Entradas

Flickr Paco Trujillo

¿Qué hacemos con la inmigración? (1). Barcelona o muerte. Miguel Ors Villarejo

Más de 12.000 inmigrantes ilegales han arribado este año a nuestras costas. Por el camino se han quedado al menos otros 300. “¿Qué impulsa a alguien a arriesgar su vida para trabajar en la economía sumergida?”, se preguntaba la investigadora del Banco Africano de Desarrollo Linguère Mously Mbaye a raíz de la tragedia de la playa ceutí del Tarajal. Y tras contar que el lema con que los senegaleses se embarcan en esta odisea es Barcelona o muerte, añadía: “Prefieren ahogarse que quedarse en Senegal”.

La lógica económica que alimenta los flujos migratorios es tan arrolladora como esta desesperación. “En 2000”, escribe el catedrático de Harvard Richard Freeman, “un mexicano con entre cinco y ocho años de escolarización ganaba 11,2 dólares por hora en Estados Unidos y 1,82 en México”. Esa diferencia succiona literalmente a los hispanos al otro lado del río Grande.

¿Y por qué ganan tanto más? Porque su productividad se dispara. “Las naciones ricas son ricas porque están bien organizadas y las pobres son pobres porque no lo están”, explica The Economist. El obrero de una fábrica de Nigeria es menos eficiente de lo que podría serlo en Australia porque la sociedad que lo rodea es disfuncional: la luz se corta, las piezas de recambio no llegan a tiempo y los gerentes están ocupados peleándose con burócratas corruptos. Cuando el emigrante accede a un país rico, se beneficia de las ventajas del buen gobierno y el estado de derecho.

El derroche de talento que supone dejar a millones de individuos atrapados en economías improductivas no es una tragedia únicamente para ellos, sino para todo el planeta. “Las escasas estimaciones rigurosas que se han realizado de las pérdidas que ocasionan las barreras al movimiento de personas dejan boquiabiertos a los expertos”, escribe el investigador Michael Clemens.

“Si el mundo desarrollado permitiera que la llegada de extranjeros expandiera su fuerza laboral en apenas un 1%”, calcula el economista Alex Tabarrok, “la creación adicional de valor para esos emigrantes superaría toda la ayuda oficial”.

Es mucho dinero (unos 135.000 millones de dólares en 2014), pero Tabarrok especifica claramente que sus beneficiarios serían “esos emigrantes”. ¿Qué pasa con los que quedan atrás? ¿No descapitalizan las regiones que abandonan? Esa fuga de cerebros provocó en 1995 una dramática llamada de auxilio del Banco Mundial. “¿Puede alguien hacer algo para detener el éxodo de mano de obra cualificada de los países pobres?”, clamó. El catedrático de Columbia Jagdish Bhagwati incluso propuso que se gravara a los emigrantes con un impuesto especial, cuya recaudación se destinaría a reparar el daño infligido a sus compatriotas.

Pero si ese daño existe es tan insignificante que nadie lo ha detectado. Lo que por el contrario si está probado es que la perspectiva de emigrar altera la estructura de incentivos. Millones de indios se hacen ingenieros con la esperanza de emplearse algún día en Estados Unidos, pero no todos lo logran. El resultado es que India acaba con un nivel de educación superior al que tendría si se detuviera el éxodo. “La emigración es un estímulo para la formación de capital humano, no la culpable de una fuga de cerebros”, sentencian los economistas Oded Stark y Yong Wan.

“Cualquier pérdida que pudiera generar el emigrante la compensaría además con sus remesas”, añade Lidia Farré, profesora de Economía Política de la Universidad de Barcelona. El volumen de estos envíos ascendió el año pasado a 573.000 millones de dólares, según el Banco Mundial. En algunos lugares, este capítulo de ingresos supone hasta el 20% del PIB.

Queda claro, por tanto, que la emigración beneficia a los países emisores, pero ¿qué sucede con los receptores? Aquí circulan varios equívocos que conviene deshacer. De ellos nos ocuparemos en la próxima entrega. (Foto: Flickr, Paco Trujillo)

Lopez obrador

López Obrador, Trump, Xi. Un escenario nuevo. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Con la victoria de López Obrador en México el panorama internacional podría sufrir un cambio de dirección. Con un populista de izquierdas en México y uno de derechas en Washington, las áridas relaciones entre ambas naciones podrían salir del oscuro hueco en el que se encuentran. Aunque no hay que olvidar que Peña Nieto continuará en el poder hasta el 1 de diciembre, es poco probable que la Administración Trump intente negociar con el saliente gobierno, si bien el Departamento de Estado en su felicitación oficial al nuevo líder mexicano insistía en que seguirán trabajando con el actual gobierno, lo que puede ser interpretado como un gesto diplomático cotidiano, más que una demostración genuina de interés.

John Bolton, uno de los más controvertidos asesores de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirmaba que “Trump está ansioso por reunirse con López Obrador y que la relación entre ambos líderes puede dar resultados sorprendentes”.

El elemento nacionalista está vigorosamente presente tanto en Trump como en López Obrador, quienes se consideran asimismo como una especie de salvadores de sus naciones, según su propia versión de país y cómo explican la gestión que llevan o llevarán a cabo, elemento que podría ponerlos en un lugar de entendimiento mutuo. Ambos líderes han centrado sus esfuerzos en una necesaria transformación del modelo anterior -de acuerdo a su opinión-.

Sin embargo, ese mismo elemento llevado al extremo podría ser detonante de conflictos entre ambos. Vanda Felbab-Brown, experta del Brooking Institute, analiza los paralelismos entre ambos líderes y asegura que las formas son sorprendentemente parecidas entre su estilo político y de concepción del Estado. Con una retórica frecuentemente agresiva, ambos odian perder batallas políticas. Atacan a quienes los critican, realizan férreas críticas a los medios de comunicación, desprecian las ONGs y a la sociedad civil, y ambos han chocado con la corte suprema de sus países.

López Obrador, por su parte, ha apostado por no atacar a su homólogo estadounidense, ni siquiera en los momentos más álgidos de la campaña. Posiblemente porque sabe lo importante que son los Estados Unidos para la economía mexicana, por lo que ha expresado abiertamente que abogará por mantener en funcionamiento el NAFTA. Sin embargo, uno de los mayores retos a los que se enfrentará el recién elegido presidente será el Congreso mexicano, que actualmente está compuesto por una gran variedad de actores que representan ideologías y valores distintos. Y muy a pesar del deseo de llevar adelantes sus políticas de izquierda, en un Estado de derecho como el mexicano, tendrá que pasar por los filtros del Congreso cualquier decisión antes de ser llevada a cabo.

Mientras tanto, al otro lado del Pacífico, Xi Jinping no se ha querido quedar fuera de los protocolos y ha felicitado a López Obrador, afirmando que están en un momento adecuado para reforzar la cooperación entre los dos países. “China da gran importancia al desarrollo de los lazos entre los dos países y quiere trabajar junto a López Obrador para seguir fortaleciendo el consenso político, aumentando la cooperación de mutuo beneficio y enriqueciendo la asociación estratégica integral entre los dos países a fin de reportar nuevos beneficios a las dos sociedades y contribuir a la paz, la estabilidad y el desarrollo mundial”.

Trump debería aprovechar el nuevo momento político mexicano para suavizar las tensiones y en nombre del imperativo económico reestablecer unas relaciones donde prime el interés mutuo. Si la Administración Trump analizara las relaciones bilaterales a través del lente estratégico -como debería hacerlo, menos pasional y/o electoralmente- se encontraría con que no debería sacrificar su cercanía con su vecino, pues China está a la caza de cualquier mercado que Estados Unidos abandona, o en el que al menos reduce su presencia. A día de hoy, más de la mitad de las importaciones que llegan a México son de Estados Unidos o China. De haber una guerra comercial, México tendría que comprar productos manufactureros más caros provenientes de ambos países, según el Consejo Empresarial mexicano de Comercio Exterior (Comce), así como lo tendrían que hacer China y Estados Unidos. Por lo que Beijing podría aprovechar para activar una maniobra de intercambios bilateral con México.

Si Estados Unidos, por su parte, reduce la compra de productos provenientes de México, los chinos aprovecharían para comprar muchos de esos productos (entre ellos: maíz, trigo, carne de ternera y cerdo, y aves de corral) que a día de hoy le compran a su principal competidor, pero, por razón de los aranceles, sería más atractivo para China comprárselos directamente a México, sin tasas.

Washington, en su política obtusa de máxima presión, ya sea a través de impuestos o aranceles, puede conseguir el efecto contrario a su propósito. Pues el valor final de los productos en su territorio podría aumentar considerablemente para el consumidor, pero también podrían reducir la presencia estratégica bien sea comercial o política en su vecino del sur, dejándole el camino abierto a Beijing para instalarse cómodamente en territorios históricamente estadounidense. (Foto: Mario Delgado, Flickr)

Acero

Trump abre otro frente

Alegre y combativo, Donald Trump se ha lanzado a la arena de la guerra comercial anunciando un rearme arancelario de las importaciones de acero y aluminio para, dice, proteger la industria de Estados Unidos, y amenazando a Europa con extender la medida al sector automovilista. Ha afirmado el atrabiliario presidente que las guerras comerciales son buenas y se ganan fácilmente, pero eso, como todos los procesos históricos, debe ser analizado a medio y largo plazo.

Aparte del hecho real de que recurriendo al nacionalismo económico el presidente Trump despierta a un monstruo apenas dormido, abre una carrera contra la globalización y la libertad de comercio, que nunca ha sido mucha, por otra parte, y penaliza a los países menos desarrollados que ya tienen políticas proteccionistas, políticamente es un mensaje nefasto que alimentará el populismo nacionalista y provocará a medio plazo dudosos beneficios a la política de Estados Unidos.

Políticamente, la medida anunciada provoca un terremoto que hará reconsiderar alianzas y estrategias. Hay que subrayar que los nuevos impuestos para el acero de fuera de Estados Unidos provocan una brecha entre Gran Bretaña y Estados Unidos que hace tambalear los planes de Londres para hacer frente al Brexit; abren un foso entre EEUU y la Unión Europea; crean problemas con Rusia y China y, lo que es más importante, con Corea del Sur, y en el caso del aluminio, penalizarán a países presentes ahora en el mercado norteamericano como Venezuela y Vietnam. Y, más, la medida ensancha la grieta en el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, México y Canadá, que Trump quiere renegociar para, proclama, conseguir ventajas para su país.

No es fácil adelantar una posible evolución de este panorama dibujado “a grueso trazo” como lo ha definido el secretario de Comercio de EEUU en el que aún faltan los detalles. Pero parece otro paso más de Trump en una estrategia que huele a improvisación, que suena a vieja y gastada y que políticamente va a ser una fuente de inestabilidad difícil de gestionar. (Foto: Wajahat Mahmood, Flickr)

miner2

China a la conquista de América Latina (y 2). Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Estados Unidos es consciente de que China juega en el terreno diplomático no tradicional a un juego de seducción económica y penetración de sus empresas. Recientemente, el secretario de Estado, Rex Tillerson, acusó a China de ser una economía depredadora. En su gira por Latinoamérica dijo: “China ofrece un camino aparentemente atractivo hacia el desarrollo, pero a menudo esto implica ganancias a corto plazo a cambio de una dependencia de largo término”.. Según Sean Miner, esto no siempre es cierto, pero hay algunos ejemplos donde sí ha sido; Venezuela es un uno de ellos, así como Ecuador.

Miner, experto en China, con foco especial en sus políticas económicas, y director asociado del área china en el Atlantic Council, en la segunda entrega de la entrevista que le concedió a 4Asia expuso el caso de Ecuador, donde el expresidente Correa ha sido acusado por el actual presidente Moreno de haber dejado al país en una gran deuda con China en acuerdos de préstamo por petróleo. Moreno afirma que Ecuador le debe a China más de 500 millones de barriles de petróleo, o sea, más de tres años de la producción de petróleo del país, lo que significa que Ecuador debe enviar la gran mayoría de su petróleo a Asia para pagar sus deudas. Esto priva al país de una importante fuente de ingresos para su gasto interno, en cuestiones como el bienestar social.

Miner identificó los desafíos que representa China para Estados Unidos en dos grandes grupos. Primero, los problemas económicos; en segundo lugar, la seguridad a largo plazo. A medida que China se acerca estratégicamente a países como Brasil, Argentina e incluso México, esa cercanía podría tener un efecto debilitador de las alianzas de Washington con estos países. En otras palabras, estas naciones podrían ir en contra de los Estados Unidos en organizaciones internacionales. Además, en países como Panamá, donde se cambió la lealtad diplomática de Taiwán a China, se traduce en un gran problema para Estados Unidos, ya que Washington ha jurado proteger a Taiwán en caso de ser atacado. Y cuantas menos relaciones diplomáticas tiene Taiwán, más débil se vuelve.

Así mismo, algunos países, ricos en recursos naturales, dependen de China para su crecimiento económico, y los estudios han demostrado que estos países tienen menos probabilidades de diversificar su economía, por ejemplo, hacia el sector de servicios y tener un sector manufacturero más dinámico. El comercio con China puede inhibir esta transición.

Le preguntamos también sobre cuál fue el mensaje de Tillerson para América Latina, y éstas fueran sus palabras: “Tillerson mencionó recientemente que la Doctrina Monroe, un documento que describe a América Latina como una esfera de influencia estadounidense que no debe ser alterado por poderes externos, está tan vigente hoy como lo fue el día en que fue escrita” en 1823. Pero Washington no debería hablar de América Latina como su “esfera de influencia” o su “patio trasero. Se debería cambiar la estrategia hacia esta región, dice, “y dedicar un mayor esfuerzo en fortalecer las relaciones con los países de la región. Dada la importancia de América Latina para los Estados Unidos, Washington debería desarrollar vínculos diplomáticos y económicos más fuertes, especialmente con México, así como convendría reparar el daño que ha sufrido esta relación bilateral”.

Así mismo, Miner afirmó que Estados Unidos debería buscar fortalecer su relación con Cuba, en lugar de retroceder en los progresos que se llevaron a cabo recientemente. En cuanto a las relaciones con Brasil y Argentina, Washington debería aprovechar las similitudes en las visiones democrática compartidas con estos países para la promoción de la democracia y los derechos humanos, sostiene, Esto sería una estrategia más efectiva que intentar contrarrestar directamente el aumento de China en la región, en su opinión.

Por último, le preguntamos sobre si cree que China quiere ejercer influencia militar en la región latinoamericana, y su respuesta fue enfática. Él no ve a Beijing programando ejercicios militares en la región en un futuro cercano.  Para él, la prioridad china es proyectar y ejercer influencia en la Región Asiática, y quedarse con el poder que a día de hoy ejerce Estados Unidos.  Que en congruencia con las afirmaciones hechas en esta página anteriormente, China está jugando a fortalecer su imagen de gran potencia primeramente en Asia, y, una vez consolidada esa influencia, podría considerar extender sus tentáculos a regiones más lejanas, como Latino América, en la que ya lleva un largo camino recorrido. Una influencia que, valga decir, ni la Administración Obama ni la Administración Trump (de momento) parecen haber considerado como amenaza.

sean miner

China a la conquista de América latina (1) Entrevista a Sean Miner. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- En la visita del presidente chino Xi Jinping a América Latina en el 2014, éste planteó como objetivo que las empresas chinas invirtieran 250 mil millones de dólares en América Latina para el 2025. “lo que es una muestra de los efectos del poder blando de la diplomacia económica china, que, por un lado, ayuda a mejorar la imagen de China en el exterior, mientras que consigue persuadir apoyos en organizaciones internacionales como Naciones Unidas, a la vez que facilita políticas más amistosas con otras naciones”. Esta es la opinión de Sean Miner, director asociado del área china en el Atlantic Council, uno de los think tank más respetados en Washington.

4Asia tuvo la oportunidad de entrevistar a este experto, quién además de hablar mandarín y haber en Beijing, tiene un profundo conocimiento de la cultura china, con especial énfasis en sus políticas económicas. Con un extenso número de publicaciones en China, también trabajó para el instituto económico internacional Peterson.

Para Miner, América Latina es una región cada vez más dinámica y económicamente atractiva, con numerosas oportunidades en negocios e inversiones. En su opinión, en los primeros años del siglo XXI, los líderes chinos se dieron cuenta de que necesitaban tener más acceso a recursos naturales para garantizarse el crecimiento veloz de la economía, por lo que empresas chinas, especialmente las semiprivadas, empezaron a invertir en el exterior, sobre todo en el sector de la extracción.

Sin embargo, esta estrategia de inversión ha evolucionado junto con el crecimiento de la economía y la expansión de sus marcas. China tiene más actividad en el sector de servicios a día de hoy, por lo que esas empresas de servicios, como las tecnológicas o de información, finanzas, transporte y electricidad, se están expandiendo. Además, muchas empresas chinas mantienen todos sus activos en China, lo que puede ser un gran riesgo para una gran corporación, por lo que están invirtiendo en el extranjero para diversificar sus fuentes de ingresos y garantizar su supervivencia.

Le preguntamos sobre la dinámica comercial y las razones detrás de las grandes inversiones chinas en México, Brasil y Venezuela. Y esto fue lo que dijo:

México tiene relativamente pocos recursos naturales, por lo que a primera vista podría parecer un objetivo extraño para las inversiones chinas en el extranjero. Sin embargo, México es un país manufacturero fuerte que está altamente integrado en las cadenas de suministro regionales, y desde 2015 tiene salarios más bajos que los chinos. También forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y de la Alianza del Pacífico. Por eso, las empresas manufactureras chinas, especialmente las automotrices, comenzaron a establecerse en México para poder vender más fácilmente a América del Norte y América del Sur.

Brasil es un mercado atractivo para muchos inversores internacionales, no solo chinos. Las empresas chinas han invertido más de 60 mil millones de dólares solo en este este país, y en diversos sectores industriales, incluyendo el petrolero y gasífero, minero, transporte, automotriz, finanzas, electricidad y energía alternativa. Pero los prestamistas estatales chinos, como el Banco de Desarrollo de China y el Banco Export-Import de China, también han prestado a Brasil decenas de miles de millones de dólares, principalmente en el sector del petróleo y el gas. Esta inversión y los préstamos son parte de la estrategia de China para garantizarse su seguridad energética, y han tenido éxito. Brasil ahora exporta más petróleo a China que cualquier otro país en América Latina.

Venezuela, los prestamistas estatales chinos han prestado al gobierno venezolano o PDVSA más de 60 mil millones de dólares, principalmente en acuerdos de préstamo por petróleo. Y los expertos dicen que Venezuela aún le debe a China al menos 25 mil millones. Esto le asegura a China el suministro petrolero, incluso si los precios del petróleo subieron significativamente. Sin embargo, la imagen de China ha sufrido en este caso, ya que ahora están siendo acusados de apoyar la mala gobernanza y prolongar el régimen de Maduro, que pudo haber colapsado, pero que gracias al dinero chino, así como el ruso, y otros, se ha mantenido. Además, los prestamistas estatales chinos corren el riesgo de no recibir el reembolso de sumas importantes de dinero si hay un cambio en el gobierno.

La conquista de América Latina por parte de China difiere de las conquistas históricas tradicionales, donde el conquistador buscaba hacerse con más territorio e intencionalmente ejercer influencia en el territorio conquistado. La conquista china es una conquista de los recursos naturales del país receptor, para poder garantizar a su propio territorio y población el suministro de estos recursos, que a su vez acompañen al crecimiento de su economía.

Lo que no significa que anula del todo la posibilidad de ejercer influencia regional, pero al menos ahora su foco está en el beneficio económico que pueda reportarle.

Construction

América, Trump, Rusia y China

La Administración Trump, o al menos una parte de ella, parece haber vuelto la vista, quizá solo de reojo, hacia México y la América del sur, la que habla español y portugués. La gira de Rex Tillerson, que lleva meses con un pie fuera del Gobierno pero no acaba de irse, ha intentado recomponer lazos, calibrar apoyos para alguna salida en Venezuela y alertar sobre cómo la creciente influencia y penetración económica de Rusia y China pueden alterar la relación con Estados Unidos y la cultura de la gestión de los negocios.

La estrategia rusa, con menos capacidad económica, está orientada a encontrar nuevos espacios de influencia y nuevas alianzas en la estrategia de Putin de ser reconocido como la tercera, tras EEUU y China, y, si pudiera, la segunda, potencia mundial y gran socio para la gobernación mundial. En realidad, al menos de momento, Rusia trata de tener cabezas de playa lejos para reforzar los grandes retos cercanos como son Ucrania, el viejo espacio de influencia soviético y Oriente Medio.

El caso de China es diferente. Aspira a lo mismo, pero de otra manera. A China le mueve el negocio y tiene liquidez, y a través de éste ya llegará la influencia. Pero Rusia y China no son precisamente campeones de la libertad de mercado ni la transparencia. Y tampoco de la excelencia en construcciones y tecnología. Y América Latina tiene urgencias en institucionalización, tejido competitivo, seguridad y orden jurídico.

Pero Estados Unidos no es inocente. Lleva décadas de inacción en lo que despreciativamente han denominado su patio trasero. Además de buscar lazos comerciales, su política exterior ha sido errática. Superados los regímenes autoritarios de los años setenta y ochenta, EEUU apenas ha tomado iniciativas políticas salvo para, con Obama, negociar con Cuba un tratado que dejaba margen a seguir con la dictadura.  Y ni hablar de Venezuela donde, salvo grandes palabras, han dado espacio al chavismo durante años.

Ahora, EEUU parece querer reaccionar ante las estrategias de Rusia y de China. Pero tendrá que ir más allá de las visitas y reducir el proteccionismo levantando las antiguas banderas de las libertades, tanto políticas como de mercado. (Foto: Buddhima W. Wickramasingue, Flickr)

Nafta5

El NAFTA, supervivencia en agonía. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El acuerdo de libre comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) está en un proceso de deterioro de su estabilidad, a pesar de sus más de veinte años de exitoso funcionamiento. Tanto Canadá como México están apostando fuertemente por mantenerlo a flote, pero sus socios estadounidenses han repetido sin ningún tipo de dobleces que no continuarán con un acuerdo que perjudique la economía y los intereses de los Estados Unidos. La semana pasada, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, en su visita a la Casa Blanca, apostó por impulsar el acuerdo mientras Donald Trump, en su básico vocabulario, dejaba claro que sus relaciones bilaterales con Canadá son muy buenas, pero que el NAFTA ya se verá.

Trump ha sido consistente es su oposición a este acuerdo como, en general, a casi cualquier acuerdo económico en donde los intereses de su “América First” o “Make America Great again” estén comprometidos: de acuerdo a su propia concepción, lógicamente. Ha asegurado que es el peor tratado económico nunca antes firmado y firmó una orden ejecutiva para renegociar NAFTA a muy pocos días de tomar posesión. Además de que sus asesores económicos han expresado su negativa a continuar adelante con este compromiso.

La semana pasada, en el marco de la cuarta ronda de negociaciones para intentar salvar NAFTA, el representante de intercambios estadounidense afirmó que la causa del déficit que sufre Estados Unidos es este acuerdo. Del mismo modo, alegó que es prioritario para su Administración disminuir el déficit en los intercambios entre México y Estados Unidos, que el año pasado ascendió a 36 billones de dólares, mientras con Canadá fue de 30 billones (según el Economic Complexity Index).

Chrystia Freeland, ministra de Exteriores de Canadá, por su parte aseguró que erradicar este acuerdo no será la solución al déficit estadounidense. Los números indican que en 2016 las exportaciones estadounidenses fueron de 1.42 trillones de dólares versus 2.21 trillones en importaciones globales, lo que arroja un balance negativo de 783 billones.

Los expertos no terminan de ponerse de acuerdo en cómo se podría acabar con el NAFTA. Técnicamente hay dos teorías que se manejan. La primera, que Trump puede anularlo basándose en el artículo 2205 del acuerdo, lo que le daría 90 días para la retirada total. La segunda teoría sostiene que, dado que este convenio fue aprobado por el Congreso de los Estados Unidos, es el Congreso el que tiene la autoridad legal de anularlo, lo que sería más complicado, pues de momento sigue contando con su apoyo.

El dinero es el elemento que tiene realmente en vilo este tratado; el reestablecer aranceles a los productos beneficiaría a las empresas petroleras estadounidenses, lo que se traduciría en mayor liquidez, dicen. Es también probable que se pudieran recuperar entre 500 a 700 mil empleos en empresas manufactureras en California, Michigan, New York y Texas que han sido trasladadas a México. Sin embargo, el precio de los productos agrícolas que se importan de México a Estados Unidos aumentaría instantáneamente, (vegetales, frutas, aceites comestibles, etc.) lo que terminaría teniendo un impacto inflacionario en la economía que tanto quiere proteger Donald Trump.

Los acuerdos económicos entre países, tal y como su nombre indica, son convenios en donde se gana y se sacrifican cosas para un bien común. Pretender establecer acuerdos donde sólo se benefician los intereses de una de las partes, es una gran presunción. Renegociar acuerdos existentes para poder ajustarlos a las nuevas necesidades, demandas e incluso a la nueva realidad, es políticamente correcto, pero siempre que se haga bajo el respeto hacia los otros socios.

El afán proteccionista de Trump está llevando a la nueva Administración a replantearse las normas del juego económico, y con ello tratar de imponerlas a sus aliados comerciales.

México ha ido abriendo progresivamente su mercado hacia el Pacífico. En el 2011 se creó una zona de libre comercio entre México, Colombia, Chile y Perú, que solo en el 2017, ha conseguido que el 94% de los intercambios hayan sido libres de impuestos. Además, China, Alemania y Japón (en ese orden) después de Estados Unidos y Canadá, son los países a los exportan sus productos. Y astutamente Japón está intentado hacerse con los espacios que podrían dejar las fábricas automovilísticas estadounidenses en México. En cuanto a Corea del Sur, la relación con México es bastante dinámica, tiene firmados 11 convenios de cooperación en diversas áreas (según cifras oficiales del gobierno azteca) y Seúl considera a México como el primer aliado comercial en América Latina, puente estratégico para entrar a este gran mercado. Canadá, por su parte, tiene menos riesgo, pues de momento parece que Washington apuesta por mantener las relaciones cercanas y apunta más a querer un convenio económico bilateral con ellos.

Finalmente, lo cierto es que, para Estados Unidos, ambos socios son fundamentales en su economía, y que a pesar de su tendencia súper proteccionista, a la administración Trump le tocará hacer un análisis pragmático de sus intereses frente a la realidad, pues Canadá es el primer país a donde envían sus productos, y el tercer país del que importan. Y en cuanto a México, es el segundo al que al que exportan productos, y el segundo también del que importan.

Imponer un cambio de las reglas de juego cambiará la realidad económica. La situación actual no es la misma de cuando la fuga de los empleos, lo que significa que aun intentando replicar esa pasada realidad no hay seguridad de que se podrán recuperar las manufactureras. Estamos inmersos en un proceso de cambio constante que exige adaptarse. Mirar atrás no es la clave, pues lo que dio resultado hace tres décadas no tiene garantía de ser exitoso en el mundo globalizado que vivimos hoy.

Pascua

Chile juega cada vez más en el Pacífico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Chile es un país con una posición geoestratégica compleja, que a su vez es lo que le da su gran potencial. Cuenta con más de 6.400 km de costa al Pacífico, más la zona económica exclusiva hasta la plataforma continental de Isla de Pascua que abarca 17.751.351 Km2. Isla de Pascua se encuentra en uno de los vértices del triángulo de la Polinesia en el Pacífico Sur, lo que la convierte en una de las islas pobladas más aisladas del planeta. Esta singularidad geográfica le ha permitido a Chile desarrollar su economía basada en el uso de sus recursos naturales, y, aprovechando su ubicación, se mantiene conectado con Argentina, Bolivia y Perú por fronteras terrestres, siendo un acceso al mercado de América Latina. Por la fachada al Pacífico, sus extensas fronteras marítimas, es por donde Chile está a día de hoy enfocando sus esfuerzos para potenciar sus relaciones de intercambio comercial.

Chile tiene una economía muy abierta. Esta apertura comenzó hace unos veinticinco años en los que han negociado múltiples acuerdos bilaterales y han formado parte de diferentes alianzas o acuerdos económicos que han ayudado significativamente al crecimiento de su economía. El arancel efectivo que cobran es menor del 1%, lo que hace más eficiente el sistema, pues los consumidores pagan fundamentalmente por el valor de los productos que consumen y no por las tasas impuestas a los mismos.

El TPP es sin duda uno de los grandes logros de la económica chilena. Así que, como los otros miembros de este acuerdo, están buscando formas de mantenerlo a flote, sabiendo que tan ambicioso bloque (hasta antes de que Trump se saliera del mismo, suponía el 40% de la economía mundial), puede ser muy provechoso para los chilenos, por lo que auspiciaron en marzo un encuentro de los miembros del TPP, al que también asistieron Corea del Sur y China, que según su propia versión, asistió como observador. China por su parte, está siempre atento a cómo y dónde puede introducirse, y a falta del liderazgo estadounidense está jugando su rol de líder internacional con mucha astucia. Y Corea del Sur, a pesar de no ser miembro del TPP, está preocupado por hacerse con más aliados en caso de que Míster Trump decida dejarlos a la deriva.

La directora del Ministerio de Relaciones Exteriores chileno expresó en una entrevista el gran interés que tiene Chile en Japón, por ejemplo, ya que lo ven como un potencial socio. Chile compra mucha tecnología japonesa, y hasta hace poco tenían muchas restricciones en los convenios de importación y exportación, así como con Vietnam y Malasia. El gobierno chileno ve muy provechoso exportar fruta y salmón a Japón, puesto que es un gran mercado. Tokio, en su afán por mantener vivo el TPP y convertirse en un país clave en este bloque, le insiste a Santiago en que todos los acuerdos se hagan bajo el paraguas del TPP y no en acuerdos bilaterales.

La alianza del Pacífico es uno de los organismos que en sus 6 años de creación más han aportado al desarrollo de la economía chilena. Este bloque, en el que participan también Perú, Colombia y México, sólo en 2016 consiguió liberar el 92% del comercio entre estos cuatro países, según el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno. A pesar de que este grupo únicamente represente el 2,3% de la economía mundial, aporta beneficios a las economías de sus miembros.

Entre los años 2010-2015 el crecimiento promedio del comercio bilateral entre Chile y la Asociación de Naciones del Sudoeste asiático (por sus siglas en inglés ASEAN) fue del 5%, de acuerdo al Banco Central chileno. Con Asia Pacífico mantiene una relación activa, pero económicamente todavía no representa un porcentaje significativo en la su economía. Sin embargo, la presidenta chilena Michelle Bachelet ha dedicado tiempo a afianzar las relaciones con el Pacífico. Incluso a nivel militar Chile ha participado en ejercicios bilaterales y multilaterales con fuerzas navales asiáticas del Pacífico occidental, así como hacen regularmente maniobras con las flotas francesas del Pacífico. Paralelamente mantiene acuerdos de cooperación con Nueva Zelanda y una cercana relación con Australia, que incluye un acuerdo de libre comercio.

Las inversiones chilenas en el exterior en orden de importancia se concentran en Brasil, representando el 26,1% del total, seguido por Colombia con el 18,7%. En tercer lugar se encuentra Argentina con el 17,8%, seguido por Perú, cuyas inversiones chilenas representan el 14,8 del total en el exterior, dejando en quinto lugar a Estados Unidos (según el departamento chileno de inversiones en el exterior).

Chile cuenta con una democracia afianzada, un liderazgo regional consolidado y un organismo de promoción económica bien articulado con representantes en sus embajadas, desde las que hacen un trabajo activo de fomento de sus inversiones. Al aspecto diplomático también le sacan provecho, siendo anfitriones de diferentes foros internacionales que les ayuda a destacar su posición global. Así lo harán en 2019 con la cumbre de la APEC, otra prueba de su interés en la región de Asia Pacífico. No cabe duda de que Santiago está apostando por una estrategia más diversificada. Ya tienen una presencia destacada en América del Sur, e incluso en Europa aunque en menor medida. Lo que están trabajando ahora es consolidar su papel en el Pacífico apoyando un renacimiento del TPP que podría continuar bajo otro nombre e incluso liderado por otros miembros.

otan

Cambio de tono sí, ¿pero de fondo?

Washington.- Dejando a un lado la agresiva retórica a la que nos tiene acostumbrados, usando un tono mucho más moderado y sin duda conciliador se presentó Donald Trump ante el Congreso estadounidense, a sus ciudadanos y al mundo, quien mira con esperanza esta fase del presidente, que está más a tono con los discursos de los líderes occidentales y sobre todo de presidentes anteriores de esta nación. ¿Se entiende este discurso como un cambio de fondo? ¿O es tan solo un cambio de tono? ¿Hay un cambio real de la política exterior estadounidense?

El cambio de tono es muy importante, pero el fondo del discurso es en realidad la clave. Y el fondo del discurso desvela que no hay cambios sustanciales. Hubo más expresiones que no habíamos oído, como …”mi trabajo no es representar al mundo, es representar esta nación”; asumió que está gobernando un país dividido, o que el muro que separará la frontera del sur (evitando sutilmente mencionar a México) se comenzará a construir muy pronto. No mencionó a Corea del Norte, Rusia o China. Mientras, enfatizó la alianza inquebrantable con Israel a la vez que les recordaba amablemente a sus socios militares de la OTAN que deben pagar más cuotas, afirmando que ya algunos países lo están haciendo.

Este último punto, muy en consonancia con la línea de Steve Bannon, de exacerbación del patriotismo, nos recordó que los intereses de Estados Unidos estarán siempre primero en su agenda, que mantendrá su compromiso con la OTAN pero exigirá más a sus aliados. Lo cierto es que cada país miembro tiene una responsabilidad adquirida y debe responder por ella. Europa debe, incluso por sus propios intereses nacionales, ser capaz de pagar por su seguridad y financiar su defensa como parte fundamental de su política exterior.

El aumento histórico del gasto en defensa que ha propuesto, la reducción sustancial del presupuesto de ayuda internacional, y/o del Departamento de Estado, demuestran un cambio muy importante en lo que será la política exterior estadounidense. Con 58 billones de dólares para la defensa, que representa un aumento del 10%, el presidente Trump deja claro que fortalecerse internamente es una de sus prioridades y cumple con su promesa electoral de mantener a los Estados Unidos seguro. Ha puntualizado que habrá una partida para los veteranos de guerra, otra para la modernización de equipos y armamentos, y podríamos asumir que la mención que hizo al terrorismo islámico radical, en la que de acuerdo a sus propias palabras “los perseguirá hasta acabar con ellos”, indica que este plan estará contemplado dentro de este presupuesto. Confiamos en que otra partida será destinada a las zonas en conflictos en las que los estadounidenses siguen presentes y en donde cabe destacar que la gestión post-guerra ha sido nefasta. Aunque esa culpa sea de Obama, la ha heredado el actual presidente y está en obligación de asumirla.

La reducción de los presupuestos del Departamento de Estado y de las ayudas internacionales puede causar un efecto muy negativo para la diplomacia. Menos dinero significa menos presencia, menos diplomáticos, menos funcionarios estadounidenses por el mundo, que hacen un trabajo de apertura de diálogos y de influencia regional, y permiten a Washington mantenerse conectado y presente en el mundo. Son los diplomáticos los que previenen conflictos, enfrentamientos, y guerras. Paralelamente los programas de ayuda humanitaria, críticos en países muy pobres, en países devastados, son también los que ayudan a estas naciones a una transición a la esperanza, como fue el Plan Marshall en Europa en su momento. Incluso pueden servir para frenar la penetración de radicalismos en época de desolación y angustia social. Claramente su rol es diametralmente opuesto al que harían los soldados sobre el terrero.

Si el tono “presidencial” se debió al uso del teleprónter, y la ausencia de improvisación, que normalmente lo lleva a terrenos pantanosos de los que no puede salir ileso, por el bien de todos esperemos que siga haciendo uso de este sistema. Míster Trump aprovechó sus 60 minutos para alimentar su ego con cada ovación, con cada una de las veces que los presentes se levantaron para aprobar efusivamente sus planteamientos y con cada aplauso su satisfacción era visible. Todo esto, sumado a los comentarios positivos hechos por la prensa, que él mismo ha convertido en su más acérrimo enemigo, podría ayudar a un cambio de postura permanente de este nuevo líder, quien quizás prefiera ser criticado con guantes de seda y alabado por su comportamiento más apropiado. No olvidemos que así fue como vivió su vida antes de entrar al mundo político.

6428035885_d75517d854_b

¿Y el NAFTA?

Washington.- Hace más de dos décadas que está en funcionamiento lo que ha sido uno de los acuerdos más importantes, que ha conseguido unificar y hacer crecer tres grandes economías liberando aranceles de importaciones en productos agrícolas y textiles así como la manufactura de automóviles, tomando en cuenta la protección de sus trabajadores y del medio ambiente. El acuerdo de libre comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) fue negociado por George Bush (padre), aprobado por el Congreso y puesto en marcha bajo la Administración Clinton. Un acuerdo que contó desde sus orígenes con el apoyo de republicanos y demócratas, pero que ahora podría sucumbir en manos de la nueva Administración.
Durante la campaña electoral e incluso en su primera semana en la oficina oval, el Presidente Trump ha insistido en definir el NAFTA como el peor acuerdo comercial de la historia de los Estados Unidos. Paradójicamente, la página oficial de intercambios comerciales de la Casa Blanca aún tiene datos como que desde que entró en vigor este acuerdo las exportaciones agrícolas estadounidenses a México se han doblado y han aumentado un 44% a Canadá. Antes del Nafta, los productos estadounidenses que entraban a México enfrentaban barreras comerciales de alrededor de 10%, lo que significaba casi 5 veces más a las impuestas a los productos mexicanos en territorio estadounidenses.
El argumento fundamente que utiliza la Administración Trump para despreciar este acuerdo es básicamente el impacto negativo que ha tenido en el sector de manufacturas y la pérdida de empleos. De acuerdo a la oficina de estadísticas de empleo estadounidense, justo después de entrar en vigor el NAFTA la manufactura creció hasta el 2001, momento en que China entró en la organización mundial de comercio y la situación cambió radicalmente y empezó el descenso de este sector hasta llegar a una caída histórica producto de la gran recesión en el 2007. Sin embargo, a partir del 2010, se observa una recuperación progresiva. No se puedo olvidar cómo el desarrollo tecnológico en las empresas de manufactura juega un papel clave en relación al número de empleados. Son muchos los equipos y cada vez más sofisticados que sustituyen la mano del hombre.
Estados Unidos comparte una frontera de más de 6.400 km con Canadá, sin contar la frontera con Alaska, que son otros 1.500 km. Por el sur, con México, la frontera es de unos 3.200 km. Claramente México tiene un gran interés en mantener lazos fuertes con la primera economía del mundo, muy a pesar del discurso populista de construcción del muro. El presidente Peña Nieto ha sido cauto, y para muchos mexicanos incluso débil con sus respuestas diplomáticas a las afirmaciones inapropiadas de Míster Trump, dejando siempre claro la importancia de mantener relaciones cordiales y comerciales con su vecino del norte.
Canadá, por su parte, ha sido aliado histórico de los Estados Unidos, compartiendo siempre las mismas inquietudes globales y los mismos valores fundamentales. La visita esta semana de Justin Trudeau, podría darnos la clave de lo que serán estas relaciones, que a priori dan señales de ligeros cambios. El primer ministro canadiense no ha ocultado su desacuerdo con el decreto presidencial de Trump sobre la inmigración, invitando a ir a Canadá a todos los que nos son bien recibidos en Estados Unidos, exhibiendo su opinión al respecto, sin confrontar.
Muchos años han pasado desde que el Presidente Clinton recitó estas palabras, que siguen tiendo vigencia, en la ceremonia de la firma de NAFTA en 1994: … “Si aprendimos algo de la caída del Muro de Berlín y la caída de los gobiernos de Europa del Este es que, a pesar de ser sociedades totalmente controladas, no pudieron resistir los vientos de cambios que la economía, la tecnología y el flujo de información ha impuesto a este nuestro mundo. La única opción realista es aceptar estos cambios y crear los empleos de mañana…”.
Esperemos que la nueva Administración acabará aceptando que estos son otros tiempos, que cerrarse a la globalización es prácticamente imposible, y que pretender imponer o revertir acuerdos como el NAFTA podría llevar a los Estados Unidos a un aislamiento, sin ningún beneficio para el ningún beneficio para el país. Imponer a sus empresas operar bajo diferentes esquemas podría simplemente llevar a la ruina a muchas de ellas. Sencillamente, pretender reestructurar todo lo existente es como querer cerrar los ojos a lo evidente.