INTERREGNUM: Xi Imperator. Fernando Delage

La inauguración, el 5 de marzo, de la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional china, estuvo precedida por el anuncio—extraordinario aunque no sorprendente—de la eliminación del límite temporal de dos mandatos establecido por la Constitución para el ejercicio de la presidencia de la República Popular. Tales límites no existían de manera oficial ni para la secretaría general del Partido Comunista ni para la presidencia de la Comisión Central Militar, las dos verdaderas fuentes de poder del máximo líder chino. Xi Jinping controla ahora todos los resortes del Partido y del Estado, y potencialmente puede mantenerlos de por vida.

Es el resultado que cabía esperar de las sucesivas maniobras políticas realizadas por Xi desde su nombramiento como secretario general a finales de 2012. Pero es una decisión difícil de entender en el contexto de la historia china del siglo XX, que marca además tanto una regresión en la institucionalización del sistema político como un desafío ideológico a Occidente. ¿Qué puede haber llevado a Xi a esa concentración de poder que, de manera inevitable, obliga a recordar el desastre del maoísmo? Las justificaciones oficiales son muy pobres, y se centran en la necesidad de asegurar la estabilidad nacional. El presidente, marcado por la experiencia de la implosión  de la Unión Soviética, considera necesario fortalecer el papel central del Partido Comunista y, por tanto, la ortodoxia ideológica. Lo que supone, por definición, debilitar las instituciones estatales. Considera, además, que su liderazgo personal del Partido es un imperativo para gestionar la transición hacia un nuevo modelo de crecimiento económico, así como para consolidar el ascenso de la República Popular al centro del sistema internacional.

La contradicción es obvia. La quinta parte de la humanidad vuelve a un régimen dictatorial en abierta divergencia con su modernización social y económica. Xi cree en la superioridad moral y práctica del comunismo chino frente a las que percibe como debilitadas democracias occidentales. El problema es que se trata de una apuesta arriesgada en múltiples frentes. Su control personal del Politburó y del Comité Central desde el pasado XIX Congreso del Partido no significa que haya neutralizado a todos sus enemigos en el seno de la organización. El abandono del sistema de liderazgo colectivo impuesto en su día por Deng Xiaoping para evitar precisamente la irrupción de un nuevo Mao, se suma ahora a los efectos de la campaña anticorrupción como fuente de oposición interna. Mayor alcance puede tener a medio plazo, con todo, la reacción de una sociedad más formada, con nuevas expectativas y con una memoria aún viva de las consecuencias del maoísmo.

Si, por otra parte, Xi considera que es una medida que le facilitará la transformación estructural de la economía, al poder imponer las reformas necesarias frente a las resistencias que encuentra en las propias estructuras del Partido, no resulta fácil entender cómo podrá hacerlo. Un mayor control ideológico y una vigilancia constante de la lealtad a su liderazgo no podrá favorecer la innovación ni la adopción de las normas e instituciones que requiere una economía avanzada.

De cara al exterior se van despejando asimismo las dudas sobre las intenciones de la diplomacia china. El desafío, además de económico y estratégico, pasa a ser también ideológico. Pekín sabe que su discurso sobre la existencia de opciones diferentes de la democracia liberal encaja con las preferencias de líderes políticos de distintas partes del mundo. Para Estados Unidos, Europa y Japón, entre otros, se amplía pues el espacio en que actuar. De verdad comienza, como declaró Xi en el Congreso del Partido Comunista en octubre, una “nueva era”. Lo será tanto para China como para el resto del mundo.

THE ASIAN DOOR: Xi Jinping sin límite de mandato, China sin límite en la I+D. Águeda Parra

Con la decisión de la Asamblea Nacional Popular de China, del pasado 11 de marzo, de reformar la Constitución para eliminar la restricción del límite de dos mandatos para los presidentes, la era Xi Jinping no finalizará en 2023, sino que se prolongará, al menos, cinco años más. Esto significa ampliar el tiempo de llevar a cabo las reformas económicas iniciadas, y prometidas, por el presidente chino desde que tomara posesión del cargo en 2013.

El hecho de que exista la posibilidad de prolongar en más de dos mandatos la presidencia de China supone un mayor grado de centralización en la toma de decisiones y una mayor concentración del poder. Pero también significa iniciar, desarrollar e impulsar proyectos en los que Xi Jinping se ha implicado en primera persona como parte de su legado.

De finalizar el mandato de Xi en 2023, la celebración del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino en 2021 sería la fecha en la que Xi Jinping mostraría al mundo los avances económicos y sociales alcanzados por China en las últimas dos décadas. Coincidiría con el final de su mandato, y no podría seguir impulsando otras iniciativas contempladas en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) que persiguen apostar por la innovación y la modernización del país como piedra angular para alcanzar la transición hacia una economía avanzada.

Por ello, el punto positivo de la consolidación del poder de Xi Jinping es que favorecerá que se alcance un mayor número de reformas estructurales en el corto plazo, impulsando aún más la transformación en la que está inmersa China, y en la que apenas ha recorrido la mitad del camino. Eliminar la limitación del mandato tendrá efectos positivos en los avances tecnológicos, no sólo en alcanzar el Made in China 2025, sino en establecer nuevos límites tecnológicos gracias a la apuesta en la era de Xi por la I+D.

En la era de Xi Jinping, el gasto en I+D ha sido una prioridad, aumentando en apenas un lustro un 70,9% desde 2012. El resultado ha sido que China destinó en 2016 el 2,1% del PIB a I+D, superando el gasto del conjunto de la Unión Europea (28), que alcanzó el 1,9%, aún lejos del 2,7% de Estados Unidos, el 2,9% de Alemania, y el 3,1% que dedica Japón, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

A pesar de que China disfruta de un menor bienestar social y económico que el resto de potencias, sin embargo, muestra una mayor determinación por situar en primera línea la I+D. Impulsar la creación de numerosos parques industriales de alta tecnología e incubadoras está situando a China como promotor mundial en inteligencia artificial, en robótica y en big data. El esfuerzo de China por liderar la I+D está llevando al país a dominar industrias como la nuclear, las energías renovables, los trenes de alta velocidad y los vehículos eléctricos. Todo ello hará que China consiga alcanzar el objetivo de convertirse en el líder mundial en tecnología en 2035.

Para ello, será importante desarrollar a las empresas nacionales. Hasta un total de 376 empresas chinas figuran en el informe 2017 EU Industrial R&D Investment publicado por la Comisión Europea, que recopila las 2.500 empresas de 43 países con mayor inversión en I+D en 2016. Estas compañías chinas forman el Top 3 mundial y son responsables del 8,3% del gasto en I+D mundial, por detrás de Japón que incorpora 365 empresas que invierten el 14% del total, liderando la clasificación Estados Unidos, con 822 compañías responsables del 39,1% de la investigación y desarrollo mundial.

Los gigantes del e-commerce mundial como Alibaba y Tencent, y muchas otras compañías chinas que ya compiten a nivel global, se están convirtiendo en jugadores globales, reduciendo la distancia existente en innovación y tecnología de China con el resto de potencias occidentales. Durante la era de Xi, la brecha tecnológica se reducirá aún más gracias a que China dispone de una mayor cantera de talento, con 4,7 millones de graduados en ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas en 2016, ocho veces más que los 568.000 de Estados Unidos. Todo ello para posibilitar que China luche en la mejor de las condiciones posibles en la carrera tecnológica mundial que permitirá que los países mejor preparados en innovación lideren la economía digital del mañana.

 

¿La mano dura, a pesar de las torpezas de Trump, estará dando resultados? Nieves C. Pérez Rodriguez

Washington.- Desde que Moon Jae-in se convirtió en presidente de Corea del Sur el pasado mayo, se abrigaba la esperanza de que, con su llegada, llegarían tiempos de cambios y más negociación con Corea del Norte. Moon tiene una larga experiencia en la negociación de éste incrustado conflicto y una reputación conciliadora. Por eso se contemplaba la posibilidad de alcanzar algún camino de salida a la crisis.

La prueba de esto la vimos previa a los Juegos Olímpicos. Fue Moon quién medió para que Corea del Norte participara, y quien haciendo uso de tácticas diplomáticas sentó en el palco presidencial al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, a tan sólo 3 sillas de la hermana de Kim Jon-un. Y ahora también es gracias a él y la vía diplomática que ha abierto con Pyongyang que se ha conseguido que el líder norcoreano acepte un encuentro con Trump para negociar la situación, al que su impulsividad natural le apresuró a hacer público, incluso antes de consultar y/o informar al Departamento de Estado.

Bill Clinton fue el anterior presidente que consideró seriamente viajar a Pyongyang y sentarse a negociar con Corea del Norte a finales del 2000. Visita que no se materializó debido a que, en la avanzada presidencial, la entonces secretaria de Estado, Madeleine Albright, discutió con Kim Jong-il sobre la posibilidad de que se deshicieran de los misiles que poseía hasta ese momento, concesión que los norcoreanos no aceptaron. Aun cuando estaban dispuestos a dejar de vender misiles y parar el avance de su carrera misilística.

Posteriormente, en la Administración George Bush los esfuerzos se centraron básicamente en continuar con la política Clinton, y Colin Powell, el secretario de Estado de ese momento, consiguió unificar “the six party talk”, o el grupo de los seis, conformado por Estados Unidos, las dos Coreas, Japón, China y Rusia, grupo de negociación multilateral creado en 2003 con el objetivo de desmantelar el programa nuclear de norcoreano. Pero que pereció en 2009, en cuanto que Pyongyang se retiró, según Kelsey Davenport, director de política de no proliferación.

La Administración Obama, a pesar de su explícita apertura a dialogar e intentar conciliar posiciones con los enemigos se mantuvo en una posición similar a sus antecesores ante la crisis coreana. Aunque Hillary Clinton, como secretaria de Estado, visitó Corea del Norte para conseguir la liberación de unos presos estadounidenses a cambio de ayudas y concesiones al régimen. Lo que marca una vez más una diferencia con la Administración Trump, qué desde el principio ha sido directa y ha jugado a la confrontación con Pyongyang más que a la negociación. Trump es un presidente cuya espontaneidad e imprudencias parece haberle puesto en una situación favorable, al menos en este momento. Así, mientras, las maniobras militares estadounidenses y surcoreanas siguen llevándose a cabo y las sanciones seguirán vigentes.

Kim Jon-un no es irracional, por el contrario tienen una estrategia perfectamente definida que consistiría en afianzar su capacidad nuclear para conseguir precisamente esto, que los tomaran en serio y poder negociar en el momento que a ellos les ha venido bien, según Suzanne DiMaggio (directora del dialogo entre USA y Corea del Norte) y la que hizo posible el primer encuentro en mayo del 2017 en Oslo entre representantes de la Administración Trump y del Régimen norcoreano).

DiMaggio afirma también el hecho de que Trump aceptara la invitación a reunirse, pone en ventaja al régimen de Pyongyang. Es lo que han querido durante años, un encuentro con líderes democráticos del primer mundo. Estados Unidos ha aceptado sin haber conseguido nada a cambio.

Washington sigue con una política exterior difusa. Por un lado, sigue sin tener embajador en Seúl. El mejor candidato, Victor Cha, el americano con más conocimiento y experiencia en la península coreana según muchas fuentes, ex asesor de Bush además de profesor de Georgetown, fue descartado por la Casa Blanca, porque se opuso en una reunión a un ataque militar a Corea del Norte. Cha contaba con el plácet de Seúl para ser embajador, incluso antes de haber sido solicitado por Washington. Mientras que el secretario de Estado, Rex Tillerson, admitía desde África que no sabía de los avances con Pyongyang. Todos estos cambios son una muestra de la manera de ejecución de esta Administración, la desconexión entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

Sin embargo, sentarse a hablar en diplomacia es siempre positivo, es la vía deseada que podría alejar las confrontaciones o, al menos de momento, una salida militar que traería tragedia y dolor. Pero no podemos dar por hecho el encuentro; con el carácter volátil de cada uno de los personajes en ambos lados del Pacífico hay que esperar a ver cómo evolucionan los preparativos a tan esperado momento, y sobre todo si desde éste lado, Trump no dice alguna imprudencia que acabe dándole la coartada al adversario para cancelar el encuentro. (Foto: Mark Scott Johnson)

Seis preguntas y respuestas sobre la cumbre entre Trump y Kim. Miguel Ors Villarejo

¿No ha habido antes otras negociaciones? Desde el armisticio de 1953, la relación entre Corea del Norte y Estados Unidos se ha ajustado a un patrón familiar: tras un largo periodo de estancamiento, una de las dos partes (generalmente Pyongyang) propone un diálogo que fracasa cuando una de las dos partes (generalmente Pyongyang) incumple sus compromisos. Así sucedió con el Acuerdo Marco (Agreed Framework) que impulsó en 1994 Bill Clinton y que Kim Jong-il liquidó con un lanzamiento de misiles en 1998, o con la negociación a seis bandas (además de las dos Coreas y Estados Unidos, Japón, China y Rusia), que arruinó un ensayo nuclear en 2006. “Las sucesivas administraciones americanas”, escribe The Economist, “han invertido años en una cauta y concienzuda diplomacia […], respaldada por una juiciosa mezcla de palo y zanahoria. Después de cada firma, los norcoreanos se embolsaban las ayudas, rompían su palabra y reanudaban su programa atómico. En el mejor de los casos, todo el esfuerzo servía para retrasarlo unos años”.

¿Por qué ahora? Los enviados de Corea del Sur que transmitieron a la Casa Blanca el deseo de Kim Jong-un de reunirse lo antes posible atribuyen la iniciativa al “contundente planteamiento” de Donald Trump, cuya “máxima presión” ha forzado a Pyongyang a considerar una “desnuclearización completa” de la península. Pero la oferta no es ninguna novedad. “Corea del Norte lleva 20 años deseando celebrar una cumbre con un presidente estadounidense”, explicaba en Twitter Jeffrey Lewis, del Instituto de Estudios Internacionales de Middlesbury. “Ha sido una prioridad de Pyongyang desde que Kim Jong-il invitó a Bill Clinton [sin éxito]”.

¿Tienen algo que ver las sanciones? No está nada claro. Aparte de los diplomáticos surcoreanos, que son ardorosos partidarios de que la cumbre tenga lugar y se cuidaron de envolver la propuesta en todo tipo de elogiosas consideraciones hacia la persona de Trump y “su maravilloso equipo de seguridad”, el único que ha calificado de severo el daño que el bloqueo está infligiendo es el secretario de Estado Rex Tillerson, cuyo nivel de información tampoco debe de ser alto, porque se enteró de la invitación de Kim (y de su aceptación por Trump) mientras estaba de gira por África. The Economist dice que “China sigue suministrando energía y alimentos” a su vecino. Por su parte, Bryan Harris afirmaba hace unos meses en el Financial Times que Corea del Norte no está tan mal. “Ha pasado de un socialismo férreamente controlado a un modelo básicamente de mercado” y, aunque las estadísticas disponibles son poco fiables, los expertos que viajan con frecuencia al país coinciden en que “el cambio salta a la vista”. Ha surgido una clase adinerada llamada donju que exhibe su poderío en los cada vez más numerosos restaurantes y comercios. “Según una encuesta entre más de 1.000 desertores”, dice Harris, “el 85% de la población se abastece ahora de alimentos en los mercados y únicamente un 6% depende ya de las cartillas de racionamiento”.

¿Estamos ante otra añagaza de los Kim? Es posible, pero si Corea del Norte busca un crecimiento sostenible como el que han experimentado otros tigres asiáticos, necesita captar masivamente capitales y exportar aún más masivamente, y difícilmente lo logrará tirando bombas. No le viene mal rebajar la tensión. Además, debe de pensar que el desarrollo de un cohete continental, capaz de alcanzar territorio americano, le permite afrontar un diálogo con la Casa Blanca desde una posición más firme. Finalmente, un antiguo asesor de George Bush hijo, Christopher Hill, observa que Pyongyang nunca había planteado una desnuclearización total y “hay que explorar esa vía”, con las debidas cautelas. Como advierten otros dos asesores presidenciales, Michael Green (Bush hijo) y Evan Medeiros (Barack Obama), Pyongyang “únicamente pretende detener las sanciones” y “jamás renunciará a su arsenal atómico”.

¿Por qué se ha echado Trump al ruedo tan deprisa? Es un desafío a la altura de lo que considera que es su principal talento: la capacidad negociadora. Como deja claro en Nunca tires la toalla, ha llegado a acuerdos donde otros habían fracasado. La mayor dificultad de sus edificios emblemáticos (el hotel del Soho, la torre que lleva su nombre) nunca fue técnica, sino política: resistencia vecinal, barreras burocráticas, etc. Y una vez entablado el diálogo, sabe ser desconcertantemente creativo. “Cuando la otra parte espere un duelo, ofrécele una alianza”, dice a propósito del campo de golf escocés de Menie Estate. Allí debió hacer frente a una gran oposición medioambiental y se metamorfoseó en Donald, el Amigo de los Animales: estabilizó dunas, construyó madrigueras artificiales para las nutrias y cajas nido para los murciélagos, financió iniciativas para preservar el tejón, el tritón palmeado y la gaviota cabecinegra… “La gente esperaba un duelo y, en lugar de eso, ofrecimos una alianza”.

¿Será esa su estrategia con Kim Jong-un? No hay que descartar nada, aunque ahora se juega algo más que el dinero de un puñado de socios.

La cita más esperada

Los presidentes de EEUU y Corea del Norte han sorprendido al mundo y a algunos de sus colaboradores que nada sabían anunciando que van a mantener un encuentro cara a cara en mayo para tratar de llegar a un acercamiento y disminuir la tensión.

Parece evidente que China, Corea del Sur y Japón estaban en el secreto y particularmente los dos primeros han animado a que esto tuviera lugar y han allanado obstáculos. Con este anuncio se entienden mejor los esfuerzos de Corea del Sur en el marco de los Juegos Olímpicos de Invierno y las visitas de responsables de seguridad de ambas Coreas a las capitales enemigas.

Pero no debe minusvalorarse el papel de China, al contrario. Solo Pekín puede avalar un encuentro de este tipo y, además, garantizar, a ambas partes, eventuales resultados si son realistas.

Pero la pregunta es, ¿quién de los dos presidentes gana más y parte con ventaja antes del encuentro? Por una parte, Donald Trump, eufórico, ha avanzado que su política de presión y mano dura ha conseguido un escenario de negociación sin hacer concesiones. De hecho, al menos de momento, mantiene el programa de maniobras militares con Corea del Sur y mantiene las sanciones a Corea del Norte mientras pide un compromiso público de paralizar el programa de misiles.

Por otra parte, Kim Jong-un, ha conseguido lo que oficialmente ha sido su objetivo estratégico: lograr un encuentro de igual a igual, lo que para él supone reconocer a Corea del Norte como potencia nuclear de hecho y, sobre esta base, pedir concesiones económicas.

No es razonable pensar, salvo accidente, que Corea del Norte provoque un choque militar que no puede ganar, pero sentarse a la mesa va a visualizar a su líder como un personaje de la escena mundial. Y China, que quiere una moderación, pero no una derrota de Kim ni un fortalecimiento de Estados Unidos se frota las manos.

Ahora habrá que ver si el encuentro finalmente se produce, qué escenario se elige y de qué se habla. Un proceso de diálogo, en sí mismo, no es bueno ni malo, pero si es un instrumento que abre una escena de oportunidad. Repartida las cartas, habrá que jugarlas. (Foto: Marija Milenkovic)

Rafael Cascales: “La falta de recursos institucionales para potenciar la actividad empresarial española en China se debe a la ausencia de un plan gubernamental para este país, posiblemente porque todavía no se ha tomado conciencia de su importancia a nivel global.”

Rafael Cascales es presidente de la Asociación Española de Profesionales del comercio exterior (ACOCEX), de la Asociación de Turismo España-China (ATEC) y dirige su propia empresa de consultoría con la que ayuda a las empresas españolas a desarrollar sus actividades en el país asiático. En 4asia hemos querido saber su opinión sobre la presencia de las empresas españolas en China, sus oportunidades de negocio en la iniciativa china de la nueva Ruta de la Seda, y la situación económica, política y social en el país asiático.

 4Asia: Es usted presidente de las asociaciones ACOCEX y ATEC. Además es fundador y director de la consultora CASICO. ¿Qué nos puede decir de cada una de ellas?

RC: ACOCEX es la asociación española de profesionales dedicada a la promoción del comercio exterior. Actualmente cuenta con una red de 90 asociados cuya actividad se desarrolla en los negocios internacionales y a los que ofrece, entre otras cosas, un valor de negocio, sinergias con otros asociados, actualizaciones legislativas o tendencias de mercado.

Además, tiene clientes externos a los que proporciona servicios de consultoría general que comprende desde planes de marketing hasta consulta de partidas arancelarias, o dudas respecto a financiación internacional. Somos tanto la mayor consultora de comercio exterior en España como el colectivo técnico de verdad en el sector.

ACOCEX surge hace 13 años entre un grupo de consultores que buscaban apoyo en el ámbito del comercio exterior y que pese al gran número de entidades públicas españolas con esa finalidad entre sus misiones —cámaras de comercio, ICEX— no eran capaces de ayudar a una PYME que estaba empezando o tenía dudas muy concretas. Necesidad que se mantiene vigente a día de hoy. Cubrimos ese hueco, pero sobre todo somos los únicos que hablamos de tú a tú a nuestros clientes, ya que nosotros somos empresarios y pasamos todos los días por sus mismos problemas.

La historia de ATEC (Asociación de Turismo España-China) es diferente ya que procede del éxito cosechado con motivo de la organización del primer foro de turismo España-China, celebrado en Pekín en 2016. Esta iniciativa buscaba la promoción del turismo chino en España en todas sus dimensiones, esto es, teniendo en cuenta la industria hotelera, gastronómica, educativa, cultural, de compras, etc. Acudieron 25 entidades y empresas españolas y hubo casi 80 millones de impactos en medios de comunicación en  China y 4 millones en España. Su objetivo era generar negocio, que cada empresa asistente tuviera entre 15 y 20 reuniones, networking y proyección de imagen pública en China. Está previsto repetir el evento este año 2018.

ATEC representa un complemento a la iniciativa gubernamental, que a día de hoy es insuficiente. Cuenta con el apoyo institucional de la Marca España (MAE) y Turespaña, pero sobre todo, tiene el respaldo de empresas privadas como El Corte Ingles, Iberia, Fitur, Vino de Rioja, etc. La falta de recursos institucionales para potenciar la actividad empresarial española en China se debe a la ausencia de un plan gubernamental para este país, posiblemente porque todavía no se ha tomado conciencia de su importancia a nivel global.

Una muestra evidente de la relevancia de China en el mundo es su proyecto de la nueva Ruta de la Seda, con la que pretenden conectar China con el mundo, mediante ambiciosos proyectos de inversión. Esta iniciativa se financiará en parte a través del nuevo Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (BAII), del cual España es miembro fundador. En este sentido destaca un artículo publicado recientemente por Miguel Otero y Carlos Santana en Expansión, donde se mencionaba la posibilidad de crear un instituto exclusivo para el seguimiento de los proyectos asociados a La Franja y la Ruta (BRI) y que actuaría como organismo de interlocución con China para potenciar la participación española en los mismos, lo que me parece una idea magnífica.

4Asia: ¿Cuáles son las posibilidades de las empresas españolas en la BRI?

RC: EL BAII cuenta con muchos países fundadores que, al igual que España, trataran de obtener proyectos asociados a la BRI (Belt and Road Initiative) para sus empresas. Por tanto, las posibilidades de las empresas españolas estarán directamente ligadas al lobby que seamos capaces de hacer. El gobierno mantiene que existe un plan para acceder a estos proyectos, pero la realidad es que hasta la fecha se está haciendo poco al respecto.

4Asia: ¿Estarán estos proyectos condicionados a que sean empresas chinas las que los ejecuten? ¿Qué probabilidad existe de que los proyectos publicitados solo se concreten en los países donde China tenga algún interés geoestratégico?

RC: Los proyectos asociados al BAII están planteados para que sigan modelos de licitación internacionales con altos estándar de trasparencia. Esto quiere decir que técnicamente pueden ser adjudicados a cualquier empresa que cumpla las condiciones exigidas, aunque es evidente que China contará con cierta ventaja al respecto al ser el impulsor de esta iniciativa.

La mayoría de los proyectos planteados saldrán adelante. Basta con ver el desarrollo de China durante los últimos 40 años, sus infraestructuras, y su nivel de desarrollo, para darse cuenta de la capacidad que tienen de concretar sus iniciativas. Indudablemente existe un porcentaje de estrategia y propaganda que busca favorecer tanto sus intereses económicos y comerciales como su imagen de potencia internacional.

4Asia: ¿Cómo valoraría el posicionamiento de las empresas españolas en China? ¿Es la falta de reciprocidad el principal problema que enfrentan las empresas occidentales en este país?

RC: En China hay pocas empresas españolas y la situación es claramente mejorable, pero también hay que tener en cuenta cual es el tejido industrial español y el tipo de producto que podemos vender allí. España es fuerte industrialmente en químicos y componentes de automóviles, y la mayoría de estas empresas ya están en China. También destaca nuestro sector agroalimentario, aunque su implantación tiene unas características muy diferentes. En general, es previsible que la presencia de las empresas españolas en China aumente en los próximos 10 años a medida que se vaya tomando conciencia de su estatus como nueva potencia mundial.

Efectivamente existe una falta de reciprocidad importante en China. Las empresas occidentales en general no tienen la misma facilidad que las empresas chinas para implantarse en los países occidentales y esto debería corregirse. Pese a ello, la presencia de estas empresas en China todavía resulta rentable gracias al volumen de mercado que tiene este país.

4Asia: ¿Es cierto que las empresas occidentales necesitan un socio chino para implantarse en ese país? ¿Exigen estas empresas un transvase de tecnología cada vez mayor a cambio de acceder al mercado interno chino? ¿Se está reduciendo la brecha tecnológica entre China y occidente?

RC: Actualmente no es necesario tener un socio chino para implantarse en el país, excepto en sectores muy delicados como por ejemplo el militar, aeronáutico o la publicación de libros.

Respecto al transvase tecnológico sucede lo mismo que con la falta de reciprocidad, se trata de un camino de doble sentido que solo recorre quien quiere. En este sentido, cabe señalar que China lleva más de 10 años fomentando que las compañías extranjeras aporten a sus empresas la tecnología necesaria para su modernización. Este interés se mantiene, entre otros, en el sector sanitario, de maquinaria o energías renovables, pero ya centrado en adquirir los últimos avances. En otros sectores ya es China quien lidera, como por ejemplo el comercio “online” y toda la infraestructura técnica asociada.

La brecha tecnológica entre China y occidente se está reduciendo a pasos agigantados y el país asiático es ya es el número uno a nivel mundial en patentes registradas. Esto se debe en parte a su carácter dinámico y pragmático, que les está permitiendo aprovechar el impulso gubernamental para avanzar en las últimas tecnologías como por ejemplo la inteligencia artificial.

4Asia: A medida que China mejora su tecnología la necesidad de transvase desde las empresas extrajeras se reduce. ¿Cómo afectará esto a la cuota de mercado chino que tienen estas empresas? ¿En qué momento dejaría de ser rentable para las empresas occidentales su presencia en China?

RC: A día de hoy al consumidor chino le cuesta comprar productos fabricados en su país, aunque estos tengan ya una calidad considerable. Esta inercia, que se mantendrá todavía un tiempo, favorece al mercado extranjero, al que todavía seguirán mirando para buscar los últimos avances tecnológicos o novedades de mercado.

4Asia: ¿Qué opina de los avances en investigación y desarrollo en China? ¿Lideraran el mundo científico en un futuro?

RC: Es cierto que China está avanzando a gran velocidad en este sector, pero tienen un problema con el sistema educativo en dos de los ingredientes esenciales para la investigación como son la creatividad y el pensamiento crítico. Aunque poco a poco están aprendiendo a educar en estas cualidades, la mayoría de sus investigadores de primera línea se forman todavía en el extranjero, apreciándose en ellos una iniciativa muy superior a los que han estudiado en China.

Los gobernantes chinos podrían modificar el sistema educativo para mejorar estas cualidades en sus futuros investigadores. Sin embargo, esto produciría también ciudadanos más críticos con el sistema político actual y podría llegar a poner en riesgo la estabilidad del país. Por ello, es poco probable que las autoridades chinas decidan recorrer este camino y, por tanto, que sigan dependiendo de nuestros sistemas educativos.

Es curioso que a veces no somos conscientes de las tremendas diferencias culturales, educativas, e incluso de construcción del pensamiento, que existen  entre China y occidente. Pero es que hasta su cerebro funciona de manera distinta, porque entre otras cosas el aprendizaje es diferente.

4Asia: ¿Consideras que China tendrá éxito en el cambio de modelo de crecimiento que están llevando a cabo para pasar de una industria manufacturera a una economía basada en el sector servicios y el consumo interno?

RC: No les queda otra opción. China es un país en desarrollo que debe realizar cambios en su modelo económico para seguir avanzando. Esto implica abandonar las exportaciones baratas y basar su crecimiento económico en el consumo, el sector servicios y potenciar la innovación. Pero seguro que lo van a conseguir porque funcionan como una gran empresa que además piensa a largo plazo. La única duda es cuánto van a sufrir para conseguirlo, ya que las reestructuraciones previstas generarán paro y descontento entre algunos sectores de la población que puede poner en peligro la estabilidad social. El gobierno deberá reciclar a estas “victimas” del cambio de modelo económico, pero al mismo tiempo debe asegurarse que las protestas no ponen en riesgo el sistema político. Esto explica en parte el mayor control que Xi Jinping está ejerciendo sobre todas las esferas del ámbito social.

4Asia: ¿Cómo valora la salida de Reino Unido de la Unión Europea y como cree que afectará a su relación comercial con China?

RC: La postura oficial de China es que prefiere una UE unida y todavía no está claro que vaya a producirse el BREXIT. Cada vez se habla más del BRETURN. De momento lo que se ha producido es un debilitamiento de su economía y de la libra esterlina que ha favorecido las inversiones y compras chinas en Reino Unido. La salida del Reino Unido de la UE les debilita tanto a ellos mismos como a la UE y perjudicará sus relaciones con China.

4Asia: ¿Puede ser la deuda un problema para el avance de las reformas y el desarrollo de China?

RC: La deuda no es privada como la que teníamos en España y se concentra en las provincias. Esto la convierte en una deuda manejable para el gobierno. Además, todos los países desarrollados tienen deuda y es el esquema de funcionamiento que está instalado actualmente en el mundo.

4Asia: ¿Cómo puede afectar el envejecimiento de la población a los planes de desarrollo chinos?

RC: Sin duda supondrá un problema para su desarrollo, pero no será crítico ya que se atenuará gracias a procesos de manufactura automáticos y al crecimiento del sector servicios. De hecho, en España tenemos un problema mucho mayor con este tema, ya que en China, a día de hoy no tienen seguridad social, sino solo programas de ayudas concretas.

4Asia: ¿Podría haber una guerra comercial entre EE.UU. y China?

RC: No habrá una guerra comercial abierta ya que saldrían muy perjudicados ambos países. Trump es un populista y la mayoría de sus amenazas no se concretarán ya que afectarían muy negativamente a sus propias empresas. China por su parte, tampoco gana nada con una guerra comercial abierta ya que buena parte de su extensa mano de obra se emplea todavía en empresas de manufacturas extranjeras.

Turbulencias americanas. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana en Washington ha comenzado con turbulencias que vienen desde la cuenta de Twitter del presidente Trump, quién retoma el argumento del gran déficit que tiene Estados Unidos con México y Canadá, para justificar por qué el Tratado de Libre Comercio del Norte de América (Nafta) se encuentra en proceso de renegociación, y aprovecha la oportunidad para afirmar, una vez más, lo perjudicial de éste acuerdo para la economía estadounidense pues, afirma, ha ocasionado la reubicación masiva de empresas y trabajos, fundamentalmente fuera de territorio estadounidense. A la vez, asegura que los aranceles en aluminio y acero serían descartados sólo si se firma un nuevo y justo acuerdo Nafta. Los aranceles, que anunció para dar comienzo al mes de marzo, en el que propuso que Estados Unidos imponga a las importaciones el 10% al aluminio y 25% al acero.

Las respuestas a este polémico anuncio no se hicieron esperar. Canadá, el vecino afable, respondió con firmeza a sólo horas del anuncio, afirmando que siendo uno de los mayores proveedores de acero de Estados Unidos, repudiaban esta medida. Mientras que, desde México, los industriales del acero y el aluminio pidieron a su gobierno responder con medidas equivalentes.  Por su parte, la Unión Europea aseguró que es una brutal intervención para proteger la industria estadounidense y no está basada en ningún motivo de seguridad. Mientras, el Fondo Monetario Internacional advirtió que esos aranceles pueden causar daños a la economía fuera y dentro de los Estados Unidos. La Organización Mundial del Comercio alertó de que una guerra comercial no le interesa a nadie. La industria de aluminio japonesa ha pedido a Trump reconsiderar su postura, pues agregar esa tarifa no sólo podría lastimar al gremio nipón sino que podría tener un su efecto dominó hacia otras industrias y generar un crecimiento de proteccionismo global. Y China ha dicho que se opone al proteccionismo y que defenderá sus intereses y derechos.

La polémica ha sido tal que los dos máximos representantes responsables de estas áreas en la Administración Trump participaron en programas de televisión el domingo, en horario estelar, para intentar bajar un poco la tensión y contener el impacto global que ha tenido el anuncio. Wilbur Ross, secretario de Comercio, y Peter Navarro, director de la oficina de intercambio y manufacturas, ambos conocidos por sus tendencias proteccionistas y nacionalismo económico, llamaron a la calma. Además, Navarro es especialmente conocido por su extrema postura anti-China, y precisamente China ha sido acusada en múltiples ocasiones de vender acero y aluminio a precios por debajo del valor de producción, (en parte por la gran capacidad que tiene), lo que lo pone a él en el ojo del huracán.

Debemos retomar las promesas electorales de Trump en las que ofreció endurecer los controles de importaciones para beneficiar a los trabajadores y obreros de industrias de estos sectores, ubicados sobre todo en el Oeste Medio de los Estados Unidos. Lo que es aún más preocupante, pues no es simplemente un Tweet aislado que pensó y escribió, es que se trata de una idea que han venido considerando por un largo periodo.

En el más reciente análisis hecho por Bloomberg sobre el impacto que tendrían estos aranceles, de ser aplicados, en otros sectores económicos, fueron identificados 5 sectores que se verían golpeados por esta medida: uno, la industria de vehículos y aeroespacial, y con ellos sus más de dos millones de empleados; dos, productos enlatados, para los que Estados Unidos no produce suficiente material por lo que habría que importar del exterior, lo que incrementaría altamente los costos; tres, la tecnología (teléfonos móviles y otros productos de la marca Apple); cuatro, manufacturas que incluye los paneles solares y, quinto, el sector de oleoductos, que según estudios, podrían incrementar el costo hasta unos 76 millones de dólares por cada oleoducto que se construya. Lo que se traduce en una desventaja mayor que un beneficio para la economía doméstica estadounidense.

Incluso en las filas republicanas, que han respaldado al presidente, se han ventilados desacuerdos al anuncio hecho por Trump el pasado jueves. Paul Ryan, el portavoz del Congreso, comenzó su semana afirmando expresamente que dichas tarifas a las importaciones del acero y el aluminio podrían desencadenar una guerra comercial. Y que la amenaza de imponer dichos aranceles provocaría respuestas más que concesiones a sus pretensiones. Da la sensación de que el periodo de relativa calma, en el que Trump se había mantenido medianamente comedido, se ha acabado, ¡y de qué manera! Y luego, con este anuncio y durante el fin de semana en un comentario en el que dejaba ver su admiración por Xi Jinping, dijo que así como él es presidente de por vida en China, Estados Unidos, (la cuna de la libertad y el mayor contendiente al comunismo), debería probar ese sistema a ver si funciona. ¿Pero qué es lo que ésta pasando? ¿Egolatría exacerbada o será más bien ignorancia extrema? (Foto: M_Laurie_DM8106, Flickr)

THE ASIAN DOOR: 10 cosas que hay que saber sobre el Año 2018 del Turismo UE-China. Águeda Parra

El pasado 19 de enero se celebraba en Venecia, Italia, uno de los eventos más esperados para el sector del turismo desde que fuera anunciado durante la cumbre UE-China de Pekín en julio de 2016 por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro chino, Li Keqiang, evento que no es otro que la inauguración del Año 2018 del Turismo Unión Europea-China.

Como resultado del acuerdo de cooperación, durante esta cita se celebraba la primera Cumbre Turística Empresarial Unión Europea-China, enfocada a fomentar los contactos y el intercambio entre los operadores turísticos de ambas partes. Durante 2018, se prestará especial atención a la mejora en la concesión de visas, a la conectividad aérea, y al siguiente decálogo que es imprescindible conocer para sacar el máximo partido económico y de negocio del Año del Turismo UE-China:

Uno. Oferta cultural. El propósito es situar en el radar la amplia cultura y las tradiciones de los países europeos.

Dos. Situar a Europa como primer destino turístico chino en 2018. Durante 2017, Europa se situó como el tercer destino turístico para el turista chino gracias a los 13,6 millones de visitas realizadas a los países de la Unión, apenas un 10% del total de 129 millones de turistas que viajaron al extranjero. Fomentar la preferencia del viajero chino por Europa supondría incrementar en millones la recepción de turistas para el mercado europeo.

Tres. Viajes a medida y con experiencias memorables. Para Europa es una oportunidad sin precedentes poder atraer la curiosidad del turista chino por otra cultura igual de rica que la suya, más aún cuando la demanda se está orientando a un turismo de más calidad, que permite disfrutar de experiencias culinarias, y no tanto orientado a paquetes vacacionales donde se visita un país por día.

Cuatro. China lidera el mercado emisor de turismo. En 2014, China superaba en esta clasificación a Estados Unidos, una gran oportunidad para que el Año 2018 del Turismo UE-China supere las expectativas de fortalecer los lazos bilaterales existentes e impulsar las oportunidades de inversión que puede ofrecer un año de fomento de acuerdos en el sector del turismo.

Cinco. China lidera el Top 5 de países de mayor gasto en turismo internacional, con un incremento en 2016 del 12% respecto al año anterior, seguido en esta clasificación de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Francia, según datos de la Organización Mundial del Turismo (OMT). Como receptor de ingresos de turismo, China se sitúa como segundo en una clasificación que lidera Estados Unidos, al que le siguen en tercera y cuarta posición España y Francia, respectivamente.

Seis. Alto ratio de gasto por viaje. La creciente clase media china dispone de mayores ingresos disponibles, destinando una media de 1.000€ a gastos de viaje, normalmente asociado a viajes en paquetes, cantidad que es susceptible de incrementarse si se apuesta por una oferta orientada a viajes a medida. El número de turistas chinos es cada año mayor, y mayor el gasto realizado, alcanzándose en 2016 la cifra de 90.000 millones de dólares, según datos de la Academia de Turismo de China. Cifra susceptible de una mejora significativa al configurar una mejor oferta turística. Con ello, los 11.500 millones de euros que recibió Europa en 2016 de viajeros chinos, apenas el 10% del gasto total, se incrementaría susceptiblemente a cifras más atractivas para el sector turístico europeo.

Siete. Medios de pago digitales. El turista chino hace un uso intensivo de la tecnología como parte del proceso de revolución digital que vive la sociedad china. Según los datos oficiales, 1 de cada 5 turistas chinos reserva sus viajes por Internet, no suelen usar tarjetas de crédito, y la aplicación WeChat es el medio de pago e-commerce preferido, que además permite registrar los momentos más destacados del viaje, editando y compartiendo fotos.

Ocho. Adaptación al turismo chino. El turista chino es completamente digital, y está permanentemente conectado, de ahí que la disponibilidad de Wifi sea un “must-have” del viaje, no una cuestión opcional.

Nueve. Adictos por las compras. El gasto en compras suele alcanzar un tercio del presupuesto destinado al viaje, que en los destinos europeos suele estar entre los 1.500€ y los 3.000€ por viaje, según la OMT. Amantes de la adquisición de productos de lujo, las grandes firmas europeas tienen la oportunidad de incrementar su cuota de mercado con la llegada de un mayor número de turistas chinos.

Diez. Promoción de España como destino turístico. El viajero chino valora elegir destinos con entornos seguros y con un amplio patrimonio cultural, en el que España tiene una amplia y variada oferta. Oportunidad indiscutible para que las empresas del sector aprovechen al máximo la celebración del Año del Turismo UE-China para promocionar España como destino turístico entre los viajeros chinos, realizando un esfuerzo por adaptar la oferta a los gustos y costumbres más comunes en China, y que los turistas valoran muy positivamente en sus viajes al extranjero. (Foto: Gogasz, Flickr)

Unas gafas para corregir la miopía económica. Miguel Ors

En economía importa tanto lo que se ve como lo que no se ve, decía Frédéric Bastiat, e ilustraba su tesis con la anécdota de la ventana rota. “¿Ha sido usted testigo de la cólera de un buen burgués […] cuando su terrible hijo rompe un cristal? Si ha asistido a este espectáculo, seguramente habrá constatado que todos los asistentes [le ofrecen] el mismo consuelo: ‘La desdicha sirve para algo. Tales accidentes hacen funcionar la industria. Todo el mundo tiene que ganarse la vida. ¿Qué sería de los cristaleros si nunca se rompieran cristales?”

Este razonamiento bienintencionado ignora, sin embargo, que el propietario de la ventana rota pensaba probablemente destinar el dinero de la reparación a una actividad más productiva. Si hablamos del taller de un zapatero, habría comprado unas leznas más afiladas, un martillo más ligero, unas tenazas más potentes. Quizás incluso se hubiera animado a tomar un aprendiz. Estas inversiones habrían aumentado su eficiencia y le habrían permitido una rebaja de precios para captar nuevos clientes. Al final, toda la sociedad se hubiera beneficiado de un calzado más asequible.

Este proceso no es tan aparente como la ventana que salta en pedazos, pero es el que ha impulsado la capacidad adquisitiva de la humanidad y, por tanto, su prosperidad desde la Revolución industrial. “La riqueza de una persona y de un país no es la suma de dinero o de oro que atesoran, sino la cantidad de cosas de las que pueden disfrutar”, explica Xavier Sala i Martín. Lamentablemente, todo el debate sobre la distribución en Occidente se ha centrado hasta ahora en la disparidad de rentas, cuyo impacto es más psicológico que real. “Si me comparo con Bill Gates”, dice el escritor Johan Norberg, “la diferencia de ingresos es colosal. Pero si hablamos de condiciones materiales, ya no es tanta. Él viaja en un jet privado, por supuesto, pero yo puedo pagarme un billete de avión por poco dinero. Bill Gates usa un smartphone como el mío y maneja la misma información que yo […]. Y lo mismo puede decirse de la sanidad. Si mis hijos enferman, tendrán acceso a la misma tecnología médica que los de Bill Gates. En suma, el que haya superricos cada vez más ricos no afecta a mi bienestar”.

Sala i Martín ponía en su serie de TV3 Economía en colores un ejemplo aún más llamativo: el de Mansa Musa, un rey maliense del siglo XIV cuya fortuna “convertida en dólares actuales tendría un valor aproximado de 400.000 millones. O lo que es lo mismo, si estuviera vivo y conservara todo el oro que poseía en 1324, sería cuatro veces más rico que Bill Gates [86.300 millones, según la última lista de Forbes]”.

“Lo que más llama la atención de todo esto”, señala Sala i Martín, “es que Musa nunca comió pan con tomate ni chocolate ni hamburguesas ni perritos calientes […]. A pesar de su inmensa opulencia, nunca fue al fútbol ni al cine. Jamás probó comida japonesa ni india ni mexicana ni francesa ni catalana”.

Si le dolía la cabeza no podía tomar una aspirina y, cuando a los 40 años empezó a perder vista, dejó de leer porque carecía de gafas. Tardó dos años en concluir la peregrinación a la Meca, un viaje que los trabajadores de cualquier país europeo realizan en seis horas. No podía pulsar el interruptor para encender la luz ni tirar de la cadena para vaciar el váter y, para comunicarse con sus aliados, debía despachar emisarios en camellos que necesitaban meses para llevar y traer un pergamino.

“La paradoja”, concluye Sala i Martín, “es que todo lo que no tenía el hombre supuestamente más rico de la historia lo tenemos al alcance cada uno de nosotros”. Por desgracia, la naturaleza humana es extraña. Como expone Richard Layard, por mucho que progrese una persona, si su grupo de referencia (vecinos, amigos, cuñados, colegas) lo hace más deprisa, su satisfacción caerá, aunque esté objetivamente mejor. El sueldo de los alemanes orientales se disparó tras la reunificación, pero su felicidad se hundió porque pasaron de la aristocracia del bloque soviético al pelotón de los torpes de la UE.

A diferencia de la miopía que padecía Mansa Musa, esta no hemos aprendido a corregirla y seguimos, como en tiempos de Bastiat, pendientes de lo aparente. (Foto: Terri Klingensmith-Haines, Flickr)

Trump abre otro frente

Alegre y combativo, Donald Trump se ha lanzado a la arena de la guerra comercial anunciando un rearme arancelario de las importaciones de acero y aluminio para, dice, proteger la industria de Estados Unidos, y amenazando a Europa con extender la medida al sector automovilista. Ha afirmado el atrabiliario presidente que las guerras comerciales son buenas y se ganan fácilmente, pero eso, como todos los procesos históricos, debe ser analizado a medio y largo plazo.

Aparte del hecho real de que recurriendo al nacionalismo económico el presidente Trump despierta a un monstruo apenas dormido, abre una carrera contra la globalización y la libertad de comercio, que nunca ha sido mucha, por otra parte, y penaliza a los países menos desarrollados que ya tienen políticas proteccionistas, políticamente es un mensaje nefasto que alimentará el populismo nacionalista y provocará a medio plazo dudosos beneficios a la política de Estados Unidos.

Políticamente, la medida anunciada provoca un terremoto que hará reconsiderar alianzas y estrategias. Hay que subrayar que los nuevos impuestos para el acero de fuera de Estados Unidos provocan una brecha entre Gran Bretaña y Estados Unidos que hace tambalear los planes de Londres para hacer frente al Brexit; abren un foso entre EEUU y la Unión Europea; crean problemas con Rusia y China y, lo que es más importante, con Corea del Sur, y en el caso del aluminio, penalizarán a países presentes ahora en el mercado norteamericano como Venezuela y Vietnam. Y, más, la medida ensancha la grieta en el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, México y Canadá, que Trump quiere renegociar para, proclama, conseguir ventajas para su país.

No es fácil adelantar una posible evolución de este panorama dibujado “a grueso trazo” como lo ha definido el secretario de Comercio de EEUU en el que aún faltan los detalles. Pero parece otro paso más de Trump en una estrategia que huele a improvisación, que suena a vieja y gastada y que políticamente va a ser una fuente de inestabilidad difícil de gestionar. (Foto: Wajahat Mahmood, Flickr)