Entrevista Dra. Sue Mi Terry. (II) ¿Nominación de Trump al Nobel de la Paz? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- En esta segunda entrega de la entrevista a la Dra. Sue Mi Terry, experta en asuntos coreanos, quién sirvió en la CIA como analista de asuntos coreanos durante más de 7 años y que formó parte del Consejo de Seguridad Nacional tanto para Bush como Obama, nos centramos en el rol de China en las negociaciones con Corea del Norte.  Le preguntamos sobre las estrategias de Xi Jinping para organizar una espectacular visita de Estado para Kim Jon-un y si China es realmente la gran ganadora de la situación.

Sue Mi Terry comenzó explicando que aún es pronto para decir quién es el ganador en este juego. China está preocupada por lo que está sucediendo, dice, y le inquieta a qué tipo de acuerdo puedan llegar Trump y Kim. Le intranquiliza el hecho de que sus propios intereses estén comprometidos. Terry pronostica que Xi invitará a Kim a un nuevo encuentro antes de la cita entre Kim y Trump. “El presidente Xi tiene la necesidad de explicarle al líder norcoreano sus intereses para que puedan ser respetados en los acuerdos a alcanzar con Trump”.

Afirma que entre Xi Jinping y Kim Jon-un no hay ningún tipo de empatía. “A Xi no le gusta Kim, no hay buena química entre ellos. Desde que Kim tomó posesión no había sido invitado a China, esto lo prueba, pero como todo apuntaba a que Trump se encontraría con el líder norcoreano, debía haber un encuentro público entre ellos, razón por lo que Xi le invita a Beijing”. Sostiene que ha habido varios momentos difíciles en la relación entre el líder chino y el norcoreano. “Un momento clave de los desacuerdos fue la ejecución de Jang Sung-taek (tio de Kim Jon-un) marido de la única hermana de Kim Jon-il (padre del actual líder). Jang era el interlocutor con China. Este asesinato, que fue de los más crueles filtrados a la prensa, indignó a China. Y luego, el envenenamiento del medio hermano del líder coreano en Kuala Lumpur, que contaba con protección china”.

Desde la perspectiva de Corea del Norte, explica, ellos también están disgustados con China. “Las sanciones aprobadas en el otoño pasado han estrangulado la economía norcoreana y, a pesar de estos desacuerdos y disgustos, ambos países tienen intereses mutuos, por lo que al final buscan puntos de acuerdo intermedios para poder seguir lidiando el uno con el otro”.

La imagen de Corea de Norte desde su creación ha sido siempre negativa en el plano internacional. Ha permanecido en una fina línea de pseudo-legalidad.

¿Todos estos encuentros que han tenido lugar recientemente han legitimado al régimen de Pyongyang como sujeto político? La experta afirma enfáticamente que sí. “Todas estas reuniones han maquillado la imagen de férrea dictadura del régimen. Tan sólo el hecho de que el mundo pudiera oírle la voz a Kim, lo ha humanizado. Además de las apariciones pública con su mujer, una chica joven y atractiva, le presentan como un hombre ordinario, en vez de un dictador cruel que mantiene oprimido a su pueblo”.

Las imágenes del encuentro de los dos líderes coreanos en la Zona desmilitarizada, en las que Kim toma de la mano a Moon y lo invita a cruzar “la línea prohibida” con sonrisas y gestos casi de complicidad cambiaron casi por completo la idea que se tenía de Kim, sostiene. En un sondeo de opinión realizado en Corea del Sur, después del histórico encuentro, se determinó que alrededor del 80% de los consultados ahora piensan que se puede confiar en Kim Jon-un y que se puede negociar con él.  Comparado con la matriz de opinión que se manejaba hasta el año pasada en el que se percibía como un hombre misterioso, de corte de pelo extraño, aislado en su propio mundo lanzando cohetes, el cambio es radical. Junto con las instantáneas de los juegos Olímpicos en Corea del Sur, de animadoras norcoreanas y la asistencia de su hermana (Kim Yo-jong), quien con su juventud y buenas formas suavizó la imagen de la dureza que se tenía del régimen de Pyongyang, la cara pública de Corea del Norte ha cambiado.

 Otro elemento positivo que resalta nuestra experta es que Pyongyang esté dispuesta a que se inspeccione una de sus bases, aunque apunta que “esa base está deteriorada por la cantidad de pruebas que ahí se han llevado a cabo, pero no deja de ser un gesto de apertura”.

La Administración Trump está intentando activamente dar resultados y gestos de su nivel de compromiso en este asunto. El segundo viaje a Corea del Norte del secretario de Estado Pompeo lo prueba. La entrega de los tres rehenes es un gesto de compromiso del régimen norcoreano. En ese marco se anunció que el encuentro entre Trump y Kim Jon-un tendrá lugar en Singapur el 12 de junio.

Terry prevé que el encuentro será positivo, afirma que a ambos les conviene que la reunión sea exitosa. “Kim ha puesto todo sobre la mesa, no se puede permitir fallar. Mientras que Trump está asegurándose salir como el gran líder, el único que pudo hacer ese encuentro posible y que ninguno de sus antecesores hizo. “Incluso podría traducirse hasta en una nominación al Nobel de la Paz por haber conseguido negociar el gran problema irresuelto de la época de oro de Estados Unidos”. La Dra. Terry asegura que al menos en la primera etapa ambos líderes darán la impresión de que fue un éxito, pero, por supuesto, el reto estará en la puesta en marcha del acuerdo, sea el que sea.

Irán: cinismo y propaganda.

Las peripecias del acuerdo sobre el desarrollo del acuerdo con Irán para contener sus proyectos de rearme nuclear, la salida de EEUU de ese acuerdo y las reacciones subsiguientes resumen y visualizan la historia occidental de los últimos cien años. La tendencia europea al apaciguamiento y al mal menor, que tan nefastos resultados dio con Hitler y con Stalin sin que parezca que esté realmente asumido, siguen impregnando casi cualquier medida. Hace tiempo que se ha hecho dogma una máxima que, como todas, puede ser una expresión de sabiduría o de inmensa cobardía según los casos. Se trata de esa que dice “vale más un mal acuerdo que una buena guerra”. Y es que demasiadas veces un mal acuerdo, lejos de evitarla, ha conducido a una buena guerra.

El acuerdo con Irán es incompleto y mejorable. Así lo han admitido todos los firmantes salvo Irán, aunque todos consideraban tras la firma que era el acuerdo posible. En función de él, Irán se comprometía a no desarrollar su programa nuclear y de enriquecimiento de uranio durante diez años. Pero quedaba fuera el control y la limitación de su programa de misiles, los vectores justamente necesarios para, en diez años, propulsar las cargas nucleares que ya entonces estarán en situación de desarrollar. Porque durante estos diez años nada impedía que la tecnología iraní creciera en conocimiento con la experiencia que ya tenía, y el acuerdo admitía que no habría inspecciones independientes y por sorpresa de los centros clave del desarrollo nuclear iraní.

A cambio de estas “cesiones” de Teherán, Occidente levantó las sanciones, dio un balón de oxígeno a la tambaleante economía iraní y alivió un horizonte de tensiones sociales. Y esto, a la vez, supuso la vuelta del petróleo iraní al mercado con la consiguiente caída de los precios y la llegada de empresas occidentales a hacer negocio.

Lo fundamental para la teocracia iraní fue que ganó tiempo, ingresó dinero, siguió con sus desarrollo de misiles de medio y largo alcance (hay que recordar que en estos momentos Irán puede alcanzar objetivos en Grecia, por poner un ejemplo) y al calor de las tensiones regionales inició una política exterior con presencia militar en toda la región, notoriamente en Yemen y Siria. Este escenario, que fue previsto y anunciado por Israel y Arabia Saudí desde la misma firma del acuerdo, no debe ser olvidado.

En ese contexto, Trump gana las elecciones anunciando que romperá el acuerdo para renegociar otro más completo tras un Obama en retirada. Ahora, con Arabia Saudí y Egipto en guerra en Yemen para contener a Irán y unidades militares iraníes de la Brigada Al Quds en la frontera oriental de Israel y Hizbullah, rearmada por Irán y con asesores de este país en la frontera norte, la situación es de emergencia. Israel vuelve a estar en riesgo de supervivencia y, con la complicidad rusa, puede perder Occidente un sitio en aquella zona.

En ese marco, todos han estado de acuerdo en que hay que hacer otro acuerdo. La diferencia está en que Europa quiere hacerlo sin romperlo, para preservar sus negocios, y EEUU sostiene que la mano dura que funcionó con Corea del Norte puede funcionar con Irán. Esa es la discusión.

A partir de ahí, sostener que Trump, por maleducado e impresentable que sea, aumenta la inestabilidad es puro cinismo. La inestabilidad en la zona la viene aumentando Irán con la ayuda de ese acuerdo y no Trump con su decisión.

Cómo atar más a Irán y como defender a Israel, la única democracia de la zona y la primera línea de defensa de las libertades que son cotidianas en Occidente, debería ser el debate. Lo demás es humo y propaganda.

INTERREGNUM. Declaración de hostilidad—por duplicado. Fernando Delage

“Es mucho peor que un crimen; es una estupidez”. Resulta inevitable evocar la célebre frase de Talleyrand, con la que describió la ejecución de un duque borbónico por Napoleón, al comentar el doble error cometido la semana pasada por el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump.

El abandono del pacto nuclear con Irán coloca a Estados Unidos en compañía de Israel y Arabia Saudí—singulares compañeros de cama los dos últimos en este caso—, y en contra de sus aliados europeos y del resto de la comunidad internacional. Es probable que Trump no sepa quién fue Mossadeq, ni conozca el papel de la CIA en su derrocamiento en 1951; un incidente fundacional del nacionalismo iraní contemporáneo. Pero también parece ignorar las consecuencias de despreciar los principios del realismo político, como ocurrió con la más reciente e irresponsable invasión de Irak en 2003. Si lo que se pretende es facilitar el camino a una guerra en Oriente Próximo, y propiciar así el cambio del régimen iraní—objetivo ilusorio—, sabremos quién desencadenó los acontecimientos.

De momento, Trump ha hecho añicos la credibilidad norteamericana, ya dañada por su discurso antimultilateralista, su retirada del acuerdo sobre cambio climático de París y su irracional marcha atrás con respecto al Acuerdo Transpacífico (TPP). Su declaración de hostilidad a Teherán no sólo no contribuirá a prevenir una mayor influencia de Irán en el equilibrio de poder regional, sino que aumenta el riesgo de proliferación nuclear, y crea una grave ruptura estratégica con el Viejo Continente. A efectos de esta columna, hay que preguntarse por lo demás si es así como Trump espera convencer a Kim Jong-un de que abandone sus capacidades nucleares.

Por si el anuncio del presidente no fuera suficiente para dañar la estabilidad internacional, además de declarar la guerra diplomática a Irán, Estados Unidos se ha planteado asimismo declarar la guerra comercial a China. Washington exige a Pekín que reduzca su superávit bilateral en 100.000 millones de dólares antes del 1 de junio de 2019, y otros 100.000 millones antes de la misma fecha de 2020. No sólo resulta ridículo pensar que el gobierno chino pueda conseguir ese resultado, sino que, por sus efectos para países terceros, los daños pueden ser considerables para la economía mundial. Estados Unidos no sólo violaría normas multilaterales—es conocida la opinión de Trump sobre la OMC—sino abriría paso a una peligrosa dinámica política, por no hablar del impacto para sus propios intereses económicos de las medidas de represalia que adoptará Pekín. ¿Es humillando a China, otro país profundamente nacionalista como Irán, como la Casa Blanca cree que va a defender sus objetivos nacionales?

Mayo de 2018 podrá pasar a la historia como el momento que confirmó un cambio radical en la relación de Estados Unidos con el mundo exterior; la fecha en que se quebró Occidente como comunidad política y se aceleró el proceso de redistribución del poder global. Enfrentarse a un mismo tiempo a Irán, a China y a las democracias europeas no parece tener mucho sentido estratégico. Es cierto que en 2020 o—en el peor de los casos—en 2024, Trump desaparecerá de la escena política. Será tarde quizá para que su sucesor pueda recomponer los platos rotos. (Foto: Kodi Archer, Flickr)

THE ASIAN DOOR: Xiaomi se hace mayor en Europa. Águeda Parra

La publicación de la próxima salida a bolsa de Xiaomi es toda una declaración de intenciones de los planes del actual cuarto fabricante mundial de dispositivos móviles. Una vez que la expansión por Estados Unidos se ha complicado en exceso desde el veto impuesto por la administración Trump a fabricantes chinos, como Huawei y ZTE, la expansión de Xiaomi pasa por abordar los mercados de Europa e India, de ahí su necesidad de crecer saliendo a bolsa.

Con la disputa comercial abierta entre Estados Unidos y China es lógico pensar que no haya sido la bolsa de Nueva York la elegida para realizar la operación, muy al contrario de lo que sucedió con Alibaba que, en 2014 supuso la mayor operación llevada a cabo por la bolsa estadounidense. Cuatro años después, la elección de Xiaomi de realizar la operación a través de la bolsa de Hong Kong pone de manifiesto el empuje que está teniendo la región asiática para liderar este tipo de operaciones entre los titanes tecnológicos chinos. Xiaomi ha pasado de ser una start-up china desconocida en el sector a conseguir crear un gigante de Internet en el mismo plano que Alibaba. Teniendo en cuenta el número creciente de unicornios que nacen en China, es previsible que crezca la rivalidad entre Hong Kong y el mercado estadounidense para liderar este tipo de operaciones.

Prevista para el próximo mes de junio, aunque todavía sin fecha concreta, la operación estaría considerada como la cuarta mayor de la historia de la bolsa de Hong Kong, con la que Xiaomi pretende recaudar 10.000 millones de dólares y alcanzar un valor de mercado entre 70.000 y 80.000 millones de dólares. En su momento, la cotización del gigante del e-commerce, Alibaba, alcanzó una valoración de 231.000 millones de dólares, superando a las grandes tecnológicas estadounidenses como Facebook, con cerca de 200.000 millones de dólares, y Amazon, que alcanzó los 150.000 millones de dólares.

El éxito de la operación permitirá a Xiaomi situarse en el Top3 de las grandes tecnológicas chinas, superando a Baidu y JD, y compartiendo podio con el coloso de la mensajería instantánea en China, Tencent, y el gigante del e-commerce, Alibaba. Junto con Huawei, China tiene dos verdaderas historias de éxito tras el ascenso de Xiaomi a la cuarta posición mundial de fabricantes de móviles. La start-up china, que comenzó a operar hace ocho años, ha pasado a formar parte del grupo de élite mundial que todavía lidera Samsung, y Apple y Huawei, en este orden.

La salida a bolsa de Xiaomi marcará seguramente el inicio de una revolución tecnológica en la industria de los fabricantes de móviles. Su fundador, Lei Jun, pretende situar a Xiaomi en el Top1 en la clasificación de fabricantes en el mercado chino en 10 trimestres. Estos son 2 años y medio en los que el mercado tecnológico chino va a sufrir múltiple variaciones, impulsado, fundamentalmente, por el desarrollo de I+D bajo el liderazgo del programa Made in China 2025, con lo que China alcanzará su verdadero gran “salto adelante” tecnológico.

La filosofía de Xiaomi pasa por utilizar la tecnología para mejorar la vida de las personas, centrándose en la fabricación de teléfonos móviles como negocio principal, aunque el portfolio de empresa también incluye otros productos como purificadores, drones, altavoces y muchos otros dispositivos de consumo que le han permitido crecer estos años. Como parte de esta filosofía, también se incluye no ganar más del 5% en la venta de sus aparatos, todo un reto para sus competidores más directos, una vez que el índice de percepción de calidad de los productos Xiaomi es muy elevado entre sus consumidores. En el caso de los teléfonos móviles, que suponen el 70% de las ventas de la empresa, el beneficio de cada pieza se sitúa en unos 2 dólares, mientras las ganancias de Apple ascienden a 250 dólares por teléfono, y 19 dólares en el caso de Samsung, según datos de Counterpoint Research.

China sigue siendo el principal mercado para Xiaomi, que representa el 58% de sus ventas. Pero India est á revolucionando el mercado de los teléfonos móviles, al situarse como el segundo mayor del mundo, después de China, y superando a Estados Unidos en esta clasificación. En India, Xiaomi ha conseguido superar a Samsung como líder de ventas, aunque la verdadera batalla está prevista que se libre en Europa con un desembarco masivo.

España ha sido el primer país elegido por Xiaomi para lanzar la conquista del mercado europeo de los teléfonos móviles, pero la verdadera conquista se producirá cuando el fabricante chino comience a operar en las 17.700 tiendas de telecomunicaciones pertenecientes a CK Hutchison Holdings Ltd. con quien ha firmado un acuerdo para su expansión por Italia, Reino Unido, Irlanda, Austria, Dinamarca y Suecia.

El reinado de Samsung y Apple parece que pueda estar llegando a su fin, ¿qué nos deparará la nueva época Xiaomi? (Foto: Daredev25, Flickr)

El regreso de la Edad Media. Miguel Ors.

A finales del siglo XV, China concentraba el 25% de la riqueza del planeta y entre todo Occidente no llegábamos ni al 10%. España, Austria y las repúblicas italianas resistían a duras penas el empuje del Turco, que en 1529 se plantaría en las puertas de Viena.

Pero tras las expediciones de Zheng He, la dinastía Ming había ido perdiendo el apetito de aventuras. Sus emperadores, escriben Daron Acemoglu y James Robinson, “se oponían al cambio, buscaban la estabilidad y, esencialmente, temían la destrucción creativa”, el proceso que promueve la innovación al permitir que las empresas más dinámicas desplacen a las menos eficientes. En 1436 hasta se declaró ilegal la botadura de buques de más de dos palos. Por su parte, el sultán Bayezid II prohibiría en 1485 las imprentas.

Todas estas medidas se adoptaron, naturalmente, en el nombre del bien común. Los gobernantes otomanos querían evitar que nadie introdujera ideas indeseables en las cabezas de sus súbditos y los chinos habían visto cómo “los comerciantes se enriquecían y envalentonaban” y querían desterrar la codicia de las relaciones internacionales, que debían regirse por el superior criterio moral de los intelectuales de la corte.

Simultáneamente, en Occidente tenía lugar una explosión científica al amparo de las ideas ilustradas sobre el derecho inalienable de la persona a forjar su propio destino. El triunfo del individualismo liberal, difundido por las revoluciones estadounidense y francesa y las campañas napoleónicas, sirvió de fermento ideológico al capitalismo que, en los siguientes dos siglos, impulsaría la prosperidad como nunca antes se había visto en la historia. En 1980, el G7 acumulaba dos tercios del PIB planetario, mientras que China apenas llegaba al 2% y Turquía se había hundido en la irrelevancia.

Esta divergencia solo ha empezado a corregirse recientemente, en parte debido a la propagación de la tecnología. Cuando un país moderniza su aparato productivo, crece inicialmente mucho más deprisa que las economías punteras y va comiéndoles terreno. Por eso la cuota del G7 en la riqueza mundial ha caído a niveles de 1990.

Pero, a diferencia de culturas como la española, encantada desde siempre de que inventen otros, China ha dejado de importar ideas para incubarlas. “Su mercado de pagos digitales es el mayor del planeta”, advierte The Economist. “Sus equipamientos se exportan a todos los rincones. Dispone del ordenador más rápido. Está construyendo el mayor centro de investigación en computación cuántica”.

Detrás de este esfuerzo se halla, por supuesto, el Estado, pero la disposición a innovar es compartida por toda la sociedad. “[China e India] están llenas de mileniales, de emprendedores que tienen 15 años y están deseosos de experimentar”, dice Alex Liu, presidente de A.T. Kearney. Por el contrario, Europa es “un continente de clases medias envejecidas, conservadoras tanto a la hora de producir artículos como de consumirlos”.

Mientras los chinos se defienden de Uber, Facebook, Amazon o Airbnb creando sus propios gigantes del transporte, las redes sociales, el comercio o la hostelería, en España pretendemos pararles los pies con prohibiciones, como los sultanes otomanos o la dinastía Ming. Y mientras Corea del Sur, Singapur y Japón abrazan con entusiasmo la robótica, aquí nos dejamos aterrorizar por las mismas patrañas que contaban los luditas en la Inglaterra previctoriana.

En 1583 el clérigo William Lee fabricó una máquina de tejer medias y solicitó ilusionado una audiencia con Isabel I. La reina se avino a recibirlo, pero su reacción fue devastadora. “Apuntáis alto, maestro Lee”, le dijo. “Considerad qué podría hacer esta invención a mis pobres súbditos. Sin duda, supondría su ruina, al privarles de empleo y convertirlos en mendigos”.

Hoy sabemos que aquella decisión retrasó probablemente un siglo la Revolución industrial. Resulta por ello sorprendente que sigamos aceptando los mismos argumentos supuestamente éticos que los mandarines de todas las épocas han utilizado para reprimir la capacidad de iniciativa individual y confinarnos en la oscuridad medieval.

THE ASIAN DOOR: Healthy China 2030 y la IA, una pareja de éxito

Xi Jinping ha marcado claramente la senda del desarrollo económico y social del país desde la visión del emprendimiento y la inversión en innovación y desarrollo de I+D. El país más poblado del mundo, y la economía que más rápido crece, afronta uno de los mayores retos como parte de la transición que está abordando hacia una economía avanzada, que no es otro que mejorar el sector sanitario.

Centrarse en la modernización ha sido el primer paso, y utilizar la inteligencia artificial ha sido el modelo elegido para avanzar hacia unos objetivos que se enmarcan en el Healthy China 2030, plan lanzado en 2016 por el Comité Central y Consejo de Estado de China para poner en marcha medidas que den solución a los problemas de rápida industrialización, urbanización, y envejecimiento de la población, tratando de mejorar la esperanza y calidad de vida de la población china.

La herencia histórica de buscar una visión planificada del desarrollo económico hace que los esfuerzos en sanidad estén ampliamente recogidos en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020). A este nivel están identificados, y también cuantificados, los desafíos que afronta China en cuestión de desarrollo económico y social, con objetivos que se revisan, adaptan y, cada vez más, se amplían para dar cabida cada cinco años a los retos más prioritarios para el país.

En la era Xi Jinping, se ha establecido que todas las empresas con ganancia operativa de 20 millones de RMB (algo más de 2,6 millones de euros) deben invertir el 2% de sus ingresos en I+D. Inversión que estará destinada a conseguir en 2020 elevar la esperanza de vida en un año, y reducir el ratio de muertes prematuras por causas mayores en un 10%, poniendo especial énfasis en el tratamiento del cáncer y los problemas respiratorios crónicos.

Combatir la escasa disponibilidad de médicos será posible gracias a la incorporación de la inteligencia artificial (IA), que no solamente ha demostrado su aplicación en áreas como los coches sin conductor y el reconocimiento facial, sino que está siendo la gran aliada en el cuidado de la salud. También ayuda la escasa atención que se tiene en China por la privacidad, haciendo que sea mucho más efectivo el desarrollo de IA al conseguir un mayor número de muestras a comparar. Este gran “salto adelante” tecnológico será especialmente significativo en las zonas rurales, donde se mejorará la capacidad de diagnosis donde el cuadro médico solamente cuenta con 2 médicos por cada 10.000 personas, siendo de 1,5 médicos por cada 1.000 personas en las grandes ciudades, apenas la mitad de las cifras de Estados Unidos.

En el país con mayor número de niños obesos del mundo y pacientes con diabetes, los titanes tecnológicos como Alibaba y Tencent están abanderando que China se convierta en su propio laboratorio de pruebas, implementando herramientas de diagnosis online que hacen más eficiente la labor de los médicos. Mientras tanto, en Estados Unidos las grandes empresas tecnológicas están teniendo una participación e implicación más desigual en este ámbito.

China tiene previsto un gasto de 150.000 millones de dólares en herramientas para la salud hasta 2020, según datos de Bernstein. Entre los proyectos más interesantes destacan el anuncio el año pasado de Alibaba de incorporar la inteligencia artificial para ayudar a los médicos en su labor de diagnosis. La colaboración se realiza a través de la inversión del gigante del e-commerce en la start-up YITU Tech que impulsa la investigación y el desarrollo de la IA para identificar estados iniciales de cáncer de pulmón en colaboración con el Hospital Popular de la provincia de Zhejiang.

En esta carrera también compite Tencent, que anunció poco después el lanzamiento de Miying, un programa de imágenes médicas que ayuda a los médicos a detectar los primeros signos de cáncer en la región de Guangxi, y que está disponible en casi 100 hospitales por toda China. Estos avances son posibles gracias al modelo seguido por Tencent de acumular hasta 13 millones de partners de software y desarrolladores de aplicaciones que crean 25 millones de puestos de trabajo y suponen dividendos de 23 billones de yuanes, algo más de 302 millones de euros.

En el universo WeChat de Tencent también está prevista la venta de seguros online. Durante 2016, el 65% de las nuevas pólizas de seguros se vendieron por Internet, y es una industria que espera crecer hasta los 214.100 millones de dólares en 2021, según datos de la firma de consultoría Oliver Wyman. Aunque China tiene previsto desarrollar la industria médica y crear productos que le independicen de las compañías extranjeras, esto al menos no sucederá a corto plazo, aunque los avances serán significativos. Y tendrá que ser en este tiempo cuando se encuentren las oportunidades de colaboración, antes de que se reduzca por completo la distancia en innovación que separa a China del resto de países con tecnologías avanzadas.

 

INTERREGNUM: Macron marca el camino. Fernando Delage

En enero fue Pekín, en marzo Delhi y, la semana pasada, Canberra. Los franceses no votaron a Emmanuel Macron para hacerle viajar. Pero el presidente tiene claro que, además de revitalizar las instituciones y la economía desde lo que denomina el “centro radical”, la política exterior es una variable central de su agenda. Lo es de forma natural por el concepto que Francia tiene de sí misma. Lo es también—y es lo que importa a nuestros efectos—porque los condicionantes alemanes y el suicidio británico hacen de Macron el único líder posible hoy de Europa. Y pocas cuestiones serán tan determinantes del futuro del Viejo Continente como su respuesta al ascenso de Asia y, en particular, a la irrupción del gigante chino.

El desafío es, a un mismo tiempo, económico, geopolítico e ideológico. Sólo con respecto a la primera dimensión es innegable el papel de la Unión Europea. Mayor bloque económico del mundo, la UE cuenta en este terreno con los instrumentos para articular y ejecutar una posición común. La suma de acuerdos de libre comercio que se han firmado con socios asiáticos—Corea del Sur (2011), Singapur (2012), Vietnam (2015) y, el más importante de todos, Japón (2017)—revela una decidida estrategia hacia una región a la que destina el 35 por cien de sus exportaciones y en la que es uno de los mayores inversores.

China plantea, no obstante, problemas singulares. Las dificultades de acceso a su mercado y las implicaciones de la Nueva Ruta de la Seda explican el gesto sin precedente de que todos los embajadores europeos en Pekín—salvo uno—hayan firmado un escrito denunciado la falta de reciprocidad y la opacidad de las iniciativas de la República Popular. Si lo han hecho es porque no se trata de un simple problema económico: las inversiones chinas en Europa y las implicaciones de la Ruta de la Seda también plantean un dilema estratégico. Y no puede hablarse aquí de una práctica de posiciones compartidas: ante la elección entre oportunidades de negocio y riesgos de seguridad, hay gobiernos que no han dudado en pronunciarse por lo primero, obstaculizando el desarrollo de un mecanismo comunitario de supervisión de las inversiones chinas. De manera parecida, cuando se trata de denunciar acciones chinas contrarias al Derecho internacional, como su comportamiento con respecto a las islas Spratly, o su política de derechos humanos, siempre habrá quien haga inviable una decisión. En un área de acción comunitaria que sigue siendo intergubernamental, Estados miembros como Hungría y Grecia dificultan la formulación de una estrategia de la UE hacia el que es hoy—junto a Rusia—uno de sus mayores retos.

Ante este déficit de la UE, en un contexto global en el que se agrava la pérdida de peso de Europa, Macron ha asumido las riendas. En el terreno geopolítico no ha ocultado sus reservas sobre las ambiciones chinas dirigidas a reconfigurar el espacio euroasiático y, en Australia, acaba de sumarse a la idea de un “Indo-Pacífico Libre y Abierto”; concepto diseñado por las grandes democracias asiáticas—y Estados Unidos—para equilibrar la creciente influencia china. Macron manda así la señal europea que Federica Mogherini, la Alta Representante de la Unión Europea, no puede transmitir, aunque la comparta.

No menos articulado ha sido el presidente francés en la batalla a más largo plazo por las ideas y valores políticos. Entre sus viajes a India y Australia, también visitó Washington y el Parlamento Europeo. Sus palabras en Estrasburgo recogen como pocos documentos recientes los imperativos del proyecto europeo, en unas circunstancias en que éste afronta la doble amenaza interna de populistas y neonacionalistas, y externa de grandes potencias enemigas de la democracia. En la semana que celebramos el Día de Europa, reconozcamos que el Derecho y la retórica multilateralista no son suficientes para sostener una influencia global. La rivalidad geopolítica y la competencia entre distintos modelos de orden político definirán el sistema internacional del siglo XXI. Un político francés de 40 años está marcando el camino. Confiemos en que haya un número suficiente de gobiernos europeos dispuestos a seguirle. (Ilustración: Shinichi Imanaka, Flickr)

Entrevista a Sue Mi Terry: Trump es la razón de que Corea del Norte esté negociando. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Mientras muchos seguíamos cautivados las imágenes del gran encuentro entre los líderes de las dos Coreas, en Washington Trump visitaba por primera el Departamento de Estado desde que tomara posesión de la presidencia para acompañar a Mike Pompeo a asumir formalmente el rol de Secretario de Estado. Pompeo, en su primera alocución después de haber jurado su cargo afirmó “haremos uso de una diplomacia dura”, lo que ha despertado temor entre los analistas de que su concepción de diplomacia sea más bien de uso de la de fuerza en contra de una herramienta más sofisticada para ganar espacios, confianza y credibilidad. También aludió al intrincado conflicto con Corea del Norte y enfatizó que esta Administración, “a diferencias de otras”, buscará resolverlo.

A este respecto 4Asia conversó con la Dr. Sue Mi Terry, considerada la experta número uno en asuntos coreanos. Nacida en Seúl, educada en Estados Unidos, sirvió en la CIA como analista de asuntos coreanos durante más de 7 años, evaluando y produciendo documentos de inteligencia presentados con frecuencia al presidente en sus informes diarios. Formó parte del Consejo de Seguridad Nacional tanto para Bush como Obama y ahora mantiene una actividad académica intensa y publica en los medios más respetados de los Estados Unidos.

¿Cómo se pudo estar al borde de una guerra y ahora en medio de encuentros amistosos colmados de sonrisas y galanterías y que si esto se debía al carácter impredecible de Trump?  Según la experta, “se trata de una combinación de factores; las sanciones que ha reforzado la Administración Trump han jugado un rol importante, ciertamente, así como la dureza y presión máxima que les ha impuesto Trump”. Pero, en su opinión, “Kim Jon-un ha terminado su programa nuclear, que está entre un 90 y un 95% terminado”. Los últimos ensayos, dice, lo han demostrado. “Los 3 misiles intercontinentales lo han probado; y el último de noviembre del pasado año, además, han demostrado que tienen capacidad de llegar a territorio estadounidense. Por lo tanto, Kim Jon-un sabe que este es un buen momento para sentarse a negociar con Trump”.

Asimismo, explica que el hecho de que el presidente de Corea del Sur invitara a Corea del Norte a participar en los Juegos Olímpicos ayudó a cambiar el rumbo de las cosas, pero, insiste, “Kim Jon-un calculó su tiempo; entre la fuerte presión internacional y las duras sanciones que asfixian su rudimentaria economía, él sabía que era el momento de sentarse a negociar. Por su parte el presidente Moon cree profundamente en que la vía de solución al conflicto pasa por la negociación. Ha trabajado mucho y muchos años por esa idea”. Con una larga trayectoria política, señala, activista de derechos humanos, Jefe de Gabinete del expresidente surcoreano Roh Moo-hyun (2003-2008), el presidente ha sido siempre un profundo convencido que las relaciones entre ambas Coreas tienen que normalizarse “y para ello hay que generar un diálogo respetuoso”, explica Terry.

Hemos pasado de no haber visto nunca salir fuera de territorio de Corea del Norte a Kim Jon-un, desde que tomó control del país en 2011, a una visita oficial a China, y luego recibir a Pompeo (cuando aún no había sido oficialmente ratificado) y el encuentro entre las dos Coreas, mientras se habla del encuentro entre Trump y Kim.

¿Cómo es posible que todo esto esté sucediendo tan rápido, sabiendo que en diplomacia todo necesita tiempo, meses de planificación para poder llegar a algún acuerdo?. “Todo se debe a Trump” señala Terry enfáticamente. “Tenemos un presidente muy diferente a lo que estamos acostumbrados en Estados Unidos. Si hubiéramos tenido cualquier otro presidente, republicano o demócrata, no se hubieran sentado a negociar con Kim Jon-un después de un año cargado de tantas provocaciones. A George Bush le fue solicitado varias veces reunirse con Kim Jong-il (el padre de Kim) y no lo hizo.  Pero Trump es un hombre del mundo del espectáculo y los reality shows, le gusta figurar y la cobertura mediática y esta historia le dará exactamente todo eso”. Desde el punto de vista de Corea del Sur, su incentivo es “salir de la situación de amenaza de ataque preventivo” (planteada por Trump).

Explica que los surcoreanos estaban especialmente preocupados de que Estados Unidos realizara un ataque preventivo al Norte del que se estuvo hablando entre noviembre del 2017 y enero de este año, razón por la que estaban dispuestos a acelerar el proceso, y con él, los encuentros.

“Ciertamente, Donald Trump, como candidato y como presidente ha sido diferente. Ha roto hasta con el conservadurismo de familia modelo. No acumula trayectoria política, ni méritos puntuales más allá del de su propio apellido y creación de su fortuna. Acostumbrado a mandar en sus negocios, pone en práctica el mismo modelo de gestión en la Administración pública y en la diplomacia, si es que se puede seguir usando ese mismo concepto”

Pero en esta ocasión, dice, hay que reconocer que esa extravagante forma podría llevarnos por un largo camino que acabe donde mismo hemos pasado ya muchas décadas, con falsas expectativas alimentadas desde Pyongyang mientras gana tiempo y consigue un programa nuclear casi terminado. “La relación ya no es de inferioridad, por el contrario, se pasaría a negociar entre iguales, lo que sube el status de Corea del Norte considerablemente; en pocas palabras, Corea del Norte saldría legitimada”.

Irán: ¿continuismo y revisión?

Continuar o no con el acuerdo con Irán sobre la contención de su programa nuclear firmado por la Administración Obama es una de las decisiones que debe tomar Trump en medio de una gran presión internacional para que lo mantenga y una única invitación a revisarlo por parte de Israel.

Ya el mismo Obama había admitido las limitaciones de ese acuerdo que fue presentado como un mal menor que frenaría el desarrollo del programa iraní durante diez años, pero que no incluye garantías de revisión de las instalaciones ni afecta al programa de misiles cuyas pruebas demuestran que los cohetes podrían llegar a Europa y que están siendo desplegados en sus versiones cortas en Siria con protección rusa.

Como siempre, Europa está instalada en el posibilismo y en la vieja filosofía de que es mejor un acuerdo limitado que un no acuerdo. Y esto alimenta la propaganda iraní llena de amenazas en caso de ruptura y la sugerencia rusa de que no hay uno mejor que sea posible. Desde Israel, que vive con angustia existencial el rearme de Hizbullah (con misiles iraníes) en su frontera norte, se ve de otra manera convencido de que Teherán sigue con sus investigaciones de manera encubierta.

En realidad, la Administración Trump parece querer una revisión para incorporar un mayor control y una cláusula de control del programa de misiles, en lo que en parte estaría de acuerdo Francia y Alemania, pero Teherán no admite ni siquiera la discusión sobre estos puntos. Plantee lo que plantee, Trump tiene garantizada la oposición de gran parte de la opinión pública europea, pero tal vez los riesgos que aparecen por el horizonte no pueden depender de estas opiniones.

THE ASIAN DOOR: El secreto de WeChat para hacerse omnipresente. Águeda Parra

Existe algo más que una “muralla china” entre el ecosistema de redes sociales más populares a nivel mundial y aquéllas que se han creado en China, en principio, como réplicas de las famosas Facebook, Twitter, Google y Amazon. Los gigantes tecnológicos estadounidenses son los referentes indiscutibles en América, Europa, Oceanía y África, pero no es así el caso de China, donde su penetración podría considerarse testimonial, sin ser capaces de superar la muralla del ecosistema digital asiático.

Y hasta ahí llega el parecido. Pero no se trata únicamente de imitación de patrones tecnológicos y modelos de negocio, existe todo un esfuerzo de adaptación a los gustos y a las costumbres chinas al que se ha llegado gracias a una gran capacidad de innovación.

En el universo paralelo en el que se desarrollan las aplicaciones en China, WeChat ha pasado de nacer como una plataforma de mensajería a convertirse en la aplicación omnipresente para las actividades del día a día, ya que cada vez más estas necesidades se desarrollan en un ecosistema digital que está impulsando la economía de consumo del país y donde los nativos digitales chinos encuentran a través de la aplicación todo aquello que necesitan en su vida diaria. De ahí el éxito que ha alcanzado WeChat, conocida como Weixin en China, que ha sufrido un proceso de branding comercial para adaptarse a los mercados internacionales.

La innovación ha sido siempre la gran aliada de Tencent, que lanzó WeChat como aplicación de mensajería instantánea en 2011 y rápidamente alcanzó los 100 millones de usuarios gracias a la facilidad de realizar llamadas de voz y dejar mensajes a través de la aplicación, evitando el tedioso y largo proceso de escribir los caracteres chinos en el Smartphone. El siguiente paso fue incorporar los “Momentos”, con lo que WeChat se convertía en una red social donde los usuarios interactúan con los amigos y contactos incorporando mensajes instantáneos, al estilo de Whatsapp, vídeos, de forma similar a YouTube, e imágenes, que se pueden modificar con filtros al estilo de Instagram. Pero no sólo con amigos, sino también con otros usuarios que estén utilizando la aplicación, y con los que también se puede establecer comunicación, a diferencia del muro de Facebook.

En el universo WeChat se puede realizar casi cualquier cosa que se imagine, desde compras online, petición de taxis, reservas en restaurantes, compra de billetes de transporte, distribución de comida, y alquiler de bicicletas compartidas a través de la empresa Mobike, propietaria de Tencent, con la que el titán tecnológico chino realiza una donación de 1 Yuan por cada 10.000 pasos diarios que realicen los usuarios. Todo ello a través de su sistema de pago por móvil, WeChat Pay que, tras la incorporación de los hongbao digitales, los tradicionales sobres rojos, durante la celebración del Año Nuevo chino, disparó hasta 1 billón de usuarios los seguidores de WeChat.

WeChat Pay, también conocida como WeChat Wallet, es la killer-app del universo Tencent que cuenta con 600 millones de usuarios activos, en competencia directa con Alipay, de Alibaba, que alcanza los 450 millones y que hasta 2014 estaba considerada como el líder del mercado en e-commerce. Aunque Alibaba está liderando la estrategia omnicanal en la distribución de alimentos y la incorporación de la inteligencia artificial a la economía digital en China, el ecosistema de mini aplicaciones residentes en WeChat permite interactuar desde el mismo entorno, sin necesidad de descargarlas, y acceder a los contenidos sin salir de la propia aplicación.

Este continuo proceso innovador en el entorno digital sitúa a WeChat en la quinta posición entre las redes mundiales más populares, por detrás de las estadounidenses Facebook, YouTube, Whatsapp y Facebook Messenger. Pero los ratios de uso muestran una realidad totalmente diferente. Frente a los 22 minutos al día que interactúan los más de 2,1 billones de usuarios de Facebook, más de un tercio del billón de usuarios de WeChat pasan 4 horas diarias, más que el tiempo combinado de los usuarios que utilizan Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter juntos.

La peculiaridad del entorno digital chino no está siendo impedimento para que Tencent y Alibaba sean pioneras en traspasar la “muralla china” hacia los mercados occidentales. WeChat lo utilizan más de 100 millones de usuarios fuera de China, principalmente expatriados, de los que más de 5 millones son trabajadores que residen en Sudáfrica. El hecho de que Facebook, Whatsapp, Twitter, Instagram y Snapchat esté restringido en China obliga a las empresas extranjeras a ser parte de los ecosistemas digitales del país para descubrir oportunidades de negocio viables en el mercado chino. (Foto: Flickr, Shankar S.)