Epidemia en China, una lección y muchos riesgos

La gestión por parte de las autoridades chinas de la epidemia del último coronavirus es todo un ejemplo, y a la vez un test, de la manera de funcionar de los gobiernos autoritarios y del margen de que estos disponen para tomar cualquier medida en un marco de control social extraordinario.

Desde el punto de vista sanitario, y a tenor de unos datos que proporciona la Administración china sin que exista ninguna forma de comprobación independiente, la situación es grave y alarmante pero no crítica. El número de infectados y fallecidos es bajo en relación con la población, la reacción de la Administración sanitaria está siendo decidida y hasta heroica a la vista de las circunstancias y la población está aceptando las medidas con resignación alta a la luz de esos datos en un escenario con escasa transparencia.

Pero dicho eso hay que añadir que el Gobierno chino, no sometido a ningún tipo de control, sin necesidad de dar explicaciones y con todo el poder, ha impuesto un plan de cuarentena que afecta a decenas de millones de personas, la construcción de dos hospitales con la utilización inapelable de inmensos recursos humanos en condiciones laborales presumiblemente desastrosas y  con toda clase de incertidumbres sobre los datos ofrecidos.

Y es esta forma despótica, incontrolada por la sociedad, la que apunta a una manera de gestión que cada vez suscita más atracción en zonas del planeta con debilidad de las propias instituciones, Y eso, al margen de los presumibles buenos resultados en la contención inmediata de la crisis sanitaria.

Las crisis sanitarias no son nunca producto de un solo factor aunque haya uno desencadenante y determinante. Hay elementos culturales (costumbres alimentarias, higiene personal, inspecciones administrativas, controles, etc…) que favorecen la aparición y expansión del factor determinante, en este caso el coronavirus, sobre los que China y muchas sociedades deben reflexionar y corregir. En un mundo globalizado eso es más urgente que nunca, tan urgente como la colaboración leal, transparente y limpia con los organismos internacionales.

THE ASIAN DOOR: Davos, China y plásticos, ¿roles convergentes? Águeda Parra

La reunión anual en Davos del Foro Económico Mundial (World Economic Forum, WEF) no ha resultado ser el mejor escenario para tomar acciones contundentes que frenen el cambio climático. A pesar de que el tema central de esta edición era “Stakeholders for a Cohesive and Sustainable World”, es decir, “Interesados en un mundo Cohesivo y Sostenible”, no parece que haya habido consenso en las medidas a adoptar entre los 3.000 participantes de más 130 países. Por ejemplo, aunque los científicos estiman que la aviación comercial produce cerca del 5% del calentamiento global, han sido más de 1.500 personas las que han asistido al evento en jet privado, dando una indicación de que el debate sobre el cambio climático es de largo recorrido.

En esta lucha contra reloj, China se está posicionando como uno de los países más activos en la lucha contra el cambio climático, con el objetivo de reducir los efectos medioambientales que la contaminación puede producir en el crecimiento de su economía y en la salud de su población. China reúne las dos caras de la moneda; es al mismo tiempo el país que realiza más emisiones de efecto invernadero, unos 10.330 millones de toneladas de CO2 en 2019, y es líder en producción de energías renovables.

La reciente situación de inestabilidad económica internacional, bajo un escenario de guerra comercial, ha propiciado que China haya hecho un mayor uso del carbón para mantener su economía, siendo el responsable de gran parte del crecimiento de las emisiones globales durante 2019. Sin embargo, aunque Estados Unidos y Europa están reflejando descensos respecto a los niveles alcanzados hace un año, Estados Unidos duplica la contaminación per cápita de China, alcanzando la primera economía mundial una tasa de 16,14 toneladas métricas per cápita frente a las 7,95 que registra el gigante asiático.

Al margen del uso del carbón, China está dando importantes avances en la prohibición del uso de plástico con medidas que han propiciado cambios en la multimillonaria industria de los residuos y el reciclaje. El gigante asiático ya no considera que ser el receptor de gran parte de la basura mundial sea un negocio rentable. La magnitud de las importaciones, que en 2015 alcanzaron 46 millones de toneladas, asociadas a unos no siempre eficientes controles sobre este sector, han propiciado problemas de contaminación medioambiental y de salud pública. La medida entró en efecto en enero de 2018, generando un cambio disruptivo a nivel global. Por una parte, se genera un efecto en cadena entre los países emisores, entre ellos Reino Unido. Entre 2012 y 2016, el gobierno británico envió al país asiático de media el 65% de los residuos de plásticos generados por el país. De hecho, China comenzó a ser el mayor importador de residuos en la década de 1980, promoviendo un modelo que ha llevado a que desde 2012 sea el receptor del 56% de los residuos plásticos exportados a nivel mundial. Por otra parte, se genera un efecto positivo, motivado por la necesidad de impulsar medidas a nivel nacional de reciclaje de residuos para seguir manteniendo en funcionamiento a las empresas del sector.

En esta línea, la estrategia para combatir los efectos del cambio climático en China no solamente se centran en frenar la importación de plástico, sino en generar nuevas políticas que conduzcan a reducir el uso de plástico diario que hace el país. De los 15 millones de toneladas que consume el país, unos 2,4 millones acaban en el mar. De ahí, que el siguiente paso en la estrategia haya sido reducir el uso de los plásticos de un solo uso. Se eliminará progresivamente de los supermercados y de los grandes almacenes de las grandes ciudades, una medida que también va a afectar al servicio de reparto de comida que en los países asiáticos normalmente se suele realizar en bolsas de plástico. Con esta medida, China se suma a la estrategia adoptada por otros países como Francia, Tailandia, Nueva Zelanda o Indonesia que están prohibiendo la utilización de plásticos de un solo uso. Con ello, el gigante asiático busca reducir la estimación de crecimiento en generación de basuras que se espera en la zona de Asia Oriental y Pacífico y que pasará de una media de 204 millones de toneladas en 2016, a 296 millones de toneladas en 2050.

Los objetivos son ambiciosos, el crecimiento económico lo requiere. La nueva medida prohibirá los plásticos de un solo uso a finales de 2020 y con ello se espear reducir su consumo en un 30% en 2025. Sin duda una medida que posiciona a China a la cabeza de los países que están tomando medidas tangibles en la lucha contra el cambio climático y que revertirá en la salud del planeta. Una prioridad que debería estar entre las principales políticas de los gobiernos de todo el mundo.

¿Ha sido diligente China en el manejo de la crisis del coronavirus? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Aunque es pronto para tener certeza de ello, lo que sabemos hasta ahora es que no hay indicios de total transparencia. El primer caso del virus fue reportado por la prensa china el 8 de diciembre. Pero no fue hasta el 31 de este mes que el gobierno chino anunció oficialmente la aparición del virus. Mientras tanto, las redes sociales en China se llenaban de preguntas, preocupación y hasta afirmaciones de quienes aseguraron que habían perdido miembros de sus familias por una pulmonía de origen desconocido.

Se podría cuestionar la veracidad de las redes, pero el manejo de los medios en China y el que desapareciera toda la información lo hace aún más sospechoso. Aunque sepamos que es la manera en que opera el Partido Comunista Chino, no deja de generar preguntas.

También resulta curioso que los periodistas chinos dejaran de informar sobre el virus desde que el caso lo tomó el gobierno. Y todavía más se activan las alarmas cuando se rememora la historia y los casos en los que China no ha sido transparente en la cooperación y trasferencia de información con el resto del mundo. El SARS en el 2002 es sin duda el que más se recuerda debido a sus más de 800 víctimas, pero también la gripe aviar cuya última aparición fue en el 2017.

No fue hasta el 12 de enero que oficialmente se confirma la primera víctima por el coronavirus, y diez días más tarde se decreta cuarentena a la ciudad de Wuhan -capital de la provincia de Hubei (una ciudad de 11 millones de habitantes de acuerdo a Naciones Unidas) epicentro del brote del virus. Seguido por la segunda declaración de cuarentena, que sucedió sólo un día más tarde, en otras 12 ciudades más, lo que en su total equivale a la población total de España.

El cierre de lugares íconos como la Ciudad Prohibida y una parte de la gran Muralla, el parque Disney en Shanghái, junto con otros lugares turísticos en plena celebración del año nuevo chino, festividad que moviliza más personas en el mundo, añade más a la alarma. Beijing anunció también la suspensión de autobuses entre ciudades aledañas. La construcción de dos hospitales en menos de diez días, exponen el nivel de preocupación del gobierno chino.

Todas estas medidas muestran el estado de alerta en el que se encuentran las autoridades chinas. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud en sus reuniones a finales de la semana pasada no hicieron la declaración de pandemia sino de alerta internacional, al menos de momento.

Por ahora han sido reportados casos en catorce países o regiones. China sobrepasa los 1400 casos, Hong Kong, Taiwán, Macao, Japón, Malasia, Tailandia, Singapur, Vietnam, Nepal, Corea del Sur, Nepal, Australia, Francia y Estados Unidos, según CNN internacional.

Y según el Colegio Imperial de Londres en su tercer informe del sábado pasado se estimaban que por cada infectado el riesgo de transmisión del coronavirus es de 2,6 personas. Mientras que otras investigaciones apuntan a que la transmisión estaría en 3,8. Lo cierto es que los pronósticos del riesgo de contagio son muy altos y la duda de las cifras genera mucha angustia.

Y mientras tanto el Partido Comunista Chino (PCCh) sigue esforzándose por “deificar” a Xi, al puro estilo Mao Zedong. Xi ha asumido personalmente el mando de las operaciones de contingencia del virus, aprovechando el momento de fortalecer su liderazgo en medio de la crisis.  Se valen de la oportunidad para elevar al líder en medio de un duro momento nacional, como parte de la propaganda china. Pero el hecho de que la provincia donde brota el virus ahora concentre el 53% de los casos es un mal indicio, pues significa que el virus se ha propagado a muchas otras regiones chinas y potencialmente al resto del mundo.

A pesar de los esfuerzos del PCCh, Xi Jinping está atravesando un duro momento. Primero, la paralización de la economía china como consecuencia de la guerra comercial entre Beijing y Washington, ya que el crecimiento económico se ha frenado por primera vez desde que China despegó en su desarrollo. Segundo, la situación de Hong Kong está lejos de ser controlada, las peticiones de los ciudadanos son exactamente las mismas de hace seis meses, y ni el brote del coronavirus ha parado a los manifestantes. Tercero, Taiwán reeligió a su presidenta Tsai Ing-Wen, con más votos que hace cuatro años, indicando el deseo del pueblo taiwanés de mantener su status quo. Y ahora esta epidemia, que podría convertirse en la peor crisis sanitaria china de los últimos años.

China, como superpotencia, tiene una gran responsabilidad internacional. No sólo se puede aprovechar de las instituciones para influir o conseguir apoyos. Como la segunda economía del planeta debe ser transparente y abierto a comunicarle al mundo situaciones de un potencial peligro como esta. Pero no solo debe comunicarlo, sino que debe existir la confianza entre las naciones de que la información compartida es veraz y certera.

INTERREGNUM: Regresión democrática. Fernando Delage

La democracia no parece gozar de buena salud en nuestros días. Más de un tercio de la población mundial vive bajo regímenes autoritarios. Y aunque China por sí sola representa la mayor parte de ese porcentaje, todos los expertos en la materia observan una “recesión democrática” desde al menos 2006. Así lo confirman también los principales informes de referencia, como los estudios anuales de Freedom House o el “Democracy Index” de Economist Intelligence Unit. La última edición de este último, recién publicada, confirma el mantenimiento de esta tendencia general en 2019 pero también examina la evolución política región por región, con algunos hechos significativos en el caso de Asia.

El informe eleva nada menos que 38 puestos a Tailandia en el ranking global, al pasar de la categoría de “régimen híbrido” a la de “democracia defectuosa” como consecuencia de las elecciones generales de marzo del pasado año, la primera desde el golpe de Estado de 2014. La vuelta del multipartidismo permitió recuperar la confianza de los votantes en el proceso electoral. No obstante, pese a obtener los partidos de oposición la mayoría en la cámara baja, el control del Senado por los militares se tradujo en el nombramiento como primer ministro de Prayuth Chan-ocha, el líder del golpe de 2014.

La recuperación democrática, con matices, de Tailandia, contrasta con la evolución de India, la mayor democracia del planeta. El país ha caído diez puestos en el ranking, al 51, por la erosión de las libertades civiles. La supresión de la autonomía de Cachemira—virtualmente en estado de sitio desde agosto—y la legislación dirigida a la privación de nacionalidad a los musulmanes impulsada por el gobierno hinduista de Narendra Modi—quien revalidó su mayoría absoluta en mayo—pone en riesgo la naturaleza secular y pluralista de la república india, lo que está provocando a su vez un aumento de la violencia política.

El pasado año, en abril, también se celebraron elecciones en Indonesia, cuarto país más poblado del mundo, donde Joko Widodo (más conocido como Jokowi) fue reelegido para un segundo mandato. La continuidad institucional coincide sin embargo con un aumento de la intolerancia interétnica y religiosa, así como con la intención de las elites de abolir la elección directa del presidente, gobernadores provinciales y las grandes alcaldías. El nombramiento de estos cargos sería competencia del Parlamento y de las asambleas regionales. De realizarse tales cambios, se debilitará de manera notable el competitivo sistema electoral del país—que registra una alta participación ciudadana—por procedimientos más opacos, sujetos a la influencia del ejército y de las cúpulas locales de los movimientos musulmanes.

Las elecciones de este año en Singapur y Birmania no alterarán previsiblemente las conclusiones generales del informe. El primero ha reforzado su sistema “paternalista” con las nuevas normas contra la desinformación—que restringen aún en mayor grado la libertad de expresión—mientras que el segundo, un sistema “híbrido” en el que las fuerzas armadas controlan los resortes del poder, mantendrá las formas electorales. El partido de Aung San Suu Kyi logrará buenos resultados, pero seguirá sin atender las críticas de la comunidad internacional al drama de los rohingyas.

En Birmania, como en otras naciones del sureste asiático, la sombra de China no es un factor menor. El cambio en la distribución del poder económico global también se traduce en poder político. Occidente ha dejado de dar la batalla a favor de la democracia, mientras China extiende su influencia. Sin embargo, también está relacionado con la República Popular el hecho más relevante en relación con la democracia en Asia en 2019: las protestas en Hong Kong. Cuando los analistas tratan de identificar los obstáculos históricos, culturales o sociales a la democracia en esta parte del mundo, olvidan que también los sistemas autoritarios afrontan graves debilidades estructurales. ¿O es que no son muchas de las decisiones de líderes autoritarios un reflejo de su percepción de vulnerabilidad?

THE ASIAN DOOR: Empresas imprescindibles en el e-commerce de China. Águeda Parra

Hablar de e-commerce es hablar de China. Más allá de Alibaba, considerado el gigante de las ventas online en el país asiático, y JD.com, su rival más directo, existen otras empresas en el ecosistema del e-commerce en China que están ocupando nichos de negocio en un sector que, hasta el momento, había sido un juego de dos. De ahí que entre ambos alcancen un volumen de ventas de más del 72%, siendo Alibaba el líder indiscutible del sector, acaparando más de la mitad de la cuota de mercado con un 55,9% en 2019, según eMarketer.

Sin embargo, existen otros nombres en el mundo e-commerce de China muy a tener en cuenta. Es el caso de Pinduoduo, una de las últimas incorporaciones a este sector que ha pasado en cinco años de startup a convertirse en la tercera empresa más importante de e-commerce en China. Desde que comenzó a operar en 2015, ha conseguido una popularidad sin precedentes que le ha reportado un rápido crecimiento hasta alcanzar un 7,3% de cuota de mercado. A diferencia de sus rivales Alibaba y JD.com, que han focalizado sus campañas de captación en las ciudades más importantes, el éxito de Pinduoduo reside en ofrecer descuentos a los consumidores de las ciudades de tercer y cuarto nivel, así como de las zonas rurales, regiones que hasta el momento no eran del interés de los grandes jugadores del sector. El modelo de descuentos en productos de baja calidad recuerda a la estrategia seguida por Groupon. En regiones donde los ingresos son menores, los consumidores pueden conseguir una compra más económica si hacen partícipes a amigos y familiares en la adquisición del producto en grupo.

Pero el éxito de Pinduoduo se debe además a la mayor visibilidad que le ha proporcionado la alianza con WeChat, la aplicación omnipresente de Tencent en las redes sociales de China, que acumula más de 1.000 millones de usuarios activos mensuales. La viralidad social de sus ofertas le ha llevado a capturar más de 429,6 millones de usuarios mensuales activos en el segundo cuatrimestre de 2019, sobrepasando a JD.com en número de usuarios mensuales activos, y situándose por detrás de Taobao, que alcanzó los 785 millones como líder indiscutible del sector. La estrategia de Pinduoduo ha llevado a que JD.com haya lanzado Jingxi, su plataforma social de e-commerce, para competir en las ciudades de segundo y tercer nivel donde Pinduoduo ha cosechado tantos éxitos. Asimismo, esta imparable senda de crecimiento ha propiciado que Amazon, que en este último tiempo ha estado adaptando su estrategia respecto al mercado de China, confíe su presencia en el país a la apertura de una tienda en Pinduoduo, en la que estarán disponibles una variedad de más de 1.000 productos desde el extranjero.

Sunning.com, reflejo de omnicanalidad, ocupa el cuarto puesto por ventas e-commerce en China. Ha pasado de ser una tienda en Nanjing que vendía aires acondicionados, a convertirse en la referencia en el sector de los electrodomésticos con presencia online desde 2010. La adaptación al entorno digital le ha llevado a asumir la revolución de lo que Alibaba ha denominado como el New Retail, incorporando tecnología inteligente innovadora al mundo off-line, además de enfocarse al mundo rural, siguiendo el camino de Alibaba y JD.com.

En el ecosistema del e-commerce, otro nombre a tener en cuenta es Xiaohongshu, más conocida como Pequeño Libro Rojo o Rojo. Comenzó como aplicación para ayudar a los turistas chinos a planificar sus listas de compras en el extranjero hace siete años, y su paso de comunidad social al sector e-commerce le ha proporcionado un nuevo modelo de negocio. La inspiración para muchos de disfrutar de los placeres del mundo se ha convertido en un marketplace donde poder comprar las últimas tendencias, un mundo del que participan más de 85 millones de usuarios mesuales activos.

Otro de los nombres imprescindibles del panorama e-commerce de China es Vipshop, centrada en las ventas de productos de marca con descuento por tiempo limitado que también está haciendo su incursión en el sector off-line. Otros ejemplos son Dangdang, una librería online de libros al estilo de Amazon que comenzó a operar en 1999, y Mogu, anteriormente conocida como Mogujie que, al estilo de Pinterest, se ha centrado desde su creación en 2011 en ser una plataforma de contenido de moda con conexión online a través de su acuerdo con Taobao. Nombres que están ya en la retina de los consumidores digitales chinos, expertos en el dominio del ecosistema tecnológico, y que comienzan a hacerse un hueco en otras áreas con menor nivel de digitalización, convirtiéndose en los principales dinamizadores del competitivo sector del e-commerce en China.

El escenario afgano vuelve a moverse

Todo parece indicar que están a puto de reanudarse las conversaciones entre Estados Unidos y los talibán en Afganistán, con el gobierno afgano presente y el de Pakistán de testigo facilitador. Las conversaciones estuvieron a punto hace unos meses de dar como fruto un acuerdo pero fueron suspendidas por el presidente Donald Trump tras un ataque a la base de Bagran. Pakistán ha confirmado que los talibán están dispuestos a una «reducción de la violencia» en Afganistán.

El acercamiento se asienta sobre la base de que los talibán frenen e incluso combatan a las unidades terroristas de los seguidores del Daesh en Afganistán,sus grandes rivales en el campo del terrorismo islamista, y el compromiso de declarar un alto el fuego contra el gobierno de Kabul y las fuerzas occidentales, para dar paso a otras negociaciones. Esto implicaría, señalan fuentes del gobierno afgano, una importante retirada de fuerzas de Estados Unidos y aliados.

 El resultado, sin embargo, no está tan claro. El gobierno de Kabul, que sigue dependiente de los señores de la guerra de las minorías étnicas presentes en el país, es muy débil para gestionar el acuerdo y menos si Estados Unidos retira sus tropas, lo cual deja una sombra de incertidumbre en un escenario en el que Pakistán ganaría influencia.

A la vez, tampoco está claro el volumen de unidades norteamericanas que se retirarían, en un momento en que la tensión con Irán tal vez aconsejaría mantener fuerzas suficientes cerca de la frontera oriental iraní. En todo caso, algo parece moverse en Afganistán.

INTERREGNUM: Xi en Birmania. Fernando Delage

Después de dos años de guerra comercial, Estados Unidos y China acordaron una tregua la semana pasada. Ambas partes la necesitaban: Trump aspira a su reelección, mientras que la economía china ha registrado el menor crecimiento en casi 30 años, un resultado en parte consecuencia de las sanciones norteamericanas. El acuerdo es parcial (no incluye por ejemplo los subsidios a las empresas estatales chinas, una de las principales exigencias de Washington), y no servirá para superar las causas estructurales de la rivalidad entre las dos potencias. Pero se abre un periodo de (relativa) calma en las relaciones bilaterales y, por tanto, una oportunidad para ajustar, o consolidar, posiciones.

En el caso de Estados Unidos, la retórica de hostilidad hacia Pekín oculta una indefinición de objetivos a largo plazo, pues frenar el ascenso de la República Popular es del todo irrealista. Por su parte China, que no quiere un conflicto con Washington, lo desafía de manera inevitable al ambicionar un papel como potencia central en Asia. El viaje del presidente Xi Jinping a Birmania el 17 y 18 de enero es la más reciente demostración de cómo continúa avanzando en su estrategia dirigida a reconfigurar los equilibrios estratégicos de la región.

La primera visita de Estado de un presidente chino a este país en 19 años, motivado por la conmemoración de siete décadas de relaciones diplomáticas, tiene por objeto impulsar el Corredor Económico China-Myanmar (CECM), acordado por ambos gobiernos en septiembre de 2018. La visita se produce cuando el corredor paralelo que junto a este último enlazan los dos ejes—continental y marítimo—de la Ruta de la Seda, el Corredor China-Pakistán, ha sido por primera vez denunciado de manera expresa por Estados Unidos, situando a Islamabad ante un complejo dilema de equilibrios políticos entre Washington y Pekín. Tal problema no existe en Birmania, Estado con el que la República Popular comparte una frontera de 2.200 kilómetros—la tercera más extensa después de la que le separa de Rusia y Mongolia—, y donde es el mayor inversor extranjero y representa un tercio de su comercio exterior. China cuenta con proyectos en marcha por valor de más de 20.000 millones de dólares (la mayor parte en el sector energético), y en los primeros nueve meses de 2019 el comercio bilateral aumentó cerca de un 20 por cien, hasta 13.540 millones de dólares.

El asunto central durante la visita de Xi ha sido el desarrollo del puerto de Kyaukphyu, punto de conexión de infraestructuras de transporte, gaseoductos y oleoductos con Kunming, en la provincia suroccidental china de Yunnan. Se trata de un proyecto de 1.500 millones de dólares, en el que junto a las instalaciones portuarias se construirá un gigantesco parque industrial. Una vez completado, Pekín contará con un acceso directo al océano Índico desde la bahía de Bengala, y un sistema de distribución de recursos energéticos que evita la vulnerabilidad de un posible bloqueo marítimo por Estados Unidos en el mar de China Meridional. Kyaukphyu forma así parte central de los planes de Pekín dirigidos a expandir su presencia en Asia meridional y en el Índico y es, en tal sentido, uno de los ramales clave de la Ruta de la Seda.

Pekín quiere asegurarse el apoyo del gobierno birmano, y de la consejera de Estado Aung San Suu Kyi en particular, antes de las elecciones parlamentarias de noviembre. Con sus acciones, hace ver al mismo tiempo a Washington el creciente margen de maniobra del que dispone en este espacio geopolítico en el que se solapan sureste asiático y Asia meridional.

China, cada día menos democrática. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- 4Asia asistió a la presentación del informe anual de China que prepara la comisión executiva del Congreso de los Estados Unidos. Dicha comisión se creó en el momento en que China estaba preparándose para entrar en la Organización Mundial de Comercio en el año 2000. Y su objetivo principal es monitorear los derechos humanos y el desarrollo de su aplicación en China. 

Hoy en día, la comisión es bipartidista y está compuesta por ocho miembros de la cámara de representantes y nueve senadores, que se han dedicado extensamente de mano de organizaciones y muchos investigadores a hacer el compendio de datos que reflejan la preocupante situación de los derechos humanos en China.

Entre los puntos clave que menciona el informe y que los miembros del congreso remarcaron en su intervención se encuentran:

La libertad de expresión. El gobierno chino y el partido comunista chino continúan restringiendo la libertad de expresión y la libertad de prensa. La situación para los periodistas en China continúa deteriorándose. Así mismo Beijing insiste en el hecho de que mantener internet restringido obedece a razones de seguridad nacional. Se han comprobado numerosos casos de persecución de individuos que han criticado a oficiales del gobierno.

Derechos de los trabajadores. Las prácticas y leyes chinas contradicen los derechos internacionales de los trabajadores y les impiden crear sus propias asociaciones o sindicatos, pues todas las organizaciones están bajo la autoridad del partido comunista chino. Tan sólo el año pasado fueron detenidos por las autoridades chinas más de 50 trabajadores y defensores de estos derechos.

Libertad de religión. Paradójicamente tanto la ley internacional (Pacto Internacional de Derechos civiles y políticos) que ha firmado Beijing, así como las leyes chinas garantizan la libertad de culto. En efecto, la constitución china lo contempla en su artículo 36. Sin embargo, los oficiales chinos continúan haciendo énfasis en la necesidad de continuar la campaña de sinologización de China. Y lo justifican en que se previenen riesgos de seguridad nacional.

Este es uno de los tópicos más sensibles. En China unos 244 millones practican budismo y taoísmo. Alrededor de 10.5 millones de chinos son católicos. Mientras que los protestantes están estimados entre 60 y 80 millones, grupos que ha sido perseguidos con especial énfasis en el último año. En cuanto a los musulmanes se estiman que son unos 20 millones entre los que se encuentran los hui, a quienes se les daba un poco de libertad para practicar el islam.  Sin embargo, a finales del 2018 el gobierno de la Región Autónoma de Ningxia -región de los huis- firmó un acuerdo de cooperación antiterrorista con el gobierno de Xinjiang. Y justo después se ha observado la intensificación de controles de inspección, manejo de medidas religiosas de manos de las autoridades, y curiosidades como el izado de banderas chinas en mezquitas por citar un ejemplo.

Los uigures son una de las minorías musulmanas a las que todos los miembros de la comisión reconocieron como uno de los grupos más perseguidos de la historia reciente. Es más, Christopher Smith -representante de New Jersey- dijo que es lo más parecido a lo ocurrido en el holocausto, por el tipo de vejaciones y los centros de reeducación.

El Tíbet es una región a la que se le dedica un capítulo sólo por la complejidad y la persecución a la que su población ha sido sometida. La aparición de sistemas de monitoreo social es cada día mayor. Existe una restricción para viajar tanto de los domésticos como de extranjeros que quieran visitar la Región Autónoma del Tíbet. Así como el hecho que no ha habido conversaciones oficiales entre el Dalai Lama y las autoridades chinas desde enero del 2010, mientras que el gobierno tibetano en el exilio sigue pidiendo una vía pacífica para la resolución del conflicto.

4Asia planteó ¿cuáles son las medidas que el Congreso estadounidense está tomando para generar una mayor presión internacional y ganar más aliados para presionar a China a respetar estos derechos fundamentales? Y el presidente de la comisión, el representante de Massachusetts James McGovern, respondió que “estos informes son el primer paso, hacer pública la información”. Y el senador por Florida Marco Rubio también intervino y contestó que “el hecho que el Congreso tenga una comisión bipartidista que investigue y publique lo que sucede es la base para pedir a nuestros aliados que sigan nuestro ejemplo. Pero también tenemos conversaciones permanentes con europeos y otros aliados, intercambiamos información y hacemos visitas oficiales de miembros del congreso a estos países”.

Como afirmábamos al principio, este monitoreo se ha venido haciendo en los últimos veinte años, y este último informe asegura que se ha visto como los derechos humanos en china empeoraron en el 2019.

Desde que Xi Jinping se convirtió en presidente de China en el 2013 se ha visto como el espacio de los derechos humanos no ha hecho más que reducirse. En efecto, este último informe  demuestra que, cuantos más años pasa Xi en el poder, más empeora la situación, y uno de los principales objetivos del gobierno chino han sido los periodistas, por ser quienes informan de dichas arbitrariedades como el uso excesivo de las fuerzas de seguridad y el incremento exponencial de los sistemas de vigilancia y control social. Así como las restricciones religiosas, impidiendo las prácticas públicas, y la persecución de las minorías.

INTERREGNUM: Tras las elecciones en Taiwán. Fernando Delage

En 1996, ante las primeras elecciones presidenciales directas en Taiwán, las presiones belicistas de China condujeron al resultado que Pekín pretendía evitar: la victoria de Lee Teng-hui, candidato del Kuomintang, quien se convirtió en el primer líder de Taiwán nacido en la isla. Casi 25 años más tarde, la historia se repitió: la presión de la República Popular se ha traducido en la reelección el 11 de enero—por una rotunda mayoría—de Tsai Ing-wen, del proindependentista Partido Democrático Progresista, pese a los sostenidos esfuerzos por debilitarla desde 2016. La derrota es esta vez mayor para Pekín, pues no se ha limitado a lanzar advertencias de carácter militar. Los incentivos económicos y las campañas de desinformación en las que se ha volcado tampoco han servido para que los taiwaneses se sitúen a su favor.

Los acontecimientos en Hong Kong han sido otro factor decisivo durante la campaña electoral, al poner de relieve lo que significa la fórmula “un país, dos sistemas” propuesta por Pekín. Con todo, la verdadera cuestión de fondo es que tres décadas de democratización han alejado cada vez más a Taipei de la República Popular. Los jóvenes taiwaneses no han conocido otro sistema, y no están dispuestos a renunciar a sus libertades. Las elecciones del sábado pasado, convertidas en un referéndum sobre la identidad política de la isla, confirmaron de este modo la insuperable división entre ambos lados del estrecho.

El problema es que, sin Taiwán, el proyecto nacionalista del Partido Comunista Chino permanece incompleto. Y para el actual secretario general, Xi Jinping, prevenir la independencia—en otras palabras, mantener el statu quo—no es suficiente. Hace ahora un año, Xi advirtió que la separación “no puede mantenerse generación tras generación”. El presidente chino ha exigido pasos concretos hacia la reunificación, vinculando de este modo su propia legitimidad como gobernante a la consecución de avances en dicha dirección. Puesto que la reelección de Tsai confirma tanto lo inviable de una reunificación pacífica como el fracaso de la estrategia seguida hasta ahora por Pekín, las opciones se complican sobremanera para Xi.

Las decisiones de Pekín crearán en cualquier caso un dilema a Washington, que no dudó en apoyar la candidatura de Tsai, haciendo de la política interna taiwanesa otro elemento de tensión en las relaciones China-Estados Unidos.  Una intervención militar de Pekín no parece plausible por sus consecuencias, pero sí cabe prever que las autoridades chinas redoblen la presión, recurriendo a todo tipo de instrumentos contra el gobierno de Tsai. Lo que significa que la Casa Blanca se verá obligada a responder de manera más directa a las acciones chinas si se quiere mantener el statu quo. Taiwán se convertirá así en una prueba de la capacidad norteamericana de desarrollar los recursos económicos, diplomáticos y políticos necesarios para contrarrestar la creciente influencia china en la región del Indo-Pacífico. En un contexto de enfrentamiento entre las dos grandes potencias, la evolución del problema de Taiwán será una clave decisiva.

THE ASIAN DOOR: On-line, Off-line, dos mundos en China. Águeda Parra

La tendencia de las ventas on-line se ha ido consolidando en China en los últimos años, de ahí que el sector siga registrando incrementos, aunque a menor ritmo que a mediados de la década. La facturación entre enero y noviembre de 2019 alcanzó los 1.359 billones de dólares, un crecimiento del 16% respecto del año anterior, con la previsión de superar los 1,5 billones de dólares en ventas e-commerce en todo 2019. Alcanzar esta meta es resultado de un nutrido grupo de consumidores digitales chinos, el mayor del mundo, que alcanza los 855 millones, y que han sido capaces de generar un mercado de compras on-line digitales en China mayor que los diez siguientes mercados mundiales juntos, según un informe de McKinsey que analiza las tendencias digitales.

El ecosistema tecnológico que ha creado China en las últimas dos décadas ha sido la base para propiciar que el consumo digital en China haya experimentado un importante crecimiento. Hace una década, China apenas representaba el 1% del valor de las transacciones mundiales en e-commerce, y la transformación económica digital ha situado al mercado del e-commerce del gigante asiático como el que más rápido crece y el más grande del mundo, represetando más del 40% de las compras on-line mundiales. Sin embargo, existen otros elementos clave que han impulsado las ventas on-line dinamizando el mercado. Uno de ellos es el efecto de los eventos de compra con descuento. Alibaba ha conseguido poner el e-commece on-line de China en el punto de mira internacional con el festival que cada año organiza durante el Día del Soltero, donde los descuentos en Tmall alcanzan una media del 30%. Durante la edición de 2019, Alibaba ha alcanzado un volumen récord de transacciones de 38.400 millones de dólares, cinco veces más que la última edición del Black Friday, que alcanzó los 7.400 millones de dólares, regitrando la cifra récord de 40% de compras on-line a través del smartphone. La tendencia se ha consolidado durante el Cyber Monday, que alcanzó los 9.400 millones de dólares en ventas, según Adobe Analytics, superando por primera vez en la historia los 3.000 millones de dólares de ventas on-line a través del smartphone. Dos festivales de consumo que se celebran cada año en Estados Unidos y que juntos todavía no pueden rivalizar con las cifras de ventas on-line que genera Alibaba en un solo día, suponiendo en la edición de 2019 más del doble que los dos eventos norteamericanos juntos.

En China, las compras on-line se consideran un mercado maduro al que también se suma otro de los actores más importantes en el panorama e-commerce de China, JDcom. En el segundo festival de compras on-line más importante de China, el denominado 618 en conmemoración a su creación el día 18 de junio, las promociones son de nuevo el aliciente para mantener una tendencia alcista en el comportamiento del consumidor digital chino de las compras on-line. Con un volumen de transacciones algo menor al de su rival Alibaba, JD.com conseguía durante los 10 días que duran las promociones alcanzar un nuevo récord de 29.300 millones de dólares, un 27% más que en 2018.

Entre las tendencias al alza en China que impulsan las compras on-line destaca la acción de los KOL (Key Opinion Leaders) y los KOC (Key Opinion Consumers) en las redes sociales. Se trata de un fenómeno más reciente en el que un grupo de personas son capaces de generar una gran influencia sobre las decisiones de compra, de ahí que muchas marcas en China estén confiando en su potencial para incentivar el consumo digital. Actúan en un mercado donde podría decirse que los consumidores devoran los medios sociales, pasando el 44% de su tiempo en aplicaciones de este ecosistema, siendo la aplicación social WeChat y el servicio de microblog Weibo los que acaparan el 33% de ese tiempo, mientras el 11% restante se invierte en realizar y compartir vídeos cortos, principalmente a través de la aplicación Douyin, más conocida en el extrajero como Tik Tok, según el citado informe de McKinsey. En total, el tiempo on-line en China alcanzaría una media de 358 minutos diarios, casi 6 horas conectados a un ecosistema a través del cual interactúan construyendo una mayor disrupción tecnológica. A todo ello hay que sumar la transformación que va a suponer en los próximos años la incorporación a este mercado on-line de los consumidores de las ciudades de menor tamaño, las conocidas como de nivel 3 e inferior, que actualmente representan más de la mitad de los consumidores digitales del país, unos 670 millones de usuarios de Internet móvil, según QuestMobile.

Sin embargo, el futuro no será on-line, ni desaparecerá el off-line. La tendencia muestra que la omnicanalidad es un actitud en alza en el mercado de consumo de China. Si en 2014 se registraba uno de los picos de mayor crecimiento en las compras on-line, desde 2017 el mercado off-line ha tenido un nuevo repunte entre el gusto de los consumidores. El efecto de omnicanalidad está propiciando que las compras off-line retomen un peso significativo en las tendencias de consumo en China, donde comienzan a tener la misma relevancia las compras on-line como las realizadas en tiendas físicas. Una tendencia que seguirá imponiendóse en los próximos años y que propiciará una nueva disrupción tecnológica que afectará tanto al entorno on-line como al off-line.