El sistema antimisiles funciona. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La seguridad es una de los elementos que más obsesiona a Estados Unidos. No es casual que los ciudadanos elijan a sus líderes políticos considerando cuál será su política de seguridad defensiva frente a un ataque o como mantendrán protegido el territorio y a sus habitantes. Fue Ronald Reagan quien concibió la idea de crear un sistema defensivo antimisiles, que en su momento respondía al riesgo proveniente de la Unión Soviética y que continuaron desarrollando sus sucesores desde entonces. El pasado martes esta idea se materializó en un hecho histórico que marca una nueva era en el desarrollo armamentístico, pues ya no es solo quién posee los misiles sino quién es capaz de neutralizar a sus enemigos.

Son tres las agencias estadounidenses que se encargan del seguimiento de potenciales riesgos: la NASA, la Agencia de Defensa de Misiles, y el Comando aeroespacial estadounidense. Los ataques terroristas del 2001 obligaron a estos organismos a intensificar su trabajo y a aumentar sus presupuestos y desarrollar tecnología más avanzada con el propósito de prepararse frente a un potencial ataque. Disponen de un extenso número de bases militares a lo largo del planeta que cuentan con radares que tienen capacidad de neutralizar, derribar y destruir misiles que amenacen el territorio estadounidense o el de algunos de sus aliados.

Los radares de advertencia temprana están operando permanente y transmitiendo información en tiempo real. La amenaza de Corea del Norte, por ejemplo, se vive con mucha preocupación en Washington. Es, en efecto, uno de los pocos temas en los que están de acuerdo republicanos y demócratas. Se percibe a Kim Jong-un como un auténtico desalmado capaz de perpetrar un ataque catastrófico, razón por la que en el 2016 se instalaron 36 interceptores en las bases de Alaska y California, tratando de prevenir misiles de largo alcance provenientes de Corea del Norte. Como si fuera poco, la Administración Trump ha aumentado el presupuesto de defensa en 58 billones de dólares, lo que representa un aumento del 10%, dejando por sentado una vez más la prioridad que tiene la seguridad y la defensa en esta nación.

El simulacro de la semana pasada consistió en lanzar un proyectil intercontinental desde la Base de pruebas Ronald Reagan, ubicada en las Islas Marshall hacia la costa oeste de los Estados Unidos. Y, de acuerdo con lo afirmado por el Departamento de Defensa, múltiples sensores y radares captaron el misil y enviaron información de su trayectoria al sistema de misiles en tierra. Y desde la base aérea Vandenberg situada en el sur de California se respondió con un misil que destruyó el proyectil en el Pacifico, en pleno vuelo.

La base militar estadounidense en Kwajalein Atoll en las Islas Marshall cuenta con una ubicación estratégica en el Pacífico, pues está a tan solo 3900 km de distancia del suroeste de Honolulu (Hawái), el territorio más vulnerable a un posible ataque de Corea del Norte seguido de la costa oeste de los Estados Unidos. Sin embargo, el Departamento de Defensa americano no cree que Pyongyang cuente aún con un misil capaz de llegar a tierra estadounidense, aunque no dudan que estén trabajando en desarrollarlo. Por lo que se han dado prisa en preparase para poder responderles en condiciones.

El director del programa GMD (Ground-base Midcourse Defense), o programa de defensa de misiles en tierra, Jim Syring, sostiene que “la capacidad de poder derribar proyectiles en vuelo es vital para la seguridad de los Estados Unidos y esta prueba demuestra nuestra capacidad creíble y disuasoria frente a una amenaza”. No es casual que se llevara a cabo esta prueba justo en el momento en que Corea del Norte se ha dado a la tarea de lanzar misiles casi cada semana a pesar de las sanciones de Naciones Unidas y los múltiples llamamientos por parte de las grandes potencias. La Administración Trump está enviando un mensaje muy claro a Kim Jong-un: Estados Unidos sigue siendo el pionero en carrera armamentística y ahora, además, cuenta con capacidad de destruir en vuelo proyectiles que vayan dirigidos a objetivos estadounidenses y/o de sus aliados.

Misiles norcoreanos de menor alcance podrían perpetrar un ataque a un aliado como Corea del Sur o Japón, lo que podría detonar la furia y el orgullo yanqui, en el que Míster Trump tendría el escenario perfecto para exacerbar el nacionalismo estadounidense que tanto lo ayudó a llegar a la Oficina Oval, y justificar cualquier acción bélica en pro de preservar la seguridad nacional. ¡Que Dios nos libre de esto!

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