemos sido capaces de superar desafíos enormes.

Mirando desde la Constitución que no fue a la crisis de refugiados o al Brexit, la conclusión a la que llega es que “la UE sobrevive a todas las crisis buscando compromisos”. ¿La Constitución no logró la aprobación de Francia y Países Bajos? Se crea el Tratado de Lisboa. ¿La crisis del euro tensiona las expectativas políticas y la situación económica del norte y del sur? Se llegan a consensos como la política del BCE, el MEDE o reformas a la gobernanza.

En el caso de la gestión de la Covid-19, Molina achaca la descoordinación inicial a que “la propia naturaleza de la Unión no es especialmente ejecutiva”. Muchos órganos son supranacionales y funcionan sobre el consenso, lo que dificulta la rapidez de las respuestas. Pero, además, las primeras medidas que había que tomar (sanitarias, de movilidad…) son áreas en las que la Unión no tiene competencias.

Ahora bien, esta crisis puede tener consecuencias más letales que las otras porque afecta a todo a la vez: Schengen, el Euro y al pilar fundamental, el sentimiento de comunidad. En este último sentido nos enfrentemos al “gran problema político de la Unión: somos una comunidad, pero 27 espacios distintos de rendición de cuentas”. Sin consensos, corremos el riego de que crezca la imagen de la UE como mal menor, o, en palabras de Charles Powell, “la europeización del fracaso y nacionalización del éxito”.

Europa frente a la rivalidad EEUU-China. Isabel Gacho Carmona.

La situación de competencia estructural entre la potencia vieja y la nueva pone a los Estados miembros de la UE en una posición difícil. Nos estamos viendo obligados a tomar decisiones incómodas, con la petición de Trump de vetar a Huawei como punta de lanza. Nos pusimos de acuerdo el pasado febrero cuando Comisión publicó el famoso documento UE-China: Una Perspectiva Estratégica, en el que se definía a China como “un competidor económico que persigue el liderazgo tecnológico” y “un rival sistémico”. Hasta Grecia y Hungría, que tienen relaciones más estrechas con Pekín, dieron luz verde a este cambio de narrativa.

Pero no es ningún secreto que, mientras con Estados Unidos nos une una alianza estratégica y dependencia en materia de defensa, con China hemos ido estrechando vínculos económicos y financieros hasta el punto de ser también dependientes de Pekín. Ahora bien, pese a las declaraciones de intenciones conjuntas desde Bruselas, el papel de cada Estado es diferente. Las inversiones en sectores estratégicos, los foros subregionales como el 17+1, la relación comercial asimétrica… son instrumentalizadas por China de manera bilateral. Muchas veces dejando a las capitales europeas en una posición muy susceptible al vasallaje, lo que se traduce, inevitablemente, en la dificultad de llegar a posiciones comunes. El bloqueo de Grecia a una declaración conjunta de la UE condenatoria a China en el Consejo de Derechos Humanos en 2017 es de los ejemplos más famosos en este sentido.

Mientras tanto, analistas y académicos llevan tiempo analizando esta situación desde diferentes puntos de Europa. En 2014, el Real Instituto Elcano e Ifri, con idea de aunar ideas e investigaciones, crearon el European Think-tank Network on China (ETNC). Una red que cuenta con expertos en la materia de una gran selección de centros de investigación europeos.

El último de sus informes, Europe in the Face  of US-China Rivalry, editado por los analistas de Elcano Miguel Otero-Iglesias y Mario Esteban, se analiza caso por caso un total de 18 Estados miembros. Como la petición del veto a las redes 5G de Huawei ha puesto de manifiesto, los diferentes Estados miembros -soberanos, no nos olvidemos-, han calibrado sus opciones, en general, por separado. Cada uno haciendo balance entre sus relaciones con Washington, sus relaciones con Pekín, y la defensa de sus propios intereses. Es por esto que conocer de cerca las relaciones que tienen los diferentes miembros con ambas potencias es crucial para entender la situación y poder buscar posiciones comunes. Así, el informe analiza las situaciones concretas desde Grecia a Finlandia, pasado por Eslovaquia o el ya exmiembro Reino Unido.

Concluye que pese a las diferencias, hay un punto común claro entre los Estados miembros: Todos consideran a EEUU como su aliado preferente y dependen de su protección militar, pero quieren sacar el mayor provecho posible a los beneficios económicos que hacer negocios con China supone. Ahora bien, también concluye que el unilateralismo norteamericano y la asertividad china nos hacen tener que repensar nuestra autonomía estratégica. Y es aquí donde hay discrepancias. En general hay consenso respecto al término, pero no tanto acerca de su contenido. En este sentido entran en juego varios factores -diferencias económicas entre miembros, gobiernos populistas contrarios a Bruselas…-, pero entre ellos hay uno crucial, las diferencias en las relaciones con Washington y Pekín. Y este informe de ETCN arroja mucha luz sobre el tema.

THE ASIAN DOOR: España, Europa, China y el 5G. Águeda Parra

Si la Revolución Industrial fue el fenómeno que produjo un rápido cambio de las estructuras económicas de los países europeos aumentando su capacidad productiva, la Revolución Tecnológica propiciará un salto cuantitativo y cualitativo similar tres siglos después. La transformación en este caso procederá de que las variables económicas que generen crecimiento económico serán producto del desarrollo de las nuevas tecnologías en los procesos productivos, gracias a la capacidad del 5G de transferir grandes volúmenes de datos.

Pasaremos a una segunda globalización, muy distinta de la primera que protagonizó la Ruta de la Seda, donde China volverá a tener un papel clave gracias a la determinación del gigante asiático por generar nuevos ecosistemas que propicien la siguiente revolución, en este caso tecnológica. Todo ello gracias a que China ha protagonizado un “Gran Salto Adelante” en I+D en las últimas dos décadas, superando el gasto de la Unión Europea en 2013, y alcanzando un 2,18% del PIB en 2018, hasta los 291.580 millones de dólares, y con previsión de terminar 2019 con un gasto del 2,5%, según fuentes oficiales. Con esta determinación por la innovación, China reduce distancias con el 2,78% del PIB que dedica a I+D Estados Unidos, aunque todavía lejos del 4,5% del PIB que destinan países como Israel y Corea del Sur.

Los avances en las nuevas tecnologías y la adopción que hagan de ellos las sociedades del futuro serán el principal motor que impulse el desarrollo económico mundial. Abanderando este proceso de transformación está la tecnología 5G, motor de los cambios económicos y sociales que se van a producir en las próximas décadas cuando cada sector comience a desarrollar aplicaciones propias en un nuevo modelo productivo que hoy todavía es difícil de imaginar. Si la irrupción del smartphone tuvo el efecto de impulsar nuevos modelos de negocios aprovechando las prestaciones del 4G, la disrupción tecnológica que generará el 5G provocará una transformación socioeconómica mayor en los modos y usos de utilizar la tecnología. Todo ello gracias a disponer de una red que debe cumplir unos altos niveles de estabilidad y ser capaz de mantener el rendimiento que requiere una industria 4.0 basada en robots.

Las redes 4G comenzaron a estar disponibles en 2013 y casi una década después se dará paso al despliegue comercial del 5G de forma masiva. En la nueva generación tecnológica, la participación de China en cuestión de estándares se ampliará considerablemente respecto a anteriores generaciones, principalmente gracias a Huawei, que ampliará su liderazgo tecnológico respecto a sus competidores europeos y norteamericanos, con sustanciales aportaciones en el campo de la IoT. El paso de una red operada por componentes hardware a una gestionada por software facilitará la creación de un nuevo escenario donde consiga despegar toda la potencialidad de la IoT. Habrá un mayor número de dispositivos conectados a la red, llegándose a alcanzar el millón de dispositivos conectados en un kilómetro cuadrado, cien veces más de la capacidad que proporciona el 4G.

En nuestro ámbito, será la Comisión Europea la que establezca un marco común para todos los países miembros en cuestión de ciberseguridad. Para ello, ha contado con la aportación y análisis de los diferentes gobiernos, que han aglutinado también la posición de las operadoras. Por parte del Gobierno español, la recomendación está en línea con apostar por la “diversificación de suministradores” y abogar por la “redundancia de equipos críticos”, según el estudio en el que han participado las operadoras, coordinadas por la Dirección General de Telecomunicaciones y Tecnología de la Información, y en el que la visión gubernamental la ha aportado la Dirección General de Seguridad Nacional.

Mientras tanto, Europa prosigue lentamente con el despliegue de red 5G. Italia y Reino Unido son los otros dos mercados con despliegues en Europa con red Vodafone, a los que hay que sumar los despliegues comerciales de las operadoras EE (Everything Everywhere), también en Reino Unido, Swiscom y Sunrise en Suiza, Elisa en Finlandia, y Monaco Telecom en Mónaco, todos ellos utilizando servicios 5G bajo la modalidad NSA, la única disponible en todo el mundo por el momento. En otras partes de Europa, el despliegue 5G no está tan avanzado, ya que en Alemania acaban de terminar la subasta de frecuencias, por un valor de licitación de 6.550 millones de euros, mientras en Francia no lo harán hasta finales de año. Un retraso que no beneficia al conjunto de la Unión Europea si el propósito es liderar las nuevas capacidades que proporciona el 5G.

THE ASIAN DOOR: Cuando la tecnología forma parte de la geopolítica. Águeda Parra

Uno de los principales desafíos que tendrán que afrontar las grandes economías mundiales en las próximas décadas se llama “revolución tecnológica”. El modelo actual donde Estados Unidos ha sido el principal precursor de la innovación y del desarrollo tecnológico como potencia hegemónica, con Europa como referente en determinados sectores industriales, corre el peligro de desaparecer. La creciente bipolaridad tecnológica que se está generando entre Estados Unidos y China como principales centros de innovación, que marca las directrices del futuro digital más próximo, puede conducir a que Europa corra el riesgo de quedarse descolgada de esta carrera por la tecnología puntera.

China aspira a consolidar su influencia como poder global con capacidad para influir en las cuestiones mundiales al estilo de otras grandes economías. De ahí que China haya encontrado en la tecnología la mejor herramienta para convertirse en líder tecnológico mundial en 2030, convirtiendo la tecnología en el nuevo input de la geopolítica. La carrera por la innovación que ha emprendido China está generando un nuevo equilibrio de poder en el juego geoestratégico mundial, obligando a que la Unión Europea adopte nuevas medidas para asegurar el crecimiento económico de sus países miembros.

Estados Unidos ha centralizado en Silicon Valley su propio modelo de innovación para crear startups tecnológicas que compiten en entornos globales. Microsoft, Alphabet, Apple, Intel, Facebook, Twitter han sido los referentes mundiales que han marcado el ritmo de desarrollo tecnológico en las últimas décadas. Por su parte, la apuesta de China ha sido impulsar la creación de grandes titanes tecnológicos, conocidos como BAT (Baidu, Alibaba y Tencent) que están generando una economía digital capaz de impulsar el desarrollo económico del país y de crear, asimismo, un entorno de Digital Great Wall al que difícilmente tienen acceso las grandes tecnológicas occidentales.

China tiene a su favor contar con una generación de nativos digitales que son los verdaderos artífices de la transformación del país en una economía avanzada. Consumidores de tecnología, los nativos digitales están dando forma a ecosistemas digitales donde se están desarrollando los nuevos modelos de economía digital, como el e-commerce y las FinTech, de las que China ya es líder mundial.

China es consciente que apostar por la innovación tecnológica requiere de apoyo gubernamental y empresarial. Estados Unidos cuenta con el consolidado modelo de Silicon Valley para crear startups, y la adaptación que ha hecho del mismo China, creando “ciudades de innovación” especializadas en determinados sectores, le ha permitido al gigante asiático desarrollar hubs tecnológicos mundiales. Sin embargo, la creciente bipolaridad tecnológica entre Estados Unidos y China podría conducir a que en el corto y medio plazo los sectores más punteros de la industria europeas queden fuera de la carrera por la innovación tecnológica. Mientras la innovación tecnológica se mueve hacia el este, con epicentro en China, Europa necesita adoptar nuevas medidas que revitalicen la economía gracias al impulso que es capaz de generar la tecnología aplicadas a los sectores industriales y de consumo.

Con la irrupción del 5G, el desafío tecnológico es aún mayor, ya que actualmente China, a través de Huawei, liderada el registro de patentes, el doble de las registradas por la compañía americana Qualcomm, lo que generará mayores tensiones en la geopolítica tecnológica. Ante este desafío, es altamente recomendable que la Unión Europea respalde medidas que fomenten la creación de nuevas startups que potencien la generación de compañías tecnológicas con vocación de competir en los mercados internacionales. Entre los retos que plantea la geoestrategia tecnológica a la Unión Europea está impulsar modelos de financiación para las nuevas startups. Esta medida debe estar apoyada en el fomento de la cultura del mentoring, impulsando el espíritu emprendedor con programas de incubación y aceleración de empresas tecnológicas que favorezcan la generación de nuevo talento digital. Y, por último, impulsar que las ciudades europeas se conviertan en centros de innovación, especializadas en sectores tecnológicos punteros como medio de asegurar el desarrollo económico de todos los países miembros dentro de un nuevo esquema de economía digital.

Foto: Derrick Noh, Flickr.