Fortaleciendo alianzas

En su primera conversación, telefónica, tras su proclamación como nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden prometió al primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, que defenderá la soberanía nipona sobre las islas Senkaku, administradas por Tokio pero reclamadas desde hace medio siglo por China y Taiwán, y en cuya cercanía suelen patrullar unidades de la marina china de guerra.

Biden y Suga coincidieron en la necesidad de una “desnuclearización completa” de la península coreana y en la necesidad de avanzar en el asunto de los secuestros de japoneses hace décadas por parte de Corea del Norte, que constituye una de las prioridades para Tokio. Tanto Japón como Corea del Sur jugaron un papel central en las conversaciones con Corea del Norte que inició en 2018 el ya expresidente Donald Trump y que desembocó en dos cumbres con el líder norcoreano Kim Jong-un, que no dieron frutos en el tema de la desnuclearización.

 La elección de Biden, bien recibida en Japón, Taiwan y Corea del Sur, no ha podido ocultar la incertidumbre de estos tres países sobre cuál va a ser la política en hechos sobre el terreno de la Administración Biden. Trump, duro con Corea de Norte y China desplegando fuerzas en la zona en los momentos más calientes, abandonó el acuerdo sobre el libre comercio en el Pacífico, emitió señales de cierto distanciamiento con sus aliados más tradicionales y sembró dudas sobre la seguridad regional y la manera de fortalecerla y únicamente con Taiwán se estrecharon unos lazos ya fuertes.

Biden parece haber decidido otra estrategia. Sin abandonar el tono duro con China y Corea del Norte, quiere fortalecer la seguridad robusteciendo las alianzas en la región, defiendo más decididamente los intereses de sus aliados (cuidando no abrir brechas, ya que algunos de estos intereses enfrentan a algunos aliados entre sí). En ese juego de fuerzas van a ganar protagonismo regional Corea del Sur, Japón, Taiwan, Australia e India, sin olvidar a países como Thailandia y Vietnam, cercanos a Estados Unidos, y la incógnita de Filipinas que ha venido acercándose a Pekín los últimos años.  

Sin embargo, Biden, que fue vicepresidente con Obama, avaló entones una política de gestos suaves con China con el mismo discurso de alianzas y aquello fortaleció la expansión de la política de Pekín. De hecho, dirigentes chinos vaticinan que la nueva administración estadounidense  no pueden contener ya la expansión china y que deben sentarse a negociar una nueva relación sobre la base del reconocimiento de China como superpotencia y su derecho a intervenir de igual a igual en la escena internacional política y económica.

INTERREGNUM: Xi repite en Davos. Fernando Delage

En enero de 2017, justo antes de la toma de posesión de Trump, el presidente chino, Xi Jinping, fue a la reunión anual de Davos para—frente a las inclinaciones proteccionistas de su homólogo norteamericano—defender ante la élite financiera y empresarial mundial la globalización y el libre comercio. Cuatro años más tarde, sólo unos días después de la inauguración de Biden (el 25 de enero), Xi pronunció un nuevo discurso ante el Foro Económico Mundial (en esta ocasión de manera telemática). En un mundo golpeado por la pandemia y el repliegue nacionalista, el líder de una China que ha logrado controlar el contagio y recuperar el crecimiento recurrió al imperativo del multilateralismo como eje de su intervención. Sus palabras pusieron una vez más de manifiesto la habilidad de los dirigentes chinos para intentar liderar la agenda internacional en un momento de transición geopolítica y económica, pero también la contradicción de fondo entre la retórica que quieren transmitir al mundo y las acciones de presión en su vecindad.

En 2021, Xi no puede contrastar sus ideas sobre la economía y el orden global con las de Biden como sí pudo hacerlo con Trump. Pero sigue actuando bajo la convicción de que Estados Unidos afronta una etapa de declive, y de que “los mayores cambios producidos en un siglo en el sistema internacional” (frase que suele repetir), ofrecen a China una oportunidad histórica para situarse como una de las potencias centrales. Su descripción de la República Popular, un actor que frente al egoísmo de las grandes potencias tradicionales se mueve guiada por los mejores intereses de la humanidad, no convencerá a muchos, pero a las naciones emergentes—su audiencia preferente—les gusta su mensaje de que “cada país es único” y “ninguno es superior a otro”. Los problemas del mundo, dijo Xi en Davos, no derivan de las diferencias entre las naciones, sino de la pretensión de algunos de imponer su sistema a los demás.

Al negar la universalidad de los valores liberales mientras identifica a la República Popular con “los valores comunes de la humanidad”, el líder chino plantea un terreno de competición, el de las ideas, al que Biden no podrá sustraerse. Pero con carácter más inmediato, Pekín también ha dado la bienvenida al nuevo presidente de Estados Unidos en forma de nuevas acciones en su periferia marítima que confirman la atención que la Casa Blanca tendrá que dedicar al gigante asiático desde el comienzo de su mandato.

El 22 de enero, sólo días después de una gira del ministro de Asuntos Exteriores por el sureste asiático que le llevó a Birmania, Indonesia, Brunei y Filipinas, China aprobó una ley que, por primera vez, autoriza a sus guardacostas el uso de la fuerza frente a buques de terceros países en aguas reclamadas por China (es decir, en el mar de China Meridional). La legislación va dirigida contra aquellos Estados vecinos que también reclaman su soberanía sobre las islas de este espacio, pero constituye asimismo una advertencia a Estados Unidos, uno de cuyos portaaviones acaba de realizar una nueva operación de libertad de navegación. Por otra parte, 11 unidades de la fuerza aérea china irrumpieron en el espacio aéreo de Taiwán el 23 de enero, y otros 15 aviones lo hicieron de nuevo dos días más tarde. Mediante este despliegue, indicó el gobierno chino, se trataba de lanzar una advertencia a “las potencias externas” (es decir, a Estados Unidos).

La competición estratégica en el mar de China Meridional y en el estrecho de Taiwán continúa pues en pie, complicando los esfuerzos de la administración Biden por mejorar las relaciones con China. Las nuevas capacidades militares de la República Popular obligan a Washington a reajustar su estrategia de defensa, a lo que también obligan otros movimientos chinos en la economía (como la reciente Asociación Económica Regional Integral) o la política (como su relación con los militares birmanos, por citar un solo ejemplo).

THE ASIAN DOOR: 7 claves sobre el Acuerdo Integral de Inversión UE-China. Águeda Parra

SIETE AÑOS DE NEGOCIACIONES. Ha sido un largo trayecto hasta completar el Acuerdo Integral de Inversión entre la Unión Europea y China. Las negociaciones han durado siete años hasta llegar a la firma el pasado 30 de diciembre de 2020, a pocos días de finalizar el año y antes de que se acabara la presidencia rotatoria semestral de Alemania en el Consejo de la Unión Europea. Entrará en vigor en 2022.

ACCESO AL MERCADO CHINO, DEMANDA REITERADA INCORPORADA. El acuerdo recoge varios aspectos que han sido una demanda constante entre las empresas europeas que operan en el país. Entre los más destacados, el acuerdo recoge un mayor acceso al mercado chino y la eliminación o reducción del requisito de tener que crear una empresa conjunta con un partner local para operar en el país. Asimismo, el acuerdo también contempla que las empresas europeas recibirán el mismo trato que las chinas, además de avanzar en una mayor transparencia regulatoria. A todo ello, hay que sumar un tema que ha sido central en las negociaciones: se elimina la transferencia de tecnología en determinados sectores.

RECIPROCIDAD: CABALLO DE BATALLA ENTER LA UE-CHINA. Uno de los principales reclamos de la UE a China ha sido el importante desequilibrio existente en el nivel de apertura entre el mercado chino y el europeo, sobre todo cuando Europa es uno de los mercados más abiertos a la inversión, de aquí que la desproporción fuera evidente.

La falta de reciprocidad siempre ha sido el caballo de batalla entre la UE y China ya que China ha mantenido viva una lista de sectores económicos restringidos a la inversión extranjera que se han ido reduciendo con el tiempo. Ahora, con este acuerdo, se avanza en mejorar la tantas veces reclamada reciprocidad.

MANUFACTURA Y SECTOR SERVICIOS, LAS GRANDES ESTRELLAS. El sector manufacturero es uno de los grandes baluartes de China, y de hecho más de la mitad de la inversión de la UE se realiza en este sector. El gran avance que se produce con este acuerdo es que, por primera vez, China dará acceso a este mercado a un socio. En este sector está incluida la industria automotriz, tanto de automóviles tradicionales como los de nuevas energías, además de la producción de equipos de transporte y sanitarios, entre los más destacados.

El sector servicios también forma parte del acuerdo. En este ámbito se incluye el floreciente ámbito de los servicios financieros, las renovables, una mayor apertura en los servicios en la nube, la sanidad privada y el transporte aéreo, entre otros.

ACUERDO DE LIBRE COMERCIO. De entre los acuerdos que China tiene con otros países, el Acuerdo Integral de Inversión con la UE, conocido en inglés como Comprehensive Agreement on Investment (CIA), es el más ambicioso que ha firmado el gigante asiático con otro socio y resulta de gran importancia económica para la UE. El objetivo principal es reequilibrar la relación comercial y de inversiones existente, pero también se podría considerar como la antesala de un futuro acuerdo de libre comercio entre ambos mercados.

INFLUENCIA Y ASERTIVIDAD EN ASIA. Uno de los aspectos más importantes del acuerdo es que se elimina el requisito de necesitar crear una joint-venture, un gran avance para la inversión europea que lleva años operando en China. Contar con un acuerdo como el recientemente firmado, supone para la Unión Europea dar un salto cuantitativo y cualitativo en las relaciones bilaterales con China, un paso más en consolidar su influencia en la región y su asertividad en Asia.

GOLPE DE EFECTO. A nivel geopolítico, el acuerdo de inversión entre la UE y China, así como el anteriormente firmado por China con otros 14 países de la región de Asia-Pacífico con el que se ha creado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido en inglés como RCEP, ofrecen a China un entorno de estabilidad y un escenario muy propicio para recuperase de la pandemia. El golpe de efecto se produce por el avance realizado por China sin necesidad de esperar a ver cuáles serán las medidas que tome la nueva administración Biden después del deterioro que han sufrido las relaciones con Estados Unidos tras más de 2 años de guerra comercial.

Corea del Norte y la pandemia

Corea del Norte es el lugar más enigmático del planeta. La información que de allí sale es minuciosamente filtrada por el régimen de Pyongyang, pero, de manera extraoficial, casi toda lo que se conoce ha sido reportado por los desertores norcoreanos que, en un intento desesperado de sobrevivir a pobreza, hambrunas y persecuciones, arriesgan su vida y traspasan los rigurosamente vigilados pasos fronterizos en condiciones extremas como fríos invernales, ríos congelados y temperaturas por debajo de los cero grados.

El ministerio de reunificación de Corea del Sur anunció que el número de refugiados provenientes del norte había caído drásticamente en el 2020, ya que sólo unos 229 norcoreanos solicitaron entrada frente a los 1.047 llegados en el 2019 o los 1137 que fueron reportados en 2018.

Robert R. King publicaba el 27 de enero un informe sobre la caída de los desertores norcoreano en CSIS, en el que hace una comparación detallada de las deserciones por años, y en el que se puede observar cómo el número anual de refugiados en las últimas dos décadas superaba los mil norcoreanos por año a Corea del Sur.

En cuanto se dio a conocer el brote de Wuhan, Pyongyang reaccionó abruptamente con el cierre total de los pasos fronterizos hacia el sur y hacia China, prohibiendo el tránsito de turistas e incluso la repatriación de nacionales que habían cruzado ilegalmente y que los chinos rutinariamente devolvían a las autoridades de Corea del Norte.

King explica en su informe que el cierre de Corea del Norte ha sido tan hermético desde enero del 2020 que, hasta los intercambios comerciales con China se han visto drásticamente afectados. En los dos primeros meses del 2020 las importaciones de China declinaron el 71.9%. Pero para mayo 2020 las importaciones habían sufrido una caída del 91%. Y para octubre de acuerdo con data oficial china la caída de las exportaciones llegó al 99%, por lo que Beijing solo exportó a Corea del Note un total de 250.000 dólares.

China ha sido el mayor exportador y proveedor de alimentos, combustible y materias primas de Corea del Norte en las últimas décadas. Lo que significa que ante la ausencia de esas exportaciones la situación en Corea del Norte tiene que ser extremadamente difícil para su población.

La razón del abrupto cierre de las fronteras se atribuye al temor del régimen norcoreano de importar el virus a su territorio y luego no ser capaz de controlar la infección, pues su sistema sanitario es paupérrimo y la salubridad pública -con sus niveles de pobreza tan elevados y carencias- es muy cuestionable, en un país en donde hasta el agua corriente es un lujo para sus ciudadanos, pues no hay un sistema de distribución de esta en condiciones.

Kim Jong-un pudo ser astuto al entender desde el principio de la pandemia la gravedad de la situación y haber reaccionado cerrando todo para evitar un brote a pesar del precio que debe estar pagando la población y la economía norcoreana. O más bien la razón para un cierre tan salvaje es que el virus haya llegado a Corea del Norte al principio del año pasado y padecieron un brote y por tanto pudieron entender la amenaza del mismo. En efecto, a principio del año pasado hubo rumores no confirmados de que habían incinerado a un grupo de enfermos que habían fallecido, y eso levantó sospechas pues la cremación no es una práctica común en Corea del Norte.

La frontera entre Corea del Norte y China es de 1400 kilómetros y hasta el momento del cierre eran muy transitadas en ambas direcciones. Además de ser el principal socio comercial de Kim, China ha sido su protector, su proveedor durante las peores sanciones internacionales impuestas y hasta su empleador de mano de obra, pues muchas fabricas chinas usan mano de obra norcoreana por lo barata que es.

En el medio de este hermetismo y la crisis, Kim decidió llevar a cabo el Octavo Congreso del Partido de Trabajadores de Corea del Norte, un evento con un gran simbolismo doméstico y que no se celebra con frecuencia, en efecto desde que los Kims se hicieron con el poder del país sólo se han hecho siete previamente, aunque el anterior fue en el 2016.

Es posible que Kim decidiera hacer su gran parada militar y su espectáculo mediático para subir el orgullo nacionalista a sus ciudadanos y mandar un mensaje internacional unos días antes de la toma de poder de Biden. Además de mostrar su equipo y armamento militar, sus tropas rendían honores al gran líder, como suele ser costumbre. Aprovechó la ocasión para decir que su país continuará aumentando su capacidad militar para contener la amenaza estadounidense y lograr la paz y prosperidad en la península coreana. Así como afirmó la necesidad de continuar desarrollando tecnología nuclear a un nivel más exacto para mejorar la precisión de misiles de largo alcance hasta 15.000 km., lo que es más la distancia entre Washington y Pyongyang.

Kim también aprovechó bien la ocasión para celebrar su relación con Beijing y explicó como recién se había abierto un nuevo capítulo en las relaciones de amistad entre ambos países teniendo el socialismo como núcleo. Así también mencionó a Rusia y como su Partido de trabajadores ha trabajado en desarrollar una relación amistosa y de cooperación con Moscú.

El dictador norcoreano también usó el momento para presentar un nuevo plan económico para los próximos cinco años. Y reconoció que el gobierno fracasó en llevar a con éxito el plan anterior. Lo que es un mensaje de esperanza a los ciudadanos que se encuentran en una situación muy precaria y de acuerdo con los expertos coreanos como Sue Mi Terry o Victor Cha creen que un nuevo plan económico es un intento por incorporar nuevos ajustes e incluso podría ser hasta la excusa para implementar una nueva moneda que deprecie la actual. Lo que no será bien recibido por los norcoreanos.

La pandemia le ha servido a Pyongyang para cerrarse aún más al mundo de lo que ya estaba, pero en esta ocasión teniendo razones que lo justifiquen. Y mientras tanto el resto del mundo sigue sin saber casi nada de lo que allí adentro ocurre.

Birmania a escena con China al fondo

El golpe militar del fin de semana en Birmania interrumpe el breve y débil proceso de institucionalización y de democratización que el país venía viviendo tras interminables años de poder militar, prácticamente desde su independencia.

Birmania (ahora denominado Myanmar) tiene la ventaja de importantes recursos y la inquietante combinación de una situación estratégica clave en medio de potencias poderosas, ambiciosas y sujetas a tensiones internas. La cronología bélica de la zona, las divisiones étnicas y las amenazas totalitarias exteriores han sido la coartada de una dilatada presencia de los militares en el poder y una ausencia de garantías políticas.

Según datos de los organismos internacionales, el país es rico en jadegemaspetróleogas natural y otros recursos minerales. En 2013, su PIB (nominal) se situó en 56 700 millones de dólares estadounidenses y su PIB (PPA) en 221 500 millones. La brecha de ingresos en Birmania se encuentra entre las más amplias del mundo. A partir de 2016, Birmania ocupa el puesto 145 de 188 países en desarrollo humano, según el Índice de Desarrollo Humano.

Birmania es clave para los intentos chinos de establecer, fortalecer y expandir su red de despliegue naval bajo la atenta mirada de India, ora potencia naval en la zona y creciente socio occidental en la tarea de contener y vigilar la estrategia expansiva china. En este contexto el desarrollo democrático y la inestabilidad creciente entre minorías aumenta la preocupación de Pekín, de acuerdo con su propia concepción política parece menos incómoda con un gobierno duro.

Actualmente, China es, sin duda, su más cercano aliado. Después de retirar el apoyo al Partido Comunista de Birmania, hoy se consolida como el primer socio comercial y en materia de cooperación militar, incluyendo una base militar china en las islas Coco para monitorear la actividad naval india. ​

Habrá que estar atento a los próximos acontecimientos, más allá de las condenas occidentales, pues en la región se mueven poderosos acontecimientos que han quedado reflejados en la cercana Sri Lanka en una pugna abierta entre las influencias de India y  China. Y, desde EEUU, el presidente Biden se estrena con un nuevo frente, no totalmente imprevisto, pero que acelera una agenda en la zona Indo-Pacífico que está en periodo de actualización.