¿Es mejor una dictadura para combatir una epidemia?

Al calor de la crisis creada por el coronavirus COVID-19 se ha instalado un debate perverso: ¿Está demostrando China mayor eficacia en el combate contra el coronavirus? Y, a continuación, ¿Está una dictadura, capaz de imponer medidas sin límites ni protestas, más preparada que un sistema de derechos y libertades para hacer frente a una emergencia?

Hay, como reflejo colectivo europeo y desde luego en España, una aspiración al caudillismo, un deseo de transmitir a los Estados la  responsabilidad de todos los problemas y la atribución a otros de las responsabilidades. Este reflejo, por cierto, es hábilmente utilizado por los enemigos del liberalismo que argumentan la prioridad de las causas colectivas, identificadas por ellos, frente a las individuales. Y esta crisis sanitaria ha aflorado este reflejo estimulado por la Organización Mundial de la Salud con algunos columnistas y medios de comunicación. Estos han embellecido la gestión de China y ocultado las zonas más oscuras de esta gestión.

Pero, veamos. China ocultó durante más de un mes los datos que tenía y envió a la cárcel a médicos denunciaron la situación, “por alarmismo” (algunos han muerto infectados por el coronavirus). Una vez reconocida la evidencia, China  mantuvo poca transparencia con los organismos sanitarios internacionales, con lo que fue más difícil medir la gravedad y compartir experiencias. Y una vez desbordado por los datos, el gobierno chino actuó con brutalidad en nombre de la eficacia: construcción de hospitales empleando militares y trabajadores en turnos de 18 horas, movilización de médicos con idéntico horario, retención de millones de ciudadanos y desplazamietos obligados de otros. Es decir, China ha actuado, tras sus propios errores con una brutalidad con pocos precedentes. Incluso en el caso de que haya resultados que pudieron obtenerse antes, defender esa gestión es miserable… y peligroso.

Especialmente grave es la apología de esas medidas por parte de la Organización Mundial de la Salud que llega avalada por el carácter experto de sus responsables. En realidad, la OMS tiene mucho de monstruo burocrático del que viven muchas personas, lo que distorsiona a veces sus informes que deben ser analizados con precaución, así como la procedencia integral de su financiación.

En todo caso, cualquier medida de emergencia general es más eficaz si está asentada en la admisión general, en la comprensión de la necesidad de tomarla más que en la coerción, aunque esta sea necesaria. Y China no ha sido precisamente un ejemplo.

Corea del Norte en medio de la crisis del COVID-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

Mientras la mayoría del planeta se centra en combatir el coronavirus que ya lleva más de 100.000 infectados y supera los 3.000 decesos a nivel global, surge la incógnita. ¿Y Corea del Norte? Es un país que comparte fronteras con China, país de origen del COVID-19 y con el mayor número de infectados del mundo, y Corea del Sur, el vecino que ha respondido más agresivamente a la crisis con laboratorios temporales en las calles y que ha podido hacer casi 160.000 pruebas a día de hoy.

Corea del Norte, enclavado en medio del brote de la epidemia, no ha reportado ningún caso aún, lo que es curioso, partiendo de que su principal socio es China y cuyos intercambios, tanto de mercancías como de personas, son constantes. Aunque Pyongyang fue rápido y astuto y se cerró herméticamente. La primera medida fue cerrar las fronteras, así como todos los lugares públicos de visitas masivas; cerraron los colegios por un mes, suspendieron actividades turísticas y pusieron en cuarentena a extranjeros y nacionales que habían estado en el exterior. Probablemente las medidas son sensatas frente a un brote como el que hemos visto, pero que para un régimen como el norcoreano son fáciles de ejecutar debido al nivel de control que tienen de todos los sectores de la sociedad.

“Corea del Norte no está preparada para una emergencia médica como la del COVID-19. Con un sistema de salud tan precario, que carece de inversión pública, lo hace más vulnerable a un brote de este tipo que ningún otro país del mundo”, afirma Sue Mi Terri (experta en asuntos coreanos y miembro de Centro para los estudios internacionales y estratégicos en Washington D.C.).

Mi Terri explica cómo las condiciones del país, en el que el 43% de la población, unos 11 millones de habitantes, están malnutridos, lo hacen más vulnerables a contraer infecciones y cualquier tipo de enfermedades. Como si eso no fuera suficiente, Corea del Norte es el país que invierte menos en infraestructuras sanitarias en el mundo, menos de 1 dólar por habitante por año. Asimismo sostiene que más de la mitad de los hospitales en la nación no cuentan con acceso a agua corriente, ni condiciones sanitarias mínimas y las redes eléctricas del país han decaído tremendamente, por lo que la electricidad es intermitente hasta en los hospitales.

Por su parte, los medios de comunicación estatales norcoreanos han reportado extensamente sobre el brote de COVID-19, así como han intentado educar a la población para prevenir la infección. El aparato de propaganda del régimen es muy astuto, sabe como llegarle a la población, conoce profundamente sus debilidades y sabe cuales es la situación doméstica sanitaria y el pavoroso escenario en el que se encontraría si hubiera un brote del virus allí.

Mientras tanto, Pyongyang ha aprovechado los canales diplomáticos para pedir apoyo. Así lo hizo con la Cruz Roja Internacional, Médicos sin fronteras, Organización Mundial de la Salud, y otras organizaciones de esta naturaleza.

Cruz Roja y Media Luna Roja recibieron una exención de las sanciones de Naciones Unidas, impuestas a Corea del Norte por la Resolución 1718 (2006) del Consejo de Seguridad lo que permite la provisión de apoyo vital para proteger a las personas de la propagación del COVID-19, de acuerdo con la página oficial de la Cruz Roja publicado el 24 de febrero.

El pasado 20 de febrero Radio Free Asia reportó que en un hospital de la ciudad de Chongjin, al norte del país, se había incinerado 12 cuerpos de pacientes que habían fallecido de enfermedades respiratorias. El caso llamó la atención puesto que no es costumbre en Corea del Norte cremar los cuerpos. Sin embargo, esta información no ha sido posible verificarla.

Con casos o sin casos de contagios del COVID-19 en Corea del Norte, lo que sí se puede predecir es el impacto económico que tendrá en la economía norcoreana. Con las duras sanciones impuestas tanto por Naciones Unidas como por los Estados Unidos, la importación de casi todos los productos está prohibida.  China y Rusia habían sido los aliados que les habían ayudado a burlar un poco las sanciones, pero durante el cierre total de fronteras estas prácticas no han podido llevarse a cabo, lo que dificultará más aún la adquisición de alimentos y productos de primera necesidad.

En medio de esta tremenda crisis, Kim Jon-un decidió lanzar dos misiles el pasado 2 de marzo, que de acuerdo con los análisis de expertos fueron lanzados tan sólo con 20 segundos de diferencia entre uno y otro y con un alcance de 240 km. Su destino fue el mar de Japón. Es muy significativo que el lanzamiento se ejecute a tan sólo días de que Washington y Seúl hayan cancelado sus maniobras militares anuales y después que Corea del Sur informara de más de 20 casos de contagios en sus filas militares.

La lógica de Kim nunca ha sido congruente con la lógica de Occidente. Pero el mensaje de estos misiles es muy difuso. En un momento de tal dificultad interna, regional y global, busca hacerse sentir a través del miedo que infunda en la comunidad internacional, mientras pide ayuda a las ONGs sanitarias, lo que lleva consigo levantamiento temporal de sanciones. No cabe duda de que los dictadores saben bien como usar el terror para conseguir sus objetivos.

INTERREGNUM: Malasia y Tailandia: nueva marcha atrás. Fernando Delage

En una misma semana, los dos países del sureste asiático que parecían haber corregido el pesimista pronóstico sobre la regresión de la democracia en la región, han vuelto sin embargo a confirmarlo. Maniobras partidistas en Malasia y una resolución del Tribunal Constitucional en Tailandia revelan, en efecto, que ni la mayoría malaya en el primer caso ni las fuerzas armadas en el segundo, quieren un verdadero gobierno pluralista.

Las elecciones de mayo de 2018 en Malasia supusieron la derrota, por primera vez desde la independencia en 1957, de Barisan Nasional, la gran coalición que representa los intereses de la comunidad malaya (cerca del 70 por cien de la población). Un nuevo bloque, liderado de manera llamativa por el antiguo líder de la alianza malaya—y primer ministro de 1981 a 2003—, Mahathir Mohamed, ganó los comicios con la defensa de un programa multirracial y la denuncia de la corrupción gubernamental. Esta primera alternancia en el poder fue interpretada como una señal de que, pese a la persecución de la oposición durante años anteriores o la restauración—en 2012—de una draconiana ley de seguridad, la democracia malasia no había muerto del todo.

Tras tomar posesión primer ministro, esta vez con 92 años, Mahathir prometió la cesión del cargo tras un periodo de transición a su antiguo protegido, Anwar Ibrahim. Sin haber cumplido su promesa, el 24 de febrero anunció su dimisión, provocando la ruptura de la coalición ganadora en 2018. Sin entrar en sus motivaciones (sólo se puede especular sobre ellas), la consecuencia de su decisión ha sido un cambio en las mayorías en el Parlamento. Y, aunque no pueda descartarse la convocatoria a corto plazo de elecciones anticipadas, los partidos de afiliación malaya han vuelto a hacerse con el poder. Las comunidades china e india (que suman el 30 por cien restante de la población) han dejado de verse representadas por el gobierno, del que cabe prever asimismo el regreso a una política de islamización que, a su vez, ahuyentará la inversión extranjera, la mayor parte de la cual es de origen chino.

Entretanto, en Tailandia, donde después de dos golpes de Estado—en 2006 y 2014—, también parecía haberse recuperado la senda democrática con la convocatoria de las elecciones de marzo de 2019, el Tribunal Constitucional ha disuelto el Future Forward Party, y ha inhabilitado a sus líderes durante 10 años. Para sorpresa de los militares, que redactaron una nueva Constitución a su medida, este grupo político logró 81 escaños. Como tercera mayor fuerza parlamentaria, ha sido percibido como una amenaza para el poder de las fuerzas armadas. No es la primera vez que el Tribunal interviene de manera directa en la vida política nacional, lo que obliga a dudar de nuevo de la consolidación de la democracia tailandesa.

El escenario continúa abierto, sin embargo, en ambas naciones. Chinos, indios y activistas malayos no renunciarán sin más a su participación en el proceso político. En Tailandia, otro tanto ocurrirá con los jóvenes que apoyaron al partido ahora disuelto por, entre otras razones, su posición contraria a la presencia del ejército en el gobierno. Su reconversión en movimiento social augura una previsible etapa de inestabilidad.

Entrevista: Yongbin Yao, Director Oficina de Turismo de China en España. Carla Flores

Es cierto que la delicada situación que se está viviendo en la provincia china de Hubei no invita mucho a pensar en estos momentos en China como país emisor de turismo. Sin embargo, al igual que allí se esfuerzan con ahínco por volver a la normalidad cuanto antes, nosotros, en España, también debemos seguir trabajando en aras de atraer a estos turistas y consolidar así la tendencia creciente de los últimos años. Por ello, hemos entrevistado al Sr. Yongbin Yao, director de la Oficina de Turismo de China en España, para conocer su punto de vista sobre algunas de las principales cuestiones relacionadas con el turismo chino y nuestro país.

¿Cuál es la situación actual del turismo chino en España? El pasado año, España recibió unos 700.000 turistas chinos, ¿cree que aumentará la cifra en 2020?

Efectivamente. De acuerdo con los datos de Frontur, ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística de España, en 2019, 669.108 turistas chinos visitaron el país. Esto supone una cuota del 0,8% en el mercado español de turismo internacional y, además, ha constatado una tendencia de crecimiento continuo desde el año 2012.

A medida que se incrementa la renta per cápita, muchos chinos van haciendo realidad su deseo de conocer el mundo, lo cual ha convertido a China en el mayor mercado de turismo emisor en el mundo. No obstante, es posible que para el 2020 la cifra de turistas provenientes de China se vea afectada por el reciente brote de coronavirus.

¿Cuáles serían, según su opinión, los aspectos en los que España debería trabajar para atraer a más turistas chinos? ¿Qué podríamos hacer y no estamos haciendo?

En primer lugar, sería aconsejable ajustar el marketing para adaptarse a las características de los turistas chinos. Los productos que sepan orientarse a las necesidades de estos turistas, tendrán seguramente mayor participación en el mercado. China y España difieren mucho en cultura y costumbres de consumo, y es lógico que los turistas chinos presenten características diferentes a las de los turistas de otros países. Por ejemplo, para los viajeros chinos, la compra sólo constituye una parte del viaje. También muestran gran interés en paisajes naturales, patrimonios culturales y gastronomía local. El mercado turístico español, para competir con otros mercados europeos, quizá necesitaría hacer un marketing diferenciado, dando a conocer a los chinos las características diferenciales y las peculiaridades insustituibles del turismo español.

Además, a pesar del aumento del porcentaje de personas que viajan por cuenta propia (FTIs), los chinos aún prefieren viajar con agencias para viajes largos. En este aspecto, es satisfactorio ver un aumento repentino de itinerarios semi-guiados más personalizables y flexibles y, al mismo tiempo, viajes de alta gama con recorridos en profundidad para grupos más reducidos de turistas. Además, algunos viajeros chinos han mostrado un fervor turístico por conocer mejor España alargando su estancia o repitiendo su viaje. Es más, ciertas agencias de viaje chinas online están colaborando exitosamente con operadores turísticos españoles.

Otro punto a tener en cuenta es que los chinos toman la decisión de viajar bajo la influencia de familiares, amigos y redes sociales. En China, los comentarios de familiares y amigos suelen ser más importantes que las promociones de las agencias de viaje, así como los comentarios y opiniones de influencers en plataformas sociales como WeChat, que también afectan mucho en la decisión de los viajeros chinos. Esto requiere un marketing prioritario a través de las redes sociales y los medios de comunicación, que priorizan las experiencias turísticas y convierten a los viajeros en comentaristas de referencia.

En segundo lugar, es necesario dar solución a las principales preocupaciones de los turistas chinos. Como España es un país lejano, los chinos, antes de viajar, suelen hacer mucho estudio e investigación, y ciertas preocupaciones influyen directamente en su decisión. Los turistas chinos se preocupan primero por si es fácil conseguir el visado. En este aspecto, notamos que los centros de solicitudes de visados españoles en China están ofreciendo servicio de calidad, aunque aún podría mejorar en cuanto a la facilitación y la eficiencia de la tramitación. Las informaciones turísticas acertadas también son de mucha importancia. Hablamos dos idiomas totalmente diferentes, por tanto, las informaciones bien traducidas en chino mandarín ayudarán mucho a los turistas, antes y durante el viaje, a sentirse como en casa. En este sentido, los departamentos administrativos y los lugares turísticos españoles han hecho muchos esfuerzos y esperamos que en el futuro los idiomas no sean un obstáculo para los turistas chinos. La seguridad también es algo que preocupa. En España, a pesar de que en general no suele haber problemas, se ha observado una alta incidencia de robos y atracos a los turistas.

¿Podría mencionarnos algún ejemplo de buenas prácticas en relación al turismo chino en España?

Las buenas prácticas son muchas: lugares como el Palacio Real, el Museo Nacional del Prado, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, la Sagrada Familia, La Alhambra, Casa Batlló, entre muchos otros, cuentan ya con audioguía en chino. Establecimientos comerciales como El Corte Inglés, Las Rozas Outlets Village disponen ya de dependientes que hablan chino y aceptan formas de pago habituales de los turistas chinos como Unionpay y Alipay. Los Aeropuertos de Madrid y Barcelona ya tienen señalética en chino. Cada vez son más los hoteles que equipan sus habitaciones con hervidores de agua. Las celebraciones y adornos festivos en las calles con motivo del Año Nuevo Chino por parte del Ayuntamiento de Madrid y de la Comunidad de Madrid hacen que los turistas chinos se sientan como en casa. Un caso especial es Zaragoza, que consiguió un singular aumento en la cifra de turistas chinos: 6.000 en 2014, 80.000 en 2019.

¿Es relevante y merece la pena para los establecimientos turísticos españoles la obtención del sello China Outbound Tourism Quality Service Certification?

Es una certificación de calidad de servicio para proveedores turísticos extranjeros y se trata de un proyecto no lucrativo para promover la transformación y mejora de su servicio turístico orientado al mercado chino. Los establecimientos turísticos españoles pueden elegir voluntariamente si obtenerla o no, según sus necesidades propias.

¿Qué busca el turista chino?

Según una encuesta reciente, el 86% de los turistas chinos que viajan a España lo hacen para pasar unas vacaciones tranquilas; aunque el turismo de negocios también ha incrementado a lo largo de los últimos años, representando el 10% de los motivos de viaje. Los destinos turísticos más populares son Cataluña, Madrid y Andalucía. Entre los turistas chinos que vienen a España, cada vez hay más gente joven que cuenta con una mejor formación educativa y cuyas actividades turísticas de preferencia son las compras y las visitas culturales. Solamente un 25% de los turistas chinos escogen el turismo de sol y playa.

¿Qué opina sobre la reciente adquisición de Thomas Cook por parte del Grupo Fosun? ¿Podría esta adquisición contribuir a una mayor llegada de turistas chinos a nuestro país?

La adquisición de la marca Thomas Cook es una decisión estratégica propia del Grupo Fosun, la cual permite a la compañía china expandir su línea de negocio en el sector turístico. El intercambio turístico entre China y España presenta una tendencia incremental, pero una sola adquisición comercial quizá no influya demasiado en el comportamiento del turismo chino en España en general.

THE ASIAN DOOR: Myanmar consolida la influencia de China en el Índico. Águeda Parra

Después de que las potencias extranjeras se hayan referido a la expansión de la nueva Ruta de la Seda, la gran iniciativa geopolítica de este siglo, como una “trampa de deuda”, por el alto nivel de endeudamiento al que pueden verse sometidos algunos países, y hayan resaltado los problemas de sostenibilidad medioambiental que puede generar un desarrollo masivo de infraestructuras, China ha decidido encaminar la iniciativa hacia una segunda fase más sostenible. Después de siete años desde que se anunciara la mayor apuesta de la diplomacia china en busca de la expansión de su influencia entre Oriente y Occidente, China busca encaminar la iniciativa a una consolidación de las relaciones bilaterales con los países adheridos a través del despliegue de nuevos proyectos.

La visita de Xi Jinping a Myanmar, la primera de un presidente chino a la región desde 2001, responde a este nuevo enfoque de ensalzar la relación entre ambos países y de enfatizar el carácter geoestratégico que tienen las inversiones chinas en el país vecino, donde la ventaja para China es la salida preferente al Océano Índico donde podrá rivalizar con la potencia hegemónica de la región, India. Desde la última visita de un dirigente chino, la relación entre ambos países ha avanzado hasta situar al gigante asiático como el mayor socio comercial de Myanmar, lo que refuerza la relación económica de los dos países que comparten más de 2.200 kilómetros de frontera, la tercera más larga después de la que existe con Rusia y Mongolia.

La ocasión lo merece, la conmemoración de los 70 años de relaciones diplomáticas, la más larga que mantiene la República Popular de China, se ha celebrado con la firma de 33 acuerdos que refuerzan la colaboración en el desarrollo de proyectos de infraestructuras dentro de la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, y con el acuerdo de impulsar el Corredor Económico China-Myanmar. Una ruta alternativa al Corredor Económico China-Pakistán que enlaza con China a través de la provincia de Xinjiang y donde la autopista que conecta ambas regiones atraviesa zonas con una altitud de 4.714 metros, una zona más expuesta a las inclemencias del tiempo y poco segura para el transporte de petróleo y otras mercancías.

Como mayor inversor y socio comercial del país, China busca con estos proyectos reforzar la colaboración económica, pero también su influencia política y estratégica en el golfo de Bengala y el Mar de Andamán. De los acuerdos firmados, cuatro son los que mayor impacto van a tener en la búsqueda de China por conseguir mayor suficiencia energética y ampliar su influencia en el Sur de Asia y el Sudeste Asiático, conectando sus provincias del interior sin salida al mar con una vía que las comunica directamente con el Índico. De los cuatro proyectos, la prioridad es impulsar el estancado puerto de Kyaukphyu, la joya de la corona, situado en el golfo de Bengala, con el que China tendría de facto acceso al Índico y con el que aspira a cambiar la dimensión geoestratégica de su presencia en la zona, compitiendo frente a frente con India en su zona de influencia hegemónica.

Myanmar ha conseguido reducir el coste del proyecto de 7.000 millones de dólares a 1.300 millones de dólares, bajando la participación china del 85% al 70%. Una medida que mejora la viabilidad del proyecto y que reduce la posibilidad de que Myanmar se vea inmersa en una trampa de deuda. Asimismo, el consorcio chino responsable de su construcción encargó a una empresa canadiense a finales de 2019 una evaluación del impacto ambiental y social del proyecto como medida para recabar mayor apoyo y cumplir con los requisitos de protección medioambiental sobre los que el gobierno de Myanmar está prestando especial atención. El desarrollo del puerto de aguas profundas de Kyaukphyu forma parte de la zona económica especial del estado de Rakhine, epicentro del conflicto con los Rohingya, es parte del collar de perlas desplegado por China por todo el Índico, y además es origen de dos oleoductos de gas natural y de petróleo que sirven parte de su producción hasta la ciudad china de Kunming, en la provincia de Sichuan. De esta forma, China se asegura un abastecimiento más seguro de las fuentes de recursos energéticos del Índico, por donde circula el 60% del abastecimiento mundial de petróleo y donde transita el 85% del tráfico de contenedores del mundo, sin necesidad de pasar por el cuello de botella que supone el estrecho de Malaca, punto estratégico que podría cerrarse en caso de conflicto o de desastre natural.

Del resto de cuatro proyectos más significativos destaca la construcción de una autopista entre la frontera norte de Myanmar con la zona sur de China hasta la ciudad de Mandalay, que podría extenderse hasta la costa sur del país. El tercero de los proyectos es la construcción de la “nueva ciudad de Rangún”, al lado de la antigua capital, mientras el último de los cuatro grandes proyectos sería el establecimiento de una “Zona de Cooperación Económica Fronteriza” situada entre Muse, en el norte de Myanmar, con la ciudad china de Ruili. Proyectos que enmarcan una nueva etapa en las relaciones de China con uno de los vecinos con los que siempre ha mantenido una estrecha relación y cuyo apoyo ha sido crucial en casos como el conflicto con la etnia Rohingya. Un amigo y también socio que le permite a China impulsar su influencia en el Océano Índico.

El coronavirus en Xinjiang. Nieves C. Pérez Rodríguez

Comenzamos el tercer mes del año y el coronavirus –COVID 19- ocupa más espacios en los titulares y noticieros del mundo que hace un par de semanas. La crisis sanitaria sigue expandiéndose por todos los continentes con un número de infectados en crecimiento, aunque proporcionalmente el número de decesos sigue siendo bajo, y en su mayoría son individuos con una condición médica comprometida que les hace mucho más vulnerables frente a cualquier virus.

En China, los números oficiales muestran una caída de infectados y las autoridades insisten en tener la situación controlada. Sin embargo, el número de contagios fuera de China podrían demostrar que los datos facilitados por Beijing nunca fueron fiables. Así como se pone en cuestión el método de diagnóstico empleado.

El virus de Wuhan se ha extendido también por otras provincias chinas, entre ellas Xinjiang, la región autónoma de los uigures que de momento cuenta con 76 casos confirmados, de los cuales 62 se han recuperado, 21 casos continúan y 3 decesos, según datos del Instituto John Hopkins -que son actualizados al minuto-.

En una rueda de prensa organizada en Washington D.C. por el “Proyecto de derechos humanos de los uigures” -UHRP por sus siglas en inglés-, a la que asistió 4Asia, fueron presentados fotos y videos que evidencian el estado de desesperación de los habitantes de Xinjiang ante las excesivas medidas a las que los locales están siendo sometidos. Medidas como precinto de las puertas de las viviendas, junto con carteles en chino, kazajo y en uigur exhortando a los residentes a descansar en casa y permanecer saludables. 

Esta región fue puesta en cuarentena el 24 de enero, después de que se conocieran al menos 2 casos del COVID-19 en Ürümchi, la capital económica y política de la región de los uigures. “La cuarentena se declaró y se impuso simultáneamente, por lo que la población no tuvo tiempo a prepararse y almacenar alimentos. En medio de este aislamiento, los locales se han visto obligados a permanecer encerrados sin suministros e insumos, y sin un plan de distribución, tal y como se ha visto en otras ciudades chinas, donde se hace entrega a domicilio de medicinas y víveres”, afirma la doctora Elisa Anderson, investigadora de la UHRP.

En uno de los vídeos que presentaron se ve un hombre de unos 30 a 40 años que grita que tanto él, como su mujer y su hijo tienen hambre y mostrando una desesperación agónica se golpea contra un poste de luz. También mostraron un grupo de fotos que prueban como las puertas de las viviendas han sido precintadas.

En este evento participó la Dra. Maya Mitalipova, investigadora del Instituto para Investigación Biomédica de Boston, que cuestionó la información oficial china, basándose en la rapidez de contagio que se ha podido constatar afuera de China. Y sobre todo se mostró preocupada por los “centros de reeducación” que tiene Beijing en Xinjiang y las paupérrimas condiciones sanitarias que han descrito algunos de los internados que han podido salir al exterior.

4Asia conversó con la Dra. Mitalipova sobre cuál es su pronóstico del coronavirus en Xinjiang y esto fue los que nos dijo: “el mejor ejemplo es el del edificio en Wuhan donde se sabía de un individuo contagiado que permaneció aislado en su vivienda, y en un término de 2 semanas 700 residentes de ese edificio fueron contagiados, sólo en dos semanas. Este caso se puede trasladar a los campos de detención de Xinjiang; si una persona contagiada, como un guardia de seguridad, en tan sólo dos semanas tendríamos miles, insiste, miles de infectados. Si a la infección del COVID-19 se le suma las condiciones dentro de estos campos como ausencia de agua corriente, falta de asistencia médica apropiada, ausencia de medicamentos, mala nutrición de los detenidos y sin temor a especular un sistema inmunológico bastante débil por el mismo estrés bajo al que están sometidos allí, y la falta de descanso y sueño, todo eso es el peor caldo de cultivo para acabar con miles de casos de infección, muchos de ellos graves y sin dudas muchos fatales”.

La Dra. Mitallipova explicó que la mayor parte de estos centros están en las ciudades o pueblos del sur, debido a que en esta área se han mantenido mucho más las prácticas tradicionales uigures que en el norte. Sobre todo, en ciudades como Hotan, Kaxgar, Aksa o Turpan, lo que en su opinión obedece a un intento de acabar con el idioma y las tradiciones musulmanes históricas que ha mantenido esta minoría viva durante siglos. Desafortunadamente no se conocen datos de estos lugares en concreto y menos aún de los centros de detención, afirma.

Obviamente no se puede culpar a Beijing del virus, pero si debemos y podemos cuestionar cómo han manejado esa crisis y de manera especial denunciar que estén precintando viviendas para asegurarse de que los ciudadanos permanezcan en cuarentena, sin tener previsto un plan de distribución de alimentos, pues al final la desesperación por hambre será mayor que la sensatez a permanecer aislado frente a un virus altamente contagioso.

INTERREGNUM: Ante la revolución digital. Fernando Delage

La redistribución de poder económico y político es la principal causa de la dinámica de rivalidad en curso entre las grandes potencias. Estas intentan defender sus intereses y maximizar su influencia mediante el desarrollo de sus capacidades defensivas y la construcción de alianzas estratégicas en el terreno militar, y mediante acuerdos de libre comercio o la imposición de sanciones en la esfera económica. Estos instrumentos tradicionales del poder estatal se están viendo desplazados, sin embargo, en el nuevo tablero de juego global. En el siglo XXI, el espacio más disputado será el ámbito digital y de la información, en el que Estados Unidos y China ya libran una intensa competición.

La cuestión de qué país dominará la tecnología 5G es probable que sea solo la primera batalla en una guerra tecnológica de mucho mayor alcance, con implicaciones para la economía y la gobernanza global, el acceso a la información e, incluso, el conflicto militar. Hasta la fecha, Estados Unidos ha optado por actuar unilateralmente, presionando a sus socios y amigos para que asuman sin más su posición y sus estándares tecnológicos. Para sus más cercanos aliados, Europa y Japón, lo que está en juego, no obstante, es el futuro de su soberanía económica e industrial.

El temor a convertirse en una “colonia digital” es tan real que la nueva Comisión Europea apenas ha tardado dos meses en dar forma a un Libro Blanco sobre inteligencia artificial y la economía de datos, hecho público el pasado 19 de febrero. Estados Unidos y China suman entre los dos la práctica totalidad de las inversiones mundiales—y el 85 por cien de las patentes—en inteligencia artificial, sólo seguidos por Reino Unido—ya fuera de la UE—e Israel. Bruselas, que prefirió durante estos años dar prioridad a la protección de datos personales, se ha visto superada por estos dos gigantes, cuyas empresas custodian más del 90 por cien de los datos europeos.

Situarse en primera línea de la próxima revolución no será fácil: ni por recursos ni por aproximación. Antes que desarrollar una tecnología propia, la tentación europea es convertirse ante todo en regulador, pero las reglas se han visto superadas por los algoritmos. Y crear una nube europea tampoco servirá para competir en todos los ámbitos. El Libro Blanco, por ejemplo, no hace referencia alguna a la aplicación de la inteligencia artificial al mundo militar, asunto sobre el que China y Estados Unidos—también Rusia—ya cuentan con sus respectivas estrategias.

La UE ha comenzado en cualquier caso a comprender las profundas implicaciones de la era digital; en particular el peso de los datos en la actividad económica del futuro. La rivalidad entre Estados Unidos y China al respecto no hace sino extender el desafío, ante el riesgo de un proceso de desglobalización que conduzca a dos ecosistemas tecnológicos separados—como lo estarían también en cuanto a sus infraestructuras y comercio—liderados, respectivamente, por Washington y Pekín. Evitar ese resultado debe ser un objetivo estratégico prioritario del Viejo Continente, como también de Japón. Ambos extremos de Eurasia cuentan así con un motivo más para acelerar su colaboración en el marco de la asociación de conectividad que acordaron el pasado otoño.

Turquía, Rusia y Estados Unidos

El repunte en la interminable guerra siria, la maldición de los conflictos mal resueltos, amenaza con desestabilizar la Unión Europea siempre tensa y siempre divida ante la cuestión migratoria, y, además, profundizar la crisis de identidad de la OTAN donde uno de sus miembros, Turquía (no precisamente un  modelo de lealtad hacia los aliados en sus relaciones con Rusia) ha sido atacado precisamente por el gran aliado de la región en la zona: Siria. Turquía pide apoyo de la alianza militar occidental mientras presiona con inmigrantes a otro aliado, Grecia, y la crisis está servida.

Pero, sobre el terreno sirio, el enfrentamiento militar tiene claves estratégicas. El teatro de operaciones, la esquina noroccidental de Siria, donde quedan restos de resistencia contra el gobierno de Bashar al Assad, contiene elementos claves fundamentales. Hay sobre el terreno unidades militares de dos fracciones enemigas entre sí y, a la vez, enemigas del Gobierno: restos del Daesh y grupos de población turcomana siria (pero aliada de Turquía); la zona esta recorrida por dos carreteras que unen la costa siria (donde están las instalaciones rusas de Tartus y Latakia) con Líbano y Turquía y, desde sur de Alepo parte la  principal ruta de abastecimiento de Irán, aliado del gobierno sirio, a los terroristas libaneses de Hizbullah vigilada y bombardeada con frecuencia por Israel. Este escenario revela la importancia para Europa y para toda la región de quién lo controle. Ni que decir tiene que la ausencia de Estados Unidos de esta nueva situación añade incertidumbres.

Claro que esta ausencia no es del todo inocente. Turquía ha venido estrechando lazos con Rusia adquiriendo tecnología militar rusa y poniendo en peligro secretos militares de la OTAN, a la que Turquía pertenece. La fisura entre Ankara y Moscú, tras la muerte de varias decenas de soldados turcos, puede volver el péndulo turco hacia occidente, es decir, hacia Estados Unidos.