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EEUU, en varios frentes

La Administración Trump parece haber acelerado, en parte como un paso en su estrategia para renovar mandato y, por otro lado, porque cree haber visto una ocasión propicia para mejorar posiciones.

Pero la realidad es que EEUU ha incrementado la presión sobre Irán en demanda de renegociar el tratado de desarme nuclear de Teherán, fortaleciendo las sanciones y moviendo parte de su flota a las costas iraníes. Por cierto, la fragata española que acompañaba, con otros buques de guerra europeos como escolta a los norteamericanos, ha sido retirada tras haber asumido su compromiso hace varias semanas y conociendo en qué consistía la misión.

Al mismo tiempo, tras haber comenzado a aplicar duras tarifas arancelarias a productos chinos para entrar en el mercado estadounidense, ha acogido la respuesta china de aplicar sus propios impuestos a productos de EEUU con suficiencia diciendo que EEUU gana ese pulso y anunciando un próximo encuentro entre los primeros mandatarios de ambos países para intentar un pacto. Y, como guinda a esa ofensiva, Pompeo y Putin se reunirán en Rusia para analizar todos los frentes, incluida Venezuela, y tratar de llegar a un acuerdo de mínimos por el que Rusia no impediría los pasos de Trump. Un plan ambicioso, pero ahí está.

Todo esto ha puesto muy nerviosos a los líderes europeos, a los que el secretario de Estado Pompeo ha informado en Bruselas, que, como siempre, piden con más énfasis prudencia a EEUU que freno a un Irán que amenaza con reanudar el rearme nuclear.

La inestable situación puede descontrolarse con cualquier incidente no previsto, pero una vez más, Europa no ofrece alternativas de liderazgo, sino que insiste en el apaciguamiento permanente de cualquier situación como fórmula retórica. Estamos en la misma situación de siempre pero cada vez con más riesgos.

Trump y su juego arancelario con China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Una vez más, el debate en Washington se centra en la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Cuando parecía que había acuerdos más o menos aceptados por ambas partes, desde la cuenta de Twitter de Trump nos llegaban otras noticias. Y el viernes 3 de mayo amaneció con tarifas del 25%, y, como corresponde, los mercados sufrieron el impacto de la noticia respondiendo con volatilidad, y los ánimos se han caldeado nuevamente.

Parece que deberíamos habernos acostumbrado a que Trump cambie de opinión, o más bien a que haga uso del factor sorpresa debido a su convicción de que esa es la mejor manera de hacer negocios. Aunque eso quedó objetado en un artículo publicado por el New York Times -la semana pasada-, que sostiene que el inquilino de la Casa Blanca es un mal hombre de negocios, que su éxito ha sido la pérdida de millones de dólares de la fortuna que le dejó su padre y por ello ha podido evadir impuestos durante décadas. Seguramente esa es la razón por lo que se ha cuidado tanto de que sus declaraciones de la renta no se hicieran públicas ni durante la campaña electoral ni como presidente. Pues la razón que lo catapultó en las urnas fue precisamente su aparente éxito económico, y que esa experiencia fuera aplicada al Estado y pudiera ser copiada por los ciudadanos.

El año pasado alrededor de esta misma época estábamos analizando el impacto de las tarifas y los efectos de esa supuesta guerra comercial que tanto invoca Trump, pero en 2018 el centro estuvo en las tarifas arancelarias del aluminio, paneles solares y acero. Y, de acuerdo a los expertos, los estadounidenses ya están pagando impuestos por esos materiales en su día a día. Pero no es un desembolso obvio que tenga un impacto directo en sus presupuestos.

Un año más tarde la discusión se centra en productos elaborados en China, como teléfonos móviles, tabletas, dispositivos inteligentes o pulseras de deporte, ordenadores, televisores, juguetes, zapatillas deportivas de primera línea -como Nike-, prendas de ropa, entre muchos otros artículos que se consumen masivamente a diario. Y, de acuerdo con la CNN, si estos aranceles entran en vigor el impacto para una familia media de cuatro personas en los Estados Unidos podría representar cerca de 800 dólares más de gasto al año.

Los delegados de Beijing se despidieron con apretones de manos típicos de los representantes de Trump y se retiraron de Washington sin ningún acuerdo. 4Asia consultó la opinión de Eric Johnson, periodista especializado en intercambios comerciales, tecnología y logística, quien acumula muchos años de experiencia en el sector privado de intercambios internacionales. “La política comercial de Trump está causando estragos entre los importadores que gestionan las cadenas de suministro globales porque no pueden cambiar los centros de producción baratos. Cuando existen amenazas en imposición de tarifas, se obliga al sector a crear planes de contingencia, que incluyen transporte de carga, lugares de producción, adquisición de materias primas en esos sitios donde se produce”.

Johnson no cree que el presidente o la mayoría de los estadounidenses comprendan lo bien sintonizadas que están realmente estas cadenas de suministro en la práctica y cuán vulnerables son a los cambios, y más cuando se agregan tantos aranceles al producto final.

El experto afirma que los importadores están acostumbrado a cierto nivel de caos, ya sea una huelga en un puerto, un fenómeno natural, o la desaceleración de la demanda mundial de bienes. Pero, sostiene, la mayoría percibe estas tarifas como punitivas para ellos y sus consumidores, y, peor aún, no creen que lograrán el objetivo declarado por la Administración Trump de reconstruir la base de fabricación en los Estados Unidos.

En opinión de Jonhson, el aumento de los aranceles del viernes 3 es una señal de que las negociaciones fueron un pretexto para los aranceles, en lugar de que los aranceles sean una amenaza para obligar a China a sentarse en la mesa de negociación. Sin embargo, insiste, esto no debería absolver a China de su responsabilidad en este caos. Beijing ha actuado como una economía desarrollada durante una década, pero usando el disfraz de subdesarrollada, mientras ha subsidiado injustamente a sus propios sectores en detrimento de otros mercados.

Johnson afirma que Trump abandonó lo que habría sido un baluarte eficaz contra el desprecio de China por las prácticas de comercio justo cuando sacó a los Estados Unidos del TPP, a principios de su mandato. Desde entonces, ha alienado sistemáticamente a nuestros socios comerciales y aliados económicos.

Concluye: “Apostaría a que la mayoría de nuestros aliados están esperando los resultados de noviembre de 2020, para ver si tendrán que lidiar con Trump durante cuatro años más, o si por el contrario podrán tener una contraparte más razonable para negociar en la mesa”. (Foto: Stefan Schinning)

INTERREGNUM: Amenaza cuando puedas. Fernando Delage

El pasado viernes, como había amenazado con hacer sólo unos días antes, el presidente de Estados Unidos optó por una nueva escalada en la guerra comercial con China, al aumentar del 10 por cien al 25 por cien los aranceles sobre la importación de productos de la República Popular hasta un total de 200.000 millones de dólares. Su decisión se produjo en vísperas de la conclusión de la 11 ronda de negociaciones con Pekín, cuando parecía que un acuerdo estaba al alcance de la mano.

La Casa Blanca atribuye la medida a la marcha atrás china con respecto a algunos de sus compromisos, aunque no ha dado detalles al respecto (y las autoridades chinas lo niegan). En uno de sus tuits de la semana, Trump señaló como razón la “ESPERANZA” china—escribió la palabra en mayúsculas—de renegociar con Biden o con uno de los “muy débiles demócratas”. Sin el menor riesgo de que se le confunda con uno de estos últimos, el presidente ha advertido de la posibilidad de extender las tarifas ya impuestas al resto de las exportaciones chinas a Estados Unidos (es decir, a productos por valor de otros 325.000 millones de dólares).

El temor de que no se llegue a un pacto ha provocado el nerviosismo de los mercados occidentales, en un marcado contraste con la calma que se respira en China, cuyo gobierno no ha dudado en declarar que responderá debidamente a las sanciones de Washington. Trump ha debido tomarse en serio esas palabras, pues de manera inmediata ha prometido un paquete de compensación a los agricultores norteamericanos que exportan a China, muchos de ellos votantes suyos y al mismo tiempo los más perjudicados por la crisis bilateral: Pekín los ha sustituido desde hace meses por los productores de otros países.

¿Constituyen las bravuconadas de Trump una táctica negociadora, o una operación de distracción cuando se le acumulan los problemas internos? Su hostilidad hacia China atrae la atención de los medios, pero también complica la conclusión de las negociaciones. No faltan por ello los observadores que creen que la verdadera intención de Trump es crear una crisis económica y política en la República Popular. Es probable, sin embargo, que la administración tenga razón al concluir que de nada sirve pactar ciertos compromisos si luego la burocracia china hace inviable su implementación interna. El problema es que una vez más vuelven a ponerse de relieve las limitaciones derivadas de la presión unilateral. Bajo presidentes anteriores, Washington siguió un enfoque multilateral que le permitió crear los incentivos para que China ajustara sus prácticas internas si no quería verse aislada. Trump, en cambio, abandonó el TPP—diseñado para lograr de Pekín los mismos objetivos que él pretende—; no ha dejado de criticar a la OMC—cuyas normas violan las sanciones que acaba de adoptar—; y amenaza con nuevas tarifas a sus propios aliados también. Aun cuando muchos compartan la necesidad de disciplinar a China, quien se está viendo aislado en la esfera internacional por los métodos empleados es Estados Unidos (y sus consumidores los más afectados).

Es posible que este tipo de estrategia esté llegando a su fin. Pekín ha declarado que no negociará un acuerdo comercial con Washington “con un cuchillo en el cuello”. Las amenazas norteamericanas le preocupan sin duda, pero China ve en ellas la nada oculta intención de obligarle a cambiar su sistema económico e industrial y, de manera más general, frenar su ascenso como potencia global. Aunque ambas partes necesitan un entendimiento, sus diferencias estructurales impedirán la restauración de un equilibrio en la relación bilateral. Incluso si llegan finalmente a un acuerdo comercial, la rivalidad tecnológica y geopolítica entre los dos gigantes seguirá marcando el mundo de las próximas décadas. (Foto: Lance Leong)

THE ASIAN DOOR: La promesa del Made in China 2025. Águeda Parra

El objetivo de Xi Jinping de convertir a China en una economía que consolide su influencia como poder global en 2049 pasa, en gran medida, por abordar ciertas reformas dirigidas a modernizar su economía. La China que hace unas décadas estaba considerada como “la fábrica del mundo” hace tiempo que persigue convertirse en referente tecnológico mundial cambiando el Made in China por el Designed in China.

En estos últimos años, China no ha escatimado gastos en innovación científica. El gigante asiático ha conseguido que el importe destinado a la inversión y desarrollo (I+D) de los últimos cuatro años supere el 2% del PIB, alcanzado en 2018 el 2,18% e incrementándose la inversión en un 11,6% respecto al año anterior, hasta los 293.600 millones de dólares. Aunque China no es la potencia que mayor gasto dedica a la I+D, sí forma parte del Top 5 de grandes economías mundiales ocupando el cuarto lugar, junto a Japón, Alemania y Estados Unidos, que lideran la clasificación, quedando por delante de la inversión que destina el conjunto de la Unión Europea que ocupa la última posición de esta clasificación, según el Banco Mundial. De ahí las reticencias que han llevado a Estados Unidos a iniciar una guerra comercial con China, donde lo que menos importancia tiene son los aranceles a los productos chinos cuando lo que está en juego es mantener la supremacía como referente tecnológico mundial.

Se podría decir que la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda es al estrecho de Malaca, lo que el Made in China 2025 (MIC2025) es para la industria de los semiconductores. Se trata de dos grandes proyectos del gobierno chino concebidos para reducir lo que posiblemente son las dos amenazas más importantes que enfrenta China en clave geopolítica con el resto de grandes potencias. En el primer caso, se trata de construir un conjunto de rutas alternativas al estrecho de Malaca para evitar el aislamiento energético de China ante un posible bloqueo del paso marítimo en el caso de conflicto con otras potencias extranjeras. En el segundo caso, la iniciativa Made in China 2025 es el plan gubernamental con el que el país aspira a convertirse en un gigante de los semiconductores, pieza esencial para conseguir el máximo nivel de modernización de la industria china.

China perdió su posición de gran potencia, económica e innovadora, en el momento en el que la Revolución Industrial impulsó el ritmo de desarrollo económico de los países occidentales hasta convertirlos en grandes potencias mundiales. Ante el reto de recuperar de nuevo esta ansiada posición, China pretende conseguir una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% en 2020, que alcanzará el 70% en 2025, y que supondría el salto tecnológico necesario para no tener que depender de las potencias extranjeras en su propio proceso innovador. En la hoja de ruta, China ha considerado hasta 10 industrias de vanguardia con las que espera conseguir el dominio tecnológico mundial, y que van desde la industria aeroespacial, los vehículos de energías alternativas, la nueva generación de tecnologías de la información y la robótica.

La industria de los semiconductores está considerada como la piedra angular en la carrera por el liderazgo tecnológico mundial. Aquel país que tenga los mejores chips, no sólo estará en posesión de la mejor tecnología, sino que será el que establezca los protocolos de comunicación a nivel mundial, escenario de fondo de la lucha entre Washington y Beijing por liderar el desarrollo de la tecnología 5G. Incluso con una guerra comercial de por medio, algunos consideran que Made in China 2025 será un éxito, a pesar de Trump, sencillamente porque es un objetivo al que el gigante asiático no puede renunciar si no quiere volver a perder el segundo tren de la revolución económica mundial.

Aunque apenas queda un año para el primer hito del proyecto que se cumplirá en 2020, el camino será largo hasta conseguir completar los ambiciosos objetivos que plantea Made in China 2025. De los chips que utiliza China, solamente un 16% son de producción nacional, siendo necesario destinar a la importación de semiconductores 260.000 millones de dólares en 2017, un importe bastante superior a los 162.000 millones de dólares necesarios para asegurar el abastecimiento de petróleo del país. Ante la vulnerabilidad estratégica que supone para China la dependencia del suministro de componentes extranjeros, el primer paso será desarrollar una industria de semiconductores que le permita competir con Corea del Sur y Taiwán, para finalmente pasar a la liga en la que se mueve Estados Unidos, el actual líder mundial. Es decir, que Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC), la empresa china mejor posicionada en esta industria, compita en igualdad con la élite que representan el gigante estadounidense Intel, o el líder mundial surcoreano Samsung Electronic.

La más reciente incorporación a esta carrera por la fabricación nacional de chips procede de uno de los grandes titanes tecnológicos chino, Alibaba, que ha creado una nueva filial, denominada Píngtóuge (平头哥), dedicada exclusivamente a este fin. La inversión en nuevas tecnologías está marcando las decisiones empresariales del líder mundial del e-commerce, manejando plazos muy competitivos. Este próximo mes de abril pretende tener disponible su propio chip de red neural, el Ali-NPU, que se utilizará en aplicaciones de inteligencia artificial como análisis de imágenes de vídeo y machine learning. Con esta nueva incorporación de los titanes chinos, la carrera por convertirse en el gigante de los semiconductores entra en una nueva dimensión, nuevos jugadores, más competencia, mayor rivalidad entre potencias, a lo que habría que sumar la proyección de Made in China 2025 como símbolo del creciente nacionalismo dentro del país.

La conquista china de los “Social Media”. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- China no es sólo el país más poblado del planeta o la segunda economía del mundo, sino que ahora también domina el mundo de “social media” que hasta hace poco estaba liderado por Facebook, Twitter, YouTube o Instagram. A ésta última le salió competidor chino, una aplicación que a día de hoy cuenta con más de 500 millones de usuarios en el mundo.

Tik Tok es el nombre de la aplicación, o “Douyin” que es como más comúnmente se le conoce en China.  El dueño de esta aplicación que está arrasando con sus competidores es ByteDance Technology, una empresa asentada en Beijing de tecnología digital que opera varias plataformas habilitadas para el aprendizaje automático de equipos. En otras palabras, ByteDance se especializa en conectar personas a través de inteligencia artificial y basado en los datos que los propios usuarios proporcionan.

ByteDance fue creada a principios del 2012 y hoy su valor supera los 20 mil millones de dólares. La empresa china de servicios digitales ha experimentado un crecimiento tan espectacular que hoy ocupa el primer lugar en el gigante asiático. Si se establece una comparación con las redes más usadas y visitadas, Twitter por ejemplo, cuenta con 321 millones de usuarios, o Snapchat, una aplicación de 300 millones de usuarios comprendidos entre los 13 y 25 años de edad -según la agencia Omnicor-. Tik Tok sólo es superada por Instagram, que es la aplicación usada mayoritariamente por los milenialls y los adolescentes y que cuenta con 1000 millones de usuarios -de acuerdo a Brandwatch-.

Algunos expertos en plataformas digitales coinciden en que el éxito de Tik Tok consiste en que no tiene mucha publicidad y no hay contenido político. Para abrir un perfil en esta aplicación, los usuarios deben compartir información personal como: una dirección de correo electrónico, número de teléfono, nombre de usuario, nombre y apellido, una breve biografía y una foto de perfil. Tik Tok sirve para crear videos de corta duración, a los que se puede agregar efectos, doblar canciones y, ya que la idea es que sean divertidos, al punto de hacer el tonto.

Además de crear y compartir videos, la aplicación permite a los usuarios interactuar con otros usuarios comentando sus videos y tiene la opción de enviar mensajes directos. Las cuentas son públicas de forma predeterminada, lo que deja la biografía del perfil abierta y el nombre del usuario, la imagen y los vídeos, incluso de niños, pueden ser vistos por otros usuarios. La aplicación se concibió para permitír el envío de mensajes directos, lo que ocasionó que adultos interactuaran con niños, lo que acabó en denuncias de padres estadounidenses. La institución de protección al consumidor estadounidense (Federal Trade Commission, FTC por sus siglas en inglés) basándose en la ley de protección de la privacidad de niños (Children´s Online Privacy Protection) llevó el caso al Departamento de Justicia, y la operadora de videos china acordó a pagar 5.7 millones de dólares, la pena civil más alta por haber violado la privacidad de menores hasta el momento. Además del pago millonario acordado el pasado febrero, Tik Tok está obligada a respetar la ley de protección de la privacidad de niños y, por lo tanto, ha tenido que retirar vídeos de menores de 13 años para poder seguir operando en territorio estadounidense, donde cuentan con 6 millones de usuarios.

Tik Tok, antes llamado Musical, entiende la dimensión del mercado estadounidense y la necesidad de seguir las reglas para poder continuar accediendo a esta generosa audiencia. Acordaron el pago millonario y además cambiar sus ajustes iniciales de no privacidad. Esto representa un buen ejemplo de lo que las empresas chinas están dispuestas a sacrificar por no quedarse fuera del lucrativo mercado estadounidense, pero también es un buen ejemplo de la manera sobre cómo las democracias puede combatir los abusos de las corporaciones extranjeras. En el fondo, Washington no sólo está en guerra de aranceles con China. Desde Washington se está intentado erradicar las prácticas irregulares de los chinos, que han sido en gran medida parte del éxito económico que han experimentado en los últimos años. En otras palabras, el crecimiento de la economía china no es el problema, lo que incomoda a Estados Unidos es que se abuse el sistema para hacerse con más beneficios. (Foto: Luc Legay)

THE ASIAN DOOR: Ha nacido un país de unicornios. Águeda Parra

Que a los unicornios les gusta China es una afirmación que hoy en día ya muy pocos cuestionan. No se trata de que Estados Unidos haya dejado de competir con el gigante asiático en la creación de este tipo de empresas, valoradas en más de un 1.000 millones de dólares. Más bien es que China ha entrado en una dinámica de revolución tecnológica que alcanza a todos los ámbitos de su economía y que le está impulsando a liderar la creación de grandes centros de innovación al estilo de Silicon Valley.

Existe todo un ecosistema que propicia este ritmo de generación de nuevas startups en China. Las reformas económicas introducidas por el gigante asiático hace 40 años han conseguido generar una sociedad que ha incrementado su nivel de ingresos significativamente, lo que conlleva un mayor nivel de consumo y una capacidad de compra que ha crecido rápidamente. De este modo, se ha llegado a abordar una revolución digital que tiene a más de la mitad de su población conectada a Internet, superando los 700 millones de personas, usuarios todos ellos de un complejo entramado de plataformas tecnológicas que conforman el ecosistema digital de China. Esta trepidante dinámica de digitalización de la sociedad ha llevado a que China cree un unicornio cada 3,8 días en 2018, según un estudio de Hurun Report, posicionando la tecnología Made in China en la vanguardia mundial.

China, un país de unicornios, acoge a 186 de estas empresas, generando un crecimiento del 50% respecto a los 120 con los que contaba en 2017. No solamente el crecimiento es significativo en el número de nuevas empresas, sino que los 181 unicornios tienen un valor agregado de más de 736.000 millones de dólares, casi el doble de la valoración de los 120 unicornios de 2017 que alcanzaban los 433.000 millones de dólares. En la creación de este tipo de empresas juegan un papel destacado los grandes titanes tecnológicos en su papel de incubadoras o aceleradoras, contando hasta 11 unicornios con el apoyo de Alibaba, mientras que Tencent ha confiado su inversión en 28 de estas empresas.

A medida que existen ciertos sectores que con el tiempo empiezan a considerarse ya maduros en el mercado chino, como el e-commerce, comienzan a estar en alza otros nuevos intentando satisfacer rápidamente la demanda de los usuarios. Por sectores, lideran la clasificación los unicornios relacionados con los servicios de Internet, seguidos del e-commerce y las FinTech. Precisamente es en el sector de los servicios financieros online donde se encuentra el unicornio con mayor valoración de mercado, Ant Financial, compañía de la que Alibaba posee un 33% y que está valorada en 148.400 millones de dólares. Por ubicación, Beijing sigue siendo la ciudad elegida para desarrollar el mayor número de unicornios que genera China, tanto por los ya existentes como por los nuevos creados durante el último año. Las ciudades de Shanghai y Hangzhou, ciudad natal de Jack Ma, ocupan el Top 3 de los grandes hub de innovación que está desarrollando China, aunque en el último año Nanjing ha conseguido posicionarse como uno de los centros con más atractivo para atraer la innovación, principalmente por la vocación de la ciudad por desarrollar la tecnología del automóvil del futuro.

De los 97 nuevos unicornios creados en 2018, 23 de ellos están relacionados con el sector servicios, principalmente relacionados con la demanda de las bicicletas y coches compartidos. El siguiente grupo que mayor número de unicornios agrupa es el de salud y medicina, seguido del de educación, Big Data y Cloud Computing, que muestran el creciente interés de la sociedad china por estas nuevas tecnologías y los servicios asociados a las mismas. Por el contrario, la madurez del mercado del e-commerce en China, donde los consumidores cubren plenamente sus demandas con los servicios que ofrecen los titanes tecnológicos chinos como Alibaba y JD.com, supone que apenas sean dos los nuevos unicornios creados en este ámbito.

Ahora que la economía china está sufriendo una importante desaceleración motivada por la guerra comercial con Estados Unidos, la aportación de los unicornios a la nueva economía digital resulta fundamental para mantener los ritmos de crecimiento económico de China. El escenario de inestabilidad que está provocando a nivel mundial el conflicto internacional ha lastrado las exportaciones chinas en enero hasta un 21% respecto al año anterior, un impacto mayor de lo que habían pronosticado los analistas, lo que está provocando retrocesos en el resto de economías mundiales. De ahí que China siga confiando en sus unicornios para intentar mantener el ritmo de desarrollo económico ante una situación que ya ha sobrepasado la tregua de tres meses establecida y cuyas consecuencias en el medio plazo todavía son inciertas. (Foto: Andrew Morrell)

THE ASIAN DOOR: Tesla en pit stop y NIO en vuelta rápida. Águeda Parra

La reducción de las ventas de automóviles en el mayor mercado mundial abre un nuevo capítulo en la guerra comercial que mantienen China y Estados Unidos. Por primera vez en dos décadas, el gigante asiático ha registrado un desplome de las ventas de coches del 6% hasta los 22,7 millones de unidades vendidas en 2018, según la China Passenger Car Association. Una situación generada como reacción en cadena de unos consumidores que han reducido la demanda ante el clima de desconfianza que genera un menor crecimiento económico en China.

La industria del automóvil se desploma a nivel global arrastrando a fabricantes de todo el mundo que tienen sus plantas de producción en China y que, en algunos casos, tienen en el mercado del gigante asiático su mayor demanda, como es el caso de BMW. Ante esta situación de incertidumbre generalizada en el sector, es la nueva generación de vehículos la que despierta cierta esperanza a corto plazo, una vez que China es además el mayor mercado mundial de coches eléctricos, generando unas ventas superiores a las del resto de países juntos durante 2018.

China está ganando la carrera del vehículo eléctrico a Estados Unidos, su máximo competidor, sin que parezca tener rival. La previsión es que el mercado del gigante asiático genere el 60% de las ventas mundiales en 2035, cerca de 6,42 millones de unidades vendidas, según la empresa de investigación de mercado especializada Fuji Keizai. Con esta estimación, las ventas en 2035 serían casi 15 veces las unidades vendidas en 2017, ocupando Europa el segundo puesto mundial, generando una demanda de 2,17 millones de vehículos eléctricos, mientras Estados Unidos quedaría relegada a la tercera posición con apenas 1,36 millones de unidades.

Una carrera que también está ganando China en cuanto a la construcción de la infraestructura necesaria para dar soporte a este tipo de vehículos. Cualquier rival mundial lo tiene complicado frente a la determinación del gobierno chino de promover el desarrollo de redes de recarga públicas para dar cobertura a 5 millones de vehículos eléctricos en 2020. Los números mandan y China actualmente dispone de más de 808.000 puntos de recarga de coches eléctricos por todo el país, muy por delante del medio millón desplegado por Estados Unidos, principalmente instalados en casas particulares, según un estudio del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia.

Las políticas medioambientales de China son parte también del impulso gubernamental con la previsión de que entre los vehículos eléctricos, los híbridos y los de pila de combustible, la industria crezca un tercio en 2019 hasta los 1,6 millones de unidades vendidas, sobrepasando la marca del millón de vehículos vendidos en 2018, según la China Association of Automobile Manufacturers. Unos objetivos que contrastan con las ayudas fiscales que ofrecen ciertos estados y ciudades norteamericanas sin que Washington esté jugando un papel destacado por establecer directivas gubernamentales de aplicación nacional. Además, China pretende tener construida para 2022 la primera autopista solar que conectará los 161 kilómetros que separan las ciudades de Hangzhou y Ningbo. Qilu Transportation, una de las empresas chinas de referencia en este sector, será la encargada de montar paneles solares que dejen pasar la energía a través del asfalto, permitiendo así la recarga automática de los vehículos eléctricos. Otra fase más de la revolución que tiene prevista China en el mercado automovilístico y que forma parte de la iniciativa Made in China 2025 con la que el gobierno pretende ahondar en la modernización de la industria, rivalizando con las grandes potencias mundiales principalmente en los ámbitos de los nuevos vehículos eléctricos, las tecnologías de la información y la robótica.

Con estas perspectivas, China liderará la revolución del vehículo eléctrico apostando por marcas nacionales que rivalizan con Tesla, el fabricante de automóviles eléctricos más vendido en Estados Unidos, y con el resto de modelos que abanderan los grandes fabricantes globales como Volkswagen, BMW y GM. Elon Musk, CEO de la marca Tesla, comunicaba el inicio de la construcción en Shanghai de su primera fábrica de ensamblaje en el extranjero. La previsión es vender unas 250.000 unidades anuales, con la ventaja que estarán exentas de los aranceles aplicados a los coches importados, generando una estimación de ventas considerable a pesar de la caída en la demanda de los últimos meses.

La empresa de Musk tiene en NIO, una startup china de coches eléctricos, a uno de sus mayores competidores. Fundada hace cuatro años, lleva cotizando en la bolsa de Nueva York desde finales de 2018 recaudando 1.800 millones de dólares. Una competencia atractiva en precio que posiciona el modelo ES8 de NIO en 65.000 dólares frente a los 113.000 dólares del Modelo X de Tesla, favoreciendo que las ventas de NIO casi tripliquen las de su competidor estadounidense en diciembre de 2018. Esta rivalidad con las startups nacionales, y la contención del gasto en los consumidores, ha obligado a la compañía de Musk a lanzar la versión barata de su Modelo 3 por 35.000 dólares, un importante reto financiero que debe asumir la compañía para no quedarse fuera del mayor mercado de vehículos eléctricos, una opción que no puede permitirse ningún fabricante.

10º Sesión Observatorio EOI de Economía Global. “¿Alcanzará China la hegemonía económica mundial?”. Isabel Gacho Carmona

La pregunta lleva en la mesa varios años “¿Alcanzará China la hegemonía económica mundial?”. Para contestar a esta cuestión y para dar algunas claves sobre el futuro para empresarios españoles en el país asiático, tuvo lugar la semana pasada la 10º Sesión Observatorio EOI de Economía Global. Alicia García-Herrero, una de las principales autoridades a nivel internacional sobre economía china, comenzó argumentando que el s. XXI es el siglo de Asia con China en el centro. Por más que le pese a EE. UU., y pese a que son tiempos difíciles para el Pekín, todo parece apuntar a que China sí será la potencia económica hegemónica del s. XXI.

El crecimiento económico de China lleva bajo el foco de los analistas occidentales varios años “China ya era un centro de atención para el FMI en 1994, cuando yo trabajaba para ellos en México”. Y es que China cuenta con muchos indicadores a su favor. Por un lado, su sector más productivo sigue siendo la manufactura “No se han saltado ninguna fase de desarrollo”. Además, y al contrario que EE. UU., China es acreedora, no deudora, a nivel internacional. Su deuda está en manos de las familias. Otro punto a su favor son las proyecciones de futuro. Pese a que los datos actuales la sitúan a niveles similares en varios indicadores económicos, los datos proyectados para la próxima década le dan mucha ventaja. Por ejemplo, actualmente China, EE. UU. y Europa representan cada uno alrededor de un 18% de la aportación al crecimiento mundial. La proyección para 2025, sin embargo, sitúa a China en un 14,4%, mientras que Europa se quedaría con un tímido 6% y EE. UU. con un 10%, según datos de Natixis.

Sin embargo, no va a ser un camino necesariamente fácil. Pekín se enfrenta actualmente a varios problemas. Por un lado, le afecta el deterioro de la situación económica mundial y la presión creciente de EE. UU. Por otro, se enfrenta a una fuerte desaceleración estructural y al envejecimiento “Va a perder un punto de fuerza laboral al año”.

La guerra comercial que inició en 2018 EE. UU. con la intención de contener el desarrollo económico chino para García-Herrero “No son palos de ciego ni arrebatos de Trump” “EE. UU. lleva años pensando esto”. La respuesta de China, sin embargo, sería un error “China tiene más que perder en esta guerra” “Es un error igualar los aranceles a lo ojo por ojo, su economía tiene menos aguante”.

Pese a estos problemas, la economista entiende que China tendrá éxito igualmente “A no ser que haya un cambio de régimen”, apunta. Aunque muchos analistas temen un aterrizaje forzoso o una crisis financiera, García-Herrero entiende que los acreedores no reaccionarían ante la posibilidad de una crisis, ya que, aunque la deuda es elevada los acreedores son los propios chinos, especialmente los hogares, que no solo están mal informados y limitados en sus inversiones, sino que los intermediarios de sus ahorros, los bancos, son en su mayoría estatales, lo que aumenta aún más la estabilidad del modelo a pesar de la deuda.

En este escenario, una Europa cada vez más resquebrajada y todavía anclada en la alianza transatlántica es vista cada vez como más débil desde China. Además, “EE. UU. ya ni nos mira, ahora mira al Indo-pacífico y ahí ni estamos invitados”. Para la Economista Jefe para Asia Pacífico de Natixis, estamos siendo relegados al extremo del mundo y debemos trazar una estrategia a largo plazo.

Por otra parte, Javier Serra Guevara, técnico comercial y Economista del Estado, dio algunas claves para comprender las posibilidades de mercado que puede ofrecer China a los inversores españoles. El reciente cambio demográfico, los cambios en los patrones de consumo y la dieta, o la irrupción del comercio electrónico son algunos factores a tener en cuenta. Hasta ahora los principales sectores han sido la moda, la cosmética, los materiales de automoción, la carne porcina y la industria farmoquímica. A futuro el negocio de la salud en general presentará oportunidades, así como la aeronáutica. El sector de la automoción seguirá presentando oportunidades, pero tendrá que adaptarse a los cambios. La gran incógnita es el sector servicios, cuyas negociaciones entre la UE y China llevan años atascadas.

En definitiva, y pese a las dificultades, China seguirá siendo un mercado demasiado grande para ser ignorado. Además, y si de facto se convirtiera en hegemón, es importante tener en cuenta que rediseñaría el mundo de otra manera “China no crearía su propia ONU, no es EE. UU.” “crearía un sistema de centro-periferia”.

INTERREGNUM: Vulnerabilidades chinas. Fernando Delage

El encuentro, esta semana en Vietnam, del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el líder norcoreano, Kim Jong-un, se produce días antes de la fecha límite establecida por Washington—el 1 de marzo—para aumentar los aranceles impuestos a productos chinos del 10 al 25 por cien, a menos que se logre un acuerdo con Pekín. Se celebra igualmente en vísperas de la entrega del informe del fiscal especial Robert Mueller sobre las relaciones de Trump con Rusia. Las posibles conexiones del presidente norteamericano con Moscú son una fuente permanente de vulnerabilidad personal, mientras que su declaración de guerra comercial a Pekín no animará a los líderes chinos a ayudarle en la resolución del problema norcoreano.

Pero si las interconexiones son inevitables en la era de la globalización, las debilidades tampoco se concentran en una sola parte. Así se ha puesto en evidencia en China mediante dos recientes señales. En enero, en un discurso en la Escuela Central del Partido Comunista, el presidente Xi Jinping se refirió a las múltiples amenazas externas e internas que afronta la República Popular. El 16 de febrero, Qiushi, la publicación que marca la ortodoxia ideológica del Partido, publicó por otra parte unas palabras pronunciadas por Xi a puerta cerrada el pasado mes de agosto, reclamando un mayor activismo en la defensa de los principios de la organización.

En sus intervenciones, el presidente chino ha descrito una situación global “complicada e impredecible”. Aunque los analistas lo han entendido como una referencia a las actuales tensiones con Washington, probablemente también incluye la percepción de una creciente actitud defensiva por parte del mundo exterior con respecto a las inversiones estratégicas y la interferencia política de la República Popular. Con todo, Xi también ha hecho hincapié en los riesgos internos que afronta la estabilidad política; riesgos derivados tanto de las denominadas “cinco nuevas categorías”—abogados defensores de los derechos humanos, iglesias clandestinas, comentaristas en Internet, y grupos sociales menos favorecidos—como de los críticos con la acumulación de poder por Xi y la recuperación de prácticas que recuerdan al maoísmo. La respuesta del presidente, además de sus reiteradas denuncias del “constitucionalismo occidental”, ha sido previsible: una nueva exhortación a los cuadros del régimen a estar alerta contra la infiltración ideológica de las fuerzas hostiles y a extremar la lealtad hacia los valores y principios del Partido Comunista.

En un sistema donde nada se hace por casualidad, la publicación de estos discursos no es mera rutina. La imposición de tarifas por parte de Estados Unidos y la reacción contra sus actividades ilegales en el exterior, se ha traducido desde la pasada primavera en una notable reducción del crecimiento económico; algunos observadores hablan incluso de contracción. La cifra de desempleo ha aumentado, y se multiplican las voces que, además de señalar lo erróneo del enfrentamiento con Washington, pronostican un escenario negativo si se sigue defendiendo a las empresas públicas a costa del sector privado. Esta deriva podrá provocar una creciente oposición a Xi, pese al reforzamiento en curso del aparato de propaganda.

Cada uno de los dos principales líderes políticos del planeta tiene razones, por tanto, para sacar partido a la reunión que tienen previsto mantener hacia finales de marzo en Florida. Trump necesita neutralizar la amenaza norcoreana—aunque no se avance en la desnuclearización de la península—y “vender” a su opinión pública la firma de un acuerdo con Pekín, aunque éste sólo ceda en cuestiones menores y no en la reforma estructural de su economía. Xi tiene que lograr por su parte un equilibrio entre los imperativos del control ideológico y el pragmatismo que requiere su supervivencia política. Necesita una tregua que le permita minimizar la movilización en su contra de las elites chinas.

A varias bandas

En las horas previas a la II Cumbre entre Donald Trump y Kim Jong-un, China y Estados Unidos han acercado posiciones en su guerra comercial sobre los aranceles. Aunque aún no hay acuerdos, han decidido no buscar un acuerdo global de momento sino avanzar hacia convenios parciales admitiendo la posibilidad de aplazar la fecha que se dieron (el 1 de marzo) como límite para negociar.

Ganar tiempo viene bien a ambos países y para alejar cualquier sospecha de concesiones, la Casa Blanca ha filtrado que hay “avances sustanciales”. Da la sensación de que esto, en parte, es cierto, pero varios expertos sugieren que esto está en estrecha relación con el escenario coreano en el que, en Estados Unidos, se dan por hecho un avance, esta vez real, en el proceso de desnuclearización, una reducción significativa de las fuerzas militares estadounidenses en Corea del Sur, un paquete de incentivos occidentales unido a un levantamiento de sanciones y la elevación del rango de relaciones entre EEUU y Corea del Norte.

Mientras tanto, en medio de la disputa, Rusia ha logrado abrir hueco a algunos de sus productos en el mercado chino, para suplir parte de lo que hasta ahora habían sido suministros norteamericanos.

En todo caso, los próximos meses van a ser intensos para desarrollar los acuerdos que se alcancen en Vietnam, encauzar las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos y seguir actuando a la vez en otros frentes conflictivos.