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INTERREGNUM: La tragedia birmana. Fernando Delage

Cuando se cumplen dos meses del golpe de Estado en Birmania, la represión del ejército ha matado a más de 530 personas y arrestado a varios miles. Las fuerzas armadas se enfrentan a una sociedad que demanda la restitución del gobierno elegido en las urnas el pasado mes de noviembre, pero también a las minorías étnicas que han retomado su actividad insurgente. Ante el recrudecimiento del conflicto, el país no sólo va camino de convertirse en un desastre humanitario, sino también en objeto de competición geopolítica.

Al compartir frontera con China, India, Bangladesh, Laos y Tailandia, un enfrentamiento civil en Birmania puede desestabilizar la región en su conjunto. Sin embargo, en vez de articular la respuesta multilateral necesaria para prevenir un aluvión de refugiados entre sus miembros, la ASEAN aparece dividida. Por diferentes motivos, las divergencias entre las naciones del sureste asiático complican igualmente las posibles acciones de las grandes potencias, cuyos intereses obligan a descartar asimismo la posibilidad de una acción concertada por parte de las Naciones Unidas. Washington y Pekín afrontan el conflicto desde la perspectiva de su rivalidad, mientras que en India se impone como prioridad la seguridad de sus provincias del noreste, y Japón se ha limitado a suspender su ayuda financiera. Quien ha irrumpido de manera llamativa en este vacío diplomático ha sido Rusia, tradicional vendedor de armamento a Birmania.

En los actos convocados el 27 de marzo con motivo del Día de las Fuerzas Armadas, el invitado extranjero de mayor nivel con que contaron los militares birmanos fue el viceministro ruso de Defensa, Alexander Fomin. Moscú, declaró el general Fomin, “mantiene como objetivo estratégico el reforzamiento de las relaciones entre los dos países” y considera a Birmania como “un aliado de confianza y socio estratégico en el sureste asiático y en Asia-Pacífico”.  Aunque no han faltado los análisis que encuentran paralelismos con la decisión rusa de prestar apoyo militar al presidente sirio, Bashar al-Assad, para orientar la evolución de la guerra civil a su favor, cuando menos cabe observar la habilidad de Moscú para intervenir allí donde pueda para debilitar todo proceso democrático y, de esa manera, restringir el margen de maniobra de Occidente.

Como ha resumido Michael Vatikiotis en Asia Times, “el golpe de Myanmar ha resultado ser un cisne negro geopolítico. Ha puesto a Rusia en juego en un intento por hacerse un hueco en Asia; ha subrayado la debilidad de India como aliado de Occidente en la región; y ha situado a China como la variable central mientras Estados Unidos observa impotente desde la barrera mientras se prepara para contener a Pekín”.

Pero la verdadera tragedia birmana es que mientras la nación reclama un sistema democrático, la junta militar, en vez de ceder, aumentará la represión. Y con ella no sólo se aleja la posibilidad de salvar el proceso de liberalización política, sino que, por el contrario, aumenta el riesgo de quiebra económica y de mayor violencia, creando las condiciones de anarquía e inestabilidad estructural bien conocidas en otros lugares del planeta.

India y Estados Unidos estrechan relaciones

Ante un escenario en el que las tensiones entre Estados Unidos y China van a mantenerse e incluso a agravarse, la Administración Biden acelera el estrechamiento de lazos con países del Indo Pacífico, unas relaciones que el presidente Trump descuidó.

En ese contexto se inscribe el encuentro hace unas semanas entre el secretario estadounidense de Defensa, Lloyd Austin, y el primer ministro indio, Narendra Modi, que apostaron por la creciente cooperación bilateral y el liderazgo del país asiático, especialmente en el contexto de desafíos estratégicos en la región del Indo-Pacífico, en clara alusión a China. 

Esta visita se produce tras la tensa cumbre de Alaska entre China y Estados Unidos y la posterior visita del secretario de Estado Antony Blinken y el propio Austin  a Japón y Corea del Sur en la que analizaron el papel de China y la necesidad de coordinas más la política regional con Estados Unidos.

Austin “elogió el liderazgo ejercido por India en la región y su creciente compromiso con socios que tienen los mismos puntos de vista en la zona para defender objetivos comunes”, declaró el portavoz del Pentágono, John Kirby. “Las dos partes reafirmaron su compromiso en defender un orden regional honesto y libre. Ambas presentaron sus perspectivas ante los desafíos comunes en la región y se comprometieron a reforzar su vasta y robusta cooperación en materia de defensa”, agregó.

El jefe del Pentágono dijo a los periodistas que India es un “pilar central” en la política de Estados Unidos en la zona y resaltó que los dos países “comparten valores e intereses clave”. Después de reunirse también con el ministro de Defensa indio, Rajnath Singh, explicó que discutieron el impulso de la cooperación en nuevas áreas como el intercambio de información, la logística y la inteligencia artificial.

A pesar de que el golpe militar y la desestabilización en Birmania han puesto al descubierto la debilidad de India como potencia regional, los apoyos de China y Rusia, que busca un espacio en la región, como explica nuestro colaborador Fernando Delage, Estados Unidos no tiene más remedio que estrechar lazos con Nueva Delhi, que a su vez tiene problemas fronterizos con China y con el islamismo en Cachemira, y una potencia económica y militar clave en la región.

La colaboración en materia de defensa entre India y Estados Unidos han ido en aumento en los últimos años, incluyendo importantes contratos de armamento por valor de más de 20.000 millones de dólares en importaciones de material estadounidense. Actualmente están negociando una posible compra de treinta drones militares con un valor estimado de 3.000 millones.

China desafía a occidente: guerra de sanciones. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Unión Europea anunciaba sanciones el lunes pasado a 4 funcionarios chinos encargados de las operaciones de los “centros de reeducación” en Xinjiang. Estas sanciones vienen a complementar las impuestas por Washington en julio de 2020 a otros 4 funcionarios chinos claves, como el jefe regional del PC Chen Quanguo, quien es visto como el artífice de las políticas de Beijing contra las minorías musulmanas y que anteriormente estuvo a cargo de las acciones impuestas en el Tibet; el director de la oficina de seguridad de Xinjiang, un ex funcionario de seguridad, y una destacada figura del partido en Xinjiang. Estratégicamente los europeos sancionaban otras personalidades y no las que ya habían sido sancionadas por los Estados Unidos con la intención de neutralizar más piezas claves del PC chino.

Reino Unido se sumaba a las sanciones de la UE, y Beijing respondía con sanciones a sanciones a 7 parlamentarios y 2 académicos. “Es nuestro deber denunciar el abuso de los derechos humanos por parte del gobierno chino en Hong Kong y el genocidio de los uigures”, dijo Ducan Smith, académico y sancionado, quien afirmaba que “aquellos de nosotros que vivimos días libres bajo el imperio de la ley debemos hablar por aquellos que no tiene voz”.

Canadá también se sumaba a la acción coordinada de sancionar miembros del PC chino. Por lo que la respuesta de Beijing no se hizo esperar sancionando a 2 miembros de la comisión internacional de libertad religiosa (USCIRF) estadounidenses y a 9 parlamentarios canadienses. A lo que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau aprovechó la oportunidad para manifestar: “Las sanciones chinas son un ataque a la transparencia y a la libertad de expresión y valores en el corazón de nuestra democracia. Apoyamos a los parlamentarios y nos manifestamos en contra de estas acciones inaceptables y continuaremos defendiendo los derechos humanos en todo el mundo con nuestros socios internacionales”.

China y Canadá llevan un par de años de fuerte tensiones desde que la policía canadiense prohibieran a la ejecutiva de Huawai, Meng Wanzhou, salir del país por solicitud de la Administración Trump, basándose en una orden de un tribunal de New York que emitió una mandato de arresto para Meng para que fuera juzgada en los Estados Unidos por violación a sanciones estadounidense en contra de irán y conspiración para robar secretos comerciales”.

Australia y Nueva Zelandia no han impuesto sanciones, pero sí han manifestado su apoya a las que otros países han puesto. Aunque Australia ha expuesto abiertamente que consideran que China debe responsabilizarse por el daño causado por la pandemia, lo que ha generado fricciones importantes entre ambos. En efecto, el Ministro de Comercio australiano amenazaba con llevar a China ante la OMC a finales de la semana por su decisión injustificable de aumentar los aranceles en las importaciones de vino australiana entre el 116.2% al 218.4% por cinco años, como otro de sus mecanismos de retaliación.

El secretario de Estado de EEUU publicaba una declaración el sábado por la noche sobre la respuesta de China: “Los intentos de Beijing de silenciar a quienes se pronuncian por los derechos humanos y las libertades fundamentales solo contribuyen al creciente escrutinio internacional del genocidio y los crímenes de lesa humanidad en curso en Xijiang. Nos solidarizamos con Canadá, el Reino Unido, La UE y otros socios y aliados del mundo para pedir a la República Popular China que ponga fin a las violaciones de derechos humanos y los abusos en contra de los uigures, así como hacia otras minorías étnicas y religiosas de Xinjiang y la liberación de los detenidos arbitrariamente…” 

La Administración Biden, con poco más de dos meses en el poder, no ha perdido tiempo en restablecer relaciones con los aliados tradicionales y consolidar acercamientos que en los últimos años habían sufrido un enfriamiento considerable. El tono de la Casa Blanca es mucho más reconciliador hacia sus aliados y las acciones del Departamento de Estado de Blinken parecen estar articulando un sólido frente internacional que, en primer lugar, alerte sobre el peligro de China y segundo lugar, parecen intentar poner fin a las prácticas e irregularidades chinas en el mundo.

Beijing por su parte se ha dedicado a responder como otra potencia fuerte que no está dispuesta a dejarse amedrentar,  por lo que se acerca a Rusia e Irán para levantar su propio frente de oposición mientras ha pasado la semana respondiendo con sanciones y tarifas para castigar a quienes los juzgan por lo que están haciéndole a los Uigures, que cada día el mundo ve más claro que es la erradicación de esa etnia a través de la eliminación de sus costumbres, religión, idioma, cultura y hasta nacimientos.

INTERREGNUM: Pekín, Moscú y Teherán mueven ficha. Fernando Delage

La intención de la administración Biden de restaurar la relación con los aliados, y el simultáneo interés europeo por restablecer los lazos transatlánticos, tienen como principal objetivo la gestión del desafío chino. Así se ha puesto de manifiesto en las sanciones impuestas conjuntamente por ambos actores—además de Reino Unido y Canadá—por los abusos cometidos en Xinjiang, y en el anuncio—realizado durante la visita del secretario de Estado, Antony Blinken, a Bruselas—de reactivación del foro de diálogo Estados Unidos-Unión Europea sobre la República Popular. La medida representa un nuevo paso adelante en la voluntad de la Casa Blanca de articular una respuesta unificada al ascenso de China, si bien la reacción de Pekín—que ha impuesto sanciones por su parte a parlamentarios y académico europeos—puede poner riesgo el acuerdo de inversiones firmado con la UE en diciembre.

China no se ha limitado sin embargo a elevar el tono y a responder con rapidez a las sanciones de que ha sido objeto. Sus movimientos diplomáticos tampoco se han hecho esperar. Apenas tres días después del encuentro de Alaska entre representantes chinos y norteamericanos, el 19 de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, llegó a Pekín, donde los dos gobiernos acordaron mantenerse unidos frente a Occidente. “Ambos, dijo Lavrov, creemos que Estados Unidos desempeña un papel de desestabilización. Se apoya en las alianzas militares de la guerra fría y trata de crear nuevas alianzas con el fin de erosionar el orden internacional”. Con una preocupación aparentemente menor por las sanciones, las dos potencias estrecharán su cooperación en áreas de interés compartido y desarrollarán alternativas comerciales y financieras que no les haga depender de las estructuras y prácticas dominadas por las democracias occidentales.

Tras este nuevo gesto de aproximación entre Pekín y Moscú, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, aterrizó en Teherán el 26 de marzo. Durante su breve estancia, ambas naciones firmaron un acuerdo de cooperación estratégica por un periodo de 25 años, haciendo así realidad la propuesta sugerida por el presidente Xi Jinping con ocasión de su visita a Irán en enero de 2016. Aunque los detalles del acuerdo no se han dado a conocer, abarca sectores diversos, el militar incluido, y se traducirá en una significativa inversión china en el sector energético y en infraestructuras. La República Popular es el primer socio comercial de Irán y uno de los principales destinos de sus exportaciones de crudo, sujetas como se sabe a sanciones norteamericanas.

Ninguno de estos movimientos es mera coincidencia. El deterioro de la relación de Washington con Moscú tras llamar Biden asesino a Putin, y con Pekín tras adoptarse medidas concretas contra la violación de derechos humanos en Xinjiang, han ofrecido una nueva oportunidad para el acercamiento chino-ruso. Desde el asedio del Capitolio el pasado mes de enero, los dos gobiernos se consideran más legitimados que nunca para denunciar la disfuncionalidad de las democracias liberales y la falsa universalidad de sus valores. Al incluir a Irán en la ecuación, Pekín no sólo refuerza su presencia en relación con la dinámica regional de Oriente Próximo—de la que también es prueba su declarada oferta de mediar entre israelíes y palestinos—sino que ha lanzado otro claro mensaje a la administración Biden: tanto para presionar económicamente a Teherán como para rehacer el pacto nuclear de 2015 necesitará contar con China. Las piezas se siguen moviendo en el tablero geopolítico.

Tensiones chino filipinas

En medio de la renegociación de los acuerdos de defensa ente Filipinas y Estados Unidos, ha aumentado la tensión militar entre Pekín y Manila cuando unos doscientos pesqueros chinos se han acercado a unos islotes de soberanía filipina a faenar, en unas aguas para las que China reclama autoridad exclusiva.

La Marina de Filipinas anunció el pasado el pasado 7 de marzo que había imágenes, publicadas más tarde, en las que se ven unas 220 embarcaciones chinas, que se sospecha que están tripuladas por las milicias marítimas chinas, ancladas en el Whitsum Reef, que se encuentra en la zona económica exclusiva de Filipinas.

El mar de la China Meridional  es desde hace décadas el escenario de un conflicto con la reivindicación de islotes y archipiélagos por parte de la República Popular de China (o China continental), la República de China (o  Taiwán), Vietnam, las FilipinasMalasia y Brunéi, de la zona.

Estos islotes y archipiélagos no están habitados, a pesar de la presencia de bases militares que, por otro lado, junto con el comercio, son el eje central del conflicto en cuestión.

Filipinas, Vietnam, Malasia, Taiwan y Brunéi reclaman partes de este estratégico mar -por el que circula el 30 % del comercio global y que alberga el 12 % de los caladeros mundiales, además de yacimientos de petróleo y gas- aunque China se atribuye la soberanía de esas aguas casi en su totalidad.

De momento, Filipinas es el único país que cuenta con una sentencia que avala sus reclamaciones, ya que la Corte Permanente de Arbitraje (CAP) de La Haya le atribuyó la titularidad de varios territorios del mar de China Meridional, el atolón Scarborough y parte del archipiélago Spratly, donde China ha construido bases militares en islas artificiales sobre atolones y arrecifes para apropiárselas de facto.

China, que apela a derechos históricos sobre la zona, nunca reconoció el fallo y continúa con sus actividades militares y pesqueras dentro de la zona exclusiva económica de Filipinas.

El conflicto marítimo con China es un asunto muy delicado en Filipinas, donde la mayoría de la población no ve con buenos ojos la postura pasiva de Duterte, quien ha reorientado su política exterior hacia China y Rusia.

Alaska: una cumbre para marcar el terreno de enfrentamiento entre EEUU y China

La reunión de alto nivel, la primera entre Estados Unidos y China en la etapa Biden, ha sido básicamente una puesta sobre la mesa de los problemas, los reproches y las exigencias de cada parte y la oficialización de que sigue el enfrentamiento sin que haya disminuido La tensión, al menos de momento.

Las delegaciones de cada país, en las que han tenido especial protagonismo los organismos de seguridad, no dejaron nada fuera de agenda. EEUU reprochó a China el no cumplimiento de normas de libertad de comercio, el intervencionismo estatal, la violación de los derechos humanos en general y respecto a uigures y tibetanos en concreto, sus amenazas a la situación en Hong Kong y Taiwán y la creciente amenaza militar en su zona marítima de influencia, además los peligros que  occidente ve para su seguridad en algunos desarrollos tecnológicos chinos. China, por su parte, reprochó a Estados Unidos sus problemas raciales tras negar las acusaciones estadounidenses. Pekín, que también tiene importantes problemas raciales, solo que menos publicitados en los medios de comunicación, se salta la realidad de que, mientras en Estados Unidos hay un sistema que permite debatir y encontrar soluciones a sus problemas internos, en China eso está fuera de toda posibilidad.

Así las cosas, las divergencias van a seguir en todo lo alto con el añadido de que Estados Unidos ha subido también el tono contra Rusia a la espera de que la Unión Europea presente una cara más decida frente a las ambiciones de Moscú de no perder pié en el escenario internacional mientras consolida un sistema cada vez más autoritario.

Y ahí, en definir su papel en los próximos años frente al nuevo escenario internacional marcado por la emergencia china y las ambiciones rusas, está el desafío de la una UE con problemas de vertebración interna y con dudas sobre cuál debe ser su política exterior.

INTERREGNUM: QUAD: dudas despejadas. Fernando Delage

Una de las dudas sobre la política asiática de Joe Biden era si mantendría el mismo compromiso que su antecesor con el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), el foro informal que Estados Unidos comparte con Japón, India y Australia, o volvería, por el contrario, al desinterés que mostró por el grupo la administración Obama. A partir de 2019 la representación en el foro se elevó al nivel de ministros de Asuntos Exteriores y, en 2020, las maniobras navales organizadas por India bajo el nombre de Malabar con Washington y Tokio incluyeron por primera vez a Australia, sumando así a los cuatro socios.

La respuesta de la Casa Blanca no se ha hecho esperar. En su primera conversación telefónica con el primer ministro indio, Narendra Modi, el pasado 8 de febrero, el presidente norteamericano le propuso la promoción de “una arquitectura regional más sólida a través del QUAD”. Dos días más tarde, Biden transmitió a su homólogo chino, Xi Jinping, la intención de “preservar un Indo-Pacífico libre y abierto”, es decir, la definida como misión del QUAD. El 18 de febrero, los ministros de Asuntos Exteriores de los cuatro países miembros mantuvieron su primer encuentro. Y, en un nuevo e inesperado salto cualitativo, fueron los líderes de las cuatro democracias los que se reunieron (por videoconferencia) el 12 de marzo. Con la celebración de esta cumbre al máximo nivel, la administración norteamericana ha indicado con claridad su voluntad de reforzar el foro y hacer del mismo un instrumento central de su estrategia hacia el Indo-Pacífico.

Otros movimientos similares apuntan en la misma dirección. En un contexto en el que, según ha declarado el responsable del mando del Pentágono en la región, el almirante Philip Davidson, el equilibrio militar está dejando de estar a favor de Estados Unidos, dos portaaviones de este último país realizaron ejercicios conjuntos en el mar de China Meridional (lo que no había ocurrido desde 2012). Otros buques atravesaron asimismo el estrecho de Taiwán después de que unidades de la fuerza aérea china simularan un ataque a uno de los dos portaaviones. Por otra parte, los secretarios de Estado y de Defensa, Antony Blinken y Lloyd Austin, respectivamente, realizan su primer viaje oficial a Tokio y Seúl esta misma semana. Austin también visitará Delhi. Sólo después, Blinken y el asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, se reunirán—el día 18 en Alaska—con los dos principales responsables de la diplomacia china, Yang Jiechi y Wang Yi.

Las piezas se están desplegando sobre el tablero con inusitada rapidez. No debe concluirse, sin embargo, que este proceso vaya a conducir necesariamente a la institucionalización del QUAD como alianza militar formal. Los intereses de los cuatro miembros no son siempre coincidentes: su disposición a trabajar juntos como contrapeso de China no equivale a la intención de formar un bloque abiertamente hostil a Pekín. Entre otras razones porque la dinámica regional no se reduce a las cuestiones de defensa.

Atender esas otras prioridades, como parece ser una de las motivaciones norteamericanas, permitirá superar esas reservas. En su reunión de febrero, los ministros de Asuntos Exteriores subrayaron la necesidad de actuar conjuntamente contra la pandemia y el cambio diplomático, además de luchar contra la desinformación o restaurar la democracia en Birmania. La reunión de jefes de gobierno prestó especial atención por su parte a un esfuerzo dirigido a aumentar la producción de vacunas contra el Covid. Este tipo de acciones permite fortalecer la utilidad del grupo, al ampliar sus objetivos al conjunto de problemas compartidos por la región más que en centrarse como única función en contrarrestar el ascenso chino.

Blinken viaja a Japón en su primer viaje. Nieves C. Pérez Rodríguez

La primera visita oficial del secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, será a Japón esta semana y lo hará en compañía del secretario de Defensa, Lloyd Austin, lo que es una muestra de la importancia estratégica de estas relaciones bilaterales y la necesidad de fortalecer la llamada “fuerte alianza basada en valores comunes”.

Estados Unidos y Japón intercambian más de 300.000 millones de dólares en bienes y servicios cada año, lo que los convierte en principales socios comerciales. De acuerdo con cifras oficiales del Departamento de Estado, Estados Unidos es la principal fuente de inversión directa de Japón, y Japón es el principal inversor en los Estados Unidos, con 644.700 millones de dólares invertidos en 2019 a lo largo de los 50 estados americanos.

Pero el viaje, además, tiene un importante componente geopolítico. No en vano asistirá también el secretario de defensa, lo que prueba la profundidad de dichas relaciones bilaterales mucho más allá de la parte económica.  Washington está comprometido a defender a Japón y su territorio. Estados Unidos sostiene que “las Islas Senkaku son parte del radio del artículo V del Tratado de Cooperación y Seguridad Mutua entre ambas naciones, por lo que seguirán oponiéndose a cualquier intento unilateral chino de cambiar el statu quo del Mar de China Oriental o socavar la administración japonesa de estas islas”. Y Beijing por su parte ha venido consecutivamente navegando y sobrevolando de manera provocadora y con intenciones expansivas esta zona. 

Los Estados Unidos no han escatimado recursos ni capacidades militares para hacer frente a los riesgos de seguridad en el sureste asiático y con el ello el futuro mantenimiento de la alianza bilateral. Por su parte el gobierno japonés comparte los costes de mantener las fuerzas estadounidenses en Japón. En efecto, el pasado 24 de febrero, ambos gobiernos firmaron una enmienda al Acuerdo sobre Medidas Especiales, un componente clave del marco de apoyo y que además fue prorrogando hasta el 31 de marzo de 2022. Las negociaciones para un nuevo y más amplio acuerdo se encuentran en discusiones en este momento.

Japón acoge a aproximadamente 55.000 militares estadounidenses, el contingente más grande de las fuerzas americanas fuera de los Estados Unidos, junto con los miles de civiles del Departamento de Defensa y miembros de sus familias que viven y trabajan junto a ellos.

Este viaje tiene lugar justo una semana después de la celebración de la cumbre del Quad, en la que participaron: Estados Unidos, Japón Australia e India, y en el que las naciones se comprometieron a trabajar para garantizar un Indo Pacífico libre y abierto, lo que es una gran prioridad para Tokio, además de la necesaria cooperación en materia de seguridad marítima, cibernética y económica frente a los desafíos que plantea China en la región.

Un punto interesante que resaltaba el comunicado oficial del viaje fue que “Estados Unidos y Japón se han comprometido a construir redes 5G seguras” y para ello utilizarán proveedores de confianza, lo que se entiende es que no serán considerados los proveedores chinos por el potencial riesgo de seguridad. Explica el comunicado además que empresas estadounidenses y japonesas de primera línea están desarrollando enfoques abiertos e interoperables como las tecnologías Open RAN (radio access network) que prometen aumentar la diversidad de proveedores y la competencia del mercado, y tienen el potencial de reducir costos y mejorar la seguridad.

Por lo tanto, los principales puntos en la agenda serán la libertad de navegación de los mares del sur y del este de China y la seguridad de la cadena de suministro de semiconductores, la situación nuclear norcoreana y la estabilidad de la península coreana, el golpe militar en Myanmar y lo que eso significa para la inestabilidad de la región. Y el fortalecimiento de Japón como aliado estadounidense pero también como actor regional.

La alianza entre Estados Unidos y Japón ha servido para mantener la paz, seguridad y prosperidad en el Indo Pacifico y en el mundo por seis décadas.  Y en un momento como el actual en el que, tal y como dijo el propio Blinken en el Congreso en los primeros días de la Administración Biden, “la mayor amenaza que tiene Estados Unidos hoy es China”, por lo que los aliados en la región son claves para no perder cierto equilibrio allí y garantizar la libertad de navegación en Asia.

INTERREGNUM: Washington y sus aliados. Fernando Delage

Aunque el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha marcado claras diferencias con respecto a la administración anterior, China es una notable excepción: al igual que su antecesor, ha situado la competición con la República Popular en el centro de la política exterior norteamericana. Tras indicar nada más tomar posesión que no tenía intención de eliminar las sanciones comerciales impuestas por Trump, su secretario de Estado calificó la detención de la población uigur de Xinjiang como “genocidio”, y su consejero de seguridad nacional, Jake Sullivan, denunció el asalto a la autonomía a Hong Kong. En su intervención ante la Conferencia de Seguridad de Munich el mes pasado, Biden insistió en que Estados Unidos tenía que reaccionar frente a “los abusos y la coerción económica de China que erosionan los cimientos del sistema económico internacional”. Y añadió: “nos encontramos ante un debate fundamental sobre el futuro del mundo; entre quienes consideran que el autoritarismo es el mejor modelo y quienes comprenden que la democracia es esencial”.

Algunas de estas ideas aparecen incluidas en el documento que recoge las primeras orientaciones sobre la estrategia de seguridad nacional, y que dio a conocer la Casa Blanca el 3 de marzo. A la espera de la formulación estratégica más detallada que propondrá, en un plazo de cuatro meses, la comisión creada al efecto en el Pentágono, Washington define en el texto a China como “el único competidor capaz de combinar su poder económico, diplomático, militar y tecnológico para plantear un desafío sostenido a un sistema internacional estable y abierto”. No es una descripción muy distinta de la ofrecida por la Estrategia de Defensa Nacional firmada por Trump en enero de 2018.

Hay una gran diferencia, sin embargo. Biden cree que puede articular una política mucho más eficaz desde un enfoque multilateralista y apoyándose en sus socios y aliados. Para su equipo, el imperativo es obvio: Washington no podrá equilibrar el poder de China en el Indo-Pacífico, dar la batalla de las ideas frente a líderes autoritarios, ni definir los estándares globales de las nuevas tecnologías si no es mediante la formación de distintas coaliciones. El problema, no obstante, es que esos aliados pueden tener diferentes prioridades, que Pekín cultiva con habilidad.

Aunque la opinión sobre China se ha endurecido en muchos países, los aliados europeos de Estados Unidos rechazan una política de confrontación con Pekín. Cuando se cumplen justamente dos años de la adopción de las orientaciones estratégicas de la Comisión Europea que definieron a la República Popular simultáneamente como, “socio”, “competidor económico” y “rival sistémico”, Bruselas y los Estados miembros aún no han adaptado medidas concretas. La prioridad de las relaciones económicas—que Alemania en particular no oculta—explica el escepticismo sobre una rivalidad definida sobre la base de los valores políticos. La experiencia de los últimos cuatro años y la polarización política de Estados Unidos—reflejada en los 75 millones de votos conseguidos por Trump y el asedio al Capitolio—obligan por otra parte al Viejo Continente a continuar avanzando en el desarrollo de sus propias capacidades.

Biden quiere por otra parte reforzar el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD) como uno de los pilares fundamentales de su política hacia el Indo-Pacífico. El 18 de febrero ya se produjo una reunión del grupo, en la que éste denunció cualquier intento chino de alterar el statu quo de la región por la fuerza. Pero el gran juego estratégico en Asia es económico más que militar, como reveló el reciente acuerdo sobre la Asociación Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés), que sitúa a China en el centro del mayor bloque comercial del planeta.

Sin perjuicio de aspirar a reducir las tensiones con Washington, para Pekín es vital reforzar las relaciones con sus Estados vecinos y apoyar una creciente independencia europea con el fin de prevenir la formación de una alianza anti-China por Estados Unidos. Toda estrategia de Biden puede encontrarse por tanto con una contraestrategia china ya en curso, basada en buena medida en el atractivo de su inmenso mercado y sus incentivos financieros.

Cinco puntos claves de la Asamblea Popular China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Cada año el partido Comunista chino celebra su Asamblea Popular Nacional en la que importantes figuras políticas y altos cargos del partido se reúnen en un evento protocolar rigurosamente organizado para anunciar los planes nacionales y hacer una valoración de la situación nacional.

La inauguración de la edición del 2021 fue el 4 de marzo y lo que ahí se dijo nos da las claves de lo que serán las líneas estratégicas que configurarán las próximas décadas chinas. Coincidía oportunamente con el momento de dar a conocer el próximo plan quinquenal y también este año se cumple el centenario del Partido Comunista chino. Todo esto en medio de una inusual situación tanto interna como externa debido a la pandemia, tal y como el primer ministro, Li Keqiang, dijo en sus palabras de apertura del evento: “China sigue teniendo una serie de retos por delante. Debido a la pandemia ha habido problemas de crecimiento”, por lo que prometió impulsar el crecimiento con especial foco en la innovación y los recortes de impuestos.

  1. Se anunció el aumento del presupuesto militar chino al 6,8%. Lo que se traduce en el tercer aumento anual durante la última década. La tasa de crecimiento del presupuesto de defensa chino está estrechamente relacionada con su desarrollo económico y las demandas de seguridad que el Estado chino distingue.
  2. Hong Kong y Macao. El PC chino se asegurará de la implementación correcta de lo que para ellos es “un país dos sistemas”, mientras apoyará el crecimiento regional y mantendrá protegida la región de la injerencia de fuerzas externas.
  3. Prioridad medioambiental. El congreso comenzó en medio de una nube gris de contaminación ambiental lo que hizo oportuno tocar este punto. El planteamiento es que en los próximos cinco años el aire tóxico y las aguas contaminadas serán erradicadas, lo que significa que tienen que reducir el uso del carbón cuantiosamente. También se prioriza un plan de mejora de la calidad de las tierras, que se encuentran en seria amenaza.
  4. Desarrollo, tecnología e innovación. El planteamiento en esta área es un plan a 10 años que comenzará con un aumento del presupuesto del 10,6% del presupuesto para el 2021. Y a partir de ahí un 7% anual en los siguientes 5 años. Este es un punto crítico porque Beijing entiende que conseguir la independencia lo pondría en un lugar preferencial.  Incluso se mostraron abiertos a importar científicos extranjeros para trabajar en instituciones chinas lo que demuestra la relevancia del asunto.
  5. La ruta de la Seda. Seguirán promocionando esta iniciativa como centro de su política de desarrollo de intercambios globales y crecimiento económico.  El PC chino entendió desde el principio que industrializar su economía era el comienzo de un largo camino al éxito.

Los planes de desarrollo económico chinos empezaron a ponerse en marcha en 1950 cuando China comenzaba a emerger después de la guerra coreana. El primer plan económico se inspiró en el modelo soviético y en efecto fue el mismo Stalin quien lo asesoró personalmente y la Unión Soviética financió el arranque de esa nueva era china de la mano de Mao Zedong.

Setenta años más tarde son un ejemplo extraordinario de crecimiento, pero a un altísimo coste social, en el que en una primera etapa se obligó a los campesinos a abandonar los campos para trabajar en industrias, lo que produjo un gran desabastecimiento de cereales que acabó en una terrible hambruna que terminó con la vida de miles de ciudadanos. Dos décadas más tarde el PC chino imponía la ley de un solo hijo para controlar el crecimiento de la población lo que produjo abortos forzosos a millones de mujeres, la preferencia del género masculino sobre el femenino en los infantes, y/o la desaparición de un incontable número de niños que fueron arrebatados de sus familias y que en el mejor de los casos fueron dados en adopción a extranjeros.

En la última década la vigilancia social a través de cámaras de seguridad instaladas en cada esquina, el uso de dispositivos tecnológicos, el internet y las redes sociales, en muchos casos hasta pruebas de ADN no autorizadas por el ciudadano, se han convertido en el “gran hermano” del PC chino. Con estos niveles de control y sofisticación tecnológica el gobierno chino fiscaliza, regula y censura el comportamiento de sus ciudadanos para poder mantener control absoluto. Y en efecto, es una de las principales razones de su éxito puesto que de esa forma no hay mucha oposición y si surgiera alguna sería neutralizada y erradicada desde su origen.

El gran éxito del PC chino ha sido la lealtad y la estabilidad como dos elementos claves para mantener el control del país, a pesar de su extenso territorio y enorme población. El PC chino podrá celebrar sus 100 años con el éxito de haber sacado de la pobreza al país tal y como estaba planteado. Oficialmente todas las municipalidades chinas afirman haber sacado a sus ciudadanos de la pobreza extrema. Aunque sigue habiendo mucho trabajo por hacer y el objetivo ahora es más complejo, es elevarlos en nivel de vida y con ello generar más consumo interno.