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China intenta ganar protagonismo en el BRICS. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana pasada tuvo lugar la XI cumbre de los BRICS (acrónimo de la alianza de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, como grupo de potencias en ascenso) en medio de la “guerra comercial” entre China y Estados Unidos y los efectos de ésta en la economía mundial.

Los cinco líderes de los países miembros asistieron a la cita en Brasilia y a pesar de que el país anfitrión suele gozar de un protagonismo natural, en esta ocasión el protagonismo se centró en China. Xi Jinping fue agasajado con los más altos honores y todos los ojos estaban puestos en él. En sus palabras de cierre de la cumbre aseguró que “el proteccionismo y la intimidación van en contra de la corriente” y están perjudicando el comercio internacional y la inversión, lo que significa una caída de la economía mundial”, refiriéndose a Estados Unidos como el intimidador y el culpable de la guerra comercial.

La cumbre tenía su foco puesto en el crecimiento económico por un futuro innovador, lo que es exactamente la imagen que proyecta China hoy. Y el objetivo de este encuentro, que tiene lugar cada año, es sentar en un mismo recinto a las cinco economías emergentes más significativas del mundo.

El BRICS representa hoy el 50% del crecimiento de la economía mundial, el 42% de la población del planeta, 30% del territorio del globo, el 23% del producto interior bruto global, y el 18% de los intercambios internacionales, de acuerdo a la página oficial del BRICS.

Para analizar la cumbre consultamos a Leigh Wedell, experta en economía china e inversiones, y jefe de operaciones de Basilinna (firma especializada en China y Medio Oriente).

¿Cuál fue el centro de la Cumbre en esta ocasión? ¿Diría Usted que Xi Jinping hace uso de su gran chequera para ejercer más influencia?

“El presidente Xi Jinping ciertamente fue el centro de BRICS de esta semana en parte debido a su poder económico, pero también por el microscopio bajo el cual se está observando el acuerdo comercial entre Estados Unidos y China. Estábamos a la espera hace poco más de una semana que los dos presidentes firmen un acuerdo de “fase uno” al margen de las reuniones de APEC que se debieron celebrar en Chile. Todavía no hay una fecha fijada para una reunión entre los dos líderes. Y la falta de un acuerdo comercial está causando una desaceleración económica global.

Sin embargo, China también centró la atención en la cumbre por restaurar su relación con Jair Bolsonaro, quien abiertamente críticó a la “depredadora China” durante su campaña electoral.

Bolsonaro además afirmó que ahora China es parte cada vez mayor en el futuro de Brasil. Obviamente China es el mayor socio comercial de Brasil y ambos países aprovecharon para discutir la diversificación del comercio y la expansión de la inversión.  Mientras que también observamos como China e India suavizaron sus tensiones, y que el anuncio de la visita de Modi a China el próximo año, así lo prueba.

Brasil es una pieza clave porque está intentando equilibrar su posición entre Estados Unidos y China. Particularmente en este momento en el que se ven presiones para tomar una posición, de manera especial en el aspecto tecnológico. A pesar de que exista cercanía entre Bolsonaro y Trump, es poco lo que Brasilia a podido ver materializado de esa relación -al menos por el momento-. Sin embargo, ya Brasil tiene acuerdos para diversificar sus acuerdos de intercambios con China”.

¿Estamos viendo a la segunda economía del mundo tomando control del liderazgo internacional?

“La retórica oficial china los posiciona como los líderes de la globalización ante el abandono de los Estados Unidos.  Un buen ejemplo es como Beijing ha tomado la delantera en la promoción del cambio climático mientras Washington se retira del Acuerdo de París, o mientras Beijing lidera una propuesta de reforma de la OMC.

Estamos viendo el ascenso de China en el escenario global y un cambio significativo de su máxima tradicional de política exterior: “esconde tu fuerza, espera tu tiempo, nunca tomes la delantera”. La política exterior bajo el presidente Xi es más sofisticada en gran medida porque tienen una mayor participación en el juego con una mayor inversión extranjera.

El resultado más significativo de esta cumbre fue la alineación de los BRICS contra el “acoso y el proteccionismo” de Estados Unidos que está impactando la economía global. A medida que China se posiciona como un modelo alternativo para el desarrollo económico, están ganando terreno entre las economías en desarrollo, en parte debido a capacidad económica para financiar inversiones e infraestructuras, pero también debido a su historial de desarrollo económico que incluye sacar a cientos de millones de personas de la pobreza.

En el contexto de los disturbios generalizados en toda la región de América Latina, que también fue un tema de discusión, el mensaje de China es particularmente resonante y podría presentar un desafío conjunto para Estados Unidos en algunos de sus mercados clave”. Foto GovernemtZA, Flickr.

INTERREGNUM: Irán en la Ruta de la Seda. Fernando Delage

De manera inesperada para Pekín, el cambio de gobierno en Pakistán tras las elecciones de julio del pasado año condujo a una pérdida de interés por parte de Islamabad en el Corredor Económico con China. Pekín había puesto grandes esperanzas en este proyecto—uno de los más relevantes en la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda—, en el que se había mostrado dispuesto a invertir hasta 62.000 millones de dólares.  El Corredor debía proporcionar una red de interconexión entre la República Popular y el mar Arábigo, reduciendo la vulnerabilidad china con respecto a las líneas marítimas de navegación del sureste asiático. Las críticas del gabinete de Imran Khan han provocado que China haya interrumpido la financiación, por lo que la mayor parte de las obras del Corredor se encuentran en suspenso.

Pero Pekín no ha tardado en encontrar una alternativa. Con posterioridad a la visita realizada a China por el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamed Zarif, a finales del pasado verano, la República Popular habría acordado con Teherán la inversión de nada menos que 400.000 millones de dólares en un plazo de cinco años: 280.000 millones de dólares en el sector energético iraní, y otros 120.000 millones de dólares en infraestructuras de transportes. Pekín desplegaría asimismo un equipo de seguridad de hasta 5.000 hombres para la protección de sus inversiones.

Es cierto que Irán ofrece muchas de las mismas ventajas estratégicas que Pakistán. Es un país ribereño con el Golfo Pérsico, y controla parte de la costa del estrecho de Hormuz. No es fronterizo con China, pero ésta tendría acceso directo a través de Asia central y de Afganistán (lo que quizá explica las conversaciones mantenidas con los talibán en Pekín en septiembre). Las inversiones chinas en infraestructuras permitirían conectar de este modo China con el Golfo Pérsico a través de los puertos de Chabahar y Bandar Abbas, que harían las funciones del puerto de Gwadar en Pakistán. Teherán tiene por su parte un claro interés tanto en la mejora de sus redes de transportes como en una inversión de este porte para su industria petrolera y gasística en unas circunstancias de dificultades económicas. Las inversiones propuestas proporcionarían también a Irán un importante apoyo diplomático frente a los esfuerzos de la administración Trump dirigidos a su aislamiento internacional.

Hay que preguntarse, no obstante, por la viabilidad de un Corredor China-Irán. El proyecto con Pakistán fue promovido en su día como una iniciativa que transformaría para siempre Asia meridional. Aquellas expectativas se han visto frustradas en buena medida. No hay garantías de que algo parecido no vuelva a ocurrir en el caso de Irán. El montante financiero del que se habla es tan enorme como los posibles obstáculos a su desarrollo. La situación geopolítica iraní es incluso más volátil que la de Pakistán dado el riesgo de conflicto con Estados Unidos. La hostilidad entre Irán y Arabia Saudí, país con el que China se ve obligado a mantener una relación estable—más aún en el contexto de la salida a bolsa de Aramco, condiciona igualmente los movimientos de Pekín.

No debe sorprender que, al hacerse público el creciente interés chino por Irán, el gobierno paquistaní haya intentado dar marcha atrás en sus comentarios negativos a la Ruta de la Seda para recuperar la confianza de la República Popular. Pero otras variables se han movido de sitio desde entonces. El actual clima de enfrentamiento entre China y Estados Unidos en Asia es, por ejemplo, una razón añadida para que Pekín no coopere con Washington con respecto a Irán como querría la administración norteamericana. Irán se ha convertido por lo demás en un factor decisivo de los intereses chinos en la zona, al poner de relieve que Oriente Próximo y Asia meridional constituyen un espacio geopolítico interconectado, en el que Pekín ya no puede mantenerse al margen.

Sin acuerdos en plena guerra tarifaria. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Las fuertes protestas en Chile han tenido eco en la escena internacional. Santiago de Chile estaba preparándose para ser el anfitrión de la APEC a mediado de noviembre y el gobierno de Piñera se ha visto presionado a suspenderlo antes la ola de violencia y destrucción. La principal consecuencia ha sido la suspensión del encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en el que se tenían las esperanzas puestas para formalmente poner en acción algún tipo de acuerdo comercial entre Estados Unidos y China.

En medio del desconcierto de cuál será el próximo paso, el ministro de Comercio chino afirmaba el pasado jueves que “el alivio arancelario sería una parte del primer acuerdo de tarifas”. A lo que Trump contestó un día más tarde que no se había acordado la reversión de tarifas aún. También Peter Navarro -el asesor de intercambios comerciales de la Casa Blanca- aseguraba que “No hay acuerdo en este momento para eliminar las tarifas existentes como una condición para alcanzar un acuerdo”.

Entre comentarios de ambos lados del Pacífico transcurrió la semana. Y la cerró Lou Jiwei, ex ministro de Finanzas chino, quién afirmaba en el foro industrial el sábado en Beijing que “Estados Unidos ha sido secuestrado por el nacionalismo y el populismo y está recurriendo a la intimidación”. Mientras, afirmaba que los esfuerzos de Washington por contener a China no funcionarán, porque Beijing opera en una economía de mercado que está integrada con las cadenas de valor mundial que no dependen de Estados Unidos.

Lou pronostica que una rivalidad tan fuerte entre ambas naciones puede acabar en una guerra financiera entre China y Estados Unidos, refiriéndose al intento de bloqueo de ZTE y Huawei.

Las declaraciones de Luo marcan un cambio de postura de China, puesto que hasta ahora había intentado manejar la situación con diplomacia y guantes de seda. Pero las declaraciones del final de la semana pasada son una muestra de que Beijing se siente acorralada y que está cambiando la estrategia a una de mayor presión. Además de que están sintiendo los efectos de las tarifas impuestas por Washington.

Christopher Balding -economista, profesor de la Universidad de Pekin e investigador de la ESADE- publicaba un artículo en Bloomberg en el aseguraba que el comercio total de Estados Unidos no está disminuyendo. Por el contrario, está creciendo a un ritmo similar a una década atrás. Una disminución en los envíos hacia y desde China se ha compensado con el aumento del comercio con socios como Vietnam y México. Afirma que el mercado global es muy grande y los bienes pueden sustituirse fácilmente, los fabricantes absorberán los aumentos de precios y los trasladarán a diferentes productores.

Pero el problema al que se enfrenta Trump ahora es de otra índole, es doméstico. El “impeachment” o juicio político es una especie de nube negra que ha llegado a Washington y que tiene distorsionado el ambiente. Mientras Trump intenta desesperadamente usar sus tweets para desviar la atención, en el congreso y los medios de comunicación estadounidenses no se habla más que de eso.

Como si fuera poco, el país está en cuenta regresiva para las elecciones presidenciales del 2020, la evaluación de su gestión no es positiva porque no se ven resultados tangibles, en efecto, lo más probable es que Trump pierda apoyo en los Estados claves, que lo llevaron a la presidencia, como Iowa, Wisconsin y Michigan, así como Minnesota- que, en las elecciones pasadas, aunque lo ganó el partido demócrata cuenta con un fuerte electorado republicano-. En estos estados agrícolas los productores se han visto perjudicados por la guerra comercial y las tarifas. Por lo que Trump podría hacer llegar a un acuerdo con Beijing al último minuto sólo para garantizarse el voto en esos estados claves.

Si eso sucede, todo el tiempo que se ha invertido en “la llamada guerra arancelaria” no habría servido de nada. Y el acorralamiento de Washington a Beijing, que ha tenido efectos en la economía china, como su desaceleración, será recordado como un intento fallido de hacer que China juegue bajo las reglas del comercio internacional.

Y tal y como ha sido repetido por varios funcionarios estadounidenses, el mismo Robert Lighthizer -el representante comercial de la Casa Blanca-, “la razón de los aranceles por 250 mil millones de dólares son una forma de asegurarse que China cumpla con sus compromisos y los mantenga por un largo plazo”.

China-EEUU: el acuerdo que llega

Las revueltas de Chile han impedido la presentación litúrgica y mediática de un acuerdo entre China y Estados Unidos para objetivar el conflicto comercial, ordenar las disputas para su negociación problema a problema, y desactivar las medidas más agresivas de cada parte. Se plantee como se plantee por los terminales mediáticos del gobierno chino, Pekín no ha sido capaz de aguantar el pulso planteado por Estados Unidos y ha visto como se deteriora su economía sólo en el preámbulo de una guerra comercial general. La última medida china de abaratar la carga financiera de los prestamos internos a sus empresas amamantadas por el Estado chino revelan la situación que viven.

Esto, en todo caso, no avala el proteccionismo norteamericano como arma en sus disputas comerciales, aunque hay que dejarse de hipocresías y admitir que debajo de toda disputa comercial hay diversos grados de proteccionismo, y Europa no se queda atrás en esto. Una razonable libertad de comercio es difícil de admitir porque el miedo a la competencia es una larga tradición.

La desactivación de la tensión con China va a traer relajación a los mercados y menos presión a la hora de tomar decisiones ante una recesión que amenaza a las economías occidentales. Bueno será que no se insista en los viejos remedios intervencionistas que no han hecho más que dopar los sistemas y aplazar las crisis. De hecho, la economía chilena, la más pujante y la menos desigual de América, está siendo presentada al calor de la violencia y los saqueos como el fracaso de un modelo liberal en nombre de remedios neomarxistas cuyos resultados están a la vista en Cuba, Venezuela, Argentina y otros países cercanos.

“Somos uno de los frutos tempranos de la Ruta de la Seda”. Entrevista a Carlos Santana director general de Yixinou España

Isabel Gacho.- El recorrido ferroviario que une Madrid con Yiwu es el más largo del mundo. Recorre Eurasia atravesando 8 países a lo largo de 13.000 km. Este trayecto, que se realiza con diferentes trenes y que tiene que hacer frente a cuatro tipos de ancho de vía distinto -el chino, el soviético, el europeo y el ibérico-, es operado por numerosas empresas. Pero la única que realiza el trayecto Madrid-Yiwu en su totalidad es Yixinou (YXE). 4Asia tuvo la oportunidad de visitar sus instalaciones en la estación de Abroñigal, en Madrid, de la mano del director general de Yixinou España, Carlos Santana.

El tren es la columna vertebral de la Ruta de la Seda terrestre, pero aunque “se enmarca bajo el paraguas de la gran estrategia, es una cosa logística, mover mercancía de A a B”, explica Santana. Conversamos con él sobre el papel que puede jugar el tren en un mundo dominado por el barco y el avión. Teniendo en cuenta que el tren cuesta el doble que el barco, pero entre un sexto y un octavo menos que el avión, el director general de YXE España explica “nosotros no buscamos quitarle cuota de mercado al barco, ofrecemos otra vía intermedia en términos de coste/tiempo”. Es útil para aquellos productos que buscan reducir los tiempos de transporte, pero que no puedan asumir el coste del avión. “El tren suple, por ejemplo, -continúa el director general de YXE España- el sector de la moda, que es muy estacional, o producto intermedio con tecnología no muy desarrollada”.

Pero hay más vectores además del tiempo y el dinero que explican el papel estratégico que juega el tren. Como explica Santana, un tercer  vector que ofrece ventaja competitiva es la calidad del servicio y la flexibilidad. “Mientras un barco lleva 10.000 TEUs, un tren lleva entre 28 y 38 contenedores. En un barco una empresa puede representar como mucho un 1% de la carga, con nosotros puede ser el 100%”. Pero hay más, además de este servicio taylor made, el tren es una alternativa más sostenible, algo que muchas empresas tienen en cuenta, sobre todo aquellas que cotizan en bolsa y se tienen que preocupar por su imagen. “La sostenibilidad, el impacto de la huella de carbono, es cada vez más importante para las empresas y el 70% de esta huella se produce en el traslado y solo el 30% la producción.”

Pero, ¿que hay en Yiwu que merezca la pena como para que sea el punto de origen de este extenso recorrido ferroviario? “Yiwu se convirtió [a partir de las reformas de apertura de Deng Xioping] en una versión offline de lo que es hoy en día Alibaba. Ofrecía un escaparate permanente a fabricantes para vender productos”. En un primer momento eran muchos los extranjeros que acudían a la floreciente ciudad a comprar productos made in China. “Pero esta realidad fue escalando y lo propios comerciantes chinos se empezaron a dirigir a Yiwu a comprar mercancía a mejor precio”. Santana explica que se abrió entonces una oportunidad para los productos extranjeros que querían entrar al mercado chino: establecerse en Yiwu. Se creó así una superplataforma para comprar y vender productos al por mayor. La ciudad se fue desarrollando mientras el mundo avanzaba en paralelo. “Aunque con la aparición de Alibaba  perdió algo de potencial, la realidad es que Yiwu sigue siendo uno de los puntos principales de venta para fechas claves de venta en China como el 11-11. Es como el superproveedor de toda la mercancía china que no sea maquinaria pesada o alta tecnología”. Y es aquí cuando surge YXE “Se genera una tormenta perfecta para nosotros: por un lado, con la Ruta de la Seda se invita a que surjan nuevas alternativas de infraestructura y logística, por otro lado, el presidente y fundador del grupo identifica en Yiwu la necesidad de reformular la ciudad y que no sea únicamente un punto de compra/venta. Significa transformar esos 5 millones de metros cuadrados y 190.000 tiendas que tienen de exposición permanente ¿Cuál es el futuro de la ciudad si todo se hace online? Pues el e-commerce y convertirse en un hub logístico”. Hoy, de Yiwu salen al resto del mundo 4000 contenedores diarios y, aunque casi todo sale por el puerto de Ningbo, desde 2012 ya se habían empezado a promover las rutas ferroviarias. Y es ahí estaba YXE. “Somos uno de los frutos tempranos de la iniciativa de la ruta de la seda”, concluye Santana a este respecto.

Sobre la mercancía que viaja en el tren, Santana explica que ha ido evolucionando en consonancia con la evolución de China: “En 2014 entre el 80 y el 90% de lo que traíamos de China eran cosas muy baratas, lo que se movía en Yiwu, pero lo que sale de china hoy ya no es el producto barato de hace unos años”. ¿Entonces, qué viene en tren ahora? “Sobre todo tecnología de cierto valor añadido -pero no puntera- y textil”. De aquí a China “sobre todo aceite y vino”. La balanza comercial sigue siendo muy desigual inclinada hacia el este, pero eso responde a una realidad más amplia que la pura logística del tren. En cuanto a los retos específicos, Carlos Santana señala “reducir tiempo. Cuanto menos tiempo,  más nos aproximamos al avión. El tránsito aéreo tarda entre 5 y 10 días. Nosotros cada vez nos acercamos más a esa franja. Ahora llegamos a hacer el recorrido en 18-19 días y nos vamos alejando de los 45 del barco”.

INTERREGNUM: Xi en Chennai. Fernando Delage

Casi año y medio después de su primera “cumbre informal” en la ciudad china de Wuhan, el presidente de la República Popular, Xi Jinping, y el primer ministro indio, Narendra Modi, mantuvieron la semana pasada su segundo encuentro de estas características en Mamallapuram, cerca de Chennai. Aunque ambos líderes coincidieron en junio en la reunión anual de la Organización de Cooperación de Shanghai,  se ven de nuevo a solas después de que Modi renovara en las elecciones de mayo su mayoría absoluta y de que, el 5 de agosto, suspendiera la autonomía de la provincia de Jammu y Cachemira; una decisión que ha enfurecido a ese “cuasi-aliado” chino llamado Pakistán, y que provocó la convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU por Pekín para discutir a puerta cerrada sobre el asunto.

El primer ministro paquistaní, Imran Khan, visitó no casualmente Pekín 48 horas antes de que Xi viajara a India. Aunque China ha mostrado su insatisfacción con el cambio de estatus administrativo de Cachemira, Modi transmitió a su invitado su preocupación por el terrorismo transfronterizo que alimenta Islamabad y sus efectos sobre la seguridad regional, en Afganistán en particular. Las interminables negociaciones sobre la frontera chino-india—cuestión no resuelta desde la guerra de 1962—también formaron parte de las conversaciones, aunque no consta que se produjera avance alguno.

Para China, India es un gigantesco mercado que ha cobrado una renovada relevancia en el contexto de la rivalidad comercial y tecnológica con Estados Unidos. Para Xi es vital, en este sentido, que Delhi no prohíba contratar a Huawei para la puesta en marcha de las redes de telefonía de quinta generación. El presidente chino, además de mostrar la mejor disposición para corregir el desequilibrio comercial bilateral (el déficit indio asciende a 57.000 millones de dólares), evitó las diferencias territoriales para reconducir el diálogo hacia aquellos asuntos en los que existe una genuina cooperación entre los dos vecinos, como el cambio climático o la reforma del sistema multilateral a fin de que se reconozca un mayor espacio a las economías emergentes en el Banco Mundial y en el FMI.

Pese a la oposición de Delhi a la iniciativa de la Ruta de la Seda china, los dos países comparten, por otra parte, un mismo interés en el desarrollo de infraestructuras y la promoción de la interconectividad. Así lo reflejó el apoyo indio en su día a la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, o el esfuerzo conjunto de ambos gobiernos en el establecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. India rechaza un proyecto que, en su opinión, es poco transparente y que—al atravesar Cachemira—pone en duda su soberanía sobre la provincia. No obstante, está abierta a otras alternativas, como por ejemplo el corredor BCIM (Bangladesh-China-India-Myanmar), en discusión desde hace más de una década.

Los impulsos nacionalistas de la administración Trump plantean por lo demás numerosos interrogantes sobre el futuro del orden multilateral, al que no pueden permanecer ajenos estos dos gigantes. El interés de cada uno de ellos en la sostenibilidad de su crecimiento económico y en la estabilidad de Asia propicia la formulación de un nuevo equilibrio entre cooperación y competencia, que también puede ofrecer nuevas oportunidades a la Unión Europea. Cuando va a cumplirse un año de la adopción por Bruselas de su estrategia hacia India, la cumbre de Chennai confirma la necesidad expresada por dicho documento de considerar a Delhi como un socio no sólo económico sino también geopolítico, con el que conviene estrechar las relaciones y completar así el camino ya recorrido con la otra gran democracia asiática, Japón.

Foto: Subbiah Rathianagiri, Flickr.

La Ruta de la Seda en Lationamérica. Nieves C. Pérez Rodríguez

La antigua Ruta de la Seda ha sido ambiciosamente rediseñada por Xi Jinping. La ahora llamada BRI (por su nombre en inglés Belt and Road Initiative) o corredor de transporte, ya cuenta con 131 países y con una inversión de 575 mil millones de dólares en la fase de desarrollo de la misma, según el Banco Mundial.

Se estima que, con la BRI, el comercio mundial podría aumentar hasta un 6,2% a pesar de la amenaza de guerra comercial que ha tenido expectante al mercado. Sin embargo, los ejemplos de Malasia, Myanmar, Sri Lanka, Pakistán y el de las Maldivas, levantan muchos interrogantes sobre cuatro aspectos claves del desarrollo del magno proyecto: el impacto ecológico, la real sostenibilidad de la deuda que adquieren los países receptores, la transparencia en el proceso y el retraso en los proyectos, tal y como afirma Pepe Zhang -Director Asociado de China para el Atlantic Council-, quién publicó la semana pasada un informe sobre la BRI en Latinoamérica.

La publicación del informe se hizo en el marco de una conferencia en la que expertos, tanto del sector público como del privado, intercambiaron sus impresiones sobre lo que está ocurriendo en el continente americano y en la que 4Asia participó.

La entrada de China en América Latina comenzó con la necesidad de Beijing de ampliar sus suministros y proveedores. La adquisición de productos como soja, arroz y minerales, fue la primera parte.  Han ido adquiriendo extensiones de tierra para asegurarse sus cultivos y la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Así lo han hecho en Argentina, Cuba, México y Venezuela. Asimismo, ha ocurrido en muchos países africanos. También tienen acuerdos con Rusia y las naciones exsoviéticas para alquilar o comprar terrenos agrícolas, tal y como lo anunció el ministro de Agricultura chino, Shirong Chen, en el 2018.

Pero ese interés inicial por materias primas ha ido transformándose. Beijing ha entendido que Latinoamérica es también un gran mercado para sus productos. Sobre todo, en este momento en que Huawei ha sido vetada por las economías fuertes, y que la necesidad del 5G es cada día mayor. China ofrece conectividad a la región y, al menos por ahora, la región tiene una imagen positiva de la llegada de las inversiones chinas, según Leigh Wedell -jefe de operaciones de Basilinna, firma consultora especializada en China y Medio Oriente.

Wedell afirma que “la BRI llegó a Latinoamérica y el Caribe con inversiones en Panamá, pero ahora cuenta con 19 países y seguirá creciendo”. Uno de los grandes focos de interés chino es el sector energético en la región.

“La mayor inversión de China en Latinoamérica está en Perú”, apunta Federico Cuadra del Carmen -consultor de Baker McKenzie-. Más de 170 empresas chinas operan en Perú. La mayoría están en el sector minero. En efecto, el embajador chino en Perú anunció a principios del 2019 que, en los próximos tres años, Beijing invertirá un total de 10 mil millones de dólares en energía, minas, telecomunicaciones, construcción y financiación en esta nación.

Las entidades Development Bank y Export-Import Bank de China están detrás de la mayoría de las obras de infraestructura de la región, sustituyendo así a los tradicionales Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Un plan milimétricamente calculado por Beijing, quién ve estratégico desarrollar infraestructuras que permitan conectar mejor las rutas comerciales.

Desde el año 2005, las entidades bancarias chinas han otorgado más de 141 mil millones de dólares en créditos a proyectos y compromisos, conforme al informe del Atlantic Council.

Los proyectos con grandes problemas ecológicos y deudas insostenibles han tenido eco en Beijing, que ahora empieza a preocuparse de su reputación. Y de acuerdo con los expertos, comienzan a tomar medidas.

El informe concluye que es vital adoptar un enfoque pragmático y creativo del corredor de transporte. Cada país debe desarrollar estrategias adaptadas a sus particularidades, especialmente en una región tan diversa como América Latina y el Caribe. Para garantizar que la BRI sea masiva y en su evolución proporcione beneficios concretos a la región, debe desarrollarse un plan individualizado para cada país.

Xi Jinping no ha escatimado esfuerzos en el desarrollo estratégico de la ruta. Es su plan estrella para conectar China con el mundo a través de rutas comerciales que ellos mismos han financiado, diseñado y controlarán, mientras cobran los intereses a cada país por el dinero que les han prestado. Es claramente un proyecto brillante y muy ambicioso, con el cual Beijing se garantiza a largo plazo controlar todo el flujo de intercambios, la seguridad alimentaria de sus ciudadanos, el control y manejo de alimentos y muchas otras materias primas y ahora además se suma el aspecto tecnológico, del que dependerán estos países para su conectividad.

El abandono de Washington se ha traducido en carta blanca para China. Beijing ha sabido aprovechar muy bien la ausencia de Estados Unidos en su propio continente, y ha ido ganando espacios que ni tan siquiera habiendo un cambio de dirección en la política exterior de Washington se podrían cambiar fácilmente en el futuro. Lo único que podrán cambiar en este punto es que se respeten ciertas normas comerciales y de convivencia, para que el gigante asiático no saque para sí todo el beneficio de la relación. Y aun así será difícil.

INTERREGNUM: Señales desde Pekín. Fernando Delage

La designación de China por Estados Unidos como “manipulador de su divisa”, el pasado 5 de agosto, supone la ampliación de la guerra comercial a la escena monetaria o, si se prefiere, a una abierta guerra económica entre ambos países. La beligerante reacción de la administración Trump a la depreciación del yuan por Pekín, una medida que neutraliza en cierta medida los aranceles impuestos por Washington, revela su alarma al descubrir que China cuenta con un margen de maniobra mayor del previsto. Pero sorprende que siga sin entenderse que para la República Popular es una cuestión política de primer orden: no puede ceder ante lo que interpreta como la intención norteamericana de frenar su crecimiento económico y su ascenso como potencia.

La nueva escalada comenzó cuando Trump—contra el consejo de la mayor parte de sus asesores—anunció días antes la imposición de nuevas tarifas a las importaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares a partir del 1 de septiembre. En su reciente encuentro con sus interlocutores chinos en Shanghai, Los negociadores norteamericanos no obtuvieron de los primeros el acuerdo—exigido por Trump—de incrementar de manera inmediata la importación de productos agrícolas de Estados Unidos. La decisión del banco central chino de depreciar el yuan—considerada como lógica por todos los expertos dado el impacto de las sanciones de la Casa Blanca—, precipitó la acusación de manipulación de su divisa, una medida que tiene no obstante escasos efectos prácticos más allá de iniciarse consultas al respecto en el marco del FMI.

El impacto de las tensiones bilaterales sobre las bolsas de medio planeta—una situación que en nada beneficia a un Trump que comienza la campaña para su reelección—, muestra que Pekín conoce mejor que nadie su vulnerabilidad. Al contrario de lo que parece creer, el presidente norteamericano en absoluto tiene la situación bajo su control. El riesgo es que esta espiral conduzca a una dinámica autodestructiva y se extienda a otros terrenos, en los que también China ha lanzado varias señales en las últimas semanas.

Una de ellas ha sido la primera incursión aérea conjunta de China y Rusia en el noreste asiático. El 23 de julio, aviones de ambos países patrullaron sobre el mar de Japón y el mar de China Oriental, entrando en la Zona de Identificación de Defensa Áerea de Corea del Sur. Si a Washington le preocupa el acercamiento entre Pekín y Moscú, esta operación marca un nuevo hito en la relación estratégica entre ambos. Realizada la víspera de la llegada a Seúl del asesor de seguridad nacional del presidente, John Bolton, y semanas después de que el Pentágono hiciera pública su estrategia hacia el Indo-Pacífico, la iniciativa va dirigida a debilitar las alianzas de Estados Unidos con Corea del Sur y con Japón, y representa una respuesta al despliegue por Washington de un sistema de defensa antimisiles en la región tras su abandono del INF.

En relación con este último asunto, a finales de julio China también realizó por primera vez una prueba de sus misiles anti-barco en las aguas del mar de China Meridional. Los ensayos, coincidentes con la publicación por Pekín de su último Libro Blanco de Defensa, abren un nuevo capítulo en la competencia militar entre Washington y Pekín en la periferia marítima china. El uso de este tipo de misiles, que pueden destruir buques de grandes dimensiones (portaaviones incluidos), lanza un poderoso mensaje político y militar a Estados Unidos sobre las crecientes limitaciones de sus capacidades en el espacio que los estrategas navales chinos denominan “la primera cadena de islas”.

Las opciones norteamericanas, tanto en el frente económico como en el de seguridad, se complican en consecuencia. China tampoco está libre de problemas: además de muchas otras dificultades, Hong Kong se ha convertido en un desafío difícil de gestionar. La celebración, el 1 de octubre, del 70 aniversario de la fundación de la República Popular marca los tiempos al presidente Xi. Una nueva guerra fría aparece cada vez más como inevitable.

INFORME: Petróleo para la Eternidad. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz.

El programa nuclear de Irán se encuentra desde hace años en el punto de mira de todos los organismos internacionales. El gobierno iraní intenta tener capacidad propia y total de todo el ciclo nuclear, desde la minería hasta el procesamiento y, además, defiende que su programa nuclear va dirigido a fines civiles pero Europa y Estados Unidos, entre otros, consideran que la compra de tecnología nuclear tiene un único fin: construir la bomba atómica. Además, el Estrecho de Ormuz está en Irán, un estrecho por el que circulan más del 30% de los barriles que se mueven por el mundo en un solo día. Este estrecho es una salida al petróleo producido en Oriente Medio.

Irán:

Irán es un país situado en Oriente Medio que cuenta con unas reservas de petróleo de 158.000 millones de barriles, lo que supone el 10% del todo el crudo del mundo y el 13% de la reservas de la OPEP y se estima que es uno de los países más ricos en recursos naturales como gas natural, oro, plata o cobre.

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN) entró en vigor en 1970, y prohíbe a todos los países desarrollar y poseer armamento nuclear. Solo los 5 países pertenecientes al Consejo de Seguridad de la ONU pueden tener armamento nuclear: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. El enriquecimiento de Uranio para la fabricación de la bomba atómica ha sido el motivo por el que Estados Unidos ha establecido sanciones contra Irán en las últimas décadas. En 2015, éste país se comprometió a parar su programa nuclear si se eliminaban las sanciones, el acuerdo lo firmaron Irán, EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, Alemania y China, es el llamado “Plan de Acción Integral Conjunto”, un pacto que no fue bien visto por el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, porque Ahmadineyad declaró su enemistad con los judíos el mismo año que llegó a Teherán.

El desarrollo de la bomba atómica por parte de Irán (mayoritariamente Chiita) le podría dar más control sobre el estrecho de Ormuz, así mismo, ganaría influencia sobre Arabia Saudí, lo que podría provocar conflictos entre las dos ramas del Islam: Chiitas y Suníes. Estados Unidos perdería influencia en la zona, a través de Arabia Saudí, que es de mayoría Sunita. Por otro lado, Irán apoyó a Bashar Al–Ásad en la guerra civil Siria y, la Guardia Revolucionaria Iraní apoya a Yemen en su guerra con Arabia Saudí y, por si fuera poco, Iraq también es de mayoría Chiita y, acciones internacionales en conjunto, serían devastadoras internacionalmente, por lo que si Irán obtuviera la bomba atómica, pondría en jaque a Israel, Arabia Saudí, a toda la región y a Occidente, vía el estrecho de Ormuz.

Las relaciones entre EEUU e Irán sufrieron altibajos a partir de la Revolución Islámica de 1979. Alí Jamenei fue un claro defensor de los palestinos y, por lo tanto, opuesto a Israel (Aliado de Estados Unidos), pero el detonante fue Mahmud Ahmadineyad, que radicalizó el país y abogó por un mundo antisemita poco después de su llegada al poder en 2005, lo que no sentó nada bien a los Estados Unidos, y no solo por esto, sino también por financiar grupos terroristas. Fue entonces cuando Irán dio un impulso a su desarrollo nuclear, pudiéndose convertir en una amenaza para los países de la zona, como Arabia Saudí o Israel (aliados de EEUU).

En la resolución 1737 de 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció sanciones contra Irán por no dejar de enriquecer Uranio, lo que provocó inestabilidad en un país tan dependiente de las exportaciones de petróleo.

Hasta el año 2015, Irán vendía 1,8 millones de barriles al día a países como China o la India, pero, en 2015 llegó  el “Plan de Acción Integral Conjunto”, donde se eliminaron estas sanciones a Irán a cambio de una disminución drástica de enriquecimiento de Uranio, lo que provocó un aumento de las venta de petróleo iraní hasta los 3 millones de barriles al día:

[Visualpolitk:https://www.youtube.com/watch?v=ZiegCXkt6UM&list=WL&index=9]

EEUU y Arabia Saudí han mantenido más o menos buenas relaciones diplomáticas desde mediados del siglo XX, gracias al acuerdo que firmó Roosevelt y el Rey Abdelaziz Bin Saud; Roosvelt ofrecía protección en la zona a cambio de petróleo.

Si tenemos en cuenta esto y las declaraciones de Alí Jamenei o Ahmadineyad en 2005, podemos entender las malas relaciones de EEUU con Irán, a pesar del acercamiento de Obama con el acuerdo del 2015.

Donald Trump ha criticado este acuerdo y ha insistido al resto de países a no comprar petróleo iraní, rompiendo el acuerdo firmado por Obama, con el objetivo de reducir las exportaciones de la República Islámica a cero, favoreciendo así a su aliado en la zona, Arabia Saudí.

Estados Unidos:

El presidente de EEUU, Donald Trump, anunció que dejaría de comprar petróleo Iraní, una decisión que afectaría a los ingresos y a las exportaciones del país. Trump también amenazó a otros países como China, India, Corea del Sur o Japón por mantener lazos comerciales con el país. China es el mayor comprador de petróleo de Irán y rechaza, tajantemente, la decisión del presidente de EEUU. Esta decisión unilateral del presidente americano ha sentado muy bien a los países vecinos, pues los países que no compren a Irán, podrían comprarlo, por ejemplo, al aliado americano, Arabia Saudí, pero si esto ocurriera, Irán podría cerrar el estrecho de Ormuz, provocando una crisis a países dependientes del petróleo como China, bloquear barcos ingleses o derribar drones, como ya ha ocurrido recientemente.

China:

Las relaciones entre China e Irán comenzaron hace más de 3 décadas y, a día de hoy, Teherán es altamente dependiente de China. Las necesidades energéticas de China ligado a los bajos costes de extracción de petróleo hacen que Teherán sea un socio en la zona muy importante, así como un socio estratégico para frenar la hegemonía de los Estados Unidos.

[Visualpolitk. https://www.youtube.com/watch?v=KsF6_Iv2l3A&list=WL&index=3]

El rápido crecimiento de China le obliga a demandar petróleo y, a pesar de las sanciones, el gigante asiático va a seguir importando petróleo Iraní, entre otras razones, por su bajo coste. Irán es un punto estratégico muy importante para China ante el proyecto más ambicioso del siglo XXI, la Nueva Ruta de la Seda. En 2017, China prometió 35.000 millones de dólares en financiamiento y préstamos, así como 10.000 millones de dólares para financiar proyectos de agua, energía y transporte. Esta Nueva Ruta de la Seda, que pasa por Irán, reduce el transporte de los 45-50 días por mar a los 14-15 por tierra. Gracias al nuevo tratado de Libre Comercio entre Irán y la EaEU, países como Armenia, Bielorrusia, Kazajistán o Kirguistán se podrían ver favorecidos de este proyecto chino.

La renovación de las vías por parte de Irán está atrayendo a empresas chinas, como la “China Railway Engineering Corp”, que está construyendo un tren de alta velocidad entre Teherán e Isfahan y otro que conectará Kermanshah y Khosravi, o la empresa “China Machinery Industry Corp”, que quiere conectar Teherán,  Hamedan y Sanandaj.

Con todo esto, China no va a dejar de comprar petróleo iraní y poco le importan las sanciones de Donald Trump.

[Fuente: Real Instituto Elcano: https://blog.realinstitutoelcano.org/en/global-spectator-the-new-silk-road-passes-through-iran/]

Conclusiones:

 

La bomba atómica es clave para que Irán pueda doblegar a sus enemigos y ganar adeptos en la zona. Es el segundo país con más reservas de Gas Natural del mundo y una posible alianza con Irak, ambos chiitas, pondría en serios apuros al resto del mundo; ambos países tendrían, aproximadamente, las mismas reservas de petróleo que Venezuela. Obviamente, si Irán desarrolla energía nuclear, Arabia y el resto de países harán lo propio para no quedarse atrás. El estrecho de Ormuz juega un papel clave  ya que junto con el de Malaca es el estrecho por donde más petróleo navega cada día. Bloquearlo provocaría un aumento del precio del petróleo con consecuencias negativas para Occidente y el resto de países.

Chiitas contra sunitas, chiitas y hutíes contra sunitas, chiitas contra judíos,  posibles alianzas entre Irán e Irak: guerras y alianzas por el control de la región más caliente del planeta.

El control de esta zona es crucial para la supremacía de estos países; Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Qatar tienen juntos unos 800.000.000.000 de barriles.

Quien domine esta región, tendrá reservas de petróleo para la eternidad. (Foto: Joshua K. McClain)

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

www.linkedin.com/in/angelenriquezdesalamancaortiz

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Una declaración de principios. Miguel Ors Villarejo

En esta web he sido muy crítico con Donald Trump y muy encomiástico con las hazañas económicas de China, y algún lector poco avisado ha podido malinterpretarme y concluir que considero que Estados Unidos es un asco y Xi Jinping mola. Nada más lejos de mi ánimo. Es justo al revés: Xi Jinping es un asco y Estados Unidos mola. La razón por la que hablo mal de Estados Unidos es porque su clima político ha empeorado en los últimos años. La razón por la que hablo bien de China es porque ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas. Pero esta evolución reciente no debe ocultar que, pese al deterioro de su vida pública, Estados Unidos sigue siendo una democracia consolidada, mientras que China no ha dejado de ser una satrapía abyecta a pesar de su progreso material.

El motivo por el que me he decidido a compartir esta declaración de principios es el enfrentamiento dialéctico que, durante la jornada que organizó 4Asia el pasado 10 de junio, mantuve con algunos asistentes. Uno de ellos argumentó que “la democracia no consiste solo en votar” y cuando le espeté tras un animado forcejeo: “¿Me está usted diciendo que Estados Unidos no es una democracia?”, respondió escuetamente: “Sí”. A esas alturas, la tensión en la sala había subido varios grados y otra persona intervino con ánimo conciliatorio. “Yo creo”, vino a decir, “que cada cual tiene sus defectos. China carece de libertades, pero en Estados Unidos hay mucha desigualdad”.

Pido disculpas por lo sucinto de este resumen, que no hace honor a la riqueza de matices que se manejaron y que mis antagonistas hallarán inevitablemente sesgado, pero cumple y sintetiza bien la caricatura que alguna izquierda suele hacer de Estados Unidos: una dictadura encubierta en la que unos pocos se enriquecen a costa de la mayoría.

Empezando por la desigualdad, hay muchos modos de medir cómo se reparten los ingresos en una sociedad. El más utilizado es el coeficiente de Gini. Oscila entre 0 y 1, siendo 0 la igualdad perfecta (todos los individuos reciben la misma porción del pastel) y 1 la máxima desigualdad (un individuo se queda con todo). De acuerdo con los cálculos de la OCDE, Estados Unidos se halla en la zona alta (o sea, la mala), con un índice de 0,4 en 2013. Únicamente Turquía, México y Chile arrojan un dato peor. Pero, ojo, porque ese mismo informe estima que el Gini de China es de 0,42. Al régimen de Xi se le puede elogiar por muchos motivos, pero no por su igualitarismo.

En cuanto a la política, mi antagonista tenía razón al señalar que la democracia no consiste solo en votar. En muchas dictaduras se vota. Durante el franquismo nos hartamos de designar procuradores y acudir a plebiscitos, pero eran puro teatro. Nunca estuvo en juego la soberanía real y, al final, como decía Karl Popper, de lo que se trata es de “organizar las instituciones de modo que los gobernantes malos o incapaces no puedan ocasionar demasiado daño”. La ventaja fundamental de una democracia es que permite revocar a los mandatarios incompetentes mediante la convocatoria regular de elecciones. Y para que el resultado de estas sea legítimo y representativo de la voluntad popular, se habilitan una serie de derechos y libertades: ideológica y religiosa, de asociación y expresión, a la educación y a la sindicación, etcétera.

Con el paso de los años, los politólogos han objetivado estos requisitos e incluso elaboran rankings que ordenan las democracias en función de su calidad. Los dos más conocidos son los de The Economist Intelligence Unit (EIU) y The Freedom House (FH). Uno y otro censuran a Estados Unidos en sus ediciones más recientes. “Si Trump es incapaz de revertir la tendencia a la polarización, la democracia estadounidense corre el riesgo de sufrir un deterioro aún mayor”, alerta la primera. Y la segunda remacha: “Ningún presidente ha mostrado menos respeto por los principios y las reglas”. Son duras acusaciones, que explican que EIU haya degradado a Estados Unidos, que ya no es una “democracia plena”, sino “defectuosa”. Así y todo, obtiene una calificación de 7,96 sobre 10. Notable. FH, por su parte, le da un 8,6. Notable alto.

¿Y China? Saca la misma nota en las dos: 1,4 sobre 10. Muy deficiente. Los motivos son obvios. Por monstruoso que Trump nos pueda parecer, su Administración responde de sus actos ante otros poderes. Recientemente se le ha acusado de detener a la directora financiera de Huawei para forzar la mano a Pekín en su disputa comercial, y no voy a discutir que una cosa no tenga que ver con la otra, pero Meng Wanzhou espera tranquilamente su extradición en Canadá, un procedimiento tan garantista que podría llevar años. Entre tanto, ¿sabemos algo del presidente de la Interpol, que Pekín arrestó en octubre por “violar la ley”? Human Rights Watch ha denunciado su desaparición, así como el internamiento de un millón de musulmanes en campos de reeducación. En China se tortura, se detiene arbitrariamente y se acosa a los disidentes. Hace un año se secuestró la película Llámame por tu nombre porque relata un amor homosexual y promueve, en opinión de las autoridades, la desviación. Cualquier insinuación crítica contra el Gobierno se castiga con la cárcel, igual que el intento de montar un sindicato.

Algunos consideran, con Jean Paul Sartre, que esta represión es el precio que hay que pagar por el verdadero progreso. No está claro a qué se refería el filósofo con esa expresión, aunque debe de ser algo grandioso para justificar el sacrificio de generaciones enteras. Tampoco Marx dio muchos detalles del paraíso comunista que nos aguarda al final de la historia. Por si acaso, los izquierdistas europeos dejan que China explore el terreno, mientras ellos se resignan a vivir en estas democracias de pacotilla que tenemos en Occidente.