Hong-Kong: El avispero chino. Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz

Hong-Kong lleva meses siendo el centro de atención de muchos periódicos y noticias a escala mundial, y es que la región está viviendo la mayor protesta civil desde el fin de la colonización británica en 1997.

¿Qué está pasando en Hong-Kong? El origen de las revueltas se produjo cuando el gobierno de Carrie Lam presentó el proyecto de Ley de Extradición a China, una ley que permitía extraditar a ciudadanos de Hong-Kong para ser juzgados y encarcelados en China. Estas movilizaciones han sido, posiblemente, las más numerosas desde la Ley de Seguridad Nacional del 2003, donde se prohibió a los ciudadanos de Hong-Kong realizar movimientos independentistas, obviamente, en contra del PCCh y de China.

Hasta 1842, la región de Hong-Kong pertenecía a China. El comercio entre China y el Imperio Británico se basaba, en la primera mitad del siglo XIX, en té a cambio de productos manufacturados y de una droga en concreto, el opio. El opio se convirtió en una de las sustancias más adictivas en China y la Dinastía Qing se vio obligada a retirar el producto, confiscar miles de cofres y suprimir el comercio en 1839, algo que no sentó nada bien al imperio británico. Como consecuencia, en este año, comenzó la primera guerra del opio entre China y el imperio británico, que termino con la victoria inglesa, gracias a la superioridad militar  propiciada por la revolución industrial en Europa en la segunda mitad del XVIII. Fue un claro ejemplo de la llamada “Diplomacia de los cañones”. Al término de la guerra, en 1842, se firmó el tratado de Nankín donde China se vio obligada a pagar 21 millones de dólares de plata, abrir varios puertos y a ceder la isla de Hong-Kong. Tras la segunda guerra del opio y por la convención de Pekín se unió la península de Kowloon; la colonia aumentó con los llamados Nuevos Territorios y 235 islas, quedando conformada toda la región en 1898, pero estas últimas se cedieron por un periodo de 99 años, hasta el 30 de junio de 1997.

Con esto, la colonia inglesa de Hong-Kong vivió décadas de crecimiento económico y libertad gracias al marco fiscal atractivo de bajos impuestos. Hasta el fin de la II Guerra Mundial, Hong-Kong se convirtió en el centro comercial del imperio británico. Después de la guerra, durante la década que gobernó John Cowperthwaite, 1961-1971, las cuentas estuvieron en superávit año tras año, un tipo único de impuesto de sociedades del 16,5%, la inexistencia de impuesto sobre las rentas del capital o del IVA son algunas de las ventajas y libertades de las que disfrutaba la región durante el mandato británico después de la II Guerra Mundial: un sistema económico independiente y libertades individuales y políticas. Unas libertades que convirtieron a la isla en un centro  financiero internacional y su economía  pasó a formar parte del selecto grupo de los llamados “Tigres Asiáticos”: Singapur, Taiwán, Corea del Sur y Hong-Kong, denominados así por ser las regiones con mayor crecimiento de Asia. Estas zonas se caracterizaron por tener abundante mano de obra, salarios bajos, carencia de derechos laborales, zonas francas donde las empresas están exentas de impuestos y control de la competencia.

En 1984, Inglaterra y China pactaron la devolución de esta región bajo el lema “Un país, dos sistemas” propuesto por Deng Xiaoping, que garantizaba la práctica del capitalismo como sistema económico en la región de Hong-Kong, así como libertad legislativa, seguridad, moneda, aduanas, políticas de inmigración, educación, libertad civil o libertad de prensa, entre otros.

El 1 de julio de 1997 la región de Hong-Kong se convirtió en Región Administrativa Especial bajo el lema propuesto por Deng Xiaoping, pero por un periodo de tiempo de 50 años, hasta el año 2047, cuando el PCCh obtendría pleno dominio sobre esta región.

La región de Hong-Kong ha vivido durante un siglo y medio una serie de libertades bajo el control británico que, ahora, está empezando a perder. La violación de los derechos humanos, las torturas o la pena de muerte es algo constante en China, no se reconocen los derechos y libertades civiles y, mucho menos, las libertades políticas, por no hablar de las libertades económicas. Personas que representan un riesgo para el partido, o defensores de los derechos humanos, o adeptos a Falun Gong, tibetanos o a uigures, son torturados con el único fin de castigar.

Uno de los ejemplos más conocidos fue el de Lui Xiaobo, escritor y activista en pro de los derechos humanos, que fue encarcelado por criticar régimen chino y abogar reformar en el país.

La tortura está penada internacionalmente desde 1948, pero a China poco le importa.

Con todo esto, es normal que la región de Hong-Kong no quiera formar parte de China o que esté en contra de la Ley de Extradición, los ciudadanos hongkoneses podrían ser juzgados, encarcelados y torturados en China, Hong-Kong quiere seguir con sus libertades, con su principio de “Un país, dos sistemas”, pero sus ciudadanos temen que China este buscando mayor control sobre la región.

A pesar de que el 4 de septiembre se retiró la ley de extradición, los manifestantes piden y exigen mayores cambios, mayores reformas. El Parlamente Europeo condenó las represalias en Hong-Kong e instó a la Unión Europea a controlar las exportaciones a China y Hong-Kong de tecnologías utilizadas para violar los derechos humanos. En vista de que las manifestaciones continuaban, el gobierno de Carrie Lam prohibió el uso de máscaras de gas, la Ley Anti máscaras, con el fin de evitar que los manifestantes se protegieran de los gases lanzados por la policía, y ocultaran su identidad. El uso de máscaras o cualquier protector o pintura en la cara es castigado con multas de hasta 25.000 HKD o con 6 meses de cárcel.

Las manifestaciones son promovidas, en su mayoría, por  jóvenes de entre 20 y 35 años y con estudios, una población que, año tras año, se siente cada vez menos integrada en China y en sus valores, y que cada vez confían menos en el sistema de Deng Xiaoping, “Un país, dos sistemas”:

Fuente: El País

Hong-Kong es, a día de hoy, una ventana hacia la libertad, una región donde las libertades individuales, económicas y políticas se respetan; Hong-Kong es, a día de hoy, un molesto avispero en la ventana hacia la libertad de China.

Ángel Enriquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

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@angelenriquezs

¿Corre Taiwán el mismo riesgo de Hong Kong? II Entrevista a Yao-Yuan Yeh Nieves C. Pérez Rodríguez

En esta segunda parte de la entrevista que 4Asia le hizo a Yao-Yuan Yeh, quien se desempeña actualmente como profesor asistente de Estudios Internacionales y coordinador del Programa de Estudios sobre Taiwán y el este de Asia de la Universidad de Saint Thomas, profundizamos sobre el potencial peligro que corre Taiwán frente a China.

A finales de agosto, Trump autorizaba la venta de nuevos aviones de combate a Taiwán. En el marco de este anuncio, el portavoz de la Oficina Presidencial de Taiwán -Alex Huang- expresó que estos nuevos aviones de combate mejorarán en gran medida las capacidades de defensa aérea de Taiwán. Y que Taiwán continuará garantizando la paz y la estabilidad regionales y salvaguardar la libertad y la democracia de Taiwán de manera responsable.

¿Qué significa para Taiwán la adquisición de esos aviones  en este preciso momento?

“Si nos fijamos en la declaración de Xi Jinping sobre Taiwán y el pueblo taiwanés en el principio de 2019 decía nosotros (China) queremos integrar Taiwán, lo que representa un gran riesgo para la seguridad y sobrevivencia de Taiwán.

Pero China, dice, “se va a enfrentar en un corto plazo un gran dilema social; aunque hoy el pueblo chino está aparentemente satisfecho con el régimen porque ha aumentado su bienestar, su capacidad económica y, con ello, el acceso al mercado y al desarrollo, la economía china podría dejar de crecer, o colapsar, y en ese momento habría que ver cuál es la reacción social al régimen”.

“En el caso de que se diera un colapso económico, el riesgo para Taiwán se dispararía porque el Partido Comunista chino usaría a Taiwán y una posible guerra para desviar la atención del problema económico y hacer que la gente se centre en la guerra. Es decir, frente a un escenario de colapso económico chino la guerra se vuelve la mejor alternativa para mantener el control. Pero de momento tiene más sentido para Beijing mantener la situación tal y como se encuentra”.

China, señala “ha repetido durante años que ellos apoyan la paz, pero si son ellos los primeros en lanzar una bala esa teoría quedaría muy cuestionada”.

¿En qué situación se encuentra Taiwán para responder a una agresión China?

“Taiwán está muy bien preparado para contrarrestar una agresión, aunque mucha gente no lo crea. Nosotros teníamos servicio militar obligatorio hasta hace poco, lo que se traduce en que cada hombre con 19 años cumplidos recibió un entrenamiento de un año para poder ser reserva militar. Aunque el sistema cambió, y ahora no es obligatorio, hoy día podría haber entre unos 4 a 5 millones de hombres listos para poder enfrentarse a una agresión china.

Obviamente dependerá de la estrategia de guerra china, lo más probable sería que acabaran por invadir la isla de Taiwán. Y geopolíticamente hablando sólo hay 13 ubicaciones por las cuales los chinos podrían intentar una invasión porque son puertos que podrían recibir barcos. Y según los análisis que se han hecho, los chinos tendrían que sacrificar medio millón de taiwaneses para poder conquistar la isla. En cuyo caso la pregunta sería ¿está China dispuesta a sacrificar medio millón de taiwaneses para hacerse con el control de la isla?”.

Taiwán, añade, “está preparado para defenderse y parte de lo que nos ayuda es nuestra particular y única geografía”.

¿Cuáles son las capacidades militares de Taiwán y que tan fuerte es su sistema defensivo?

“Siendo honesto, nuestra capacidad militar comparada con la china no tiene nada que ver. Beijing gasta fortunas comparado con nuestro gasto de defensa anual. China tiene unos 2 millones de militares frente a 200 o 300 mil de militares taiwaneses.

Sin embargo, no estamos tan por detrás de China, porque nosotros nos centramos en tecnología. Nuestra tecnología está bastante cercana a la desarrollada por Beijing. Obviamente en cantidad China gana, pero en tecnología estamos bastante equiparados.

La gran diferencia es que China es una potencia nuclear y Taiwán no lo es. Taiwán intentó serlo en su momento, pero Washington no nos dejó continuar ese camino y desde ese entonces no lo hemos vuelto a considerar. Nosotros sabemos lo que representa Estados Unidos para nosotros, es nuestro mayor aliado, nuestra seguridad en la región, no queremos molestarlos”.

¿Cree usted que el pueblo taiwanés estaría dispuesto a protestar en las calles durante meses como lo han hecho los hongkoneses en el caso de una agresión china a su estatus?

“Básicamente nadie cree en un país y dos sistemas. Hong Kong es un simple ejemplo histórico fallido de ese sistema. China no puede en realidad permitir regiones autónomas independientes. El mejor ejemplo es la poca legitimidad que tiene Xi Jinping; no fue elegido democráticamente por el pueblo, su posición obedece a una élite política, por lo que el Partido Comunista chino no tiene un proceso legitimo real, Esa es la razón por la que usan todo tipo de sistema de vigilancia social, para garantizarse que la gente obedezca.

Esa es también la razón por la que los hongkoneses están en las calles protestando; no están dispuestos a perder su libertad. Y ese es el mismo caso de los taiwaneses. Si el gobierno de Taiwán llegara a firmar un acuerdo con Beijing, algo parecido a un país dos sistemas, le puedo asegurar que al menos medio millón de taiwaneses saldrían a las calles a protestar y negarse a aceptarlo”.

Las democracias del mundo necesitan de Taiwán, sostiene, “ y de extraordinarios ejemplos como ha dado Hong Kong, un pueblo que ha resistido 14 semanas de protestas duras y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad controladas por Beijing. La supervivencia de la tan vulnerable libertad que la mayoría añoramos, pero que lamentablemente no todos gozamos, está en ese equilibrio entre soberanía y derecho a elegir en un marcho regulado por el respeto y las leyes. Los países democráticos deberían reconocer abiertamente a Taiwán y el enorme esfuerzo que implica su supervivencia”.

 

 

INTERREGNUM: Hong Kong: Choque de identidades. Fernando Delage

Después de 13 fines de semanas consecutivos de protestas en la calle, seguidas de una creciente respuesta policial, la jefa del ejecutivo de Hong Kong, Carrie Lam, ha retirado de manera definitiva—como demandaban los manifestantes—el proyecto de ley de extradición. No era esa su única petición: la movilización reclama asimismo una investigación de las acciones de la policía e, incluso, reformas democráticas. La modesta concesión de Lam, que naturalmente sólo ha podido ofrecer con el visto bueno de Pekín, reduce de momento el riesgo de una intervención militar. Pero ni va a acabar con la inestabilidad ni puede contribuir a la resolución de los problemas de fondo.

En un momento crítico, marcado por la guerra económica con Estados Unidos y la cercana conmemoración, el 1 de octubre, del 70 aniversario de la fundación de la República Popular, el presidente Xi Jinping afronta su mayor crisis política desde que ascendió al poder a finales de 2012. Aunque los dilemas que plantea Hong Kong al gobierno chino son de muy diversa naturaleza (las quejas sobre el estado de la educación, la sanidad o el precio de la vivienda, entre otros, no son menos relevantes que la tensión política), lo que tienen en común todos ellos es la difícil coexistencia de dos comunidades con valores contrapuestos.

Pese a su reducida población, algo más de siete millones de habitantes, Hong Kong es un activo del que China no puede prescindir: su ordenamiento jurídico, sus hábitos de transparencia, sus instituciones financieras—su estatus diferenciado, en suma—, son un activo económico y de intermediación con el mundo exterior decisivos para Pekín. Acabar, antes de 2047, con la fórmula establecida en 1997—“un país, dos sistemas”—dañaría gravemente los intereses chinos. El margen de maniobra de sus gobernantes es por ello reducido.

La crisis apunta, con todo, a un fenómeno de creciente divergencia de identidades. Mientras la República Popular refuerza su sistema autoritario mediante un discurso de legitimidad histórica que hace inviable cualquier relato alternativo al construido por el Partido Comunista, los jóvenes de Hong Kong se sienten “hongkoneses” más que “chinos”. Educados en un entorno de libertades civiles, ven amenazados sus valores sociales, culturales y políticos por un sistema autoritario que interfiere cada vez en mayor grado en sus vidas. La interferencia en los medios de comunicación y redes sociales, la “educación patriótica” y otros instrumentos de propaganda en los que se ha volcado Pekín con gran empeño, han agravado, más que resuelto a favor de República Popular, la batalla por la definición de la nación china.

Al intentar evitar el uso de la violencia, cuyo coste político y económico le resultaría prohibitivo, es posible que China opte por una doble estrategia de hacerse con todos los órganos de decisión políticos y policiales del territorio, y—de manera más atrevida—intentar modificar la estructura demográfica fomentando la emigración a Hong Kong de residentes en otras zonas del país y así diluir la población “liberal”. No está claro, sin embargo, que esa política pueda dar sus frutos. No sólo porque el reconocimiento de unos derechos individuales son una ambición universal—por mucho que Pekín lo niegue—, sino porque la misma situación es que la que se da entre los jóvenes de otro cercano lugar: Taiwán. Las elecciones de enero en la isla—uno de los probables motivos de la “cesión” de Lam en Hong Kong—ilustrarán de nuevo que la legitimidad del Partido Comunista ya no depende del control de los territorios recuperados de las potencias imperialistas, sino del control de una única identidad china.

Hong Kong: Por ahora la democracia triunfa

Hong Kong hoy es la viva representación de la fuerza que tiene la democracia y el poder que puede ejercer un pueblo que entiende su derecho soberano de oponerse a cambios legislativos que vayan en detrimento de sus libertades.

Carrie Lam pedía disculpas al pueblo hongkonés por haber impulsado la ley de extradición, mientras sostenía que ese proyecto de ley está muerto. Y no cabe duda de que el pueblo lo desea muerto y enterrado, mientras Beijing sabe que ha perdido una batalla, pero no pierde la esperanza de ganar la guerra. En esta ocasión, Lam pagará el precio político con el fin de su carrera. No contará con el apoyo de Beijing a largo plazo, y mucho menos el de los hongkoneses para mantenerse en el poder.

Por el momento Beijing ha expresado públicamente su apoyo a Lam. Lo que puede ser parte de una estrategia, mientras la presidenta del gobierno hongkonés se disculpa por no haber doblegado a los opositores, insistiendo en que su compromiso de servir al pueblo se mantiene intacto, dejando por sentado que no dimitirá.

Beijing observa con cautela el desarrollo de los acontecimientos y, si fuera positivo desligarse de ella, hay tiempo de sobra para hacerlo, pero por ahora no lo ven necesario. Están aprendiendo de la situación y seguramente procesando el coraje que han tenido los ciudadanos y el resultado de esas acciones de calles.

Las masivas protestas las inspiraron la propuesta de la ley de extradición, a la que le hemos dado cobertura en esta columna previamente en varias ocasiones. Se llegó a romper el récord con la concentración del pasado 12 de junio, que contó con la participación de dos millones de ciudadanos. Durante semanas, las calles han estado llenas de manifestantes expresando su rechazo al gobierno de Carrie Lam. Curiosamente, en vez de ir mermando, se han mantenido y en efecto las demandas de los protestantes han ido en aumento.

En vista de la insistencia de presentar la ley a pesar del rechazo social, los manifestantes comenzaron a demandar la salida de la presidente. Y así se han ido incorporando otras demandas, como las quejas por “la invasión del Shenzhen”, que es un territorio ubicado a tan sólo 17 kilómetros de Hong Kong, que no era más que un pueblo de pescadores hasta hace unos años, y que acabó por convertirse en el hub tecnológico chino, que ocupa el puesto once del ranking mundial con más billonarios, de acuerdo a Business Insider. Este fenómeno ha producido que muchas personas de la China continental aprovechen para establecer negocios en el lado hongkonés, lo que tiene muy irritados a los locales.

El pasado domingo los manifestantes volvieron a llenar las calles de Hong Kong, pero esta vez lo hacía una representación de la prensa local que marchó hasta la oficina de Lam, con carta en mano, para expresar sus quejas y desacuerdo por la manera en que autoridades trataron a la prensa durante las protestas. Especialmente al principio de estas.

Han sostenido que hubo maltrato de parte de la policía, quien se esforzó en obstruir su trabajo de reportaje. En efecto, el presidente de la Asociación de Prensa de Hong Kong mantenía que parecía que los periodistas habían sido deliberadamente el target de las fuerzas de seguridad.

Los grupos de activistas y manifestantes se han mantenido firmes a su rechazo a la Ley de Extradición, que ha sido el detonante de este levantamiento pero que ha desencadenado una espiral de demandas. Desde que Hong Kong pasó de manos británicas a chinas y se estableció “un país, dos sistemas” la situación no se había tornado tan turbia. Es una especie de despertar para quienes son conscientes de las libertades que disfrutan, y al darse cuenta de que si no hacen eco ahora de sus demandas acabaran sometidos a las decisiones del Partido Comunista chino.

Como suele suceder en este tipo de protestas siempre hay gente o incluso grupos violentos que recurren al uso de la fuerza y recursos inapropiados para hacerse oír, de la misma forma a como la policía ha querido neutralizar a los protestantes con el uso de la fuerza. Y en ambos casos se debe denunciar y cuestionar, pero cuando se vive tan cerca de la China continental y se conocen las formas restrictivas empleadas por sus autoridades, sin ánimos de justificar, hay un deber moral de apreciar el sacrificio del pueblo hongkonés que sigue adelante con sus demandas y que, del largo periodo que lleva en las calles, se ha mantenido en honor a ese ideal democrático. Foto: Flickr, Studio Incendo.

Hong Kong resists. Nieves C. Pérez Rodríguez

Traducción: Isabel Gacho Carmona

Washington.- The Hong Kong society has deep-rooted democratic principles that are proven by the struggle they have waged in recent days and their willingness to continue to fight to maintain the freedom they have enjoyed in recent years, which has allowed them to enjoy  welfare and development outside the control imposed by the Chinese Communist Party.

The United States’ relationship with Hong Kong has been preferential due to a law passed in 1992 that allowed the US government to treat Hong Kong as a different entity from mainland China regarding trade and immigration issues after it was delivered to China in 1997, which administers the territory under the principle of “one country, two systems”.

The commitment for the transfer was to maintain the legal system that Hong Kong had during the British period, so that Chinese socialism would not be imposed. In counterpart, Beijing remained in charge of foreign policy and defence of the region. Just twenty years after the transfer, and with another thirty years to go before the region will be integrated into China, Beijing accelerates its level of interference in Hong Kong and reveals its intentions.

At the height of protests in Hong Kong, the Executive Committee for China of the United States Congress on June 13th released a bill on democracy and human rights in Hong Kong.

The announcement was made with the purpose of reaffirming the commitment of the United States to democracy, human rights and the rule of law, at a moment when these freedoms and the autonomy of Hong Kong are being eroded by the interference of the Chinese government and the Communist Party, according to the press release.

The purpose of this law is to make clear that the US Congress is on the side of the Hong Kong people and their effort to preserve human rights. This law has the bicameral and bipartisan support of the congress. 4Asia had the opportunity to consult the opinion of one of the strongest proponents of this bill, the Republican Senator Marco Rubio, who told us: “As Beijing continues its attack against the autonomy of Hong Kong, the United States must support democracy and freedom of expression. The Hong Kong government should withdraw the proposed amendments to the extradition law and explore alternatives that protect the rule of law from the influence of the Chinese Communist Party. “

Domestic and international pressure have caused the Hong Kong government to postpone the debate on the law and lower the aggressive tone that was used at the beginning of the protests. As stated by Carrie Lam, the head of the government, “the priority is to restore peace and order”. She said that while claiming that the Hong Kong courts will have the last word on extraditions to China, as an attempt to soften the oppressive and arbitrary impression of the nature of the extradition law.

It is a key moment for the region, not only for Hong Kong. Taiwan and other democracies in the Pacific need the freedoms enjoyed by Hong Kong. It is in the interest and welfare of the region that China understands that the West is on the side of democracy and will react when these freedoms are in danger.

Last week, The Economist dedicated an article to a common practice in China, which is seen as strange by the rest of the world. The Chinese music services had banned a song from “Les Misérables” that was used as a hymn in the Hong Kong protests of 2014. Do you hear people sing? It is the tune that during the protests of the last days began to be heard again, just before the gases repressed the sound of the people.

The protesters recited the song to keep the enthusiasm alive. And the response of the Chinese government, in line with its common modus operandi, seeks to silence the cry of the people to maintain an independent and democratic legal system, in this case with the Extradition Law.

Hong Kong resiste. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La sociedad hongkonesa tiene principios democráticos arraigados y lo prueba la lucha que han librado en los últimos días y su disposición a continuar dando la batalla por mantener esa libertad de la que han gozado en los últimos años, que les ha permitido saborear el bienestar y el desarrollo al margen de Beijing y las controles que impone el Partido Comunista Chino.

La relación de Estados Unidos con Hong Kong ha sido preferente debido a una ley aprobada en 1992 que permitió al gobierno estadounidense tratar a Hong Kong como una entidad diferente de la China continental en cuestiones de comercio e inmigración después de que fuera entregado a China en 1997, que administra el territorio bajo el principio de “un país, dos sistemas”.

El compromiso para el traspaso consistió en mantener el sistema legal que tuvo Hong Kong durante el periodo británico, por lo que no se impondría el socialismo chino. En contraparte, Beijing se quedaba a cargo de la política exterior y la defensa de la región. A tan sólo veinte años del traspaso, y quedando otros treinta años por delante, antes de que se integre la región en China, Beijing acelera su nivel de injerencia en Hong Kong y deja al descubierto sus intenciones.

En el momento más álgido de protestas en Hong Kong, la Comisión ejecutiva para China del Congreso de los Estados Unidos ha hecho público el pasado jueves un proyecto de ley sobre democracia y derechos humanos en Hong Kong.

El oportuno anuncio se hizo con el propósito de reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho, en el momento en que estas libertades y la autonomía de Hong Kong están siendo erosionas por la interferencia del gobierno chino y el Partido Comunista, de acuerdo con la nota de prensa.

El propósito de esta ley es dejar claro que el Congreso estadounidense está del lado del pueblo hongkonés y su esfuerzo por preservar los derechos humanos. Esta ley cuenta con el apoyo bicameral y bipartidista del congreso. 4Asia tuvo la oportunidad de consultar la opinión a uno de los más fuertes propulsores de dicho proyecto de ley, el senador republicano Marco Rubio, quien nos dijo: “A medida que Pekín continua su ataque contra la autonomía de Hong Kong, los Estados Unidos debemos apoyar la democracia y la libertad de expresión. El gobierno de Hong Kong debería retirar las enmiendas propuestas a la ley de extradición y explorar alternativas que protejan el Estado de derecho de la influencia del Partido Comunista Chino”.

La presión doméstica e internacional han hecho que el Gobierno hongkonés posponga el debate de la ley y baje el tono agresivo que fue empleado a principios de las protestas. En palabras de Carrie Lam, la cabeza del gobierno “la prioridad es restaurar la paz y el orden”. Mientras que afirman que los tribunales hongkoneses tendrán la última palabra sobre las extradiciones a China, como un intento de suavizar la impresión opresiva y arbitraria de la naturaleza de la ley de extradición.

Es un momento clave para la región, no sólo para Hong Kong. Taiwán y otras democracias en el Pacífico necesitan de las libertades de las que goza Hong Kong. Es en el interés y bienestar de la región que China entienda que occidente está del lado de la democracia, y se hará oír cuando estas libertades estén en peligro.

La semana pasada The Economist dedicaba un artículo a un hecho habitual en China, que resulta curioso para el resto del mundo. Los servicios de música chino habían vetado una canción de “Les Misérables” que fue usada como himno en las protestas de Hong Kong del 2014. ¿Oyen a la gente cantar? Es la tonadilla que durante las protestas de los últimos días empezaba a oírse de nuevo, justo antes que los gases reprimieran el son del pueblo.

Los manifestantes recitaban la canción para mantener vivo el entusiasmo. Y la respuesta del Gobierno chino, a tono con su modus operandi, busca silenciar el grito del pueblo de mantener un sistema legal independiente y democrático, al igual que ocurre con la Ley de extradición.

La lección de Hong Kong

Las movilizaciones de la sociedad de Hong Kong han logrado parar, al menos de momento, la pretensión de China de dar una vuelta de tuerca más en la restricción de los derechos pactados con la población de la ex colonia británica en su acuerdo de retrocesión a China. La Ley de Extradición que Pekín quería aprobar en Hong Kong implicaría reafirmar la potestad de los jueces chinos para imponer un sistema judicial menos independiente y más severo a los ciudadanos de la ex colonia igualando su situación a la de los ciudadanos chinos, casi completamente indefensos ante unos tribunales controlados por el Estado.

La movilización social ha demostrado que los sistemas totalitarios son brutales pero no impermeables a una opinión pública que les gustaría (y es uno de sus intentos más sofisticados, perversos y peligrosos) controlar y silenciar. Para sociedades como la coreana del norte o la de Taiwán, que mantiene sus libertades bajo una intensa presión china, son un ejemplo sobre cómo no siempre las dictaduras están completamente libres para imponer su voluntad en un mundo cada vez más complejo.
Y, una vez más, en un lamentable espectáculo que ya apenas sorprende, en las sociedades democráticas europeas reina un estruendoso silencio ante unas movilizaciones que molestan a China. No es que brille la sensibilidad con estos asuntos en las calles de Europa, pero algo más se notaría si se tratara de movilizaciones contra regímenes autoritarios con coartadas de extrema derecha o simplemente no de izquierdas. Por ahora, la sociedad de Hong Kong está dando un ejemplo y China entiende que debe moderar algunos de sus gestos porque no tiene tanta libertad de actuar como había supuesto. Aunque la situación aún puede variar. (Foto: Alvin Ku)

El desafío de Hong Kong. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La masiva protesta que tuvo lugar en Hong Kong el pasado domingo es la mejor demostración de civismo y deseo del pueblo hongkonés de mantener sus instituciones y libertades democráticas. Fue un grito de rechazo claro a la Ley de Extradición que Beijing quiere imponer para así poder tener más control de las personas que circulan, viven o tan siquiera pasan esporádicamente por ese territorio pseudoautónomo.

En esta misma columna se ha alertado del peligro de que esta ley sea aprobada y el peligro que supone como golpe a la autonomía del territorio en el modelo de “un país, dos sistemas”. La preocupación ha tenido eco hasta en Washington, donde testificaron un grupo de expertos hongkoneses ante el Congreso para aclarar las preguntas de los legisladores.

Además, el 23 de mayo la Comisión ejecutiva para China del Congreso de los Estados Unidos, que valga decir es bipartidista y cuenta con representantes de ambas cámaras, envió una misiva a Carrie Lam, la cabeza ejecutiva de Hong Kong, en el que expresaba su preocupación con las implicaciones y alcances de la propuesta de la ley de extradición, y en la que se le exhortaba a mantener la reputación de Hong Kong como un centro de comercio regido por el estado de derecho, por lo que solicitaban se considerara retirar el proyecto de ley de extradición. La carta fue explícita en lo importante que es para los Estados Unidos su relación con Hong Kong y cómo esta relación se ha hecho más estrecha y cercana en los últimos veinte años.

Mak Yin Ting, veterana periodista hongkonesa, con una trayectoria que supera las tres décadas, que además fue presidente de la Asociación de periodistas de Hong Kong durante 9 años y una luchadora de la libertad de prensa, dijo a 4Asia que, a pesar de la gran participación de la marcha del 9 de junio, el Gobierno se niega a hacer cambiar significativos y de hecho insiste en presentar el proyecto de ley el 12 de junio. Todo en pro de acabar con la creciente oposición, lo que significa que se votará la ley el día 20 de junio.

“La protesta del pasado 12 de junio es la mayor protesta desde la entrega de Hong Kong, por lo que fue realmente impresionante”, afirma Mak. Superó en número a la concentración del 2003, cuando más de medio millón de personas fueron a las calles para oponerse a la promulgación del proyecto de ley de Seguridad Nacional, que se consideró una violación de diferentes Derechos Humanos. En este caso es aún más significativo, pues se ha conseguido reunir todas esas personas por una única causa: la eliminación de una única ley, la Ley de Extradición.

“Lamentablemente, el Gobierno hongkonés desaprueba los gritos de un millón de ciudadanos e insiste en presentar el proyecto de ley a tiempo, es decir, el 12 de junio, con una enmienda previa prometida”, asevera Mak. Eso se traduce en aumentar la extradición de un año de prisión a siete años. El proyecto de ley permite que personas en Hong Kong sean enviadas a China continental donde no se garantiza un juicio justo. Mak afirma que “la ignorancia de la exigencia de la gente de retirar el proyecto de ley pondrá a Hong Kong en desasosiego y el desprestigio del Gobierno hará que la sociedad sea ingobernable”. Explicó a 4Asia que el estatus de Hong Kong, de centro de información y centro financiero internacional, se verá afectado negativamente si se aprueba este proyecto de ley. Sin embargo, está claro que China sacrificará a Hong Kong para mantener el control que desea.

Concluye que la batalla no ha terminado, la gente de Hong Kong está organizando más protestas, incluida la campaña “Sin trabajo, sin clases”, que insta a los empleados a no ir a trabajar mientras los estudiantes no van a los colegios.

“A lo largo de mi trayectoria como periodista, agrega Mak, he podido ver como la libertad de expresión ha ido mermando en Hong Kong. Particularmente desde que Xi Jinping tomó el poder”. (Foto: Siham Benali)

Entrevista a Martin Lee: “Hong Kong, una democracia en peligro”. Nieves C. Pérez Rodríguez

Trump ha sido directo en su lucha por neutralizar las prácticas chinas que están al margen de la ley o que intentan sacar beneficios ilegales de las circunstancias. Pero, ciertamente, esa preocupación transciende la Casa Blanca. Las agencias de inteligencia, el Senado y la misma Cámara de Representantes llevan años indagando para determinar el alcance de estas irregularidades.

En el Reporte Anual de la Comisión ejecutiva del Congreso acerca de China, publicado a principios de este año, dedica un capítulo a Hong Kong, en el que se determina la continua erosión de la autonomía de esta región que, por cierto, está garantizada en su “ley básica” de 1984 de Un país, dos sistemas. El informe afirma que se ha podido observar como el espacio democrático de acción política de partidos, grupos e individuos ha disminuido junto con los derechos humanos. El documento incluye citas como la de Xi Jinping en el XIX congreso del Partido Comunista en octubre del 2017, momento en el que afirmó que el gobierno central debe mantener la competencia global de su jurisdicción. Seguido por múltiples declaraciones de oficiales chinos en las aseveran que el gobierno central tiene una postura o “línea de tolerancia cero” a que se le llame independiente a Hong Kong.

4Asia entrevistó a Martin Lee Chu-ming, reconocido como el padre de la democracia de Hong Kong, y uno de los defensores más prominentes de los derechos humanos y las libertades. Además de ser el fundador del Partido Democrático de Hong Kong, y actualmente su presidente, que valga acotar, es el partido político más grande y popular. Participó en las negociaciones de traspaso del Reino Unido a China y en la redacción de la “Ley Básica” que es una especie de constitución hongkonesa. También fue durante más de 30 años miembro del Consejo Legislativo en diferentes periodos. Sin duda un personaje relevante en la historia democrática de Hong Kong y su conversión en una potencia económica y tecnológica.

Le pedimos un análisis sobre cómo ve los derechos Humanos en Hong Kong en comparación con las libertades y derechos que tenían hace unos 20 años.

“Cualquiera de nuestras libertades están sujeta a Beijing. Y ellos pueden interpretar lo que está contemplado en nuestra Ley Básica a su conveniencia. Nuestra Corte protege nuestras libertades, pero Beijing cada día tiene más control sobre Hong Kong.  En efecto, en el Libro Blanco de 2014 lo dijeron abiertamente y en siete idiomas: Beijing tienen jurisdicción completa sobre el territorio hongkonés y es la fuente de su autonomía. Aclarando que tienen control sobre Hong Kong, lo que contradice la Ley Básica, en la que se nos cedió un alto grado de autonomía, aparte de la defensa y relaciones internacionales”.

“La Ley Básica contempla que nosotros seríamos nuestros propios maestros y hacedores. Ahora bien, cuando Beijing declara que ellos son los que tienen control sobre nosotros, asumen entonces que ellos son los maestros. Esto lo prueba el comentario de Xi en una visita a Hong Kong años atrás, cuando era vicepresidente, en el que afirmó que los jueces hongkoneses tienen que colaborar con su gobierno”.

Pero, acota contundentemente Lee, “los jueces no trabajan para el gobierno, que es la visión del Partido Comunista Chino. Los jueces deben responden a la ley no a los intereses de ningún gobierno”.

¿Considera usted que la democracia en Hong Kong se encuentra en peligro?

“Lo cierto es que no veo democracia. De acuerdo a la Ley Básica, pasado diez años de entrar en vigor, debimos haber tenido elecciones democráticas para elegir nuestro poder ejecutivo y elecciones para elegir parlamentarios. Eso no ha ocurrido. Carrie Lam, quien es la cabeza ejecutiva del gobierno hongkonés, posición designada por el gobierno chino central, dice que ella no va hacer nada por la democracia”.

“En este momento -añade- nos encontramos muy preocupados por la ley de extradición, que podría ser aprobada en julio con el apoyo de Carrie Lam, y que vendrá a legalizar secuestros y amenazas que destruirán la libertad de la que goza la sociedad hongkonesa, presentes en el artículo 4 de la Ley Básica. Al ser aprobada, Lam podría enviar a Beijing a cualquier individuo (hongkonés, chino, europeo, estadounidense, australiano, o cualquier otra nacionalidad) que sea acusado de algún tipo de crimen y su extradición haya sido solicitada por China continental”.

Lee explica que hasta ahora no habido ninguna ley de cooperación o acuerdos entre Beijing y otros países como Gran Bretaña, Canadá o Estados Unidos. Y ello se debe a los estándares legales, y el sistema jurídico chino no es compatible con los de estas naciones. Para Beijing las extradiciones son una herramienta política mientras que para el resto de los países democráticos son un asunto legal.

“Para nosotros los hongkoneses es clave blindar nuestro sistema legal como una barrera de protección a las obstrucciones políticas de Beijing. Pero no lo podemos hacer sin en el apoyo de nuestros aliados y la comunidad internacional. Este es el momento en el que Occidente debe proteger el sistema de libertades y legal en Hong Kong, antes de que nuestra gente u otros que se encuentran en nuestro territorio sean llevados a las cárceles chinas”. Foto: AsiaNews

Hong Kong bajo presión. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Hong Kong, ese pequeño territorio de poco más de mil kilómetros cuadrados, es el Silicón Valley de Asía, donde se desarrolla tecnología de primera, y que hace de puente entre China y Occidente. Con una cultura asiática fuertemente influenciada por la británica, vive bajo la declaración de 1984 que se convirtió en una especie de constitución hongkonesa, en la que se establece “un país, dos sistemas”.

Un país y dos sistemas radica en que Hong Kong es parte de China, pero con su propia autonomía. Desde Beijing se definen y articulan las políticas que el partido comunista considera apropiadas y necesarias, mientras que Hong Kong tiene un sistema autónomo de Beijing, donde se garantizan los derechos humanos, tiene su propia economía, moneda y sistema político independiente, desde donde se legisla.

En los años recientes, según China ha crecido en poder económico, ha ido intentado hacerse con mayor control de Hong Kong. En 2015, cinco dueños de casas editoriales de libros desaparecieron, y uno de ellos, Lam Wingkee, pudo escapar y denunció que fue secuestrado y forzado a confesar en televisión. Posteriormente en el 2017, Xiao Jianhua -el multimillonario chino canadiense- fue secuestrado por agentes chinos en el Hotel Four Seasons de Hong Kong y no ha sido visto desde entonces; sólo se pudo saber que fue llevado a China continental.

En los últimos cinco años, Beijing ha incrementado su presión sobre los legisladores hongkoneses. Joshua Wong y Nathan Law, ambos prominentes políticos jóvenes, fueron privados de libertad por su participación en el Movimiento de los Paraguas de 2014, que es considerada la demostración democrática más larga en tierra china desde la masacre de la Plaza Tiananmen en 1989.

La estrategia de Beijing detrás de abrirles procedimientos judiciales a los legisladores, democráticamente electos, consiste en neutralizarlos a largo plazo. La razón por la que se centran en los más jóvenes es precisamente intentar erradicar el deseo de estos de militar en política, infundir miedo, y con eso asegurarse el control sin oposición de Hong Kong en unos años.

El caso de Nathan Law es llamativo por haber sido el legislador más joven electo al parlamento hongkonés, y sentenciado junto con otros cinco legisladores injustamente a salir del parlamento. Y tal y como el mismo Law dijo la semana pasada en Washington, en el testimonio que dio ante la Comisión Ejecutiva del Congreso sobre China, “esto es una respuesta del gobierno chino a la generación de los paraguas para reprimir nuestras demandas y deseos democráticos”.

En este momento, el centro de la discusión se centra en la Ley de Extradición de Hong Kong, que ha producido masivas protestas en las calles. Así como también ha despertado el temor entre los extranjeros y ejecutivos residentes en esta ciudad, pues la ley en cuestión abre la posibilidad de que cualquier individuo que se encuentra en Hong Kong pueda ser extraditada a la China continental. Si está ley fuera aprobada, según los juristas, sería el fin del status especial de Hong Kong, del “un país, dos sistemas”. Lo que en la práctica será el fin de la autonomía de dicha región.

En la sesión de la Comisión ejecutiva del Congreso de los Estados Unidos, en la que 4Asia estuvo presente, los testigos alertaban con urgencia a los miembros del Congreso sobre la gravedad de la situación, que va más allá de los ciudadanos hongkoneses, pues como ellos mismos explicaban, cualquier ejecutivo de una empresa europea, estadounidense o australiano entre muchas otras nacionalidades, podría ser extraditado a China continental, lo que automáticamente socava los principios democráticos, además de que desencadenaría el principio del fin de la economía hongkonesa.

El Partido Comunista Chino ha venido usando el sistema legal para sus fines políticos. Estos son sólo algunos ejemplos de sus prácticas habituales. En la China continental tiene mucho más controlada a la población a través de miles de cámaras instaladas por todo el país y a través de la inteligencia artificial y el reconocimiento facial, mantiene a la población absolutamente identificada y, por lo tanto, atemorizada.

Mientras, Hong Kong es el centro financiero y portuario más grande del mundo, y su población es consciente de que disfruta del gran beneficio de un sistema democrático donde las protestas libres son lo que distingue a Hong Kong de China. Y tomando las palabras de Law, el legislador que fue obligado a quedarse sin su escaño: “Una victoria al gobierno opresor de Beijing, es una victoria al autoritarismo en todas partes del mundo”. (Foto: Andri Yudatama)