INTERREGNUM: Infraestructuras alternativas. Fernando Delage

Hace un par de semanas, un anónimo alto funcionario norteamericano declaró a la Australian Financial Review que Estados Unidos, junto a Japón, India y Australia, estaba dando forma a un plan conjunto de inversiones en infraestructuras como alternativa a la Ruta de la Seda china. No se mencionaba ningún plazo: sólo que estaba en estudio, pero no suficientemente elaborado como para que el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, pudiera tratarlo con el presidente Trump en su reciente visita a Washington.

La cooperación entre los cuatro países mencionados ha adquirido un nuevo impulso, como se sabe. En noviembre, sus ministros de Asuntos Exteriores se reunieron en Manila para resucitar el “Quad”, el Diálogo de Seguridad Cuatrilateral propuesto originalmente por el primer ministro japonés, Shinzo Abe, en 2007. Era cuestión de tiempo que, frente a una China más ambiciosa y con mayores capacidades, las grandes democracias de la región combinaran sus esfuerzos a favor del mantenimiento del statu quo. La reciente Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, hecha pública en diciembre, y la posterior Estrategia de Defensa del Pentágono, denominan de manera explícita a la República Popular como una “potencia revisionista” que recurre a la Ruta de la Seda como instrumento preferente para conseguir sus objetivos de reconfiguración del orden regional. También describen oficialmente la región como “Indo-Pacífico”, haciendo así hincapié en la interconexión entre ambos océanos y en el creciente papel de India.

No había constancia, sin embargo, de que el diálogo entre los cuatro gobiernos en materia de seguridad estuviera acompañado por una discusión similar en el terreno de las infraestructuras. En mayo de 2015, Japón ya anunció la puesta en marcha de una “Partnership for Quality Infrastructure”; un programa dotado con 110.000 millones de dólares para apoyar la financiación de proyectos en función de su rentabilidad a largo plazo, creación de empleo y sostenibilidad medioambiental. Dos años más tarde, en una iniciativa conjunta con India, Tokio presentó el “Corredor de Crecimiento Asia-África”, dotado con otros 200.000 millones de dólares. Pero que Australia y, sobre todo, Estados Unidos, reconozcan la prioridad de jugar las mismas cartas que Pekín con respecto a las redes de infraestructuras de Eurasia es toda una novedad.

Como cabía esperar, Pekín ha denunciado la iniciativa, al interpretarla—acertadamente—como dirigida a contrarrestar su creciente influencia en la región. Analistas y expertos chinos son escépticos, sin embargo, sobre la viabilidad de estos planes. La dinámica política interna en Japón, India y Australia limita las posibilidades de una estrategia de confrontación con China, mientras que se duda de que Estados Unidos esté dispuesto a dedicar al proyecto los recursos financieros que requiere. En cualquier caso, aunque aún faltan muchos detalles por conocer, una respuesta multilateral a la Ruta de la Seda china comienza a tomar forma. La ironía es que la integración económica del espacio euroasiático puede ser un interés perfectamente compartido por todas las partes.

INTERREGNUM: China, el fin de una fantasía. Fernando Delage

En una de esas coincidencias que obligan a dudar de las casualidades, tres de las más influyentes publicaciones en inglés de asuntos internacionales hacen hincapié en su último número en una misma idea: el error de las premisas en que se ha basado la política china de sucesivas administraciones norteamericanas. Los firmantes de los artículos, prestigiosos especialistas académicos—demócratas unos, republicanos otros—, comparten además el hecho de haber participado de manera directa en la formulación de dicha política en etapas anteriores.

Kurt Campbell y Ely Ratner en Foreign Affairs (“The China Reckoning”), Hal Brands en The National Interest (“The Chinese century?”) y Aaron Friedberg en Survival (“Globalisation and Chinese grand strategy”) han escrito piezas de distintos enfoques y extensión, pero con unas mismas conclusiones. Todos ellos piensan que el objetivo de facilitar la integración de China en la economía global para asegurar la apertura de su mercado ha fallado. Como lo ha hecho también la expectativa de que la adhesión de China a las organizaciones internacionales y una mayor interacción con la comunidad internacional frenaría sus posibles ambiciones revisionistas. Tampoco resultó muy sólida la creencia de que, dado su retraso tecnológico, las capacidades militares chinas nunca podrían competir con las norteamericanas. Pero quizá el mayor error fue la convicción de que el crecimiento económico empujaría a China casi de manera inevitable a liberalizar su sistema político.

Estados Unidos no ha conseguido transformar China. Lo que ha creado su estrategia sin pretenderlo es, por el contrario, un gigante que se ha convertido en su principal rival y en el mayor desafío a su estatus global como principal superpotencia. Este es un resultado que algunos ya vieron venir hace tiempo—así lo afirmó el expresidente Richard Nixon, artífice del acercamiento a Pekín a principios de la década de los setenta, poco antes de su muerte—, pero resultaba imposible prever: es la aceleración del ascenso de China en los últimos años lo que ha sorprendido a todos. En 2006, un antiguo corresponsal norteamericano en Pekín, James Mann, escribió un libro titulado precisamente “The China fantasy”, recibido en su día con un considerable escepticismo. Ha tenido que transcurrir otra década para que autorizadas voces académicas lleguen a una opinión similar.

Pese al aparente acuerdo sobre el fin de ese consenso, las soluciones propuestas no parecen muy convincentes, sin embargo. No ha sido a través de sus instrumentos militares como China ha ascendido. No será tampoco reforzando sus capacidades militares—propuesta en que coinciden los expertos citados—como Estados Unidos podrá afrontar este desafío. Creer que la magnitud de los problemas internos chinos frenará su trayectoria ascendente es una apuesta arriesgada, por otra parte. Como consecuencia de un proceso de redistribución de poder que ha adquirido una considerable velocidad desde la crisis financiera global, Washington ha dejado de ser el principal árbitro del orden regional asiático. Sustituir las bases de su estrategia anterior por otras nuevas no va a ser tarea sencilla. Para que funcione, Estados Unidos ya no podrá además construir una nueva estrategia por sí solo: sus socios y aliados serán más indispensables que nunca.

¿Y si Kim decide golpear primero? Miguel Ors

“Los expertos en Corea del Norte de dentro y de fuera del Gobierno de Estados Unidos”, escribe en Vox el periodista Yochi Dreazen, “sostienen que Kim [Jong-un] es un líder racional, cuyo objetivo principal es mantenerse en el poder. No lo consideran ni un idiota ni un suicida, y durante mucho tiempo han estado convencidos de que solo recurriría a las armas nucleares en caso de derrota militar y de colapso del régimen. Sería el estertor de alguien decidido a morir matando”.

Esta opinión ha comenzado, sin embargo, a resquebrajarse. La mayoría de las fuentes que Dreazen ha consultado para su inquietante reportaje consideran ahora que Pyongyang usaría la bomba atómica al principio, no al final de la guerra. Y se trataría de una decisión perfectamente lógica.

La explicación tiene que ver con un viejo problema de la Guerra Fría: el decoupling, que vendría a significar algo así como la división. “En los años 50”, sigue Dreazen, “la URSS era militarmente muy superior a Alemania, Francia y el resto de los aliados de Europa Occidental y Washington asumió formalmente su defensa en caso de invasión”. Pero su abnegación empezó a tambalearse cuando Moscú desarrolló cohetes intercontinentales, capaces de golpear poblaciones estadounidenses.

Los primeros en comprender las implicaciones estratégicas de este despliegue fueron los franceses. “Espera un momento”, se dijeron. “Si el Pentágono arroja bombas atómicas sobre las tropas soviéticas en suelo europeo, ¿no responderán estas con un ataque en suelo americano? Probablemente sí. ¿Y está Washington dispuesto a sacrificar Nueva York para salvar París? Probablemente no”. Por eso en 1960 Charles de Gaulle anunció la constitución de una “force de frappe” nuclear.

Casi 70 años después, la situación se repite en el Pacífico. Con el ensayo de sus misiles de largo alcance, Pyongyang ha plantado la semilla de la división o decoupling en la hasta ahora monolítica alianza que formaban Estados Unidos y Corea del Sur. “Parafraseando las dudas de la Guerra Fría”, plantea Dreazen, “¿está [Donald] Trump dispuesto a sacrificar San Francisco para salvar Seúl?”

Si Kim concluye, como De Gaulle, que probablemente no, el recurso a las armas atómicas deja de ser una idiotez. Es más, la clara inferioridad del arsenal de Pyongyang (unos 50 artefactos frente a los 6.800 de Washington), algo que Trump ha esgrimido a menudo como una garantía de que el “hombre cohete” no se atreverá a desenfundar nunca, puede dejar de ser un elemento disuasorio para convertirse en un incentivo. “Si Kim Jong-un sospecha que Estados Unidos y sus aliados van a ir a por sus bombas”, escriben Vipin Narang y Ankit Panda en The Diplomat, “su estrategia dominante será lanzarlas lo antes posible, para que no se las neutralicen”.

Dreazen cree que, en caso de conflicto, Kim podría vitrificar la ciudad portuaria de Busan, con lo que mataría dos pájaros de un tiro: por un lado, aterrorizaría al mundo y, por otro, dificultaría el desembarco americano en la península. “Estados Unidos tiene 28.500 soldados estacionados en Corea del Sur y necesitaría movilizar a cientos de miles [entre 200.000 y 600.000] si estallara una guerra con el Norte. También debería enviar carros de combate, vehículos acorazados, cazas, helicópteros y piezas de artillería”. Este desafío logístico supera la capacidad de un puente aéreo. El grueso del transporte debería realizarse por mar y la destrucción de Busan supondría un duro revés.

“Debemos estar listos ante la eventualidad de que Kim use armas nucleares en la fase inicial del conflicto”, reconoce a Dreazen un analista de la CIA que ha dedicado largos años a estudiar el régimen norcoreano.

No va a pasar mañana, pero la idea de que pueda golpear primero ya no resulta tan descabellada.

Negociación en puertas

Ivanka Trump parece haberse convertido en la cara amable de la Casa Blanca. Amable, sin la zafiedad de su padre, menos atolondrada, algo más culta, pero no menos dura. Ha llegado a Corea del Sur, ha escuchado al presidente Moon, ha aceptado la posibilidad de un encuentro con enviados de Corea del Norte y ha explicado y defendido las tesis del presidente de Estados Unidos, su padre, de que la posibilidad de un encuentro nace de las posiciones duras de EEUU y ha anunciado la aplicación de nuevas sanciones para ablandar el camino.
Y, ciertamente, Corea del Norte ha reaccionado condenando las nuevas sanciones, pero admitiendo la posibilidad de un acercamiento. La visita al Sur del general Kim Yong-Col, emblemático ex jefe de los servicios de inteligencia norcoreanos y considerado por Seúl como criminal de guerra son el mejor ejemplo del nuevo escenario. Ivanka y Yong-Col no se han encontrado pero que hayan estado cerca es un signo evidente.
Todo parece pues allanado para que las dos Coreas se encuentren en primer lugar, con China y Estados Unidos a la expectativa para, probablemente, abrir paso a una mesa a cuatro a medio plazo. El encuentro bilateral, si se produce, servirá en sí mismo, incluso en el caso de que no se produzca ningún avance para disminuir la tensión ganar calma y, con ella, espacio para acuerdos. ¿Qué le puede ofrecer Corea del Sur al Norte? Probablemente poco más que algunos acuerdos económicos y comerciales, que no podrán ir muy lejos dada la total ausencia de libertar de la economía norcoreana y disminuir el número de maniobras militares con Estados Unidos si los norcoreanos bajan el ritmo de sus pruebas nucleares y de misiles porque la desaparición total de estas pruebas es imposible mientras no haya un reconocimiento oficial de de Corea del Norte como potencia nuclear efectiva.
Ese es el marco, que demuestra que Corea del Norte ha sabido manejar los tiempos y, a la vez, la presión de Estados Unidos, dejando claro que la época de Clinton y Obama de llegar a acuerdos rápidos con dinero encima de la mesa ha acabado, ha puesto su grano de arena. Pero de hecho, de alguna menara Corea del Norte obtendrá ventajas.

China a la conquista de América Latina (y 2). Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Estados Unidos es consciente de que China juega en el terreno diplomático no tradicional a un juego de seducción económica y penetración de sus empresas. Recientemente, el secretario de Estado, Rex Tillerson, acusó a China de ser una economía depredadora. En su gira por Latinoamérica dijo: “China ofrece un camino aparentemente atractivo hacia el desarrollo, pero a menudo esto implica ganancias a corto plazo a cambio de una dependencia de largo término”.. Según Sean Miner, esto no siempre es cierto, pero hay algunos ejemplos donde sí ha sido; Venezuela es un uno de ellos, así como Ecuador.

Miner, experto en China, con foco especial en sus políticas económicas, y director asociado del área china en el Atlantic Council, en la segunda entrega de la entrevista que le concedió a 4Asia expuso el caso de Ecuador, donde el expresidente Correa ha sido acusado por el actual presidente Moreno de haber dejado al país en una gran deuda con China en acuerdos de préstamo por petróleo. Moreno afirma que Ecuador le debe a China más de 500 millones de barriles de petróleo, o sea, más de tres años de la producción de petróleo del país, lo que significa que Ecuador debe enviar la gran mayoría de su petróleo a Asia para pagar sus deudas. Esto priva al país de una importante fuente de ingresos para su gasto interno, en cuestiones como el bienestar social.

Miner identificó los desafíos que representa China para Estados Unidos en dos grandes grupos. Primero, los problemas económicos; en segundo lugar, la seguridad a largo plazo. A medida que China se acerca estratégicamente a países como Brasil, Argentina e incluso México, esa cercanía podría tener un efecto debilitador de las alianzas de Washington con estos países. En otras palabras, estas naciones podrían ir en contra de los Estados Unidos en organizaciones internacionales. Además, en países como Panamá, donde se cambió la lealtad diplomática de Taiwán a China, se traduce en un gran problema para Estados Unidos, ya que Washington ha jurado proteger a Taiwán en caso de ser atacado. Y cuantas menos relaciones diplomáticas tiene Taiwán, más débil se vuelve.

Así mismo, algunos países, ricos en recursos naturales, dependen de China para su crecimiento económico, y los estudios han demostrado que estos países tienen menos probabilidades de diversificar su economía, por ejemplo, hacia el sector de servicios y tener un sector manufacturero más dinámico. El comercio con China puede inhibir esta transición.

Le preguntamos también sobre cuál fue el mensaje de Tillerson para América Latina, y éstas fueran sus palabras: “Tillerson mencionó recientemente que la Doctrina Monroe, un documento que describe a América Latina como una esfera de influencia estadounidense que no debe ser alterado por poderes externos, está tan vigente hoy como lo fue el día en que fue escrita” en 1823. Pero Washington no debería hablar de América Latina como su “esfera de influencia” o su “patio trasero. Se debería cambiar la estrategia hacia esta región, dice, “y dedicar un mayor esfuerzo en fortalecer las relaciones con los países de la región. Dada la importancia de América Latina para los Estados Unidos, Washington debería desarrollar vínculos diplomáticos y económicos más fuertes, especialmente con México, así como convendría reparar el daño que ha sufrido esta relación bilateral”.

Así mismo, Miner afirmó que Estados Unidos debería buscar fortalecer su relación con Cuba, en lugar de retroceder en los progresos que se llevaron a cabo recientemente. En cuanto a las relaciones con Brasil y Argentina, Washington debería aprovechar las similitudes en las visiones democrática compartidas con estos países para la promoción de la democracia y los derechos humanos, sostiene, Esto sería una estrategia más efectiva que intentar contrarrestar directamente el aumento de China en la región, en su opinión.

Por último, le preguntamos sobre si cree que China quiere ejercer influencia militar en la región latinoamericana, y su respuesta fue enfática. Él no ve a Beijing programando ejercicios militares en la región en un futuro cercano.  Para él, la prioridad china es proyectar y ejercer influencia en la Región Asiática, y quedarse con el poder que a día de hoy ejerce Estados Unidos.  Que en congruencia con las afirmaciones hechas en esta página anteriormente, China está jugando a fortalecer su imagen de gran potencia primeramente en Asia, y, una vez consolidada esa influencia, podría considerar extender sus tentáculos a regiones más lejanas, como Latino América, en la que ya lleva un largo camino recorrido. Una influencia que, valga decir, ni la Administración Obama ni la Administración Trump (de momento) parecen haber considerado como amenaza.

Munich visualiza los riesgos


La política centro asiática de los aliados occidentales y de Rusia está en plena reconsideración sobre el terreno y los actores regionales buscan resituarse. La evolución del conflicto sirio con sus repercusiones en Líbano, Israel y los territorios palestinos; la evolución de la situación en Irak y las fronteras turcas; Afganistán y sus ecos en Pakistán, constituyen el gran escenario en el que, otra vez, Rusia y Estados Unidos, con sus respectivos aliados, están haciendo el gran juego de estos tiempos, con la novedad de la creciente intervención iraní, las progresiva presencia china y los conflictos internos, políticos y religiosos de los musulmanes de la región.
El último episodio de esta delicada situación se ha vivido en la cumbre sobre seguridad de Munich, en la que no ha faltado de fondo el conflicto coreano, y la han protagonizado los representantes de Israel e Irán. Irán está cada vez más presente en Siria, con sus fuerzas desplegadas en ese país ocupando posiciones cercanas a las fronteras de Israel y del Líbano donde su brazo armado, Hizbullah, cada vez es más fuerte, está echando un pulso  y Jerusalén ha reaccionado destruyendo una base iraní en Siria y alertando a Occidente. No se puede volver a los tiempos del apaciguamiento que con Hitler condujo a la catástrofe, ha advertido el gobierno israelí. Y Teherán, presente militarmente en Yemen, Irak, Siria, y, a través de sus aliados en Líbano, ha afirmado que todo es un intento del presidente Netanyahu de eludir sus problemas con la justicia por corrupción, que ciertamente los tiene.
Parece más de lo mismo de siempre pero no lo es. El bloque sunní y el chiita están en plena guerra; Rusia va ganando espacios haciendo equilibrios para no alertar más de lo debido a Occidente y Estados Unidos grita en twitter a través de Donald Trump, pero no parece decidido a aumentar su protagonismo en la región. Estos elementos hacen la situación más alarmante. Y China, con calma pero si pausa, va adelantando peones (militares, económicos, políticos y diplomáticos) en varios lugares estratégicos.

THE ASIAN DOOR: La economía de consumo se dispara en China. Águeda Parra

El nivel de bienestar en la sociedad china ha mejorado significativamente como resultado de las mejoras sociales que ha experimentado el país tras varias décadas de mantener ritmos de crecimiento económico elevados, que durante mucho tiempo fueron superiores a los dos dígitos. Con el tiempo, esto ha permitido reducir la brecha existente en las desigualdades históricas entre las zonas del interior y las costeras, y que suponía para el país mantener un modelo de crecimiento a dos velocidades.

A pesar de que todavía se mantienen diferencias significativas de desarrollo entre ambas regiones, las políticas puestas en marcha por el gobierno chino han permitido que se desarrolle una creciente clase media con nuevos patrones de consumo. En la era de Xi Jinping, alcanzar una China moderna lleva asociado implementar un nuevo modelo económico en el que se potencia el consumo interno como nueva palanca para sustentar el crecimiento del país, de ahí que figure entre los objetivos primordiales del XIII Plan Quinquenal (2016-2017).

Y los resultados no pueden ser mejores, ya que mientras que el crecimiento del PIB de China consigue mantenerse cerca del 7%, en 2017 se situó en el 6,9%, el nivel de consumo se mantiene en torno al 10% anual, según datos oficiales. Con ello, se estaría consolidando el cambio estructural buscado por el presidente Xi para que la economía china entre en la nueva etapa de crecimiento denominada como de “nueva normalidad”.

La clase media en China existe y es muy numerosa. Algunos informes estiman que 109 millones de personas pertenecen a este nivel social. Y además es creciente, pudiendo superar los 480 millones en 2030, según las estimaciones de los expertos, lo que supone cerca del 35% de la población mundial. Las mejoras en las condiciones de vida y el desarrollo de un revolucionario ecosistema digital están generando nuevos perfiles de consumo. La clase media está demandando necesidades propias de una sociedad moderna, gracias a un significativo aumento del nivel adquisitivo, un mayor nivel de compra entre los jóvenes, y las ventajas de la omnicanalidad que proporciona el e-commerce.

La aparición de la clase media china está suponiendo toda una revolución para la economía del país, con previsión de que China origine el 27% del crecimiento total del consumo de las grandes economías en 2021, según la estimación de un estudio conjunto entre BCG y AliResearch. Evidentemente, las empresas de consumo van a ser las primeras en verse beneficiadas por las nuevas tendencias en los hábitos y comportamientos de compra que impongan los consumidores chinos, donde los nativos digitales están siendo los verdaderos artífices de modelar el futuro del e-commerce y de la economía digital mundial.

Las empresas de consumo de todo el mundo no deben pasar por alto la oportunidad de incorporar la componente del perfil de compra de la clase media china a sus estrategias de desarrollo de negocio. En la actualidad, el mercado de consumo de China es el segundo más grande del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos y, según este estudio, la previsión de crecimiento en China hasta 2021 supone añadir al mercado de consumo chino el tamaño de la población de Alemania.

Los consumidores chinos son eminentemente digitales, factor que favorece que los ritmos de crecimiento del consumo interno sean mayores. El hecho de estar conectados permanentemente facilita que el acceso al modelo de compras e-commerce no se limite únicamente a las ciudades de primer y segundo nivel, sino que se extienda rápidamente por todo el territorio, profundizando así en los objetivos de nivelar las desigualdades todavía existentes entre ambas regiones. Los avances en la tecnología y la potente infraestructura digital desplegada por todo el país propician un consumo mayor de productos, servicios y experiencias entre una población que de cada vez se centra más en buscar productos de mejor calidad, modificando la dinámica actual de basarse principalmente en la procedencia de las marcas.

El turismo, el mercado del lujo, y los productos relacionados con la salud son los sectores que más van a beneficiarse de las demandas de la clase media china. Todas aquellas empresas internacionales dedicadas a estos sectores mejorarán sustancialmente sus cifras de negocio si se incorporan como actores destacados de un mercado de consumo con nuevos hábitos y patrones. Entre ellas, las empresas españolas, que cuentan con un excelente posicionamiento internacional en los sectores que están generando mayor demanda en China, no pudiendo dejar de aprovechar la oportunidad que presenta la revolución del consumo que está experimentando el país en estos momentos.

THE ASIAN DOOR: El Año Nuevo chino, la celebración más digital. Águeda Parra

En China, la revolución digital es ya una realidad que alcanza muchos ámbitos de actividad, y sorprende la facilidad con la que las generaciones más mayores están adaptando los usos de Internet. Las nuevas tecnologías trascienden los grandes núcleos de población y cada vez están más presentes en las ciudades de segundo y tercer nivel del interior del país, ayudando a disminuir la brecha digital. Con ello, los mayores están incorporando los usos y costumbres de Internet a su entorno, a la vez que los nativos digitales son los líderes de nuevas costumbres y usos que se propagan a través de las diferentes plataformas de e-commerce y redes sociales del país.

El uso del móvil en China está en expansión como elemento para acceder a las redes sociales, realizar compras en las plataformas de e-commerce y contratar servicios financieros, entre muchas otras utilidades. Mientras tanto, disminuye el número de usuarios que se conecta a Internet utilizando ordenadores personales, portátiles e incluso tabletas. En 2017, China alcanzaba una cifra récord de usuarios de Internet que ascendía a 772 millones de personas, de los cuales 753 millones se conectaron a través del dispositivo móvil, según fuentes oficiales.

El potencial que tiene el móvil en China está siendo ampliamente utilizado por las plataformas de redes sociales y medios electrónicos como herramienta de marketing digital, ya que el 95% de los dispositivos móviles tienen conexión a Internet. A diferencia de lo que sucede en los procesos de digitalización en el resto de sociedades avanzadas, en China las generaciones más mayores están adoptando ritmos similares de interacción con la tecnología más propios de los hábitos entre los jóvenes de todo el mundo.

La celebración del Año Nuevo Chino también se ha adaptado a esta revolución digital, que este año se ha celebrado el 16 de febrero. Durante los días previos a la mayor migración anual del mundo de personas se han vendido más de 23,45 millones de billetes de tren a través de la página Web de China Railway Corporation, y en un solo día se superó la venta de más de 10,5 billetes, lo que ha supuesto alcanzar los 5.930 millones de clics por hora. No todas las Web del mundo están preparadas para ese nivel de interacción, lo que demuestra la implicación a todos los niveles, gubernamentales y empresariales, de hacer evolucionar la revolución digital a límites que todavía no se han alcanzado en las economías occidentales en toda la historia.

Pero la innovación más disruptiva en el Año del Perro de Tierra ha sido la versión digital de la tradición más conocida en esta época del año, los famosos sobre rojos (红包, hóng bāo). Son felicitaciones que se realizan durante la fiesta de la primavera (春节, chūnjié) y en las que los mayores reparten entre las generaciones más jóvenes dinero para desear buena fortuna y bendiciones para el nuevo año.

Durante el día de Fin de Año (除夕,chuxi), que este año se ha celebrado el pasado 15 de febrero, 688 millones de chinos han utilizado la plataforma WeChat para realizar envíos de hongbao en la modalidad digital. La cifra resulta abrumadora, más si se tiene en cuenta que es un 15% superior respecto al volumen alcanzado el año anterior.

El dinero fluye en el ecosistema digital y los hongbao pasan a formar parte del e-commerce que se realiza a través de la propia plataforma de WeChat, cerrando así el círculo del nuevo tipo de economía digital que está acelerando el desarrollo del país. En esta ocasión, las compras han estado dirigidas a cubrir necesidades diarias en grandes comercios, a la adquisición de refrescos y viajes, según datos de la propia compañía. Pero muchas otras empresas también se han beneficiado de un modelo de compras digitales cada vez más extendido en China, lo que demuestra la necesidad de estar presente en China para las grandes multinacionales del mercado de consumo. Presente, digitalmente hablando.

China a la conquista de América latina (1) Entrevista a Sean Miner. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- En la visita del presidente chino Xi Jinping a América Latina en el 2014, éste planteó como objetivo que las empresas chinas invirtieran 250 mil millones de dólares en América Latina para el 2025. “lo que es una muestra de los efectos del poder blando de la diplomacia económica china, que, por un lado, ayuda a mejorar la imagen de China en el exterior, mientras que consigue persuadir apoyos en organizaciones internacionales como Naciones Unidas, a la vez que facilita políticas más amistosas con otras naciones”. Esta es la opinión de Sean Miner, director asociado del área china en el Atlantic Council, uno de los think tank más respetados en Washington.

4Asia tuvo la oportunidad de entrevistar a este experto, quién además de hablar mandarín y haber en Beijing, tiene un profundo conocimiento de la cultura china, con especial énfasis en sus políticas económicas. Con un extenso número de publicaciones en China, también trabajó para el instituto económico internacional Peterson.

Para Miner, América Latina es una región cada vez más dinámica y económicamente atractiva, con numerosas oportunidades en negocios e inversiones. En su opinión, en los primeros años del siglo XXI, los líderes chinos se dieron cuenta de que necesitaban tener más acceso a recursos naturales para garantizarse el crecimiento veloz de la economía, por lo que empresas chinas, especialmente las semiprivadas, empezaron a invertir en el exterior, sobre todo en el sector de la extracción.

Sin embargo, esta estrategia de inversión ha evolucionado junto con el crecimiento de la economía y la expansión de sus marcas. China tiene más actividad en el sector de servicios a día de hoy, por lo que esas empresas de servicios, como las tecnológicas o de información, finanzas, transporte y electricidad, se están expandiendo. Además, muchas empresas chinas mantienen todos sus activos en China, lo que puede ser un gran riesgo para una gran corporación, por lo que están invirtiendo en el extranjero para diversificar sus fuentes de ingresos y garantizar su supervivencia.

Le preguntamos sobre la dinámica comercial y las razones detrás de las grandes inversiones chinas en México, Brasil y Venezuela. Y esto fue lo que dijo:

México tiene relativamente pocos recursos naturales, por lo que a primera vista podría parecer un objetivo extraño para las inversiones chinas en el extranjero. Sin embargo, México es un país manufacturero fuerte que está altamente integrado en las cadenas de suministro regionales, y desde 2015 tiene salarios más bajos que los chinos. También forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y de la Alianza del Pacífico. Por eso, las empresas manufactureras chinas, especialmente las automotrices, comenzaron a establecerse en México para poder vender más fácilmente a América del Norte y América del Sur.

Brasil es un mercado atractivo para muchos inversores internacionales, no solo chinos. Las empresas chinas han invertido más de 60 mil millones de dólares solo en este este país, y en diversos sectores industriales, incluyendo el petrolero y gasífero, minero, transporte, automotriz, finanzas, electricidad y energía alternativa. Pero los prestamistas estatales chinos, como el Banco de Desarrollo de China y el Banco Export-Import de China, también han prestado a Brasil decenas de miles de millones de dólares, principalmente en el sector del petróleo y el gas. Esta inversión y los préstamos son parte de la estrategia de China para garantizarse su seguridad energética, y han tenido éxito. Brasil ahora exporta más petróleo a China que cualquier otro país en América Latina.

Venezuela, los prestamistas estatales chinos han prestado al gobierno venezolano o PDVSA más de 60 mil millones de dólares, principalmente en acuerdos de préstamo por petróleo. Y los expertos dicen que Venezuela aún le debe a China al menos 25 mil millones. Esto le asegura a China el suministro petrolero, incluso si los precios del petróleo subieron significativamente. Sin embargo, la imagen de China ha sufrido en este caso, ya que ahora están siendo acusados de apoyar la mala gobernanza y prolongar el régimen de Maduro, que pudo haber colapsado, pero que gracias al dinero chino, así como el ruso, y otros, se ha mantenido. Además, los prestamistas estatales chinos corren el riesgo de no recibir el reembolso de sumas importantes de dinero si hay un cambio en el gobierno.

La conquista de América Latina por parte de China difiere de las conquistas históricas tradicionales, donde el conquistador buscaba hacerse con más territorio e intencionalmente ejercer influencia en el territorio conquistado. La conquista china es una conquista de los recursos naturales del país receptor, para poder garantizar a su propio territorio y población el suministro de estos recursos, que a su vez acompañen al crecimiento de su economía.

Lo que no significa que anula del todo la posibilidad de ejercer influencia regional, pero al menos ahora su foco está en el beneficio económico que pueda reportarle.

INTERREGNUM: A vueltas con Eurasia. Fernando Delage

La restauración de Eurasia como concepto geopolítico, acompañada de la integración económica de este mismo espacio a través de la Nueva Ruta de la Seda que impulsa Pekín, ha sido una referencia constante en esta columna a lo largo de su primer año de vida. En un contexto de redistribución de poder, las acciones chinas durante los últimos años revelan que sus estrategas, buenos estudiosos de los padres fundadores de la geopolítica, intentan aplicar a un mismo tiempo las lecciones de Sir Halford Mackinder sobre el poder continental y las del almirante Alfred Thayer Mahan sobre el poder marítimo.

Una consecuencia de la transformación global en curso es la superación de la división que ha existido entre Europa y Asia a lo largo de la Historia. Pero si esa división—que no era geográfica—desaparece como resultado de la propia modernización de Asia, la pregunta inevitable es: ¿qué reglas del juego definirán en el siglo XXI las interacciones entre las grandes potencias en la mayor extensión terrestre del planeta? China quiere recuperar su posición central fomentando la integración de los Estados vecinos en su órbita económica. Rusia, consciente de su debilidad comercial y financiera, recurre a la disrupción para restaurar su estatus internacional. ¿Y Europa? ¿Sabe lo que quiere? ¿Cuenta con la estrategia necesaria para defender sus intereses y sus valores en este nuevo escenario? Son estos tres actores principales—a los que a no tardar mucho se sumará India—los que definirán la dinámica euroasiática. Y las posibilidades de un consenso no son muy elevadas.

De estos asuntos se ocupa el portugués Bruno Maçães en un fascinante libro de reciente publicación: The Dawn of Eurasia: On the Trail of the New World Order (Allen Lane, 2018). Pocos trabajos describen el espíritu y los grandes dilemas políticos de nuestra época como éste. El autor, exsecretario de Estado de Asuntos Europeos del anterior gobierno de Portugal, y doctorado en Harvard, combina una excepcional capacidad analítica con una brillante pluma. Si algunos capítulos responden a lo que cabe esperar de un riguroso estudio académico, otros describen los viajes del autor por oscuros lugares del Cáucaso o de Asia central, donde investiga de primera mano la irrupción de un único escenario euroasiático. Es un libro luminoso, que atrapa al lector y le obliga a considerar nuevas perspectivas sobre viejas variables.

Es demasiado obvio concluir que el mundo no será el mismo que hemos conocido durante los dos últimos siglos. Pero Europa debe dejar de engañarse a sí misma pensando que el desarrollo y la prosperidad llevará a los demás a parecerse a ella. Diferentes concepciones del orden político tendrán que coexistir en un mismo espacio. “Hemos entrado, escribe Maçães, en la segunda era de la globalización, en la que las fronteras son cada vez más difusas, pero las diferencias culturales y de civilización no, dando paso a un complejo inestable de elementos heterogéneos”. El orden mundial europeo es historia. Bienvenida sea la era de Eurasia.